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Septiembre de 1922, el asalto al tren pagador de Poble Nou

Antecedentes generales

Cuando el 8 de noviembre de 1920 el general Severiano Martínez Anido fue nombrado gobernador civil de Barcelona, era una época que en Barcelona hacía ya más de dos años que había una guerra a muerte entre los pistoleros de la patronal y los  anarcosindicalistas con un gran número de muertos por  ambas partes, la represión aumentó aún más al hacer Martínez Anido detener a los principales líderes sindicales de Barcelona, como fue el caso de  Salvador Seguí, secretario general de la Confederación Regional del Trabajo de Cataluña (CRTC), la CNT catalana, enviándoles presos al castillo de la Mola de Maó. Entre aquellos detenidos estaba Ramón Recasens que años después jugará un papel relevante en el caso del tren de Poble Nou.

Severiano Martínez Anido en 1925. Fuente: Wikimedia.

A partir de aquel momento, Martínez Anido inició una estrecha colaboración con los pistoleros de la patronal,  de los llamados Sindicatos Libres y a través de la policía de Barcelona, aplicando a los anarcosindicalistas la terrible ley de fugas. Del mismo modo, la CNT catalana fue totalmente  ilegalizada, y por lo mismo toda su  actividad sindical pasó  a la clandestinidad. Todo ello conllevó como consecuencia que el año 1921 fuera el año más sangriento en Barcelona, con innumerables tiroteos y un número muy elevado de muertos y heridos, o que  incluso el mismísimo presidente del gobierno español Eduardo Dato, resultara muerto en Madrid a manos de tres anarcosindicalistas catalanes, entre ellos Ramón Casanellas.

En abril de 1922, el presidente del gobierno español, el conservador José Sánchez Guerra, que hacía poco ocupaba el cargo, quiso iniciar una época de pacificación, y por ello decidió volver a la legalidad a la CNT catalana.  La primera consecuencia de ello fue que Salvador Seguí y los otros líderes sindicales, fueron liberados de la prisión del Castillo de la Mola de Maó y regresarán a Barcelona. A su llegada, Seguí fue elegido secretario general de la CNT a nivel estatal.

Pero a pesar de aquellas acciones del presidente Sánchez Guerra, en su caso  encaminadas a iniciar un nuevo período de paz, a causa de fuertes presiones militares  no pudo destituir al gobernador civil de Barcelona, Martínez Anido, cuestión que hizo  muy difícil restablecer la paz en la ciudad. Delante  de la legalización de la CNT catalana, docenas de trabajadores con evidentes simpatías por el anarcosindicalismo, pero que a causa de la intimidación o por no perder el trabajo, se habían estado afiliando  a los Sindicatos Libres, intentaron volver a afiliarse de nuevo a los Sindicatos Únicos de la CNT, lo que provocó nuevos ataques de los pistoleros de la patronal contra ellos y la consiguiente respuesta de los grupos armados anarcosindicalistas. La situación se volvió a complicar con nuevos tiroteos y atentados mutuos entre ambos bandos.

Entonces Martínez Anido, de manera unilateral y desoyendo la orden del  presidente del gobierno español, siguió prohibiendo la actividad sindical de la CNT en la província de Barcelona. Pero el hecho más grave, más aún que los pistoleros de la patronal y la prohibición sindical de la CNT catalana, fue que una gran parte de los propietarios de empresas tenían en su poder una larga lista negra de centenares de anarcosindicalistas considerados “peligrosos”, a los que se les puso muy difícil poder volver a trabajar. La prohibición de la CNT en Barcelona y la gran cantidad de anarcosindicalistas sin trabajo a causa de aquellas listas negras,  hizo que las cuotas sindicales de la CNT catalana fueran casi nulas, lo que llevó casi a la ruina econòmica a los Sindicatos Únicos en la zona de Barcelona. Dificultando enormemente con ello la actividad del sindicato, o la del propio comité Pro-Presos y de paso la capacidad económica necesaria para poder seguir adquiriendo más armamento, con el que poder defenderse de los ataques de los pistoleros de la patronal. Todo ello impulsó a un grupo de anarcosindicalistas barceloneses a que decidieran realizar un gran atraco en Barcelona, y por ello se pensó en asaltar el tren pagador del Pueblo Nuevo.

