No deja de sorprender artículos como el escrito por Ana Pavón bajo el título “Más llorones que Boabdil”, que se puede encontrar en algunas páginas electrónicas. Como comete una serie de afirmaciones que se repiten en ciertos sectores sociales propensos a creerse ciertas consignas desfasadas, superficiales y cutres, vamos a procurar aclarar algunos puntos en las siguientes líneas para que se comprenda el problema de celebrar el Día de la Toma de Granada: que es una exaltación de una conquista militar, armada e impuesta, muy alejada de los valores de libertad, solidaridad y respeto que defendemos hoy, salvo por ciertos grupos racistas, homófobos, belicistas, en fin, perniciosos para el género humano, y posiblemente para cualquier manifestación de la vida. Grupos que, por cierto, estuvieron presentes en el 2 de Enero, como ocurre casi todos los años, y bueno, podemos ver cómo Anita ni se digna en mencionarlos.

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En primer lugar, no vamos a hacer una defensa del Reino de Granada, que efectivamente nunca fue un modelo de tolerancia, libertad y respeto, tal como lo entendemos hoy en día, más allá que las autoridades no tuviesen la misma capacidad que existe hoy para controlarlo todo. Pero eso ocurría en casi todos los reinos medievales, incluido el de Castilla, como bien se sabe. Ahora bien, no puede caber duda que la anexión de Granada al Reino de Castilla supuso una pérdida mayor de libertades que las que había en su momento: así lo podemos comprobar con la expulsión de los judíos poco después, y más tarde la de los moriscos y musulmanes, mientras que anteriormente, si bien con menos derechos, sí se permitía vivir en Granada a cristianos y hebreos, y podían ejercer su religión. No se puede negar que a lo largo de los siglos el Reino de Granada siempre tuvo un interés en el comercio, especialmente con los cristianos de Castilla y Venecia, que facilitaba esa mentalidad proclive a las buenas relaciones; del mismo modo, su ubicación geográfica aconsejaba la defensa; y finalmente su desventaja demográfica y territorial frente a los cristianos del norte promovía evitar el combate y la guerra con ellos, por lo que siempre tuvo mayor interés en mantener la paz, a diferencia de la política expansionista de Castilla. Por todo ello fue un Reino vasallo y tributario del cristiano, en unas condiciones desiguales y abusivas. Se puede decir que hoy ocurre algo semejante cuando se paga a la Mafia – institución democrática por la libertad, con toda seguridad, para la señora Ana Pavón –. Lo cierto es que la política colaboradora de Boabdil facilitó la acción armada castellana, por lo que mal puede hablarse de un villano despoja hogares. Por último, no podemos ignorar que el mundo musulmán de la Península Ibérica no fue nunca extranjero, más allá de contados inmigrantes, y la llegada de algunos ejércitos más o menos numerosos, el grueso siempre fue el que ya existía antes de la invasión musulmana, la anterior población latina y celtíbera. El Reino Visigodo no cayó tanto por las batallas, sino por la propia población, que apoyaba las nuevas elites. El Islam no nació en España, pero tampoco el cristianismo, es absurdo el argumento de Pavón al respecto.

En cuanto a la política de tolerancia de los musulmanes, y en concreto de Granada, aconsejo el libro del profesor de la Universidad José Rodríguez Molina, “La Vida de Moros y Cristianos en la Frontera”, en el que incide en los aspectos de esa tolerancia y respeto, que aunque compleja y repleta de crisis, fue una realidad histórica incuestionable, que anacrónicamente se malinterpreta en nuestros días, y que tiene su origen en las crónicas de la época, que eran elementos de propaganda, amén de justificar méritos militares y ascensos sociales de ciertos nobles, a costa de cortar cabezas o contar y afirmar que ha cortado cabezas. En fin, las crónicas no son fuentes objetivas, y a menudo caen en fantasías y descripciones de un ambiente que no se ajusta a lo que había realmente.

