Guerra civil Española Marxismo

Los bordiguistas en la Guerra de España

LA IZQUIERDA COMUNISTA (“LOS BORDIGUISTAS”) EN LA GUERRA DE ESPAÑA (1936-1939)

Columna Internacional Lenin del POUM. Mary Low bajo la hoz. Juan Breá a su izquierda.
La tercera por la izquierda (de pie) es Mary Low; el cuarto es Juan Breá. Columna Internacional Lenin del POUM: patio del cuartel Lenin del POUM.

1.- INTRODUCCIÓN: ¿QUÉ ES EL BORDIGUISMO?1

En este trabajo el bordiguismo es definido como la doctrina política marxista que se reclama de las tesis y posiciones políticas defendidas por Amadeo Bordiga (1889 – 1970) en el movimiento comunista internacional. De 1912 a 1926 la acción militante y el pensamiento político de Amadeo Bordiga encarnaron la lucha del marxismo revolucionario en Italia.

Ya antes de la primera guerra mundial la izquierda marxista del Partido socialista italiano (PSI) expresó, en los congresos de Reggio Emilia (1912) y Ancona (1914), el surgimiento de una mayoría capaz de enfrentarse al reformismo, el sindicalismo y el nacionalismo. Dentro de esa ambigua mayoría (de la Fracción intransigente) se delineó la formación de una extrema izquierda (la Fracción intransigente revolucionaria), que tendió siempre a soluciones más radicales y clasistas. Esta extrema izquierda del PSI en los congresos de Bolonia (mayo de 1915), Roma (febrero de 1917) y Florencia (noviembre de 1917) sostuvo posiciones muy próximas a las de los bolcheviques, como fueron la negación de la ayuda obrera a las tareas de defensa nacional y la consigna de derrotismo revolucionario, lanzada por Bordiga tras la derrota de Caporetto2.

La fundación de Il Soviet (diciembre de 1918), órgano de la Fracción abstencionista, supuso la defensa decidida de la revolución rusa y de la dictadura del proletariado, así como un claro planteamiento de la función del partido revolucionario en Italia.

La Fracción abstencionista se propuso desde el primer momento la escisión en el PSI de los revolucionarios. Su objetivo y su tarea principal en los años 1919 y 1920 fue la extensión de la fracción a nivel nacional para fundar el partido comunista. En el segundo congreso de la Internacional Comunista (IC), reunido en Moscú en junio-julio de 1920, la Fracción abstencionista abandonó el abstencionismo como criterio táctico fundamental. En ese mismo congreso Amadeo Bordiga tuvo una intervención decisiva en el endurecimiento de las condiciones de admisión a la Tercera Internacional.

Amadeo Bordiga

En todo momento la acción y el pensamiento político de Bordiga tuvieron un marco italiano e internacional, íntimamente entrelazado, como correspondía a la militancia en un movimiento comunista internacional.

En enero de 1921, en el congreso de Livorno del PSI, Bordiga dirigió y protagonizó la escisión de los comunistas y la fundación del Partido comunista de Italia (PCI), sección de la Tercera Internacional. Fue el máximo dirigente del PCI desde su fundación hasta el cuarto congreso de la IC (diciembre de 1922).

La asimilación de los clásicos marxistas constituye una impronta imborrable y una constante referencia en los textos programáticos de Bordiga. Este dominio teórico, unido a la experiencia adquirida por Amadeo en la lucha contra el oportunismo imperante en la Segunda Internacional, le prepararon para enfrentarse a las crecientes disidencias entre el PCI y la IC con una capacidad crítica excepcional, dotada de una característica coherencia, rigor e intransigencia, que la hacían temible y respetada a la vez.

El nuevo oportunismo, que hacía mella en la Internacional Comunista, se caracterizaba por una permanente adecuación del análisis histórico del capitalismo al cambio producido en las condiciones y situaciones inmediatas de la lucha del proletariado.

Amadeo Bordiga comprendió, analizó y denunció el carácter del oportunismo comunista. Del mismo modo supo captar los primeros síntomas de abandono de los principios programáticos comunistas. Y se enfrentó hasta el último momento, en el seno de la propia Internacional, a la progresiva degeneración oportunista y contrarrevolucionaria del movimiento comunista internacional. No porque creyera que era aún posible evitar la derrota de la oleada revolucionaria iniciada en 1917, sino para dar testimonio y facilitar en el futuro la restauración teórica y organizativa del partido revolucionario.

En 1926 la Izquierda del PCI había culminado un largo proceso de formación ideológico y programático, caracterizado por las disensiones y enfrentamientos con la Internacional comunista. Estas divergencias no se resolvieron mediante una escisión, con ocasión de la acusación de fraccionalismo hecha al Comité de Entente (junio de 1925), a causa de la decidida oposición de Bordiga, contrario a la ruptura definitiva con el PCI y la IC.

El congreso de Lyon del PCI (enero de 1926), supuso la definitiva derrota organizativa de la Izquierda, dada su imposibilidad de presentarse como fracción o tendencia en el seno del partido, así como de defender sus posiciones políticas.

La intervención de Amadeo Bordiga en el Sexto ejecutivo ampliado de la Internacional (febrero-marzo de 1926) fue la última posibilidad que tuvo la Izquierda del PCI de utilizar la tribuna internacional para defender el programa comunista fundacional: el programa comunista de los dos primeros congresos de la IC y de Livorno. El brusco enfrentamiento entre Stalin y Bordiga, en torno a la cuestión rusa y la teoría del socialismo en un solo país, señalaba la definitiva derrota de las concepciones revolucionarias en el seno del movimiento comunista internacional.

Bordiga constató que la llamarada revolucionaria internacional, iniciada con el Octubre ruso, había sido definitivamente apagada por el alud contrarrevolucionario. Reconocida esta derrota histórica del proletariado rechazó todo activismo y mística de la vanguardia y la organización, abrazó una concepción férreamente determinista de las posibilidades revolucionarias, y personalmente consideró inútil su militancia activa en la clandestinidad impuesta por el fascismo.

En noviembre de 1926, en el momento de su detención y confinamiento por las autoridades fascistas, pero cuando ya estaba también organizativamente aislado en el seno del partido italiano y de la Internacional, Amadeo Bordiga había elaborado un noventa por ciento3 del corpus teórico de la Izquierda del PCI, claramente diferenciado del marxismo soviético oficial.

Los rasgos fundamentales que distinguían a la teoría política de la Izquierda comunista italiana eran en 1926 los siguientes:

1.- Rechazo de la táctica de frente único y de la consigna de los gobiernos obreros y campesinos, así como de todo tipo de coalición antifascista.

2.- Rechazo de la dirección de la Internacional comunista por el partido ruso. Rechazo de la teoría del socialismo en un solo país.

3.- Rechazo de cualquier tipo de defensa de la democracia burguesa.

4.- Rechazo del antifascismo y de toda doctrina política ajena a la lucha de clases.

5.- Consideración de la democracia y el fascismo como dos formas de dominio burgués complementarias, equivalentes e intercambiables.

6.- Rechazo del principio democrático, tanto como forma de organización social como en el seno del partido comunista. Al centralismo democrático se oponía el centralismo orgánico.

7.- Lucha y crítica contra el oportunismo, entendido como dejación de principios programáticos fundacionales.

8.- El partido es definido como un órgano de la clase, no inmediatista, centralizado, que defiende su programa intransigentemente, anteponiendo la defensa de los intereses históricos del proletariado al reformismo.

9.- La táctica tiene unos límites impuestos por el programa comunista. Una táctica inadecuada desemboca inevitablemente en cambios programáticos y puede llegar a cambiar la naturaleza misma del partido.

10.- Rechazo a la fundación de una nueva Internacional construida sobre el denominador común de experiencias críticas a la Tercera Internacional o el estalinismo. Necesidad previa de un balance histórico de los errores de la IC, y de la elaboración de una plataforma programática común.

La derrota organizativa de la Izquierda del PCI era consecuencia directa de su defensa intransigente de los principios programáticos comunistas.

En abril de 1928, en el suburbio industrial parisino de Pantin, los exiliados comunistas italianos de la Izquierda Comunista residentes en Francia y Bélgica se reunieron para fundar una nueva organización, que podemos calificar sin lugar a dudas como bordiguista: la Fracción de Izquierda del PCI, que en 1935 cambió este nombre por el de Fracción italiana de la Izquierda Comunista4.

En la declaración de su congreso fundacional este grupo manifestaba su adhesión a los principios programáticos del segundo congreso de la IC (julio-agosto 1920), del congreso fundacional del PCI en Livorno (enero 1921), de las tesis de Bordiga en la conferencia clandestina del PCI en Como (mayo 1924), de las tesis presentadas por Bordiga al quinto congreso de la IC, de las tesis de la Izquierda en el tercer congreso del PCI (Lyon, enero de 1926), de las posiciones defendidas por Bordiga contra Stalin y el PCUS en el sexto ejecutivo ampliado de la IC (febrero-marzo de 1926), así como de todos los escritos y tesis de Bordiga. Es decir, la nueva organización se declaraba partidaria de toda la acción y el pensamiento político desarrollados por Amadeo Bordiga, desde su intervención en el segundo congreso de la Internacional Comunista y Livorno hasta sus últimas intervenciones en Lyon y el sexto ejecutivo ampliado de la IC.

El apelativo de bordiguismo, dado por el resto de formaciones políticas, no podía ser más apropiado.

Sin embargo, debemos señalar que la Fracción rechazó siempre el nombre de “bordiguista”. No deja de ser cierto que las tesis desarrolladas por este grupo durante los años treinta se hicieron sin contacto alguno con Bordiga. Pero la razón más importante radicaba en el rechazo a todo personalismo, consustancial a las tesis del corpus teórico de la Izquierda comunista. Por otra parte, los escritos de Amadeo Bordiga se resisten a la personalización: están concebidos y elaborados siempre como textos de partido.

¿Hasta qué punto es lícito personalizar e individualizar unos textos programáticos, de partido? El peligro radica en convertir la historia de un partido o un movimiento en la biografía de sus dirigentes.

El propio Bordiga se había quejado, en los agrios debates sobre el fraccionalismo del Comité de Entente de la Izquierda, del excesivo personalismo en torno a su nombre. Famosa es además su concepción del líder en un partido comunista como mera función totalmente despersonalizada.

El mérito y la fuerza de Gramsci y Togliatti en el PCI no fue otro, entre 1923 y 1926, que el de ser los hombres de confianza de la Internacional en Italia. Esa fue también su miseria, porque suponía la plena identificación y complicidad con el naciente estalinismo. La inevitable derrota y la debilidad de Bordiga radicaba en su intransigente oposición al oportunismo y degeneración de la Internacional. Esa es también su grandeza histórica, y el origen y la razón de ser del bordiguismo como corriente marxista diferenciada.

2. EL FIN DE LA DICTADURA Y LA PROCLAMACIÓN DE LA SEGUNDA REPÚBLICA EN EL ANÁLISIS DE LOS BORDIGUISTAS.

La Fracción de Izquierda del PCI funcionó hasta 1933 como un grupo político homogéneo situado en la órbita de la Oposición de Izquierda Comunista Internacional, esto es, de la organización impulsada por Trotsky desde su expulsión de la Unión Soviética.

Las relaciones entre la Fracción y la Oposición oscilaron desde una mutua admiración inicial hasta la definitiva ruptura en febrero de 1933, cuando la Fracción fue excluida de la convocatoria a la conferencia internacional de París por decisión personal de Trotsky.

No entraremos en los debates y razones que condujeron a la ruptura definitiva entre trotskistas y bordiguistas5, pero sí que señalaremos que uno de los temas fundamentales de la discrepancia entre ambas corrientes marxistas fue el de la oportunidad o no de lanzar consignas democráticas en la situación creada en España a la caída de la Dictadura de Primo de Rivera, que conduciría a la proclamación de la Segunda República.

Desde el fin de la Dictadura los análisis de la Fracción y de Trotsky no podían ser más diferentes respecto a la táctica a seguir por los revolucionarios en la situación española.

A causa de estas discrepancias la Fracción adoptó una resolución sobre las consignas democráticas (que pensadas para el caso español o italiano consideraban generalizables a cualquier otro país), que fue publicada en el Boletín Internacional de la Oposición6. Esta resolución pretendía ser un compendio de las posiciones sostenidas hasta entonces por la Fracción, publicadas en Prometeo7. En realidad, estas posiciones no eran ninguna novedad para los militantes bordiguistas, puesto que ya habían sido expuestas en las Tesis de Roma del PCI, en 19228.

En junio de 1931 Trotsky, en el prefacio de la edición italiana de su folleto “La revolución española y los peligros que la amenazan”9, respondió a la Fracción:

Las posiciones del grupo Prometeo, que niega las consignas democráticas por principio se revelan teóricamente inconsistentes y políticamente funestas a la luz de los acontecimientos españoles. ¡Peor para ellos si no saben sacar enseñanzas de los grandes acontecimientos históricos ¡

La Fracción intentó situar con rigor las reales divergencias políticas existentes con la Oposición referentes a las consignas democráticas. Rechazó en todo momento la crítica de Trotsky, porque la consideraba una burda manipulación. La Fracción insistió en entablar una discusión política ajena a todo personalismo, que condujera a una clarificación de las auténticas posiciones políticas defendidas por la Fracción y la Oposición. Ese intento se realizó mediante un documento publicado en enero de 193210:

Esta es una divergencia que debemos precisar.

La táctica comunista sobre las consignas democráticas.

(…) esta divergencia debería permanecer en el dominio de la táctica (…) Cualquier desviación sobre la noción fundamental del Segundo Congreso de la Internacional, sobre la cuestión de la democracia podría conducir a divergencias de principio.

Creemos que la clarificación de la divergencia táctica atañe al siguiente problema: “¿el proletariado debe o no debe, en los países capitalistas, hacer suyas las reivindicaciones institucionales y estatales democráticas, incluso allí donde exista un gobierno fascista?”.

Ante todo, es falso afirmar (…) que el plan estratégico de los bolcheviques ha sido el de la lucha por la democracia. Todo lo contrario (…)

En España el paso de la monarquía a la república que en otras circunstancias habría sido resultado de una lucha armada, se verificaba con la comedia de la partida del rey tras el acuerdo entre Alcalá Zamora y Romanones.

