Biografías

Ante la tumba de Giuseppe Fanelli [Chema Álvarez]

En la Vía Calata Capodichino, 211/A, en el distrito de San Carlo all´Arena de Nápoles, en Italia, sobre una colina, está Villa Fleurent, en la actualidad un centro educativo. En su día fue una casa de salud o casa de reposo, de titularidad privada, fundada en 1833 por Pietro Fleurent. El establecimiento estaba compuesto por varios pabellones y unos amplios jardines en el exterior, ocupados hoy día por el parque Mazzini y el parque Sirio, con muchas fuentes y una cascada, por donde los pacientes solían dar largos paseos como parte de su tratamiento. También contaba con una vaccheria, una granja de ganado que procuraba leche fresca y alimentos para los residentes. Con anterioridad a su fundación había sido un hospicio de convalecencia de la orden de los carmelitasi.

En uno de aquellos pabellones de la casa di salute Fleurent acabó sus días, el 5 de enero de 1877, Giuseppe Fanelli. El hecho de que su muerte se produjera en este lugar, considerado un manicomio por la historia de la salud mental en Italia, hizo que en ocasiones se atribuyese a los últimos años de Fanelli la locura que el mito ha deparado a los anarquistas desde que Césare Lombroso publicara, en 1894, su obra Gli anarchici, los anarquistas, rebatida después por Ricardo Mella. Sin embargo, la atenta mirada a los relatos que hicieron sobre Fanelli quienes le conocieron y trataron, revela que su muerte se produjo por una hemorragia cerebral y que el motivo de su estancia en Villa Fleurent era la grave depresión que sufría, tratada como un trastorno mental, pero muy lejos de ser considerada la dolencia de alguien que padece esquizofrenia.

Nápoles siempre estuvo ligada a la figura de Giuseppe Fanelli, el apóstol del círculo de Bakunin que trajo las ideas de su Alianza a España, según la narración de Anselmo Lorenzoii. No fue el único en traer tales ideas, pero sí tal vez el más significado. Allí nació en 1827 y allí murió 49 años después. Entre esos dos sucesos vivió una vida plena revolucionaria, como agitador y propagandista de las ideas de libertad y justicia, el mismo nombre de la asociación (Libertà e giustizia) que fundó en abril de 1867 junto a Saverio Friscia y Carlo Gambuzzi, compañeros internacionalistas. Este último, quien le acompañó en la Expedición de los mil, la de los camisas rojas, liderada por Garibaldi, recitaría al día siguiente de su muerte el elogio fúnebre sobre su tumba, publicado con esa misma fecha en la Gazzetta di Napoli a modo de obituario y traducido por primera vez al español al final de este artículo.

Carlo Gambuzzi fue también el mediador en la comunicación epistolar que Bakunin mantuvo con Fanelli durante la misión de este último en España, a quien Bakunin llamaba en sus cartas Beppe y Christophe. Según narra Nettlau, depositario de estas últimas, cuando hacia finales de 1868 Fanelli reclamaba dinero para poder seguir su misión en España, Bakunin escribía a Gambuzzi:

“Si ha entablado relaciones serias, es preciso que las lleve hasta el fin, entonces tendremos un resultado útil, positivo de su viaje, y más vale agregar a sus actos que perder por completo inútilmente el dinero que hemos gastado ya. No lo zahieras demasiado. ¡Es tan susceptible!”iii.

La susceptibilidad no era el único rasgo de Fanelli. Hubo diversos hechos que marcaron profundamente su carácter. Uno de ellos fue la fracasada expedición de Sapri, en el verano de 1857. En esta ocasión murió su hermano de armas, Carlo Pisacane, a manos de una horda enfurecida de campesinos armados con horcas y guadañas que, engañados por los burgueses monárquicos, confundieron a los libertadores con vulgares ladrones. Fanelli y el resto de grupo de Nápoles, encargados de preparar la revuelta, fueron acusados por parte de los insurgentes, con Giovanni Nicòtera a la cabeza, de traidores y de haber cometido un grave error, a pesar de que Fanelli advirtiera de que aún no era aún el momento de iniciar una insurrección.

