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Hilario Borau Díez, el anarquista del quinteto de Canfranc (1906-1995) [Antonio Gascón Ricao]

Hilario Borau Díez, el anarquista del quinteto de Canfranc

Canfranc (Huesca), 11.10.1906 – Zaragoza, 28.12.1995. Anarquista, comerciante, oficial del Ejército Popular, oficial del maquisard francés, guerrillero antifranquista.

Aclaración

Con indiferencia de que el autor conociera personalmente a Borau1, al ser gran amigo de la familia Beltrán, en varias páginas de la publicación estelnegre.org se reitera que Borau nació el 12 de octubre de 1907 pero sin aportar prueba alguna del aserto, y no el 11 de octubre de 1906 como se afirma al principio de la presente página, advirtiendo que la fecha referida no es ningún capricho del actual autor, sino la misma que figura en dos documentos franceses concretos correspondientes a la época de pertenencia de Borau al maquisard francés.

La primera de dichas referencias aparece en un certificado que se le extendió haciendo constar en él su pertenencia a la Agrupación de Guerrilleros Españoles, unidad dependiente en aquel tiempo de las FFI2, fechado en 1944, donde constaba que Borau había nacido en Canfranc (España) el 11 de octubre de 1906. El segundo documento expedido también por las Fuerzas Francesas del Interior, fechado en 1949, vuelve a consta al igual que en el primero que su nacimiento tuvo lugar en Canfranc el día 11 de octubre de 1906. Ambos documentos se pueden ver publicados en una conocida obra3.

Maquis francés, (1944) abajo de izqu. a derch. con boina y guerrera oscura con galones, Francisco Cavero, El Taxista de Canfranc, el siguiente a su derecha Hilario Borau. Foto propiedad familia Borau

Esperamos con ello zanjar definitivamente el debate, no sin antes recordar que lo elegante hubiera sido citar las fuentes que se utilizaron para todo el resto de la biografía de Borau que aparece en dichas páginas, detalle que no se tuvo en cuenta en ninguna de ambas versiones y cuando en los dos casos era notorio que eran las mismas.

Canfranc

En aquellas fechas de 1906 en que nació Hilario, el vecindario de Canfranc malvivía en dos hileras paralelas de casas que componían la única calle de la población que confluía en una escualida plaza. En el momento del nacimiento la localidad no alzanzaba el millar de de vecinos, cifra que superaró con creces al abrirse un tunel ferroviario que unirá dicha población con Francia en 1908, o al inaugurarse su afamada Estación Internacional en 1928.

Por otra parte la magra economía local estaba de forma muy simple basada en el cultivo del trigo o de la avena que se complementaba con una incipiente ganadería concevida como otro medio más de subsistencia, sin contar las normales aves de corral. Subsistencia que mejorará obtensiblemente al pasar a trabajar muchos de sus habitantes para el ferrocarril, como fue el caso de la familia Beltrán.

El cuarto miembro del “quinteto de Canfranc”

Al nacer el pequeño Hilario en 1906, sus padres Hilario Borau Beltrán y Pilar Díez Monje no pudieron ser conscientes de que aquel jovencito con el transcurrir de los años sería el cuarto miembro del llamado “quinteto de Canfranc”4, grupo que en los tiempos venideros alcanzó una fama notoria de hombres de acción, al participar de una forma u otra en todos los acontecimientos revolucionarios que estaban a punto de tener lugar en la Jacetania.

Periplo de lucha revolucionaria que iniciaron dos miembros de aquel grupo al participar activamente en la conspiración contra la corona española que dio lugar a la denominada sublevación republicana de Jaca protagonizada por el capitán Fermín Galán el mes de diciembre de 1930, y cuyo fracaso estuvo en un tris de costarles la piel, ya que antes de iniciarse el combate de Cillas uno de ellos, con independencia de que era un parlamentario con bandera blanca, fue llevado a la cuneta para ser fusilado junto a los capitanes Salinas y García Hernández por orden de un oficial superior.

Seis años más tarde el quinteto en masa se juntó durante la guerra civil española de 1936-39 en la misma unidad, la 43ª División, y a lo largo de aquella contienda dos de ellos resultaran gravemente heridos, uno en Aragón y el otro en el Ebro. Pero la pertenencia al bando perdedor condicionó a todos que con la derrota de la República tener que pasar al exilio refugiandose en Francia.

Salidos de España al iniciarse la II Guerra Mundial cuatro de ellos no dudaron en embarcarse tempranamente en la lucha contra el nazismo al otro lado de la frontera, participando activamente en el maquisard francés, mientras que el quinto no lo pasó mejor ya que le tocó padecer el mismo conflicto pero en la URSS.

Todavía no había concluido la guerra en Europa cuando tres de ellos se apuntaron a la lucha guerrillera antifranquista, en la que finalmente volverían a participar los cuatro miembros del grupo, el quinto no pudo hacerlo al haber quedado muy mal herido durante las luchas por la liberación de París. Lucha antifranquista que sería la última en la que participó el grupo al completo, con la diferencia de que uno de ellos perdió la vida al producirse la retirada guerrillera del Valle de Arán. Pocos años después el grupo se dividió por la mitad al marchar dos de ellos a Méjico, donde acabarían falleciendo quedando los otros dos como residentes en Francia, pero fallecidos ambos en España.


