Anarquismo Biografías Guerra civil Española

Horacio MARTÍNEZ PRIETO (1902-1985)

MARTÍNEZ PRIETO, Horacio (1902-1985)

Nació el 29 de diciembre de 1902 en Bilbao, hijo de una sardinera de Santurce, de origen riojano, y de un zapatero anarquista aragonés, que le registró con el nombre de Acracio. Para poder ingresar en la escuela municipal del bilbaíno barrio de Ollerías, los funcionarios le bautizaron, a los siete años, con el nombre de Horacio. Hasta los trece años, en el trámite burocrático de pedir una beca, no fue consciente del cambio de nombre.

Horacio_Prieto

Trabajó como recadero, aprendiz de imprenta, aprendiz de relojería y en un taller de escultura y decoración, en el que se afilió a la UGT. Poco después trabajó, durante algunos meses, en una empresa de fabricación de techos, moldes y cornisas, así como de restauración de iglesias.

Siendo aún adolescente y en su condición social de maketo (castellanohablante), descartó las ideologías predominantes (nacionalistas, socialistas o carlistas) y formó un grupo libertario: “Los sin patria“.

En San Miguel de Basauri, el 31 de julio de 1917, día de San Ignacio, paseando con un grupo de amigos de Ollerías, se enfrentaron a un grupo de nacionalistas vascos. Horacio, golpeado y aislado, estaba a punto de ser lapidado, cuando fue salvado del linchamiento gracias a los disparos de los requetés del barrio bilbaíno de Bolueta contra sus tradicionales enemigos nacionalistas.

En 1918 su padre (Braulio) había muerto, afectado por la gripe española; él mismo estuvo muy enfermo y al borde de la muerte.

A raíz del incidente de Basauri tomó el hábito de llevar pistola, circunstancia que, con apenas 18 años, le llevó a la cárcel bilbaína de Larrínaga, donde entró en contacto con un amplio abanico de cenetistas de valía muy diversa.

El gobernador civil de Vizcaya, González de Regueral, que contaba con la complicidad del presidente del gobierno Eduardo Dato, había establecido el terror en los centros industriales y mineros vizcaínos, con el propósito declarado de destruir a la CNT, en pleno desarrollo.

La excusa esperada llegó con el misterioso asesinato de Manuel Gómez Canales, director de Altos Hornos de Vizcaya, el 11 de enero de 1921. El pistolerismo barcelonés se amplió a Vizcaya: centenares y miles de arrestos, palizas, torturas sistemáticas, desaparecidos, ley de fugas…

Horacio, apenas cumplidos los 18 años, fue condenado sin mediar proceso, en un mero acto administrativo, incorporándolo a la marcha a pie en una cuerda de doce presos más, conducida por guardias civiles, desde Vizcaya a Sevilla.

No había más razón que su ficha de “anarquista peligroso”. Etapas a pie de 30 o 40 kilómetros al día, bajo la lluvia y la nieve, o el sol, vigilados por guardias civiles a caballo. En Cabanillas de la Sierra logró evadirse con otros dos compañeros. En Madrid fue acogido y escondido por gente de izquierdas, durante algunos días. Partió hacia la región valenciana con un nombre falso. El asesinato de Dato por un grupo de acción anarquista redobló la represión y la persecución. Fue detenido por la policía, que lo sometió a un simulacro de ejecución a orillas del mar. Luego fue encarcelado en Alicante. Fue enviado a Madrid para someterlo a los interrogatorios de la Dirección General de Seguridad. Poco después fue transferido a la prisión de Almería. Cuando por fin fue liberado, hambriento y sin dinero, tomó un barco hasta Asturias, y desde allí llegó a Bilbao en agosto de 1921, después de siete meses de desventuras carcelarias.

La CNT había sido ilegalizada. Las actividades sindicales estaban bajo mínimos. No había cotizaciones ni solidaridad obrera posible. Las dificultades militantes eran insuperables. El terror policíaco era omnipresente. Horacio Martínez Prieto no era contratado por ningún patrono de su oficio, todos al corriente de sus antecedentes. Estaba en curso el proceso por el asesinato del director de Altos Hornos. La propaganda por el hecho puso en práctica una nueva modalidad: los atracos para sobrevivir.