Errico Malatesta conoció a Fanelli en 1871, cuando el primero tenía solo 18 años y el segundo 44. En 1925 Malatesta publicó un artículo en su periódico Pensiero e Volontà en el que narraba múltiples anécdotas de Fanelliiv. Dijo de él que “era muy reservado y modesto, y si en alguna rara ocasión le daba por contar sus aventuras, no le gustaba que le interrumpieran o le preguntaran sobre las mismas, aunque hubiera alguna cuestión graciosa en ellas”.

Malatesta también habló de su humildad y entrega a la idea revolucionaria:

“Era como nuestro padre, y dado que gracias a su condición como diputado del Parlamento podía viajar sin pagar, era también nuestro mejor embajador. En aquellos tiempos los anarquistas apenas éramos unas escasas docenas en Italia. Como todos nos conocíamos, en cuanto surgía uno nuevo Fanelli partía con la misión de conocerle, investigarle y reclutarle para la nueva Idea”v.

Sus idas y venidas por la geografía europea, desde cuyos destinos retornaba una y otra vez a Suiza, para informar a Bakunin de los progresos obtenidos, le obligaban a pasar largos períodos de aislamiento y descanso en su residencia de Martina Franca, en el talón de la bota italiana, residencia que había sido de sus padres.

Al principio, su propia condición de diputado no debió de satisfacer a Fanelli, dado que, como escribió Malatesta, “en aquella época de sufragio restringido, los obreros consideraban al diputado como un miembro del odiado gobierno, como a un enemigo y, más o menos, simplemente un ladrón. ¡Ah, cuánto mejor sería si aquel espíritu hubiera permanecido en las masas!”.

No eran únicamente los obreros. También buena parte de la burguesía pensaba así de los diputados. Fanelli había obtenido el acta parlamentaria en 1865, por el colegio de Monopoli, cuando el sufragio era aún restringido. Ese año había conocido a Bakunin en Nápoles, donde este último colaboraba en el diario garibaldino Il popolo d´Italia, con el seudónimo de “Un francese”. En esas cartas Bakunin señala la necesidad de que los intelectuales se unan a las masas populares. Bakunin era partidario de que el fin justificaba los medios empleados para extender la propaganda colectivista (aún no se utilizaba la palabra anarquía), y la condición de diputado permitía viajar gratis a quien lo fueravi.

Sin embargo, la intervención de Fanelli fue prácticamente inexistente en el parlamento, limitándose a dos ocasiones: en una de ellas (5/3/1866) intervino para pedir que se defendiera a los propietarios de las tierras del sur de los bandoleros que asolaban la zona; en la otra (7/2/1873), para criticar la iniciativa del Gobierno de encomendar la educación de los niños en el país a los militares licenciados, argumentando que se transformaría “el principio de libertad en el de brutalidad”vii.

No obstante su condición parlamentaria, Fanelli no cobró jamás ninguna pensión del Gobierno italiano. Sus ingresos le venían por haber pertenecido a la expedición de los 1000 de Garibaldi y haber sufrido prisión a causa de ello.

La mejor y más completa biografía de Giuseppe Fanelli fue escrita por Antonio Lucarelliviii (1874-1952), historiador del Risorgimiento y biógrafo de otras figuras del socialismo y del anarquismo italiano. Hacia el final de su libro, Lucarelli relata el encontronazo entre los jóvenes del círculo más cercano de Bakunin, como Cafiero y Malatesta, con Fanelli tras el Congreso de Saint-Imier, a mediados de septiembre de 1872.