El asalto al tren del Pueblo Nuevo

El día 1 de septiembre de 1922, viernes para más señas, sobre las siete y media de la mañana, y como todos los días laborables, salió de la estación de Francia un tren de la compañía MZA (acrónimo de la Compañía de los ferrocarriles de Madrid a Zaragoza y Alicante), convoy en el que viajaban una multitud de obreros de dicha compañía. Su destino final era el  Depósito de Máquinas que la MZA poseía en Pueblo Nuevo, en cuyas talleres trabajaban más de 400 personas, siendo aquella  instalación de la MZA la que más personal poseía de toda España. 

El convoy estaba compuesto por una máquina inglesa, numerada con el número 162,  y cuatro vagones tranvía enganchados a ella, en los cuales se hacinaban unos 150 trabajadores. En el segundo vagón de dicho convoy, como siempre, se  había colocado una caja que contenía 149.150,- pesetas, una auténtica fortuna para la época.  Caja que estaba custodiada por José Lacambra  pagador de la compañía, y un ayudante, a los que se unió un tercer custodio, Mariano Monterde, en su caso dependiente de la Sociedad de Transportes Ayxelá y Compañía, personal que era el encargado de transportarla y custodiarla, y por ello los tres estaban sentados al lado mismo de la caja, que llevaba grabadas las siglas MZA, y  que estaba protegida con dos gruesas cadenas. En su interior el codiciado dinero, compuesto por billetes de 100, 50, y 25 pesetas, más 9.000 pesetas en plata y 150 más en calderilla. Una parte de aquel dinero estaba destinado a pagar la semanada de los trabajadores del Depósito de Pueblo Nuevo.

Por otra parte, los trabajadores de la MZA no eran los únicos  que viajaban en aquel convoy, dado que había muchos otros que viajaban también en él pero de estrangis, al tratarse de personal de otras empresas de Pueblo Nuevo, como la Energía Eléctrica, o de la fundición Girona u otros pequeños talleres locales, cuyos trabajadores aprovechaban  la oportunidad de poder llegar  al tajo a coste cero, circunstancia a la que la compañía propietaria del ferrocarril hacía la vista gorda.     

La línea férrea por la que circulaba el tren, una vez pasado el hospital del Mar, se pegaba a la costa, y sobrepasada la estación de Pueblo Nuevo, el tren efectuaba una breve parada procediendo a un  cambio de vías, y después efectuaba una maniobra  retrocediendo hasta llegar a los talleres propiamente dichos.  Más tarde se sabrá que, durante el asalto, el tren había parado unos metros antes de su lugar habitual, al encontrarse el maquinista una persona que plantada en la vía le  apuntaba fríamente con una pistola Star.

El hombre que había logrado frenar el convoy era Victor Quero Lahoz, personaje que unos minutos antes había saltado del coche que se tendría que utilizar en la huída posterior. Quero era un obrero metalúrgico confederal y a su vez secretario del Sindicato de dicho ramo. Era también un hombre fuerte y valiente, que ya había sido detenido en diversas ocasiones y por lo mismo conocía muy bien los rigores de las cárceles de Barcelona, Tarragona o Valencia. Por otra parte hacía días que había estado planeando aquel golpe, sentado en muchas ocasiones en un pequeño bar de la Barceloneta. De hecho unos días antes ya había realizado el mismo recorrido desde la estación de Francia hasta Pueblo Nuevo, montado en el mismo convoy y  mezclado entre los trabajadores habituales. Mientras que otro grupo de asaltantes había estado dando vueltas en coche por las cercanías del lugar exacto donde el tren tendría que hacer el cambio de agujas, como medio de poder familiarizarse con el lugar.

