Anarquismo Guerra civil Española Historiografía

Una pluma incontrolada ataca de nuevo a Antonio Martín Escudero [Antonio Gascón y Agustín Guillamón]

Justificación ante las infamias

Resulta paradójico que determinada prensa madrileña partidaria de la abolición del anteproyecto de la Ley de Memoria Democrática de septiembre de 2020, venga ahora a reabrir la Causa General franquista sacando los espantajos de siempre con mártires y seudo mártires, dejando en el tintero a los múltiples sacerdotes archiconocidos que con pistola al cinto bendecían los fusilamientos de republicanos, o que cristianamente cobraran a las familias el tiro de gracia de su deudo a domicilio.

La misma prensa que ahora contrata a plumas mercenarias que son las encargadas de lanzar todo tipo de mentiras e improperios sobre la memoria de determinados personajes asesinados en su caso por gentes de ERC y de Estat Català, como lo fue Antonio Martín Escudero en una emboscada en Bellver.

Antonio Martín Escudero.

Por otra parte también inquieta que todo un doctor en filosofía, profesor de sociología política, especializado en el análisis del poder, según Wikipedia, se meta a provocador, en su caso en provecho de su trasnochada ideología política, tiene a gala ser carlista, o pensando que el estar en plantilla de la Universidad Abad Oliva CEU de inspiración católica, le permite tener las licencias necesarias para calumniar y mentir en beneficio de su causa, se trata del controvertido profesor Javier Barraycoa.

Autor al que nos negamos a hacer publicidad de sus numerosas y “singulares” obras “históricas” o fundador y presidente de Somatemps, un colectivo considerado como alineado a la extrema derecha y al rancio nacionalismo español, que tiene como meta defender la catalanidad hispánica en un intento por renovar la actual charca catalana, pero mirándose en el espejo de su antónimo el Institut Nova Historia. Otra de la aficiones del personaje es la de engordar su currículo afirmando ser fundador de Sociedad Civil Catalana (SCC), “medalla” que dicha institución le niega.

Pero más perturbador resulta observar como un doctor universitario utiliza títulos literarios ajenos sin citar el auténtico al haberlo plagiado, o que tras su cruzada al haberse autoproclamado martillo de herejes nacionalistas catalanes tenga ahora la osadía de meterse con el libertario Antonio Martín Escudero, con argumentos plagiados de sus denostados herejes catalanes que han sido los que los han estado utilizando durante décadas.

Motivo por el cual se llega a la conclusión simple de que el ilustre doctor se dedica a leer y a reutilizar los escritos de sus herejes predilectos, se supone que al no tener la capacidad necesaria para ponerse al día sobre lo publicado por otros autores ajenos a dicha ideología soberanista. De haberlo hecho así habría descubierto que la misma historia ya estaba publicada en 2018, con su documentación correspondiente reproducida que desmiente en todo lo publicado por unos y por él mismo ahora. Documentación que cualquier mortal ilustrado puede consultar en Puigcerdá, justamente en el mismo lugar del que ahora ha sacado la historia que airea en el diario La Razón, en su apartado Memoria e Historia,al que evidentemente ha tomado el pelo al haberlo convencido que su trabajo era un gran hallazgo historiográfico1.

El actual divertimento de Barrayoca lleva por título: “El Cojo de Málaga o el Durruti de la Cerdaña”. Título que ha fusilado sin rubor de otro hecho popular en parte por los presentes autores2, y por lo visto convencido de haber descubierto un auténtico filón de genocidios. Tema al que ya nos tiene acostumbrados en otros trabajos suyos en los cuales se ha dedicado al noble deporte de la lista exhaustiva como medio propagandístico eficaz de su ideología.

Bebiendo en fuentes envenenadas

Sin embargo su trabajo presente adolece de un gravísimo pecado original, ya que sus tres fuentes principales de conocimiento son otros tantos conocidos nacionalistas catalanes, como fueron o son, según el caso, Francesc Viadiu (Delegat d´ordre Públic…1979), y Josep M. Solé Sabaté (Anarquia i República a la Cerdanya…,1991), Joan Pons Garlandí (Un republica enmig de faistas, 1979) de cuyas obras, netamente nacionalistas y por supuesto antilibertarias, toma la munición como si dichos trabajos fueran la propia Biblia de los gedeones.

