1. Causas y antecedentes de la sublevación:

El cambio del Antiguo Régimen a uno nuevo de carácter liberal y burgués, fundamentado en la igualdad jurídica -pero con la desigualdad económica presente-, que se vivió en Europa tras la Revolución Francesa, conllevó a unas transformaciones muy importantes de la vida diaria. España, como otros países, era un antiguo reino con una población agraria de carácter autosuficiente y de economía de subsistencia. Con ánimo de promocionar la propiedad privada y la existencia de un sector en la población que fuese propietario, se ejercieron desde el gobierno una serie de políticas desamortizadoras para convertir, por medio de subastas, tierras públicas, de la Iglesia y de carácter municipal, en propiedades privadas1.

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Esto no quiere decir que surgiese la propiedad privada en la posesión de la tierra. Ya existían desde mucho antes, en manos de numerosos nobles, generando, por ejemplo, los latifundios a lo largo de un dilatado proceso histórico. Pero de esta forma, se promocionaba el ascenso del capitalismo en la sociedad española. Pues se daba el caso que en casi todos los municipios españoles existían tierras de carácter comunal donde todos los vecinos podían extraer sus recursos y cultivarlos, bajo el control de asambleas comunales. De esta forma se paliaba el potencial paro que sufriese una parte de la población y se aseguraba que en todos los sitios tuviesen los mínimos recursos para sobrevivir. Sin embargo, para el capitalista, esto era un problema, porque no imponía su autoridad por la coacción, es decir, por el hambre y la negación del acceso a los recursos y medios de producción, que la clase capitalista quiere monopolizar, para así imponer su ley a los demás.

El Estado español ya había decretado varias iniciativas para obligar a la población española a incorporarse al sistema capitalista. Uno de los más importantes fue obligar a pagar impuestos por medio monetarios y nunca en especie. Hasta entonces, en el Antiguo Régimen, existían diversos tipos de impuestos, pero la mayoría de ellos, cuando afectaban a la población, se pagaba en especie. Los recaudadores y los nobles lo recogían y por medio de un perito calculaban su valor, para considerar si el campesino había cumplido, y a continuación proceder a la venta en los círculos comerciales, y así tenían fondos monetarios a través de los impuestos2. El pago en monedas de la población más humilde solo eran casos más bien residuales. Sin embargo, al pagar en monedas, se obligó a las familias campesinas a enviar algún hijo a trabajar en la ciudad, donde la circulación monetaria era mucho más frecuente. La familia prácticamente mantenía al hijo, pero éste a cambio tenía que volver con el dinero suficiente para pagar los impuestos y lo que requiriese la nueva situación social del régimen liberal. Pero no contentos con ello, pues se limitaba a la financiación del Estado, sin la correspondencia del ascenso de la burguesía como clase privilegiada, se recogió una antigua reivindicación de los ilustrados de hacer uso de las tierras baldías y abandonadas que tenían las clases privilegiadas, especialmente, la Iglesia. Ciertamente, el clero contaba con muchas tierras, con frecuencia abandonadas, pero en la mayoría de los casos, ante la imposibilidad de los eclesiásticos de cultivarlas en su totalidad, lo cedían a muchos campesinos para que estos la trabajasen3.

Por su parte, existían las tierras comunales, que se gestionaban por unas juntas, concejos o asambleas que abarcaban toda la población de la localidad y que era de uso y consumo colectivo. Normalmente se correspondía a recursos muy básicos, tales como alimentación, madera, construcción y energía (carbón vegetal, sobre todo). Sin embargo era suficiente para que la “deseada” competencia capitalista no afectase en el conjunto de la población española, habiendo una vida social y económica de subsistencia, autoconsumo, y autosuficiencia, sujeta a los colectivos humanos, que no a los intereses particulares de personas económicamente ricas y con grandes propiedades. Esto era todo un problema para las nuevas élites gubernamentales y sociales.

