Fascismo II República Española

EL FASCISMO ESPAÑOL, TAN PIJO Y CLASISTA COMO SIEMPRE (II)

MOVIMIENTO ESPAÑOL SINDICALISTA (MES)

José Antonio Primo de Rivera (1903-1936) entró en política para defender la memoria de su padre, abandonado por la monarquía y por muchos de sus antiguos colaboradores antes de morir en el exilio, en París, a las seis semanas de caer la Dictadura. Poco después, el 2 de mayo de 1930, José Antonio fue nombrado vicesecretario de la recién creada Unión Monárquica Nacional, heredera de la Unión Patriótica, el partido del régimen primorriverista, al tiempo que colaboraba en el periódico La Nación, del que era copropietario por herencia familiar.  

En octubre de 1931 fracasó en su intento de ser elegido diputado independiente por Madrid en la candidatura del partido conservador católico Acción Nacional, en la segunda vuelta de las elecciones generales, aunque logró mejores resultados que los obtenidos en junio por reputados monárquicos y la experiencia le sirvió para darse a conocer entre los sectores reaccionarios. Pero a José Antonio, con cierto resquemor por la triste muerte de su padre en plena soledad, le preocupaba que pudieran etiquetarlo como monárquico alfonsino y negó dicha vinculación.[1]

En cierto sentido, se hizo fascista con el propósito de perfeccionar el Directorio del régimen anterior, donde hubo un leve intento de corporativismo que no pasó del arbitraje del Estado en los conflictos sindicales al final del régimen y, en cualquier caso, muy alejado de la solución italiana.[2] Ahora se trataba de incorporar a las masas a su proyecto; ya estaba todo dicho por los grupos fascistas anteriores, por lo que la novedad fue dotar a su discurso de recursos poéticos. Aparte los influjos teóricos que tradicionalmente se han atribuido al pensamiento joseantoniano (Ortega y Gasset, Eugenio d’Ors, Sorel, Mussolini, Santo Tomás, Sánchez Mazas, Spengler y un largo etcétera), su influencia fundamental, pues, hay que buscarla en el padre.

En marzo de 1933 –recordemos– entró en el consejo de redacción de El Fascio, donde publicó un artículo doctrinal que le fue utilísimo para hacerse publicidad en la escena política, sobre todo tras una polémica mantenida en las páginas del ABC con su director, Juan Ignacio Luca de Tena. Con Julio Ruiz de Alda, Rafael Sánchez Mazas, Dionisio Ridruejo, Manuel Sarrión, Andrés de la Cuerda y un grupo bien nutrido de aristócratas, entre ellos su primo Sancho Dávila, todos ellos antiguos primorriveristas, fundó el MES, en cuya propaganda se daban a conocer como Movimiento Español Sindicalista – Fascismo Español. El 26 de mayo de 1933 se divulgaron las primeras hojas de propaganda del nuevo movimiento. Y a ellos se uniría una parte del Frente Español, a la que pertenecía Alfonso García Valdecasas, identificada con el elitismo y conservadurismo del intelectual José Ortega y Gasset.

Fuente: todocoleccion.net

Pero el nuevo grupo no dejó de representar una débil competencia al jonsismo hasta que el 29 de octubre tuvo lugar en el Teatro de la Comedia de Madrid el acto de “afirmación nacional” –a la postre fundacional— de la Falange Española. En un movimiento táctico para disputar un espacio político común, los jonsistas remarcaron entonces su discurso obrerista y no dudaron en identificar en su prensa a la nueva organización con el señoritismo.[3] Sin embargo, la derecha monárquica más intransigente que financiaba estos grupúsculos ya veía con mayor interés a Primo de Rivera, joven con más solera y carisma que Ramiro Ledesma, incapaz, entre otras cosas, de pronunciar bien las erres ( “r” francesa).

