Hace justamente 10 años ahora que la Doctora Soledad Bengoechea y yo trabajamos sobre un hecho no muy conocido hasta entonces que era una huelga de más de 15 días protagonizada única y exclusivamente por mujeres. Desde entonces se han hecho muchos trabajos sobre el mismo tema. He vuelto sobre este tema a principios de este mes de febrero de 2026 y he visto que el movimiento es mucho más poliédrico de lo que consideramos entonces. Hay muchos más hechos puntuales de los que aquí aparecen, pero creo que todos van en la misma dirección que los aquí expuestos y que no modifican la interpretación. Este texto es volver a visitar un proceso singular que no tengo noticias de que se haya repetido en la historia.
Mantengo el título nobiliario de los políticos que los tienen. Lo hago intencionadamente porque la nobleza ha seguido siendo un grupo de poder e influencia que se ha ido camuflando y “olvidando” sus títulos, aunque no sus intereses.
1. ¿Qué fue?
Esta movilización que en los últimos años se ha hecho muy popular, fue un movimiento de mujeres, exclusivamente de mujeres, que exigían que se rebajaran los precios de los productos básicos y de los alquileres. Empezó el 10 de enero con el escrito que una mujer, Amalia Alegre, colgó en un poste de su calle, la calle del Olm, que en aquel momento pertenecía al Distrito de Atarazanas y acabó el 25 de ese mismo mes de enero con la Declaración del Estado de Guerra en la ciudad. Al día siguiente El Diluvio, diario republicano de gran difusión, decía:
Serían aproximadamente las 10 de la mañana cuando una vecina de la mencionada calle [calle del Olm] fijó en una pared un escrito invitando a todas las ciudadanas del mencionado barrio de Atarazanas a que acudieran al Gobierno civil de la provincia en gran manifestación de protesta contra los exorbitantes precios de las subsistencias y la negativa de los carboneros a vender el carbón a precio de tasa.
El diario La Vanguardia de 25 de ese mes de enero informaba que estaban en huelga 1.750 hombres y 24.022 mujeres.

2. ¿Y eso?
Hay quien habla de agitadores extranjeros. Hay quien dice, la mayoría, que fue por el precio del carbón. Problemas con el carbón había. ¿Agitadores extranjeros? La verdad es que no hacían falta. Veamos el contexto:
a) El Mundo
El mundo estaba muy revuelto. Estaba la Primera Guerra Mundial que todo lo enredaba y en España también se padecían las consecuencias. El año anterior, 1917, fue un año terrible. La carestía de alimentos y productos de primera necesidad se hizo sentir en todos los países, fueran beligerantes o no. Las protestas en Alemania, Francia o Inglaterra fueron generales. De hecho, la Revolución rusa de febrero de 1917 tiene como causa directa la falta de pan y apenas se habla de que 27.000 soldados franceses desertaron en medio de motines y enfrentamientos. Las protestas y revueltas llegaron a Nueva Escocia. En Alemania hubo 660.00 personas en huelga, mientras las necesidades de la Guerra todo lo absorbían.
b) En nuestro país
La explicación fácil es decir que todo se enviaba fuera mientras se regateaban los productos para el consumo interno. Sin embargo, había otros problemas internos y peculiares que complicaban la situación.
El 10 de enero hacía poco más de medio año que el régimen había sobrevivido a una crisis que poco faltó para que no se lo llevara por delante. Oficiales y suboficiales se habían plantado y no obedecían al gobierno, se cerraron las Cortes y, a pesar de eso, algunos parlamentarios se reunieron en La Ciudadela en Barcelona, y UGT y CNT se unieron para declarar una huelga general la cual, eso sí, fue convenientemente reprimida por oficiales y suboficiales con la aprobación de los parlamentarios, tanto los que se rebelaron contra el cierre de las Cortes, como los que no. Es decir, estamos ante un Estado muy débil que lucha por hacerse obedecer.
España era neutral, pero yo no diría que fuera independiente, lo cierto es que no lo es porque necesitamos muchos recursos energéticos y materias primas y los países contendientes nos hacían chantaje. Además, todas las minas importantes españolas estaban en manos extranjeras, cierto que contaban con inversores españoles pero las decisiones se tomaban en otros países, es decir, se nos hacía muy difícil decir que no. Por otra parte, muchos de estos inversores nacionales están en el poder y sus decisiones quedan bajo sospecha por el conflicto de intereses. Pueden aprobar y aprueban, normativas que podían haber aliviado las condiciones materiales de la ciudadanía, pero cuando llega el momento de hacerlas cumplir, nos encontramos con demasiadas resistencias y, aunque ya en 1915 se ha creado una Junta de Subsistencias que fijó el precio máximo para los productos de primera necesidad, nadie ha hecho en menor caso.
