Anarquismo Nacionalismos Opinión

De la infamia a la ignorancia y de la desmemoria al fraude [Antonio Gascón & Agustín Guillamón]

  1. Libro

Gascón, Antonio y Guillamón, Agustín: Nacionalistas contra anarquistas en la Cerdaña 1936-1938. Antonio Martin, la experiencia libertaria de Puigcerdá y el sagrado mito de Bellver. Ediciones Descontrol, Barcelona, 2018.

  1. Manifiesto

Manifiesto trapero de Puigcerdá

Combate por la Historia

El combate de los trabajadores por conocer su propia historia es uno, entre otros muchos más, de la guerra de clases en curso. No es puramente teórico, ni abstracto o banal, porque forma parte de la propia conciencia de clase, y se define como teorización de las experiencias históricas del proletariado internacional, y en España debe comprender, asimilar y apropiarse, inexcusablemente, las experiencias del movimiento anarcosindicalista en los años treinta.

Un fantasma amenaza a la ciencia histórica, el fantasma de la falsificación. La amnesia, pactada por los sindicatos y partidos políticos de la oposición democrática con los últimos gestores del Estado franquista a la muerte del dictador, fue otra derrota más del movimiento obrero en la Transición, que tuvo importantes consecuencias para la memoria histórica de la Dictadura Franquista y la Guerra Civil. La amnistía significó un borrón y cuenta nueva con el pasado. Ello imponía el olvido deliberado y “necesario” de toda la historia anterior a 1978. Era preciso reescribir una nueva Historia Oficial, puesto que la versión franquista y la antifranquista ya no servían al nuevo poder establecido, bajo una óptica superadora de los antagonismos que determinaron la Guerra civil española.

En la actualidad, abril de 2018, desvanecida de la memoria colectiva cualquier referencia conflictiva, antagónica, o que pusiera de manifiesto que la Guerra civil fue también una guerra de clases, ha culminado ya la tarea de su recuperación como episodio de la historia burguesa. Los mandarines de la Historia Oficial, minimizado, oculto e ignorado el carácter proletario y revolucionario de la Guerra civil, acometen la recuperación del pasado como relato de la formación y consolidación histórica de la democracia representativa, o en las autonomías históricas, como justificación de su constitución en nación.

Se arrebata a la clase obrera su protagonismo histórico, en beneficio de los nuevos mitos democráticos y nacionalistas de la burguesía que detenta el poder económico y político. CONSTATAMOS QUE LA MEMORIA HISTÓRICA ES UN CAMPO DE BATALLA DE LA LUCHA DE CLASES.

Las instituciones burguesas del aparato cultural del Estado siempre han controlado y utilizado la historia en su provecho, ocultando, ignorando o tergiversando los hechos que cuestionan o ponen en entredicho la dominación de clase, a lo cual se avienen gustosos, salvo raras y honrosas excepciones, la inmensa mayoría de académicos e historiadores profesionales.

En el actual estado de las investigaciones, el libro de Pous/Sabaté sobre Antonio Martín y la Guerra civil en la Cerdaña, así como la machacona repetición de sus tesis y afirmaciones por casi todos los historiadores que han tratado ese tema, es el ejemplo más destacado y extremo que ilustra la Historia Oficial de que se habla en este Manifiesto. LA HISTORIA OFICIAL ES LA HISTORIA DE CLASE DE LA BURGUESÍA.

La objetividad, como idea platónica, no existe en la realidad de una sociedad dividida en clases sociales. En el caso concreto de la Guerra civil, la Historia Oficial se caracteriza por su EXTRAORDINARIA ineptitud y su no menos EXTRAVAGANTE actitud. La INEPTITUD radica en su incapacidad absoluta para alcanzar, o siquiera intentarlo, un mínimo rigor científico. La ACTITUD viene dada por su consciente IGNORANCIA o NEGACIÓN de la existencia de un potentísimo movimiento revolucionario, mayoritariamente libertario, que condicionó, se quiera o no, todos los aspectos de la Guerra civil. Estos funcionarios de la burguesía, en el campo de la historia, incurren en diversas aberraciones intelectuales (aberrantes incluso desde una perspectiva burguesa):

EXALTAN Y ELOGIAN los métodos y la eficacia represiva de guardias de asalto y guardia civil (rebautizada Guardia Nacional Republicana) o de la policía política (Servicio de Información Militar o SIM). Quizás no son demasiado conscientes de que con ello están elogiando la tortura. Pero es éste un aspecto que, como ningún otro, delata la influencia de la perspectiva e intereses de clase en el trabajo histórico, porque ese elogio de la eficacia de la tortura y la represión policiaca y judicial republicana contra los revolucionarios, corre paralelo al horror mostrado ante la violencia de clase, desencadenada en julio de 1936 por los “incontrolados” contra la burguesía. Pueden ser especialistas en el tema de la violencia, contables eficientes de muertes violentas, que muestran sin embargo una total parcialidad cuando califican de “terror” anarquista o “eficacia” policíaca lo que no deja de ser siempre violencia de una clase contra otra. Sólo que para ellos la violencia obrera es terror, y en cambio, la violencia estatal o del SIM, del Partit Socialista Unificat de Catalunya (PSUC), de Esquera Republicana de Catalunya (ERC) y Estat Catalá es eficacia. No hay más razón que su perspectiva de clase. La violencia se mide por un doble rasero, según toma y daca de quien la ejerza o la sufra.

NIEGAN, aunque prefieren IGNORAR, porque resulta más cómodo, efectivo y elegante, la fuerza decisiva en la zona republicana de un movimiento revolucionario, mayoritariamente anarquista.

NIEGAN, o disminuyen hasta límites que falsifican los hechos, documentalmente probados, el enorme papel represivo, reaccionario y cómplice de la Iglesia Católica en el golpe de estado militar, y su participación activa en la preparación, desencadenamiento y bendición de la posterior represión fascista.

LAMENTAN que George Orwell escribiera un “maldito” libro que jamás debió leerse, y Ken Loach filmara una “horrorosa” película que jamás debió verse. Queremos lanzar una señal de ALARMA contra una creciente marea de historiadores revisionistas de la Guerra civil española.

ALARMA por la decidida falsificación de los hechos históricos de que hacen gala, pese a la documentación disponible. Los hechos mismos pasan a la clandestinidad y los documentos son ignorados, o malinterpretados. La historiografía sobre la Guerra civil ha pasado de ser una historia militante, hecha por protagonistas y testigos de la guerra civil, con todos los riesgos que ello supone, pero también con la pasión insustituible de quien no juega con palabras porque antes se ha jugado la vida, a ser una historia académica inepta y obsoleta, caracterizada por el disparate, la incomprensión e incluso el desprecio a los militantes y organizaciones del movimiento obrero.

ALARMA ante la creciente banalización de la Historia Oficial, y la metódica marginación de las investigaciones que ponen de relieve el decisivo papel histórico del movimiento obrero, por más rigurosas que sean. En realidad, existe una absoluta incapacidad por parte de los historiadores burgueses no ya para comprender, sino siquiera aceptar la existencia histórica de un movimiento revolucionario de masas en la España de 1936. Nos hallamos ante una historia negacionista del movimiento revolucionario que se desarrolló durante el período de la Guerra civil.