FALANGE ESPAÑOLA (FE)

Antonio Goicoechea (1876-1953).
Fuente: Wikipedia

La derecha alfonsina más radical se había aglutinado en Renovación Española, partido formado en febrero de 1933 bajo la presidencia del Antonio Goicoechea, vinculado al maurismo. En cambio, el otro sector más posibilista, procedente de Acción Popular (antes Acción Nacional), creía viable alcanzar el poder por procedimientos democráticos y logró numerosos adherentes desde la creación, a primeros de marzo, de la Confederación Española de Derechas Autónomas (CEDA), una coalición de partidos de derechas y católicos. Así, a finales de agosto, la jugada para los alfonsinos estaba clara: intentar atraerse a través del fascismo a una masa de adeptos que no eran capaces de arrebatar a los cedistas. Ledesma y su grupo eran demasiado radicales, por lo que eligieron José Antonio para firmar en El Escorial un pacto de diez puntos con Pedro Sainz Rodríguez, en ese momento el único diputado que pertenecía a Renovación Española, en que los miembros del MES se comprometían a no atacar a la Monarquía y a mantenerla informada de sus actividades a cambio de financiación.[4]

Más tarde volverían a reunirse, en San Juan de Luz (País Vasco francés), José Antonio y Ruiz de Alda con los aristócratas Juan Antonio Ansaldo (1901-1954) y Francisco Moreno y de Herrera (1909-1978), marqués de la Eliseda, para ratificar la unión y planear la línea política del partido, quienes les entregaron fondos procedentes de los monárquicos. Y poco después sería el militar alfonsino Valentín Galarza quien repartiera el dinero al grupo de José Antonio y a los jonsistas, creando así, de paso, cierta rivalidad entre ellos que hiciera más manejable a los fascistas.[5]

Pedro Sainz Rodríguez (1897-1986). Fuente: Wikipedia

Así pues, FE también fue fruto de todo ello, así como de las tertulias del café de Recoletos con los monárquicos Emilio Rodríguez Tarduchy y César González-Ruano, y del apoyo de Manuel Delgado Barreto y Ángel Herrera Oria, director de El Debate.[6] No en vano José Antonio fue elegido diputado por Cádiz, en las elecciones generales de noviembre de 1933, dentro de la coalición de derechas Candidatura de Unión Agraria y Ciudadana y con el apoyo de monárquicos como Ramón de Carranza o José María Pemán.

Por otro lado, la cabecera del nuevo movimiento, F.E., aparecida el 7 de diciembre de 1933, fue impresa en los talleres del diario La Nación hasta que decidieron pedir un crédito y lanzarla por su cuenta. Y de nuevo tuvo ayuda del diario del contrabandista y financiero mallorquín Juan March, Informaciones, y del monárquico La Época, que desde el otoño de 1933 inició un proceso de radicalización que le hizo entrar en afinidad (y competencia) con la doctrina falangista.

No es raro, pues, que un informe de la embajada alemana en Madrid comunicara a su gobierno que, a diferencia de las JONS, de apariencia más proletaria, José Antonio era visto como un señorito seguido por jóvenes miembros de la aristocracia, apoyado por el diario La Nación y que buscaba apoyos en la oficialidad de las fuerzas armadas.[7]

FALANGE ESPAÑOLA Y DE LAS JUNTAS DE OFENSIVA NACIONAL-SINDICALISTA (FE Y DE LAS JONS)

A finales de 1933 el grupo de Ledesma había perdido casi toda la financiación procedente de los alfonsinos y no podía afrontar la competencia falangista con garantías de éxito. La solución estaba clara: unirse. Pese a las reticencias de muchos de los jonsistas, que veían en FE un partido conservador, la fusión se llevó a cabo el 13 de febrero de 1934. Había nacido FE y de las JONS (en adelante FE-JONS), bajo la dirección de un primer triunvirato compuesto por el aviador Julio Ruiz de Alda, Ledesma y José Antonio. Los monárquicos no tardaron en aportar dinero e instructores para las nuevas milicias,[8] hasta entonces poco preparadas para dar la batalla a las izquierdas en la calle.