Maquis español días antes de la invasión de valle de Arán, a la derecha de pie, con boina, camisa blanca y botas altas; Cavero, a sus pies con rodilla en tierra, casco de acero y apuntando; Borau. Foto prop. Museo de Bielsa.

Los miembros del quinteto

Entrado al detalle aquel grupo compuesto por cinco naturales y vecinos de Canfranc, que en función de sus respectivas fechas de nacimiento lo conformaron: Francico Cavero Tormo, “El Taxista de Canfranc” (nacido en 1895), Antonio Beltrán Casaña, “el Esquinazau” (1897), Lázaro Beltrán Solano (1905), el biografiado Hilario Borau Díez (1906), y Ricardo Sanchéz, “el deBayona” (1913).

Con los años los que no eran ya directamente parientes por sangre, como fue el caso de Antonio Beltrán y Lázaro Beltrán que eran primos hermanos, lo acabaron siendo por razón de matrimonio, así Cavero concluyó siendo cuñado de Ricardo Sánchez. Por otra parte la diferencia la marcarían sus respectivas militancias políticas, de aquel modo mientras cuatro de ellos serán conocidos miembros del PCE durante la guerra o durante el maquis antifranquista, (Cavero, Beltrán, Lázaro Beltrán y Sánchez, el único disidente del quinteto sería Hilario Borau que desde muy temprano se decantó por ser libertario influido sin duda por el ejemplo que corría por Aragón. Hecho que nunca influyó en la amistad de sus compañeros.

Amistad que se inició a causa de la pura proximidad física y con indiferencia de las edades respectivas, de ahí que Borau acabó siendo muy amigo de Antonio Beltrán, el Esquinazau, o de Francisco Cavero, el Taxista de Canfranc, siendo ambos mayores en edad que él y por lo mismo más bregados en las luchas políticas, sin perder de vista que Borau en el contexto local era miembro de una familia pudiente, dado que su padre era agente de aduanas, poseía un prospero comercio y además también tenía una oficina de cambio en dicha población fronteriza, opulencia económica que el resto de sus amigos no poseían.

Los primeros caminos

Por otra parte el nucleo inicial de aquel grupo lo formaron Cavero y Beltrán al regreso del último de su aventura americana, después hacer de vaquero en Nuevo méjico, de luchar con los dorados de Villa en la batalla de Columbus o con la Legión Americana en Francia. Y su primer contacto tuvo lugar al compartir ambos diversos trabajos en los coches de línea locales, tales como cobrador o conductor, para poco después formar sociedad como transportistas por cuenta propia, momento en que tuvieron un percance en la frontera con los carabineros, a causa de la denuncia de un pastor que les acusó de pasar por la frontera con sus vehículos artículos sin declarar. A la vista de la posible sentencia muy rigurosa decidieron con sus respectivas compañeras migrar a Francia, y mientras Cavero se quedó en Francia los Beltrán marchan a Argentina. De aquel incidente en concreto saldrá la fake-news de que Beltrán provenía de una larga familia de contrabandistas, nada más lejos de la realidad.

Varios años después y con la caída de la Dictadura de Primo de Rivera, ambos matrimonios regresaron a España consiguiendo el indulto de aquella vieja denuncia. Recien salidos del embrollo ambos decidieron involucrarse en la que seria la sublevación de Jaca de 1930, época en la que Cavero se compró un taxi, de ahí el alias posterior de “el Taxista de Canfranc”, taxi que jugó un importante papel en las reuniones conspiratorias previas a la sublevación republicana, con viajes constantes a Lérida o a Huesca y Zaragoza conduciendo indistintamente el uno u el otro.

Detalle de Borau

Proclamada la Republica en abril de 1931, y liberados ambos de la prisión de Jaca donde estaban pendientes de juicio, Beltrán acabará nombrado por el gobierno republicano administrador del poblado oficial de los Arañones, y con ello se iniciará la relación personal con Borau que residía en Canfranc, donde también estaba asentado Cavero.

Pero en julio de 1936 todo se precipitó al sublevarse los militares en Jaca, que a pesar de la resistencia ciudadana, armada con 60 mauseres que les habían entregado por los carabineros triunfaron. A media tarde los vecinos de Canfranc conscientes de que la Guardia Civil no tardaría en hacer aparición por el pueblo, y posiblemente por vía férrea, Beltrán propuso a su primo Lázaro a Cavero y a Borau levantar las vías antes de partir hacia Francia, propuesta a la que se sumaron un puñado de vecinos, entre ellos Sanchéz y tras inutilizar las vías se dirigieron todos a Oloron Sainte Marie (Francia), donde varios de ellos tenían familiares.

