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La reconstrucción del Pistolerismo en Barcelona: los primeros enfrentamientos entre el Libre y la CNT [Daniel Inguanzo Tena]

Después de leer uno de los muy necesarios artículos de Juan Cristóbal Marinello Bonnefoy sobre el pistolerismo, «Una tarde salvaje en l’Hospitalet: el desconocido inicio de la guerra entre la CNT y el Sindicato Libre», algunos sucesos de aquel periodo ya no se pueden explicar con el relato de crónicas precedentes. Estas abordaron una realidad turbia y compleja contaminada con la leyenda de sucesivas versiones de episodios deformados, unas cuantas patrañas y algunas interpretaciones erróneas o manipuladas. A esto pudo contribuir la obra de Feliciano Baratech,1 que construyó un relato tendencioso destinado en buena parte a justificar la brutalidad con que actuaron los pistoleros del Libre. Con el fin de limpiar el rastro de violencia que marcaba el nombre del sindicato en años posteriores, y aprovechando su privilegiada situación durante la Dictadura de Primo de Rivera, Baratech soslayó cualquier mención a los atentados de un bando y utilizó el nombre de las víctimas que respondían a su causa apropiándose de algunas ilegítimamente. Si muchas voces y textos contribuyeron a la confusión por el descuido o el desconocimiento, Los Sindicatos Libres de España se situó entre los que sirvieron a una estrategia de combate. Pero antes estaban los hechos.

Tomás Vives, asesinado en San Andrés

Fuente: Mundo Gráfico, 14/04/1920

1920, 3 de abril. A las nueve y media de la noche unos desconocidos disparan contra Tomás Vives, jefe de sección de Hilaturas de Fabra y Coats. Gravemente herido, fallece un par de días después. En los primeros meses del año, los atentados anarcosindicalistas parecen ocuparse de la patronal, de la banda de matones del barón de König y de obreros antisindicalistas, lo que no suele implicar a otras organizaciones obreras. Denuncian los agredidos que esa es la tiranía del Único, que no admite otras fuerzas ni desobediencia. Probablemente, a Vives lo hayan asesinado por no adherirse al Sindicato —todos saben a cuál se nombra con esta palabra—, ya que no se conocen disputas de los trabajadores contra el capataz o contra la empresa.2 Por algo así, porque no pagaba las cuotas, golpearon con unas mazas al obrero tintorero Juan Rovira unos días antes en Sants, aunque este se salvó de un escarmiento peor.3 Los disparos de San Andrés, en cambio, buscaban la muerte.

Baratech escribe años después en su lista de mártires que Tomás Vives era el presidente del Sindicato Libre Textil de San Andrés. Se supone que sería la primera víctima mortal del enfrentamiento entre cenetistas y libreños. Sin embargo, a los del Libre no los había nombrado nadie por el atentado. La prensa no mencionó esta afiliación cuando en el entierro repasaba las entidades presentes, entre las que destacaba la Patronal; tampoco cuando una comisión de la Cámara de Directores, Mayordomos y Contramaestres del Arte Textil, de la que Vives era miembro, se presentó ante el gobernador para expresar su protesta y exigir el castigo de quienes fueran los culpables.4

Aunque Baratech se muestra rotundo en sus datos y sitúa a Vives con una voz destacada en la reunión fundacional del Libre en octubre del año anterior, el autor viene a argumentar con muy dudosa información que los del Único quisieron eliminar a los del Libre en cuanto estos les ofrecieron colaboración y asegura que para ello contaba con Vives como delegado de San Andrés.5 Estos son los inicios de su relato de guerra, que tiene por ideal de justicia y de buen gobierno al general Martínez Anido.6

Torres, Purcet y Royo

Hasta principios de junio nadie cuenta otra muerte por el enfrentamiento. Por entonces asesinan a un metalúrgico en Mataró, Juan Torres, obrero de la casa Klein. Aunque Baratech afirma que fueron dos cenetistas y que el sindicato de metalúrgicos local se había adherido al Libre, las informaciones de la prensa no permiten corroborarlo. Probablemente, el atentado estaba relacionado con la huelga y los despidos que habían tenido lugar en la empresa unas semanas antes.7

Un mes después, el 6 de julio, cerca de las once de la noche en la calle del Carmen, dos tiros aciertan en el pecho a Juan Purcet, cocinero del Royal, que fallece antes de llegar a la Casa de Socorro. El Restaurant Café Royal de la Rambla era uno de los establecimientos de mayor prestigio de la ciudad. Se dice que mentidero de la banda de König, salón de la aristocracia, de la prostitución de lujo… Los asesinos de Purcet huyeron con rapidez — abatían al hombre, no importaban las seiscientas pesetas que llevaba encima— y nunca fueron identificados.