Sin reparar el plagiador que tanto ellos como él mismo están todos implicados en una misma guerra contra todo lo que suene a libertario, perdiendo así el filósofo su inmaculada virginidad al hacer causa común con sus infames enemigos soberanistas a los que dice combatir con saña.

La pregunta que ahora subyace es a que puede obedecer semejante pacto antinatura, salvo que el detalle pase tal como se aprecia en su trabajo actual, por resaltar Barraycoa con desmesura a las víctimas eclesiásticas caídas supuestamente a manos de unos sanguinarios anarquistas de Puigcerdá.

Iglesia vieja de Puigcerdá

Para empezar vamos a iniciar nuestra disección entrando directamente en el terreno histórico, cosa que nuestro filósofo no hace. De entrada habrá que advertir al lector de su trabajo que una de las fotos que ilustra su artículo, que en hipótesis corresponde al supuesto derribo de la iglesia de Puigcerdá en 1936 no corresponde a dicha iglesia, dado que en ella no se aprecia la existencia del campanario tal como se conserva en la actualidad. Del mismo modo que otra foto publicada que según se afirma en su pie corresponde a un grupo de milicianos de la Cerdaña tampoco es cierto, ya que dicho grupo son unos milicianos de la Seo de Urgel, capital de la comarca del Alto Urgel, y no de la Cerdaña. Detalles que demuestra que el ilustre profesor de universidad anda mal en fotografía y aún peor en geografía.

Desmontando infamias.

De entrar en el meollo del artículo, a modo de ilustración y en contra de la leyenda negra general suscrita por el profesor Barraycoa, poco amigo de la cronología, habrá que subrayar que el 6 de agosto de 1936 la autoridad máxima en Puigcerdá era el alcalde Jaime Palau Soldevila un viejo militante de ERC, Prueba de ello es que fue precisamente él el que ordenó por escrito bloquear las cuentas corrientes de las familias veraneantes más conocidas, muchos de ellos grandes fortunas barcelonesas que tenían en Puigcerdá su torre de verano, se supone que en un intento por evitar que en su más que posible huida a Francia se llevasen también el dinero, pero en unas fechas muy avanzadas para que tales medidas tuviesen ya efecto alguno, tal vez por aquello “de que a enemigo que huye puente de plata”. Bloqueo económico que todos los autores implicados han adjudicado siempre a los anarquistas, cuando el original comentado de dicha orden todavía se conserva.

Aval de un socio del Casal d’ERC. Fuente: Archivo Comarcal de la Cerdaña, Puigcerdá.

También durante aquellos primeros días la iglesia de Santa María de Puigcerdá fue demolida hasta los cimientos y sólo quedó en pie el campanario reaprovechado como torre de vigilancia y mirador. De ceñirnos a la documentación del Ayuntamiento que se conserva, su derribo obedeció más que a motivaciones anticlericales a razones de tipo simplemente urbanístico3. De hecho, en no pocas ocasiones la quema de parroquias en aquel tiempo obedeció a acciones preventivas efectuadas por la llamada gente de orden o derechistas, como acaeció en el caso Bellver, según explicaciones dadas por su alcalde de entonces Joan Solé.

Prueba de lo anterior es que según consta en dicha documentación el 21 de agosto de 1936, reunido el nuevo Ayuntamiento y a petición popular se tomó el acuerdo unánime de derribar la iglesia mayor de Santa María, “al considerarla un estorbo para la futura expansión de la población. En llano fue el ayuntamiento de Puigcerdá presidido por Jaime Palau Soldevila de ERC el que decidió el derribo de la iglesia y no los anarquistas.

Otra de las leyendas que todavía se mantiene viva es la referente a la quema indiscriminada de las iglesias locales y el consiguiente saqueo de los ornamentos religiosos, en provecho de bolsillos revolucionarios. Cuestión desmentida por la documentación encontrada en el propio Arxiu Comarcal de la Cerdanya. Se trata de una carta del alcalde “interino” de Puigcerdá, probablemente Barnolá, dirigida al Conseller de Cultura, Ventura i Gassol.