El grupo en aquel momento lo componían 21 vecinos, encabezados por Julián Mur el combativo alcalde republicano de Jaca. La siguiente decisión que tomó la partida fue la de regresar a España por Cataluña para poder proseguir desde allí la lucha contra el fascismo, y por ello tomaron la decisión de marchar a Barcelona donde pretendían establecer su primer cuartel general.

La lucha en Aragón

En agosto de 1936, vistos los problemas que sufría en cada control el grupo aragonés decidió en asamblea darse de alta en el PSUC, con la intención de tener en el bolsillo unas credenciales que les permitirían circular con más libertad por la ciudad. Pero visto el caos que reina en el local de enganche Borau tomó la decisión individual de embarcarse voluntario en la que sería la fracasada expedición del capitán Alberto Bayo a Mallorca. A su regreso a la peninsula no tardó en reunirse con el grupo de vecinos de Jaca y Canfranc en el pueblecito de Yésero, muy próximo al tunel de Cotefablo (Huesca).

Ante la proximidad del invierno de 1936, los republicanos decidieron atacar una de las posiciones fascistas de aquel sector: Gavín. La idea partió del cuartel general de Barbastro, que para poder realizarla envió al capitán Nicanor Felipe, antiguo guardia de asalto en Barcelona, y amigo de la gente de Canfranc, con la orden de que la ejecutase. El grupo asignado para la misión fue la centuria denominada “Los Saltamontes”, unidad formada por fusión de la primitiva cuadrilla jacetana de Mur con otra de cenetistas barceloneses, “Los Nibelungos”, gentes del barcelones barrio del Poble Nou, y que en aquellos momentos estaban todos bajo el mando implicito de Julián Mur, que a la par también ejercía el cargo de responsable político.

El plan de asalto era muy simple: vecinos de Gavín guiarán a los distintos grupos para que pudieran ocupar cuatro casas estratégicas durante la noche provistos de sus armas respectivas y con botellas con gasolina al no tener bombas de mano. La señal para iniciar el ataque sería el disparo de cohete. Como cobertura los atacantes contaban con dos ametralladoras Hotchkis. En la madrugada del 27 de noviembre inició el primer ataque que corrió a cargo de la sección que mandaba Hilario Borau. Pronto se generalizó la lucha con la muerte de dos carabineros y el incendio de 6 casas.

Con las primeras luces del día los fascistas se replegaron a una segunda fila de defensa atrincherandose en la iglesia el lugar más fuerte de la población, solicitando a su retaguardia que enviaran refuerzos desde Biescas o desde Jaca. Cuando estos llegaron el combate decayó y más aún tras producirse impensadamente la muerte violenta de Antonio Mur el jefe de los asaltantes republicanos, lo que forzó aún más la retirada de los leales a sus posiciones de partida.

En los ultimos días de agosto de 1937 Hilario Borau aprovechó un viaje de servicio a Boltaña para pedir una entrevista con Mariano Bueno, jefe de la 130ª B.M. y antiguo amigo suyo de la época de Jaca, solicitándole que le tramitara otro destino debido a sus continuas diferencias con el comandante de su unidad. Bueno se hizo cargo del problema y poniendo a disposición del peticionsario un vehículo le ordenó que se presentara de inmediato ante Antonio Beltrán, que de modo circunstancial se encontraba al mando del 517 batallón, el antiguo Alto Aragón, en la zona de Farlete, “metido en un fregao de mil demonios”. Fregao que había tenido su origen en la proyectada toma de Zaragoza a cargo de los leales, operación de gran trascendencia propagandística y de innegable valor militar para la República, ya que de alcanzarse el objetivo previsto, facilitaría la caída de las otras dos capitales aragonesas.

Al llegar Borau, Beltrán le asignó el cargo de ayudante, con la misión de recoger las órdenes de operaciones que deberían cumplimentar la unidad y que después se tendrían que repartir a todos los escalones de mando del batallón. Batallón que en aquel momento estaba agregado a la 45ª División internacional al mando de Kleber. Durante uno de los muchos encarnizados combates que tuvieron lugar en los días de ofensiva se produjeron más de cien bajas entre la gente de Beltrán, incluso en un momento determinado el propio Beltrán y Borau se vieron en la necesidad de tener que abandonar de forma precipitada el puesto de mando para hacerse cargo de una ametralladora falta de sirvientes, con la cual consiguieron contener uno de los avances enemigos.

Los estragos y las muchas privaciones sufridas por el batallón aquellos días lo convirtió en una partida de enfermos y lisiados, por ello al cabo de una semana el mando superior decidió relevarlo devolviendolo de nuevo al Pirineo. El balance final no pudo ser más nefasto ya que de los 674 hombres que habían bajado del Pirineo sólo quedaron válidos para el combate 332. Poco antes de aquel relevo Borau resultó herido siendo retirado a Bujaraloz.

