Nacionalismos Opinión

Menos presidentes, pero mejores; aunque mejor ninguno

Menos presidentes, pero mejores; aunque mejor ninguno

Se asegura que el undécimo presidente de la Generalidad es el número 132 de una larga lista, que incluye a clérigos, abades y obispos de un organismo de recaudación de impuestos medieval que nada tiene que ver con una Presidencia de la Generalidad, pero que le sirvió de inspiración a Josep Maria Solé Sabaté para presentarle a su amo y señor, Jordi Pujol Soley, lo que este le exigía: un pedigrí que le permitiese afirmar que existían más presidentes de la Generalidad que monarcas ingleses.

En 2003, Josep Maria Solé Sabaté, al servicio del todopoderoso mafioso Jordi Pujol, publicó la obra colectiva Historia de la Generalitat de Catalunya i dels seus presidents, dentro de la Enciclopèdia Catalana. ​ En esta obra, Solé Sabaté incluía una «lista de los presidentes de la Generalitat», confeccionada mediante el siguiente procedimiento: durante el periodo 1359 a 1914 (anterior a la creación de la Generalidad de Cataluña), Solé Sabaté decidió considerar «presidente de la Generalidad» al que determinó por razones protocolarias como diputado eclesiástico más destacado de la Diputació del General de Catalunya, aunque ninguno de tales diputados ostentara jamás el cargo de «presidente» y pese a que la Diputació del General de Catalunya era un órgano recaudatorio de las Cortes Catalanas, que nada tenía que ver con un gobierno, ni nada parecido. Por descontado, mezquindad mediante, caen de esa lista de clérigos, abades y obispos aquellos botiflers que optaron por Felipe V. Ese organismo fue disuelto por el Decreto de Nueva Planta en 1716, aunque brevemente restituido durante dos años en 1874-1875. La lista de JM Solé Sabaté, a partir de 1931, incluye tanto a los presidentes de la Generalidad reconocidos por el Estado español, como a aquellos que se proclamaron «presidentes en el exilio», pero excluye a aquellos nombrados por el Gobierno español durante el presidio de Lluís Companys en 1934-1936. ​

Quizás sería mejor no presumir tanto del número de presidentes como de su prestigio y calidad. Un prestigio que anda un tanto maltrecho y deteriorado, por no decir que en caída libre, después de Josep Tarradellas, con la notable excepción de Pascual Maragall.

Veamos sucintamente esos 11 presidentes:

Macíá, primer presidente de la Generalidad, coronel del ejército español, fallecido en la Navidad de 1933.

Companys, fusilado por los franquistas en octubre de 1940.

Irla, un presidente exiliado, no reconocido por el gobierno español, que no sabemos si debiera figurar, o no, en la lista de presidentes reales de la Generalidad.

Josep Tarradellas, restaurador de la Generalidad y su cuarto presidente. Enlazó la legitimidad republicana con su reconocimiento por el Estado español. De ahí, la inclusión de Irla, que de otro modo no sería admisible,

El quinto presidente fue Jordí Pujol Soley, acusado en estos momentos de esquilmar Cataluña durante 23 años, mediante la construcción de una mafia familiar y clientelar. Ha desacreditado, ultrajado y deshonrado el cargo de presidente de la Generalidad, quizás de forma permanente e irremediable. Repugnante e inmoral. Indigno del cargo y de la institución: confundió patria y patrimonio.

El sexto fue Pascual Maragall, el de las Olimpiadas de Barcelona y responsable de la mayor remodelación y modernización de Cataluña. Situó a Barcelona en el mapa internacional.

El séptimo fue el cordobés y socialista Montilla, muy criticado en los medios nacionalistas por… su acento.

El octavo, Artur Mas, desmanteló entusiasta y conscientemente la sanidad y la educación catalanas. Una manifestación de indignados rodeó el Parlament para evitar la aprobación de unos presupuestos antisociales que destruían una sanidad y una educación públicas de calidad. Se le ha castigado con una pensión de más de siete mil euros mensuales, a cobrar desde abril de 2021. Esa pensión, sumada al pago de secretarias, céntrico despacho, chófer y aparato de seguridad le costará al presupuesto de la Generalidad medio millón de euros anuales.

El noveno y el décimo no ganaron nunca unas elecciones, sino que fueron nombrados a dedo. Mas nombró como su vicario y sucesor a Puigdemont de Waterloo, el de los siete segundos de independencia. El divino Puigdemont, a su vez, buscó al más sumiso, fiel y maleable, nominando a Torra como su vicario en la Tierra. Torra, el inútil con vocación fracasada de mártir de la patria, incapaz de coordinar un gobierno porque no era tolerado por sus propios consellers, el insufrible solipsista que, en plena pandemia, subcontrató la gestión de las residencias de mayores a un amiguete del Tsunami. La Degeneralidad alcanzó cotas impensables de degradación, vodevil y dejación de funciones.