En definitiva, con ocasión de las crisis revolucionarias está probado que las consignas democráticas no encuentran una base para la reafirmación del capitalismo que consigue desviar al proletariado de la acción violenta e insurreccional.

(…) el deber de los comunistas consiste precisamente en la preparación de las masas y el proletariado a estas situaciones futuras, mediante la propaganda de la dictadura del proletariado. En España, el hecho de que la oposición haya adoptado las posiciones políticas de apoyo a la transformación llamada democrática del Estado, ha suprimido cualquier posibilidad de desarrollo serio de nuestra sección.

La Fracción partía del rechazo de la democracia efectuado en el II Congreso de la Tercera Internacional, así como en las Tesis de Roma adoptadas en el II Congreso del PCI, en marzo de 1922. En el plano estratégico no cabía duda que los comunistas rechazaban la democracia burguesa, que en realidad no era otra cosa que la dictadura de la burguesía para imponer los mecanismos necesarios al funcionamiento de una sociedad basada en la explotación de una clase asalariada por otra, compradora de la mercancía fuerza de trabajo.

La discusión se establecía pues en el plano de la táctica. ¿El proletariado debía o no debía apoyar las consignas democráticas como medio para avanzar hacia la insurrección que implantaría la dictadura del proletariado? Para la Fracción las consignas democráticas desviaban al proletariado de su camino hacia la revolución, suponían un balón de oxígeno para la burguesía en las crisis revolucionarias.

El caso de la proclamación de la República en España el 14 de abril de 1931 era en este aspecto antológico. La Fracción criticaba que se utilizara el término “revolucionario” aplicado a los acontecimientos que condujeron a la proclamación de la República española, como hacían entre otros Trotsky y Maurín.

Tanto la Fracción (bordiguistas) como la Oposición (trotskistas) coincidían en afirmar que la revolución burguesa ya había sido hecha en España.

La cuestión fundamental que preocupaba a la Fracción en el caso español era que la defensa de la democracia unía el proletariado a la fracción liberal de la burguesía, ataba a la clase obrera al programa y reivindicaciones democráticas y nacionalistas de la burguesía más radical. Y esto suponía desviar al proletariado del programa comunista.

Para la Oposición por el contrario las reivindicaciones democráticas debían ser desarrolladas y profundizadas, junto con las reivindicaciones de clase, hasta desbordar los límites burgueses. La posición defendida por la Fracción era calificada de defensa dogmática de los principios, abstracta y estéril.

Para la Fracción el dilema histórico que se planteaba no era el de la colaboración con la burguesía democrática, sino el antagonismo de clase entre burguesía y proletariado: la dictadura del proletariado y la revolución socialista estaban en el orden del día. La “profundización” de la democracia conducía a la derrota.

Este análisis de los bordiguistas les permitió afrontar las sucesivas, y cada vez más radicales, oscilaciones en el poder estatal español como diversos intentos de desviación de la lucha de clases, ya fuera la opción monarquía/república en 1930-1931, ya fuera la opción izquierda/derecha entre 1931 y 1936, ya fuera la opción fascismo/antifascismo entre 1936 y 1939. Para la Fracción no existió ruptura, sino continuidad, entre la caída de Primo de Rivera (y Berenguer) y la proclamación de la República. Estas diversas opciones políticas entre monarquía y república, entre izquierda y derecha, entre fascismo y antifascismo, tenían la misma función esencial de encauzar y doblegar al movimiento obrero, romper su autonomía y organización, y sobre todo confundirlo ideológicamente, para poder por fin derrotarlo y masacrarlo.

Estas falsas opciones siempre pedían el mismo sacrificio para el proletariado (en 1931, en 1934, en 1936): cese de las huelgas, tregua en las reivindicaciones sociales y laborales, alianza o unidad sagrada con la fracción democrática de la burguesía para enfrentarse a la fracción reaccionaria, romper con la autonomía y autoorganización de la clase, someterse a las exigencias “tácticas” de la democracia, la libertad y/o la república.

La opción izquierda/derecha, en situaciones cada vez más difíciles y radicales para la burguesía, no consiguió encauzar por la vía reformista a la mayoría del proletariado español durante la II República. Sin embargo, tampoco surgió un antagonismo entre el proletariado y el Estado que permitiera la maduración de una auténtica alternativa revolucionaria. De ahí el auge del ambiguo sindicalismo “revolucionario” de la CNT, con su permanente oscilación entre el reformismo de los treintistas y la “gimnasia” insurreccional de los faistas.

3. LOS ANÁLISIS DE PROMETEO Y BILAN SOBRE LA SEGUNDA REPUBLICA

Tras la ruptura con los trotskistas la preocupación de los bordiguistas se centró en la necesidad de publicar una revista en lengua francesa, que les permitiese la difusión de sus análisis y el debate con otras corrientes y grupos proletarios. Así es como desde setiembre de 1932 editaron un boletín en lengua francesa, que a partir de noviembre de 1933 se convirtió en una revista teórica de aparición mensual, publicada en París. Su título Bilan (Balance) subrayaba la necesidad imperiosa para el movimiento obrero internacional de extraer un balance de las recientes experiencias históricas. En su portada aparecían tres fechas y tres nombres emblemáticos: Lenin 1917, Noske 1919, Hitler 1933, que destacaban el paso de una fase histórica de carácter revolucionario a otra plenamente contrarrevolucionaria.

En Bruselas continuaba publicándose Prometeo, en lengua italiana, como órgano bimensual de la Fracción. La principal diferencia entre ambas publicaciones radicaba en el carácter teórico de Bilan, que era considerada como el instrumento para dar a conocer las propias posiciones políticas en el medio proletario francés y belga, y también el lugar idóneo para publicar los debates con otros grupos. Prometeo era más bien un boletín interno de la Fracción, y también el órgano de propaganda e influencia entre la emigración italiana en Francia y Bélgica. Algunos artículos aparecían en ambas publicaciones.

Por esta razón es evidente que las noticias o análisis sobre Italia aparecían en Prometeo. Del mismo modo los análisis sobre España solían aparecer en Bilan: la cuestión española era motivo de polémica con otros grupos franceses o belgas.

Los artículos sobre España estaban muy bien documentados y aparecían con motivo de algún acontecimiento de resonancia internacional.

Desde el primer número de Bilan hasta el estallido de la guerra civil española en julio del 36 los artículos sobre España son los siguientes:

– Bilan núm. 2 (diciembre 1933): “Masacre de trabajadores en España”11.

– Bilan núm. 12 (octubre 1934): “El aplastamiento del proletariado español”12.

– Bilan núm. 13 (noviembre-diciembre 1934): aparece una nota sin firma ni encabezamiento que habla sobre la represión tras la insurrección de Asturias en octubre.

– Bilan núm. 14 (diciembre 1934 – enero 1935): “Cuando falta un partido de clase: sobre los acontecimientos españoles”, por Gatto Mammone [seudónimo de Virgilio Verdaro]13.

– Bilan núm. 28 (febrero-marzo 1936): “El Frente Popular triunfa en España”, por Gatto Mammone14.

La atención sobre la situación española desde la proclamación de la República hasta julio del 36 fue pues muy esporádica. Se limitó al levantamiento anarquista de diciembre de 1933, la insurrección revolucionaria de octubre del 34, o las elecciones de febrero del 36 ganadas por el Frente Popular.

Sin embargo, las tesis de Bilan son tan interesantes como radicales y coherentes. Las podemos sintetizar del siguiente modo:

1.- La ausencia de un partido de clase determina el fracaso de las insurrecciones revolucionarias de diciembre del 33 y octubre del 34. Esa ausencia de un partido de clase se debe al atraso político del proletariado español. La lucha de clases en España no ha generado un partido revolucionario. Esto no significa que Bilan afirme que falta un centro o dirección revolucionaria, sino que el atraso de la lucha de clases no ha hecho surgir un auténtico partido revolucionario.

2.- En España ya se han realizado las tareas de una revolución burguesa. Todos los análisis económicos, sociales e históricos de Bilan se basaban en esta premisa teórica. Existe pues un abismo respecto a los teóricos y partidos políticos españoles, que en sus análisis sostenían el dogma de una revolución burguesa pendiente en España.

3.- Las consignas democráticas, aun las de carácter transitorio, eran denunciadas como consignas gradualistas favorables a los intereses de la burguesía. Sus consecuencias prácticas no podían ser otras que las de obstaculizar una madurez revolucionaria y desviar al proletariado de su terreno de clase.

Fue precisamente esta discrepancia táctica sobre la necesidad de propugnar unas consignas democráticas, tanto en el caso español como en el italiano, una de las razones que habían conducido a la definitiva delimitación entre bordiguistas y trotskistas, como ya hemos visto en el apartado anterior.

Sin embargo, para comprender las posiciones políticas de los bordiguistas es necesario enlazar su rechazo a las consignas democráticas con su análisis sobre el fascismo y el antifascismo.

4.- La esencia del antifascismo radica en promover la lucha contra el fascismo, fortaleciendo la democracia. Esto es, no apoya la lucha contra el capitalismo, sino sólo contra su forma fascista. No lucha por destruir el capitalismo, no lucha por la revolución proletaria, su objetivo es la caída del fascismo para restablecer la democracia burguesa.

El antifascismo conduce al proletariado a la lucha por una opción burguesa, excluye la alternativa de una revolución proletaria. Y esa exclusión es precisamente la función contrarrevolucionaria del antifascismo.

Estos cuatro puntos son fundamentales para comprender las posiciones que adoptará el grupo Prometeo sobre la guerra civil española.

4. HACIA LA ESCISIÓN DE LA FRACCIÓN A CAUSA DEL DEBATE SOBRE LA GUERRA DE ESPAÑA.

A raíz del alzamiento revolucionario del 19 de julio en España, la Federación de París (de la Fracción) esbozó ya un conato de ruptura. Fue aprobada una moción de Piero Corradi que valoraba favorablemente la intervención en la lucha en apoyo de las fuerzas del Frente Popular15. El sábado, primero de agosto de 1936, fue convocada en casa de Ottorino Perrone, en Bruselas, una reunión de la Fracción para tratar sobre los acontecimientos españoles. La nota redactada por el informador de la policía fascista italiana, fechada el 6 de agosto, comentaba la reunión del siguiente modo16:

Dirección General de la Seguridad Pública.

División de Asuntos Generales y Reservados.

Sección Primera Número 441/032020.

Archivo Político Central.

Sección Tercera.

Copia confidencial.

Bruselas 6 de agosto 1936.

Sábado primero del corriente, los trotskistas se han reunido en casa de Perrone Ottorino, presente Consani. Han intervenido Russo, Verdaro, Romanelli, Borzacchi, Consonni, Giovanni di Andrea y otros.

Discusión sobre los sensacionales acontecimientos de España y el mejor modo de intervenir en ayuda de los camaradas comprometidos en una lucha a vida o muerte contra el fascismo.

Se ha comunicado una invitación lanzada por los trotskistas italianos residentes en Francia para enrolarse en legiones revolucionarias que deberán atravesar los Pirineos.

Verdaro y Perrone se han declarado contrarios a estos alistamientos. Russo, Romanelli, Borzacchi, Atti y Consonni favorables.

No se me dice las razones de estas posiciones opuestas. Hasta el momento sólo Russo Enrico y Romanelli Duilio se han enrolado y parece ser que ya han marchado a España.

P.C.C. – el día 30 julio 1936 – XIV.

El Jefe de la Primera Sección.

El redactor del anterior documento, que es informado por alguien que ha participado en la reunión, muestra una escasa preparación política, si lo comparamos con los redactores de informes policíacos sobre Ottorino Perrone de años anteriores17. La incultura política del fascismo se ceba ya en sus propios agentes policíacos. Nuestro inexperto informante confunde a trotskistas con bordiguistas hasta el punto de no comprender que se trata de una reunión de los bordiguistas italianos exiliados en Bélgica. Por esta razón cuando habla de la invitación lanzada “por los trotskistas italianos residentes en Francia”, cabe dudar si se trata del llamamiento realizado por la prensa trotskista, o bien por los camaradas bordiguistas reunidos en París la semana anterior.

Destaca ya la férrea oposición de Perrone18 y Verdaro19 a la participación de la Fracción en la guerra de España, así como la rápida decisión tomada por Enrico Russo20 y Duilio Romanelli de partir hacia España. Los acontecimientos españoles han provocado una radical y rápida toma de posiciones entre los que rechazan participar en la guerra y los que parten hacia el combate.

El redactor del informe desconocía las razones de este enfrentamiento en el seno de la Fracción. ¿Por qué se producía esta discrepancia? La pregunta es importante, si no queremos permanecer en la ignorancia manifestada por el ineficaz burócrata fascista, que redactó el informe sobre la reunión de Bruselas.

En realidad, se trataba de una distinta valoración sobre el carácter de la guerra iniciada en España. Mientras la Minoría, que ya había partido a luchar a España, la definía como una guerra revolucionaria contra el fascismo, para la Mayoría se trataba de una guerra imperialista, en la que se enfrentaba la fracción fascista de la burguesía contra la fracción democrática y republicana de esa misma burguesía21.

Según la Minoría era cierto que existía el peligro de que la revolución española fuese ahogada por la transformación de esa guerra, calificada como guerra revolucionaria, en una guerra imperialista. Para la Mayoría, por el contrario, la inicial insurrección revolucionaria del proletariado contra el levantamiento fascista en las grandes ciudades se había convertido ya en una guerra antifascista, sin contenido revolucionario desde el momento en que los proletarios fueron enrolados en un ejército, aunque fuese de milicias, y dejaron el aparato estatal en manos de la burguesía republicana.

Esta es la información que un burócrata eficiente y bien informado podría haber incluido en su informe al Ministerio del Interior italiano.

Hoy, desde la perspectiva histórica que nos otorgan los más de cincuenta años transcurridos desde 1936, podemos conocer con mayor profundidad las discrepancias entre Mayoría y Minoría de la Fracción, y lo que es más interesante aún, a donde condujeron las opciones políticas de unos y otros. Es lo que vamos a intentar en los tres próximos apartados, que tratarán sobre la Columna Internacional Lenin como plasmación de la opción probélica de la Minoría, las posiciones de la Mayoría expuestas en Bilan y Prometeo, y el debate entre Minoría y Mayoría que condujo a la escisión de la Fracción.