Cuando aquel mismo mes Beltrán recibió su nombramiento como jefe de la 72ª Brigada Mixta, Borau ya curado pasó a ocupar el puesto de ayudante de éste con el grado de teniente. El siguiente ascenso al grado de capitán le llegaría a Borau en junio de 1938, por méritos de guerra y tras finalizar la Bolsa de Bielsa. Cargo de ayudante desde el cual fue testigo de momentos culminantes de aquella resistencia, como por ejemplo de la visita de Negrín y Vicente Rojo, que apareció por Bielsa con un plan bajo el brazo que tenía la intención de romper el cerco de Bielsa, plan que se vió frustrado por el fracaso republicano en la ofensiva de Balaguer.

Como curiosa le resultóa Borau la visita del ministro vasco Manuel Irujo en su papel de embajador encubierto de una proposición económica que tenía como fin evitar la voladura de la central electrica de Lafortunada, propuesta que provenía de los accionistas de la sociedad propietaria de la central. Capítulo parte fue la deserción del jefe de la 102 Brigada Mixta que huyó a Francia sin recibir la orden previa del mando de efectuar una retirada definitiva, defección que precipitó la caída de Bielsa. Pero la que lo que más le impactó fueron los intentos de atentado contra el comisario de la división, el socialista Máximo Gracia a cargo de miembros del PCE5.

Al concluir la batalla del Ebro y llegar a Barcelona con los restos de la 43ª División, Borau asiste también en persona al intento del PSUC para que la unidad se hiciera “cargo” de los presos de Montjuic, orden expeditiva que Beltrán rechazó de pleno, intentando de forma infructuosa que la Cruz Roja se hiciera cargo de ellos. Entre los hombres que se retiraban con la unidad estaban también Lázaro Beltrán, Cavero o Ricardo Sanchéz.

Un tiempo más tarde Borau tuvo noticia de lo que la aventura que habían vivido un grupo de anarquistas aragoneses miembros de la 43ª Div en Barcelona, entre ellos José Cortés Aznarez o Antonio Maisterra, que con toda su buena fe habían acudido al local del PSUC con la intención de ofrecerse como voluntarios para la defensa de la ciudad, encontrandose con la sorpresa de que el local central del PSUC estaba vacio y con sus archivos intactos, entre ellos el fichero de los militantes que habían sido cobardemente abandonados a su suerte, por lo que los anarquistas decidieron sacarlo al medio de la plaza de Cataluña y quemarlo con gasolina, salvando de aquel modo a los militantes del PSUC de una más que segura represalia a la entrada de los fascistas en Barcelona.

Al darse la orden general de retirada de Cataluña en febrero de 1939, Borau acompañando a Beltrán se retiró camino de Francia, en muchos momentos cubriendo con los pocos hombres que quedaban la retaguardia de los refugiados civiles que huían, e incluso entablando combates esporadicos con sus perseguidores. En uno en particular, según testigos, Borau mantuvo un duelo a pistola con un oficial tanquista italiano que se había apeado de su carro para observarlos, al final el italiano al ver que había salvado el pellejo optó por darse la vuelta con su tanqueta Ansaldo en medio de la rechifla de los republicanos que habían estado observando la escena, mientras tanto Borau se había guardado con parsimonia su pistola y con frialdad se encendio un puro.

Llegados a Francia después de pasar por diversos campos de concentración franceses, y como excusa para salir de ellos se apuntaron a los GTE, Grupos de Trabajadores Extranjeros. En 1940 Borau estuvo a punto de marchar con Beltrán a la URSS, pero Irene Falcón la encargada de proporcionarles los pasaportes lo descartó a causa de su notoria militancia anarquista, alegando que el documento de Borau había quedado aplazado, y de aquel modo con solo 400 francos se quedó colgado en Paris.

En el maquisard

Durante la II Guerra Mundial, al producirse la invasión alemana de Francia, Borau, junto con Francisco Cavero y Ricardo Sánchez, el deBayona, teniente de la 43ª División y cuñado de Cavero, habían conseguido que los contratara la Société Auxiliaire d’Entreprises Électriques et de Travaux Publics, trabajo que les permitía una cierta libertad de movimientos, puesto que podían trabajar de día, cobrando su correspondiente salario y “por la noche hacían lo que tenían que hacer” (sic).

Al principio el grupo se dedicó a realizar pequeños sabotajes en las estaciones ferroviarias como la de Pau, saboteando con medios rudimentarios los vagones cargados con mercancias perecederas destinadas a la Francia ocupada, que en muchos casos debieron llegar a su destino inservibles, despues se especializaron al pasar a sabotear las señales ferroviarias o las agujas de cambio de vías, lo que provocaba constantes interrupciones del servicio ferroviario y de vez en cuando algún que otro aparatoso accidente.

La 10ª Brigada de guerrilleros españoles

Pero cuando en noviembre de 1942 los nazis invadieron la zona gobernada por el gobierno colaboracionista de Vichy, como respuesta al desembarco aliado en el Norte de Afríca, el terceto se replantó su futuro al tener noticias de que se había constituido el primer maquisard de los Bajos Pirineos, pero cuando en septiembre de 1943 se creó oficialmente la Brigada 10ª de guerrilleros españoles fue el momento en el que los tres amigos decidieron apuntarse voluntarios a dicha brigada, que formaba parte del XIV Cuerpo de Guerrilleros españoles que operaba en el Sur francés.