En la provincia de Granada persisten hoy algunos ejemplos de tierras comunales, como por ejemplo Güejar Sierra o Zújar4, pero la mayoría de los casos fueron desamortizadas y vendidas a subasta. Y en el Poniente granadino se daban casos de latifundios donde la población se encontró con problemas de acceso a la tierra y sus recursos. En Loja fue el famoso general Ramón María Narváez el gran cacique, con un gran poder en todo el país. Éste pretendió comprar la Sierra de Loja, una sierra que había dedicada fundamentalmente para los pastos que estaba en régimen de “bienes propios”, es decir, de propiedad comunal; Narváez posteriormente la cedería a los campesinos, bajo “rentas muy bajas”, dejando en barato lo que antes era gratis5. Ésto provocó gran indignación en toda la población de esta ciudad, que tendrá éxito y frustrará el proyecto de Narváez. Los lojeños, con el resto de la población española, exigirá una reforma agraria, cuya concreción siempre fue ambigua, pero de una forma u otra siempre se pedía algo elemental: el reparto de la tierra. Muchos campesinos entendían que la desamortización no tenía por qué venir acompañada por una subasta, sino por un reparto justo. Pérez del Álamo es un firme defensor de la desamortización6, pero lo que él entendía como tal no se veía del mismo modo por las élites económicas, que aparte, no solucionaron los problemas que se pretendía poner a fin con las idealizadas desamortizaciones. Pues con la nueva propiedad privada de los capitalistas, no solo el campesinado humilde no podía acceder a las tierras, salvo bajo las condiciones del propietario, a menudo arbitrarias e injustas -en busca de una rentabilidad egoísta-, sino que además las tierras continuaron estando vacías y sin cultivar, como en los peores casos de la Iglesia en el Antiguo Régimen, pero con una nueva justificación ideológica: la Propiedad, en lugar de los Privilegios. En la Sublevación de Loja veremos que el reparto de las tierras era la principal reivindicación del grueso del movimiento, más allá de las aspiraciones de sus dirigentes y cabezas visibles, que en cierto sentido, se vieron desbordados.

Durante el siglo XIX España era un país con numerosos problemas políticos y económicos. Era evidente que necesitaba una renovación, que se expresaba bajo el republicanismo y la abolición de la monarquía, frente al centralismo efectivista; la idea de la democratización iba ligada al federalismo y a la descentralización.

La monarquía se encontraba desacreditada tras la crisis napoleónica y el conflictivo y oscuro reinado de Fernando VII. Se consideraba que un Reino era un aparato político obsoleto y fundamentado en el privilegio, por lo que las nuevas clases políticas del país veían claro la necesidad de reformar España bajo unos modelos de progreso donde la monarquía y el despotismo político no tenía cabida. La represión y los errores gubernamentales estaban a la orden del día, mientras que buena parte de Europa prosperaba frente a una España atrasada y endeudada por la pérdida de sus colonias y las guerras carlistas, dos conflictos donde la ceguera política de los Borbones determinaron la crisis. España entró en una profunda decadencia donde el ejército se convirtió en una policía interna, donde los golpes de Estado de los Espadones, grandes generales del ejército, se daban continuamente para tomar el Poder7.

Es en esta situación cuando las ideas republicanas cobran fuerza: representantes de un modelo político nuevo, demócrata y progresista, que conllevaría la eliminación de problemas dinásticos que tantas repercusiones nacionales dio, pero también con cierta dosis de anticlericalismo y de defensa de la propiedad privada, pero eso sí, repartida justamente y no concentrada por medio de privilegios. Pero este proyecto ideal no se aplicó exactamente en todos sus términos y tuvo que coexistir bajo la monarquía borbónica…

Ante una situación de avance de la propiedad privada en unas pocas manos, concentrando el capital, y la depauperación del campesinado que se va encontrando en una situación de no acceso a las tierras -ni comunales, ni eclesiásticas, ni propias- nos encontramos en una situación social donde la igualdad es tan solo jurídica pero no económica, ejerciendo el poder más directo las élites económicas, que son los grandes propietarios. De esta forma, especialmente en el mundo rural y en los pueblos, surge el cacique, que es la persona que domina al resto por medio de una escala jerárquica relacionada con las influencias sociales, los favores, la compra de servicios de fuerza, la concesión arbitraria de cargos políticos, los privilegios y el monopolio. El caciquismo es una expresión de gobierno local no oficial que se logra por medio de influencias sociales y económicas, usando a personas, tergiversando los procesos electorales, tomando el poder local por medio de la fuerza o manipulación, dando trabajo a sus aduladores, etc. El resto de la población no se le opone aunque estén en contra de su dominio, por diversos motivos, fundamentalmente para mantener su bienestar personal y no arriesgarse. Los que se le oponen se arriesgan a la marginación en el trabajo y en la sociedad, amenazas de cárcel y de palizas -que a veces se cumplen y con resultados drásticos-, expulsión de la localidad, calumnias, etc8.