Según Baratech, Purcet era dirigente de la Asociación Profesional de Cocineros de Cataluña Sindicato Libre. De nuevo, la prensa ignora una posible relación de la víctima con el Libre. En cambio, aparece claramente la posición anticenetista en la denuncia de la mujer de Purcet, que apuntaba al rechazo a la huelga y a la sindicación:

«… había sido amenazado distintas veces por negarse a hacer presión sobre sus subordinados para que se declararan en huelga e ingresaran al Sindicato.

Con este crimen parece ha querido ventilarse parte del pleito que sostienen tiempo ha los cocineros, por negarse la mayoría de estos a ingresar en el Sindicato de la Alimentación».8

Muchos cocineros y camareros se unirían más tarde a los libreños, pero la prematura inclusión de Purcet por Baratech sacaba ventaja de una mera posición anticenetista.9

Un par de días después, hacia medianoche, disparan contra unos sindicalistas del ramo del agua en la calle Fontanella. Uno resulta herido en una pierna, Vicente Royo. Por allí detienen a un hombre armado con una Star, Carles Baldrich, que pronto será liberado bajo fianza de 1.000 pesetas. De filiación carlista, pasaba de los 50 años y era mozo recadero; en el Libre tendría nueva vida, sería uno de sus pistoleros más activos. Se cree que otro iba con él, pero habría escapado.

¿En qué punto estaba el conflicto? Inicialmente, los libreños partían con desventaja, por ello habrían sido cautos; sin embargo, se veían en disposición de crecer lo suficiente como para emprender acciones de guerrilla organizada. Lo de Baldrich no debía ser espontáneo. En el supuesto de que el cocinero del Royal asesinado dos días antes tuviera una sólida relación con el Libre, se podría entender esta agresión —y ya son dos suposiciones aventuradas— como una venganza. Pero eso es muy poco probable, habría explicaciones más congruentes, como la provocación: una estrategia para excitar la aversión hacia el Único entre sectores desafectos o indecisos, habiendo concebido que no descubrirían a Baldrich. Varios diarios presumían que el atentado era otra agresión cenetista: uno decía que en la fábrica de Royo no cotizaban; otro, que los obreros del ramo se habían separado del Único.10 Dos años después, el Libre, cuando pretendía arrogarse la unidad obrera en una posición más favorable, absorbió la representación de los sindicalistas del ramo del agua.11

Los encargados: Juan Casanovas

El 24 de julio disparan a mediodía en Gracia contra Juan Casanovas, un encargado de una fábrica de goma. Recibe dos tiros, uno le atraviesa el cuello, no sobrevivirá. Los agresores huyen, pero poco después un guardia detiene a un joven cenetista armado, Juan Balcells. Es uno de los centenares de sindicalistas que habían estado presos durante meses por orden gubernativa.12 Esto espolea a quienes exigen dureza en la represión, que se había suavizado con las liberaciones y el relevo del gobernador.

El gobernador Francisco Maestre (izquierda), conde de Salvatierra, aplicó una inflexible represión contra la CNT. Su sucesor, F. Carlos Bas (derecha), representaba una política más conciliadora

Una comision de encargados y directores de fábricas del ramo visitó el Gobierno Civil esa misma noche. Otros dos encargados de diferentes oficios habían sido asesinados entre el 14 y el 17 de julio, y otro había quedado malherido.13 Aunque no encontraron al gobernador, expusieron la tiranía del Único, su ruptura con este sindicato —ellos se situaban entre obreros y patrones, decían, y no se podían someter a los delegados— y las amenazas que habían recibido desde entonces. Por eso, afirmaban, iban a defenderse como fuera y algo más: «Estamos decididos a tomarnos la justicia por la mano aunque se hunda todo».14

El discurso coincidía con el que manejaba el Sindicato Libre, estaban en un frente común, pero esto no integraba a la comisión de encargados en el Libre, que aún se esforzaba en consolidarse como la fuerza opuesta al Único. Para lograrlo, el Libre interpretaba las circunstancias y, más que incidir en el componente ideológico, se ofrecía como una alternativa, una asociación abierta a los renuentes, disidentes y tiranizados por el sindicato dominante. Esa había sido su estrategia desde el principio, a estos se les ofrecía protección y una pretendida libertad. Así se leía en el manifiesto ¡A todos los trabajadores! que habían lanzado en noviembre:

«… dispuestos a todo y a establecer como norma de conducta, si no se nos respeta en nuestra Libertad, la ley de Talión, pero con ganancia para nosotros en el saldo. Si así lo prefieren, los hechos lo dirán. […]

Aquí se os defenderá contra todo y contra todos, y ¡ay! de aquel que directa o indirectamente ose tocar ni un cabello de nuestros adherentes».15

Los hechos confirmarán más tarde una violencia desatada con ganancia de saldo. Sin embargo, como muestra la escasísima atención que hasta entonces le dedicaban los medios, los renegados no les habían correspondido con una adhesión general. Eso era salir de un vasallaje para meterse en otro desconocido aún para la mayoría.

