De la mano de dos grandes conocedores del anarquismo español, Ignacio Soriano y Miguel Íñiguez, muy prolíficos en la difusión del ideal libertario, conocemos, a través de esta obra publicada por la Asociación Isaac Puente, la singular vida del poeta salmantino José María Blázquez de Pedro (Béjar, 1875 – Cuba,1927), gran desconocido incluso entre los entendidos de la acracia peninsular.

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Hombre muy avanzado para su época, amante de la Naturaleza (en sus poemas podemos apreciar su amor por ella), Blázquez de Pedro formaba parte de grupos sociales que consideraban iguales al hombre y la mujer (una herejía para los católicos y la burguesía de entonces, que entendían propio del sexo femenino su confinamiento en el hogar al cuidado de los hijos). La mujer no contaba prácticamente para nada, salvo como objeto sexual; en cuestiones políticas, totalmente ignorada, ni siquiera podía ejercer el derecho al voto; socialmente marginada; económicamente dependiente del marido; la mayoría, analfabeta; su ocupación principal, coser y cocinar. La gente de ideas avanzadas pretendían erradicar estas lacras con prácticas como la coeducación de los sexos en las escuelas, la incorporación de la mujer al mundo laboral, el amor libre, lejos de instituciones como la Iglesia y el Estado, dando a conocer la utilización de métodos anticonceptivos para gozar de la sexualidad sin embarazos no deseados…

Nunca los tiempos fueron buenos para la rebeldía. El Poder nunca la tolera. En la época del poeta bejarano, pese a haber una cierta apertura legal y respetuosa con las distintas creencias, Blázquez de Pedro fue zarandeado por una multitud de beatas enfurecidas que se lanzaron a él por no quitarse el sombrero ante la virgen al cruzarse con una procesión que pasaba por la calle. Fue denunciado y procesado por el incidente. Uno de los muchos enfrentamientos que tuvo con la Iglesia hasta que finalmente fuera excomulgado.

«Todos los progresos, adelantos y prosperidades humanos, en sus múltiples y sorprendentes manifestaciones, son fruto de la rebelión. Sin rebeldes, la Humanidad continuaría aún sumida en las fatídicas lobregueces de la barbarie primitiva. Rebelarse es caminar hacia la cultura, la libertad, la dicha y la prosperidad de todos los mortales. El hombre más perfecto y cabal es para mí el que más se rebela, sin temor á censuras, persecuciones ni castigos», escribe en 1903, y sigue: «rebeldes que sepan rebelarse contra todo sin distingos ni atenuaciones, rebeldes que no consideren á ningún hombre con derecho para erigirse en señor de otro hombre, rebeldes que demuelan sin descanso todo lo viejo, arcaico, oprimente, anémico, corrompido y dañoso, para erigir sobre sus ruinas lo nuevo, libertador, sano, robusto y benfaciente». Y no parece que este pilar, que para Blázquez de Pedro es la rebelión, pese a que le costara muchos disgustos y la vida, fuera rechazado o lo despreciara en algún momento. Al menos no nos consta que se arrepintiera de ello.

Sin ánimo de dar muchos detalles de su vida (es muy recomendable que el libro sea leído para conocer más amplia y detalladamente su trayectoria), Blázquez de Pedro fue uno de los defensores de la Madre Patria en Cuba al final del siglo xix. Quizás esta experiencia, entre otras, le hizo reflexionar sobre las barbaridades de la guerra y se hiciera antimilitarista. En uno de sus artículos, que se reproducen en el libro, «Sedimentos de idolatría», publicado en Tierra y libertad en 1915, se puede apreciar la capacidad de argumentos de los que dispone (difíciles de rebatir), en este caso no frente al Poder establecido, sino sobre la polémica surgida en torno a la participación o no de los anarquistas en la Primera Guerra Mundial. En ese mismo texto podemos apreciar que en el mundo libertario el debate es uno de los pilares básicos de la filosofía anarquista. La verdad no viene establecida jerárquicamente por la legislación sino que, como decía Machado, se hace camino al andar.

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José María Blazquez de Pedro con uniforme de soldado español.

En el libro se incluyen algunos de sus textos, una selección de artículos publicados en distintos periódicos y revistas (algunas cabeceras fueron fundadas y dirigidos por él), que reflejan bien su pensamiento e ideas. Y se entrega un folleto anexo con dos textos del mismo autor: El derecho al placer (1906) y Multiplicidad del amor (1918), ambos innovadores en el pensamiento del mundo laboral hispano.

En otro de sus artículos, que también se reproducen en el libro, «¡Blasfemos!», publicado en La dinamita en 1905, analiza el tema de la religión, en el que manifiesta su postura ante la hipocresía de los feligreses católicos. Tiene una actitud muy hostil contra los que usan la religión para mantener el sistema de explotación del hombre por el hombre, de la jerarquía establecida para que no cambie nada. Sus artículos son durísimos contra el clero que protege a los poderosos y mantiene las injusticias.

Blázquez de Pedro fue, además, uno de los creadores del Ateneo de Béjar, un espacio abierto a todas las ideologías y creencias donde poder debatir sobre cualquier tema.

¿Qué lleva a un hombre como Blázquez de Pedro, nacido en el seno de una familia humilde, a renunciar a vivir cómoda y plácidamente, como habría podido hacerlo con los conocimientos y estudios que tenía, para rebelarse contra el Poder, denunciar las injusticias, la opresión, y sufrir numerosísimos procesos y penas de prisión que le hicieron vivir con estrecheces (llevó una existencia materialmente pobre)? No es fácil saberlo, pero imaginamos que él valoró más la libertad y la justicia y que, como pensaba Kant, el deber del hombre es hacer el bien, porque hay que hacerlo, ajeno a premios en este mundo o glorias en el otro, como ofrecen las religiones. La grandeza del corazón del poeta bejarano es esa, inmensamente más grande que toda la riqueza material del mundo. Nuestra gran admiración y respeto no solo por sus enseñanzas, sino también por dar ejemplo.

El libro, ciertamente, es una biografía, pero, aunque sea el hilo conductor, no solo da a conocer la vida y andanzas del libertario, también nos va mostrando los entresijos de la época, la economía y la cultura de la ciudad que le vio nacer, las inquietudes de la gente de su generación, de las luchas obreras por una vida más digna, en todas y cada una de las tierras donde vivió: España, Panamá y Cuba.

Cuando uno concluye la lectura de la biografía siente tristeza por los últimos momentos de su vida; sin embargo, también una gran admiración por su rebeldía, no sin causa, en su caso por infinitas causas. Una dura vida que sufrió por el mero hecho de pensar, escribir y opinar contra el Poder, contra el Orden establecido.

Hay que agradecerles a los autores el trabajo realizado y animarles, ahora que gozan de más tiempo libre, emancipados del esclavo trabajo, a que sigan rescatando del olvido otras vidas rebeldes.

Tántalo de Okelon

Escrito por Redacción y Colaboraciones

Artículo firmado como Redacción, resultado de una colaboración puntual recibida o copiado de otro blog (citando procedencia).

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