Establecida la sede de la 10ª en Pedéhourat, se puso en marcha cédula guerrillera en el Col de Marie Blanque, muy próximo a la línea ferrea Canfranc- Oloron, algunos de sus componentes pasaron a vivir en los bosques del valle de Ossau, cerca del pueblo de Escot. En dicho lugar no tardó en crearse una escuela guerrillera y uno de sus profesores fue Ricardo Sanchéz, antiguo teniente de la 43º División, que acababa de ser nombrado capitán del maquis, mientras que Cavero recibió el título jefe de Estado Mayor, nombrandose como segundo a Hilario Borau con el grado de teniente.

Se inician los combates

El 24 de junio de 1944 los guerrilleros españoles al mando de Borau toman la decisión de atacar a una unidad alemana en Bedous, en las cercanías de Somport, que al parecer tenía la intención de dirigirse a España. Durante el combate que duro tres horas se infligieron numerosas bajas al enemigo a pesar de que la tropa alemana era mucho más numerosa que la española. Por ello Borau deció dar aviso a las FFI (Fuerzas Francesas del Interior) para que les enviaran refuerzos. Aquel combate a efectos históricos sería considerado como el primer ataque a una unidad alemana en el sur de Francia. Por ello finalizada la guerra en Europa, el 17 de agosto de 1946 Borau sería condecorado con la Cruz de Guerra con estrella de bronce, recompensando así su valiente intervención al frente de su batallón en la acción de Bedous.

El 13 de julio del mismo año el maquisard español recibe la orden de volar el puente del ferrocaril de Escot, en la línea de Canfranc-Oloron. En la operación intervinieron 30 hombres diez de ellos españoles, y uno de los especialistas era Cavero, que junto a dos españoles más, Guzmán y Ramoncho, quitaron los tornillos de la vía y colocaron los explosivos en un tunel situado a un kilometro de Escot, que al explosionar provocó el descarrilamiento de un tren de un mercancias que se dirigía a Alemania con wolframio, los seis alemanes que lo custodiaban huyeron y el personal ferroviario resultó ileso. El 21 de agosto los guerrilleros españoles liberaron Oloron Sante Marie y los alemanes huyeron despavoridos por el tunel de Canfranc, cayendo muchos de ellos muertos o prisioneros en los combates que tuvieron lugar durante su persecución, acción en la que participaron los tres.

Parte de aquel grupo el 23 de agosto al mando entonces de Ricardo Sanchéz se dirigió a El Portalet, donde en el hotel Baresse tenía su cuartel general un escuadron de alemanes compuesto por más de 50 hombres. Ricardo que era un hombre fuerte y alto, redujo a la fuerza al centinela y después convenció a los alemanes atrincherados en el edificio, con el argumento de una pistola y una bomba de mano, que lo mejor para todos ellos sería rendirse dado que los tenían rodeados y los guerrilleros eran muchos más que ellos. Pocos minutos después los alemanes fueron saliendo por la puerta y tras tirar sus armas se rindieron, pero al descubrir que se habían rendido a diez desarrapados españoles, muchos de los alemanes lloraron de rabia.

Entregados los prisioneros a las FFI, el grupo eufórico traspaso a España solo para cantarles a los guardias civiles y soldados de guardia en la frontera el himno de los guerrilleros, concierto que no causo ninguna reacción salvo la natural sorpresa ante el atrevimiento.

Operación Reconquista de España

A partir de septiembre de 1944, la 10ª Brigada de guerrilleros se convertirá en dos batallones de casi un centenar de hombres cada uno, uno de ellos el 1º pasará a ser dirigido por Francisco Cavero, el carismático jefe del maquisard, que a partir de entonces empezó a realizar incursiones por España

El 8 de octubre de 1944, al iniciarse las operaciones de Reconquista de España el batallón de Cavero, saliendo de Oloron y siguiendo las órdenes del mando superior marchó en dirección a la frontera, avisándose a los integrantes que a partir de entonces su unidad se denominaría 227 brigada. En Salies de Béarn la unidad fue embarcada en camiones que los llevaron hasta el monte de La Rhune, justo al lado de la frontera con España, desde allí los hombres con los prismáticos podían ver el Bidasoa que andaba muy crecido, lo que les causó el tener que perder tres días. En el intermedio el enlace que tenía que guiarlos desapareció sin más.

La muerte de Cavero

Poco despues empezaron a ser hostigados por las patrullas franquistas cuando estaban remontando un barranco, en medio del tiroteo tuvieron las primeras dos bajas, al poco fue alcanzado mortalmente José Silva, el comisario del batallón, tras varios encuentros Cavero fue citado por el mando a una reunión general, donde a la vista de la situación se decidió que su batallón se retirara de forma ordenada a Francia, lo que se efectuó traspasando de nuevo la frontera por las estribaciones de La Rhune encaminandose en dirección al pueblecito de la Sare6. Creyéndose a salvo el grupo decidió acampar para descansar y reponer fuerzas junto a dos bordas de pastor, y después de sacrificar un par de corderos se dispusieron tranquilamente a comer.