En aquel momento en España existían muchas compañías ferroviarias pero dos compañías de ellas operaban en casi todo el territorio, la Compañía del Norte y la MZA y desde 1917 hay una huelga mal resuelta que se arrastra. En realidad, esa huelga de 1917 está en el origen del fracaso de la huelga general porque al declararse previamente, interfiere con los plazos acordados entre las dos sindicales. La Compañía del Norte ha despedido a 6.000 ferroviarios, encontramos convoyes parados en medio de la nada, trenes que no salen. Por ejemplo, un cargamento de huevos con destino a Barcelona desde Galicia. Además, cuando llegan, los comerciantes harán servir los vagones como almacén y estos no estarán disponibles en días, hasta que no los vayan a descargar.
Quizás pensemos que Galicia no quiere enviar huevos a Barcelona, pero lo que ocurre es que cada gobernador de cada provincia se comporta como un virrey y lo mismo pasa con el gobernador de Lérida que no permite que llegue a Barcelona un cargamento de patatas. ¿Y por qué? Pues porque la misma situación de penuria se vive en todas las provincias.
El 24 de enero la Cámara de Comercio y Navegación de Barcelona, que visita al gobernador, lo dice claramente, el problema exige una solución global y no local.

c) Barcelona
¡Ay, Barcelona! ¡La Rosa de Fuego! Continúa siendo la Rosa de Fuego. Aquello de los oficiales empezó aquí.
Desde hace un par de meses la CNT, que está viendo aumentar mucho la afiliación, ha multiplicado las huelgas y a principios de mes han metido el Comité Nacional en la cárcel, pero no se ha clausurado Solidaridad Obrera.
Aquel otoño la Liga Regionalista de Cambó, ha iniciado una campaña reclamando el estatuto y catalanistas y “unionistas” protagonizan peleas Rambla abajo cuando acaba el trabajo. Cosa seria porque aquellas semanas hay dos muertos.
Además, Barcelona es una de las ciudades más favorecidas económicamente por la guerra con pedidos importantes de ambos bandos, también es un núcleo de espionaje, ya están llegando emigrados rusos y la vida alegre y el derroche son distintivos de aquella Barcelona de la segunda década del siglo XX. Todo este conjunto implica la necesidad de mano de obra. La inmigración se ha disparado y, con ella, el precio de los alquileres que aumentan a un ritmo superior a los salarios, especialmente en los barrios obreros. Justamente el día 13 de ese enero se crea el Sindicato de Inquilinos que piden una rebaja del 50% en los alquileres.
Con estos antecedentes aparece el pasquín de Amalia Alegre, que tiene un éxito inesperado y rotundo. La primera manifestación, a las 11 de la mañana, llega hasta el Gobierno Civil y de allí las mujeres se van al Ayuntamiento. No encuentran obstáculos, nadie las para. En ambos lugares son recibidas y se les da la razón. Por la tarde repiten, ahora acompañadas de las criaturas y lo mismo, no pasa nada. Al día siguiente los precios no han cambiado y la escasez de los productos de primera necesidad continúa siendo la tónica.
d) Los hechos
A partir del día 10 las manifestaciones y mítines se reprodujeron todos los días al tiempo que la protesta ya no se limitaba al precio del carbón y se añadían todos los productos de primera necesidad. Las mujeres recorrían los barrios reclamando que se vendieran todos los productos al precio que fijaba la tasa y haciendo cerrar las fábricas para que las obreras se sumasen a la protesta. Asumiendo que el objeto de la protesta era una cuestión exclusivamente femenina, no permitieron que participase ningún hombre en ninguno de los actos que se hicieron. Esta es la característica que le confiere su carácter exclusivo, al menos en España y hasta donde hemos podido investigar.