Ahora que habían pasado nueve meses desde la fundación del Libre, el gobernador Carlos Bas hacía unas declaraciones que mostraban la situación:

«Actualmente hay una lucha cruenta entre los sindicatos para ver quién recauda más, y de aquí derivan todos los atentados».16

A pesar de que la guerra abierta ya era reconocida por la prensa y las autoridades, no se mencionó al Libre por la muerte de Casanovas. Era la tarde del atentado cuando interpelaban al gobernador, pero sus palabras eran una consecuencia de sucesos anteriores. Tres días antes, la agresión contra obreros cenetistas de la fábrica Solé & Doménech —que había dejado cuatro heridos por disparos, uno de ellos grave— sí se había atribuido explícitamente al Libre. En la fábrica se daba una división entre obreros de uno y de otro sindicato, y los del Libre se habían aliado con la dirección, que proponía trabajar una hora más. En esta ocasión eran los cenetistas quienes denunciaban amenazas. En las inmediaciones de la fábrica destinaron una vigilancia de la Guardia Civil. Unos días después, un grupo de cenetistas que rondaba por allí —seguramente, buscando a los libreños y amparando a los suyos— se enzarzó en un tiroteo con los guardias. 17

En la fábrica Solé & Doménech de la calle Estévanez, en La Sagrera, tuvo lugar el primer conflicto reconocido en la prensa que enfrentaba a tiros a uno y otro sindicato. Fuente: AHPN

En el juicio al cenetista Balcells consta que Casanovas era delegado del sindicato de encargados.18 Baratech escribe que «Casanovas era quien llevaba personalmente los trabajos de aproximación de su Sindicato al Sindicato Libre».19 Aun reconociendo su pertenencia a otra organización, lo cuenta entre sus víctimas para engrosar su legitimación de guerra.

De Porta a Mirete: los crímenes de La Publicidad y el Pompeya

Baratech anota cinco mártires más antes de inaugurar la etapa de Martínez Anido en el Gobierno Civil: Porta, Llorens, Román, Mirete y Comes. El 11 de agosto muere de un balazo Pere Porta, dependiente de comercio y carlista como Ramón Sales. Gracias al análisis del suceso en el artículo de Marinello Bonnefoy, entendemos mejor lo que ocurrió. Como no podía ser menos, Baratech lo explica como la respuesta a un ataque anarquista previo. En este caso, la implicación de Porta en los hechos dependía más de su condición de somatenista que de su afiliación sindical. Porta no fue una víctima del terrorismo rojo, lo mató un sereno después de que él o su compañero Mediavilla ejecutaran al cenetista Manel Figuerola.

Titulares de La Publicidad, 09/09/1920 y 11/09/1920

Los días 8 y 10 de septiembre asesinan a dos impresores de La Publicidad, son José Román y Bruno Llorens, otro es gravemente herido en el primer suceso. El director de la cárcel, que pasaba por allí, también es alcanzado por una bala perdida. A Llorens lo matan con un punzón o una lima que le clavan en el pecho. Se cree que un grupo de acción anarcosindicalista es responsable de los crímenes. La Publicidad se llena de textos de apoyo a los «obreros libres», pero el calificativo no va acompañado nunca —a pesar de que la guerra entre sindicatos era bien conocida— del sustantivo «sindicato»… Tampoco hay ni una sola referencia a la organización de Sales.20 Lo que defienden los textos es la libertad de los no sindicados, ¡el antisindicalismo! Así lo explican El Diluvio y La Correspondencia de España:

«Los linotipistas Vilalta [sic] y Román no pertenecen al llamado Sindicato rojo, por cuyo motivo venían siendo objeto de repetidas amenazas de muerte».

«Como es sabido, ninguno de los obreros de La Publicidad están sindicados».21

La línea editorial de La Publicidad era conservadora y se distinguía por su crítica a los anarcosindicalistas. El diario había expulsado dos años atrás a todo el personal sindicado. Y José Villalta, herido en el primer atentado, ignoraba por qué habían disparado contra él:

«Con anterioridad no había sido amenazado ni requerido por nadie para que se asociase».22

Aunque es cierto que a veces se identifica o se confunde la expresión «trabajadores libres» o «los libres» con los miembros del sindicato —así se veía, por ejemplo, en un enfrentamiento entre cenetistas y libreños en la España Industrial, donde era dominante la afiliación al Libre—, la asimilación de los no sindicados con el adjetivo «libres» sirve en este caso a Baratech y a su sindicato —que tras los atentados trataba de promocionarse utilizando esa ambigüedad— para transformar el equívoco en una supuesta adhesión, repetida desde entonces, de las víctimas de La Publicidad. El fraude se reproduce luego con motivo del asesinato en noviembre del linotipista Victoriano Comes.23