5. LA MINORÍA Y LA COLUMNA INTERNACIONAL LENIN DEL POUM.

Tras la reunión del 1 de agosto en Bruselas Enrico Russo se fue a España. En Barcelona entró en contacto con el POUM, a través de Nicola di Bartolomeo, llamado “Fosco”22, y con unos veinte trotskistas de la agrupación marsellesa del POI, y una treintena de bordiguistas italianos, residentes en Francia y Bélgica, más algunos franceses y belgas, constituyó una agrupación de una cincuentena de hombres23.

Las conversaciones entre bordiguistas y trotskistas para constituir una agrupación internacional, encuadrada en el POUM, culminaron el 15 de agosto con un acuerdo entre “Fosco”, Enrico Russo y Robert de Fauconnet24.

Enrico Russo, miembro del CE de la Fracción, que había sido capitán en el ejército italiano durante la Primera guerra mundial, tomó el mando de la denominada Columna internacional Lenin25 del POUM, que combatió en el frente de Huesca, integrada en las milicias del POUM.

Pese a la grandilocuencia de la denominación de “columna” y dado que no poseía más de cincuenta hombres sería más correcto desde un punto de vista militar denominarla “grupo” internacional de la Columna Lenin del POUM. Sin embargo, tanto en La Batalla como en Bilan se hablaba siempre (salvo una excepción que nos permite aclarar el tema) de la “Columna” internacional Lenin del POUM, razón por la que seguiremos utilizando ese nombre, hecha ya la advertencia de que estaba formada sólo por una cincuentena de militantes revolucionarios, en su mayoría exiliados italianos.

Enrico Russo agrupó a los voluntarios, y formó la Columna, en el cuartel Lenin de Barcelona, entregado al POUM en julio del 36 por el Comité de Milicias Antifascistas.

Existe una fotografía de la Columna internacional, tomada bajo las arcadas del patio del cuartel, en la que han sido identificados Renato Pace, llamado “Rómolo”, Nicola di Bartolomeo, llamado “Fosco”, su compañera Virginia Gervasini y el capitán Enrico Russo26.

La Batalla número 25, del 30 de agosto de 1936, dio la noticia de la salida de la Columna internacional Lenin del POUM hacia el frente ese mismo día. Juan Brea describe con gran colorido el recorrido triunfal del grupo internacional Lenin, encuadrado en la Tercera Columna del POUM, por las calles de Barcelona27. En Bilan número 36 (oct.-nov.1936) apareció una moción fechada el 23 de agosto con la advertencia: “antes de salir para el frente”.

El número 25 de La Batalla es el único texto que diferencia claramente entre el grupo internacional integrado en la Tercera Columna del POUM, y la propia columna, constituida por unos mil hombres:

con una formación perfecta y precedido de su bandera, el “Grupo Internacional Lenin”, formado por camaradas extranjeros que han venido a luchar a nuestro lado contra el fascismo. Este grupo está mandado por el capitán Russo.

Esto nos permite afirmar que la Columna (que no era sino un grupo) internacional Lenin fue la primera organización militar, constituida por voluntarios extranjeros, que combatió en la guerra de España, mucho antes de la formación de las Brigadas Internacionales promovidas por Moscú28. De hecho, Stalin en estos momentos era partidario de la neutralidad de los soviéticos. Hasta primeros de noviembre no llegarían las primeras Brigadas Internacionales. Tras un largo trayecto realizado en tren y camiones la Columna internacional Lenin fue destinada inmediatamente a la primera línea de fuego, en los alrededores de Huesca29. En una de las primeras acciones, el primer día de setiembre, se produjo la muerte de Robert de Fauconnet30.

La mejor descripción sobre la Columna internacional Lenin nos la da el núm. 39 de La Batalla, del 16 de setiembre de 1936:

Entre las fuerzas del POUM, que se encuentran en las barriadas extremas de Huesca, figura en su primera línea, la columna internacional “Lenin” (…) Componen esta columna, 50 camaradas de diferentes nacionalidades, de ellos, 21 italianos; 17 franceses, de los cuales 7 son argelinos; 3 belgas; 1 portugués, 1 suizo, 2 alemanes; 1 checo; 1 rumano y 2 españoles (…) El jefe de la columna es un ingeniero industrial italiano, el capitán Russo, que actuó como tal en el Estado Mayor italiano durante la Gran Guerra y que, perseguido por el fascismo se refugió en Bruselas.

Russo, aunque hombre joven, es un antiguo militante del comunismo internacional, secretario general de la “Cámara del Laboro”, de Nápoles, ha sido uno de los principales miembros de la oposición comunista italiana y viejo amigo de Juan Andrade, de Gorkin y de Nin. Tiene condiciones para el cargo que ocupa y toda la columna internacional, se encuentra identificada con su persona.

El teniente de la columna es Juan Lafargue, periodista parisino (…) compañero comunista de L’Oeuvre. Todos los cincuenta camaradas componentes de la columna “Lenin”, encontrábanse en el extranjero al iniciarse el movimiento fascista de julio. Exponiéndose a mil peligros llegaron a nuestro país y desde Barcelona, donde se organizaron bajo la dirección de Russo y el control del POUM, siguieron la ruta: Barbastro, Sariñena, Alcalá del Obispo, y Bellestar, están hoy en las casetas de los peones camineros de la carretera de Huesca a Barbastro, ganándole el terreno al enemigo, palmo a palmo.

En el tiempo que vienen luchando cuentan con acciones tan brillantes como la toma del Molino de Mina y de las Casetas (…) la toma del Manicomio, el enlace con las fuerzas del “Negus del Norte”, la toma del Molino de aceite y la de Licena. (…).”

El artículo finaliza con una broma tonta y la cita del nombre de varios de los miembros de la columna: Piquer, Plácido Mangreride, Martini “un camarada italiano que ha sido secretario de la Juventud maximalista italiana” y Calero.

El articulista Albert Just era un periodista liberal leridano, que redactaba notas militares para La Batalla. Just era sobrino de un ministro del gobierno de Madrid, y unía a una peculiar redacción plagada de comas, errores de bulto, malos chistes o peores delirios poéticos (que procuramos evitar mediante puntos suspensivos), una figura y un carácter pintoresco y romántico que le llevaba a amenazar con improperios a las tropas fascistas armado con un bastón, desde lo alto de las trincheras, a cuerpo descubierto31. Sus artículos están plagados de imprecisiones o párrafos irrelevantes, pero constituyen en muchas ocasiones la única información militar disponible sobre las columnas del POUM32.

En el número 46 de La Batalla, fechado el 24 de setiembre de 1936, apareció una nota sobre la Columna internacional Lenin:

Información del frente sobre la Columna Internacional “Lenin”: durante el ataque del día 15, la Columna internacional “Lenin” rechazó el asalto de los fascistas, batiéndose de un modo heroico. La acción empezó con un violento fuego de artillería por parte de los rebeldes, completado con un bombardeo de la aviación facciosa, después de esta preparación los fascistas iniciaron el ataque y entonces los nuestros, bajo las órdenes precisas del comandante, camarada Russo, empezaron sus operaciones, poniendo en derrota al enemigo que abandonó algunos muertos sobre el terreno.

Por nuestra parte hubo que lamentar algunas pérdidas: tres muertos, Joseph San José, de 17 años, Roger Laurens de 21 años; Daniel Trobo Quindos, de 29, los tres de El Havre, afiliados a las Juventudes Comunistas (stalinistas), y heridos, el teniente de la columna, Jean Claude Lafargue, Gildo Belfiore, y otro cuyo nombre no ha llegado aún a este Comité.”

La Columna internacional Lenin y/o el capitán Russo son citados en varios artículos firmados por Albert Just en La Batalla, en las siguientes fechas: 25 de setiembre, 2 de octubre y 7 de octubre. En esta última fecha se cita el permiso de ocho días concedido a la Columna internacional Lenin, que debe regresar al frente el 10 de octubre.

Ni la Columna ni el capitán Russo volvieron a ser citados en La Batalla. La Columna internacional Lenin decidió disolverse cuando se proclamó la militarización de las milicias. Para la Minoría de la Fracción la militarización suponía que ya se había cumplido el paso de una guerra revolucionaria a una guerra imperialista entre dos burguesías: el proletariado revolucionario había desaparecido de la escena.

En el número 37 de Bilan, de noviembre-diciembre de 1936, apareció la declaración (en francés) de la Minoría, fechada en Barcelona el 22 de octubre de 1936, en la que se explicaba las razones de la disolución de la Columna internacional Lenin:

DECLARACIÓN.

Un grupo de camaradas de la minoría de la Fracción italiana de la izquierda comunista, desaprobando la actitud oficial tomada por la Fracción hacia la Revolución española, rompió bruscamente todos los lazos disciplinarios y formalistas hacia la organización y se ha puesto al servicio de la Revolución, llegando a formar parte de las milicias obreras y a marchar a combatir al frente.

Hoy, se presenta una nueva situación, plena de incógnitas y peligros para la clase obrera: la disolución del Comité Central de Milicias Antifascistas, organismo surgido de la evolución y garantía del carácter de clase de las Milicias; y la reorganización de éstas en un ejército regular que depende del Ministerio de Defensa y destruye el principio de la milicia obrera voluntaria.

Las necesidades del momento histórico actual, imponen una vigilancia extrema a los elementos de vanguardia del proletariado, para impedir que la masa encuadrada en el nuevo organismo militar pueda convertirse en un instrumento de la burguesía, que sea algún día utilizado contra los propios intereses de la clase trabajadora. Este trabajo de vigilancia podría ser mucho más eficaz si las organizaciones de clase tomasen conciencia de sus intereses y dirigiesen su acción política en una dirección exclusivamente clasista.

El trabajo político en estas organizaciones asume una importancia primordial no menos interesante que el de las tareas militares en el frente.

Estos mismos camaradas, aun permaneciendo firmes en el principio de la necesidad de la lucha armada en el frente, no han aceptado ser encuadrados en un ejército regular que no es expresión del poder del proletariado, y en el seno del cual sería imposible desarrollar una función política directa. Sin embargo, hoy esos camaradas pueden dar una contribución más eficiente a la causa del proletariado español, con el trabajo político y social indispensable para preservar y reforzar la eficacia ideológica revolucionaria de las organizaciones obreras, que deberían reconquistar en el terreno político y social su [anterior] influencia respecto al tema de la dirección militar, atenuado por los actuales condicionamientos.

Estos mismos camaradas, al abandonar su puesto de milicianos de la columna internacional Lenin, permanecen siempre movilizados a disposición del proletariado revolucionario español, y deciden continuar su dedicación en otro terreno de su actividad y experiencia hasta el triunfo definitivo del proletariado sobre el capitalismo en todas sus formas de dominación.

Barcelona, a 22 de octubre de 1936.

Cuando tratemos el debate entre Mayoría y Minoría tendremos ocasión de constatar las diferencias que les separan. De momento sólo nos interesa constatar las razones dadas por la Minoría para disolver la Columna internacional Lenin del POUM. Disolución que no supuso el inmediato abandono de España de todos los combatientes, pero sí un paulatino regreso a Francia, donde algunos ingresaban en Union Communiste (UC)33, que sostenía tesis parecidas a las de la Minoría. Hacia marzo de 1937 regresaría a Francia el último militante de la Fracción, que había permanecido en España34.

En el editorial de La Batalla del día 22 de octubre, cuando se conoce ya la militarización y se produce la disolución de la Columna internacional Lenin, aparece una reflexión directamente relacionada con las tesis de la Minoría de la Fracción. En ese editorial se dice:

[la militarización] ha despertado recelos entre los militantes revolucionarios que, desde el primer momento, luchan con gran heroísmo contra el fascismo en armas.

Los militantes revolucionarios no pueden aceptar que de la noche a la mañana se les convierta en simples soldados y que se los someta a una disciplina militar en la que nada tenga que ver la disciplina revolucionaria de las organizaciones a la que responden sus ideales políticos. Como obreros revolucionarios quieren saber cuál ha de ser su situación en cuanto esta movilización sea decretada y la situación en que, como militantes revolucionarios, van a quedar en la nueva ordenación militar. Su posición es enteramente justa.

Si nos halláramos ante una guerra imperialista, o simplemente una guerra civil de dos fracciones de la burguesía, (…) Es, en cierto modo, la situación concreta que se plantea en Madrid (…) ¿Ocurre lo mismo en Cataluña? De ningún modo.

La reflexión del POUM sobre la disolución de la Columna internacional Lenin, que no es citada en ningún momento, es no sólo pobre y confusa, sino totalmente contradictoria, como la propia actividad política del POUM, que lanza consignas sobre el doble poder y la dictadura del proletariado, mientras fortalece el gobierno de la Generalidad, con la participación de Andrés Nin en la cartera de Justicia, o el restablecimiento de la autoridad del gobierno catalán en Lérida, gobernada por el Comité Local del POUM35.

Los bordiguistas en su corta trayectoria militar en la guerra de España no perdieron ni un solo militante, pese a las destacadas intervenciones en las diversas operaciones bélicas anteriormente detalladas.

La única defunción entre los bordiguistas fue la de Mario Di Leone, llamado “Topo”, en Barcelona, a causa de un ataque cardíaco.

Mario de Leone

DE LEONE, Mario (1889-1936)

En el número 87 de La Batalla, del 11 de noviembre de 1936, apareció una nota necrológica sobre Mario Di Leone (publicada en francés en el número 37 de Bilan), redactada y firmada por “El grupo de Barcelona de la Fracción de Izquierda Comunista Italiana”, que merece ser reproducido no sólo por los datos biográficos que aporta, sino porque constituía también una auténtica carta de presentación y un manifiesto de las ideas defendidas por la Fracción:

El camarada Mario Di Leone ha dejado de existir. La revolución proletaria ha perdido uno de sus mejores militantes. Contaba 47 años y había dedicado las dos terceras partes de su vida a la lucha proletaria revolucionaria.

Muy joven ingresó en el partido socialista y se distinguió siempre por su actividad y su espíritu de sacrificio. En el movimiento político y sindical ocupó siempre puestos de responsabilidad, poniéndose en primera línea en los momentos más difíciles.