Igualmente fue característico de esta protesta la voluntad de querer involucrar a todas las mujeres, fuera cual fuera su clase social y condición. A quienes primero se dirigieron fue a las bailarinas, cantantes y señoritas de “compañía” que trabajaban en las numerosas locales que existían en el Distrito de Atarazanas en aquel tiempo, especialmente en el Paralelo. Con una mentalidad un tanto moralista, consideraban aquellas mujeres que, si no había dinero para la comida y productos de primera necesidad, tampoco lo había de haber para los “vicios”. Igualmente obligaron a las criadas a dejar de hacer la compra para sus señores – el principal mercado de la ciudad, el de San José o la Boquería, se encuentra en el Distrito de Atarazanas, hoy Raval, y a él los burgueses enviaban sus criadas a comprar. Incluso una señora de la alta burguesía fue obligada a bajar del coche y unirse a la manifestación.

Además, se actúa contra los comerciantes y los tenderos. Muchos bajaran la persiana y se negaran a vender al precio oficial alegando que no tienen existencias. En muchos casos se registrará el establecimiento y, al comprobar que es mentira, se les obligará a venderlos al precio de tasa. Carros cargados de carbón fueron asaltados y la mercancía repartida y, ya el primer día, se dieron casos en que los productos no fueron pagados y se inculpó a las trabajadoras de los locales de ocio.
Enseguida se crearon comisiones que fueron a los barrios a buscar a las obreras de las fábricas más importantes: Sans, Gracia, San Martín… Constituían el centro de la producción textil donde la mano de obra femenina era mayoritaria. Eran barrios en los que las mujeres ya tenían experiencia en la lucha. Habían abandonado el trabajo en 1913, cuando el Sindicato del textil declaró el paro en demanda de mejores condiciones laborales y ellas habían contestado e, incluso, ya habían obligado a los hombres a marchar a lado y lado de las manifestaciones mientras ellas ocupaban el espacio mayor y más central porque, ellas, las obreras, eran la masa laboral mayoritaria del sector y en 1909, todavía poco estudiada, hicieron huelga las camiseras.
Ante esta situación, solo mujeres que gritan, la respuesta de la Guardia Civil y la policía es de un cierto desconcierto y un tanto de indecisión, no acaban de atreverse a hacer cargas duras. Las reclamaciones son muy comedidas, que se respete la tasa y no se estafe en el peso, que el carbón sea carbón seco y no contenga piedras ni tierra. Se habla con el gobernador y con el alcalde. Se improvisan mítines y, cuando la fuerza pública ya no los permita, las mujeres se irán y multiplicarán las reuniones en cualquier sitio con menos asistentes pero muchos más discursos. Se negocian los precios fijados, pero Solidaridad Obrera los considera un escarnio, lejos del alcance de las economías obreras. Al llegar el 13 de enero hay un salto cualitativo, las fuerzas de la Guardia Civil se acuartelan.
En ese momento el movimiento comienza a dividirse. Amalia Alegre, que ha sido la líder del primer momento, quien ha colgado el cartel origen formal de la revuelta y que, según parece, pertenecía al Partido Radical, empieza a ser cuestionada por el resto de huelguistas. Al mismo tiempo, ella y sus partidarias muestran su desacuerdo con el asalto a las tiendas que han dejado de ser actos esporádicos, travesuras de mujeres de vida alegre y son más frecuentes y están justificados e incluso animados desde las páginas de la Soli. Ella desaprueba cualquier acto de fuerza. Por tanto, a partir del día 13, hay un giro en este proceso.
Durante todos estos días ha habido más manifestaciones. La más importante salía de la calle del Om, donde se había colgado el pasquín llamando a la revuelta, y acostumbraba a llegar al Gobierno civil y a la Plaza San Jaime, sede del Ayuntamiento en busca de noticias sobre la tasa y a presionar a las autoridades al mismo tiempo que se denunciaban los abusos de los comerciantes que, mayoritariamente, rechazaban aplicar los precios oficiales. Otros grupos se reunían en Plaza España o en San Martín y se dirigían al mismo sitio. El día 14 se seguirá la misma rutina, pero esta vez, cuando la comisión se encuentra hablando con el gobernador, que ha salido de una reunión de la Junta de Subsistencias para atenderlas, otro grupo de mujeres entra en el Gobierno civil porque también quieren asistir a la reunión, como consecuencia del peso por el tamaño del grupo que se ha formado, la barandilla de la escalera cede y caen muchas mujeres e, incluso, algunas resultan heridas. Al mismo tiempo, otras que aguardan en el exterior se ven repelidas por la policía y algunas son detenidas.