La Historia Oficial plantea la Guerra civil como una dicotomía entre fascismo y antifascismo, que facilita el consenso entre los historiadores académicos de izquierda y derecha, los nacional-catalanistas y los neoestalinistas que, todos juntos, coinciden en descargar el fracaso republicano en el radicalismo de anarquistas, poumistas y masas revolucionarias, que se convierten de este modo en la víctima propiciatoria común.

Con la ignorancia, omisión o minimización de las connotaciones proletarias y revolucionarias que caracterizaron el período republicano y la Guerra civil, la Historia Oficial consigue ponerlo todo del revés, de forma que sus principales popes se imponen la tarea de reescribirlo todo DE NUEVO, y consumar de este modo la expropiación de la memoria histórica, como un acto más del proceso de expropiación general de la clase trabajadora. Pues, a fin de cuentas, la historiografía académica es quien elabora la Historia. Si, al mismo tiempo que desaparece la generación que vivió la guerra, los libros y manuales de la Historia Oficial ignoran la existencia de un magnífico movimiento anarquista y revolucionario, dentro de diez años se atreverán a decir que ese movimiento NO HA EXISTIDO. Los mandarines creen firmemente que NUNCA ha existido aquello sobre lo que ELLOS no escriben: si la historia cuestiona el presente, la niegan.

La función de la historia revolucionaria consiste en mostrar que leyendas, libros y manuales engañan, que los políticos se enmascaran, que el poder ilusiona y que casi todos los historiadores burgueses mienten, falsifican, manipulan y se someten a la burocrática y clasista disciplina académica. Ante el creciente desprestigio de la profesión de historiador, y pese a las honrosas y sobresalientes excepciones existentes, Antonio Gascón y Agustín Guillamón, con el objetivo de evitar indeseables y desagradables confusiones, renunciamos al apelativo de historiadores; razón suficiente para reclamar la honesta actividad de coleccionistas de testimonios y papeles viejos: traperos de la historia.

Después de la derrota política (que no militar) de los anarquistas en mayo de 1937, en Barcelona y en toda Cataluña, la represión contra el movimiento libertario durante el verano de 1937 fue acompañada por una campaña de infamias, degradaciones, falacias, insultos y criminalización, que sustituyó la realidad social e histórica por una nueva realidad: la leyenda negra antilibertaria, que desde entonces se convirtió en la única explicación admisible, en la única historia vivida. Por primera vez en la historia una campaña de propaganda política sustituía la realidad de lo acaecido por una realidad inexistente, artificialmente construida. George Orwell, testigo y víctima de esa campaña denigrante de falsedades y demonización, llevó a sus novelas al omnipotente Gran Hermano. Los historiadores académicos podían reescribir el pasado una y otra vez, según los intereses sectarios y políticos de cada momento, las iras del dios que adorasen o el gusto y capricho del amo de turno. Como escribía en su novela 1984: “Quien controla el pasado controla el futuro. Quien controla el presente controla el pasado”.

La Sagrada Historia de la burguesía heredó, profundizó y completó desde el campo de la historiografía esa campaña difamatoria estalinista y republicana, que es necesario denunciar, criticar y destruir. La historia es un combate más de la guerra de clases en curso. A la historia de la burguesía oponemos la historia revolucionaria del proletariado. A las mentiras se las derrota con la verdad; a los mitos y a la leyenda negra con los archivos.

Hay una contradicción flagrante entre el oficio de recuperación de la memoria histórica, y la profesión de servidores de la Historia Oficial, que necesita olvidar y borrar la existencia en el pasado, y por lo tanto la posibilidad en el futuro, de un temible movimiento obrero revolucionario de masas. Esta contradicción entre el oficio y la profesión se resuelve mediante la ignorancia de aquello que saben o deberían saber; y eso les convierte en INÚTILES. La Historia Oficial pretende ser objetiva, imparcial y global. Pero se caracteriza por su incapacidad para reconocer el carácter clasista de su pretendida objetividad. Es necesariamente parcial, y no puede adoptar más perspectiva que la perspectiva de clase de la burguesía. Es necesariamente excluyente, y excluye del pasado, del futuro y del presente a la clase obrera. La Sociología Oficial insiste en convencernos que ya no existe la clase obrera, ni el proletariado, ni la lucha de clases; a la Historia Oficial le toca convencernos de que nunca existió. Un presente perpetuo, complaciente y acrítico banaliza el pasado y destruye la conciencia histórica.

Los historiadores de la burguesía tienen que reescribir el pasado, como lo hacía una y otra vez el Gran Hermano. Necesitan ocultar que la Guerra civil fue una guerra de clases. Quien controla el presente, controla el pasado, quien controla el pasado, decide el futuro. La Historia Oficial es la historia de la burguesía, y hoy tiene por misión mitificar los nacionalismos, la democracia y la economía de mercado, para convencernos de que son eternos, inmutables e inamovibles.

Antonio Gascón y Agustín Guillamón, impulsores de este Manifiesto, constituidos en Comité de Defensa de la Historia, declaran su beligerancia en este COMBATE POR LA HISTORIA. Por esta razón, y como hemos demostrado en el libro Nacionalistas contra anarquistas en la Cerdaña, publicado por Ediciones Descontrol,

DECLARAMOS PROBADO:

Que la represión de curas y derechistas en la Cerdaña desde el 20 de julio de 1936 hasta el 8 de septiembre de 1936 fue dirigida por el alcalde de Puigcerdá, Jaime Palau, militante de ERC.

Que la lista de los 21 ciudadanos derechistas de Puigcerdá “que debían ser eliminados” fue debatida y elaborada en el Casal de Esquerra Republicana de Cataluña, y su presidente Eliseo Font Morera “aprobó la lista de víctimas”. Las personas que figuraban en esa lista fueron detenidas y asesinadas en la noche del 9 de setiembre de 1936.

Que en la constitución del Consejo Administrativo del Pueblo de Puigcerdá del 20 de octubre de 1936, los anarquistas obligaron a que participase ERC con los dos protagonistas principales de la represión contra los derechistas: Jaime Palau y Eliseo Font.

Que ANTONIO MARTÍN ESCUDERO, el durruti de la Cerdaña, fue asesinado en el puente de Bellver, el 27 de abril de 1937, en una emboscada preparada por ERC y Estat Catalá. El asesinato se debía al férreo control ejercido por los anarquistas en la frontera, que perjudicaba el contrabando ejercido por estalinistas y nacionalistas.

Que, a partir del 10 de junio de 1937, tras la derrota política de los anarquistas en los Hechos de Mayo, les llegó el turno a los anarquistas. Siete libertarios fueron asesinados en La Serradora por estalinistas y nacionalistas. Se constituyó un Comité Ejecutivo, formado por estalinistas y nacionalistas, para coordinar y dirigir la represión antilibertaria en la Cerdaña. La represión y la difamación iban íntimamente unidas. La matanza del 9 de setiembre de 1936, todos los asesinatos cometidos en la comarca, todos los robos y crímenes encontraron un mismo chivo expiatorio y falso culpable: los anarquistas. De este modo se desviaba la autoría criminal de PSUC-ERC y se criminalizaba al enemigo de clase: los anarquistas.