Una vez constituido el partido fascista unificado se siguieron editando, un poco independientemente, las publicaciones F.E., JONS y Libertad. En abril, Primo de Rivera consultó con Manuel Aznar Zubigaray, por entonces director del diario madrileño El Sol y adepto al maurismo, la posibilidad de lanzar un pequeño diario falangista para Madrid, después de que La Nación decidiera apoyar al partido alfonsino Renovación Española. El diario se llamaría , y supondría una inversión de 200.000 pesetas. Durante el curso 1933‑34 se lanzaron octavillas en la Universidad, anunciando su aparición. Sin embargo, los gastos en armas, la ayuda a los presos, la reducción de la asignación monárquica y una disputa entre Ledesma y Sánchez Mazas por la dirección del periódico en ciernes, obligaron a José Antonio a desistir temporalmente del proyecto.[9]

Los monárquicos seguían controlando las escuadras (Falange de la Sangre o Primera Línea), motivo de nuevas disensiones internas. Así se entiende el intento de escisión y expulsión definitiva de Juan Antonio Ansaldo, jefe de milicias partidario del ojo por ojo ante a las agresiones a los falangistas, en contra del parecer de José Antonio, más comedido. Además, se agravaron los problemas de financiación del partido, pues el dinero procedía –como sabemos— de ese mismo sector monárquico, ahora también dividido por la aparición en escena de José Calvo Sotelo (1893-1936), exiliado en Portugal desde 1932. Antonio Goicoechea,  temeroso de perder protagonismo, el 20 de agosto llegó a un nuevo acuerdo con José Antonio en que se comprometía a seguir aportando dinero a FE-JONS de la siguiente manera: siempre que la cantidad mensual superara las 10.000 pesetas, un 45% iría para las milicias, otro 45% para la Central Obrera Nacional-Sindicalista (CONS) y el 10% restante quedaría a libre disposición de la organización;  a cambio de lo que a todas luces parece un refuerzo del escuadrismo, José Antonio se comprometía a no hacer críticas al sector monárquico.[10]

Juan Antonio Ansaldo (1901-1954). Fuente: Auñamendi Eusko Entziklopedia.

La Revolución de Octubre o huelga general revolucionaria de 1934, proclamada tras la formación del nuevo gobierno del radical Alejandro Lerroux con la inclusión de tres ministros de la CEDA, coincidió con la celebración del Primer Consejo Nacional de FE-JONS. En él José Antonio fue elegido jefe nacional en solitario, liquidando el triunvirato que había llevado las riendas hasta ese momento. No obstante, en lugar de aprovechar el momento revolucionario para ser la punta de lanza de un movimiento contrarrevolucionario e intentar conquistar el Estado, tal y como le reprochó más tarde Ledesma ,[11] la falta de adherentes y de amplios apoyos  llevó a FE-JONS a alinearse con el Gobierno y utilizar a sus sindicatos para proteger industrias y edificios oficiales y religiosos, así como para proveer de esquiroles a la prensa (La Nación e Informaciones) y los servicios públicos (correos, tranvías, funeraria, electricidad, agua y gas, etc.), tal y como hicieron las JAP o los carlistas. Incluso en algunos lugares como Moreda, Oviedo o Gijón, los falangistas se sumaron al ejército y combatieron a los revolucionarios.

Manifestación del 7 de octubre de 1934, organizada por los falangistas en Madrid a favor de la unidad de España. Fuente: labibliotecafantasma.es

Aun así, durante aquellas semanas hubo algunos gestos que irritaron sobremanera a los monárquicos alfonsinos, tales como el despliegue de una bandera republicana durante la manifestación del 7 de octubre, organizada por los falangistas en Madrid a favor de la unidad de España, o las críticas de José Antonio a las clases privilegiadas al atribuirles cierta responsabilidad en el estallido revolucionario.[12] Además, desde el momento en que las derechas posibilistasde la CEDA accedieron al poder, muchos sectores reaccionarios redefinieron sus posicionamientos respecto al falangismo. Al decir de José Antonio:

Al principio, las gentes conservadoras nos apoyaron, porque veían en Falange una fuerza que actuaba como ariete contra la situación republicano-socialista de tipo avanzado; pero después, al ocupar el Poder la nueva conjunción derechista de la CEDA, se conoce que ya no necesitan de nosotros, y hasta nos consideran un peligro. En cambio, para los izquierdistas seguimos siendo unos inmundos reaccionarios…[13]


[1] GIL PECHARROMÁN, 1996, pp. 135-140.