Entre tanto desde Solidaridad Obrera hay quien reclama que las mercancías se cojan sin pagarlas. En ese momento al frente de la huelga ya hay mujeres más de izquierdas y anarquistas. Merecen especial atención Lola Ferré, Libertad Ródenas, la cual adquirirá especial relevancia durante la guerra civil y será una de las fundadoras de “Mujeres Libres”, y Rosario Dolcet quien, quizás en este momento, fuera la más capacitada de todas y que continuará trabajando dentro del sindicato sin que su labor haya sido especialmente reconocida. Serán ellas quienes considerarán insuficiente bajar los precios al nivel de la tasa y piden que en general han de caer al nivel que tenían al principio de la guerra y extenderán sus reivindicaciones a los alquileres exigiendo que bajen un 50%, coincidiendo con las reclamaciones del Sindicato de Inquilinos recientemente fundado.
Hay otros motivos para la radicalización, ya ha habido sangre por en medio. Hay mujeres detenidas y el movimiento no se limita a Barcelona. En Salamanca, San Sebastián, Valencia, Bilbao… también se han levantado en protesta por unas condiciones de vida que han empeorado notablemente desde el inicio del conflicto mundial y, sobre todo, está Málaga. Allí dos mujeres han muerto en enfrentamientos con la fuerza pública. Ya nadie las mira como mujeres inofensivas. El gobierno, que acaba de estrenarse, el rey ha destituido a Dato y en su lugar ha nombrado a Manuel García Prieto, Marqués de Alhucemas y considerado hombre de poco carácter, se decide a legislar sobre las subsistencias, aunque sus disposiciones están lejos de ser obedecidas.

En 1918 en Barcelona hablar de movimiento obrero es hablar de la CNT y el órgano de más difusión y voz del sindicato era Solidaridad Obrera, la Soli. Este medio tarda un par de días en darse cuenta de la importancia del fenómeno, pero una vez lo comprende, se pondrá decididamente al lado de las mujeres. Día a día las cabeceras del rotativo aumentarán de tamaño y serán siempre las mismas: “Las huelgas del hambre”. En un primer momento encontramos artículos bastante paternalistas que reflejan la mentalidad “protectora” del momento hacia la mujer. Así el día 17, un tal Manel Solé, en un escrito con dedicatoria, “Para la mujer obrera”, nos deja esta maravillosa muestra de solidaridad:
“La mujer, la que por su sexo es considerada como ser débil, está destinada a la procreación y perfeccionamiento de la raza humana. Pero hoy, obligada a permanecer encerrada en la fábrica, que son como presidios, no puede en verdad responder a sus fines”.
Es el reflejo de la mentalidad imperante, el trabajo productivo y remunerado de la mujer se percibía como una desgracia, una situación de la cual la mujer había de ser liberada tan pronto como la familia dispusiera de ingresos suficientes. Hay que saber esto para entender todo el movimiento. Afortunadamente los dirigentes iban un poco más lejos y, en el mismo número del día 17, hay una nota del Comité Confederal en la que hace una reflexión mucho más acertada sobre la situación, recogiendo las dificultades por las que pueden pasar algunos comerciantes y proponiendo una solución revolucionaria:
Como quiera que la guerra ha desorganizado el mundo industrial y comercial y el principio de autoridad ha sufrido un rudo golpe, pues ya ni en la fuerza, su último apoyo, tiene confían[za], hemos de prepararnos los sindicatos obreros para apoderarnos de la producción y distribuirnos los productos, lo propio que la propiedad individual ha de pasar a ser común.
Aún va más allá en el reconocimiento de la lucha de clase que llevan las mujeres al afirmar que su lucha es:
[…] acción directa y prolongan en España la gran revolución económica que se ha iniciado en Rusia y que alborea en la mayoría de las naciones de Europa.
Pocas veces el Comité de la CNT se mostrará tan decididamente entusiasta con la Revolución rusa, aunque aquí lo que más nos importa es el reconocimiento explícito que hace de las protestas que llevan a cabo las mujeres. Quizás es que tenían presente que habían sido las mujeres rusas las que el año anterior habían organizado la revuelta de febrero que acabó con el zarismo.