Que la mayoría de los historiadores mienten, manipulan o falsifican, algunos de forma consciente, los más inconscientemente; está en la naturaleza y condición del oficio que les paga el sueldo. La Sagrada Historia de la burguesía es una falacia, construida para exculpar a nacionalistas y estalinistas de los desmanes de los primeros tiempos de la Revolución. Y un buen ejemplo es la vigente historiografía sobre Puigcerdá y la Cerdaña, que ha logrado ocultar, durante más de 80 años, que los protagonistas del golpe de 1934 fueron duramente represaliados por la derecha españolista en 1935; que esa represión provocó la participación vengativa de los golpistas catalanistas de 1934 en los abusos y arbitrariedades que, después de julio de 1936, siguieron a la derrota de los militares en Barcelona y el resto de Cataluña. Y en particular que más de uno de ellos o era miembro de Estat Catalá, o mayoritariamente miembros reconocidos de ERC, citados en la Causa General como responsables de las matanzas locales.

Que el mito de los fusilamientos masivos en la collada de Tosas, ordenados por el Comité de Puigcerdá, se desmorona ante la precisión y contundencia de un documento de la Causa General que concluye, una vez desenterrados y analizados los 26 cadáveres existentes, que eran en su mayoría personas muy jóvenes, identificados algunos como derechistas y desertores, abatidos por los carabineros al intentar cruzar la frontera. Ni comité, ni fusilamientos; carabineros y desertores, y en todo caso muertes ajenas a la problemática interna de la Cerdaña que no deben contabilizarse como fruto de los conflictos sociales y políticos de esa comarca.

Que a nadie se le debería escapar que la destrucción de la leyenda negra del anarquismo catalán en la Cerdaña, y muy concretamente de la fabulosa criminalización de Antonio Martín, efectuada irrefutablemente en nuestro libro sobre la Cerdaña, implica importantes consecuencias:

A. Las autoridades republicanas y estalinistas, en 1937, mintieron conscientemente, y conscientemente levantaron esa leyenda negra y denigratoria contra el anarquismo catalán. Fue una poderosa arma política contra la CNT-FAI, y además la mejor defensa posible a sus propios crímenes: atribuírselos a los anarquistas.

B. Los historiadores de la burguesía mienten y seleccionan sesgadamente la documentación existente en los archivos, y se convierten de este modo en herederos y continuadores de la campaña denigratoria de propaganda y difamación que consiguió, por primera vez en la historia, que la auténtica realidad social e histórica desapareciera y fuera sustituida por otra nueva realidad-ficción, inventada por esa campaña de propaganda e infamias.

C. Nacionalistas y estalinistas catalanes compartieron, en 1937-1938, de forma natural, civilizada y ética su radical racismo político respecto a los anarquistas, con confusos prejuicios étnicos, culturales, clasistas, ideológicos e idiomáticos. Los anarquistas eran degradados y deshumanizados, de modo que en el imaginario nacionalista y estalinista dejaban de ser personas para convertirse en bestias y alimañas, que bien podían y merecían sacrificarse en el altar de la patria. Como meses antes ya se había hecho con los derechistas españolistas.

D. Todos esos monstruos, asesinos en serie, vampiros y come curas que aparecieron como un virus inexplicable en toda Cataluña, y que la historiografía ha calificado como criminales, deben ser revisados. Todos los historiadores están bajo sospecha de parcialidad y sectarismo.

E. En el verano de 1937 la CNT dejó realmente de existir en la Cerdaña como organización. La brutal represión antilibertaria fue organizada por un Comité Ejecutivo en el que participaron Vicente Climent (PSUC), Juan Bayrán Clasli (PSUC), Joan Solé (alcalde de Bellver), un agente de Vigilancia llamado Samper y otro agente anónimo, pertenecientes ambos a Estat Catalá.

POR LO TANTO, CONCLUIMOS:

Que la historia es un combate más de la guerra de clases en curso. A la historia de la burguesía oponemos la historia revolucionaria del proletariado. A las mentiras se las derrota con la verdad; a los mitos y a la leyenda negra con los archivos.

Que la historia, como ciencia social, ya no es posible realizarla en las instituciones universitarias y académicas, donde los historiadores se transforman en funcionarios sometidos al poder y al orden establecido. La Historia honesta, científica y rigurosa, hoy, sólo es posible contra los historiadores académicos y al margen de las instituciones.

Que la Historia burguesa tiene por misión mitificar los nacionalismos, el totalitarismo democrático y la economía capitalista, para convencernos de que son eternos, inmutables e inamovibles. Un presente perpetuo, complaciente y acrítico banaliza el pasado y destruye la conciencia histórica. De la Historia Sagrada estamos pasando a la poshistoria. Posverdad es un neologismo que describe una situación cognitiva, frecuente hoy, en la que el informador crea opinión pública subordinando los hechos y la realidad a las emociones, los prejuicios, las ideologías, la propaganda, los intereses materiales y la política. Si algo aparenta ser cierto y además halaga la vanidad, o satisface emociones, al tiempo que fortalece prejuicios o identidad, merece ser verdadero. Una buena campaña publicitaria convierte la mentira, la estafa y las falsificaciones en una agradable y conveniente posverdad. La poshistoria deja de ser la narración e interpretación de los hechos sucedidos en el pasado para convertirse en la narración que plumíferos de todo pelaje e ideología fabrican para el mercado editorial, más allá de los hechos y de la realidad histórica, considerados ya como simbólicos, secundarios, prescindibles, perjudiciales o clandestinos.

POR LO TANTO, DEMANDAMOS:

Que los paneles informativos levantados en el puente de Bellver sean quitados o corregidos.

Que ERC asuma su responsabilidad en la matanza de Puigcerdá del 9-9-1936 y cese las infamias levantadas permanente y sistemáticamente por su organización contra los libertarios.

Que Pous/Solé reconozcan formalmente sus errores e insuficiencias, y los hagan públicos y notorios, por dignidad propia y porque es de justicia.

INICIAMOS la difusión de este texto con el objetivo de concienciar, eximir y librar a los libertarios del enorme perjuicio moral sufrido a causa de esa degradante campaña difamatoria, impulsada por estalinistas y nacionalistas.

No es posible ningún pacto ni colaboración con el enemigo de clase. Convocamos a esa necesaria minoría ácrata y rebelde armada de principios, aún sin patria ni banderas, sin dioses ni fronteras, sin dejaciones ni renuncias, a que se sumen a estas demandas, enviando sus adhesiones a este Manifiesto al COMITÉ DE DEFENSA DE LA HISTORIA, e-mail: chbalance@gmail.com

Antonio Gascón y Agustín Guillamón. Puigcerdá, 27 de abril de 2018

13 comentarios

  1. Comparto algunas de las ideas de fondo. Pienso que es positivo que se tenga presente que en parte de la Historia del nacionalismo catalán se constaten posicionamientos que, en la primera mitad del siglo XX, se puedan asociar a coqueteos con los fascismos entonces en pleno auge. Considero historiográficamente interesante y loable investigaciones como las planteadas sobre la Cerdeña y en desmoronar tantos mitos del nacionalismo.

    Personalmente tengo mi identidad, y seguramente está bastante cerca a la planteada por los autores del artículo. En el terreno nacional, considero a los nacionalismos un producto histórico, comunidades imaginadas que, en su gran mayoría, no han aportado nada positivo a la Historia humana. En pleno siglo XXI me siento una persona cosmopolita y no tengo un desarrollado sentimiento nacionalista, ni catalán, ni español, y tampoco de ningún otro lugar.