[2] GONZÁLEZ CALLEJA, 2011, pp. 155-156.

[3] JIMÉNEZ CORTACANS, 2013, pp. 260-261.

[4] SAZ CAMPOS, Ismael: “Falange e Italia. Aspectos poco conocidos del fascismo español”, Estudis d’ Història Contemporània del Pais Valencià, núm. 3, 1982, pp. 247-248. En PECHARROMÁN, 1996, pp. 187-188; RODRÍGUEZ JIMÉNEZ, 2000, PP142-143; GONZÁLEZ CALLEJA, 2011, p. 167.

[5] GONZÁLEZ CALLEJA, 2011, p. 168.

[6] JIMÉNEZ CORTACANS, 2013, pp. 254 y 420.

[7] VIÑAS, Á. (1974): La Alemania nazi y el 18 de julio. Madrid: Alianza, pp. 122-123.  En GIL PECHARROMÁN, 1996, p. 217-218.

[8] RODRÍGUEZ JIMÉNEZ, 2000, p. 170.

[9] GONZÁLEZ CALLEJA, Eduardo: “Camisas de fuerza. Fascismo y paramilitarización”, Historia Contemporánea, núm. 11, 1994, Bilbao, pp. 55-81.

[10] ELWOOD, 1984, pp. 49-50; GALLEGO, 2005, pp. 259 y 269;   JIMÉNEZ CORTACANS, 2013, p.317.                                                                                                                             

[11] LANZAS, 1935, pp. 64-65.

[12] GIL PECHARROMÁN, 1996, p. 339.

[13] PRIMO DE RIVERA (OC), 2007, p. 826.

BIBLIOGRAFÍA

ELLWOOD, Sheelagh (1984), Prietas las filas. Historia de Falange Española, 1933-1983. Barcelona: Crítica.

GALLEGO, Ferran (2005), Ramiro Ledesma Ramos y el fascismo español. Madrid: Síntesis.

GIL PECHARROMÁN, Julio (1996), José Antonio Primo de Rivera. Retrato de un visionario. Madrid: Temas de hoy.

GONZÁLEZ CALLEJA, Eduardo, “Camisas de fuerza. Fascismo y paramilitarización”, Historia Contemporánea, núm. 11, 1994, Bilbao, pp. 55-81. Disponible en https://www.ehu.eus/ojs/index.php/HC/article/viewFile/19663/17545 (Consulta: 22-9-2019)

GONZÁLEZ CALLEJA, Eduardo (2011), Contrarrevolucionarios: radicalización violenta de las derechas durante la Segunda República, 1931-1936. Madrid: Alianza Editorial.

JIMÉNEZ CORTACANS, Alfons (2013), El fracàs d’una utopia. La comunicació política dels grups feixistes a Espanya, 1931-1936 [tesis doctoral]. Universidad de Girona. Disponible en https://www.tdx.cat/handle/10803/124700#page=1 (consultada el 25-11-2019).

RODRÍGUEZ JIMÉNEZ, José (2000),  Historia de la Falange Española de las JONS. Madrid: Alianza Editorial.

LANZAS, Roberto (1935), ¿Fascismo en España? (Sus orígenes, su desarrollo, sus hombres). Madrid: La Conquista del Estado. Disponible en https://es.scribd.com/document/217000205/Fascismo-en-Espana-Ramiro-Ledesma (consultada el 5-10-2019).

PRIMO DE RIVERA y SÁENZ DE HEREDIA, José Antonio (2007), Obras completas. Edición del Centenario. Madrid:Plataforma 2003.

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