En dicha carta, redactada en catalán y fechada el 20 de agosto de 1936, el alcalde se dirigía a Ventura i Gassol, en nombre de la Alianza Antifascista y Revolucionaria (AAR) de aquella villa, comunicándole que se había acordado que todos los objetos recogidos de las Iglesias de esta villa y comarca de la Cerdanya, como de particulares, fueran entregados al Gobierno de la Generalitat de Catalunya, con el fin de que fueran fundidos para atender las necesidades de la defensa de la República…

La respuesta de Ventura i Gassol, casi a vuelta de correo, fechada el 22 del mismo mes, tras darle las gracias por aquella comunicación, recomendaba al comité que mientras no se tomase ninguna decisión en Barcelona, protegieran intacto el “patrimonio”, pero que en caso de peligro se les avisara. Así mismo, se les recomendaban que procurasen guardar con interés y diligencia los edificios incautados y el material recogido, sin más4.

Prueba palpable de que los revolucionarios no habían expoliado las iglesias porque sí, sino que habían recogido los objetos de mayor valor con el objetivo de costear con ellos la defensa de la República, sin descartar que en algún caso pudiera haber algún desalmado que se hubiera aprovechado de la situación en beneficio propio. Tres pruebas puntuales de que la historia documentada no es la que de normal se vende para consumo interno de nacionalistas radicales, de todos los pelajes.

Escorzo histórico

Al ser un tópico recurrente, el de los incendios de las iglesias a manos de anarquistas, no viene mal recordar que dos años antes de iniciarse la guerra civil, en Cataluña hubo ya un ensayo anticlerical a cargo de los sublevados del 6 de octubre de 1934. Así aquel día en Cervera, los revolucionarios, incendiaron una iglesia, una ermita, y de paso una camioneta de la Guardia Civil. En el Hospitalet, un grupo de revolucionarios intentó pegar fuego a la iglesia de Santa María. En Granollers se intentó quemar la iglesia lanzando explosivos. En Navás, tras la quema de la iglesia se detuvo al cura, que sin más formación de causa fue muerto a tiros. En Sant Vicenç de Castellet los aliancistas, atacaron al cura e incendiaron la Iglesia. En Vilafranca, los revolucionarios quemaron un total de ocho edificios religiosos. En Martorell un grupo de rabasaires se incautó la iglesia.

Puente de Bellver, donde fue asesinado Antonio Martín. Fuente: Archivo Municipal de Bellver

En Rubí, el Comité revolucionario obligó al cura a cerrar la iglesia. En el pueblo de Copons, en l’Anoia, fue derribada una cruz. En las Torres de Segre, la iglesia fue asaltada. En Vilanova i la Geltru, se atacó con explosivos las tres iglesias de la villa, En San Carlos de la Rápita, los insurrectos cerraron la iglesia. En el Morell, después de la proclamación del Estat Català, un grupo de revolucionarios, incendió la iglesia, dejando malherido al cura, que acabó muriendo.

En la Pobla de Mafumet, el Comité revolucionario incautó las llaves de la iglesia. En Bellvis, se asaltó la iglesia, y al cura se le persiguió a tiros. En Tárrega, los revolucionarios, requisaron la iglesia. En Sitges, ERC se opuso a que los revolucionarios recién llegados de Vilanova incendiaran la iglesia. En San Celoni, los somatenistas locales registraron con ahínco el colegio Virgen del Puig, y de paso clausuraron la iglesia. Y así hasta un largo etc., etc.