    Considero que en el siglo XXI aún es importante el plantear alternativas a las concienciasa nacionalistas que son, a día de hoy, el principal eje identitario en las sociedades del mundo de los estados-nación. Algo más de 200 años de procesos de nacionalización y perfeccionamiento de los mismos, entre otros factores históricos, explican esta hegemonía en el terreno identitario. Aún así, no me siento una persona “nacionalizada” y saludo, por ejemplo, con relativos buenos ojos planteamientos del siglo XXI que abogan por la superación de los estados-nación, como sería el caso del confederalismo democrático nacido en el Kurdistán.

    Aún así, creo que el artículo falla en varios temas. El salto que hace de los años ’30 a la actualidad es ignorante a los cambios y evolución de los llamados procesos de nacionalización. Y especialmente, creo que el tono, en sí mismo, más que ayudar a crear un debate, hace perder interés en el tema al público que, en teoría, va dirigido.

    Si el artículo va dirigido hacia personas críticas con los avances de los nacionalismos -en este sentido, algo de crítica al nacionalismo español tampoco creo que sobrase-, el artículo es autoreferencial, con lo cual, no tendría más significado que un mero ejercicio de reafirmación para quienes ya tienen una opinión formada del tema. Para quien tenga una identidad independentista fuerte y consolidada, este artículo será olvidado en el pozo de la propaganda “españolista” (típica simplificación) a descartar.

    Así pues, si planteamos que el artículo va dirigido a otras personas: ¿es positivo o negativo? No soy nadie para criticar lo bueno o malo del artículo, pero sí para dar mi opinión y crítica constructiva. Considero que para una persona en plena formación identitaria (especialmente habitual entre los y las jóvenes), en pleno nomadismo identitario, y que inclusive puede sentirse tanto heredero/a de la tradición libertaria como del nacionalismo catalán de base marxista, visible desde la segunda mitad del siglo XX y que hunde sus raíces o referencias en una mezcolanza de sectores libertarios moderados como Josep Llunas o del republicanismo federal más catalanista, por ejemplo el del congreso de 1883, casi una década anterior a las reaccionarias Bases de Manresa, podemos preguntarnos si el artículo tiene cierta utilidad. Muchos de los potenciales lectores estarán de acuerdo que lo de la Cerdaña fue una manipulación histórica de una parte del nacionalismo catalán, y que, en muchos sentidos, ni se sienten herederos/as, de igual modo que tampoco sienten suya la memoria de los hermanos Badia. Así pues, para esas personas con una doble identidad, fruto de la más pura normalidad (todo el mundo sigue su evolución identitaria), e inclusive para quienes sostienen y mantienen esa identidad anarco-indepe tras el paso de los años (que haberlos haylos), este artículo falla, por la sencilla razón que con argumentos como que “O anarco o independentista; las dos cosas a la vez sólo son posibles cuando se sufre una profunda esquizofrenia”, más que argumentos, son descalificaciones. Y eso es un error, porque guste o no en el siglo XXI, en Cataluña, existen personas con identidades flexibles, y no creo que sea efectivo ese tipo de argumentario, aunque comparta que el tema y el planteamiento de alternativas a lo hegemónico es más que nunca necesario.

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    1. El comentario de Fran nos parece no solo pertinente y adecuado, sino necesario y acertado. Sólo queremos dejar constancia de algunos matices, puntualizaciones y discrepancias menores, tan excitantes como pedagógicas:
      1. El salto que Fran señala entre los años treinta y la actualidad se salva cómoda y rápidamente en la propia web de SER HISTÓRICO, señalando la lectura complementaria de los artículos titulados Nació o classe y El procés és un Sidral
      2. Sobre la insuficiencia de una crítica del nacionalismo español, bastaría también con señalar esos dos artículos, ya citados en el punto 1.
      3. El artículo no se dirige ni a creyentes independentistas, formados en su fe y en sus dogmas; ni tampoco a adolescentes en búsqueda de identidad. Se limita a constatar la realidad del panorama actual y toma nota de las últimas aberraciones ideológicas, provocadas por el auge de la ideología nacionalista.
      4. El patriotismo es incompatible con los principios anarquistas más elementales: “ni dios, ni amo; ni patria, ni patrón”. Quien defiende una patria o una bandera nacional deja de ser anarquista en el mismo instante que alza esa bandera. No se trata de una descalificación gratuita por parte de un tercero, sino de una dejación de principios, o, si se quiere, de una renuncia y una abdicación. Los anarcopatriotas que ondean banderas, imponen nuevas fronteras y combaten por un Estado propio sólo son patriotas. Y sólo confunden a quien quiere ser confundido.
      5. Si algún adolescente en busca de identidad confunde catalanismo y anarquismo tenemos la obligación de informarle que no son compatibles, que es necesario elegir. Y elija lo que elija, debe entender que las dos cosas a la vez son incompatibles. Es un deber elemental de pedagogía y salud mental.
      6. A Fran nuestro tono le parece inadecuado. No nos importa el tono, sino el contenido. Creemos sinceramente que nuestro tono es adecuado al contenido que intentamos expresar y a la situación de sitiados en que nos encontramos.
      7. No creemos que las identidades sean flexibles. La Historia burguesa tiene por misión mitificar los nacionalismos, el totalitarismo democrático y la economía capitalista, para convencernos de que son eternos, inmutables e inamovibles. Un presente perpetuo, complaciente y acrítico banaliza el pasado y destruye la conciencia histórica. Sus recursos financieros, sus funcionarios universitarios y sus medios de propaganda son prácticamente ilimitados frente a nuestra absoluta precariedad. No tenemos más fortaleza ni recursos que nuestros principios. La defensa de los principios son las únicas armas de que disponemos. Fran parece contemplar un combate entre iguales, sin considerar la enorme desigualdad existente en la realidad social, económica e histórica en que vivimos.
      8. Compartimos con Fran la necesidad de plantear alternativas al pensamiento único y al nacionalismo hegemónico. Eso intentamos hacer, desde la defensa de los principios.
      9. No se trata de evolución de la identidad, o de búsqueda de la identidad, o de escoger entre una identidad independentista y otra ácrata, o bien de elegir una determinada mezcla “flexible” de identidad nacionalista e identidad ácrata, como parece proponer Fran. Se trata de ser o no ser; pero no en un sentido identitario, sino clasista: ser opresor o ser oprimido; ser sumiso o ser rebelde. Se trata de proponer un nuevo Estado o enfrentarse a cualquier Estado; disolver todas las fronteras, policías y ejércitos o implantar nuevas fronteras, policías “afines” y ejércitos “propios”.
      10. Es cierto que el artículo es autorreferencial. Es, sin duda, una reafirmación en los propios principios. Y como dice el primer párrafo del Manifiesto trapero de Puigcerdá: “El combate de los trabajadores por conocer su propia historia es uno, entre otros muchos más, de la guerra de clases en curso. No es puramente teórico, ni abstracto o banal, porque forma parte de la propia conciencia de clase, y se define como teorización de las experiencias históricas del proletariado internacional, y en España debe comprender, asimilar y apropiarse, inexcusablemente, las experiencias del movimiento anarcosindicalista en los años treinta”.
      11. Hoy por hoy no existe, en ninguna parte, una alternativa libertaria creíble, valiente e ilusionante, capaz de oponerse, ni siquiera verbalmente, al tsunami nacionalista, organizado piramidalmente desde el gobierno y los partidos independentistas, con la colaboración de destacadas personalidades e ilustres profesionales, directivos de empresas y las grandes asociaciones de masas nacionalistas. Jerarquizado, tecnificado y financiado Tsunami al que obedecen ciegamente todas las asambleas locales o de barrio de los CDR, militantes radicalizados de unos partidos independentistas demasiado pactistas, y demás compañeros de viaje, incluidos aquellos que aún se creen y autodenominan libertarios independentistas.
      El Tsunami es un movimiento anónimo y clandestino, bendecido desde la actual DeGeneralidad, que actúa desde la sombra y la impunidad. Fue creado para impulsar la desobediencia civil, que propugnan algunos políticos y organizaciones después del fracaso de la DUI. Ha conseguido una formidable institucionalización de la rebeldía de la pequeña y mediana burguesía (en peligro de proletarización), instrumentalizada por parte de la élite catalanista, que combina y suma recursos financieros y tecnológicos gubernamentales y empresariales con manifestaciones, revueltas y protestas callejeras “antisistema”. Las evidentes contradicciones de esa hábil y difícil combinación ponen en la cuerda floja al cuerpo de los mossos d´esquadra, y revienta costuras interclasistas con el plan de privatizaciones del actual vicepresidente Pere Aragonés, militante de ERC.
      La alternativa libertaria sólo puede aparecer y enraizarse en esa oposición a la Ley Aragonés, pero también en una tajante separación y delimitación respecto a cualquier Tsunami paramilitar, paraestatal, independentista, burgués y ajeno, patriota, piramidal y jerarquizado.