Los datos referidos a tolerancia o libre determinación religiosa, que han sido catalogados por algunos historiadores entre los puramente anecdóticos o curiosos, parecen trascender esta categoría. Pese a que sus primeros hallazgos han sido casos sueltos en la frontera almeriense, jiennense o malagueña, hoy el análisis de los elementos contenidos en dichos datos nos permiten vislumbrar algo más que episodios puramente anecdóticos y nos facilitan a través de ellos cierta generalización de esas citas interfronterizas, orientadas a proporcionar las condiciones elementales para que los cautivos puedan decidir en libertad.”1

Con estos anacronismos actuales no nos referimos tanto a quienes lo idealizan hasta niveles exagerados y presentistas, sino a quienes lo comparan con la situación actual de los países musulmanes y la amenaza del yihadismo-wahabismo. La vida cotidiana de las personas de la Baja Edad Media era en general sencilla y bastante parecida entre personas que profesaban distintas religiones. Quizás la diferencia más importante fue en la dieta, y aún así no era especialmente distinta: la mayor parte de los cristianos tenían una alimentación más dependiente de los cultivos agrícolas que la del consumo masivo de carne de cerdo o vino, mientras que los musulmanes peninsulares nunca fueron personas estrictas en estos aspectos. Es conocido el hecho de que una buena fuente de ingresos para algunos “moros” fue el criar cerdos para luego venderlos a los cristianos2. Los conflictos religiosos se remiten a menudo a cuestiones políticas que aparecían esporádicamente. De hecho, la principal característica de no pertenecer a la religión oficial del Estado, y esto pasaba en todos los reinos, fue, aparte de pagar más impuestos, la de no tener acceso (o muy limitado) a los cargos públicos. Y es obvio que siendo pocos cargos, no era tampoco una diferencia sustancial. El control de la ropa de la mujer, que tanto alarma a los islamófobos de hoy, ocurría también entre las cristianas de la época, en la que cualquier ropa “indiscreta” suponía, por supuesto, problemas.

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Es menester mencionar que Castilla también dio muestras de tolerancia religiosa (teniendo en cuenta la época, y que ésta tolerancia no era tan extensa y plena como hoy) en muchos momentos de su historia, pero la Castilla de Isabel la Católica no fue uno de esos casos, y su política expansionista implicaba, naturalmente, una intolerancia aún mayor a objeto de controlar la población conquistada. Y esto es lo que pasó en Granada. Isabel no dio ninguna libertad, no conquistó ninguna emancipación. Si hoy hay libertad, fue por personas que no tenían nada que ver con ella, y que sin duda la despreciaron.

Solo hay que ver la celebración del Día de la Toma: uniformes y parafernalia militar, simulando una entrega humillante, de rendición. No de paz, sino de derrota, de muerte. Si eso lo vemos como el Día de Granada, Granada está fomentando entre sus niños, sus hijos, la imposición por la fuerza y la humillación como forma de tener éxito en la vida. Amén de la pandilla de descerebrados, deleitados por el fondo xenófobo, autoritario e intolerante, que desprende el tufo de esta fiesta. Los “llorones” de Boabdil son el menor de los problemas, y sinceramente, siendo profundos, son la reacción natural y justa a una fiesta que firmarían los wahabíes si se tratasen del bando contrario.

El texto llega a las falacias y a la zafiedad, usando recursos detestables como son las mentiras:

“Los que exigen dejar de celebrar el 2 de enero y sustituirlo por el 27 de mayo, en honor a Mariana Pineda, no sólo demuestran su poca coherencia a la hora de ensalzar la cultura musulmana y, a la vez, tratar de homenajear a una mujer del siglo XIX que sólo habría encontrado desprecio en una sociedad islámica.”

Lo llamativo es que nadie ha reivindicado el Islam. Los grupos de protesta no quieren religión. Lo que quieren es echar a los nazis y a una fiesta que es imperialista, autoritaria y violenta de por sí. Da igual que los musulmanes desprecian o despreciarían a Mariana Pineda, nadie ha pedido conversión al Islam. ¿Dónde está la incoherencia, más allá de la fantasía de la autora? Quizás en una figura mezcla de antisistemas bebecubatas con musulmanes yihadistas sobrios. Menos kalimotxo, Ana, mucho menos, que vaya con lo que hay que llegar a oir. La libertad y la diversidad no se refiere a la libertad de tiranizar, guerrear y matar; la libertad no depende del “hacer lo que me da la gana”, de la propia voluntad, sino a una condición y concepto que implica unas relaciones entre personas; la libertad pierde su significado si implica dominar, si implica determinadas formas de la voluntad, si resulta que es ejercer lo contrario al significado de este concepto. Libertad y opresión, ahí está la contradicción, y es por ello que un desfile militar solo implica uno de esos dos conceptos, y todos sabemos cual es.

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En un sentimentalismo delirante, escribe las siguientes épicas líneas:

“olvidan a todos aquellos cristianos que cayeron en la guerra de Granada y que, desgraciadamente, sí llevaban su sangre.”