Después del breve repaso anterior habrá que reconocer que las gentes partidarias del Estat Català o de la Alianza Obrera, no eran precisamente unos angelitos, aunque la pregunta sería el porqué los hechos anteriores se han ocultado, haciendo recaer únicamente en los libertarios el sambenito de anticlericales, o a caso los hechos acaecidos en Octubre de 1934 no fueron también anticlericales, pero al ser gente de la tierra…

De ser serios la “limpieza” de la retaguardia en 1936 fue un objetivo republicano legítimo, ya que el cura, las iglesias y los conventos eran los objetivos más señalados y odiados, los más fáciles de identificar y los más accesibles de atacar; eran además los más simbólicos, en cuanto significaban el fin del viejo mundo y de la secular opresión oscurantista de la detestada Iglesia, que tan tozudamente se había opuesto a las cautas y timoratas reformas republicanas, como la separación entre Iglesia y Estado, o el sometimiento de las órdenes religiosas a la legislación de sociedades civiles, aspiraciones todavía no conseguidas en el siglo XXI,

Una Iglesia que pretendía detentar un auténtico monopolio de la enseñanza, de la moral y de las costumbres, y sobre todo, una defensa a ultranza de la propiedad privada y de las clases privilegiadas, así como una demonización del movimiento obrero y de las doctrinas marxistas y anarquistas. Y al final era la propia Iglesia Católica la que propugnaba el exterminio de sus enemigos ateos y republicanos, en nombre de Dios y de su Santa Iglesia.

El Diario del alcalde Palau

De dicho alcalde de Puigcerdá todavía se conserva un sucinto diario mecanografiado justificativo de su gestión municipal. Por él sabemos que en octubre de 1936 Palau dejó el cargo, al crearse el llamado Consejo Administrativo del Pueblo. Punto seguido fue llamado por el nuevo Conseller de Governació, Antonio Martín Escudero, hasta aquel momento sin cargo alguno, al cual Palau ya le había explicado los motivos que le inducían a no desear participar en dicho Consejo, ya que según escribe el propio Palau no quería asumir una responsabilidad que ellos me exigían. Y en este punto concluían las explicaciones de Palau respecto a aquel tema.

Por lo que cabe preguntarse qué responsabilidades se le exigían a Palau, lo que nos lleva a poder pensar sino serían las derivadas de los veintiún asesinatos cometidos el 9 de septiembre de 1936, siete de ellos antiguos militantes de Unión Patriótica; matanza que “casualmente” tuvo lugar justo al día siguiente del inicio de un extraño periplo viajero de Palau, y cuando el Ayuntamiento de Puigcerdá estaba todavía en manos de mucha gente nacionalista represaliada en octubre de 1934, empezando por el propio sustituto de Palau, Guillermo Barnolá Blanché. Sea como fuera Palau no escapó a su responsabilidad ya que tuvo que ingresar en el nuevo organismo al ser nombrado conseller de Cultura.

Hay que tener muy presente que el Ayuntamiento, entonces suprimido, había estado presidido, desde el 20 de julio de 1936 hasta el 8 de septiembre, primero por Palau, miembro de ERC, y después temporalmente por Guillermo Barnolá, otro ex miembro de ERC, y fue en dicho periodo fue cuando tuvieron lugar la gran mayoría de los asesinatos cometidos en Puigcerdá.

Investigación judicial

Arruinando otra leyenda, los muertos por “muerte violenta” registrados en el juzgado local de Puigcerdá durante toda la época que nos ocupa, es decir, desde julio de 1936 a mayo de 1937, exactamente durante las mismas fechas en las que supuestamente Antonio Martín Escudero ejerció la violencia, ascienden en realidad a un total de 31 víctimas, con nombres y apellidos, tal como se puede comprobar por los registros conservados.

Curiosamente la misma cifra que consta en un informe elaborado por el juez local con fecha 6 de octubre de 1937, y en su caso a requerimiento de la Audiencia Provincial de Barcelona, con motivo del procedimiento conocido como Cementerios clandestinos. En dicho informe se hace constar también que a aquel mismo requerimiento habían contestado “diez y siete pueblos del mismo partido (judicial) resultando que en ellosse han practicado veintitrés inhumaciones por dicha causa”. En resumen, sumando las victimas de aquellos 17 pueblos y los inhumados en Puigcerdá hacen un total de 54 víctimas en todo el partido judicial de Puigcerdá, cifra que con todo lo elevada que resulta, desmiente de pleno las cifras exageradas que de común se acostumbran a dar.5

Muertos todos ellos adjudicados en directo a Antonio Martín, pero siempre según la versión vox populi, dado que no consta como tal en dicho informe judicial, y mucho menos aún en la propia Causa General franquista. En la cual cuando figuran en los informes de detalle los nombres de los responsables de aquellas defunciones, y estos no son desconocidos, como es lo común, los nombres que aparecen en ella son en general los de los miembros de los respectivos comités locales o de algunos carabineros, en algunos casos con nombres y apellidos concretos y en otros casos anónimos, citándose incluso al supuesto implicado en aquella muerte, cuando ya tienen constancia el secretario de que el acusado también ha fallecido.