      Antonio Gascón y Agustín Guillamón, 31 de diciembre 2019

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      1. Entiendo parte de los comentarios y puedo suscribirlos perfectamente. Aunque creo que el tema es más complejo. Quisiera puntualizar que no fomento una identidad “flexible”, sencillamente constato que ahora en el presente, com ha ocurrido en el pasado, las identidades, especialmente las nacionales, pueden ser variables. El mismo Bakunin empezó siendo un activista paneslavista antes de abrazar el internacionalismo.

        Creo que el gran error del artículo, o más bien aspecto a mejorar, es el tono. Es evidente que quien escribe elige como comunicar, pero creo que en el contexto de flexibilidad o evolución identitaria, y si creemos que merece la pena demostrar que los nacionalismos son un problema más que una solución para un mundo mejor, utilizar afirmaciones que, básicamente, afirman que lo que sientes es una aberrración y posiblemente seas un esquizofrénico, más que ayudar, perjudican el crear alternativas a las formas identitarias nacionalistas, acordes con una sociedad clasista como es la capitalista. En el pasado fueron las identidades internacionalistas y cosmopolitas las alternativas, pero hoy en día son marginales.

        Y como puntualización, dentro de quienes se oponen a la ley Aragonés, hay bastantes personas que se adscribirían ideológicamente al independentismo más de izquierdas, es decir la CUP y organizaciones afines.

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        1. EL TONO
          El amigo Fran insiste en que el tono del artículo es inadecuado.
          Tal insistencia me ha hecho reflexionar. Fran dice que el tono utilizado no es adecuado “si creemos que merece la pena demostrar que los nacionalismos son un problema, más que una solución para un mundo mejor”. Fran piensa, pues, que nuestro articulo intenta demostrar algo a alguien, y ese alguien, al parecer, son los nacionalistas o los anarco-independentistas. Y, por eso, según Fran, el tono es inadecuado, porque poco o nada va a convencerse a alguien si se considera que su pensamiento es aberrante y además se le califica de esquizofrénico.
          Podríamos caer en la tentación de satisfacer a Fran y concederle el trueque de la palabra “aberrante” por “incoherente”, así como el cambio del término “esquizofrenia” por “confusión extrema”. Pero no, no vamos a hacerlo, entre otras cosas porque nuestro artículo no quiere convencer a nadie, ni dar satisfacción a nada.
          Nuestro artículo más bien pretende todo lo contrario: criticar, excluir, reafirmarse y delimitar un abismo entre ellos y nosotros.
          Nuestro artículo no se dirige a los anarco-independentistas, ni a algunos sectores más o menos afines de la CUP, ni a los adolescentes en busca de identidad, ni a los nacionalistas en busca de una unión sagrada en defensa de la patria. Sólo intenta alumbrar algo de claridad entre tanta oscuridad, oportunismo y confusionismo.
          De ahí, quizás, la desorientación de Fran sobre nuestro inadecuado tono, inflexible y sin capacidades proselitistas.
          Nuestro artículo se dirige solamente a los militantes anarquistas y anarcosindicalistas, y a sus organizaciones; a las de hoy, a las de mañana y también a las de ayer. Se dirige a un SER HISTÓRICO, que incluye a los militantes de hoy y de mañana, pero también a los que ya no están entre nosotros. Por eso, nuestro tono es adecuado, intransigente, altivo, duro, excluyente y no admite componendas, ni cesiones. Y, por ello, es fundamentalmente autorreferencial. No intenta convencer a nadie de nada, Es sólo, y nada más, y nada menos, que una reafirmación en los principios.
          Creo que, ahora, el amigo Fran entenderá por qué el tono usado en el artículo es el adecuado y no podía ser otro, más suave y flexible. Los principios son las únicas armas que tenemos en un mundo hostil, en el que predomina el confusionismo, la flexibilidad reverencial del espinazo y las renuncias. Y no podemos ir desarmados a las batallas que se avecinan; batallas de la misma guerra de clases de ayer, de hoy y de mañana.
          Nosotros somos quien somos, armados con nuestros principios; ellos que sean lo que quieran ser y que les vaya bonito, pero que no intenten confundirnos con su olla de grillos, sus ruidos y fanfarrias, su veneración a los sacrosantos jefes o presidentes, con sus mitos y mártires nacionalistas, de ayer, de hoy y de mañana; sus vivas a la patria y sus banderas, sus cantos de sirena y sus politiquerías.
          Nosotros a lo nuestro: “Ni dios, ni amo, ni Estado; ni patria, ni patrón”, porque, como dice el Manifiesto trapero de Puigcerdá: “No es posible ningún pacto ni colaboración con el enemigo de clase. Convocamos a esa necesaria minoría ácrata y rebelde armada de principios, aún sin patria ni banderas, sin dioses ni fronteras, sin dejaciones ni renuncias”.
          A esa minoría se dirige el artículo; a nadie más, y, por ello, el tono utilizado es el más adecuado que podíamos hallar.
          Antonio Gascón y Agustín Guillamón, 5 de enero de 2020.

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          1. Más allá del tono, que es un debate que no quiero continuar porque todo lo que se tenía que plantear por mi parte está hecho, me gustaría incidir a quien sí va dirigido el escrito. Dadas las respuestas planteadas por los compañeros, entiendo que es un escrito dirigido a lo que se podría denominar movimiento anarquista y anarcosindicalista. Así que, plantearé varias reflexiones para entender mi posicionamiento, el cual considera que el escrito original falla en varios aspectos (reconociendo igualmente aspectos más que acertados):

            Uno. En el seno del movimiento libertario he visto situaciones que se podrían cosiderar como incoherentes. Por ejemplo compañeros y compañeras de primera línea del sindicato, anarquistas y anarcosindicalistas confesos, reconocer que alguna o varias veces habían votado a candidaturas políticas.

            Dos. También he encontrado en organizaciones de base libertaria a compañeros y compañeras que se definen directamente como anarco-indepes o que tienen profundos sentimientos de simpatía por lo que se podría considerar el nacionalismo catalán.

