Opinión

Los reyes de la baraja, la historieta hispana y los puntos sobre las íes

Sobre la salida de España del Rey Emérito

La salida de España del llamado Rey Emérito, el 3 de agosto de 2020, ha sido una medida punitiva del Rey entronizado, Felipe, contra su padre Juan Carlos. Rey de bastos versus rey de oros y  copas. El Rey pretendía, mediante ese destierro dorado de su papá, levantar un cordón sanitario, de modo que la corrupción y los actos delictivos de Juan Carlos no salpicasen a la Corona con su golfería, comisiones y desvergüenza. Se prevé un futuro inmediato cargado de graves imputaciones y pruebas judiciales demoledoras. Quieren separar y aislar los actos delictivos de Juan Carlos de la Casa Real, si eso es aún posible.

Pero esa amputación ha sido mal hecha y peor explicada. Ese destierro está tan mal argumentado que parece algo así como unas largas vacaciones pagadas por todos los españoles. Casi nadie aprecia el castigo y la ejemplaridad de las medidas tomadas. La Casa Real se juega la existencia de la monarquía ante la debilidad e inutilidad de una deportación disimulada como divino premio en un paraíso terrenal. La cuestión fundamental radica en la indignidad de Juan Carlos primero. Felipe es Rey hereditario y no puede justificar mayor servicio que el de ser hijo legítimo de su padre. Y los estudios “universitarios” realizados por Felipe así lo certifican: no hay otro mérito que el de ser hijo de su papá. Pero su papá es un golfo, un putero y un comisionista, indigno del cargo ocupado, que no se merece privilegios de ningún tipo, ni llevar sobre la cabeza mayor adorno que el de una boina de pueblo. Aunque si pensamos en el sudor, el esfuerzo y la dignidad del peón o del jornalero que la lleva con orgullo, para protegerse de las inclemencias, y del astro rey, quizá deberíamos aprobar un manotazo virtual a la boina real que le desnude la cabeza y le someta durante tres días a la divina justicia del sol de agosto en una plaza mayor sin arboleda, por deshonesto, indigno y avaricioso. 

Que el Rey Emérito se pague sus cortesanas, sus cacerías y demás caprichos personales del propio bolsillo y no a cargo de los impuestos pagados por todos los españoles. Que la mera presencia del Rey Emérito en los medios de comunicación  deje de ser un insulto a la inteligencia de los españoles. 

¡Que se hagan públicos y accesibles todos los documentos que puedan desvelar el auténtico papel jugado por Juan Carlos el 23F! ¿Por qué esos archivos siguen siendo secretos? ¿Qué ocultan? ¡Que todos los archivos de la Administración sean consultables a los 25 años de su creación!

Las medidas adecuadas para separar y guillotinar virtualmente a Juan Carlos de la Casa Real pasaban y pasan por quitarle el título de Rey Emérito, otorgado por un decreto de Mariano Rajoy. Si se quiere sancionar adecuadamente a Juan Carlos se le pueden retirar inmerecidas dignidades, como la de ser enterrado en el pudridero anexo al panteón real del Escorial. La actual expatriación, impuesta por su hijo y disfrazada de radiantes y maravillosas vacaciones, no sirve de nada. ¡Nadie le exige que devuelva los millones de euros conseguidos mediante ilícitas comisiones y corruptelas, que no son de ahora, sino de toda una vida!

No se explica todo

Por otra parte, no se explica todo. No se explica por qué los viajes al exterior de Juan Carlos no han dado nunca la lista completa de los empresarios que le acompañaron. No se advierte, ni señala, ni destaca que esos viajes de negocios tienen siempre unos pactos públicos y otros pactos secretos. Lo de las comisiones cobradas por Juan Carlos por la concesión de la construcción del tren de alta velocidad entre Medina y la Meca no se entiende, si no se expone que ese contrato complementaba un acuerdo de venta de armas: de ahí el cobro de comisiones (por la venta de armas) y no por la concesión de la construcción del ferrocarril. ¿Cobró Juan Carlos cien millones de dólares por facilitar un contrato de venta de armas a Arabia Saudí?  ¿El Estado español abrirá una investigación al respecto? ¿Se responderá algún día a tales pertinentes preguntas?

¿Quién debiera fiscalizar y autorizar esos tratados comerciales? El gobierno de turno, que miraba hacia otro lado y ocultaba la lista de empresarios que acompañaban al séquito real. Muchos de esos empresarios, hoy, ya han sido juzgados y están en la cárcel. Otros, no. Y de muchos, no lo sabremos nunca, porque para eso se oculta la lista de empresarios bajo las siete llaves de los secretos oficiales. 

Y si Juan Carlos era constitucionalmente inviolable, los gobiernos que miraban y miran a otro lado son jurídica y políticamente responsables de tales desaguisados.

Sobre la autodisolución de las Cortes franquistas

La prensa del régimen monárquico, los medios audiovisuales, los tertulianos de medio pelo, a sueldo del mejor postor, y los más variados covidiotas y otros intelectuales del Reino, militantes todos del partido único PP-PSOE, nos dicen ahora que las Cortes franquistas se hicieron el harakiri, que se suicidaron por el bien de España, porque la democracia era inevitable, etcétera y etcétera… Pero todo es una gran mentira, un engaño, una fábula, un cuento chino. El rey de oros ganó al rey de espadas, como siempre.

Torcuato Fernández Miranda, Adolfo Suárez y el Rey compraron los votos, uno a uno. Casi todos tenían un precio de venta, más o menos costoso, dinerario o no, un chalet, un céntrico pisito en la Castellana, un empleo vitalicio, un alto cargo hereditario, unas dificilísimas oposiciones ganadas de antemano para todos sus hijos, o el sencillo pago de las deudas y agujeros pendientes. A veces un título nobiliario, otras una garantía de inmunidad por los crímenes cometidos bajo la dictadura o una promesa de que no habría revanchas. Pero la inmensa mayoría, casi todos, excepto los del búnker, estaban en venta y fueron comprados. Así se votó la Ley de Reforma Política. Ni altura de miras, ni España por encima de todo, ni un patriotismo de charanga, toros y pandereta más allá del propio patrimonio, porque todo fue mucho más prosaico: se pagó el precio que cada cual se puso. Apenas hubo regateos, porque los cortesanos franquistas se sabían más obsoletos e inútiles que la casposa, fenecida y caduca Falange.

Así fue el grosero e interesado “suicidio” de las Cortes franquistas, aunque la Sagrada Historia de la burguesía franquista y antifranquista lo escriba, hoy, como un sublime acto de patriotismo y nobleza. Pero la realidad suele ser muy tozuda y las motivaciones, aunque ahora haya sirvientes que cobren por disfrazarlas, eran así de mediocres, vulgares y ramplonas; dejemos el pan, el vino dulce y la fantasía para los escribidores de la historieta de España. 

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