Así, pues, Aragonés es el undécimo presidente de la Generalidad (décimo si no contamos a Irla). Eso del 132 presidente de la Generalidad es una falacia de Solé Sabaté, encargada y pagada por el presidente Jordi Pujol, pecado venial de vanidad del mafioso con tratamiento de Honorable. Mejor una mínima calidad, honorabilidad y dignidad de quienes ostentan el cargo en la presidencia de la Generalidad, que un número tan astronómico como falso de presidentes.

Pujol, Mas, Puigdemont y Torra han conseguido hundir el prestigio de la institución de la Presidencia de la Generalidad a unos niveles tan despreciables y frágiles como indignos e insoportables, que probablemente Josep Tarradellas no hubiera imaginado jamás, ni en sus peores pesadillas.

La Degeneralidad de Pujol, Mas, Puigdemont y Torra no es sostenible, ni puede profundizar aún más el desastre socioeconómico y político que ha provocado en el país, por la sencilla razón de que nos quedamos sin futuro y sin país. La decadencia catalana en todos los órdenes y actividades, desde el terreno económico al social y político, es una pendiente resbaladiza imparable. Cataluña se fue a la mierda con la mafia de los Pujol, y allí seguirá revolcándose mientras su destino se decida en Sanedrines, Tsunamis o Consells de la República y las más diversas organizaciones mafiosas y elitistas, salvadoras de la patria y vendedoras de humo.

Si Aragonés ha de someterse a un fantasmagórico Consell de la República, de gente cooptada entre sí, no sometido a ningún proceso electoral o democrático, enfrentando la mitad de los catalanes a la otra mitad por cuestiones ideológicas y eternas disputas sobre el sexo de los ángeles, el daño puede ser letal y definitivo, sin retorno.

¡Es la economía, covidiotas!

Menos presidentes, pero mejores; aunque mejor ninguno: ¡Visca Catalunya sense govern ni presidents! ¡Visca Catalunya lliure d´inútils, mafiosos i màrtirs!

Agustín Guillamón

Barcelona, junio de 2021

1 comentario

  1. Versió en català de l’article:
    Menys presidents, però millors; encara que millor cap ni un

    S’assegura que l’onzè president de la Generalitat és el nombre 132 d’una llarga llista, que inclou a clergues, abats i bisbes d’un organisme de recaptació d’impostos medieval que res té a veure amb una Presidència de la Generalitat, però que li va servir d’inspiració a Josep Maria Solé Sabaté per presentar-li al seu amo i senyor, Jordi Pujol Soley, el que aquest li exigia: un pedigrí que li permetés afirmar que existien més presidents de la Generalitat que monarques anglesos.
    El 2003, Josep Maria Solé Sabaté, al servei del totpoderós mafiós Jordi Pujol, va publicar l’obra col·lectiva Història de la Generalitat de Catalunya i dels Seus presidents, dins de l’Enciclopèdia Catalana. En aquesta obra, Solé Sabaté incloïa una «llista dels presidents de la Generalitat», confeccionada mitjançant el següent procediment: durant el període 1359 a 1914 (anterior a la creació de la Generalitat de Catalunya), Solé Sabaté va decidir considerar «president de la Generalitat» al que va determinar per raons protocol·làries com a diputat eclesiàstic de més edat de la Diputació del General de Catalunya, encara que cap d’aquests diputats ostentés mai el càrrec de« president» i malgrat que la Diputació del General de Catalunya era un òrgan recaptatori de les Corts Catalanes, que res tenia a veure amb un govern, ni res semblant. Per descomptat, mesquinesa mitjançant, cauen d’aquesta llista de clergues, abats i bisbes aquells botiflers que van optar per Felip V. Aquest organisme va ser dissolt pel Decret de Nova Planta en 1716, encara que breument restituït durant dos anys en 1874-1875. La llista de JM Solé Sabaté, a partir de 1931, inclou tant els presidents de la Generalitat reconeguts per l’Estat espanyol, com a aquells que es van proclamar «presidents a l’exili», però exclou aquells nomenats pel Govern espanyol durant el presidi de Lluís Companys al 1934-1936.