Interior del music-hall Pompeya después de la explosión. Fuente: Nuevo Mundo, 17/09/1920

Un nuevo atentado provoca una gran conmoción poco después de los primeros asesinatos de La Publicidad. Pasados unos minutos de la medianoche del 13 de septiembre, una bomba en el music-hall Pompeya causa seis muertos y al menos quince heridos. Aunque las interpretaciones posteriores lo han entendido como la respuesta a los muertos de La Publicidad —por la supuesta adhesión al Libre, una tesis más probable vuelve a ser la provocación. La bomba se podía asociar a otros famosos atentados de impactante recuerdo en Barcelona: el del Liceo y el de la procesión del Corpus, que desencadenaron medidas represivas contra los anarquistas. A diferencia del primero, ahora las víctimas eran de clase obrera, algunas de la CNT. Tres mueren en la noche del atentado: José Vidal, trabajador de un modesto taller de carros de su padre en Sants; Félix Santagueda (o Santa Águeda), mozo de almacén; y Silverio Verdú, aserrador. Una mujer y otro hombre con lesiones graves fallecen a los pocos días: Sara Raboso y Rafael Izquierdo. La sexta víctima mortal, Antonio Serrano, fallece casi dos semanas más tarde. El plan siniestro cumple sus objetivos cuando se exige un golpe de mando autoritario contra el Único.24

Autoridades en la comitiva fúnebre de las víctimas del Pompeya. Fuente: Mundo Gráfico, 22/09/1920

Tiempo después, algunos indicios sobre la autoría apuntarán a Inocencio Feced, un saboteador y asesino que había entrado en la CNT y luego se puso a sueldo del Libre. En esta época debía disimular su infiltración colaborando con ambas organizaciones.25

En octubre aumenta la frecuencia de los llamados atentados sociales, la mayoría de veces no se descubre a los autores; también crecen los tiroteos entre los dos sindicatos, viene una escalada de violencia. A las seis de la tarde del 13 de octubre disparan a un obrero, Ginés Mirete, en la Torrassa de Hospitalet, cerca de su domicilio en la plaza Española. Muere en el acto. Él es la primera víctima confirmada del Libre que asesinan por un conflicto de trabajo. Había recibido amenazas por estar ocupado en una fábrica de La Bordeta mayoritariamente integrada por obreros del Único. Un compañero libreño de Mirete abandona su puesto poco después abrumado por las coacciones. Unos días más tarde, un grupo de pistoleros aplica su solución: se presentan allí y obligan a desocupar la fábrica; advierten que ningún trabajador vuelva hasta que todos estén inscritos en el Sindicato Libre.26

Miguel García … y Tomás Vives

4 de noviembre, un muerto y dos heridos en San Andrés. El fallecido es Miguel García Bayo, un mecánico de 19 años que trabajaba en La Maquinista. Él y los dos heridos, todos metalúrgicos, secundaban la huelga del sector. Se dieron diferentes versiones sobre lo ocurrido, pero se entendía que había sido una refriega entre sindicalistas y que los disparos que mataron al primero e hirieron a los otros debían de haber salido de un grupo de libreños. Aunque la familia de García dijo que no tenían noticia de que estuviera afiliado a ningún sindicato, los heridos declararon que los tres eran del Único. A continuación, La Publicidad —uno de los diarios menos sospechosos de favorecer a los cenetistas en esta guerra— apuntaba la siguiente información:

«Miguel García Bayo había pertenecido al Sindicato libre, del que era delegado, hasta que terminó el “lock-out”, ingresando después en el Sindicato único».27

Estas palabras no se recogen en otros diarios y hay que admitir que luego el texto es confuso. Los heridos Brugalla y Félix Fernández contaron que les habían disparado cuando perseguían a un joven que había atentado contra otro que estaba en el suelo, que debía de ser Miguel García. Todo esto a pesar de que entonces se infiere que Brugalla y Fernández no estaban con García, pero manifestaron que los tres eran del Único. Y si, como también se dice, este último no pudo declarar ante el juez «por su estado de suma gravedad», ¿quién aportaba los antecedentes de García como delegado del Libre?

Algunas incoherencias de las declaraciones de los heridos serían debidas a que intentaban ocultar que eran miembros de un grupo cenetista que ejercía coacción durante la huelga. Se decía que un par de horas antes se había registrado una agresión contra obreros metalúrgicos que acudían al trabajo y que por eso Brugalla, Fernández y García habían sido agredidos por los libreños. Es una posibilidad que se ve reforzada por el hecho de que Brugalla, que estaba grave por un balazo, pasó por la casa de un amigo antes de ir al dispensario, seguramente porque iba armado o intentaba desvincularse de los hechos. Brugalla explicaba que conocía a Fernández desde hacía solo tres semanas y que por casualidad se lo había encontrado poco antes de los tiros… Son datos que se suelen leer en las declaraciones de los detenidos por pertenecer a los grupos de acción. Y los tres eran muy jóvenes, algo también habitual en los grupos.