El cacique suele ser alguien adinerado, normalmente un gran propietario, que se presenta a las elecciones, y con sus ventajas sociales, las manipula y las gana. Desde el ayuntamiento concede cargos a sus matones y subordinados y controla las fuerzas de seguridad. Suele ser amigo del cura del pueblo, del médico, del abogado y del terrateniente, que acostumbran a participar en su dominio político y social. Confunden el poder público con el sector privado y personal, es decir, el suyo propio. De esta forma, mantiene el poder local desde una hegemonía casi incontestable, y por beneficio mutuos, colaboran y ayudan al poder central en sus políticas de clase.

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2. Loja y Pérez del Álamo:

La historiografía actual ha subrayado la importancia del caciquismo para manipular con facilidad las elecciones, convirtiéndolas en una falsa. Sin embargo, se ha incidido poco en la violencia directa que ejercían para someter a la población no dócil con su persona. Cuando hablamos de Loja, Pérez del Álamo nos recuerda que antes de la sublevación, murieron, a causa de los matones de los caciques, su propio hermano José y un hombre llamado Francisco Castillo9, y que la amenaza permanente a todos los liberales del pueblo lojeño y antiguos miembros de la Milicia Nacional, les obligó a organizar una Sociedad Secreta en 1856, que tuvo un rotundo éxito y una notable afiliación10. Pérez del Álamo nos cuenta en sus Apuntes sobre dos revoluciones andaluzas que tal Sociedad Secreta tenía un presidente; así como un Consejo que elegía tal presidente y tenía un propio secretario así como tres comisiones de disciplina, armamento y economía; y ya el grueso de la organización estaba compuesta por secciones de 25 hombres, cada una con un tesorero, un citador, un cabo y un suplente11. La Sociedad Secreta estaba armada12 y tenía distintos niveles de sanciones hacia sus miembros, que normalmente no daban lugar en el caso lojeño, pero contemplaba la posibilidad de responder ante los actos más graves y dañinos con el destierro y hasta de cosas que Pérez del Álamo no se atreve a concretar, dejando a la duda de si son palizas o hasta la ejecución. Pero, repetimos, nunca se dio un caso, limitándose tan solo a amonestaciones del primer tipo que cita Pérez del Álamo, esto es, amonestaciones verbales13.

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Rafael Pérez del Álamo (1829-1911)

Los abusos de que eran objeto la población lojeña por parte de los caciques hizo que tal sociedad creciera14, y tras varias elecciones donde ganaron los demócratas frente a los monárquicos15, los ánimos se incendiaron cuando los de Narváez intentaron anular las elecciones (tras repetirlas, con el resultado de la victoria liberal) y posteriormente organizar, por medio de influencias, una serie de detenciones arbitrarias que pondrían en evidencia el armamento de la Sociedad Secreta, pero no el de los caciques que se habían pasado años amenazándolos.