Basándose en los escritos sobre La Internacional de Jame Guillaume y en diversos números del Boletín de la Federación del Jura, Lucarelli da noticia de los argumentos enfrentados entre el coloso ruso y el revolucionario napolitano, “más nervioso y susceptible con el paso de los años”. La escisión entre bakuninistas y marxistas trajo añadido el cambio de estrategia de los primeros en cuanto a la representación política. Fanelli fue requerido para que abandonara el Parlamento y el Consejo Municipal de Nápoles, del que también era miembro, “cumpliendo con la intransigente directiva, la cual condenaba toda participación en la lucha política y administrativa, que desviaba al proletariado del sentido insurreccional”ix.

Sin embargo, no abandonó ninguno de los dos cargos, a pesar de que, como ya hemos dicho y corroboraron diversas voces tras su muerte, jamás se benefició a título personal de ellos. Apartado del nuevo círculo, integrado por los jóvenes (Costa, Cafiero, Franzesco y Domenico Pezzi, Castellazzo, Grassi, Natta, Riggio, Spada, Guardino y otros), quienes abogaban ahora por “el hecho insurreccional como el más eficaz medio de propaganda”, frente a la práctica propagandista basada en la palabra y en el discurso, Fanelli fue cayendo en una profunda depresión, a pesar de que nunca rompió definitivamente con Bakunin, a quien seguía viendo en Lugano. Finalmente, la muerte de este último en Berna el 1 de julio de 1876, su fratello internazionale, provocó un agravamiento de su dolencia depresiva.

La muerte de Bakunin coincidió con la pérdida de la condición de parlamentario de Fanelli, aunque siguió conservando hasta el fin de sus días la de miembro del consejo municipal de Nápoles. Debilitado, sumido en la depresión, sufrió un fuerte golpe con el ataque personal que le dirigió su antiguo oponente Giovanni Nicòtera, otrora el garibaldino que le acusó de traición tras lo de Sapri, ahora ministro del Interior, quien orquestó un salvaje ataque contra los socialistas italianos, calificándoles de “gente ociosa, perdida, criminal”x.

Decepcionado con el presente y el futuro, como escribió Lucarelli, triste, enfermo y cansado de vivir, fue invadido por una locura melancólica, de la cual se trataría de recuperar en la casa de reposo del Señor Fleurent, de Capodichino. Carlo Gambuzzi habló de lipemanía, una de las formas de la depresión. El triste final llegó el 5 de enero de 1877, en uno de los pabellones de Villa Fleurent. Giuseppe Fanelli expiró a la una del mediodía, cuando contaba 49 años de edad.

Gambuzzi y otros contemporáneos señalaron como causa final de su muerte una hemorragia o derrame cerebral. Lucarelli extrajo la noticia del mismo certificado de defunción. En su libro dio a conocer, además, el acta de la sesión municipal que ese día celebraba el Consejo de Nápoles, del cual formaba parte aún Fanelli en calidad de concejal, sesión que se suspendió tras el anuncio del óbito. El documento, del Archivo Municipal de Nápoles, dice:

“CONSEJO COMUNAL DE NÁPOLES

Sesión del 5 de enero de 1877.

Presidencia del Alcalde Sambiase Sanseverino, Duque de S. Donato.

Objeto: Anuncio de la muerte del Consejero Fanelli y suspensión de la sesión.

El Alcalde interrumpe la discusión para anunciar con visible conmoción la muerte del Consejero Comunal Giuseppe Fanelli.

A continuación se produce un silencio general, interrumpido por el concejal Trinchera, quien propone suspender la sesión en vista del doloroso anuncio.

El Consejo accede a suspender la sesión.

El Alcalde opina que cada uno de los consejeros observará la conveniencia de acompañar el cortejo fúnebre en su última hora. El cortejo partirá del establecimiento sanitario Fleurent en Capodichino; los no presentes en la sesión serán invitados a tal domicilio.

El Consejo queda convocado para el siguiente martes 9 a la una del mediodía.

El Alcalde: F.to San Donato. El Vicesecretario general: F.to F. Martucci”.