            Tres. Igualmente he visto y escuchado a más de un compañero y compañera que se proclama anarquista, pero luego tener discursos identitarios cercanos a lo que se podría considerar como españolismo, seguramente de raíz republicana, pero españolismo al fin y al cabo.

            Con estos tres puntos constato algo que, personalmente, consideraría incoherente, pero en ningún caso me atrevería a calificar a esos compañeros como esquizofrénicos y demás, más aún cuando entramos en el terreno de las neurodivergencias y pienso también en los compañeros y compañeras que, en su momento militaron, o militan hoy en el ámbito de la antipsiquiatría y crítica a la sociedad que separa a personas entre cuerdas y locas.

            También me gustaría dejar en el aire la idea que, dentro de una organización anarcosindical tienen cabida personas obreras que, aunque no sean libertarias, puedan compartir los métodos de lucha del sindicato y no contravengan a sus principios y finalidades. Actualmente, por citar un caso y si no voy errado, la CGT en Catalunya roza los 20.000 afiliados. Os puedo asegurar que dentro del sindicato hay personas anarquistas y anarcosindicalistas, pero también personas que identitariamente se sienten parte de la Esquerra Independentista o de otras corrientes marxistas no nacionalistas catalanas. Y no veo donde reside el problema. Y eso que suelen existir debates agrios en estos temas, pero si pensamos en la Historia, el mismo Mijail Bakunin recomendaba a sus correligionarios de la Alianza de la Democracia Socialista en España que, en referencia a la Internacional como organización sindical, debía de tener abiertas sus puertas a toda la clase obrera, independientemente de su ideología, ya que consideraba que el contacto con las formas de organización libertarias acabarían transformando esas identidades y creencias.

            No me gustan los nacionalismos como concepto, en varios escritos planteados en este portal salen a relucir mis argumentaciones, pero la actitud frontista, la de ellos y nosotros, en este caso no es del todo útil. El anarquismo actualmente es un movimiento minoritario en el conjunto de la sociedad que nos rodea. Si pienso en los puntos antes planteados, la intencionalidad del artículo no ayudará a no “ir desarmados a las batallas que se avecinan; batallas de la misma guerra de clases de ayer, de hoy y de mañana”, porque si algo sobra en las filas libertarias son debates intestinos y frontistas, más aún cuando la realidad es más gris de lo que parece. Resultaría más útil superar el discurso del nacionalismo adaptando experiencias recientes en nuestro presente, como las de los kurdos turcos y sirios, que no en un “o con ellos o con nosotros”, que resulta maniqueo y hasta cierto punto simplista. No sé, Agustín y Antonio, pero no me seduce un discurso que ya de entrada piensa en una situación trágica, cuando afirma sobre el presente y futuro que existirá una “necesaria minoría ácrata y rebelde armada de principios”. No aspiro a ser minoría, y tampoco soy partidario de la existencia de “vanguardias revolucionarias”, un término usado por una parte del anarquismo históricamente, sí, pero para ser honestos, más propio del marxismo.

            Sobre el simplismo del análisis, de un profundo blanco y negro, quizá recordaría la lectura de Ruyman Rodríguez, de la FAGC, sobre los pasados disturbios en Barcelona tras la sentencia del Procés [https://kaosenlared.net/la-verdadera-barcelona-en-llamas/]. Veo más acertado su análisis, y más fructífero para superar el nacionalismo imperante, que plantear intransigencia y una “guerra” desde una Atalaya de pureza de principios.

            Finalmente, y es algo que me resulta curioso, ya que si una cosa admiro de los autores del artículo es el hecho que, por ejemplo, en el análisis del marxismo en España (y el mundo), especialmente del siglo XX, han planteado una gran diversidad dentro de una ideología como la marxista, y la cual, en un sentido de clase, es hermana de la libertaria, no entiendo que, por contra, se pueda analizar de forma tan cerrada un independentismo catalán que va más allá de los hermanos Badia y los precipicios que supuestamente nos separan.

            Para finalizar esta diatriba que se hace larga, y en consonancia con el último párrafo, pienso en amigos y amigas que empezaron a militar en la Esquerra Indepe y en su proceso y evolución hacia formas libertarias de pensar, hasta incluso renegar del nacionalismo, pero también pienso en los compañeros y compañeras anarquistas que, ante la escasa trascendencia en la conflictividad social del movimiento, a día de hoy son militantes de organizaciones nacionalistas. Y entre medio de unos y otros, una escala de grises de identidades y posicionamientos. A mi edad, camino de los 39 años, quizá me quedé aún bastante tiempo para la jubilación, y quizá entonces lo haga, pero repartir “carnets” del buen o mal anarquista, con 20 años lo hacía, pero a día de hoy no me atrevo a hacerlo.

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            1. Última respuesta e invitación a unas conclusiones

              1.
              Es evidente que no se trata de repartir carnets de buenos o malos. Ese es un argumento, mi querido Fran, que roza la parodia, y que no tiene más diana que la de ridiculizar al oponente en el debate. Es un argumento, si me lo permites, impropio de ti.
              Y esos jubilados, amigo Fran, que minusvaloras como repartidores de carnets de buenos y malos, son los mismos que han publicado un documentado y riguroso libro en el que demuestran que la matanza de 21 derechistas/fascistas en Puigcerdá, el 9 de septiembre de 1936, fueron elaborados y aprobados en el Casal de ERC, y que por eso mismo los nacionalistas levantaron una leyenda negra contra el anarquismo catalán, que ha durado más de ochenta años.
              La historia antilibertaria de estalinistas y nacionalistas era una pirámide invertida, que descansaba sobre su cumbre; y esos jubilados, amigo Fran, han conseguido con su esfuerzo, pese a los achaques de la edad, asentar esa pirámide sobre su base. ¿No es demasiado mezquino desmerecer la argumentación de quienquiera que sea por su edad?
              Sea como fuere, no hace falta jubilarse, tener la dentadura completa o ir en silla de ruedas para comprender que existen unos principios básicos que diferencian y definen el anarquismo y el anarcosindicalismo de lo que NO es anarquismo o anarcosindicalismo.

              2.
              Y esos principios ácratas, tan sencillos que caben en lemas tan breves como el “ni dios, ni patria, ni amo”, o bien, el “ni Estado, ni patrón”, son incompatibles con el programa mínimo del nacionalismo catalán:
              a. La lucha por la independencia de Cataluña.
              b. La fundación de un Estado catalán.
              c. La creación de una policía y un ejército “propios”.
              d. El sacrificio económico de todos los catalanes durante una década, o más, necesario para consolidar ese nuevo Estado, o bien, la propuesta Comín de hundir la economía española y la catalana como arma para obtener la independencia, cueste lo que cueste.
              e. La constitución de una comunidad nacional, mediante una unión sagrada de todas las clases sociales. A eso, los trabajadores solo pueden oponer la comunidad internacional de lucha contra un capitalismo salvaje y obsoleto.
              f. La consolidación del catalán como única lengua oficial.
              g. La promoción y subvención de fuertes empresas catalanas, capaces de competir en un mercado globalizado.
              h. La federación con el Departamento de los Pirineos Orientales, la Franja, Valencia y las Baleares para constituir el Estado del Països Catalans.
              i. Amnesia general y rehabilitación política de Pujol, Millet y demás delincuentes deshonorables y corruptos confesos. Paso al centro del escenario político del mesiánico Artur Mas.
              j. Etcétera, etcétera, etcétera

