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La joven Amparo Poch: del feminismo católico al anarcofeminismo (1919-1932)

Corría el año 2021 cuando decidimos emprender la tarea de búsqueda y recopilación de la obra completa de Amparo Poch y Gascón (Zaragoza, 1902 – Toulouse, 1968), recientemente editada por Prensas de la Universidad de Zaragoza. Nos movió a ello el hallazgo de más de treinta artículos y poemas hasta entonces desconocidos.

La mayoría de los nuevos textos pertenecen a una jovencísima estudiante y periodista, lo que nos ha permitido reinterpretar los orígenes de su activismo e inquietudes sociales. Hasta ahora la habíamos imaginado militando abiertamente en el anarquismo y en el anarcosindicalismo, a comienzos de los años veinte, acudiendo a los sindicatos, charlas y mítines junto a compañeros universitarios y periodistas convencidos, como ella, por la Idea. Esta imagen se apoyaba en algunos testimonios recogidos por Antonina Rodrigo en Una mujer libre. Amparo Poch y Gascón, médica y anarquista (2002). 

Sin embargo, la prensa aragonesa del momento ofrece un panorama más complejo. En ella encontramos textos religiosos y patrióticos firmados por Poch, así como noticias que la ubican en asociaciones de mujeres y de estudiantes vinculadas al catolicismo social, donde llegó a ocupar cargos de responsabilidad.

En febrero de 1921, mientras cursaba Magisterio, era secretaria de la junta de la Congregación Mariana de Cultura Femenina, organización compuesta por un centenar de estudiantes de distintas instituciones zaragozanas (Universidad, Instituto, Escuela de Comercio y Escuela de Música). La congregación estaba adherida a la Confederación de Estudiantes Católicas, en cuya órbita se situaban entidades ligadas a los Sagrados Corazones, la Institución Teresiana y, en última instancia, Acción Católica de la Mujer.

Dos años más tarde, en enero de 1923, ya en el curso preparatorio de Medicina, participó en el Primer Congreso Nacional de Estudiantes, celebrado en la Facultad de Medicina de Zaragoza. Dominado por organizaciones católicas, declarado oficial por el Ministerio de Instrucción Pública y presidido honoríficamente por Alfonso XIII, el congreso tuvo especial importancia para ella, pues formó parte de la comisión de propaganda del comité organizador local, escribió varios artículos de prensa sobre el evento y obtuvo el primer premio en su certamen literario con un poema.

Portada del folleto informativo publicado para la ocasión

Ahora bien, el feminismo católico que encontramos en ella durante estos años es de carácter progresista, en el que asoman, entre otros rasgos, el pacifismo y una temprana sensibilidad hacia la cuestión obrera. Esto ha contribuido a hacer una lectura retrospectiva de sus primeros textos en clave anarcofeminista. La confusión es comprensible, no solo por las afinidades ideológicas mencionadas, sino también por un progresivo descenso de la producción escrita de Poch a partir de 1924, hasta su completa interrupción en 1928. La laguna documental dificulta seguir con precisión su evolución y nos obliga a movernos, para estos años decisivos, en el rango de la hipótesis.

Al respecto, pensamos que la doctrina social de la Iglesia en general y el feminismo católico en particular, comenzaron a resultarle insuficientes para sus aspiraciones de igualdad y justicia social; un proceso que iría acompañado de la pérdida de la fe. El viraje debió de producirse primero en su fuero interno, sin una traducción inmediata en su actividad pública. Porque, salvo indicios puntuales, la joven Amparo Poch parece adaptarse a unas circunstancias personales, familiares y sociopolíticas restrictivas, en que opta por la tutela y la defensa de los derechos de las mujeres sin adscripciones ideológicas explícitas.

Por un lado, conviene no perder de vista su entorno familiar. Procedía de un hogar muy tradicional: su padre, José, era militar; su madre, Simona, profundamente devota. Como han señalado Antonina Rodrigo (2002) y Concha Gómez (2022), Amparo Poch mantuvo buena relación con su madre y su hermano Fernando, pero las relaciones con su padre y sus hermanas fueron tensas. Dependiente de la autorización paterna para cursar estudios superiores, se vio obligada inicialmente a estudiar Magisterio en lugar de Medicina, considerada más «carrera de mujer». 

No resulta difícil imaginar el conflicto que suscitaría en el padre la evolución de su hija, quien, además de acceder finalmente a la carrera de Medicina, acabaría por convertirse en la oveja negra (y roja) de la familia. Al respecto, la novela Amor (1923) —la única novela escrita por Poch, incluida también en la Obra Completa— ofrece, pese a ser ficción, un valioso testimonio en clave autobiográfica, tal y como destacan algunas reseñas del libro publicadas en la prensa zaragozana con motivo de su edición. Nos interesa cómo refleja el conflicto entre la educación recibida y la irrupción de nuevas ideas. Habla Julio Montes, protagonista de la narración que se aproxima al anarquismo por influencia de los compañeros de redacción de una revista:

Una cosa rara me sucedía: cambiadas mis ideas y mis costumbres, muchas veces, en lo más hondo de mi ser se levantaba una pequeña nube. La nubecilla crecía y llenaba de confusión mis pensamientos, y luego se deshacía y resultaba mi educación anterior hecha de vulgaridades que caían pesadamente sobre mi educación moderna, de novedades absolutas. En estas ocasiones, cuando en mí despertaban los prejuicios, el «yo» que se ahogaba sin querer ahogarse, batallaba furioso para reclamar unos derechos muy suyos y mostrarme la nueva situación como incierto camino en cuyo fin no sabemos si está la boca del precipicio o la calma de los pinares.

