Nota del autor: Fragmento del escrito enviado a Rúbrica Contemporánea para un Dossier de futura aparición sobre nacionalismos. Dada las características de la licencia del medio, comparto este fragmento para su revisión pública, independientemente del proceso de revisión por pares que se está realizando.

(…) Un aspecto interesante y clásico de la historiografía sobre los nacionalismos es el referido a la identificación de los estados como uno de los agentes, o el principal, en los llamados procesos de nacionalización, es decir, en el devenir de la aceptación de las conciencias nacionales, lo que Benedict Anderson y otros historiadores llamarían comunidades imaginadas1, los estados han sido la pieza clave para dichos procesos. Este punto de vista, curiosamente, fue defendido en las primeras décadas del siglo XX por uno de los anarquistas más reconocidos en el panorama internacional, Rudolf Rocker, quien en su momento afirmó que “la nación no es la causa, pero sí el resultado del estado. Es el estado quien crea la nación y no es la nación quien crea al estado2.

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Continuando con unas pocas pinceladas que ayuden a situar los planteamientos de este estudio, destacaría otro concepto muy trabajado como el de la competencia entre nacionalismos en un mismo territorio. En este sentido, nombrando únicamente unas pocas referencias, como sería la ya clásica investigación sobre los nacionalismos en España de Justo Beramendi, José Luís de la Granja y Pere Anguera3, o la vieja polémica sobre la débil nacionalización española en el siglo XIX4, trataríamos ejemplos de los debates que se han creado alrededor, sólo en el caso español, de la competencia entre nacionalismos. En cualquier caso, en éstas y en centenares de aportaciones pasadas y presentes, queda fijada la idea que a menudo, en un mismo territorio y marco cronológico, existen procesos contradictorios o enfrentados y que, en ese contexto, aparecen las más variopintas y variables conciencias en el seno de la población. De hecho, en el terreno de las identidades nacionales, sólo habría que recordar el ya clásico “España. La evolución de la identidad nacional” de Juan Pablo Fusi, para comprender que las naciones son construcciones sociales en constante cambio y evolución, o más recientemente las aportaciones de historiadores como Alejandro Quiroga y Ferrán Achilés, quienes afirmaron que “la identidad regional es perfectamente compatible con la nacional y las identidades múltiples un fenómeno común en la España de los dos últimos siglos5.

Otro dato a tener en consideración es la definición de quienes conforman o no a una determinada nación.

En un sentido estricto y liberal, la nación son todas aquellas personas con derechos y deberes nacidas o aceptadas bajo un estado, mientras que en un sentido romántico-historicista, una nación es un conglomerado de rasgos históricos, “raciales” y/o culturales que la definen y singularizan del resto. En la práctica, ambos discursos interpretativos se suelen entremezclar en el vasto magma de matices discursivos en el seno de cualquier movimiento nacionalista, quienes suelen ser diversos e incluso con discursos contradictorios.

Por lo complejo del asunto, lo interesante del mismo e incluso, por la demanda social existente, los estudios sobre nacionalización son tendencia en los ambientes universitarios mundiales. En el caso de España la situación no es diferente, sólo habría que leer los diferentes artículos de la revista “Ayer”, número 90 (2013) y su dossier sobre nacionalismos, coordinado por Alejandro Quiroga y Ferrán Achilés, para apreciar la vitalidad de este campo de estudio y, al unísono, la diversidad de enfoques que genera.

Más allá de lo ya planteado, desde hace años en los estudios sobre nacionalización académicos se está analizando la nacionalización más allá del estricto ámbito del estado, introduciendo actores como la Iglesia como agente nacionalizador, las visiones subjetivas y diversas en la esfera individual o, al calor de los famosos planteamientos del nacionalismo banal de Michael Billig, todo el conjunto de situaciones y hechos que generan nacionalismo de una manera taimada. En síntesis, vivimos una época en donde los estudios sobre los nacionalismos están en su apogeo.