Desde marzo de 1922 hasta septiembre de 1924 estuvo encarcelado en la prisión de Larrinaga, por posesión de explosivos. Allí trabó amistad con Miguel Yoldi, preso común muy culto, de Óscar Pérez Solís y de José Bullejos, los dos últimos llegaron a ser destacados líderes comunistas.

Salió de prisión en octubre de 1924. Novedades: la dictadura de Primo de Rivera, implantada con la complicidad del Rey tras el golpe de estado de septiembre de 1923, el asesinato por cenetistas del gobernador Regueral, en León, y la extraordinaria fuerza de los comunistas, reciente escisión del PSOE, en Bilbao. Lo que no había cambiado era la inscripción de su nombre en la lista negra empresarial y en la lista de anarquistas peligrosos del nuevo gobernador de Vizcaya. Por todo ello, decidió exiliarse en Francia.

Encontró trabajo como albañil en San Juan de Luz. Le reclutaron para participar en la toma de Vera de Bidasoa, que fue un absoluto desastre, como Horacio había previsto y anunciado. Varios muertos y numerosos detenidos a un lado y otro de la frontera. Sólo una docena de fugados. Horacio consiguió huir a Burdeos, donde le entregaron una nueva identidad: Herminio López. Poco después subió a París.

En París reflexionó sobre el cuádruple fracaso de Vera de Bidasoa: el de la propia toma de Vera, el del levantamiento de la guarnición de Zaragoza, el del ataque al cuartel de Atarazanas en Barcelona, y el de la invasión por el Pirineo Oriental en combinación con un amotinamiento en Figueres. Los principales responsables habían sido Valeriano Orobón, destacado intelectual ácrata, y los activistas del Grupo Nosotros, que más tarde serían denominados anarcobolcheviques. Horacio concluyó que el activismo ciego y el utopismo iluso conducían al desastre, y apostó por un mayor pragmatismo, pegado como una lapa a la realidad.

El París de los años veinte era un París hostil a los emigrantes extranjeros, con numerosos y vejatorios controles policiales, y, por si fuera poco, la manifiesta rivalidad entre trabajadores de diferentes nacionalidades. Horacio Martínez pasó varios años desempeñando diversos oficios, en distintas ciudades; Burdeos, Bayona, París. El movimiento anarquista francés estaba en plena descomposición, inmerso en lamentables e inútiles luchas intestinas. En París frecuentó la Librería Internacional, donde trabó amistad con Aurelio Fernández, Liberto Callejas, Progreso Ródenas, etc…

En diciembre de 1928 decidió regresar a España. Fue arrestado en cuanto cruzó la frontera y encarcelado en Ondarreta, y, poco después, en Larrinaga. Condenado a tres años y ocho meses fue enviado, vía férrea mediante. a la prisión de Alicante.

En 1930, recién liberado, volvió a Bilbao, donde el permanente acoso policial le obligó a exiliarse, de nuevo, en Francia. 

En agosto de 1931, cuatro meses después de ser proclamada la Segunda República, regresó a Bilbao y se afilió a la CNT, dejando de ser, según su propia definición, “anarquista puro”. Vivió sobre todo en Madrid y Barcelona, ejerciendo diversos oficios, pero siempre en búsqueda de un trabajo más conveniente y menos extenuante, que nunca encontró.

Visitó la URSS, invitado por el PCE vasco (que le cortejaba) para asistir a las fiestas conmemorativas del 7 de noviembre de 1932. A su regreso, se mostró inicialmente prudente en sus opiniones, pero luego publicó un folleto crítico sobre el sistema soviético.

En 1934 ocupó el cargo de vicesecretario del CN, y en 1935 sustituyó a Miguel Yoldi en la secretaría general de la CNT.

