Una de las cosas buenas de las tardes de verano es que siempre invitan a la conversación, aunque estés trabajando. Horas en las cuales el calor parece retirarse ante la brisa del mar y que atesoras para cuando llegue el invierno las puedas desplegar en la memoria con toda su fuerza y luz.
Una de esas tardes estábamos conversando un compañero y yo sobre el anarquismo. ¿Qué huellas ha dejado en la vida cotidiana de las personas?
Mi amigo acababa de estar en Argentina en busca de parte de sus raíces. Un tío abuelo que se perdió entre las brumas del último año de la Guerra Civil y la primera postguerra. No llegó a aclarar mucho sobre el destino de su familiar cuyo rastro se iba perdiendo a medida que se acercaba a la Patagonia, por lo que mi amigo decidió dejarlo en paz, a él y los recuerdos. Sin embargo, aficionado como es a visitar las pastelerías allá donde vaya, volvió con una experiencia nueva.
La cuestión es que durante todo el viaje, un mes, no paró de comer facturas—es decir, bollería—anarquistas. Se ve que en Argentina hay toda una serie de dulces que son de origen anarquista —cañoncitos, bombas, vigilantes, jesuitas, sacramentos, bolas de fraile—. De hecho, cada cuatro de agosto se celebra el Día del Panadero en Argentina que se remonta a una fecha histórica—4 de agosto de 1887—que es cuando se creó la Sociedad Cosmopolita de Resistencia y Colocación de Obreros Panaderos, el primer sindicato obrero de panaderos. Dos de los animadores y culpables de tal sindicato eran los anarquistas italianos Ettore Mattei y Errico Malatesta. He de decir, ahora que estamos solos, que mi amigo de tanto acto revolucionario visitando confiterías engordó un poco.






Sentado ante un café solo que se iba enfriando a medida que pasaba el tiempo me dijo que pensaba que el hecho que en lo que se ha venido llamando España, con mayor o menor consenso, todas las organizaciones sociales y políticas—desde un sindicato, partido político pasando por una asociación de amigos del billar y acabando en una de modelismo—siempre reproduce la siguiente secuencia: la agrupación local, la federación—y algunas veces—la confederación. ¿Es una herencia del movimiento obrero libertario? ¿La Primera Internacional? No lo sabíamos.
Yo le comenté que la existencia del adjetivo cenetista sí que era una huella palpable en el lenguaje—más tarde, consultando el diccionario de la (Real) Academia descubrí que también existía ugetista, así que ejemplo no válido.
¿Y el dicho “tener más cojones que la Kasilda”, no lo era?—preguntó en voz alta mi amigo. Machista, cierto, pero después de todo ¿no era una referencia a la miliciana anarquista Soledad Casilda Hernáez Vargas (1914-1992)?, y aunque, en teoría, es un dicho que se circunscribe al barrio de Egia (Donostia) era un buen ejemplo.
En el País Valenciano en catalán hay el adjetivo ravatxol que se suele aplicar a un chico/a o niño/a travieso/a. ¿Hace falta decir que la palabra viene del anarquista francés Ravachol (François Claudius Koënigstein) (1859 – 1892)? Y seguimos en Francia ya que la expresión la bande à Bonnot que se aplica a un grupo de chavales indisciplinados toma el nombre del anarquista Jules Joseph Bonnot (1876 – 1912) y su grupo de atracadores. Y ya puestos a contar cosas resulta que quizás la influencia más grande del anarquismo es practicada diariamente por cientos de suecos a la hora de saludar.
La palabra hej, que quiere decir “hola”—también sirve para decir adiós, son prácticos los suecos—fue recuperada y utilizada en la Sociedad Gótica, fundada en 1811, que cultivaba el patriotismo y el amor a la cultura precristiana. Los miembros de la sociedad se saludaban con el saludo nórdico hej —en aquella época una excentricidad ya que desde que el primer evangelizador cristiano Ansgar puso los pies en la península escandinava, allá por el año ochocientos, se acabó el saludar así por ser un saludo pagano—. Los integrantes de la sociedad también se dedicaban a componer poesías, fomentar ediciones sobre la cultura nórdica y a beber vino o cerveza en cuernos —verídico, pero no deja de ser una caricatura—. Con el tiempo desapareció la sociedad y también el saludo. Fueron los anarquistas quienes recuperaron el saludo por considerarlo menos formal y conservador que el tradicional God dag —Buenos días— que se usaba normalmente. En los años 20 y 30 del siglo XX Suecia era una sociedad tremendamente clasista y el aire fresco que significaron los anarquistas con sus conferencias, sus panfletos y actitud desenfadada hizo popular el saludo hasta tal punto que hoy en día es el más usado en Suecia, y en toda Escandinavia. Y los culpables, los anarquistas.
Como dijo un patrón a un grupo de anarcosindicalistas mallorquines a finales del siglo pasado que le montaron un amago de huelga por egoísta, “siempre saltáis los anarquistas donde menos se os espera”.
Las tardes de verano son para eso, para conversar, reflexionar sobre todo y nada.
Texto extraído de: Humanitat Nova. Revista de Cultures Llibertàries(Mallorca), ISSN 2529-9948, 08 (2023), pp. 29-32.
Imagen de cabecera: cuerno con plata usado para beber (Suecia, s. XIX)