Finalmente, cuando hablamos de la Sublevación de Loja, es necesario mencionar quién fue Rafael Pérez del Álamo, quien dirigirá aquel levantamiento armado que puso en jaque durante una semana a las autoridades del país. Nació en 1829 en Loja (Granada), ejerciendo el oficio de albéitar, trabajo propio del mundo rural, semejante al del actual veterinario, pero enfocado hacia animales de ganadería y del campo, donde la actual actividad consistía en herrar los caballos16. Fue miembro republicano del Partido progresista y demócrata, en oposición a los monárquicos y conservadores, y se sabe que era un admirador de Garibaldi17 y de George Washington18. No era un nacionalista andalucista a pesar que siempre se ha admirado su rebelión como algo propio de Andalucía. Era, en cambio, un convencido patriota español, con matices progresistas, que ve con orgullo no tanto a los Reyes Católicos, sino a personas como Bartolomé de las Casas, y que España, la Antigua Hesperia19. En la tensión política local, dominado por el caciquismo y el contexto que hemos descrito anteriormente, le llevó a sufrir la represión y la necesidad de alzarse ante los abusos e injusticias, empujado por el campesinado que veía sus condiciones empeorando contínuamente. Es así como su nombre aparece en toda España, ligado a la conocida popularmente como la “Revolución del Pan y del Queso”20 que se inició entre Loja e Iznájar, y que fracasó posteriormente. Se le asoció a él y al movimiento como propio de socialismo, pero para entender esto hay que tener en cuenta las siguientes palabras de Fernando Garrido, que deja claro lo que entonces se entendía por “socialismo” entre los demócratas:

La palabra socialismo se inventó para calificar las doctrinas de ciertos reformadores modernos, no porque sus sistemas tendiesen a modificar la sociedad, sino porque estaban basados en el principio de la asociación aplicado a los elementos libres de la sociedad… A estas escuelas se les ha llamado socialistas porque eran societarias, porque tenían por base el principio de Asociación.21

Posteriormente participará, ya “exiliado” en Sevilla, en la Revolución de la Gloriosa de 1868 que supuso la caída de Isabel II22. Pero durante el Sexenio Revolucionario tendrá un claro acercamiento hacia las ideas internacionalistas y del nuevo movimiento obrero, dando una especie de síntesis entre el republicanismo y el internacionalismo que adoptó como ideología propia, “yo soy republicano federal socialista23, y que creemos que fue arquetípica de lo que pasó en el resto del movimiento obrero español:

La República federal resuelve la mitad del problema de los actuales tiempos; el depurado socialismo de la Internacional resolverá la otra mitad: aquélla emancipará las provincias, dándoles su autonomía relativa; éste salvará a los pueblos creando la variedad armónica en la unidad del mundo

“(…) realizaremos la verdad en el orden científico, , la belleza en el orden artístico y la virtud en el orden moral.24.

Pérez del Álamo acabará sus días en Arcos de la Frontera, donde ayudó a la constitución y desarrollo de una asociación obrera llamada La Fraternidad, y mantuvo correspondencia con personalidades como Benito Pérez Galdós o Pablo Iglesias. Morirá en 1911 en el pueblo gaditano.

2. La “Revolución” de Loja de 1861:

A raíz de un inocente folleto -defensor del sistema vigente-, que con su título llevó a confusión, Pérez del Álamo y otras personas fueron detenidas e interrogadas. El folleto estuvo escrito por Eugenio García Ruiz y se titulaba La Democracia, el Socialismo y el Comunismo, según la Filosofía y la Historia, que era anti-comunista y pro-demócrata, pero no fue leído con atención por las autoridades y se creyó que era un folleto comunista25. Fueron absueltos tras la aclaración, dada por parte de algunos periódicos importantes, que sí conocían el folleto y lo defendían.

Más tarde, como hemos mencionado antes, el Gobierno dio orden de registro domiciliario para encontrar armas y municiones en determinados domicilios, y no en el de los caciques. Obviamente, la Sociedad Secreta estaba armada, por lo que la tensión creció en Loja26. El Consejo de la Sociedad Secreta se reunió en Granada, en la calle San Antón, con cuarenta delegados de las provincias de Granada, Jaén y Málaga. Allí se dispuso no levantarse en armas y mantener la tranquilidad, pero tal cosa fue interpretada por el resto de los miembros de la Sociedad Secreta como cobardía y traición, denunciando al Consejo, por lo que se tuvo que celebrar una segunda reunión, en Loja, en la casa de un particular, donde sí se acordó la sublevación y el nombramiento de Pérez del Álamo como jefe27.