Ahora hay que explicar lo de Baratech, que dio una falsa versión de los hechos que lleva casi un siglo circulando como auténtica. No se le puede negar algún mérito. Como sabemos, escribió que la primera víctima mortal que sufrió el Sindicato había sido Tomás Vives. Este habría participado en la reunión fundacional y en ella sería nombrado delegado de San Andrés junto a Ruperto Lladó. Anteriormente se ha apuntado que los datos sobre Vives no se confirman y en este artículo se aportan otras dudas razonables acerca de las víctimas que exhibe la obra de Baratech, las primeras de su listado. Si la información sobre Miguel García revela que era delegado del Libre antes del lock-out, siendo obrero de La Maquinista en San Andrés, entonces podía serlo desde su fundación. Baratech solo cita a dos delegados por zona en la constitución de la primera junta: de San Andrés, si uno era Lladó, el otro —descartado Vives— quizás fuese Miguel García. También es posible que la información de La Publicidad fuera inexacta o que la posición de García estuviera subordinada a otros como Lladó o que se limitara al sector metalúrgico. Es improbable hallar una comprobación de este dato, aunque en su contra solo está la muy sesgada y manipuladora obra de Baratech.28 En una historia que no cuenta los asesinatos de los suyos, que trata de apropiarse de víctimas en el relato de los primeros meses del conflicto, no podía constar un joven asesinado por el Libre que había sido delegado antes de cambiar de bando. En plena Dictadura y con la potestad de reescribir los hechos, Tomás Vives sería la víctima perfecta: un encargado que se había desvinculado del Único, de quien se dice que era un hombre dialogante, que ofrecía un pacto de colaboración con los cenetistas, asesinado antes de que tantos murieran… Probablemente, Baratech aprovechó una idea del manifiesto libreño La verdad sobre el terrorismo (abril de 1923), que decía así:

«…los del Único decretaron lo que se llamó “el pacto del hambre”, boicot furibundo, condenando a muerte al que resistía su tiranía.

La primera víctima fue el presidente del Sindicato Textil de San Andrés, que murió asesinado, como también lo fueron los compañeros que primero formaron en las filas del Sindicato Libre, Capdevila, Borrás, Mirete, Porta, Jaime, Soler, Salvat y tantos otros como dieron su vida por la salvación de Cataluña».29

Lo anterior se debe leer con atención: el manifiesto no estaba incluyendo a Vives —de quien ni se cita el nombre, identificado como el presidente del Sindicato Textil de San Andrés— dentro de la organización del Libre, sino entre aquellos que no estaban adheridos al Único cuando este decretó el boicot contra los no asociados (esto sería el pacto del hambre). Precisamente, el texto distingue a Vives de los compañeros —para los autores— que primero integraron las filas del Libre; de estos, Porta iniciaba la cronología. Así que Baratech volvía a sacar provecho de una lectura ambigua.

Muerto Vives, tampoco podía desmentir lo que se escribía de él. ¿Y quién iba a hacerlo? Era inútil, además de algo peor en 1927. Al fin y al cabo, Vives era un encargado; para muchos obreristas, un lacayo de la patronal que se situaba enfrente en alianza con el Libre. Menos importaba lo de García, de quien La Publicidad había escrito esa incomprobable información pronto olvidada.

Último: senderos de gloria

La obra de Baratech es un montaje, un fraude. Si queda alguna duda de que este autor primorriverista construyó un falso relato a medida, probablemente auspiciado por Martínez Anido —cuya trayectoria de manipulaciones y montajes es conocida—, aún cabe citar algún documento publicado por el propio Sindicato Libre antes de la Dictadura que desmiente los datos de Baratech. En el artículo firmado en abril de 1921 por F. de P. Calderón (E. Rico Ariza) en el semanario libreño Unión Obrera, se lee lo siguiente:

«Mas, surgieron enseguida las primeras agresiones: El compañero Mirete fue la primera víctima de ellas, al caer asesinado por la espalda cuando salía del trabajo».30

Este testimonio, que concuerda con las notas del periodista católico Ramon Rucabado, revela la auténtica cronología de los atentados. Mirete fue la primera víctima del Libre cuyo asesinato es atribuible a una acción anarcosindicalista. Ni Vives ni Torres ni los de La Publicidad, etc. Mientras que la primera provocación del Libre comprobada pudo ser la de Baldrich contra los sindicalistas del ramo del agua allá por julio de 1920.