              3.
              Rasgo característico de nuestra sociedad son las mentiras sin respuestas efectivas posibles, ya que el pensamiento único y sectario dominante no permite ningún debate. Se vive y reflexiona desde un presente perpetuo, porque se pretende que el pasado no existe, ¡o que está pasado de moda! La consecuencia más útil para las élites y el aparato estatal es la ausencia de memoria histórica sobre la Guerra civil, o incluso sobre los hechos de hace pocos años, meses, semanas o días.
              Vivimos, en los últimos años, un inaudito auge del catalanismo, una invasión mediática todopoderosa de la ideología nacionalista (tanto españolista como catalanista) más simplona y una fiebre de patriotismo identitario, sin mesura ni control, que todo lo arrasa. No puedo repetir lo ya dicho en los artículos publicados en la web de SER HISTÓRICO, a saber “Nació o clase” y “El procés es un sidral”.
              Aparecen sonadas aberraciones de carácter oportunista, que no solo no son denunciadas por monstruosas, sino que a veces son bien acogidas y mejor publicitadas. Nacen desde ese presente perpetuo que ignora las luchas del pasado. Si alguien se denomina anarquista, libertario o anarcosindicalista hunde sus raíces en determinada historia, principios y ética. No vale todo. La ideología nacionalista no cabe en los principios ácratas, sino que más bien se contradicen y excluyen mutuamente.
              No existe aún una alternativa libertaria creíble, valiente e ilusionante, capaz de oponerse, ni siquiera verbalmente, al tsunami nacionalista, organizado piramidalmente desde el gobierno y los partidos independentistas, con la colaboración de destacadas personalidades e ilustres profesionales, directivos de empresas y las grandes asociaciones de masas nacionalistas. Jerarquizado, tecnificado y financiado Tsunami al que obedecen ciegamente todas las asambleas locales o de barrio de los CDR, militantes radicalizados de partidos independentistas (a los que consideran demasiado pactistas), y demás compañeros de viaje, incluidos aquellos que aún se creen y autodenominan libertarios independentistas.
              El Tsunami es una plataforma de comunicación de un movimiento nacionalista, bendecida desde la actual Degeneralidad, que actúa desde la sombra y la impunidad. Fue creada para impulsar la desobediencia civil, que propugnan algunos políticos y organizaciones después del fracaso de la DUI. Ha conseguido una formidable institucionalización de la rebeldía de la pequeña y mediana burguesía (en peligro de proletarización), instrumentalizada por parte de la élite catalanista, que combina y suma recursos financieros y tecnológicos gubernamentales y empresariales con manifestaciones, revueltas y protestas callejeras “antisistema”. Las evidentes contradicciones de esa hábil y difícil combinación de trapecistas ponen en la cuerda floja al cuerpo de los mossos d´esquadra, y revienta costuras interclasistas con el plan de privatizaciones del actual vicepresidente Pere Aragonés, militante de ERC.
              Pero, muy significativamente, el Tsunami Democràtic, que nada tiene que envidiar al Comité Central de cualquier partido estalinista, se autopresenta como un movimiento autónomo, autogestionario y asambleario, absolutamente independiente de cualquier partido, organización o gobierno. Todo ello es evidente y absolutamente falso.
              ¿Por qué el Tsunami necesita presentarse como un movimiento asambleario, cuando es evidente su organización jerárquica y piramidal, dependiente de la Degeneralidad, ANC, Òmnium, los sectores más radicales de los partidos catalanistas, CUP, TV3%, empresas pequeñas y medianas, profesionales y directivos de prestigio, más alguna multinacional de origen y vocación catalanista?
              Si contestamos esa pregunta, el Tsunami se derrite como un terrón de azúcar en el café: una plataforma de comunicación que organiza acciones masivas de desobediencia civil necesita presentarse como un movimiento autónomo, espontáneo, sin cabezas dirigentes, autogestionado y asambleario, con el objetivo de burlar cualquier posible investigación judicial y la consiguiente represión. ¿Se entiende el lamentable papel de tontos útiles que juegan aquí esos libertarios independentistas, vía CUP, como disfraz antiautoritario y acéfalo de una estructura estalinista, jerárquica y piramidal?
              Hay que elegir entre los homenajes al policía y torturador Miquel Badía y la adecuada comprensión de la militancia y peripecias del sindicalista Justo Bueno. Hay que elegir entre la memoria recuperada del líder libertario Antonio Martín, limpia de las infamias catalanistas y estalinistas, o sus asesinos nacionalistas, que inventaron la leyenda negra antilibertaria para ocultar sus propios crímenes. O anarco o independentista; las dos cosas a la vez sólo son posibles cuando se sufre una profunda esquizofrenia, se transige y convive con las contradicciones y el confusionismo más extremos, se tiene vocación de tonto útil, o se viven espejismos oportunistas. Y, en el mejor de los casos, es un error.
              Hay que escoger entre la aprobación de la Ley Aragonés o su derogación, porque esa Ley, pendiente de aprobación por el Parlament, pretende sentar las bases para la privatización de un sinfín de servicios sociales, sanitarios y educativos, que hoy son de gestión pública.
              En un santiamén podemos pasar del Tsunami nacionalista “contra LA sentencia” al Tsunami de las privatizaciones, gestionados ambos tsunamis por el mismo gobierno, en favor de empresas que participarán en las subastas del sector público, con el privilegio que conlleve la etiqueta de “empresa catalanista, colaboradora del Tsunami”, desde el sector farmacéutico al alimentario, del sector de la información al informático o inmobiliario, del sector sanitario al educativo.
              El vomitivo abrazo de David Fernández (de la CUP) con Artur Mas, un icono reaccionario de la oligarquía catalana, ya unió, hace años, la política antiobrera y represiva del gobierno Mas de la Generalidad con los antisistema, abducidos por el nacionalismo en una misma Patria. Así está el mundo de los “antisistema”.
              Ya lo dijo Orwell: “Quien controla el pasado controla el futuro. Quien controla el presente controla el pasado”.
              4.
              El nacionalismo es siempre reaccionario y excluyente. Y el nacionalismo catalán no menos que el español. Ambos, independentistas y fascistas de Vox, se retroalimentan y son incompatibles con una propuesta de trasformación social que respete la igualdad económica, la cohesión social y las diferencias culturales. Muchos dirigentes destacados del nacionalismo catalán no esconden la necesidad de destruir una comunidad real multilingüe y multicultural. Es necesario advertirlo ahora, antes de que los rasgos nacionales “auténticos” sean impuestos mediante procedimientos violentos. Antes de que el ejemplar pacifismo de masas trueque en comandos de acción.
              El movimiento nacionalista catalán forma parte del auge de los nacionalismos derechistas y xenófobos en todo el mundo, especialmente en Europa, incluido el Brexit. Es con estos, y no con las revueltas sociales de Chile, Francia, y otros lugares, donde debemos situar al independentismo catalán.

              5.
              Creo que el debate no da para más, so pena de aburrir al sufrido lector, razón por la que invito al amigo Fran a redactar, si lo cree necesario, unas conclusiones finales, o bien, un resumen objetivo del debate.

              Agustín Guillamón
              8 enero 2020

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              1. Amigo Agustín, no quiero disgustarle, pero no me veo haciendo un resumen o conclusiones de este debate, puesto que tengo una opinión formada y quisiera concluirlo, por mi parte, con unas breves apreciaciones.