Para Pérez del Álamo, aquello era una revolución, pues no aspiraba al cambio de dirigentes y de cargos, sino de cambios profundos y sociales. Quizás no se comparta sus definiciones, pero he querido rendir un homenaje a su persona con el título de este capítulo, llamando “Revolución de Loja”, atendiendo a sus palabras:

Antes de pasar más adelante y con objeto de prevenir que algunos pudieran calificar de pretenciosa la calificación que me permito dar a los sucesos de Loja, debo decir que yo entiendo por revoluciones aquellos movimientos que pacífica o violentamente, con éxito o sin él, hacen los pueblos para remover obstáculos que se oponen a la sustitución de un sistema político o social por otro. Y, en mi entender, son motines o insurrecciones aquellos movimientos violentos que no tienen otro objeto o resultado que un cambio de personas en la gobernación del Estado. Formuladas estas definiciones, y atendiendo a lo que llevo expuesto y a lo que aún me queda por exponer, se comprenderá fácilmente que los sucesos de Loja tienen el honor de una revolución.28

El día 21 de Junio hubo un choque entre la autoridad local y miembros de la Sociedad Secreta en Mollina, donde hubo muertos y heridos29. El 24 de Junio, Pérez del Álamo fue detenido, pero la reacción de la población de Loja fue masiva y con absoluta presión contra las autoridades, que se vieron obligadas a liberarle. El día 27 la Guardia Civil fue al domicilio de Pérez del Álamo, para llevarle preso, pero aprovechó una distracción para escapar a caballo. Fue a un lugar conocido como la “Campiña de las Salinas”, que era el lugar acordado por la Sociedad Secreta para reunir a sus afiliados para la insurrección30. En poco tiempo llegaron 1000 personas procedentes de Loja, Iznájar, Trabuco, Las Fuentes y Archidona. De esta forma se dirigen a Iznájar, donde entablan combate contra la Guardia Civil, que se ve superados, y se rinden. Los rebeldes solo reciben cinco heridos, aparte de Pérez del Álamo, que fue herido en la cara. Tomado todo el pueblo, se respetan las propiedades y la integridad física y de opinión de todos los habitantes31. Se hace la siguiente proclama:

“Ciudadanos: Todo el que sienta el sagrado amor a la libertad de su patria, empuñe un arma y únase a sus compañeros: el que no lo hiciere será un cobarde o un mal español.

Tened presente que nuestra misión es defender los derechos del hombre, tales como los preconiza la prensa democrática, respetando la propiedad, el hogar doméstico y todas las opiniones.

En nombre del Centro Revolucionario,

Rafael Pérez del Alamo.

Iznájar, 28 de junio de 1861.32

A continuación marchan del pueblo, y en el campo, por la parte de la “Campiña de Campo-Agro” y “Salinas” se encuentran con las fuerzas del Gobierno, con el que entablan nuevo combate, donde los rebeldes vuelven a vencer, y reciben la adhesión de los provinciales que se presentaron con las fuerzas gubernamentales33.

Después de todo aquello, se aproximan a Loja, con ya 6.000 hombres, y como en las anteriores ocasiones, ponen condiciones de paz a los gubernamentales. En este caso, aparte del racionamiento de sus tropas, se exigía la evacuación de Loja por parte de las fuerzas gubernamentales. Estas rechazan la propuesta, pero cuando el ejército rebelde avanza a tomar la ciudad, los gubernamentales se retiran. Las fuerzas de Pérez del Álamo entran en Loja pacíficamente y respetan a la población local, y según algunos testimonios entonan el Himno de Riego y otras canciones, en un ambiente ciertamente festivo34. Dentro del pueblo organizan barricadas en las vías públicas35. El propio Pérez del Álamo pide al Ayuntamiento que siga funcionando con total tranquilidad, pero necesitando él y su gente comida y mantenimiento, que el pueblo lojeño y el Ayuntamiento les da. Mientras tanto van recibiendo refuerzos de las provincias de Málaga, Jaén y Granada, llegando a pedir 28.000 raciones, oscilando el número entre 20.000 a 30.000 luchadores, de los cuales 10.000 estaban armados. Entre ellos hay un gran contingente de gitanos, de hecho Antonio Arjona Zorrica será conocido como el “capitán de los gitanos”36. Algunos historiadores hablan del reparto de tierras en Loja, pero debe ser una confusión con el trabajo que naturalmente harían los sublevados en su integración natural con la población local, que vivían la temporada de la siega y la necesidad de abastecer a una gran cantidad de personas nuevas. En un periódico se recoge un supuesto testimonio de un hacendado que se le presenta la mujer de su capataz informándole que su marido está repartiendo las tierras pero que él se puede quedar por haber sido un buen amo37. Durante la estancia, los rebeldes recibieron muchos ataques de los gubernamentales, pero la acción más peligrosa fue la del día 2, con un combate de ocho horas, donde los gubernamentales fueron vencidos y tuvieron que retroceder dos leguas. Con posterioridad a los hechos, la prensa, concretamente El Correo de Andalucía, reproducirá en su número de 9 de Agosto de 1861, una supuesta carta que Pérez del Álamo dirigió a los mandos militares isabelinos, que resulta algo dudosa para más de un historiador, pero creemos que podría corresponder al espíritu de tensión que vivía por entonces, así como un tono desafiante y provocador, mezclado con un alto sentido de justicia, que tanto vemos con frecuencia en sus textos. Respetamos las faltas de ortografía que se presentó, según la prensa:

Señores que componen la Comisión Militar de Loja. – Para la inteligencia de los señores que componen la Comisión Militar de Loja. La primera de las virtudes, es la humanidad, digo esto Porque no abiendo más que un delito y un delincuente y que el delito lo promoví yo y el delincuente soi yo. Se están asiendo las mayores ynjusticias, tengan entendido que por cada uno que peresca haré pereser un general, y por cada mujer que insulten haré pereser a un ministro, y por cada pariente mío un príncipe de sangre real. La reina le concedo merced, del mismo beneficio gozará S.A.R. don Alfonso.

El día 4 el brigadier Serrano del Castillo comenzó a preparar la artillería para asediar y asaltar Loja, y la población, asustada, rogó a los rebeldes que se rindieran o retiraran. Pérez del Álamo decidió abandonar Loja, y para ello preparó una magnífica maniobra militar contra las tropas gubernamentales38. Así lo describe:

Las fuerzas del Gobierno estaban escalonadas el día 4 alrededor de la ciudad en las direcciones de de Málaga y Granada, ocupando la carretera que une estos dos puntos y que atraviesa por Loja, impidiendo así que se me unieran más comprometidos. Yo ocupaba la ciudad y las sierras de Loja y del Hacho que miran, respectivamente, al Este y al Oeste. Era necesario ocultar al brigadier Serrano del Castillo mi movimiento de retirada para que no lo impidiese apoderándose de las sierras, arrojándome a la llanura y acuchillando a mis gentes con su caballería. Al efecto hice desplegar en guerrillas a un batallón ante las fuerzas del brigadier Serrano; y éste, creído de que yo le iba a atacar, hizo un movimiento de concentración hacia la carretera, debilitando así las fuerzas que vigilaban las Sierras. Entonces efectué mi retirada por las cañadas del Confín y del Torilejo, ordenando a las guerrillas que habían causado aquella feliz diversión al enemigo que se replegaran sobre mi retaguardia, y así lo hicieron brava y serenamente. En vano pretendió el jefe realista cortar mi retirada apoderándose del cerro del Fraile: nuestro fuego nutrido y certero le obligó a desistir de su intento.39

Sin embargo, tras la salida de Loja, se fue reduciendo gravemente el número de comprometidos en la Sublevación. Pérez del Álamo, tras pasar por “Safarralla” (Zafarraya), Las Ventas, Alhama de Granada y Las Pilas, decide marchar a Granada capital para reanimar el movimiento y crear un gran bastión popular. Pero son interceptados por las tropas gubernamentales y se libra una última lucha, donde esta vez los rebeldes son derrotados, que se retiran y dispersan40. Así termina la Sublevación de Loja y comienza la aventura de Pérez del Álamo en esconderse en diversos puntos, hasta que le dan la amnistía el 5 de septiembre de 1862. Tuvo suerte, a diferencia de muchos que fueron hechos prisioneros, y algunos de ellos, fusilados41. Con todo, el movimiento de la sublevación de Loja causó honda impresión en toda España y una admiración por su disciplina y respeto hacia las vidas y propiedades de la gente. En muchos sentidos, fue una rebelión popular, a pesar de las calumnias de la prensa. Más tarde el historiador Guichot escribió una Historia de Andalucía relatando los hechos, de tal manera que no fue muy del agrado de Pérez del Álamo, que decidió escribir su libro en gran parte para responder a Guichot42, incluido cuando se refiere a su persona -que lo hace con gran admiración-, pues le hace responsable de ser tan buen líder al demostrar controlar a la chusma que le seguía, tan tendente al desorden y al saqueo. Pérez del Álamo responde que él no tuvo que hacer esfuerzo, porque el grueso de los rebeldes eran personas honradas y nobles43. Asimismo responde a muchas de las preguntas que se le hace:

Pero voy a contestar una a una todas las preguntas del Sr. Guichot: ¿Qué bandera enarboló aquel jefe? La de la Democracia. ¿De qué naturaleza fueron sus aspiraciones? De naturaleza republicana. ¿De dónde partía y a dónde se dirigía? Partía de una monarquía hipostática e iba a una república humana. ¿Contra quién se levantó en armas? Contra la monarquía y la dinastía. ¿Qué es lo que quería derribar y qué tenía preparado para el día en que el éxito coronase sus esfuerzos? La primera parte de esta pregunta está ya contestada, y la segunda parte puede ser contestada diciendo: Muchos de los que me rechazaron cuando me vieron vencido, habrían acudido presurosos en mi auxilio para preparar aquello que habíamos de sustituir lo derribado44.

Así, intentó aclarar Pérez del Álamo lo que fue la “revolución” de Loja, que “iba de la tiranía a la libertad45, que posteriormente será citada por numerosos historiadores: como Fernando Garrido46, Bernaldo de Quirós47, Díaz del Moral48., y hasta algún famoso literato lo cita en alguna de sus obras, La vuelta al mundo en el Numancia, lo cual ayudó a la celebridad de su nombre. Pero desgraciadamente hoy nos encontramos con el evento prácticamente olvidado, con alguna reedición del libro de Pérez del Álamo, hasta que recientemente se ha publicado un libro sobre los hechos49, recordando lo que hicieron los campesinos y habitantes de toda aquella región del centro-este de Andalucía, que significó el preludio de la caída del régimen que abarcó el reinado de Isabel II.