Sin embargo, a pesar de los hechos que se precisan, no hay que confundir las manifestaciones del conflicto con su causa o su origen. No es el propósito de este artículo situar un principio desencadenante de la hostilidad o concluir quién provocó o coaccionó antes. Seguramente, el Libre, compuesto de elementos complejos en torno a un núcleo de carlistas, no surgió como una mera creación de la patronal, pero entre esta y aquel se desarrollaron colaboraciones por una confluencia de intereses,31 lo ocurrido en la fábrica Solé & Doménech fue un ejemplo entre otros casos, así como hubo una relación de los libreños con el Somatén y con algunos empresarios. De esta manera, dos organizaciones de raíz distinta, la CNT y el Libre, cuya oposición se deducía de las declaraciones de principios, no era natural que establecieran un pacto en un contexto que recurría a la violencia como árbitro. Así lo entendía el orador y dirigente libreño Pedro Salvat cuando pronunció cierto discurso en un mitin en plena vorágine de la violencia, un par de meses antes de ser él mismo asesinado:

«…todas las organizaciones obreras del mundo se han impuesto por la fuerza, porque “somos una cuadrilla de ignorantes que no sabemos lo que nos conviene, y necesitamos que nos lo impongan”».32

Este modo de ver la situación había relegado toda alternativa. La estrategia del Libre de ganar adhesiones con la provocación y la identificación con disidentes y víctimas que señalaban la tiranía del rival mostró, dentro de un alcance limitado, alguna eficacia; pero la llegada de Martínez Anido al Gobierno Civil fue decisiva en el curso de los hechos que siguieron a los primeros enfrentamientos. Y lo ocurrido no debió dejarle a Baratech sosegada su católica conciencia cuando pensó que era conveniente reescribir la historia.

Notas

1. Baratech, Feliciano (1927): Los Sindicatos Libres de España. Su origen, su actuación, su ideario. Edición impresa en los talleres Cortel.

2. Es la información que aportan el director de la fábrica y el hermano de Vives: La Publicidad, 04/04/1920, p. 6.

3. La Vanguardia, 01/04/1920, p. 12, y 17/04/1920, p. 4.

4. Baratech, 1927: 201. El entierro y la protesta: La Publicidad, 07/04/1920, p. 3, o La Vanguardia, 07/04/1920, p. 7, y La Cruz, 16/04/1920, p. 2.Tampoco citan al Libre por este atentado J. M.ª Farré Moregó (1922: 239) y Ramon Rucabado (1925: 210).

5. En la reunión fundacional: «Vives, de San Andrés, manifiesta que ya hace tiempo quería haber salido del Único, por ser inhumano y contrario a sus ideales, pero no se había atrevido a ponerse al frente», Baratech (1927: 67-68). Luego se le nombra delegado de San Andrés junto a Ruperto Lladó y se dice que con él acude a una entrevista con delegados del Único «para ir de acuerdo con el mismo en cuantos asuntos se plantearan al proletariado y afectaran a las cuestiones económica y profesional» (1927: 73). Sería sensacional encontrar un testimonio de la entrevista por la otra parte, si es posible. Un problema es que Baratech no cita quiénes fueron los «varios delegados del Único» que habrían acudido. Luego reproduce el texto de una carta de Lladó en que se confirmaba el ofrecimiento del Libre (1927: 74) y que trasladaba a los cenetistas por medio de J. Puig (probablemente, Joan: http://www.veuobrera.org/index01.htm). Los cenetistas habrían rechazado la cordial propuesta y habrían tratado a Puig de cobarde y traidor. En la carta, fechada el 25 de marzo, figuran Lladó y Puig, pero no Vives. Este moriría poco más de una semana después, ¿por qué atentarían contra él y no contra Lladó? Baratech deja caer antes la exitosa labor de proselitismo de Vives: «De la casa Fabra, Tomás Vives había sindicado al ochenta por ciento del personal, a raíz del lock-out» (1927: 73). Es otro dato dudoso que trata de reforzar la motivación del atentado.

6. Al pie de la foto del general: «Excmo. Sr. Don Severiano Martínez Anido. Cuya Actuación en el Gobierno Civil de Barcelona, fue garantía de autoridad para las causas justas y de respeto para la vida de los ciudadanos», Baratech, 1927: 84.