Muestra de ello es que de la tan citada masacre del día 21 de septiembre de 1936, los acusados fueron: Martín Mortes Valladares, Julián Gallego Parra, Ramiro Erola Guinart, Ramón Rosique Marín, Segundo Jordá Gil, Francisco Casadesus Bordanova. Lo que no implica que fueran precisamente dichas personas las actuantes en el hecho, al saberse que algunos de ellos en concreto ocupaban puestos de responsabilidad en la administración local, nombrados por la propia Generalidad, por lo que dudosamente empuñarían las armas como verdugos.

Otro hecho que también se puede observar a la vista de las víctimas son las posibles causas que motivaron aquellas crueles represalias, cosa que no hace nuestro avispado historiador, y la primera es que muchos de ellos habían ostentado importantes cargos públicos, o habían pertenecido a Unión Patriótica, partido político creado por el dictador Primo de Rivera o que además ostentaban responsabilidades en el momento de tener lugar los juicios militares que tuvieron lugar en Puigcerdá tras el fracasado golpe nacionalista de octubre de 1934, cuya sentencia implicó una fuerte represión local, ya que un buen número de sus vecinos fueron a parar a la cárcel, hecho que explicaría que una parte de aquellos mismos represaliados acabaran ocupando cargos en el primer ayuntamiento tras la derrota de los sublevados fascistas el 18 de julio, o que el primer alcalde de la ciudad fuera Jaume Palau Soldevila, un prospero comerciante local y a su vez un conocido miembro de la ERC local también procesado en Octubre de 1934.

Detalles que dan la pista de su presunta implicación en la sangrienta represión nacionalista de 1936, en lo que debió ser una vuelta a la tortilla, contra la gente llamada de “orden”, según denunciaba uno de los familiares de los propios asesinados, al acusar directamente al presidente del Casal de la Esquerra Republicana local, de confeccionar la lista que dio lugar a las matanzas. Casal del cual nadie en Puigcerdá habla, pero que cuando la guerra civil, estaba afincado en el local del antiguo Bar Sport, un local que compartía con la Unió Rabassaire. Vista la necesidad imperiosa de aclarar la cuestión de aquella lista, transcribimos casi íntegro dicho testimonio, donde se acusa a Esquerra Republicana de ser la autora de aquella macabra matanza:

Según referencias, sabe y le consta a la declarante, que a los pocos días del Alzamiento, se confeccionó una lista en la que intervino el Presidente del ”Casal de Izquierda” (sic)6. Cuyo nombre no recuerda pero que es conocido por el apodo de “el espardenyer” continuando actualmente el comercio de alpargatas un familiar de dicho Presidente del ”Casal de Izquierda”, concretamente su mujer, cuyo individuo se halla actualmente detenido no pudiendo concretar la declarante en que cárcel se halla.

La anterior lista salió de otra lista confeccionada al ser reprimidos los sucesos de 6 de octubre de 1934, en la que constaba el nombre de las personas que cuando dichos hechos, donaron unas cantidades, a favor del Ejército, dándose el caso que la mayor parte de personas que concurrieron en tal suscripción, en 1936, fueron asesinados,constándole así mismo a la declarante, que dicha lista cayó en manos del citado Presidente deIzquierda, apodado “el espardenyer”.7