Se desconoce quien era el que llevaba la voz cantante en aquella operación, ya que el grupo estaba formado por,  Ramón Recasens Miret, “el Maño”,  Marcelino da Silva Vilasuso, Antonio Jiménez Martín,”el Señorito”, Carlos Anglés Corbella, Francisco Cuñat Marcó, Manuel Ramos Alonso, Vicente Luero Lahoz, Antonio Más Gómez “el Tartamudo”, y Josep Francés Jorquès. De tener éxito el golpe,  el dinero estaba previsto que fuera  destinado en  su totalidad al Comité Pro-presos,  dinero que debería servir para mantener a las familias de los compañeros encarcelados.

Fuente: A Cops

El Quero, protagonista de la detención del tren, había salido poco antes de las  siete  del número 12 de la calle de Gignàs donde vivía de realquilado, en casa del matrimonio formado por Simón Pastor y Teresa Vasco, marchó vestido con una granota de mecánico del Depósito de la MZA que alguien le había conseguido. Caminó hasta el parque de la Ciudadela, donde tomó contacto  con el Ramos, Cunyat y Jimenez. Y juntos subieron a un automóvil de alquiler, que llevaba el número B-6205 de matrícula, el mismo vehículo con el que habían estado dando vueltas por las cercanías del Depósito de Máquinas del Pueblo Nuevo, haciendo su última ojeada al lugar donde al día siguiente tendría lugar la operación.  El chofer del mismo, llamado Constantino Orte, los llevó hasta la riera de Horta, muy cercana a la estación de Pueblo Nuevo. El compañero Da Silva hacía ya horas que vigilaba las proximidades de la estación, por si descubría alguna situación extraña, poder avisar y abortar así el asalto. 

Pero todo estaba como se había previsto, por ello, Quero saltando del coche había tomado su posición en medio de las vías, dando así tiempo para que sus compañeros de dentro del tren y de fuera se pudieran apoderar de la caja del dinero. Con lo que no contaban los asaltantes, fue que el maquinista, es de suponer presa del pánico,  activara el pito de la máquina, y que su penetrante silbido sirviera de alerta, hasta tal punto, que el cabo de artillería Idelfonso González y unos cuantos soldados más, entre ellos el artillero Manuel Testa, que estaban de servicio en el acuartelamiento del Campo de la Bota, apretaran a correr hacia la estación con sus fusiles reglamentarios en las manos, con la intención de ayudar en lo que hiciese falta.    

 Empieza el tiroteo 

Justo en aquel momento en el tren, Mariano Monterde, uno de los vigilantes de la caja del dinero, observa a unos trabajadores cercanos, que mirándose entre ellos  se meten las manos en los bolsillos de sus granotas azules, de los que sacan unas pistolas que les apuntan amenazándolos, mientras empiezan a gritar. ¡La caja!, darnos la caja con el dinero! José Lacambra, el pagador de la compañía intenta levantarse, tratando de decir algo, y uno de los asaltantes le obliga a sentarse propinándole un fuerte golpe en la boca con el cañón de su pistola, dejándolo de aquel modo fuera de juego en su asiento. Mientras tanto Mariano Montarde se plantea que hacer, por su parte el ayudante de Lacambra permanece inmovil, en el mismo instante, al pie del vagón aparecen varios asaltantes más que apuntan con sus pistolas al interior del tren empezando los disparos. Al sonar éstos, muchos trabajadores salen corriendo del vagón, o saltan aparatosamente por las ventanillas. Momento en que Monterde, no se sabe muy bien si por convencimiento o por pánico, salta sobre la caja para protegerla, incluso si hace falta con su propia vida. Acción que le conlleva recibir un balazo perdido en el cuello por la parte izquierda y sin salida, cayendo muerto  casi a los pies de Lacambra que en aquel mismo momento se estaba limpiando con un pañuelo la sangre que le salía de la boca como consecuencia del golpe recibido anteriormente.