En 1921 [en realidad 1918] tomó parte en la formación de la fracción abstencionista, que constituía una reacción sana del proletariado revolucionario ante el marasmo colaboracionista y contrarrevolucionario del partido socialista, y fue el núcleo del futuro partido comunista.

Durante la [primera] guerra mundial se rebeló contra la forma oportunista y equívoca del partido socialista italiano: “ni adherirse ni sabotear” y luchó incansablemente por la transformación de la guerra imperialista en guerra civil, de clases. En 1921, a la escisión de Liorna, fue unos de los fundadores del Partido Comunista de Italia, ocupando cargos de responsabilidad en el período tormentoso de la guerra civil. El desencadenamiento de la reacción fascista le obligó a refugiarse en el extranjero. Estuvo en Alemania y más tarde en Rusia, donde fue secretario de los grupos de lengua italiana. Siempre consecuente con los principios del comunismo internacional luchó contra la degeneración burocrática stalinista, contra la teoría del socialismo en un solo país, contra la liquidación de la revolución de octubre.

En 1929 la oleada de represión desencadenada por el centrismo triunfante, le obligó a refugiarse en Suiza, de donde fue expulsado, y [ya] en Francia, [residió] en Marsella.

Se adhirió a la fracción de izquierda comunista que se había escindido del partido comunista en el Congreso de constitución en Pantin, en 1924 [en realidad 1928], sobre las bases de las “Tesis de Roma”, que constituyen el patrimonio y la continuación del movimiento comunista revolucionario del proletariado ante la degeneración contrarrevolucionaria del centrismo36.

Fiel a los principios internacionalistas, al iniciarse el movimiento revolucionario de julio, acudió inmediatamente a España para prestar su ayuda física e ideológica. Toda su vida luchó por la emancipación del proletariado y ha dado el último suspiro en la tierra sacudida por las convulsiones de la revolución social, donde se oye el crujir del andamiaje capitalista que se cae en pedazos, y donde el proletariado lucha con las armas en la mano por su emancipación que será cierta y definitiva, a condición de que, en el fuego de la lucha, pueda formarse un verdadero partido de clase libre de cualquier carácter de compromiso y de colaboración.

El camarada Di Leone no existe ya, mas su obra de militante revolucionario vive y nos sirve de estímulo para intensificar nuestra obra hasta el triunfo de la revolución mundial.

El grupo de Barcelona de la fracción de Izquierda Comunista Italiana.

Lo más interesante de esta nota necrológica sobre Mario Di Leone radica en el penúltimo párrafo, ya que nos permite extraer una serie de posiciones políticas e ideológicas propios de la Minoría de la Fracción, que están en clara oposición a las tesis sostenidas por la Mayoría de la Fracción. Y que son las siguientes:

1.- En España se da una revolución social.

2.- El proletariado lucha con las armas en la mano.

3.- De la “lucha” (no queda claro si de la lucha en los frentes de batalla o de la lucha revolucionaria) surgirá un auténtico partido de clase que romperá con el colaboracionismo estatal ahora imperante.

La acción militar de la Columna Internacional Lenin puede resumirse del siguiente modo: tras las conversaciones entre “Fosco”, Robert de Fauconnet y Enrico Russo, que culminaron el 15 de agosto, se constituyó la Columna Internacional Lenin, que se concentró para marchar al frente, en el cuartel Lenin de Barcelona, hacia el 27 de agosto. La Columna Internacional, encuadrada en la Tercera Columna del POUM, partió en tren desde Barcelona el 30 de agosto. El 1 de setiembre se inició una ofensiva sobre la bolsa de las tropas franquistas de Estrecho Quinto y Monte Aragón, en las proximidades de Huesca. La Columna Internacional Lenin fue destinada inmediatamente a primera línea de fuego, y en una de sus primeras acciones halló la muerte Robert de Fauconnet. Las operaciones militares de la ofensiva sobre la bolsa fascista culminaron el 30 de setiembre, con la retirada de las tropas franquistas de unas posiciones ya insostenibles. La Columna participó en numerosas acciones militares, entre las que destacó el asalto al manicomio de Huesca. Tras el éxito de la ofensiva del mes de setiembre sobre la bolsa de Estrecho Quinto y Monte Aragón se concedió ocho días de permiso a los milicianos de la Columna Internacional Lenin, entre el 2 y el 10 de octubre. La Columna se disolvió el 22 de octubre por no acatar la militarización de las milicias.

6. LOS ANÁLISIS DE LA MAYORÍA SOBRE LA GUERRA DE ESPAÑA.

Las posiciones de la Mayoría de la Fracción niegan la existencia de una revolución social en España. Niegan que el armamento de la clase sea una condición suficiente para garantizar el rumbo hacia la revolución. El armamento del proletariado puede servir para llevarlo a la carnicería de los frentes de batalla en una guerra imperialista. Por último, la Mayoría niega la existencia en España de algún partido revolucionario y pasa a examen crítico los distintos grupos políticos existentes. No se trata de decir que si no existe un partido bordiguista no es posible la revolución, sino de ver la formación del partido revolucionario como un largo proceso histórico. El partido revolucionario es fruto de las luchas de clase y de la conciencia y organización que el proletariado conquista en ese largo combate. En España por razones históricas, económicas y sociales detalladamente analizadas37 no ha surgido un partido revolucionario a causa del atraso político del proletariado español. Dicho de otra forma, es el atraso político del proletariado español el que explica que la CNT sea la organización mayoritaria de la clase obrera española. La CNT recogió el poder en la calle, pero como carecía de teoría revolucionaria en lugar de ejercerlo lo cedió a la Generalidad republicana. No se puede hacer la revolución dejando intacto el aparato estatal en manos de la burguesía.

A partir de julio de 1936 no hay un número de Bilan en el que no aparezca algún artículo sobre la guerra de España. También en Prometeo aparecieron con frecuencia artículos sobre España, de tipo menos teórico y más periodístico y polémico.

Las posiciones políticas de la Mayoría pueden resumirse38 en los siguientes puntos:

1.- Sin destrucción del Estado no hay revolución.

2.- La guerra en los frentes militares suponía:

2.A.- Exportar la revolución, sin haberla hecho en la zona republicana.

2.B.- Abandonar el terreno de clase, detener las conquistas “revolucionarias” de julio, cesar la huelga general revolucionaria, reforzar el aparato estatal republicano, fomentar la producción bélica, renunciar a la huelga o cualquier reivindicación obrera en aras del aumento de producción bélica. En definitiva, suponía llegar al inevitable dilema guerra o revolución, que se resumía en la famosa frase de Durruti “renunciamos a todo menos a la victoria”.

2.C.- Una lucha militar en un frente militar suponía una insuperable inferioridad técnica del ejército del pueblo ante un enemigo constituido por profesionales militares.

3.- En España en 1936 no hubo ningún partido revolucionario.

Esto no significa que una minoría de revolucionarios no consiguiera organizarse, sino que el retraso del proletariado español no hizo aparecer una neta oposición de clase entre proletariado y capital.

Todas las organizaciones obreras existentes condujeron al proletariado español a una colaboración de clases, a un sostén del Estado burgués republicano.

En Rusia en 1917 hubo lucha entre una minoría radical organizada y capaz de formular una perspectiva revolucionaria y la mayoría de los soviets. En España en 1936 los elementos radicales aceptaron la orientación mayoritaria: CNT, POUM fueron a luchar contra Franco y el fascismo dejando al Estado intacto en la retaguardia.

Las minorías revolucionarias que se rebelaron contra el avance contrarrevolucionario lógico e imparable del Estado burgués, lo hicieron sin intentar destruir las organizaciones obreras que les habían “traicionado”. No hubo un “octubre español”, porque no hubo contradicción de intereses entre proletariado y Estado. El proletariado español no se enfrentó al Estado republicano. No hubo reivindicaciones insuperables. La lucha “antifascista” contra una FORMA de gobierno del Estado capitalista desvió al proletariado español de cualquier objetivo revolucionario.

No existió nunca un antagonismo proletariado/Estado, sino una serie de opciones burguesas entre monarquía y república, entre izquierda y derecha, entre fascismo y antifascismo. Esto determinó la ausencia de partido revolucionario, lo que a su vez impidió la maduración de un antagonismo. En la España de 1936 no hubo revolución, sino guerra, y una guerra imperialista que polarizó al proletariado en dos campos. El campo fascista y el campo antifascista, y ambos campos eran capitalistas.

Para la Mayoría, sin un análisis de clase, que plantee y defienda el punto de vista revolucionario, los peores crímenes de la contrarrevolución39 aparecen como “errores”, o incluso como “traiciones” a la fraternización y la unidad antifascista, pero jamás como consecuencia lógica y previsible de la represión del Estado capitalista (por muy republicano que sea) contra la latente amenaza revolucionaria de un pueblo en armas.

Para la Mayoría el armamento de la clase obrera no es ninguna “garantía” revolucionaria. En julio del 36 el pueblo desarmado se enfrentó al ejército y lo derrotó. Pero en agosto un pueblo armado, en lugar de hacer la revolución en la zona republicana, es enviado al frente a combatir el fascismo en defensa del Estado republicano.

7. LA DELEGACIÓN DE LA FRACCIÓN EN BARCELONA: EL DEBATE CON LA MINORÍA, EL POUM Y BERNERI.

El debate entre Mayoría y Minoría podemos seguirlo detalladamente tanto en Bilan como en Prometeo. Es extraño encontrar una escisión de un partido en la que el debate y las posiciones sostenidas por los grupos enfrentados sean reproducidos fielmente en la prensa de la organización. Tanto el Comité ejecutivo de la Fracción, como la Mayoría, querían que el debate sirviera para una clarificación ideológica de todos los militantes de la Fracción.

La polémica entre Mayoría y Minoría podemos resumirla a grandes rasgos en las siguientes discrepancias políticas:

l. Para la Mayoría en España no existe revolución, sino guerra. Una guerra antifascista en defensa del Estado capitalista republicano. La guerra de clases entre proletariado y burguesía del 19 de julio se ha transformado una semana después en una guerra entre fascismo y antifascismo. La guerra de clases no tiene frentes territoriales, sino sociales; la guerra en el frente militar expresa ya la derrota obrera y prepara su total aniquilación ideológica y su posterior masacre física.

Para la Minoría en España existe una auténtica resistencia revolucionaria al alzamiento fascista. Se da una guerra civil revolucionaria, aunque exista el peligro de su transformación en una guerra imperialista. Es preciso combatir en el frente militar y en el social. La Minoría calificaba las posiciones de la Mayoría como abstractas e insolidarias.

2. Para la Mayoría el armamento del proletariado no garantiza ni significa absolutamente nada. Los obreros armados, como sucedió en la Gran Guerra, pueden ser enviados a una carnicería. Lo importante no es el armamento, sino el objetivo a conquistar y qué clase dirige el Estado. La formación de los frentes militares, una semana después del 19 de julio, coincidió con el cese de toda lucha reivindicativa y social. Representa la condición de desarme político de la clase obrera y su derrota. La naturaleza de una guerra militar viene determinada por la naturaleza de la clase que la dirige. La guerra del bando republicano es dirigida por la burguesía republicana.

Para la Minoría, tanto las colectivizaciones como el armamento de los obreros tienen una gran importancia. Es la garantía del triunfo de la revolución, como se comprobaría en el hipotético caso de una victoria sobre Franco, en una segunda fase de lucha contra la burguesía republicana.

3. Para la Mayoría no hay revolución sin destrucción del Estado. El Comité Central de Milicias Antifascistas y el Consejo de Economía NO SON ÓRGANOS DE DOBLE PODER, sino de encuadramiento militar de los obreros. Son organismos de unidad sagrada y colaboración de clases. Las colectivizaciones y socializaciones en el campo económico no son nada, cuando el poder estatal está en manos de la burguesía.

Para la Minoría la existencia del Comité Central de Milicias Antifascistas garantizaba, como órgano que encarnaba la dualidad de poderes, el carácter revolucionario de la guerra. La disolución de éste y la militarización de las Milicias en octubre del 36 fueron la causa de la disolución de la Columna internacional Lenin. Ahora la guerra civil revolucionaria se había convertido ya en una guerra imperialista.

4. Para la Mayoría la opción fascismo/antifascismo, al igual que la opción izquierda/derecha o monarquía/república, sólo son trampas para desviar al proletariado del terreno de la lucha de clases y cegar toda alternativa revolucionaria.

Para la Minoría la resistencia al fascismo supone el surgimiento de una opción revolucionaria. Aunque falta un partido de clase, la lucha social en curso hará surgir ese partido.

5. Para la Minoría la victoria de Franco significaría el aplastamiento del proletariado. A este argumento la Mayoría respondía que, sólo mientras se mantuviera en su propio terreno de clase podría el proletariado retrasar la definitiva masacre, a la que el aislamiento internacional (del proletariado) y el antifascismo conducían a una clase obrera española que ya había sido derrotada, al abandonar la lucha de clases por los frentes militares.

Todas estas discrepancias políticas desembocaban en unas consignas que no podían ser más encontradas: la Minoría dio la consigna de luchar en un doble frente militar y social; la Mayoría dio la consigna de derrotismo revolucionario y abandono del frente militar, tanto en las Milicias como en el ejército de Franco.

Así fue como ante el estallido de la guerra en España la Minoría fue al frente para combatir, mientras la Mayoría defendía, desde un punto de vista teórico, la deserción y el sabotaje en las fábricas de producción bélica.

El entendimiento entre Mayoría y Minoría era imposible. La escisión en el seno de la Fracción era pues inevitable.

El debate no se limitó a una reproducción de notas, artículos o declaraciones de la Mayoría y la Minoría en la prensa. A finales de agosto, o primeros de setiembre, una delegación de la Mayoría, constituida por los italianos Aldo Lecci y Turiddu Candoli y el belga Melis, llamado “Mitchell” o “Jehan”, se desplazó a Barcelona y al frente de Huesca para mantener un debate cara a cara con los responsables de la Minoría40.

El primer coloquio se desarrolló en el frente de Huesca con el capitán Enrico Russo (alias Candiani). Las posiciones permanecieron irreconciliables, las diferencias insalvables. Lo mismo sucedió en Barcelona con Mario Di Leone. Ni los exponentes de la Minoría: Enrico Russo, Renato Pace y Mario Di Leone, ni la delegación de la Mayoría: Aldo Lecci, “Mitchell” y Candoli, dieron el brazo a torcer41.