    Potser seria millor no presumir tant del nombre de presidents com del seu prestigi i qualitat. Un prestigi que està una mica malmès i deteriorat, per no dir que en caiguda lliure, després de Josep Tarradellas, amb la notable excepció de Pascual Maragall.
    Vegem succintament aquests 11 presidents:
    1. Macià, primer president de la Generalitat, coronel de l’exèrcit espanyol, mort en el Nadal de 1933.
    2. Companys, afusellat pels franquistes a l’octubre de 1940.
    3. Irla, un president exiliat, no reconegut pel govern espanyol, que no sabem si hauria de figurar, o no, a la llista de presidents reals de la Generalitat.
    4. Josep Tarradellas, restaurador de la Generalitat i el seu quart president. Va enllaçar la legitimitat republicana amb el seu reconeixement per l’Estat espanyol. D’aquí, la inclusió d´ Irla, que d’altra manera no seria admissible,
    5. El cinquè president va ser Jordí Pujol Soley, acusat en aquests moments de robar y rampinyar Catalunya durant 23 anys, mitjançant la construcció d’una màfia familiar i de partit. Ha desacreditat, ultratjat i deshonrat el càrrec de president de la Generalitat, potser de forma permanent i irremeiable. Repugnant i immoral. Indigne del càrrec i de la institució: va confondre pàtria i patrimoni.
    6. El sisè va ser Pasqual Maragall, el de les Olimpíades de Barcelona i responsable de la major remodelació i modernització de Catalunya. Va situar a Barcelona al mapa internacional.
    7. El setè va ser el cordovès i socialista Montilla, molt criticat en els mitjans nacionalistes pel … seu accent.
    8. El vuitè, Artur Mas, va desmantellar entusiasta i conscientment la sanitat i l’educació catalanes. Una manifestació d’indignats va envoltar el Parlament per evitar l’aprovació d’uns pressupostos antisocials que destruïen una sanitat i una educació públiques de qualitat. Se li ha castigat amb una pensió de més de set mil euros mensuals, a cobrar des d’abril de 2021. Aquesta pensió, sumada a el pagament de secretàries, cèntric despatx, xofer i aparell de seguretat li costarà a el pressupost de la Generalitat mig milió d’euros anuals.
    9 y 10. El novè i el desè no van guanyar mai unes eleccions, sinó que van ser nomenats a dit. Mas va nomenar com el seu vicari i successor a Puigdemont de Waterloo, el dels set segons d’independència. El diví Puigdemont, al seu torn, va buscar al més submís, fidel i mal·leable, nominant a Torra com el seu vicari a la Terra. Torra, l’inútil amb vocació fracassada de màrtir de la pàtria, incapaç de coordinar un govern perquè no era tolerat pels seus propis consellers, l’insofrible solipsista que, en plena pandèmia, va subcontractar la gestió de les residències de gent gran a un amiguet del Tsunami. La Degeneralitat va aconseguir cotes impensables de degradació, vodevil i desistiment de funcions.
    Així, doncs, Aragonès és l’onzè president de la Generalitat (desè si no comptem a Irla). Això de l’132 president de la Generalitat és una fal·làcia de Solé Sabaté, encarregada i pagada pel president Jordi Pujol, pecat venial de vanitat del mafiós amb tractament d’Honorable. Millor una mínima qualitat, honorabilitat i dignitat dels qui ostenten el càrrec en la presidència de la Generalitat, que un nombre tan astronòmic com a fals de presidents.
    Pujol, Mas, Puigdemont i Torra han aconseguit enfonsar el prestigi de la institució de la Presidència de la Generalitat a uns nivells tan menyspreables i fràgils com indignes i insuportables, que probablement Josep Tarradellas no hagués imaginat mai, ni en els seus pitjors malsons.
    La Degeneralitat de Pujol, Mas, Puigdemont i Torra no és sostenible, ni pot aprofundir encara més el desastre socioeconòmic i polític que ha provocat al país, per la senzilla raó que ja ens vam quedar sense futur i sense país. La decadència catalana en tots els ordres i activitats, des del terreny econòmic al social i polític, és un pendent relliscosa imparable. Catalunya es va anar a la merda amb el descobriment de la màfia dels Pujol, i allà seguirà rebolcant-s´hi mentre el seu destí es decideixi a Sanedrins, Tsunamis o consells de la República, a Òmniums i Assemblees Nacionals i a les més diverses organitzacions mafioses i elitistes, salvadores de la pàtria i venedores de fum.
    Si Aragonès ha de sotmetre a un fantasmagòric Consell de la República, de gent cooptada entre si, no sotmès a cap procés electoral o democràtic, enfrontant la meitat dels catalans a l’altra meitat per qüestions ideològiques i eternes disputes sobre el sexe dels àngels, el dany pot ser letal i definitiu, sense retorn.
    És l’economia, covidiotas!
    Menys presidents, però millors; encara que millor cap ni un: ¡Visca Catalunya sense govern ni presidents! ¡Visca Catalunya lliure d’inútils, mafiosos i Màrtirs!

    Agustín Guillamón
    Barcelona, ​​juny de 2021

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