Casi seguido los hombres del vagón que habían sacado sus pistolas, acaban de apartar con los pies el cuerpo sin vida de Monterde, y cogiendo en volandas la caja del dinero, la lanzan por la ventanilla a los compañeros que la estaban esperando abajo. Mientras tanto Quero que todavía seguía en su sitio amenazando al maquinista, al ver que la caja había caído en las vías, abandona su puesto y se apresta a ayudar a los tres compañeros que la están recogiendo.

En aquel instante, el cabo artillero Idelfonso González y sus  soldados llegan al lugar de los hechos, y sin pensárselo dos veces, abren fuego contra Quero y los compañeros que cargan con la caja. Se produce entonces una gran confusión, ya que los portadores de la caja la dejan caer y corren a protegerse detrás del guardabarreras Juan Amores, que estaba contemplando  atónito la escena desde su puesto en la barrera, momento en que es tomado como rehén, y con una pistola apuntándole a la cabeza. Nada más fueron unos segundos, porque los soldados en su apresuramiento por disparar, se habían quedado sin munición. Momento de recarga de las armas por parte de los soldados que los asaltantes aprovechan para recobrar la caja y emprender de nuevo su huída en dirección al automóvil que los estaba esperando en una zona de cañizos, el más rezagado en la huída  será Quero.

A pesar de su juventud Quero se quedó muy atrás, y su objetivo lo constituyó el llegar como fuera a una de las puertas del coche que permanecía abierta, esperándolo. Estando a punto de alcanzarla una bala disparada por el fusil del artillero Manuel Testa, que le perseguía, le impactó en la espalda, lo que no le privó de poder seguir penosamente arrastrándose hacía la puerta que seguía abierta, y donde una mano amiga le ofrecía la salvación, pero el artillero Testa, después de volver a recargar el arma, volvió a apuntar y disparó, y en esta ocasión el proyectil le impactó a Quero en medio de la cabeza. 

A la vista que ya no tenía sentido esperar a nadie,  la puerta del automóvil se cerró definitivamente poniéndose en marcha, se  dirigió a toda velocidad por la carretera de Mataró con dirección a Badalona. En ese instante llegaron al lugar del tiroteo varios agentes de vigilancia que  junto a los soldados se dedicaron a disparar contra el coche, impactando varios proyectiles en el mismo, pero sin conseguir que pararlo.

A medio camino, el coche dió media vuelta dirigiéndose hacia la calle Marina, donde se detuvo unos segundos. Uno de sus ocupantes se bajó del vehículo y con un movimiento rápido tiró tierra  por encima del estribo derecho del vehículo, intentando tapar con aquella maniobra, las aparatosas manchas de sangre procedente de Ramon Recasens, al que también habían herido en la refriega.  

Poco después, el coche reanuda su marcha, yendo a parar a la carretera del Clot.  Para no levantar sospechas, deciden entonces volver a tomar otra vez la calle Marina, donde no tardaran en bajar dos de los integrantes del grupo que se pierden por aquellas calles, tratando de simular que eran unos simples viandantes que deambulaban por allí casualmente.  

El coche arranca de nuevo y continúa por Aragón hasta llegar a Diagonal, y a la altura de Muntaner gira hasta alcanzar Consejo de Ciento. Pasan por la ronda de San Pablo y después toman por la calle de la Cera. El motivo es que en ella, les espera José Francés Jorquès. Gracias a ello Francés ayuda al herido Recasens a llegar a casa de Maria Camarasa, al parecer compañera del propio Recasens, que vivía en la calle Botella y donde poco después se le hacen las primeras curas en la pierna. Después Francés se dirige a pie a la calle Ferlandina, detrás del Hospicio, donde le espera el coche del asalto aparcado. De su interior salen entonces Cuñat y Ramos y entre los tres suben la caja con el dinero al quinto piso del número 7 de la calle Valdoncella, donde vive Francisco Verdú Simó, presidente de la cooperativa Adelanto Obrero. En aquel pequeño piso, se procede rápidamente al reparto del dinero, llevando los recién llegados los billetes y la plata y dejando la calderilla dentro de la caja.