Los tres miembros delegados por la Mayoría en su estancia en Barcelona comieron y durmieron en los locales del POUM42.

A mediados de setiembre la delegación de la Mayoría mantuvo un difícil debate con Julián Gorkin, miembro del Comité ejecutivo del POUM. Debate que acabó con una ruptura total cuando Gorkin respondió a las consignas de deserción, y a las críticas que hizo la Fracción a la participación del POUM en el gobierno de la Generalidad, con una inmediata interrupción de la entrevista y su negativa a establecer posteriores contactos43.

A la salida de la sede del POUM los tres miembros de la delegación de la Mayoría corrieron el riesgo de ser “paseados” a causa de un banal error. Sólo la intervención del anarquista italiano Romualdo del Papa les libró de una difícil situación.

Pero no todo iban a ser fracasos y sinsabores. El encuentro entre Aldo Lecci y Camillo Berneri fue interesante, se desarrolló en un clima de respeto mutuo, sin tensiones, pero no podía desembocar en ningún acuerdo ni colaboración dada las posiciones marxistas de uno y la ideología anarquista del otro44.

El debate entre Aldo Lecci y Camillo Berneri no era un debate entre desconocidos, sino entre exiliados italianos, aunque de distinta ideología. Berneri probablemente ya conocía las posiciones políticas de los bordiguistas, y quizás recibía regularmente Prometeo y Bilan. En el periódico Guerra di classe, editado por Berneri en Barcelona en lengua italiana, aparecieron tres furibundas críticas a las posiciones sostenidas por los bordiguistas, fechadas en octubre del 36, febrero del 37 y octubre del 3745, que nos permiten afirmar con pruebas documentales, que los redactores de Guerra di classe recibieron la prensa bordiguista con cierta regularidad, como mínimo a partir del encuentro entre Aldo Lecci y Berneri. La serie publicada en Bilan sobre el Estado46 debió interesar a Berneri, que en estos momentos estaba empeñado en el estudio de las teorías marxistas sobre la abolición del Estado. Por otra parte, algunas tesis bordiguistas sobre la guerra de España eran muy próximas a las de Berneri en muchos aspectos. Tanto la Mayoría de la Fracción como Berneri veían una Barcelona “asediada por Burgos y Moscú”. Ambos criticaban la participación gubernamental del POUM y la CNT en el gobierno republicano. Ambos señalaban a Moscú como la avanzadilla de la contrarrevolución.

Las coincidencias eran importantes. Las discrepancias por supuesto también lo eran. Aldo Lecci insistía en el problema de la construcción del partido revolucionario, sin el cual la derrota era inevitable47. Camillo Berneri consideraba que las colectivizaciones eran la prueba de la existencia de una revolución en España, negada por la Mayoría de la Fracción.

Aldo Lecci permaneció aún cuatro o cinco meses más en España, hasta marzo de 193748, cuando regresó a París para participar en el Congreso de la Fracción.

Los miembros de la Minoría, tras la disolución de la Columna internacional Lenin, en octubre del 36, fueron regresando a Francia. Casi todos ellos ingresaron en el grupo marxista francés Union Communiste49 que había sostenido posiciones similares a las de la Minoría de la Fracción y la izquierda del POUM.

8. EL ARTÍCULO DE JEHAN Y LA ESCISIÓN DE LA LIGA.

A principios de 1937 Melis (alias “Mitchell”), el delegado belga por la Mayoría, escribió un artículo sobre la guerra de España50, que dio a conocer en la polémica que el conflicto español desató en la Ligue des communistes internationalistes (LCI) belga. La Liga sufrió la escisión, al igual que la Fracción unos meses antes. El grupo minoritario escindido de la Liga, liderado por “Mitchell”, se transformó en la Fracción Belga de la Izquierda comunista, esto es, en la sección belga de la Fracción.

El artículo, firmado “Jehan”, que era uno de los seudónimos utilizados por el militante belga Melis, aunque está escrito con un estilo polémico propio del debate vigente en la Liga, expone con gran claridad y fuerza las posiciones políticas de la Fracción sobre la guerra civil española51.

Por esta razón vamos a comentar este interesante artículo, escrito en enero de 1937, que fue publicado por primera vez en 1946, en la revista Entre deux mondes, editada por la Fracción belga52.

El gran acierto del artículo radica en su perspectiva internacional e histórica. El caso español es situado en el contexto económico y político del capitalismo internacional. Y es estudiado en sus particularidades nacionales, pero férreamente determinado por las leyes generales del capitalismo, en tanto que sistema mundial que impone su dominio a los distintos países.

“Jehan” divide su artículo en seis apartados. En el primero efectúa una introducción a la situación histórica, social y económica española, que se resume en la tesis de que la revolución burguesa ya ha sido realizada en España. En el segundo apartado estudia el origen de los acontecimientos que explican la insurrección revolucionaria de julio del 36. Para “Jehan” la república democrática, en lugar de favorecer el avance ideológico del proletariado, ha contribuido a su inmadurez y, por lo tanto, ha favorecido a las fuerzas contrarrevolucionarias, ya sea de estalinistas o anarcosindicalistas o socialistas, y ha obstaculizado la formación de un partido de clase. El Frente Popular expresa la terrible descomposición del movimiento obrero, y prepara ya nuevas batallas sin salida, frente a una burguesía impotente e incapaz de realizar auténticas reformas democráticas.

En el tercer apartado “Jehan” analiza las diferencias entre una guerra de clases y una guerra antifascista. La pregunta que plantea el autor del artículo es crucial para la comprensión de los acontecimientos españoles: ¿por qué, pese a su heroísmo y combatividad, el proletariado español no ha alcanzado esa consciencia de clase que le hubiera permitido tomar el poder?

La respuesta del autor del artículo consiste en afirmar que el proletariado, en cuanto abandonó su terreno de clase por el objetivo antifascista, vio como el frente de clase era sustituido por los frentes militares. No se trataba de que la burguesía hubiera reconquistado de nuevo el poder, sino de que la naturaleza de los acontecimientos había cambiado. La existencia misma de los frentes militares suponía ya la derrota de la alternativa revolucionaria. Con el fin de la huelga revolucionaria los objetivos sociales fueron sustituidos por los objetivos bélicos. Hay que renunciar a todo (o lo que es lo mismo: a la revolución) menos a la victoria (es decir, menos a una guerra militar dirigida por un Estado burgués republicano frente a un ejército profesional, técnicamente muy superior). La guerra es de naturaleza capitalista y el proletariado no puede jugar en ella otro papel que el de carne de cañón.

“Jehan” afirma, muy gráficamente, que la guerra de España es una guerra imperialista en la que la burguesía juega en ambos lados de un tablero de ajedrez: el fascista y el antifascista. Ganara quien ganase, el proletariado ya había sido vencido.

En el cuarto apartado “Jehan” plantea dos cuestiones fundamentales en el pensamiento marxista que han sido sacudidas por la guerra de España: sobre el Estado y sobre el partido. Jehan constata que el Estado capitalista no ha sido destruido, y que ello ha sido posible a causa de la ausencia de un partido revolucionario. En lugar de ello se ha ilusionado a las masas con la destrucción parcial del Estado, y con la existencia de una dualidad de poderes entre un poder “de fachada” burgués y el Comité de Milicias.

Pero en realidad, como afirma Melis (“Jehan”) ¡EN ENERO DE 1937¡, en ningún momento la burguesía vio que se le opusiera el programa de la revolución proletaria, y el poder estatal permaneció siempre en manos de la burguesía. El Comité de Milicias no fue nunca nada más que un apéndice del Ministerio de Defensa. No existió nunca un poder obrero embrionario, nada parecido a los soviets. Las principales palancas del poder estatal permanecieron siempre en manos de la burguesía republicana: el ejército adoptó otras formas, pero guardó su cometido burgués, la policía no fue dispersada sino acuartelada hasta que fuera necesaria su utilización, la burocracia continuó funcionando, la colectivización económica se sometió a las necesidades productivas de la guerra.

En el quinto apartado “Jehan” resumía del siguiente modo los acontecimientos vividos en España desde julio del 36: la guerra antifascista es producto del mantenimiento de la dominación capitalista y de la ausencia de un partido revolucionario. Su estallido es ya expresión de la derrota del proletariado. La guerra antifascista, que implica la unión sagrada, no puede ser a la vez proletaria y capitalista. Todas las organizaciones y partidos antifascistas se convirtieron en instrumentos en manos del gobierno republicano y democrático para abatir la amenaza revolucionaria latente.

“Jehan” concluía su artículo afirmando que en España no se trataba de una revolución, sino de una guerra, y una guerra imperialista al servicio del capitalismo, como en la guerra del 14. La alternativa y la consigna que debían lanzar los revolucionarios no podía ser otra que la misma de Lenin del derrotismo revolucionario. A la guerra antifascista había de oponerse la guerra civil revolucionaria por la abolición del Estado capitalista, fueran cuales fueren las consecuencias inmediatas en los frentes militares.

El artículo de “Jehan”, escrito a su regreso de España, a donde acudió como uno de los tres delegados del Comité Central de la Fracción, era una respuesta a las posiciones defendidas en el seno de la LCI belga por Adhemar Hennaut.

Melis (“Jehan”, “Mitchell”), que aún militaba en la Liga, fue expulsado junto con el grupo minoritario que se negó a aceptar las posiciones defendidas por Hennaut sobre la guerra de España. Este grupo se constituyó como Fracción belga. A partir de abril de 1937 apareció el primer número de Comunismo, como órgano de la Fracción en Bélgica. En el primer número de esta revista se publicó la resolución de la minoría, cuyo rechazo determinó la expulsión.

9. LA CRÍTICA DE LA FRACCIÓN A CNT Y POUM. EL MANIFIESTO DE BILAN SOBRE MAYO DEL 37.

Para la Fracción53 no hubo revolución en España, en julio del 36. Sólo hubo una insurrección popular, que fue desviada hacia la lucha militar en el frente, contra el fascismo y en defensa del Estado republicano.

En España puede hablarse de guerra, pero no de revolución. No puede hablarse de guerra civil, si es definida, como lo hace la Fracción, como guerra de clase revolucionaria contra el Estado capitalista. Según la Fracción ha de hablarse de guerra imperialista, definida no como conquista de nuevos mercados, sino como enfrentamiento entre dos fracciones de la burguesía, que tiene por objetivo principal la masacre del proletariado y su aniquilación como fuerza y amenaza revolucionaria.

En mayo del 37 hubo una nueva insurrección armada. Los trabajadores se enfrentaron a los avances lógicos, previsibles e inevitables del Estado contra las conquistas arrancadas en julio, en especial las de orden público: patrullas de control, vigilancia de fronteras, control de las comunicaciones. etc…

Ni siquiera los grupos más radicales, como Los Amigos de Durruti, llamaron a romper con las organizaciones obreras que colaboraron con el Estado: CNT y POUM entre ellas.

Ni POUM ni CNT fueron capaces de ver en mayo del 37 una victoria del Estado capitalista (republicano) que atacó e hizo ceder a los obreros, tras una resistencia armada defensiva, las principales conquistas de julio que constituían una amenaza revolucionaria latente.

Los trabajadores, que confiaban aún en ese Estado republicano, aunque les atacaba con sus fuerzas represivas, pese a estar más armados desde un punto de vista material y militar que en julio, sufrieron una derrota política definitiva, y depusieron sus armas en busca de un compromiso con ese Estado, porque estaban políticamente DESARMADOS.

La Fracción definió mayo del 37 no como una ofensiva revolucionaria, sino como una insurrección defensiva, destinada al fracaso. Para la Fracción, en este análisis sobre mayo del 37, la contradicción del POUM radicaba en querer la conquista del poder al mismo tiempo que apoyaba y participaba del poder del Estado republicano. El POUM denunció al partido estalinista, pero nunca al Estado republicano, en el que quiso seguir participando tras las Jornadas de mayo.

Una de las tesis fundamentales de la Fracción sobre España es precisamente la que atribuye el fracaso de la insurrección revolucionaria de julio a la inexistencia de un partido revolucionario. Pero si se lee con atención Prometeo y Bilan se comprende que la ausencia de ese partido se explica por la debilidad del movimiento obrero y de la lucha de clases del proletariado español antes de 1936. No hubo partido porque la clase no lo hizo surgir, porque el antagonismo entre proletariado y Estado no alcanzó nunca un nivel revolucionario.

Para la Fracción, a diferencia de otros grupos como Union Communiste o incluso la Liga belga, que se ilusionaban con las posibilidades de que surgiera un ala izquierda del POUM, capaz de enderezar ese partido hasta transformarlo en la vanguardia revolucionaria del proletariado español, el POUM no es ni puede llegar a ser nunca un partido revolucionario. La Fracción define el POUM como un partido en el que, al igual que en la CNT, actúan las fuerzas contrarrevolucionarias54:

El POUM es un terreno en el que obran las fuerzas del enemigo y ninguna tendencia revolucionaria puede desarrollarse en su seno.

La Fracción no consideró nunca a la CNT como una organización revolucionaria. El anarquismo selló en España su muerte definitiva. Fue incapaz de definir una acción revolucionaria contra el Estado. Fue más confuso que falso. Ningún anarquista, desde Durruti hasta Berneri, fue capaz de comprender los acontecimientos españoles, y mucho menos extraer consecuencias válidas para la acción política. La CNT lo aceptó todo en aras de sostener la unidad antifascista: esa fue la quiebra histórica del anarquismo y su lápida ideológica.

No es sólo una ironía, sino también una absoluta quiebra ideológica, que sean precisamente los militantes marxistas de la Fracción quienes hayan de reprochar a los anarquistas de CNT-FAI la necesidad ineludible de destruir al Estado capitalista si se quiere hacer la revolución. Las colectivizaciones o socializaciones en el terreno económico no sirven absolutamente para nada, si éstas se encuadran y son reglamentadas y controladas por el Estado capitalista. En el mejor de los casos esas colectivizaciones serían toleradas, hasta que llegase el momento propicio para asestar el golpe decisivo a las conquistas que supusieran una amenaza para el orden capitalista.

Berneri, sin duda el teórico anarquista de mayor prestigio y reputación (autor de una serie de artículos sobre el Estado, contra el colaboracionismo de las organizaciones anarquistas y sobre el proceso revolucionario y bélico español, de una indudable agudeza, talla teórica y valentía personal) adolece sin embargo en sus análisis de importantes deficiencias como, por ejemplo, la confusión entre gobierno y Estado55.