7. La huelga y los despidos: El Diluvio, 16/05/1920, p. 15. Farré (1922: 241) anota que Juan Torres Vila pertenecía al Sindicato Libre y que fue asesinado a tiros el día 7. La información parece significativa, pero la obra de Farré incluye una buena cantidad de errores; por ello, cabría ver qué otras fuentes lo apoyan. Las noticias, en El Diluvio, 08/06/1920, y La Vanguardia, 08/06/1920, sitúan el suceso en la noche del 5, que sin duda es la fecha correcta, lo enterraron el 6. El primer diario recoge una detallada versión en la que el asesinato se comete a cuchilladas o a machetazos; el segundo, como la mayoría de medios, anota que murió por disparos y cita la afiliación de la víctima al Sindicato Profesional de Obreros Metalúrgicos, sin más. Esta última información se repite en otros diarios nacionales, pero El Liberal (08/06/1920, p. 3) y El Globo (09/06/1920, p. 2) dicen que la víctima era antisindicalista, mientras que el diario católico-monárquico El Norte (09/06/1920, p. 4) apunta que el sindicato de metalúrgicos era católico… Baratech —que también confunde la fecha— detalla los hechos según la versión de las cuchilladas y escribe que los cenetistas eran «conocidos» (1927: 201). Antes (1927: 76) afirma que mediante una campaña de propaganda habían logrado que se sumasen al sindicato «entidades ya consolidadas, como los Sindicatos de Mataró». Un nuevo dato que habría que comprobar por su muy oportuna correlación con la víctima. En la prensa no aparece la identificación de los agresores, que se dieron a la fuga.

8. La Publicidad, 07/07/1920, noche, p. 3.

9. «A sus desvelos y prestigio entre los trabajadores de su profesión se debió que los cocineros se dieran de baja en el Sindicato Único y constituyeran la organización profesional», Baratech (1927: 201). Lo que confirma su oposición al Único sin demostrar su vinculación con el Libre. En el entierro se cita una Sociedad Profesional de Cocineros y una Asociación de Fondistas: La Veu de Catalunya, 09/07/1920, p. 8. Algunos conflictos relacionados con la huelga de cocineros por aquellas fechas refuerzan la causa que explicaba la mujer de Purcet: El Diluvio, 26/05/1920, p. 9, y 08/06/1920, p. 8. Dos meses después, otro cocinero era agredido por no ingresar en el Sindicato de la Alimentación; el asunto seguía sin involucrar al Libre: La Publicidad, 10/09/1920, p. 11, o El Adelanto, 10/09/1920, p. 5.

10. La Publicidad, 10/07, p. 6,y La Veu de Catalunya, 09/07/1920, p. 8; pero no especulaba El Diluvio, 10/07, p. 9. Baratech (1927: 75-76) escribe sobre la escisión de los obreros del ramo: «A mediados de junio de 1920 finalizaban los trabajos de organización del llamado Ramo del Agua. […] el Sindicato Libre conquistó varios núcleos fuertes del Ramo». La tesis de la venganza aparece en León-Ignacio (1981: 130) y otros autores, pero implica no cuestionar a Baratech ni la situación en la CNT de los sindicalistas agredidos.

11. Una absorción que se quería presentar como fusión: La Correspondencia de España, 03/06/1922, p. 3; y la explicación de Baratech sobre este proceso (1927: 120-128). En cambio, más ecuánime: La Vanguardia, 03/06/1922, p. 20.

12. El dato lo aporta el propio gobernador Carlos Bas, que tiene cuidado en precisar que lo liberó el anterior en el mes de marzo: El Diluvio, 25/07/1920, p. 11, o La Vanguardia, 25/07/1920, p. 9. En otro dato falso, Baratech culpa a Bas, que era muy criticado por los anticenetistas: «…detenido gubernativamente por el conde de Salvatierra, y liberado por Bas pocos días antes del suceso» (1927: 202). Con esto se trata de justificar una durísima represión como la de su sucesor, Martínez Anido.

13. El Diluvio, 15/07/1920, p. 9, y 18/07/1920, p. 12.

14. «…estamos decididos a tomarnos la justicia por la mano aunque se hunda todo.

[…] pero últimamente estas amenazas se van realizando, y por ello estamos dispuestos a defendernos sea como sea», La Vanguardia, 25/07/1920, p. 9.

15. Baratech, 1927: 68-70.

16. La Vanguardia, 25/07/1920, p. 9.

17. La Vanguardia, 22/07/1920, p. 14, y El Diluvio, 25/07/1920, p. 11.

18. «… había pertenecido al Sindicato llamado único, del que se separó para ingresar en otro formado por los encargados de todas las fábricas, en el que fue el Casanovas nombrado delegado, cambio y distinción que inspiró a los del otro Sindicato propósitos de venganza», La Vanguardia, 06/07/1922, p. 8.

19. Baratech, 1927: 76 y 202.

20. La Publicidad, 09/09/1920, p. 1; 09/09/1920, p. 11; 10/09/1920, p. 7; 11/09/1920, p. 3.

21. El Diluvio, 10/09/1920, p. 10; La Correspondencia de España, 09/09/1920, p. 3.

22. La Atalaya, 09/09/1920, p. 3. Entra en una parcial contradicción con el texto de El Diluvio, nada infrecuente en la prensa de la época.