Ramón Recasens estuvo un día bajo la supervisión  de su amiga Maria Camarasa y sometido a las atenciones profesionales del médico Segismundo Solá Guardia, íntimo amigo de Cuñat. Al día siguiente fue trasladado a la calle Riereta número 4, donde pasó dos días más, después lo llevaron al barrio de Hostafrancs, donde acabó de recuperarse para finalmente poder huir hacia Perpinyà.  

Cómo concluyó el caso

El resultado final  del golpe en bajas, fue de dos muertos: Víctor Quero Lahoz y Mariano Monterde, el empleado. De heridos hubo tres, dos colaterales: José Olivé, de 26 años, que vivía en la calle Taulat, número 42 y que trabaja como obrero  auxiliar en el Depósito de la MZA, que recibió un impacto de una bala en la oreja izquierda. Isidro Sánchez Sarrió de 20 años, que vivía en la calle Bruc y que también trabajaba en el Depósito como auxiliar, que recibió el impacto de una bala en una pierna.  Y por último Ramon Recasens, anarcosindicalista, que resultó  herido de bala en el muslo, pero que logró huir con el coche, a diferencia de su compañero Quero.    

Días después, cayeron detenidos tres de los asaltantes: Josep Francés, Marcelino da Silva y Antonio Más. En Cerbère, el 26 de septiembre, cayeron tres más: Manuel Ramos, Antonio Jiménez y Francisco Cuñat. Los esperaban en el país vecino Antonio Mur y Pedro Loraine, al proponerse llegar todos a El Havre y embarcar allí rumbo a América del Sur. También estos dos últimos fueron finalmente detenidos. Y finalmente fueron detenidos Ángel Perradona y Ramon Coll, amo y dependiente respectivamente, del bar de pescadores “El tío Xe”, en el cual se reunía el grupo para planear el golpe.  Afortunadamente el taxista, después de ser interrogado quedó exento de cargos, al haber colaborado con las autoridades. 

Fuente: A Cops

Pero el caso de Ramon Recasens fue más sonado en Francia, ya que fue detenido muy cerca de Burdeos, después de haber participado el 11 de julio de 1925, junto con Isidre Casals, Benito Castro y Joaquín Aznar Solanas (alias «El Negro»), en un golpe en la casa Harribey de Talence, cerca de Burdeos, resultando los tres detenidos. El 30 de octubre de 1925 fue juzgado por el Tribunal de la Gironda por asalto, robo y homicidio y condenado a muerte junto con su compañero Benito Castro; Isidre Casals fue condenado a trabajos forzados a perpetuidad. Ramon Recasens Miret fue guillotinado el 14 de enero de 1926 en Burdeos. Benito Castro fue guillotinado aquel mismo día. 

El sumario del caso fue instruido por los juzgados de la Barceloneta. Y por él fueron pasando de hecho mucha gente, al ser interrogados: familiares, amigos, conocidos, trabajadores de la MZA, o el médico que curó a Recasens, y así hasta un largo etc, etc… La prensa  andó llena de todo tipo de noticias durante meses, que lo único que crearon fue confusiones y contradicciones que nunca se llegaron a aclarar. Así lo único cierto en aquella historia fue el final corrido por sus protagonistas, o que el dinero agenciado en el tren nunca fue recuperado.


Referencias:

– África Ragel, Intent fallit de roba la nómina dels traballadors, Revista Icària, nº 20,  Any 2015.
– Josep A. Carreras, Setembre de 1922, L´atracament del Tren del Poble Nou, l´atracament amb el botí més gran  fins llavors a Catalunya, Llibertat.cat, 20-09-2016.
– S/n, Asalto al tren. Barcelona, 1922. Pág. No te quejaras por las flores que te traido, 08/02/2017.
Mapa de Barcelona sobre 1920. El Punto a la derecha es donde se paró el tren para el atraco, al paso de la antigua Riera d’Horta, hoy Rambla Prim. Actualmente en dicha zona hay el centro comercial de Diagonal Mar y accesos al mar que forman parte de un parque. Fuente del mapa original: Institut Cartogràfic i Geològic de Catalunya.

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