Berneri, como ala izquierda del anarquismo, hizo una crítica del gobierno republicano antifascista, pero no llegó nunca a realizar una crítica de ese Estado republicano como Estado capitalista56.

Para la Fracción no es suficiente con el cambio de color de los gobernantes para que cambie la naturaleza del Estado57. No es la entrada de ministros anarquistas en el gobierno republicano lo que ata a la CNT y le impide ir más allá en la conquista de objetivos revolucionarios. La CNT está encadenada por la colaboración en el sostén del Estado capitalista (aunque sea republicano o demócrata), por su participación en los frentes militares, aunque se luche contra el fascismo, por su renuncia a hacer la revolución en la zona republicana: porque “debe” respetar la unidad antifascista para ganar la guerra. En resumen, es la participación en el Estado quien paraliza la CNT y esculpe la losa de la ideología ácrata y anarcosindicalista.

Lo más lejos que llegó el grupo anarquista más radical, esto es, Los Amigos de Durruti, fue a diagnosticar una insuficiencia en la dirección revolucionaria. Instaron a la CNT a que enderezase sus “errores”, pero no llegaron jamás a cuestionar la necesidad de destruir una organización que colaboraba en el fortalecimiento del Estado capitalista.

Sólo si partimos de un conocimiento previo de las tesis de los bordiguistas sobre España, desde la proclamación de la República hasta octubre del 34 y la victoria del Frente Popular, y luego sobre julio del 36 y la guerra “civil”, que hemos intentado desglosar en las páginas anteriores, podemos entender el texto del Manifiesto de la Fracción sobre los Hechos de Mayo del 3758. Sin ese conocimiento previo el texto sería incomprensible e incluso exótico.

El Manifiesto sobre Mayo del 37, conocidas las posiciones de la Fracción, puede y debe ser considerado como un texto trágico, que constata el aislamiento de la Fracción y el callejón sin salida en que se encuentra el proletariado revolucionario español, tan aislado y abandonado a sus débiles fuerzas como la propia Fracción. El comienzo del Manifiesto es de una gran fuerza expresiva. Evoca la victoria de julio en comparación con el fracaso de mayo, subrayando el tipo de “armamento” del proletariado en una y otra ocasión59:

El 19 de julio los proletarios de Barcelona, con sus puños desnudos, aplastaron el ataque de los batallones de Franco, que estaban armados hasta los dientes.

El 4 de mayo de 1937, estos mismos proletarios, armados, han dejado sobre los adoquines de las calles muchas más víctimas que en julio, cuando tuvieron que rechazar a Franco. Y es el gobierno antifascista (que incluye a los anarquistas y del que el POUM es indirectamente solidario) quien desencadena la chusma de las fuerzas represivas contra los obreros.

El Manifiesto plantea acto seguido el nudo gordiano que se presentó como una encrucijada a la semana siguiente del 19 de julio60:

La historia sólo registra intervalos fugaces durante los cuales el proletariado puede alcanzar su total autonomía frente al Estado capitalista. (…) después del 19 de julio (…) el proletariado o entraba en la fase superior de su lucha con la finalidad de destruir el Estado burgués o permitía que el capitalismo reconstituyera las mallas de su aparato de dominación.

La alternativa histórica aparece clara, y son muchos los protagonistas de aquellos hechos que a posteriori harían suyos estos análisis. Pero la pregunta pertinente que se plantea es la razón por la que ninguna organización optó por la destrucción del Estado, esto es, por hacer la revolución. La respuesta de la Fracción ya nos es conocida: no existía un partido revolucionario. Pero leamos atentamente cómo lo dice y qué entiende por partido revolucionario61:

En este preciso momento de la lucha [una semana después del 19 de julio] en que el instinto de clase ya no es suficiente y en el que la consciencia se transforma en factor decisivo, el proletariado no puede vencer sino a condición de disponer del capital teórico, paciente y encarnizadamente acumulado por sus fracciones de izquierda transformadas en partidos por la fuerza de los acontecimientos. Si hoy en día el proletariado español vive sumergido en tal tragedia, la causa es su falta de madurez para forjar su partido de clase: el cerebro que, y sólo él, puede darle la fuerza de vivir.

Insistimos de nuevo en que es importante no confundir la posición de la Fracción sobre la ausencia de partido, que no existe por “falta de madurez” de la clase obrera española, porque no ha surgido “paciente y encarnizadamente” de las luchas obreras de las décadas anteriores, con la posición de los trotskistas o de Los Amigos de Durruti sobre la crisis de la dirección revolucionaria, que consistiría en sustituir una dirección “mala” por la propia para que los “errores” y “traiciones” de la organización madre (CNT, POUM) fueran rectificados y el partido enderezado y encarrilado por el buen camino.

El Manifiesto de la Fracción define con una claridad asombrosa la situación que sumió a tantos dirigentes y militantes en la confusión y la paradoja62:

La milicia obrera del 19 de julio es un organismo proletario. La “milicia proletaria” de la semana siguiente es un organismo capitalista adaptado a la situación del momento. Y, para realizar su plan contrarrevolucionario, la burguesía puede utilizar a los centristas, a los socialistas, a la CNT, a la FAI, al POUM, ya que todos hacen creer a los obreros que el Estado cambia de naturaleza cuando el personal que lo dirige cambia de color.

10. EL AISLAMIENTO DE LA FRACCIÓN Y LOS LIMITES DE SU ANÁLISIS.

La Fracción constató amargamente el aislamiento político al que le había llevado su intransigencia en la defensa de las posiciones revolucionarias sobre la guerra de España63. Ese aislamiento era considerado como el terrible precio a pagar por los revolucionarios en la defensa de los principios programáticos comunistas. La tragedia del proletariado español radicaba precisamente en ese aislamiento de los revolucionarios, y en su impotencia para hacer valer sus posiciones políticas.

La Fracción consideró que los principios eran las armas fundamentales de la revolución, y se mantuvo fiel a la consigna de NO TRAICIONAR esos principios, aunque su defensa le condujera al aislamiento más absoluto.

El aislamiento del proletariado español era una consecuencia más de la derrota internacional del proletariado en diversos países. Tras la oleada revolucionaria de 1917-1923 la contrarrevolución había triunfado en todas partes. En Rusia, Italia y Alemania los regímenes estalinista, fascista y nazi habían destruido el movimiento obrero organizado. En Francia el Frente Popular expresaba ya el encuadramiento del proletariado francés hacia la guerra.

España era el único país industrializado en el que existía un proletariado potencialmente revolucionario, que aún no había sido aplastado. La guerra de España entre fascistas y antifascistas preparaba por una parte la coartada ideológica para una segunda guerra mundial, pero también era la premisa necesaria para su estallido. Era preciso aplastar al proletariado español para poder dar luz verde a una nueva carnicería mundial, sin el peligro de una revolución proletaria, como sucedió en Alemania y Rusia durante la Gran Guerra.

El aislamiento del grupo Prometeo, y su falta de contacto con las masas, hizo que su acertada crítica del estallido revolucionario del 19 de julio fuera sólo de carácter negativo.

Su constatación de la ausencia de partido revolucionario, y su crítica a las organizaciones que rechazaron la conquista del poder político, es impecable64. Le faltó afirmar que la revolución social y económica desarrollada en Cataluña hubiera sido válida, si se hubiera conquistado el poder político y destruido el Estado capitalista. Se limitó a negar viabilidad alguna al proceso revolucionario económico y social, en ausencia de una destrucción del Estado y una toma del poder por el proletariado65.

Su llamamiento a la deserción de las Milicias, dado que se trataba de una guerra imperialista, hay que entenderlo desde su análisis del antifascismo como complemento y cómplice del fascismo. Para la Fracción la lucha militar en el frente es ya consecuencia de la derrota del proletariado revolucionario66. Sólo la unidad de clase y la defensa de la revolución social podían retrasar la feroz represión y masacre, que ya se estaba preparando a causa del abandono del frente de clase por el frente militar.

La Fracción no se hizo ilusión alguna sobre las posibilidades de “recuperación revolucionaria” de CNT y POUM, como les sucedió a Union Communiste (UC) o la Minoría. Ni siquiera los apéndices izquierdistas, como Los Amigos de Durruti o la izquierda del POUM, se plantearon la necesidad de romper con las organizaciones madre (CNT y POUM). En este aspecto las organizaciones obreras existentes durante la guerra civil española no eran aún organizaciones integradas total e inevitablemente en el aparato de Estado capitalista, poseían aún cierta autonomía. De ahí precisamente su potencial revolucionario y su peligrosidad para la unidad sagrada antifascista, y por lo tanto la necesidad de su destrucción o asimilación67. Pero en el transcurso de la guerra civil, y sobre todo a partir de mayo del 37, iniciaron un proceso de integración en el Estado capitalista, que fue tras la segunda guerra mundial el denominador común de las organizaciones obreras en los países democráticos. En este terreno la crítica de la Fracción a CNT y POUM no es sólo válida, sino innovadora y precursora de un nuevo fenómeno social.

A la Fracción, sin embargo, le faltó realizar una crítica positiva de las conquistas revolucionarias de julio. La revolución social y económica del proletariado español llevó la espontaneidad creadora de las masas mucho más lejos que en Rusia. Ese aspecto económico y social era no sólo muy interesante, y de hecho deslumbró a otros grupos próximos a los bordiguistas, como UC, la Liga o la Minoría, sino que hubiera sido además eficaz, si se hubiera producido también una revolución política, esto es, la destrucción del Estado capitalista y la toma del poder por el proletariado68.

Pero la Fracción en su crítica válida y coherente sobre la ausencia de esa revolución política, minusvaloró la revolución económica y social desarrollada en Cataluña, porque – y tenía toda la razón – no podían prevalecer y triunfar sin la destrucción del Estado capitalista. Es más, sin la conquista del poder político esas “conquistas revolucionarias” en el plano económico y social no dejarían de ser asimiladas, o toleradas transitoriamente, por el capitalismo69.

A la Fracción le faltó sobre todo una afirmación positiva de su propio papel revolucionario. Frente a la caída de la Minoría en el imparable remolino de la colaboración de clases, al considerar a las organizaciones españolas de izquierda (POUM, CNT) como organizaciones revolucionarias, que se equivocan, pero que pueden ser recuperadas; la Fracción (la Mayoría) reaccionó con una posición diametralmente opuesta: denuncia de su papel contrarrevolucionario, como admisión de la propia impotencia, y no como terreno de desarrollo de la propia intervención70.

La Fracción denunció la censura de sus publicaciones en España acordadas por el Comité Central del POUM71. Vio cómo se rompían sus relaciones con los grupos políticos más próximos, con los que llevaba varios años de contactos y debates, esto es, con UC y la LCI belga. El hecho más doloroso fue sin duda la escisión de la Minoría en el propio seno de la Fracción. Sin embargo, no fue el único grupo que sufrió una escisión a causa del debate sobre la guerra de España. En la Liga también se produjo una escisión, cuya minoría liderada por “Jehan” daría nacimiento a la Fracción belga.

El regreso de los milicianos de la Columna internacional Lenin de España supuso el abandono de la Fracción por parte de todos los miembros de la ex-Minoría, que ingresaron en gran parte (sobre todo en París) en el grupo marxista heterodoxo francés UC72.

Sin embargo, el factor de mayor peso en el futuro de la Fracción fue sin duda alguna un progresivo deterioro en la capacidad de análisis teórica. Mientras la situación histórica evolucionaba hacia un inevitable enfrentamiento bélico entre las grandes potencias imperialistas, la Fracción teorizaba una nueva oleada de luchas revolucionarias.

Sería este grave error de análisis, al que cabe sumar su terrible aislamiento, el que conduciría a la disolución de la Fracción al estallar la segunda guerra mundial.

Pero el estudio de las razones de esa disolución está ya sin duda fuera de los límites cronológicos y temáticos de este trabajo.

Agustín Guillamón

Publicado por primera vez en italiano, gracias al interés de Paolo Casciola, aquÏ: I bordighisti nella guerre civile spagnola”. Quaderni del Centro Studi Pietro Tresso, número 27, Foligno (Italia), aprile 1993.

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Notas

1    Este primer apartado del artículo reproduce de forma casi textual las conclusiones de una tesis inédita sobre Bordiga. Por lo tanto, remitimos a este trabajo para una ampliación o justificación de las afirmaciones aquí expuestas. Véase pues: GUILLAMON, Agustín: Militancia y pensamiento político de Amadeo Bordiga de 1910 a 1930. Origen, formación y disidencia del bordiguismo en el seno de la Tercera Internacional y del Partido comunista de Italia. Tesis de Licenciatura. Departamento de Historia contemporánea de la Universidad de Barcelona, 1987.

2    La batalla de Caporetto fue una grave derrota del ejército italiano, en octubre de 1917, a manos de los austriacos. En el seno del PSI surgió una tendencia que ante la gravedad de la derrota levantó la consigna de la unión sagrada con la burguesía italiana. Bordiga por el contrario lanzó la consigna de derrotismo revolucionario: ningún apoyo a la propia burguesía, la derrota militar nacional podía abrir el paso a la revolución en Italia. El historiador gramsciano Paolo Spriano no deja de subrayar el paralelismo táctico de Bordiga en Italia y los bolcheviques en Rusia.

3    Cuando hablamos de un noventa por ciento no estamos utilizando una expresión matemática exacta, sino una comparación aproximativa. En todo caso lo más importante no es tanto la aportación individual de Bordiga, como el método de trabajo teórico colectivo puesto en práctica en los primeros años del PCI. Es cierto que Bordiga gozaba de una facilidad de síntesis, de capacidad teórica, así como de expresión escrita y oral excepcionales, y por lo tanto aparecía como el “autor” de la mayoría de los textos programáticos del PCI, en sus primeros años, o de la Izquierda del PCI, pero no es menos cierto que esos textos habían madurado en conversaciones, debates, discusiones e intercambio de ideas con otros militantes del partido.

Para una aproximación a ese método de trabajo teórico colectivo véase la génesis, redacción y transformaciones sucesivas del denominado “Manifiesto de Bordiga a los militantes del PCI”, en la tesis de GUILLAMON, A.: op. cit., pp. 250-274.