Como consecuencia de los acontecimientos ocurridos ese día 17, se oficializa la ruptura entre las dos tendencias que hay en el movimiento al tiempo que la represión se endurece. El primer toque de atención lo da el que la petición de la sala del Palacio de Bellas Artes para celebrar un mitin la tarde del 17, es denegada. El encuentro sí tendrá lugar, pero en “El Globo Cautivo” situado en el Salón (Paseo) de San Juan. No se permitirá la entrada de ningún hombre con excepción de los periodistas acreditados. La reunión fue presidida por Josefa Bernes, que, de acuerdo con El Diluvio del día siguiente, era propietaria de un taller de telares, no obstante, el protagonismo recae en las mujeres afines a la CNT y Amalia Alegre tan solo podrá defenderse de las acusaciones de “traidora y vendida”. Al acabar la reunión irá a la redacción de El Diluvio para comunicar que se retiraba del movimiento porque se utilizaba la violencia con la que no estaba de acuerdo, si bien después rectificó y la volvemos a encontrar en muchos más actos que casi siempre estaban organizados por el Partido Radical.
La publicación que escribe una crónica más larga del acto es La Soli la cual explica el desorden en los parlamentos, pero recoge algunos, como el de Roigé, que reclaman que las autoridades confisquen los comestibles que guardan los acaparadores o, amenaza, lo harán las mujeres mismas. Pese a su radicalismo, acaba cayendo en la mentalidad tradicional de la mujer débil porque acaba diciendo:
Si nos atropellan nuevamente, nuestros compañeros, nuestros hermanos, están prontos a salir a la calle en defensa de nuestra dignidad. Ellos esperan nuestro aviso.
Igual de radical y política se muestra Rosario Dolcet porque cree que los que aconsejan usar medios persuasivos están equivocados o, denuncia, pertenecen a algún partido político que quiere atribuirse la paternidad de la protesta. Pero la protesta es un hecho social de algo que afecta a todos por igual.
A pesar de la confusión que el periodista atribuye al desarrollo del acto, acaban llegando a unas conclusiones que se aprueban por unanimidad y que son las siguientes:
“Ante la incapacidad de las autoridades y de la Junta de Subsistencias, pedimos:
1º Que los artículos de primera necesidad se den al mismo precio que estaban antes de la guerra para poder resolver el problema económico que tan directamente afecta a la clase trabajadora.
2º Ante los injustificados aumentos en los alquileres de las casas para obreros, éstos piden que se rebajen un ¿50?% [No se lee bien]
3º Que ante el desbarajuste que existe en los transportes, una de las principales causas de las subidas de las subsistencias, que el gobierno obligue a las Compañías ferroviarias a la reposición de los 6.000 obreros despedidos» [Ya hemos hablado de la huelga ferroviaria que se va reproduciendo durante estos años de forma periódica y que alcanza uno de sus puntos álgidos en agosto de 1917, por lo tanto, no había pasado ni medio año.]
Parecería que el mitin se acababa aquí, pero una tercera parte de las asistentes permanecen en el Salón y añaden un nuevo párrafo:
Que sean destituidos de sus cargos el gobernador civil de Barcelona y el inspector de policía Bravo Portillo, autores de los atropellos contra mujeres indefensas [nuevamente la trampa de jugar a ser débiles] se han cometido estos días.
Porque desde hacía un par de días ya hay cargas contra las manifestantes o aquellas que se reúnen para escuchar un discurso o un mitin improvisado. Bravo Portillo es el encargado de esa labor, labor que ejecuta con entusiasmo. Bravo Portillo era un viejo conocido de los sindicalistas, espía alemán, listo, rumboso y grosero. Su complicidad en el hundimiento del Joaquín Mumbrú, mercante español que acababa de ser torpedeado por la marina alemana esos días y en el que morirán todos los tripulantes, la demostrará Pestaña ese mes de mayo. Morirá Bravo en el otoño de 1919 en un atentado del que no se pudo culpar a nadie y del que todos los cenetistas se alegraron.
A partir de esa fecha el movimiento tomará un rumbo mucho más radical mientras las autoridades también modifican su actitud. Por un lado, la Junta de Subsistencia publicará el día 18, el día siguiente al mitin, los precios obligados para los productos de primera necesidad, aunque no fueron del gusto de nadie. Por su parte las nuevas líderes de la protesta presentaron aquellos que consideraban justos y que eran muy inferiores. Los propietarios, comerciantes, los burgueses en general, a su vez reclamaron aquello que más aprecian: el orden. También ellos visitaron al gobernador para entregarle sus reclamaciones y sus manifiestos. El 22 de enero La Vanguardia publica la exposición que la Sociedad de Comerciantes en Carbón Mineral ha dirigido al Ministro de Fomento. En ella niegan la existencia de acaparadores porque tampoco hay proveedores. Cinco días más tarde el Instituto Agrícola Catalán de Sant Isidro, que agrupaba a los grandes terratenientes de Cataluña, declara que no se puede vender por debajo del precio de coste, haciendo referencia a los rumores del aumento del pan que corrían.