Citas

1Tomás y Valiente, Francisco: El proceso de desamortización de la tierra en España. En: http://www.magrama.gob.es/ministerio/pags/biblioteca/revistas/pdf_ays/a007_01.pdf.
2Indirectamente se puede encontrar menciones en diversas obras, tal como en la Historia económica y social de la Edad Media de Henri Pirenne para el caso medieval de cómo se pagaban en especie los tributos por derechos señoriales (pp. 54-55), aunque no detalla cómo posteriormente se vendía para obtener fondos monetarios. Pero en el caso general resulta interesante la propia web de la Agencia Tributaria Española, que reconoce este hecho: http://www.agenciatributaria.es/AEAT.educacion/Profesores_VT6_es_ES.html.
3Callahan, William James: Iglesia, poder y sociedad en España, 1750-1874. Ed. Nerea, 1989, p. 49.
4Ortega Santos, Antonio: El Comunal imaginado. De la transición en los usos de la propiedad comunal en el siglo XX, Güejar Sierra, Granada. En Historia Agraria, 58, Diciembre 2012, pp. 73-112. Ortega Santos, Antonio y Ortega Santos, Álvaro: De la Junta de Propiedad particular colectiva de Güejar Sierra (Granada). En Cuad. Soc. Esp. Cien. For. 30, 2009, pp. 305-310. Para el caso grotesco de Zújar, complejo por su mantenimiento pero uso privatizado de sus bienes desde el siglo XX: González de Molina, Manuel y Ortega Santos, Antonio: Bienes comunales desde la perspectiva ambiental. En Historia de la propiedad en España. Bienes comunales. Pasado y Presente. Ed. Centro de Estudios Registrales, pp. 493-533.
5Pérez del Álamo, Rafael: Dos Revoluciones Andaluzas. Ed. Biblioteca de la Cultura Andaluza-Editoriales Andaluzas Unidas, 1986, pp. 53-54. En esta edición se encuentra una introducción de José María de los Santos, ciertamente logrado, a diferencia de la edición, que es más bien pobre y ni siquiera se respeta el título de la obra. Existe una edición, de la editorial Aljibe, 1982 de gran calidad, con un excelente prólogo de Antonio María Calero Amor. Más detalles en el texto de Guy Thomson sobre esta Sierra de Loja (p. 80).
6Idem, p. 90.
7Fernández Bastarreche, Fernando: Los Espadones Románticos. Ed. Síntesis, 2007.
8Sobre el caciquismo, véase por ejemplo, entre vastísima bibliografía: Calero Amor, Antonio María: Historia del movimiento obrero en Granada (1909-1923). Ed. Tecnos, 1973: pp. 63-64, 98-101, 105-109. Varela Ortega, José: El poder de la influencia: geografía del caciquismo en España. Ed. Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, 2001.
9Pérez del Álamo: p. 42.
10Léase todo el capítulo III de Pérez del Álamo.
11Pérez del Álamo: pp. 46-47.
12Idem: p. 48.
13Idem: p. 49.
14Idem: pp. 45-46.
15Idem: pp. 51-52.
16Gutiérrez García, José Manuel: Ciencia y exclusión: el desplazamiento de los albéitares de la veterinaria a través de la prensa especializada en el cuidado animal (1853-1855). En Dynamis 33 (1), 2013, pp. 69-92.
17Thomson, Guy: La Revolución de Loja de 1861: la conspiración de los carbonarios y la democracia en la España Moderna. En Sánchez Martínez, Juan Alonso: Pérez del Álamo, p. 87. Asimismo en sus Apuntes alaba las “gloriosas empresas de Mazzini y Garibaldi”, en p. 169.
18Pérez del Álamo: p. 170.
19Idem: p. 151, 165. Las Casas en p. 89.
20Marín Garrido, Antonio y Molinero Gómez-Zorrilla, Jesús: Una aproximación hacia Rafael Pérez del Álamo: el albéitar caudillo. En Sánchez Martínez, Juan Alonso: Pérez del Álamo, p. 184.
21De Los Santos, José María, en Pérez del Álamo, obr. cit., pp. 25-26. Cita a José Acosta Sánchez en su p. 144 de una de sus obras (1978). La cita original se debe encontrar en la obra de Fernando Garrido, Historia de las clases trabajadoras. Ed. Zero, 1971. La cita exacta no la he localizado, pero seguramente se remita a lo que comenta el autor en la página 26.
22Pérez del Álamo: p. 119 y 129.
23Idem: 162.
24Idem: p. 168.
25Idem: pp. 55-56.
26Idem: pp. 59-60.
27Idem: pp. 60-61.
28Idem: p. 63.
29Idem: pp. 63-64.
30Idem: pp. 64-65.
31Idem: p. 65.
32Idem: p. 65.
33Idem: p. 66.
34Thomson, Guy: Obr. cit., p. 87. Cita el periódico El Pueblo, II, 276, 5 de julio de 1861.
35Thomson: p. 89.
36Thomson: p. 79.
37La Regeneración, VII, 228, 29 de Agosto de 1861. Lo cita Guy Thomson en su obra ya citada, p. 91.
38Pérez del Álamo: pp. 66-67.
39Idem: pp. 67-68.
40Idem: p. 68.
41Idem: p. 69.
42Idem: p. 37.
43Idem: p. 70.
44Idem: p. 75.
45Idem: p. 74.
46Garrido, Fernando: El Socialismo y la democracia ante sus adversarios, Londres, 1862, III, pp. 32-34. Citado en Sánchez Martínez, Juan Alonso: pp. 151-153. También se cita en su obra Historia del reinado del último Borbón.
47Bernaldo de Quirós, Constancio: El espartaquismo agrario andaluz. Ed. Turner, 1974, pp. 44-48.
48Díaz del Moral, Juan: Historia de las agitaciones campesinas andaluzas. Ed. Alianza, 1969, pp. 72-75.
49Sánchez Martínez, Juan Alonso (coord.): Rafael Pérez del Álamo. 150 aniversario de la revolución de Loja. Ed. Fundación Ibn al-Jatib, 2011.

Escrito por Fran Andújar

Doctorando en Historia. Universidad de Granada.

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