23. En el conflicto de la España Industrial se emplea la expresión «trabajadores libres»: La Correspondencia de España, 09/09/1920, p. 3. La ambigüedad con la que el Libre trataba de sacar partida de los atentados, en el texto «A la opinión»: La Vanguardia, 16/09/1920, p. 15. Reproducido por Baratech (1927: 81-83). En el entierro de Llorens, se anota la presencia de obreros del Libre, lo que se puede interpretar de varias maneras: El Diluvio, 16/09/1920, p. 8. Es posible que solo mostraran solidaridad o que hubiera un acercamiento o que se tratara de insinuar una relación entre trabajadores del diario y libreños después de los atentados, aunque el grupo de estos se distingue de los trabajadores de La Publicidad y de la casa Tayá. En el atentado a Victoriano Comes (a veces escrito «Comas») se cita un Sindicato de Artes Gráficas en Lérida disuelto y sin vinculación con otro: La Vanguardia, 04/11/1920, p. 16, y La Publicidad, 05/11/1920, p. 4. Dos semanas después de Comes, ya en el gobierno de Martínez Anido, asesinan al chófer de La Publicidad Valentín Otero. Tampoco se manifiesta una adhesión al Libre, aunque esta vez circulan rumores de una inmediata venganza de este sindicato en respuesta al atentado contra Otero: La Vanguardia, 21/11/1920, p. 11.

24. La Vanguardia, 14/09/1920, p. 6; El Diluvio, 15/09/1920, p. 8; El Diluvio, 17/09/1920, p. 11, y La Vanguardia, 28/09/1920, p. 4.

25. Un testigo identificó a «un individuo de aspecto raquítico»: La Vanguardia, 18/09/1920, p. 4. Feced, cuya complexión se ajustaba a la descripción —y al perfil de asesino—, sería detenido por otra causa un mes más tarde en un llamativo suceso que da alguna idea de su actividad: La Vanguardia, 23/10/1920 p. 6. Tras dictar su liberación por falta de pruebas en lo del Pompeya, lo mantuvieron en prisión algún tiempo respondiendo a otras acusaciones: La Publicidad, 20/08/1921, p. 3. Con posterioridad, Feced aportaría su controvertida versión sobre cómo se había asociado con el Libre y Martínez Anido; también, sobre la cantidad de dinero que habrían cobrado quienes pusieron la bomba del Pompeya, de la que no se responsabilizaba: El Liberal, 27/05/1931, p. 5. El cenetista Manent i Pesas (1976: 265-272), tras unas reveladoras conversaciones con pistoleros del Libre, confirmó que Feced pasó largo tiempo ocultando su deslealtad.

26. La Vanguardia, 15/10/1920, p. 6, y 20/10/1920, p. 8.

27. La Publicidad, 05/11/1920, noche, p. 4. Más adelante corrijo la ortografía del apellido Brugaya por Brugalla.

28. Toda la información que Baratech aporta sobre la primera junta es muy cuestionable. En ella se nombran dos delegados por zona y, sospechosamente, suele aparecer junto a un nombre en verdad relevante del sindicato otro que resulta ser una de las víctimas: Vives en San Andrés, Porta en Sans y Mirete en Hospitalet. Se trata de achacar a los cenetistas que habrían asesinado a representantes significados del Libre cuando, según se aduce, proponían una colaboración pacífica.

29. Baratech, 1927: 137.

30. Citado en Fernández (1982: 215), de Unión Obrera, 30/04/1921. También Rucabado (1925: 213) anota que con Mirete se identifica por primera vez a una víctima del Sindicato Libre.

31. Sobre los inicios del Libre antes de que se constituyera legalmente, ver el artículo de Soledad Bengoechea «La contrarrevolución en las calles de Barcelona durante la huelga de “La Canadiense”», disponible en https://catxipanda.tothistoria.cat/blog/2021/01/13/la-contrarrevolucion-en-las-calles-de-barcelona-durante-la-huelga-de-la-canadiense-por-soledad-bengoechea/.

32. Baratech, 1927: 103.

BIBLIOGRAFÍA

Baratech, Feliciano (1927): Los Sindicatos Libres de España. Su origen, su actuación, su ideario. Edición impresa en los talleres Cortel

Farré Moregó, J. M.ª (1922): Los atentados sociales en España. Casa Faure

Fernández Pérez, Antonio (1982): Los Sindicatos Libres en Catalunya, 1919-1923. Tesis inédita

León-Ignacio, Jacinto (1981): Los años del pistolerismo. Planeta

Manent i Pesas, Joan (1976): Records d’un sindicalista llibertari català, 1916-1943. Edicions Catalanes de París

Rucabado, Ramon (1925): Entorn del sindicalisme. Políglota

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