4    A quien le interese la historia de la Fracción italiana de Izquierda comunista, esto es, de los bordiguistas italianos exiliados en Francia y Bélgica en los años treinta, debe consultar las tesis de Bourrinet y Roger:

BOURRINET, Philippe: La Gauche Communiste Italienne 1926-1945. (Ebauche d’une histoire du courant “bordiguiste”.). Memoire de maîtrisse, préparée sous la direction de M. Jacques Droz. Université de Paris I, 1979. [Editada anónimamente por la CCI en Paris, 1981.].

ROGER, Michel: Histoire de la “Gauche” italienne dans l’emigration: 1926-1945. Thèse de Doctorat de 3ème. cycle presentée sous la direction de M. Reberioux. Ecole des Hautes Etudes en Sciences Sociales, Paris, 1981.

5    Estas diferencias han sido tratadas por:

CORVISIERI, Silverio: Trotskij e il comunismo italiano. Samonà e Savelli, Roma, 1969.

GUILLAMON, Agustín: “Rapporti e corrispondenza tra Andrés Nin ed Ersilio Ambrogi, 1930-1931”, en Laboratorio Storico nº 1, Genova, maggio-agosto 1992.

ROGER, Michel: op. cit., pp 152-226.

6    “Résolution de la Fraction sur les mots d’ordre démocratiques”, en Bulletin International de l’Opposition, nº 5, marzo 1931, pp. 7-9.

7    Prometeo era el órgano en lengua italiana de los bordiguistas italianos exiliados en Francia y Bélgica. Se publicó en Bruselas, con una frecuencia bimensual, desde 1928 hasta 1938.

8    Las Tesis de Roma, redactadas por Terracini y Bordiga en 1922, fueron aprobadas por el Segundo Congreso del PCI, celebrado en Roma. Las Tesis de Roma, que tratan sobre las cuestiones tácticas del partido, son uno de los textos programáticos de la Izquierda del PCI. En las Tesis de Roma se rechazaba de forma tajante, y sin ambigüedades de ningún tipo, la vía parlamentaria y la democracia burguesa. Las Tesis de Roma pueden consultarse en In difesa della continuità del programma comunista. Ed.il programma comunista, Milano, 1970, pp- 37-52.

9    Este prefacio y artículo de Trotsky han sido reproducidos en la antología de Pierre Broué:

TROTSKY, León: La revolución española. 2 vol. Edición, prólogo y notas de Pierre Broué. Fontanella, Barcelona, 1977.

10    Bulletin d’Information de la Fraction de Gauche Italienne, nº 4 (gennaio 1932).

11    “Massacre des travailleurs en Espagne”, reproducido en “Bilan”. Contre-révolution en Espagne 1936-1939. UGE. Paris, 1979, pp. 115-117.

12    “L’ecrasement du prolétariat espagnol”, reproducido en ivi, pp. 119-123.

13    “Quand manque un partie de classe. A propos des événements d’Espagne”, reproducido en ivi, pp. 125-135. Respecto a Virgilio Verdaro véase la nota 19.

14    “Le “Front Populaire” triomphe en Espagne”, reproducido en ivi, pp. 137-143.

15    Cfr. Michel Roger, op. cit., pp. 286-287.

16    Documento extraido de los Archivos PERRRONE, depositados en la BDIC de Nanterre. A continuación reproducimos el texto original:

“Direzione Generales della P.S.

Divisioni Affari Generali e Riservati.

Sezione Prima N. 441/032020.

ALL. ON. CASELLARIO POLITICO CENTRALE.

ALL. ON. SEZIONE TERZA.

COPIA DI CONFIDENZIALE.

Bruxelles 6 agosto 1936.

Sabato 1º corrente, i trotzkisti si sono riuniti in casa de Perrone Ottorino (12784) presente Consani. Sono intervenuti Russo (25124), Verdaro, Romanelli, Borzacchi, Consonni, Giovanni di Andrea, e altri.

Discussione sugli avvenimenti sensazionali della Spagna e il modo miglore per venire in aiuto ai compagni impegnati in una lotta di vita e di morte contro il Fascismo.

Si é comunicato un invito lanciato dai trotzkisti italiani residenti in Francia per arruolarsi in legione rivoluzionarie che dovranno varcare i Pirinei.

Verdaro e Perrone si sono dichiarati contrari a questi arrruolamenti. Russo, Romanelli, Borzacchi (21972), Atti (29235) e Consonni (18465) favorevoli.

Non mi si dice da ragione di questi atteggiamenti oposti.

Finora i soli Russo Enrico e Romanelli Duilio (19467) si sono arruolati e pare ormai debbano partire per la Spagna.

P.C.C. – addi 30 luglio 1936 – XIV.

Il Capo della Sezione Prima.”

17    Cfr. Ibidem.

18    Perrone fue el líder indiscutible de la Fracción y uno de los colaboradores habituales en Prometeo y Bilan. Había sido un destacado militante del PCI. Fue el responsable de organizar la conferencia clandestina del PCI en Como, en 1924. Redactor de L’Unità. Participó en el V congreso de la IC. En 1925 fue miembro del Comité de Entente de la Izquierda, favorable a la escisión del PCI. Destacadas intervenciones en el tercer congreso del PCI, en defensa del liderazgo de Bordiga y de las posiciones políticas de la Izquierda. En 1926 logró escapar a la represión fascista. Exiliado en Francia participó en la formación de la Fracción. Expulsado de Francia por sus actividades políticas estableció su residencia en Bruselas desde 1927. No pudo participar en el congreso fundacional de la Fracción en Pantin, en 1928. Auténtica alma de la vida organizativa y teórica de la Fracción. Para una mayor información sobre Perrone y/o el exilio de los bordiguistas italianos en Francia y Bélgica v. las obras de Bourrinet, Morelli y Roger, citadas en la bibliografía.

19    Verdaro militó en el ala izquierda del PSI. En 1920 fue miembro del CE de la Fracción abstencionista, que trabajó por la escisión de los socialistas y la fundación del PCI en Livorno. Profesor de historia en Florencia. Tuvo que abandonar Italia a causa del acoso de los fascistas. Refugiado en Moscú, formó con Da Silva y Ambrogi el núcleo moscovita de la Izquierda del PCI.

Perseguido por ello no pudo abandonar Moscú hasta 1931. Establecido en Bruselas fue el único miembro retribuido de la Fracción, como secretario del CE. Fue uno de los más destacados redactores de Prometeo y Bilan, bajo el seudónimo de Gatto Mammone.

20    Enrico Russo, alias “Candiani”, exiliado desde 1926, se estableció en Bruselas. Miembro del Comité Central de la Fracción. Se convirtió en el líder de la Minoría, partidaria de la lucha armada en España. Con el grado de capitán obtenido en el ejército italiano, se convirtió en el organizador de la Columna internacional Lenin del POUM, y en asesor militar de Rovira y Arquer, dirigentes de la Columna Maurín o Lenin del POUM. Expulsado como todos los miembros de la Minoría de la Fracción, y disuelta la Columna internacional por el rechazo a la militarización de las Milicias, a su regreso a Francia se adhirió a Union Communiste, al igual que Renato Pace, Piero Corradi (que había permanecido en París) y Bruno Zecchini, entre otros.

21    V. el artículo “Guerre civile ou guerre imperialiste”, publicado en Bilan núm. 38, dic. 36 – enero 37.

22    Nicola di Bartolomeo “Fosco” fue el único militante de la Fracción que, en el transcurso de la polémica que condujo a la ruptura entre bordiguistas y trotskistas, abandonó la Fracción para pasarse a las filas de la Oposición. Era pues un viejo ex-camarada de los militantes de la Minoría que liderados por Enrico Russo fueron a España a alistarse en las Milicias.

“Fosco” residía en Barcelona desde varios meses antes del inicio de la guerra civil. El POUM y la CNT realizaron una campaña para obtener su liberación, ya que había sido detenido por falta de documentación. Participó junto con un pequeño núcleo de trotskistas, entre los que estaban Robert de Fauconnet, Lionello Guido, y su compañera Virginia Gervasini, en las jornadas revolucionarias del 19 de julio. Desde julio del 36 se convirtió en una especie de organizador oficioso de los militantes extranjeros que querían alistarse en las milicias del POUM. Desplegó una gran actividad como enlace entre el POUM y la Cuarta Internacional, pero las desavenencias con Jean Rous y su aproximación al grupo de Molinier indujeron a la Sección bolchevique-leninista de España a decretar su expulsión, confirmada en enero de 1937.

“Fosco” militó, desde entonces, en el grupo trotskista heterodoxo, que publicó en Barcelona por lo menos diez números (hasta junio de 1937) de un boletín mecanografiado (en francés y con un máximo de cinco copias) que se titulaba Le Soviet. Las referencias internacionales del grupo eran el Parti Communiste Internationale, dirigido por Molinier y Frank, que publicaba en París La Commune. En mayo del 37 el grupo Le Soviet, rival del otro grupo trotskista español de La Voz Leninista, dirigido por Munis, contaba con unos ocho militantes. V. el artículo de Paolo Casciola, citado en la bibliografía.

23    En el núm. 129 del 28 de mayo de 1938 de La Commune apareció un artículo sin firma, pero que sin duda alguno hemos de atribuir a Nicola Di Bartolomeo “Fosco”, que daba el número de 25 a 30 bordiguistas que eran milicianos en la Columna Internacional Lenin del POUM. Mintz y Peciña en su libro sobre los trotskistas y Los Amigos de Durruti, en la p. 40, dan la cifra de 20 milicianos bolchevique-leninistas (o trotskistas) en la Columna Internacional Lenin del POUM. Jean Rous en su informe sobre la Columna Internacional Lenin del POUM, reproducida en las pp. 378 y 379 del libro de Broué citado en la bibliografía, da la cifra de 23 milicianos bolchevique-leninistas.

Dado que el total de milicianos de la Columna Internacional Lenin era de una cincuentena podemos concluir que todas las cifras son aproximadamente correctas. Los 25 a 30 bordiguistas citados por “Fosco”, sumados a los 20 trotskistas citados por Mintz y Peciña o los 23 citados por el informe de Rous, suman aproximadamente esa cincuentena de la que nos habla La Batalla.

En resumen: la Columna internacional Lenin estaba formada por unos 50 milicianos de los que unos veinte eran trotskistas y unos treinta bordiguistas.

24    Cfr.: BREA, Juan; LOW, Mary: Red Spanish Notebook. The First Six Months of the Revolution and the Civil War. Martin Secker dan Warburg Ltd., London, 1937.

Voz Leninista, La: número 2, 23 de agosto 1937.

La nota necrológica sobre Robert de Fauconnet, publicada en el número 2, de agosto de 1937, de La Voz Leninista destaca el papel jugado por Robert en la formación de la Columna Internacional Lenin del POUM: “Encontrándose en Barcelona el 15 de agosto con objeto de reclutar refuerzos para la columna internacional del POUM, organizó en grupo una veintena de camaradas de la IV Internacional, fue elegido miembro del comité político y responsable militar”.

La nota narra del siguiente modo la muerte en el frente de Robert de Fauconnet: “muerto heroicamente a la cabeza de un grupo de milicianos durante el ataque al manicomio de Huesca, que tuvo lugar el 1º de septiembre de 1936.”

Esta breve nota comenta también la intervención de Robert de Fauconnet en las luchas callejeras de Barcelona el 19 de julio, y su inmediata marcha “hacia Zaragoza” con la Primera Columna del POUM (desde donde envió a La Batalla una carta firmada por Robert, Pino, Lionello Guido y otros, fechada el 4 de agosto): “puesto en libertad [era desertor del ejército francés] pocos días antes del 19 de julio, en que tomó parte activamente en todos los combates callejeros, marchando seguidamente al frente con la primera columna del POUM hacia Zaragoza”.

25    Según el testimonio de Virginia Gervasini, recogido por Paolo Casciola en Varese el 8 de marzo de 1993, en la Columna Internacional Lenin del POUM figuraban entre otros: el bordiguista napolitano Berardino Fienga, médico y sobrino de Carlo Pisacane; el trotskista italiano que se ocultaba bajo el seudónimo “Milano” (cfr. la nota 28); Bruno Sereni, antifascista de tendencia desconocida originario de Barga (Lucca), que antes de la formación de la Columna Internacional Lenin había sido herido en Siétamo, en el frente de Aragón, el 1º de agosto de 1936; Pietro Fancelli, nacido el 5 de mayo de 1907 en Città di Castello (Perugia), que aún era miembro del PSI maximalista (cfr. la traducción de Paolo Casciola al inglés de dos cartas suyas de agosto de 1936 en AA.VV.: “The Spanish Civil War. The View from the Left”, en Revolutionary History, a. IV nº 1-2, inverno 1991-1992, pp. 265-267); y “Martini” (cfr. la nota 28), que podría ser el seudónimo del maximalista italiano Giuseppe Bogoni. [Nota redactada íntegramente por Paolo Casciola, a quien agradecemos la traducción al italiano de este artículo y su publicación en Quaderni del Centro Studi Pietro Tresso nº 27 (1993). No puedo dejar de subrayar y reconocer a Paolo Casciola su inestimable colaboración en un paciente y detallado trabajo de investigación de datos concretos, surgidos con motivo de la traducción y edición de este artículo, en diversas entrevistas con Virginia Gervasini].

26    La foto es reproducida en la tesis de ROGER, Michel: op. cit., pp. 290-291, y había sido originariamente publicada por el órgano molinierista francés La Commune. En la foto, tomada en el patio del cuartel Lenin de Barcelona, antiguo cuartel de caballería incautado por el POUM, Paolo Casciola ha obtenido por parte de Virginia Gervasini la identificación de Enrico Russo, Nicola di Bartolomeo y de la propia Virginia Gervasini. Michel Roger había ya identificado a Renato Pace.

Por otra parte, Juan Brea (op. cit., p. 71) realiza un comentario sobre las fotos que les tomaban en el cuartel Lenin, en el que parece describir esa misma foto.

27    BREA, Juan, op. cit., pp. 71-72.

28     Para una información complementaria de los internacionales que combatieron en la Columna Lenin del POUM, que expresa el punto de vista trotskista, debe consultarse los artículos de Pelai Pagés y de Domenico Sedrán (alias Adolfo carlini), citados en la bibliografía, así como el libro de Juan Brea.