Incluso el obispo interviene publicando una pastoral el día 23, fijando la atención en el padecimiento de la población por la carestía de los alimentos y el aumento de los precios.
El 24 de enero el señor Auñón, Marqués de Pilares, el gobernador, fue destituido y le substituirá provisionalmente, el Sr. Prats hasta la llegada del nuevo gobernador, González Rowthos. El día anterior, 23 de enero, Lola Ferré, anarquista, consiguió hablar en un mitin improvisado al lado de la plaza de toros de la Monumental ante 4.000 mujeres, iba a ser desahuciada al día siguiente, le habían subido el alquiler de 3 pesetas a 13. Al día siguiente, 24, una multitud estaba delante de la casa de Lola Ferré para impedir el cumplimiento de la orden judicial y convirtiéndose en un precedente de la actual PAH. Era mucho más de lo que la burguesía y gente de orden estaba dispuesta a soportar, por eso el día 26 el gobierno declaró el estado de guerra en Barcelona y el Capitán General, José Barraquer tomó el mando de la ciudad al tiempo que un escuadrón especialmente enviado para la ocasión se desplegaba por las calles. No era un hecho excepcional, como las golondrinas que vuelven todos los años, todos los años, en algún momento en Barcelona se declaraba el estado de guerra.

CONCLUSIONES
La situación de una guerra mundial es el hecho internacional que impulsa este movimiento. Ni Barcelona ni España fueron tan diferentes del resto del mundo. No estábamos en guerra, éramos neutrales, pero sufrimos las fluctuaciones políticas y económicas de los dos bandos. Las quejas, que estudiamos, muy centradas en los 15 días de la movilización, vienen como mínimo de 1915 y han sido la causa fundamental de dos huelgas generales, una en diciembre de 1916 y la huelga general de 1917.
Es cierto que España no lo tenía fácil para amortiguar los efectos de la contienda en nuestro país, es cierto que pronto se toman disposiciones para regular el mercado, en 1915 ya se crea la Junta de Subsistencias, pero aún es más verdad que el régimen de la Restauración estaba agotado, era incapaz de hacer frente a los nuevos desafíos, todavía más en una situación de guerra. Las autoridades carecen de autoridad, de aquí la represión. Pensemos en Mineápolis. A pesar del uso de la fuerza, los conflictos son constantes y cada vez más graves y demasiado a menudo acaban de forma fatídica, los muertos de Las Ramblas. La cuestión de fondo, la razón estructural es que, aunque desde 1891 hay sufragio universal masculino, las elecciones se deciden en Madrid, en el Ministerio de Gobernación y son falsas salvando algunas ciudades grandes como Barcelona, Madrid o Valencia… Es decir, estamos ante un régimen ilegítimo.
La acumulación de riqueza que implicó la Iª Guerra Mundial y que es real pues con la acumulación de divisas y oro de esa época, la República consiguió comprar armas para defenderse, no supuso una mejora significativa de la vida de la mayoría de la gente, el incremento desorbitado de los precios en todos los productos básicos lo impidió cuando, paralelamente, la llegada de un número significativo de inmigrantes agravó el problema de la vivienda mientras se hacía exhibición de un lujo obsceno por parte de las clases privilegiadas.
La movilización responde a una situación que se arrastra en el tiempo y que ya ha sido causa de dos paros. Casi siempre se interpreta esta huelga como feminista y de clase. Ya hace 10 años que hice esta investigación y llevo desde entonces dando vueltas a lo que fue, qué significó. Las impulsoras fueron Amalia Alegre y María Marín, de ambas se dice que militaban en el Partido Radical. No hay pruebas de la afiliación de Amalia Alegre, sí las hay de María Marín. María Marín era feminista y muy activa en los círculos feministas del momento, redactora del periódico fundado por Ángeles Pérez de Ayala en Gracia, El Gladiador del Librepensamiento. Marín llegó a decir que su intención era hacer visibles a las mujeres para conseguir mejoras en su vida, pero que se le fue de las manos, ella pretendía un movilización menos radicalizada, pero más constante en el tiempo. Por tanto, esto le resta una buena parte de la espontaneidad que se le atribuye y que se le volverá en contra cuando en el proceso irrumpan mujeres obreras y anarquistas y se produzca una escisión. De todas maneras, esta separación no impide que continúen organizando actos en los locales del Partido Radical a los que acuden simpatizantes o afiliados de esa formación precisamente en un momento en el que ese partido ha perdido buena parte de su extremismo populista de los primeros años, ya ha conseguido cargos políticos y está haciendo la transición hacia posturas más integradas en el sistema.