En realidad, llevamos sangre de unos y otros, y la guerra fue la consecuencia de una situación opresiva que los cristianos ejercieron contra los moriscos durante décadas. Recordemos que ser musulmán fue expresamente prohibido, y se expulsó del Reino a todo aquel que no profesase el cristianismo. Asimismo, la Alpujarra fue anexionada, a pesar de lo acordado con el “sultán llorón”. No falta bibliografía al respecto que explica las causas de la Guerra de la Alpujarra3.

Pero el emocionante relato de nuestros heroicos gigantes del pasado prosigue:

“miran por encima del hombro a Héroes que vivieron décadas de sufrimiento y calamidades, sólo por recuperar esta tierra”

Uno queda impresionado con este discurso. ¿Héroes? Sin duda, ni Charles Manson podría haberlo hecho mejor. ¿Décadas de sufrimiento y calamidades? ¡Pero si estamos hablando de reyes y nobles militares, llenos de riquezas y de esclavos! ¿Recuperar esta tierra? Pero si ni Su Majestad Isabel la Católica, ni el insigne Gran Capitán nacieron en “esta tierra”. Nacieron más al norte, y lo que “tomaron” (de la Toma) no lo habían pisado en sus vidas, salvo para pedir tributos y realizar exigencias abusivas. ¿Qué tiene eso de sufrido y penoso?

En su delirio de mal digerida literatura de Pérez Reverte, procura justificar la acción militar cristiana y esa ansiedad por esclavos y devastación:

En 1492 el Imperio turco ya hostigaba a nuestra civilización. Cincuenta años antes había caído Constantinopla y la vertiginosa crecida del islam continuaba cruel e implacable.

¿Acaso no resuena la conquista de Ceuta en 1415, que fue una auténtica masacre contra la población?4 ¿Le suena las absurdas Cruzadas? ¿El Imperio Bizantino, heredero del Romano? ¿Y éste, el Romano, que se expandía para satisfacer su economía esclavista? Es muy fácil ver la paja en el ojo ajeno… Lo que no se puede hacer es justificar unas acciones asesinas que afectaron a hombres reales, abuelos, mujeres, niños, inválidos, discapacitados… Imagina tener a algunos de ellos que vivieron hace quinientos años justo enfrente. ¿Le vas a hablar de 1451, Constantinopla, Teodora, Almanzor. etc.? Sería esperpéntico.

Con el Islam no hay libertad”. Es la clave de este pensamiento retrógado y falso. Uno se echa las manos a la cabeza: es precisamente con las revoluciones como se consigue la libertad, y como se ha conseguido, mal que le pese a algunos que quieren cerrar los ojos ante lo evidente. No hace falta remitirse a la Revolución Americana o la Francesa, de las cuales sale y deriva nuestra forma de vivir actual. Curiosamente, fueron los comunistas los que dieron libertad a Afganistán, tanta que de la inquietud que generó entre los conservadores surgieron los talibanes y al-Qaeda. Es impresionante ver las imágenes de Afganistán en esa época. Pues bien, el mundo occidental apoyó la rebelión yihadista de los talibanes, que en defensa de una postura relativista y posmoderna, se apoyó ese Islam integrista (que no es cualquier Islam) como manifestación cultural, y así lo vemos, convincentemente, en esa tercera entrega cinematográfica de Rambo, donde los combatientes yihadistas fueron presentados como representantes y encarnaciones de “esa libertad” que hoy se ha cebado con el mundo, especialmente contra los musulmanes.

Cuando en esta cultura se ha intentado romper las cadenas medievales del absolutismo político, ahí siempre han estado los “blanquitos” occidentales para destrozar esa posibilidad. El odio a la ideología laica del Baaz contrasta con la tolerancia al gobierno de Arabia Saudí, wahabista y padre, junto a los talibantes, del terrorismo yihadista que vivimos hoy. Dos nidos que solo pudieron existir gracias al apoyo occidental. Y nos vienen una tal Anita y una tal Esperanza Aguirre a dar lecciones de libertad. Que empiecen por dar libertad en su propio techo, porque en nuestro país han sido detenidos músicos, titireteros, dibujantes, y de todo. Bombardeos y devastaciones: es lo que hemos sembrado, y ahora recogemos los frutos, las consecuencias. Y el 2 de Enero es una continuación de esos errores, si bien no a un nivel material y bélico, pero sí cultural e ideológico. Porque hay mucha ideología detrás del 2 de Enero: una ideología militar, autoritaria, y fascista. Por eso están los rapados alzando las manos ahí. Y es normal que en una sociedad que ha intentado difundir valores democráticos, se presenten personas opuestas a esa barbaridad. Si lo hacen con su parafernalia y con sus posturas, con su buen o mal hacer, ya es otra cuestión, pero lo intentan, lo hacen, y si alguien cree que lo puede hacer mejor, que lo haga. No somos precisamente nadie para dar lecciones.