Es más, lo acaecido en Puigcerdá no fue tan anómalo, al ser un hecho que se repitió por ejemplo en La Seo de Urgel, tal como puede verse en la obra de Canturri8, diputado del Parlamento catalán y miembro de ERC, al advertirse más de lo mismo, pero haciéndose aquel autor de nuevas, en el caso concreto de algunas de las matanzas que tuvieron lugar en La Seo de Urgel, y justamente en octubre de 1936, y más aún al ver Canturri que aquellas penas de muerte de los supuestos fascistas estaban firmadas por la CNT-FAI, el PSUC, el POUM, la UGT y la mismísima ERC, su partido. Firmas últimas, que en el caso de ERC Canturri reconocía como gentes conocidas suyas. En disculpa de aquel terrible hecho, Canturri, de forma harto sorprendente, lo justifica de un modo indignantemente xenófobo:

“…los elementos que firmaban aquellas sentencias de muerte, ninguno era vecino (del pueblo), ni hijo de La Seo de Urgel. Todos eran forasteros, y la mayoría hablaban castellano, es decir, no hablaban catalán…”

Por otra parte, la participación de ERC y EC en matanzas indiscriminadas como la de Puigcerdá tampoco fue un hecho novedoso ni extraordinario, pues existieron casos muy similares o casi idénticos en otros muchos lugares de Cataluña, como por ejemplo en Navás: “Meses después, ya en plena guerra civil, un vecino de Navàs fue detenido y trasladado a Barcelona para “ponerlo a disposición del Tribunal militar… entre otros motivos porque “en ocasión de los hechos del 6 de octubre se entretenía en delatar a los hombres que tomaron parte en el movimiento9.

Idéntico a lo acaecido en Sant Sadurní d’Anoia, donde en la primavera de 1936 apareció un panfleto anónimo en el que se leía: Pueblo: ya sabes, pues, quienes llevaron la angustia y los perjuicios a tu casa. Pues, bien, es necesario que hagas justicia exterminando de una vez a estos traidores de Catalunya.

Los “traidores” a Cataluña, a los que hace referencia el panfleto, eran veinte vecinos del pueblo, que con motivo de los hechos del 6 de Octubre habían denunciado a sesenta y dos de sus convecinos por haber participado en dicha sublevación. La consecuencia de aquella denuncia fue que siete de aquellos vecinos denunciantes fueron asesinados en 1936; culpable: el Comité Revolucionario local10.

Telón

Por no alargar más el tema dejamos para otro día el informar a nuestro incontrolado profesor sobre el asunto del “Penjarobes” o sobre el asesinato político de Bellver11. En resumen, mucha infamia gratuita, muy propia de la historia basura, mucha calumnia indocumentada, mucha fantasía supuestamente histórica, pergeñada con la voluntad de criminalizar al movimiento libertario, con un odio ilimitado y sin rigor de ningún tipo, tareas muy impropias de un doctor en filosofía, profesor de sociología política, especializado en el análisis del poder, a cuyos alumnos actuales les deseamos de corazón la mejor de las suertes.

Notas

1Javier Barraycoa: “El Cojo de Malaga o el Durruti de la CerdañaLa Razón, 15-2-2021.

2 A. Gascón y A. Guillamón, Antonio Martín Escudero, (1895-1937) El Durruti de la Cerdaña, ser histórico, 27-4-2019

3 AGMA: C-2999,3

4Archivo Comarcal de la Cerdaña

5 A. Gascón y A. Guillamón, Nacionalistas contra anarquistas en la Cerdaña, Anexo II, Listado de victimas, p. 558-566.

6 El autor de aquel atestado al no ser catalán, escribe Izquierda, una “traducción sui generis de Esquerra.

7 Testimonio de Josefa Caralps Rivas, por la muerte de su padre Buenaventura Caralps Rivas, 21-7-1942 Causa General, 1437, EXP. 4.

8 Enrique Canturri Ramonet, Memòries, repùblica, guerra y exili., 1987.

9 Manel López Esteve: Els fets d’octubre de 1934 a Catalunya més enllà de l’acció governamental. Tesis doctoral, 2012, p. 438.

10 Carles Querol i Rovira: “31 de juliol de 1936: crònica d’una matança”. El 3 de vuit (9-12-2005), Alt Penedès, p. 31.

11 A. Gascón y A. Guillamón: La fake news delPenja-robes”otras manipulaciones de la Guerra civil en la Cerdaña,ser historico octubre 2019.

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