Estando en eso, inopinadamente fueron atacados con un nutrido fuego procedente de una partida de guardias civiles que infiltrados habían proseguido su persecución en territorio francés. Al oir los primeros disparos Cavero corrió a abastecer las ametralladoras ligeras Bren que llevaban un par de compañeros, momento en que fue alcanzado mortalmente por las balas del enemigo.

Entierro de Cavero en Moumour en octubre de 1944. Descubierto a la reche y en posición de firme; Borau. Foto propiedad de la familia Borau

Al prolongarse el tiroteo hicieron aparición en camiones un grupo francés del Cuerpo Franco Pommiés, uno de los muchos grupos de la resistencia francesa y los franquistas al verlos se esfumaron. El batallón a partir de aquel momento quedó bajo el mando de Hilario Borau, que se hizo cargo del cuerpo de su oficial y amigo llevandolo hasta el pueblo de Moumour donde fue enterrado en olor a multitud y con honores militares el 26 de octubre de 1944, posteriormente su cuerpo a petición de su familia sería trasladado a Oloron.

Borau, coordinador del maquisard en los Bajos Pirineos

Tras la trágica muerte de Cavero Borau pasó a ocuparse de la coordinación del maquis francés (FFI) en los Bajos Pirineos.Concluida la contienda en Europa con el histórico abrazo de americanos y rusos junto al Elba, en mayo de 1945, Borau y Ricardo Sanchéz se quedaron mano sobre mano lo que les obligó a tener que volver al tajo, ya que de algo había de comer, Sanchéz también fue condecorado por intervención en el Portalet, pero las medallas ganadas no eran comestibles ni daban para comer.

En aquellos días reciben buenas noticias de Lázaro Beltrán que ya se encontra en casa después de estar largo tiempo en el hospital, tras haber resulto gravemente herido en agosto de 1944 durante los combates por la liberación de París. Y ahora el fiero combatiente se plantea ser tendero en París. Al final Lázaro abrirá una tienda de ultramarinos “La Martinique” que regentará en Margency, un arrabal parisino. Unos años más tarde en su casa incluso residirá como realquilado Diego Martinez del Barrio, presidente de la República en el exilio.

El periplo vital de Lázaro, al igual que el de sus amigos, no tuvo desperdicio, al iniciarse la guerra Lázaro Beltrán Solano tenía 31 años y era comerciante en Canfranc, y además trabajaba como viajante para la empresa francesa “Corbeil Essonnes” de Houdan. Al producirse el golpe fascista escapó a Francia con la gente de Canfranc Incorporado a las milicias no tardó en ser nombrado capitán de Intendencia, y más tarde capitán pagador habilitado de la 130ª Brigada Mixta. En julio de 1937 Lázaro se afilió al PCE, aquel ascenso politico debió propiciar que se le nombrara jefe de la Jefatura comarcal de Zaragoza-Teruel, o de la de Lérida en enero de 1939, pocos días antes de la caída de dicha capital en manos de los franquistas. Concluida la guerra pasó a Francia, donde luchó contra los nazis en el maquis francés de la regíón de París. En una fecha indefinida se exilió a Méjico donde falleció en fecha indefinida.

Su hermana Nieves Beltrán Solano llegó como exiliada política a Veracruz (Méjico) el 13 de junio de 1939, con el barco Sinaia, Nieves estaba en aquellas fechas casada con Antonio Ferrer, “El Soldadiño”, amigo de “El Esquinazau”, y vecino también de Canfranc. A la muerte de Antonio Beltrán en Méjico en 1960, Ferrer tuvo el detalle de enterrar el cuerpo de Beltrán en su tumba familiar del Cementerio Español de Méjico D.F. Y allí siguen ambos.

El retorno de un buitre7

Al iniciarse 1946 lo que no sabían los tres amigos de Francia es que su amigo y pariente Antonio Beltrán al que suponían perdido por las estepas rusas, y del que no tenían noticias desde 1939 estaba a punto de dar el salto apareciendo por Francia.

Así el 26 de febrero de aquel año un funcionario ruso llamó a la puerta del apartamento de Beltrán en Moscú haciendole entrega de una autorización personal de viaje a Yugoslavia que se le complementó con unos cuantos dolares. Al marchar a su nuevo destino quedaron atrás su segunda compañera Elena Legaz y su pequeña hija Olga. Después de unos días de descanso en Yugoslavia, junto con Romero Marín y un puñado de españoles que el dedo de la emigración siempre señaló como agentes del NKVD, viajó a Trieste, ocupada entonces por ingleses y americanos.