En La Batalla núm. 14 (18-8-1936) fue publicada una carta titulada “Los bolchevique leninistas, camino de Zaragoza, se dirigen a su partido”, firmada por los militantes del POI “Pino, Robert, Milano, Serivat, Milico, Lionello, Guido” [estas dos últimos nombres se refieren en realidad a una sola persona: Lionello Guido].[Según el testimonio de Virginia Gervasini en respuesta a las preguntas de Paolo Casciola “Pino” sería el seudónimo del militante trotskista milanés Giuseppe Guarneri y “Robert” sería Robert de Fauconnet]. En esa carta, fechada el 4 de agosto, se relata la intervención de varios trotskistas en el alzamiento del 19 de julio y su enrolamiento en la Primera Columna del POUM, mandada por Grossi, desde “hace diez días”.

Así pues, desde el primer momento hubo internacionalistas luchando en las filas del POUM, pero el primer grupo o cuerpo militar de voluntarios extranjeros, organizado como tal, fue el mandado por el bordiguista Enrico Russo, bajo el nombre de Columna internacional Lenin del POUM. Este pequeño grupo de trotskistas franceses e italianos que marchó al frente, en julio, con la Primera Columna del POUM, pasó a engrosar las filas de la Columna Internacional Lenin del POUM, encuadrada en la Tercera Columna del POUM, que marchó al frente de Huesca a finales de agosto.

Los voluntarios extranjeros en el POUM eran de todas las nacionalidades, y tambien de todas las tendencias políticas: desde los trotskistas y bordiguistas hasta los maximalistas y pivertistas. De ahí que no deba extrañarnos la noticia de la muerte de dos o tres franceses de las Juventudes Comunistas (estalinistas), según Domenico Sedran recién incorporados a la Columna internacional Lenin, mandada por Enrico Russo, dada por La Batalla núm. 46 del 24-9-1936.

29    BREA, op. cit., pp. 73-80, relata el largo viaje en tren y camiones de la Columna Internacional Lenin, y su inmediato destino a la primera línea de fuego.

30    La descripción de la muerte de Robert de Fauconnet en el frente de Huesca, y su indudable pertenencia a la Columna Internacional Lenin del POUM, nos la da el libro de Juan Brea y Mary Low (pp. 108-109):

“Robert had been one of our friends, politically and otherwise. He was twenty-two. (…)

While I got dressed, Brea who had come from the front explained:

“Fifty of us from the International Column went to capture a house on the main road. Robert was the only one they got. He lay out on the road for hours before we could get back to him. We thought he might be alive still, but he was shot in the head.”

It was the first death in the International Column.”

El entierro de Robert de Fauconnet en Barcelona, el 7 se setiembre, fue motivo de un desagradable incidente, cuando el servicio de orden del POUM impidió el despliegue de una bandera de la Cuarta, aunque se autorizó la toma de la palabra por parte de Rous y de Peret (V. el libro de Brea y Low, pp. 114-116).

31    FERNANDEZ JURADO, Ramón: Memòries d’un militant obrer (1930 – 1942). Editorial Hacer, Barcelona, 1987, pp. 206-219.

32    La afirmación es de Víctor Alba. Véase:

ALBA, Víctor: El marxisme a Catalunya 1919-1939. vol. II. Història del POUM. Ed. Pòrtic, Barcelona, 1974, p. 105. Por otra parte, toda la bibliografía existente sobre el frente de Aragón y las milicias populares es sumamente inexacta, contradictoria y confusa.

33    Union Communiste era un grupo heterodoxo marxista francés, dirigido por Chazé/Davoust, que sostenía posiciones muy próximas a las de la Minoría de la Fracción. Davoust había permitido el uso de su nombre como editor responsable de la revista Bilan, pero sólo a efectos legales, sin militar ni intervenir en la redacción de la revista. Union Communiste había establecido una larga discusión con el grupo Prometeo, con quien rompió al conocer sus posiciones sobre la guerra de España. Union Communiste alentaba a la izquierda del POUM, sobre la que se hacía infundadas ilusiones, y en su órgano L’International había publicado con frecuencia las contratesis y posiciones adoptadas por la célula 72 del POUM, de la que era secretario Josep Rebull.

Para una mayor información sobre Davoust/Chazé y el grupo Union Communiste, v. el libro de R. Camoin citado en la bibliografía.

34    El último militante de la Fracción, que regresó a Francia para participar en el congreso de la Fracción, fue el destacado miembro de la Mayoría, Aldo Lecci, que había venido a España con la delegación enviada por el Comité Central de la Fracción para debatir con la Minoría, e intentar evitar la escisión sin una previa clarificación ideológica de las posiciones políticas encontradas.

La escisión se produjo antes del citado congreso, tras el acuerdo del Comité ejecutivo (CE) de la Fracción (la Mayoría) del 29.11.1936, publicado en el número 37 de Bilan, pp. 1234-1235, de noviembre-diciembre de 1936, que decía textualmente: “La CE décide l’expulsion pour indignité politique de tous les camarades qui se solidariseront avec la lettre du Comité de Coordination du 25.11.36 et elle laisse 15 jours du temps aux camarades pour se promener [prononcer?] definitivement. (…) Ces réserves ne concernen pas le camarade Candiani (…)”.

Es decir, el CE de la Fracción ya consideraba expulsado a Enrico Russo (el 29.11.1936), y daba un plazo de 15 días al resto de militantes de la Minoría, pasado el cual los consideraría expulsados.

35    Un interesante testimonio sobre la actitud del POUM ante la solicitud de desmovilización de los milicianos de la Columna Internacional Lenin nos la da Wilebaldo Solano, en unas anécdotas sobre Rovira, que pretenden ser divertidas, y en las que se ridiculiza a los bordiguistas, pero que no hacen más que destacar el enorme abismo ideológico y teórico que separaba al POUM de la Minoría de la Fracción:

“En enero de 1937 [en realidad en octubre de 1936], los bordiguistas italianos, que por cierto eran excelentes combatientes, fueron a ver a Rovira para plantearle una cuestión grave. Según ellos, la guerra civil española se había transformado en una guerra imperialista a causa de las intervenciones alemana, italiana y rusa, perdiendo por consiguiente su sentido revolucionario inicial.

Los combatientes bordiguistas italianos pidieron a Rovira la autorización necesaria para retirarse del frente.

Rovira les observó con una curiosidad divertida y les dijo:

– Si la guerra se ha transformado en un conflicto imperialista, eso quiere decir, según la doctrina leninista, que se impone la táctica del derrotismo revolucionario…

Un combatiente bordiguista contestó:

– En efecto, así es.

Sonriendo maliciosamente, Rovira le preguntó:

– ¿Y dónde pensáis practicar el derrotismo revolucionario? ¿En París?

Rovira, que no era partidario de retener a nadie en el frente a la fuerza y que por lo demás les estimaba, les desmovilizó oficialmente. Y los bordiguistas regresaron a Francia, en donde vivieron como exiliados.” [SOLANO, Wilebaldo: “Rovira en anécdotas. Derrotismo revolucionario… en París”. París, mayo 1975].

36    Cuando en Prometeo o Bilan aparece la palabra “centrismo” se utiliza con un significado que se corresponde mejor a la utilización actual de la palabra “estalinismo”.

37    Cfr. los artículos ya citados de Bilan sobre la Segunda República española.

38    Aunque corremos el riesgo de perder la riqueza del análisis y matizaciones propios de Bilan y Prometeo, lo cual es inevitable sin una lectura completa de esas publicaciones, a las que remitimos de forma inexcusable para quienes quieran profundizar en el conocimiento y la crítica de las posiciones de la Fracción.

39    No sólo el asesinato de personalidades, como Nin o Berneri, o las masacres de trabajadores anónimos, sino sobre todo la pérdida de rumbo y objetivos revolucionarios, que son desviados desde la necesidad de hacer la revolución en la zona republicana hacia los combates en el frente militar, donde la inferioridad técnica y la derrota son inevitables.

40    Información extraída de un artículo firmado “Fausto e Luciano”, publicado en Battaglia comunista núm. 6 (dal 10 al 30 aprile 1974), órgano del Partito comunista internazionalista.

41    Ibidem.

42    Información facilitada por un artículo (no firmado) de Nicola di Bartolomeo “Fosco”, en La commune núm. 129 del 28-5-1938.

43    Información extraída del artículo ya citado de Battaglia comunista, corroborada por un texto de Perrone: PERRONE, Ottorino: La tattica del Comintern 1926-1940. Ed. Sociali, Venezia, 1976, p. 141.

44    Cfr. “Fausto e Luciano”, art. cit.

45    Cfr. Guerra di classe núm. 2 (17-10-1936), núm. 8 (1-2-1937), núm. 29 (5-10-1937).

Un excelente estudio sobre Berneri (favorable al punto de vista anarquista) es el de Francisco Madrid, citado en la bibliografía.

46    V. el interesante estudio, aparecido como prólogo a una traducción al italiano de esta serie de artículos sobre el Estado, publicados en Bilan; ERBA, Dino; PEREGALLI, Arturo: Rivoluzione e reazione. Lo Stato tardo-capitalistico nell’analisi della Sinistra comunista. A cura di Alberto Giasanti, con introduzione di… Giufré editore, Varese, 1983, pp. 1-29.

47    Cfr. “Fausto e Luciano” art. cit.

48    Ibidem.

49    CHAZE, H.: Chronique de la révolution espagnole. Union Communiste (1933-1939). Spartacus, 1979, p. 9.

50    Jehan: “La guerre en Espagne”. Entre deux mondes nº 1, Bruxelles, decembre 1946.

51    Ibidem.

52    Existe traducción al español del artículo de Jehan. Consúltese en la bibliografía el texto de Etcétera y el de la CCI. También ha sido reproducido en francés por GCI-RAIA.

53    Expulsada ya la Minoría, e ingresados casi todos sus miembros en el grupo Union Communiste, ya podemos identificar a la Mayoría con la Fracción.

54    “L’isolament de la Fraction devant les événements d’Espagne”, en Bilan núm 36 (oct. nov. 1936).

55    Véase el prólogo de Barrot a la publicación francesa de los textos de Bilan.

56    Ibidem.

57    “Plomb, mitraille, prison: c’est ainsi que le Front Populaire répond aux ouvriers de Barcelone qui osent résister a l’ataque capitaliste¡”. Bilan nº 41 (mai-juin 1937).

58    Ibidem.

59    Ibidem.

60    Ibidem.

61    Ibidem.

62    Ibidem.

63    Cfr. “L’isolement de notre Fraction devant les evenements d’Espagne”. Bilan nº 36 (oct.-nov. 1936).

V. el interesante y detallado análisis del texto de BOURRINET, Philippe: op. cit., pp. 93-110.

64    Es curioso constatar como Azaña, salvando evidentemente las distancias de su propia perspectiva de burgués republicano, coincidía con el grupo Prometeo en su análisis de la situación creada el 19 de julio.

Véase esta cita extraída de La velada de Benicarló:

“una revolución necesita apoderarse del mando, instalarse en el Gobierno, dirigir el país según sus miras. No lo han hecho. ¿Por qué? ¿Falta de fuerza, de plan político, de hombres con autoridad? (…) ¿Cómo se llama una situación causada por un alzamiento que empieza y no acaba, que infringe todas las leyes y no derriba al Gobierno para sustituirle a él, coronada por un Gobierno que aborrece y condena los acontecimientos y que no puede reprimirlos ni impedirlos? Se llama indisciplina, anarquía, desorden. El orden antiguo pudo ser reemplazado por otro revolucionario. No lo fue. Así no hubo más que impotencia y barullo.” (Azaña, M.: La velada de Benicarló. Dialogo de la guerra de España. Ed. M. Aragón, pp. 129-130.).

65    Cfr. la presentación de Jean Barrot a los textos de Bilan.

66    Afirmaciones que aparecen casi textualmente en diversos textos de Bilan, y/o en el artículo de Jehan sobre la guerra de España.

67    Cfr. la presentación de Jean Barrot a los textos de Bilan.

68    Ibidem.

69    Algunos interesantes trabajos, basados en la investigación oral de trabajadores barceloneses que vivieron la colectivización de su empresa, han planteado sobre bases reales un tema muy mitificado en la historiografía sobre la guerra civil española. Las conclusiones de esos trabajos de la escuela oral de la profesora Vilanova, sobre la colectivización catalana durante la guerra civil, se aproximan mucho al análisis realizado coetáneamente por la Fracción, pese al abismo ideológico y metodológico existente entre una y otra valoración. Según estos análisis las colectivizaciones, tras unas primeras semanas de euforia, y a causa de la inevitable subordinación a las necesidades de una economía de guerra, fueron desnaturalizadas y perdieron todo carácter revolucionario (si es que llegaron a tenerlo): los trabajadores ocuparon el lugar de los patronos, pero se mantuvo el trabajo asalariado, la mercancía, el valor, la plusvalía, etc…, esto es, todas las categorías económicas que definen al capitalismo.

Cfr.:

MONJO, Anna; VEGA, Carme: Els treballadors i la guerra civil. Història d’una indústria catalana col.lectivitzada. Ed. Empúries, Barcelona, 1986.

MONJO, Anna; VEGA, Carme: “La clase obrera durante la guerra civil española: una historia silenciada”. Hitoria y fuente oral nº 3 (1990).

Y por supuesto Bilan, Prometeo y/o Jehan [Melis]: “La guerre en Espagne”, cit.

70    Cfr. la crítica a la primera publicación en italiano de este trabajo, aparecida en Prometeo. Ricerche e battaglie della rivoluzione socialista nº5, giugno 1993, Milano, con el título: “La Sinistra Italiana e la guerra civile in Spagna”.

71    Cfr. Prometeo nº143 (11-4-1937) y nº 146 (4-7-1937).

72    Según afirma Chazé en el prólogo a su libro sobre la UC y la guerra civil. Véase nota 34.

3 comentarios

  1. La destrucción del estado es impetativa para la revolución; SEA ESTE CAPITALISTA O DE CUALQUIER OTRO TIPO.

    Añadirle el epíteto “capitalista” a “estado”, cosa que aparece en muchos textos bordiguistas, resulta confuso e infunde desconfianza, y con razón además.

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