¡Desventurado Fanelli!, escribió Lucarelli. No tuvo paz en su vida ni la tuvo en su muerte. La policía de la nueva Italia, a cuya redención él había destinado tantos esfuerzos, no permitió que se organizara ninguna reunión o cortejo multitudinario para el funeral; sólo cincuenta amigos, entre ellos ocho mujeres, acompañaron al féretro al cementerio de Poggioreale, donde Carlo Cafiero y Carlo Gambuzzi despidieron su alma con el elogio final.

Carlo Cafiero recitó un sentido discurso fúnebre, en el que dijo:

“Nuestros amigos mueren así: en la cárcel, en el exilio o enloquecidos por fuertes dolores”. Este discurso ha llevado en ocasiones a la confusión sobre la causa de la muerte de Fanelli, atribuyéndola a la locura, cuando Cafiero se refería a la depresión y hemorragia cerebral, siendo muy posible que sufriera alguna dolencia de tipo neurológico o una hipertensión arterial crónica, cuyos síntomas suelen ser fuertes dolores de cabeza.

Carlo Gambuzzi, quien le acompañara desde sus aventuras en la liberación de Italia y recorrió con él los mismos caminos de La Internacional, de la cual fue uno de sus mejores apóstoles, recitó sus últimas palabras en un sentido panegírico, publicado al día siguiente en la Gazzetta di Napoles como un opúsculoxi. Esta es su traducción:

Sobre la tumba de Giuseppe Fanelli.

Palabras de Carlo Gambuzzi.

¡Giuseppe Fanelli, adiós! ¡Adiós para siempre!

Ya no escucharemos más tus graves palabras recriminando estos tiempos de flaqueza y contradicción. Ya no volveremos a ver a tu querida persona corriendo hasta donde quiera que haya un derecho que reivindicar.

Has pagado tu tributo a la Naturaleza, y otro más cruel todavía a la causa de la Libertad y de la Justicia, a las que sacrificaste tu existencia.

Amigos, nos encontramos aquí reunidos para cumplir con un piadoso deber, el de llorar la pérdida del digno ciudadano que ahora yace muerto, víctima de su sacrificio, dolor y penalidades sufridas por la patria y por la humanidad.

Giuseppe Fanelli nació en 1828xii de padres acomodados. Su padre, Lelio, de quien recordamos su patriotismo y su diligente labor en defensa de la educación del pueblo, le inició desde muy temprano en la escuela de la emancipación.

Así pues le encontramos, enardecido con ideas generosas, con apenas veinte años, luchando con valor en 1849 bajo la bandera de la república romana.

Sufre heroicamente el exilio en sus mejores años.

Tras asociar sus intereses a los del partido nacional, regresa a la patria de modo encubierto para preparar los fortuitos hechos de Sapri.

Participa en la bienaventurada expedición de 1860, embarcando para Marsala junto a los mil de Garibaldi.

Coronel garibaldino en la región de Los Abruzos, se enfrenta al ejército borbónico y a la reacción.

Mientras muchos recogen el fruto de trabajo de todos, él regresa pobre y sin honores públicos a su vida privada, orgulloso únicamente de haber cooperado en la restitución de la patria, por cuya unificación vuelve a tomar las armas en la última guerra contra Austria, para combatir entre las montañas de los Alpes tiroleses.

Diputado al parlamento y consejero comunal durante varios mandatos, vive siempre en el pueblo y para el pueblo.

Satisfechos los votos de su alma, cuando tanto su cuerpo como su mente podían haber descansado de la lucha, se emancipa de la escuela republicana meramente política, a la cual había pertenecido hasta ahora; sigue entonces el impulso de un grande, cuya tumba también se ha cerrado hace apenas unos meses, en Berna, Michele Bakunine, y abraza los principios de la revolución social.

Es entonces cuando rompe con su maestro Mazzini, y con cuantos intolerantes encuentra en su camino: afronta el gran problema del bienestar social con las armas que le son propias: el agudo discernimiento, la actividad indomable, la honestidad incomparable.