El texto de Ana Pavón puede dar para mucho juego, pero nos vamos a limitar a citar un último párrafo que habla de Mordor y Enemigos:

“En 1492, Europa era consciente de cual era la amenaza. Cinco siglos después, hemos olvidado el sacrificio de quienes consiguieron proteger nuestra cultura de la barbarie. Los herederos de aquellas gestas prefieren llorar la derrota de nuestro enemigo secular.”

Efectivamente, la Reina Isabel no se sacrificó por nuestra cultura democrática y laica: era monarca de un reino cada vez más absolutista, y se hizo llamar “católica” porque no quería saber nada de una cultura laica. Mariana Pineda era liberal, democrática y partidaria del laicismo, y sin embargo parece dar alergia a más de uno que se presenta como depositarios de estos valores en esta ciudad. ¿Por qué se llora a la enemiga de la libertad y luego se desprecia la fecha que se propone de quien la defendió? Mariana Pineda, por otra parte, si no gusta, podemos ver otras fechas de otros episodios, ya que nuestra ciudad tiene muchos momentos interesantes más dignos que este Dos de Enero de militarismo medieval y absolutista.

Sabemos que a menudo es difícil interpretar los hechos históricos, pero esa dificultad no justifica la alteración de las evidencias históricas bien conocidas para justificar opiniones infundadas que tienen más bilis que razón. El relativismo no puede ser tan extremo como para pretender que una celebración de una conquista es una festividad de la libertad. Ni siquiera tantas películas guerreras nos pueden nublar lo que han sido realmente las conquistas y asesinatos en la realidad histórica. No se trata de sentirse culpables por ello, fueron otras personas y otros momentos, pero sí se trata de no celebrar lo que fueron, por mucha explicación que tengan, episodios negros de la humanidad.

Citas

1José Rodríguez Molina: La vida de moros y cristianos en la frontera. Ed. Alcalá, 2007, p. 228.
2Juan de Dios Vargas Giraldo y Miguel Ángel Aparicio Tovar: Análisis de la evolución de los censos y sistemas de producción del cerdo ibérico. En Estudios Agrosociales y Pesqueros, nº 193, 2001, p. 91. En realidad, se habla incluso de consumo directo, pero cualquier manual de historia medieval que profundice al respecto habla de este comercio.
3Julio Caro Baroja: Los moriscos del Reino de Granada. O las sinceras palabras de Luis de Mármol y Carvajal sobre la conversión forzosa tras una conquista militar, en su famosa Historia de la rebelión y castigo de los moriscos del Reino de Granada.
4La lectura de la crónica de Gomes Eannes de Zurara, Chronica da Tomada da Ceuta por el Rei Joao I, es bastante convincente al respecto, y se trata de una fuente lusa.

Escrito por Fran Andújar

Doctorando en Historia. Universidad de Granada.

9 comentarios

  1. Fiesta absurda y estúpida que hace años había perdido todo tipo de atención por parte de los granainos. Lo máximo que te acercabas a ella era para ver a los del consistorio con ropas ridículas. Pero en cuanto alguien planteó, en la prensa, que no era lógico tener tantos festivos juntos, el 31 medio festivo, el 1 y luego el 2, y que se hiciera fiesta otro día que estuviera en otro mes con menos festivos (como se podrá observar era una propuesta aideológica, más bien técnica y práctica.) a partir de ese momento la Derecha Cerril se hizo cargo del evento y consideraron su presencia fundamental.
    Hasta ahí todo tiene su lógica, una lógica ilógica, pero lógica, lo que no entiendo es que los del SAT se empeñen en ir y plantarse frente a los fascistas a ondear sus banderas y cantos.
    Otro sí, ¿conocéis el libro “La invasión islámica de Occidente”? Es que viene muy bien para contraponerlo a la historiografía “oficial” y que tanto gusta en la Universidad de Granada. Al final de esta entrega de mi blog..https://eulaliobe.wordpress.com/2016/12/27/es-una-mezquita-catedral/ hay un vínculo a un PDF.
    Salud