Recién llegados un enlace los llevó a todos a presencia de Vittorio Vidali, el “Carlos Contreras” de nuestra guerra, uno de los organizadores del Quinto Regimiento y también uno de los responsables del asesinato de Andreu Nin, que en pocas palabras les designó un guía para poder franquear a pie los Alpes. Beltrán desconfiando de todos y de todo decidió por su cuenta partir solo arribando a Arosa, un pequeño pueblecito del cantón suizo de Grisones. Allí escribió varias cartas, entre ellas una a su familia de Francia, compró un reloj Zenith y un par de mapas y sin establecer contacto alguno cruzó por sus medios el pequeño país y entró a la brava en Francia.

Cuando Beltrán llegó a Toulouse, donde tenía una cita concertada, estaba sin dinero ni documentación alguna haciendo gala de ese entusiasmo que en aquel tiempo se presuponía en un comunista, donde descubrió por sí mismo que a pesar del fracaso de las invasiones de España, en el partido reinaba la euforia entre los responsables del brazo guerrillero. Actitud que parecía guardar una proporción directa a la decadencia de las acciones armadas, pues a más adversidades, mayor era el triunfalismo.

Jefe del sector central del aparato de pasos

Se le cita en el local del PCE y en esta ocasión le encomiendaron directamente la responsabilidad del sector central del aparato de pasos (Gavarnie) del PCE con centro de operaciones en Oloron, ofreciendole como “tapadera” un trabajo de montaña en la empresa “Entreprise Forestier du Sud-Ouest”, que al mismo tiempo le permitiría unos ingresos regulares, de los que tan necesitado se encontraba.

Pero Beltrán pidió tiempo y tras serle concedido y sin otro equipo que lo puesto, se pateó la zona, recabando información de la situación en España, o poniendose en contacto con determinadas personas de su confianza que le pusieron al corriente, sobre todo de las constantes delaciones, o de los innumerables infiltrados, sin olvidar referirle las rivalidades existentes entre las diversas organizaciones de exiliados españoles, o la desarticulación de un equipo de 40 hombres en su marcha a Santander, correligionarios suyos y compañeros algunos de su viaje por Italia, o del desastre que había acaecido durante un intento de desembarco en la costa asturiana de Latres. En Madrid, durante las mismas fechas tuvo lugar el fusilamiento de Cristino García Granda, uno de los más destacados combatientes españoles en Francia, ex teniente coronel de las FFI, y de todo su equipo.

Pero al final decidió aceptar el cargo, y su misión pasó a ser la de coordinar los servicios para la guerrilla en su zona, proveerla de armas, provisiones, documentación, propaganda… y de elegir los guías más idóneos Su conocimiento personal del terreno y de los hombres que lo rodeaban le permitió durante los veinte meses largos que desempeñó aquella tarea que no se le pudiera imputar ni una sola “caída” en la frontera.

Semejante hazaña obedeció a que Beltrán había retomado su contacto personal con Borau y Ricardo Sanchéz, recibiendo entonces la noticia de la infortunada muerte de su amigo Cavero que tanto le pesará, y mientras Sanchéz todavía continuaba en el partido, Borau ya había decidido ir por libre juntandose con los grupos anarquistas, los suyos. Y así gracias a Borau y Sanchéz, Beltrán empezó a tener noticias dignas de confianza, o a conocer la gente que se movía en su entorno, Sus dos amigos incluso le acompañaran en persona en varios de sus viajes de reconocimiento al otro lado de frontera, con la idea de verificar in situm si la información que posee del partido es buena.

Purgas dentro del PCE

Sin embargo aquel éxito en su trabajo se debió en buena medida a la propia determinación de Beltrán que había decidido por su cuenta y riesgo descartar el pasar por su sector a determinados grupos o personas que se olian a operación frustrada, al comprobar que el PCE tenía dos métodos para desprenderse de los disidentes o de los tibios, la eliminación directa, con lo que las víctimas se achacaban a enfrentamientos con la guardia civil en el momento de su paso por la frontera, un ejemplo posterior será el caso de Pelegrín Pérez o el frustrado de Comorera, o bien el “soplo” a determinados agentes del cuerpo de la policia española que corrían por el exilio o a notorios delatores, con lo que efectivamente eran los guardias civiles los encargados de montar verdaderas emboscadas en suelo español.

Tareas de las que se encargaba el llamado “Grupo de Trabajos Especiales”, dependiente orgánicamente del Secretariado y más en concreto del miembro responsable de lo que se denominaba “Interior”, en su caso de Santiago Carrillo.

Traidor a la causa

El hecho de que Beltrán descartara determinados “paquetes” no pasó desapercibido en las alturas del partido por muchas excusas que a sus negativas les dió Beltrán, que a partir de aquel momento se convirtió en “traidor a la causa”. De ahí que, a mediados de julio y en Toulouse, Beltrán consciente de ello decidiera echar el resto. Primero se justificó de forma epistolar con Elena su compañera en la URSS, después decidió buscar una salida en lo más próximo: en este caso para Teodora y sus chicos, Esther y Roetgen Edison que malvivían en Jaca. Prueba directa de que Beltrán ya estaba quemando sus naves.