Mis pensamientos recibían aires de renovación, era indudable. Sobre todo cuando escuchaba las palabras de Félix [joven director de la publicación, ácrata convencido] y le miraba sugestionado, comprendía que en mí se había operado un cambio radical.

En mi familia se produjo cierto revuelo; yo exponía ideas atrevidas y hablaba como nunca lo había hecho. Por vez primera mi padre se encerró conmigo en una habitación para sondear en mi alma; y tales confusiones debió encontrar en ella que, al final de la entrevista, con verdadera lástima y con un poco de severidad, me dijo:

—Mal vamos, Julio. Yo veré de dónde viene todo esto.

Me atreví yo a replicarle y le recordé mis veinte años que me daban derecho a pensar como quisiera. Le dije muchas cosas acerca de las libertades individuales, acerca de la inteligencia que debía orientarse según sus formas, sin trabas ridículas con disfraces de moralidad. Creí que mi padre pondría el broche de una serie de consejos y amenazas, pero con profundo asombro observé que se retiraba sin responderme, sin hacer un gesto, sin mirarme. No volvimos a conversar en este sentido, pero desde aquel día estableció una seria vigilancia alrededor de mi persona: examinaba repetidas veces mis libros, revolvía mis muebles, y un día llegó a romper el sobre de una carta que recibí y a enterarse, antes que yo, de su contenido. Muchas veces me lo encontraba en mis paseos; él se acercaba y saludaba a los amigos que iban conmigo, fijándose muy bien en todos. Unas veces me preguntaba: ¿Dónde vas? ¿Dónde has estado? Otras veces se cogía de mi brazo como nuevo compañero y ya no me soltaba hasta llegar a casa.

Un día fue a la Universidad y habló con todos los profesores…

La conducta de mi padre me produjo tremenda agitación. Él era las riendas y yo el caballo lanzado a la carrera, furioso. Fue un desacierto.

Poch y Gascón, A. (1923). Amor. Zaragoza, Tip. La Académica.

Por otro lado, hay que tener presente el contexto político. La CNT, tras una etapa de crecimiento, permaneció en Zaragoza en la clandestinidad durante buena parte de la década: entre 1920 y 1922, y de nuevo entre 1923 y 1930. Así pues, la participación de Poch en espacios libertarios habría sido necesariamente limitada. Además, acontecimientos como el asesinato del cardenal Soldevila (1923) por parte de pistoleros anarquistas o el golpe de Estado de Primo de Rivera ese mismo año coincidieron con el inicio de sus estudios de Medicina, que pasaron a ser su máxima prioridad. Este giro se vería reflejado también en la referida caída de su producción escrita, tras una intensa actividad en 1923 en que, además de editar su novela, venía colaborando regularmente en el semanario La Voz de la Región.

Durante estos años, Poch continúa viviendo en el hogar familiar, donde en 1929 abrirá su primera consulta médica. Solo tras su salida del domicilio, coincidiendo con su breve matrimonio con el periodista Gil Comín Gargallo en 1932, comienza a colaborar en publicaciones de orientación obrerista como los Cuadernos de Cultura o la revista Orto, dirigidas por el libertario Marín Civera. Y hasta su traslado a Madrid, en 1934, no tenemos constancia de su afiliación a la CNT, en concreto al Sindicato Único de Sanidad.

Ante este panorama incierto, lo único que podemos constatar es que en 1927 leía a Federica Montseny, a quien menciona en el artículo “Mujeres y Universidad», publicado en el diario regionalista y progresista La Voz de Aragón. Exceptuando la novela Amor (1923), es la primera vez que hace referencia en sus escritos a un anarquista, en este caso una anarquista, y en realidad lo hace de pasada, refiriéndose al estereotipo femenino de la «mujer sabia» encarnado en la protagonista de la novela La victoria (1925), llamada Clara, una mujer independiente considerada por Montseny “una doctora muy sabia, pero como un ser raro, sin sexo”. Para Amparo, la condición de mujer letrada no está reñida en absoluto con el amor y el sexo.

En definitiva, Amparo Poch. Obra Completa (1915-1964), además de poner a disposición del público el conjunto de su obra conocida, invita a revisar una imagen excesivamente lineal de su trayectoria. Frente a la representación de una militante anarquista precoz, proponemos poner en valor el camino complejo, gradual y difícil, que la llevó desde el feminismo católico hacia el anarcofeminismo.

Amparo Poch, en la mesa a la derecha, durante un acto de Mujeres Libres en Barcelona, c. 1937

Referencias

Gómez Cadenas, Concha. Ética, anarquismo y sexualidad en Amparo Poch y Gascón. Zaragoza: Prensa de la Universidad de Zaragoza, 2022.

Rodrigo, Antonina. Una mujer libre. Amparo Poch y Gascón, médica y anarquista. Barcelona: Flor del Viento Ediciones, 2002.

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