                Sobre el tema de la vejez os pido disculpas. Pero al leer el fragmento de vuestro texto afirmando que: “¿A qué vienen ahora esos dos jubilados de Barcelona a decirnos que esas historias de asesinos anarquistas en la Cerdaña no son ciertas, con lo cómodas y nacionalistas que nos quedaban?”, pensé que era adecuado sacar el tema, utilizando a mi persona como ejemplo, y afirmando que lo que pensaba con 20 ha evolucionado cerca de los 40 y que quizá también lo haga cuando llegue, si es que llego, a una edad más elevada. La intención no era ridiculizar.
                De vuestra última intervención podría suscribir casi todo su contenido, aunque creo que la realidad es algo más compleja, pero el centro de la cuestión y la mayor parte de las palabras de las afirmaciones, como he mencionado, las suscribo.
                Como aportación, desde hace tiempo que se hace necesario mirar al pasado para entender planteamientos recientes. Antiguamente existía cierta diferenciación terminológica cuando se hacía referencia a la palabra cosmopolitismo y también a internacionalismo. La primera, en resumida cuentas, afirmaba que no existían las naciones, ya que únicamente existía una Humanidad. Mientras que la segunda palabra aportaba un interesante matiz: existían las naciones, pero pese a ellas se deseaba una hermandad universal, lo que llevaba, desde dos ópticas diferenciadas, a una conclusión común: superar los problemas derivados de las identidades nacionales. Bakunin inició su activismo bajo un prisma paneslavista que nunca dejó del todo de lado, Charles Malato, si no recuerdo mal, afirmaba que antes de la deseada fraternidad universal, sería necesaria la unión previa de las diferentes naciones de la humanidad… En fin, quizá por el olvido, pero hablando con diferentes personas que se sienten “anarquistas y nacionalistas”, en Catalunya identificados vulgarmente como “anarcoindepes”, o con personas de la CUP de los sectores más críticos, he tenido la sensación de estar debatiendo con un “internacionalista” que ha olvidado lo que significaba el término. Quizá por eso aún sea optimista y piense que aún las ideas de superación de la nación tienen oportunidades para crecer, más aún si propuestas actuales que recogen la herencia del internacionalismo y cosmopolitismo, como serían las derivadas del confederalismo democrático, o aquellas que desde América defienden la libertad de las comunidades indígenas, aportan matices con capacidad de ser adaptados a nuestra realidad.
                Finalmente, un último aporte que ayude a entender mis críticas al denominado “tono”. Soltar que una persona que defiende dichas ideas es esquizofrénica lo encuentro solo como ejemplo de ridiculización de un supuesto adversario, y no me gustó. Quizá porque tengo amigos que han sido diagnosticados con esquizofrenia, al igual también porque me considero una persona sensibilizada con las denominadas neurodivergencias, y especialmente porque uno de mis mejores amigos está diagnosticado, siendo una persona que pese a ello, tiene razonamientos políticos propios y siempre está abierto al debate. El comentario me pareció ofensivo y que no era adecuado.

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                1. ESQUIZOFRÉNICOS Y ESQUIFOFRÉNICOS FIGURATIVOS

                  Deseo expresar mi más absoluta solidaridad y respeto hacia aquellas personas diagnosticadas como esquizofrénicas.

                  Es evidente que la utilización de la palabra esquizofrenia en el artículo se refiere, en un sentido metafórico, a aquellas personas que sostienen una doble militancia anarco e independentista, al mismo tiempo. Es una incoherencia extrema y conflictiva, inaceptable.

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  2. Sorprende leer este parágrafo casi al inicio del artículo: “Un Justo Bueno, joven, locuaz, apuesto, elegante y audaz, visitó a Tísner en su despacho, para contarle todo lo sucedido y pedirle, acto seguido, un absoluto silencio”.

    No deja de ser chocante que los autores del artículo mencionen una serie de apelativos del todo subjetivos elogiantes hacia nuestro héroe, y en cambio se olviden de mencionar que la petición se realizo no con el poder de la palabra, sino con “la autoridad” y el poder que otorga tener una pistola cargada en la mano.

    Sin duda estamos más ante un artículo de opinión pensado en clave del presente, que no ante uno de análisis de unos hechos históricos.

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  3. El movimiento libertario ha cometido un error repetido hasta la saciedad: ocupar cargos en la estructura de Estado burgués: Partido Sindicalista, CNT-FAI en Gobiernos de la Generalitat y del Gobierno republicanos. El Estado te acaba fagocitando.

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  4. Un artículo “acorde” con los tiempos que corren: una gota de faire en una pila atascada con cuatro dedos de grasa en descomposición.

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  5. Tot i que segurament que no us convenceré, deixo aquí la meva opinió:

    • El Tsunami es anònim i funciona verticalment, d’acord. Però els CDR’s per exemple, no. Et poden agradar més o menys, però no van ser una estratègia del govern de la Generalitat, en tot cas van ser creats per gent de l’esquerra independendentista, o fins i tot alguns anarcoindependentistes (no necessàriament de la CUP) o gent que estava al 15M i que mai s’han declarat independentistes… Pel que ser depenent del lloc del CDR són d’una tendència o altre.

    • No es pot simplificar l’independentisme amb la definició de és “un movimiento burgés, financiado por empresarios…” En els dos nacionalismes hi ha empresaris, de fet les grans empreses, i la banca es mostren totalment contràries a la independència (Freixenet, Codorniu, El Grupo Planeta, Banc Sabadell), tenen una postura conservadora, com alguns revolucionaris, vaja… En tot cas l’empresa petita i part de la mitjana si que és més favorable a la independència.

    • A mi la independència tampoc crec que solucioni tots els nostres mals, i si es produís està clar que almenys als primers anys serien durs, perquè hi hauria una desinversió i un boicot per part de l’estat espanyol, ni tampoc seriem la “Suïssa d’Europa” com han dit alguns…. Però vaja, tampoc tinc una posició bel·ligerant respecte l’independentisme (a alguns personatges independentistes i partits, si), penso que també pot tenir aspectes positius com treure’s la monarquia de sobre, acabar amb certs privilegis i “casta” (si ser que també hi ha casta entre alguns independentistes), i si haig de protestar sempre tindré el govern més a prop i ja no tindran l’excusa de dir “Espanya ens roba”. Potser seria la millor manera d’acabar amb la febre nacionalista que dius…jeje

    • Per altre banda tampoc dieu res sobre el perquè d’aquest creixement independentista, jo no crec que tota la gent sigui idiota i segueixi el que diuen els polítics independentistes, hi ha motius de fons, que porten molts anys: si no s’haguessin carregat l’estatut del Maragall, no hi hagués hagut un discurs tan bel·ligerant respecte els catalans, la llengua i cultura catalana per part de l’estat i la majoria de mitjans de comunicació (que es crítica molt TV3, i si manipula, com tots, però és que TV3 és un sol canal), doncs els independentistes serien un 10% com fa uns pocs anys. Trobo a faltar un discurs sobre què fem amb les identitats, pobles, cultures, llengües, no solament dir “nacionalismo=burgesia/fascismo”. No crec que estimar la llengua que parles i no voler que acabi sent residual o que algun dia s’extingeixi, sigui nacionalisme, per exemple, potser a vosaltres us és igual perquè no us han dit mai “hablame en español”. I això no vol dir que a la gent li deixi d’importar que no l’explotin a la feina, o que no tingui consciència de classe.

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