El partido a su vez se dedicó a maquinar una fórmula que le permitiera “desenmascarar” al “traidor” ante sus militantes. La historia de la fallida fuga de Teodora de España, de la que el partido había tenido cumplido conocimiento les proporcionó la idea. Se encargó entonces a elementos del Servicio de Información Especial (SIE), que dirigía con mano de hierro Romero Marín, que se encargaran de patear la frontera pernoctando en hoteles de distintos pueblos, pero inscribiéndose en todos los casos con el nombre de Antonio Beltrán con un doble objetivo: facilitar a la gendarmería las pruebas falsas de unos movimientos más que sospechosos de Beltrán. y por otra parte poderlo acusar en cualquier momento, ante los “camaradas”, de contactos con la policía franquista, que al no poder justificar semejantes estancias para Beltrán significaría una muerte segura8.

Con lo que no contaron los hombres del SIE es que el servicio de información de Hilario Borau, el propio de la CNT, detectó muy pronto aquella torticera maniobra, poniendo a finales de septiembre de 1947 en sobreaviso a Beltrán. Éste no perdió el tiempo, y con una “Walter” alemana como credencial se dirigió al local del Secretariado en Toulouse. Obviamos de forma consciente su peripecia al salir vivo del local del PCE en dos ocasiones distintas, puesto que en una de ellas estaba previsto eliminarlo fisicamente pero su pistola le sirvió de escudo, o el asunto de los dos atentados posteriores de los que salió indemne al defenderse de sus verdugos a los que conocía, fuera como fuese en octubre de 1947 Beltrán salió del PCE, y apartir de entonces sus sombras amigas fueron siempre sus inseparables Borau y Sanchéz.

En 1948 los tres amigos vistas sus rupturas respectivas con sus antiguas organizaciones, deciden mudarse a Pau y montar allí una empresa en comandita, una “fábrica” de alpargatas que producirá hasta 30 o 40 pares de alpargatas diarios, y los trabajadores serán ellos mismos, pero en aquel momento la economía en Francia entra en crisis por lo que tuvieron que cerrar el negocio y pasar de nuevo a trabajar en las montañas, en todo tipo de construcciones. Negocio de alpargatas que Beltrán intentará exportar a Méjico, plantendose incluso el marchar con Sanchéz pero el proyecto no cuajará. Después de diversas vicisitudes Beltrán al final recalará en Méjico en 1956, donde falleció en 1960.

Beltrán y Borau paseando por Pau (1947). Foto propiedad familia Borau

Al final al quedarse solos en Francia Borau y Sanchéz se dedicaron a sus vidas respectivas y mientras Sanchez continuó manteniendo su soltería Hilario decidió formar familia. De hecho el primero en regresar a España fue Ricardo Sánchez que lo hizo en 1965, mientras que Borau no lo hizo hasta 1970, después fueron volviendo esporadicamente, para finalmente Ricardo afincarse en España donde falleció en 1994. Borau también fallecería en su patria chica durante una de sus estancias en España durante el 1997.

Colofón

El presente autor tuvo el honor de poder conocer en persona a los dos en 1976, gracias a la intervención de Roetgen Edison Beltrán, el hijo de Antonio Beltrán, apadrinamiento que fue decisivo a la hora de las confidencias, en particular las de Borau ya que Sanchéz era mucho más reservado. Pero el que me prestó la primera foto con el maquisard francés obligándome a pixelar las caras de determinados personajes, con el argumento de que sus familias en España desconocían su participación en las guerrillas fue Borau, caras que imprudentemente descubrirían otros por puro afán de publicidad, y ahora su primer poseedor.

Bibliografía:

R. Ferrerons y Antonio Gascón Ricao: El Esquinazau, perfil de un luchador, Unali Ensayo, Zaragoza (1981); Antonio Gascón Ricao: Beltrán, el Esquinazau, Pirineum Editorial, Jaca (2002). Ramón J. Campo, El oro de Canfranc, Biblioteca Aragonesa de Cultura, Zaragoza (2002).

Notas

1 Conocimiento que se refuerza con la existencia de grabaciones conseguidas por el autor, hoy en día depositadas por donación, en el Museo de Bielsa.

2 FFI: Fuerzas Francesas del Interior, organización militar clandestina que operaba en Francia durante la lucha contra el nazismo.

3 Ver: Ramón J. Campo, El oro de Canfranc, Zaragoza (2002), pp. 197 – 205.

4 S/a, “El municipio de Canfranc rinde homenaje a cinco antifranquistas”, El Periódico de Aragón, 16-5-2003.

5 Testimonio de Borau al autor.

6 Sare  comuna francesa situada en el departamento de los Pirineos Atlanticos, en la región de Nueva Aquitania.

7 “Buitre”, término despectivo utilizado por el entonces teniente coronel de la Guardia Civil Aguado Sánchez, metido a historiador, que daba en su libro El Maquis en España a los guerrilleros que entraron en España durante las operaciones del Valle de Arán.

8 Testimonio de H. Borau.

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