Para ser una reivindicación exclusivamente obrera sobran participantes que eran “intelectuales” o pequeñas empresarias como Josefa Bernes, quien presidiera la reunión en el Globo Cautivo, que sufrían las mismas situaciones de escasez que las mujeres trabajadoras. Es un movimiento transversal que afecta a la mayoría de la ciudadanía con la excepción de las clases más acomodadas cuya situación económica les permitía hacerles frente sin problemas, pero el resto sufrían un deterioro importante de su situacióin. Así lo entienden y así lo demuestran al obligar a mujeres de todas las clases a que protesten.
Esta movilización se ha visto sobre todo como una protesta feminista, pero ¿qué feminismo? Lo es en tanto en cuanto la mujer reclama su papel de protagonista estelar, todo y que la función social que reivindican como propia se halla muy lejos de cuanto se revindica en la actualidad y es que la cultura social imperante, la mentalidad del momento, domina. En 2026 suena retrógrado pero la verdad es que en el siglo XIX y hasta bien entrado el siglo XX, la mentalidad imperante era que el trabajo de la mujer solo se podía aceptar si había circunstancias económicas excepcionales. Las mujeres de 1918 lo que hacen es reafirmarse como las reinas del hogar. Además, no dudan en amenazar con llamar a los hombres si sus peticiones no son atendidas considerándose a sí mismas “débiles”. No piden mejores condiciones laborales ni sociales. No reclaman derechos políticos ni acceder a puestos de responsabilidad ni recibir una mejor educación – el analfabetismo femenino multiplicaba el masculino – tampoco mejoras en los sueldos. Piden cambios que afectan a toda la sociedad: bajar los precios, cambiar el gobierno, productos de mejor calidad, transporte más eficaz… Nada de bajas por maternidad o cosas parecidas y, no obstante, es feminista porque el primer paso es asumir la propia independencia para decidir y defender esas decisiones.
Las consecuencias directas de esta huelga no son demasiado visibles. De hecho, la sociedad ya se estaba moviendo y la presencia femenina fuera del hogar era cada vez más importante. Tenemos el ejemplo de María Marín y los núcleos feministas. Incluso las señoras de la Liga Regionalista tienen una sección femenina donde se ocupaban de cosas más profundas que las obras de caridad y publicaban revistas, Pell i Ploma, de apariencia frívola, pero con artículos interesantes como los de Carmen Karr. Habría que investigar estos cambios para certificar si son o no consecuencia de la huelga.
Con todo, con poco efecto real, es verdad, alguna consecuencia hay en la CNT. En julio tuvo lugar el famoso Congreso de Sans. En esa ocasión se reclama la paridad de la mujer con el hombre tanto por lo que hace a la remuneración como a la representación sindical. Enrique Rueda en el discurso del acto de cierre del Congreso, habló exclusivamente del papel de la mujer. Un discurso que se puede suscribir hoy en día y en el que supera ampliamente la visión de “la reina del hogar”. También veremos más presencia femenina en las excursiones de propaganda que se hagan, aunque en la vida cotidiana no parece que hubiera ningún cambio. Es posible que algo influyera para que en agosto de 1923 se legislara por primera vez las bajas por maternidad si bien, más peso debieron tener los dictados de la OIT que España había suscrito. Con pesar recuerdo las zancadillas y desprecios que dentro de la misma organización se le hicieron a Lucía Sánchez Saornil cuando fundó Mujeres Libres, tan celebrada hoy en día y es que lo que más cuesta es cambiar culturas y mentalidades.



Seguidor, como soy, de sus tan interesantes artículos, sería recomendable que omitieran -y más en los títulos- innecesarios barbarismos. «Revisitar» en español es un anglicismo tan reprobable como pretencioso. El adjetivo correcto es «revisado».
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