En agosto y septiembre de 1936 abogó por abandonar la, según él, quimérica y doctrinaria propuesta de un Consejo Nacional de Defensa, y afrontar una clara y decidida entrada en el gobierno de Largo caballero. Horacio Martínez Prieto dimitió de su cargo de secretario general de la CNT el 18 de noviembre de 1936, presionado por las acusaciones generalizadas de haber ordenado a los ministros anarquistas que huyeran de Madrid el 3 de noviembre. No obstante, siguió en el Comité Nacional, representando a la Región Norte. Afiliado a la FAI, fue director general de comercio bajo el ministerio del cenetista Juan López Sánchez (noviembre de 1936 – mayo de 1937) y subsecretario de Sanidad bajo el ministerio del cenetista Segundo Blanco González (abril de 1938 – febrero de 1939).

Desde julio de 1937 fue miembro de la Comisión Asesora Política (CAP), formada por figuras relevantes de la FAI y la CNT, catalanes en su inmensa mayoría. En 1937-1938 escribió algunos interesantes y destacables artículos en Timón, la revista ​teórica dirigida por Santillán.

En diciembre de 1937 encabezó la delegación española al Congreso Extraordinario de la AIT, reunido en París, donde mantuvo broncos, hostiles, impropios, irreconciliables y vivos debates con los delegados de diversas secciones de la AIT, especialmente con Pierre Besnard y Alexander Shapiro, realizando una magistral exaltación y cerrada defensa del gubernamentalismo de la CNT. Desconcertó a sus oponentes con el uso del “nosotros los de la CNT” y “vosotros los de la AIT”. Se crecía y mejoraba su discurso en la improvisación y el colérico enfrentamiento personalista, cara a cara. Amilanó a sus adversarios con su estilo prepotente, que consideraba enemigos antagónicos e irrecuperables a esos oradores internacionales, críticos con el ministerialismo de la CNT, pero incapaces de la menor ayuda efectiva al esfuerzo bélico, desde unas organizaciones minoritarias y sin apenas influencia en sus respectivos países.

También asistió al congreso de la AIT de noviembre de 1938, redactando la nota adicional que concedía a la CNT carta blanca para practicar la táctica que le pareciera más adecuada, o la que le viniera en gana, por muy contraria que fuera a los principios y estatutos de la AIT; lo que supuso a medio plazo el desprestigio, la decadencia y, finalmente, la inoperancia de esa Internacional anarcosindicalista.

Perdida la guerra, ocupó el cargo fantasma de Ministro de Obras Públicas en el Gobierno en el Exilio presidido por José Giral (agosto de 1945 a enero de 1947); y en 1948 fue uno de los signatarios de un llamamiento —Manifiesto de 23 de enero de 1948— a la creación de un Partido Libertario. Muerto en su exilio parisino, dejó inéditos cuatro tomos de memorias y varios folletos sobre anarcosindicalismo, la Rusia Soviética y el porvenir de la CNT. ​

Fue un sindicalista de tendencia posibilista. Detentó en dos ocasiones el cargo de Secretario General de la CNT. ​Descrito como anarquista de confianza, hábil y maniobrero, temible adversario en los debates. Pragmático y realista, se mantuvo tan alejado del pensamiento utópico y las “finalidades sin fin”, como del “activismo por el activismo”, sin límites. ​ Murió en París el 26 de abril de 1985, fiel a un “exilio interior” provocado por su relativa marginación respecto a otros exiliados y su elitista alejamiento de las disputas y rencillas entre las distintas tendencias cenetistas y anarquistas de un infértil e impotente exilio.

Agustín Guillamón

Barcelona, 5 de julio de 2020

Fuentes:
IÑÍGUEZ, Miguel: Enciclopedia del anarquismo ibérico. Asociación Isaac Puente, 2018
LORENZO, César M. [César Martínez Lorenzo]: Horacio Prieto. Mon père. Les Éditions Libertaires, 2012. Existe traducción al castellano: Horacio Prieto, mi padre. Ikusager ediciones, 2015

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