Profundamente convencido de que la forma política no es el lugar donde más o menos se pueda resolver fácilmente ningún problema, se afirma republicano socialista.

Coopera con eficacia en Italia y en el extranjero con la organización de la Asociación Internacional de los Trabajadores, viajando a lugares distantes, no con las facilidades de los representantes del Estado, sino con las privaciones de quienes propugnan los derechos de los desheredados de la tierra y de la libertad.

En España pone los cimientos de la gran obra común a todos los pueblos, a todas las razas, que avanzará tan rápido cuanto mayor sea la resistencia de los defensores de una política condenada al ostracismo por las últimas conclusiones de la ciencia.

Y así, en los tiempos en los que la evolución de los republicanos y de los revolucionarios de ayer forjó la apostasía de los de hoy; en los tiempos en los que la codicia por un rápido enriquecimiento conquistó el corazón y el cuerpo de muchos, Fanelli se mantuvo republicano socialista, sin otros honores más que su pobreza y humildad.

Decepcionado con la ignorancia de las mayorías desposeídas y con la perversidad de las minorías privilegiadas, acostumbraba a hablar conmigo como con un hermano, y me repetía que estaba cansado de vivir… ¡él, que tanta vida tenía todavía!

A su cansancio se unió una profunda melancolía, agravada tras las penúltimas elecciones políticas, cuando quedó excluido del parlamento, donde siempre mantuvo bien alta la bandera de la honestidad.

¡Pobre Fanelli!

Abrumado por la fatiga, por las privaciones y por el dolor, sufre una lipemanía y poco después una hemorragia cerebral que le lleva directamente al sepulcro.

Amigos, yo les invito hoy a llorar sobre este féretro. La muerte de tan significado ciudadano es una desgracia pública. Desahogad con vuestras lágrimas vuestro corazón. Pero antes de partir de este lugar tan doloroso, exclamemos con una sola voz:

¡Giuseppe Fanelli ha muerto!

¡Viva la causa de la Libertad y de la Justicia, a las que dedicó su generosa existencia!

6 de enero de 1877.

Chema Álvarez Rodríguez

Notas

i https://www.ic20villafleurentnapoli.edu.it/la-nostra-storia/

ii Anselmo Lorenzo, El proletariado militante. Memorias de un intelectual, Confederación Sindical Solidaridad Obrera, Madrid, 1913.

iii Max Nettlau, Miguel Bakunin, La Internacional y La Alianza en España, 1868-1873, Las Ediciones de la Piqueta, Traducción de Diego A. de Santillán, 3ª Edición, Madrid, 1977, P. 29.

iv Pensiero e Volontà, Nº 11, 16/09/1925, 252-254. Recurso disponible en línea en Biblioteca Gino Bianco.it.

v Pensiero e Volontà, op cit. P. 253.

vi Arthur Lhening, Conversaciones con Bakunin, Editorial Anagrama, Barcelona, 1978, Pág. 249.

vii Monsagratti, Giuseppe, Treccani, Diccionario biográfico de italianos, recurso en línea.

viii Lucarelli, Antonio, Giuseppe Fanelli. Nella storia dell Risorgimento e del socialismo italiano. Documenti e notizie, Vecchi, Trani, 1952. Agradecemos el ejemplar facilitado por el international Institute of Social History de Amsterdam.

ix Lucarelli, 152.

x Lucarelli, 155.

xi Agradecemos a la Bibioteca Nazionale de Bari y a la Biblioteca Provinciale-Benevento que nos hayan facilitado copias del opúsculo. Sendas copias son iguales, un opúsculo de 8 páginas, si bien la de la Bilioteca Nazionale de Bari incluye una fotografía de Giuseppe Fanelli en su portada.

xii La fecha real del nacimiento de Fanelli fue el 13 de octubre de 1827.

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