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Históricamente los proyectos nacionalistas han generado conflictos desde su mismo nacimiento, especialmente cuando un discurso nacional concreto intenta implantarse y ser hegemónico en el territorio que considera propio. Pongamos varios ejemplos para entender mejor lo anteriormente planteado. Pensemos en el 4 de julio de 1776, cuando Estados Unidos declaró la independencia de la corona británica, afirmando en el preámbulo de su declaración que “all men are created equal, that they are endowed by their Creator with certain unalienable Rights, that among these are Life, Liberty and the pursuit of Happiness”6. En base a una declaración de este tipo y si dejamos de lado las referencias religiosas, encontramos un discurso que sobre el papel otorgaba a cada persona unos derechos inalienables, independientemente de su origen y condición. En síntesis, una declaración de una nación abierta y hasta cierto punto cosmopolita. Sin embargo, si pensamos que gran parte de quienes fomentaron y redactaron la declaración independentista fueron esclavistas y que, al mismo tiempo, si por algo ha destacado la historia norteamericana ha sido, precisamente, por la expulsión del disfrute de los derechos nacionales a amplios estratos de su población, normalmente por su origen inmigrante o por formar parte de alguna minoría racial, podemos entender que más allá de las buenas palabras, los procesos nacionalizadores suelen tener, incluso en casos como el americano, un fuerte componente excluyente y generador de conflictos.

Pensemos más en otros tópicos de la nacionalización americana, como pudo ser la XIII Enmienda de 1865, la cual establecía el fin de la esclavitud legal, sin embargo, en la misma se dejaba abierta la puerta a ella para personas convictas, lo que explica que la misma en el sur americano, pese a la legislación existente, perdurase durante años, ya que los negros volvían a ser esclavizados por ser vagabundos o supuestos ladrones.

Otro ejemplo de ello es la película de D. W. Griffith, “Birth of a Nation”, fue un fenómeno en su estreno en 1915, recibiendo entonces buenas críticas de la prensa y del mismísimo presidente de los Estados Unidos. En dicho film, los héroes americanos son los caballeros del Ku Kux Klan y los negros, aunque ahora pueda parecer algo tragicómico, eran representados como bestias, ávidas por violar a jóvenes blancas indefensas y comer pollo medio crudo en mitad de los debates del Congreso de Carolina del Sur. El impacto del film fue tan grande que le dio la idea, al mismo Ku Kux Klan, de utilizar cruces ardiendo en sus actividades terroristas. Los pánicos rojos, la segregación racial, la guerra sucia contra activistas y disidentes en el siglo XX, especialmente si eran negros, serían sólo unos pocos ejemplos más de esa parte del nacionalismo americano basado en la discriminación de todo aquel que no sea blanco, anglosajón y protestante.

¿Resulta extraño que aún hoy en día en Estados Unidos una parte de su nacionalismo sea racista y conservador? ¿Qué un estado con el 4% de la población mundial tenga el 25% de la población reclusa, mayoritariamente negra7?¿Qué Donald Trump sea presidente? No.

La existencia de este tipo de corrientes reaccionarias y excluyentes en el seno de los nacionalismos no son patrimonio americano; en el chovinismo francés, el racismo germano de antaño, o en ciertos discursos en el seno del proceso de construcción nacional española y otros nacionalismos periféricos hispanos, existen ejemplos que confirmarían el éxito de este tipo de discursos nacionalistas en el tiempo.

Notas

1Benedict Anderson, Comunidades imaginadas. Reflexiones sobre el origen y la difusión del nacionalismo, México D.F., Fondo de Cultura Económica, 1993.
2Op. Citado en: Geoffrey Ostergaard, “Resisting the nation state. The pacifist and anarchist tradition,”, Peace Pledge Union: , [1982], http://www.ppu.org.uk/e_publications/dd-trad1.html (consultado el 28 de noviembre de 2016).
3José L. de la Granja, Justo Beramendi & Pere Anguera, La España de los Nacionalismos y las Autonomías, Madrid, Síntesis, 2001.
4Por ejemplo en: Francesc Borja de Riquer, “La débil nacionalización española del siglo XIX”, Historia Social, 1994 (20), pp. 97-114.
5Alejandro Quiroga & Ferran Archilés. “Presentación. Dosier La Nacionalización en España”. Ayer, 90, 2013, p.14.
6“The Declaration of Independence”, America’s Founding Documents – National Archives, [1776], https://www.archives.gov/founding-docs/declaration (consultado el 29/11/2016).
7El dato estadístico referido, así como otros datos relativos al racismo en la historia norteamericana han sido extraídos del documental Emmienda XIII (Ava DuVernay, 2016).

Escrito por Fran Fernández

Francisco Fernández Gómez. Doctor en Historia, investigador y docente. Apasionado de la historia social, los estudios sobre nacionalización, las nuevas tecnologías y la confrontación de pareceres.

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