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Contra la descalificación historiográfica de «Homenaje a Cataluña»

Una crítica al artículo de Paul Preston

El artículo de Paul Preston en Hispania Nova número 16 (2018) presentado bajo el título de “Engaños y errores en el Homenaje a Cataluña”, no es un análisis historiográfico neutral ni una reflexión metodológica honesta sobre el uso de memorias personales en la historia de la Guerra Civil española. Es, más bien, un ajuste de cuentas ideológico con una obra incómoda y con el lugar central que Homenaje a Cataluña ocupa en la crítica al estalinismo y a la contrarrevolución republicana de 1937.

Preston no discute a Orwell como testigo; intenta invalidarlo como fuente, y al hacerlo revela una concepción empobrecida, autoritaria y profundamente conservadora de la historiografía.

1. La falacia inicial: exigir a Orwell lo que nunca pretendió ser

El error metodológico básico del artículo de Preston consiste en juzgar una memoria personal como si fuese un tratado académico escrito a posteriori con acceso a archivos diplomáticos, militares y policiales. Orwell nunca ocultó el carácter limitado, fragmentario y subjetivo de su testimonio. Muy al contrario: lo explicitó desde las primeras páginas.

Refutar Homenaje a Cataluña por no ofrecer una visión global de la Guerra Civil es tan absurdo como criticar un diario de trincheras por no analizar la política exterior británica. Preston construye un hombre de paja historiográfico: atribuye a Orwell una pretensión de exhaustividad que nunca existió ni pretendió, para luego derribarla con superioridad y excelencia académica.

Esta operación no es inocente: sirve para deslegitimar el contenido político del testimonio, no para discutir su naturaleza.

2. El desprecio a la experiencia vivida como fuente histórica

Preston reduce sistemáticamente la experiencia directa de Orwell a “impresiones”, “malentendidos” y “opiniones sesgadas”. Con ello adopta una postura que roza el positivismo más vulgar, como si la historia sólo existiera cuando es sancionada por archivos estatales o por la mirada del historiador profesional décadas después.

Esta concepción niega el valor historiográfico de:

  1. las memorias,
  2. la historia oral,

3, los testimonios de militantes,

4. la percepción subjetiva de los procesos represivos.

Sin embargo, sin este tipo de fuentes no existiría una historia social ni una historia desde abajo de la Guerra Civil. El testimonio de Orwell vale precisamente porque estuvo allí, porque vio, vivió y padeció la represión contra el POUM, la disolución y destrucción de las milicias, la liquidación de la revolución social y la imposición del orden estalinista en Cataluña.

El problema para Preston no es que Orwell se equivoque en datos secundarios; es que acierta en lo esencial.

Por cierto, los errores factuales y conceptuales del artículo de Preston contra Orwell son numerosísimos, sobre todo cuando escribe sobre Antonio Martin y la Cerdanya, los comités revolucionarios, la “disolución del Comité de Defensa de Barcelona” o la Agrupación de los Amigos de Durruti, interpretando confusa y erróneamente los textos en que me cita.

Preston no entiende, y explica aún peor, el Decreto de creación del Cuerpo Único de Seguridad (el 4 de marzo de 1937) y la disolución de las Patrullas de Control (del 4 al 6 de junio de 1937), que ni siquiera sabe situar cronológicamente. Y eso es grave.

Dice Preston: la Generalitat disolvió el comité de defensa que controlaba la CNT y asumió el poder de disolver todos los comités locales de policía y de milicias. Los guardias de Asalto y de la GNR se fundieron en un único cuerpo de policía catalán a cuyos oficiales no se les permitió que fueran miembros de ningún partido político o sindicato. Diez días más tarde, el Gobierno central ordenó que todas las organizaciones proletarias, comités, patrullas y obreros entregasen sus armas. El proceso lo supervisó el consejero de Gobernación de la Generalitat Artemi Aiguader de la Esquerra”.

Sea como fuere, la Generalidad no disolvió “el comité de defensa que controlaba la CNT” porque no existía tal organismo. Los comités locales ya habían sido disueltos en octubre de 1936. Lo que hubo fueron unos decretos de creación del Cuerpo único de Seguridad, promulgados el 4 de marzo de 1937. Las patrullas de control no fueron disueltas diez días más tarde, sino el 6 de junio de 1937, algo más de tres meses después. Y así, hasta el hartazgo, pueden detallarse los errores e imprecisiones factuales y conceptuales de Preston. Pero Preston es un historiador y académico de prestigio.

3. Amago del problema central: la contrarrevolución estalinista

El artículo de Preston evita cuidadosamente enfrentarse al núcleo político de Homenaje a Cataluña: la denuncia de la represión estalinista en la retaguardia republicana, la criminalización del POUM, la persecución de anarquistas y la destrucción consciente del poder obrero surgido en julio de 1936.

En lugar de discutir este problema de fondo, Preston opta por:

A. relativizar los hechos,

  1. minimizarlos,
  2. diluirlos en un mar de “contextos complejos”,
  3. y acusar a Orwell de exageración o ingenuidad política.

No demuestra que Orwell mienta. Simplemente cambia el foco. Es una técnica clásica: cuando el testimonio es incómodo, se desacredita al testigo. Pero Preston es un historiador y académico de prestigio.

4. La omnisciencia retrospectiva como arma ideológica

Preston reprocha a Orwell no comprender el papel de las potencias fascistas, la no intervención, o las estrategias internacionales. Es un reproche profundamente deshonesto. Orwell escribe desde 1937–1938, no desde el despacho de un historiador del siglo XXI.

Esta exigencia de omnisciencia retrospectiva no es neutral: sirve para anular la validez política del testimonio inmediato, que es precisamente el más peligroso para los relatos oficiales. Orwell no analiza la guerra “desde arriba”; la observa desde la trinchera, el hospital, la persecución y la clandestinidad.

Preston, en cambio, escribe desde la comodidad del archivo, pero parece incapaz de comprender lo que significa vivir un proceso revolucionario y su derrota desde dentro, como hace Orwell. Pero Preston es un historiador y académico de prestigio.

5. La falsa neutralidad y el sesgo real

El artículo se presenta como una defensa de la “complejidad histórica” frente a la supuesta simplicidad de Orwell. En realidad, lo que hace es reproducir una versión normalizada, institucional y domesticada de la Guerra Civil, donde la revolución social es un inútil estorbo y la represión interna en el campo antifascista un daño colateral inevitable.

Preston acusa a Orwell de parcialidad, pero no reconoce la suya propia: una parcialidad a favor del orden republicano restaurado, de la legitimidad del aparato estatal y de la necesidad histórica de aplastar la revolución para ganar la guerra. Es la vieja tesis, reciclada con lenguaje académico.

Conclusión: por qué Orwell sigue siendo intolerable

El problema de Homenaje a Cataluña no es su falta de rigor, sino su exceso de honestidad. Orwell no disfraza la represión, no la justifica, no la relativiza. Y eso es lo que sigue resultando insoportable para una historiografía que pretende cerrar la Guerra Civil con una narrativa conciliadora y despolitizada.

El artículo de Preston no refuta a Orwell: intenta neutralizarlo. Y al hacerlo, revela más sobre los límites ideológicos de cierta historiografía académica que sobre los supuestos “errores” del escritor británico.

Homenaje a Cataluña no necesita ser defendido como un manual de historia. Basta con reconocerlo como lo que es: un testimonio lúcido, incómodo y políticamente peligroso sobre la derrota de una revolución. Y eso, casi noventa años después, sigue siendo imperdonable.

Entre Preston y Orwell yo no tengo ninguna duda; me quedo con Orwell.

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