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    1. ¡Gracias por tu comentario!
      El libro que mencionas lo conozco solo de oídas, aunque me parece que el título no es “invasión” sino “revolución”, salvo que se trate de otra obra de la que creo que me hablas. Si es el de Olagüe, te diré que comparto muchas cosas de las que dice, y es que es verdad que el conflicto interno de los visigodos y con la población misma fue la causa real de la derrota, y que la invasión en sí fue poco significativa. Pero la hubo, yo creo que la hubo, y fue la causa de que la población tuviera una nueva alternativa para “escoger” a su nueva aristocracia gubernamental. Los propios cronistas árabes hablan de la invasión, del Conde don Julián (que aparece más en las crónicas árabes que en las cristianas)… yo creo que la invasión está documentada y ese extremo de Olagüe, tal como lo citan, no es exacto. Pero no me lo he leido y tampoco quiero sentar cátedra sobre él. Pero sobre su obra, sí me da por pensar que quizás debería haber profundizado más en el fenómeno de la islamofobia.

      Muy interesante el aporte que has dado sobre las razones prácticas que se dieron en su momento.

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      1. Como el libro se publicó primero en francés luego, bastantes años después en castellano y al ser su autor catalán, a saber en que lengua lo escribió en su origen. De modo que ha tenido varios títulos o tiene, pero es él.

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  2. Muy interesante, pero sacar las cosas y actos fuera de su contexto, sobre todo histórico es cuando menos histérico. No podemos ni debemos, analizar hechos históricos con la mentalidad actual, sino que hemos de ponernos en las circunstancias históricas y culturales o socioculturales de la época que estudiamos, si no todo se sale de su contexto apropiado y acusamos de genocida a Cristóbal Colon, cuando solo era un pobre loco romántico que pretendía demostrar la redondez de la tierra, no ya con escritos como, Copérnico, Tolomeo y demás astrólogos históricos, y como después demostrarían Elcano y Magallanes con su primera circunvalación, sino con la practica de sus viajes, después de pasear “su locura” por todas las cortes Europeas, solo los castellanos, su Reina, le hicieron caso. Ahora pretendemos desde el punto de vista filosofica-social de S.XXI, que era un genocida como Hitler y exterminaba a los indígenas de manera metódica y exhaustiva.

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    1. Tienes toda la razón. Quisiera dejar claro que la Toma de Granada de 1492 me parece igual de espeluznante que la Conquista de Constantinopla. A lo que voy es que no tiene sentido alguno celebrar hechos como ese en nuestros días. El texto tiene la característica que es más bien una polémica de actualidad, donde la historia solo está de fondo.

      Gracias por tu comentario!

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        1. Creo que el sujeto es más bien el público que hace una interpretación de la historia y lo deriva hacia su forma de entender la vida en la actualidad. De ahí que este ensayo que he escrito, que es estrictamente una respuesta a otro texto (el de la tal Ana Pavón), entre en temas más bien actuales, donde el relato histórico solo se menciona para aclarar algunas de las afirmaciones vertidas.

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    2. No es por nada, pero creo que muestra una visión de Cristóbal Colón demasiado ligada a la propia concepción romántico-historicista que en su momento existió de él.

      Colón, más allá de su posible vertiente romántica, buscaba el lucro personal, porque la argumentación del viaje no fue romanticismo, que entonces ni existía, fue sencillamente un tema económico vinculado con el comercio con las indias, sin depender de intermediarios y un largo viaje terrestre.

      Cuando Colón volvió de América y se encontró con los Reyes Católicos, explicaba que los indígenas americanos le recordaban a los guanches, y el destino que les deparó a los indios fue similar: encomienda tras encomienda, y asesinato tras asesinato protagonizado por una fuerza conquistadora, colonizadora y católica, se desarrolló el genocidio de América. Así pues, creo que quien peca de una visión romántica son quienes defienden cosas como la que usted afirma sobre Colón, o personalidades como Ana Pavón, que utiliza la fecha del 2 de enero para discursos patrioteros, de baja estofa y revestidos de xenofobia.

      Le recomiendo otros artículos de este blog, por ejemplo este dedicado al 12 de octubre: https://serhistorico.net/2016/10/11/dia-de-la-hispanidad-nada-a-celebrar/

      Gracias por su aportación

      Le gusta a 1 persona

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