Cómo sabemos, cómo creemos y cómo dialogamos

El éxito de estas teorías conspirativas y noticias tremendistas se deben en gran parte a nuestra incapacidad o dificultad para mantener diálogos justos, objetivos y racionales. Estamos imbuidos en una sociedad preñada de conflictos, en una economía de competencia (confrontación), y en unas formas políticas en la que se trata a toda la población como menores de edad que necesitan especialistas para la toma de decisiones políticas y sociales. Es normal, por ello, que nuestra forma de pensar y hablar a menudo sea de niños en una pelea, y que nuestras fuentes de información no sean muy diferentes al de los clásicos rumores. Es por ello que conviene detenerse a reflexionar sobre nuestras formas de saber, pensar y hablar.

En primer lugar, debemos meditar sobre la incapacidad de aceptar pruebas del contrario. Es muy sano, y hasta de obligado proceder, analizar muy críticamente cada prueba, porque es fácil trucarlas, manipularlas y tergiversarlas. Pero algunos casos, como el de la Luna nos da unas pruebas muy contundentes, pero que siempre tienen respuesta, porque los partidarios de las conspiraciones no buscan la verdad y el conocimiento, sino solo mantener su chiringuito a toda costa, por lo que buscan, ansiosos, una respuesta y una negación. No importa que haya algo que parezca muy claro y no puedan responder al momento, se tomarán su tiempo para contestarlo, y no será precisamente con investigaciones o artículos científicos (ay de aquella revista que use un método de revisión de pares y encima se atreva a rechazar un texto por su insuficiencia). Las pruebas son aceptadas o rechazadas no por su contenido, sino por su proveniencia (la famosa falacia medieval de la Autoridad), y acaso por su alineamiento, pero nunca por los razonamientos y procesos seguidos para alcanzarlos.

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En cuanto a las formas de pensar y argumentar, la lógica que usan para llegar a sus conclusiones, y su actitud a la hora de intercambiar ideas o información, podemos ver que se han detectado varias pautas entre quienes son aficionados a estos temas. Toda teoría conspirativa responde a cuatro premisas fundamentales que expuso Jean Pierre Taguieb en los siguientes puntos:

  1. Nada responde al azar. Todo responde a un plan preparado.

  2. Todo está relacionado.

  3. Lo importante está escondido. Lo que se ve en una investigación nunca es lo importante.

  4. Nada es lo que parece; todo tiene un significado oculto.

Dicho autor se apresura a mencionar que no es malo dudar sistemáticamente de la verdad. Es, de hecho, algo natural y positivo. Pero el problema radica cuando hay quienes se empeñan en pretender demostrar que siempre hay un engaño detrás. Un engaño interesado y lógico, capitalista y dominador. Se le confiere así una intencionalidad política a todo, pretendiendo una extensión amplia de la vocación social muy superior no solo al que tienen la gente hoy, desentendidas totalmente de cualquier militancia, sino incluso de nuestros oligarcas y gobernantes, más preocupados en ganar influencia y dinero, a verdaderos proyectos políticos que se deben defender aún a costa de muerte y sacrificios. En realidad, todo es mucho más simple, y la situación actual de absoluta pasividad, permite que hagan lo que les venga en gana sin necesidad de complicados u ocultos planes. Cierto que existen casos rocambolescos, atentados de falsa bandera y ciertas tropelías a lo largo de la historia, pero los casos que se han dado históricamente han seguido pautas muy distintas a las conspiranoias1 descritas por estas webs y escritos de carácter guetil y ególatra.

Nosotros debemos añadir un cuadro que explica el modo de pensar de los partidarios de estas teorías, que usan un silogismo falaz y simplón:

1. Todo lo que considero Poderoso hace un producto o acto.

2. Todo producto o acto de ese Poderoso es malo, perjudicial y/o negativo.

3. Quien defienda al Poderoso o al producto o el acto, es parte de él, o un sujeto pasivo o inferior mentalmente, a los que nos oponemos.

No se trata de negar que existan casos que cumplan estos puntos, sino que no siempre son así y los temas son más complejos. No se trata de partidismo y sectarismo, sino a razonamientos. Es imposible mantener una conversación racional con ellos, ya que siempre que se les diga algo discordante o desagradable, no se paran a la reflexión o contrastación, recurren rápidamente a la acusación o descalificación, con claros prejuicios, de que eres un partidario de ellos o que te han engañado. Sin parar a pensar que igual son ellos los engañados y que sus exageraciones o falsedades terminan, al final, beneficiando a esos mismos Poderosos, que logran desacreditar no solo a los conspiranoicos, sino a todos sus opositores, incluyendo aquellos que hacen críticas más sobrias.

esqueletos discutiendo

Llama la atención que suelen escoger bien lo que van a decir, evitando informaciones que puedan ser respondidas inmediatamente y de una forma contundente. Suelen usar medios donde no se pueda contrastar realmente las distintas afirmaciones, evitando a toda costa revisiones, laboratorios, documentos y exhibiciones. Ni siquiera acostumbran a realizar citas literales de los documentos en los que se apoyan. Se dirigen a personas que no saben del tema, evitando a quienes sí sepan y a los profesionales, tildados con frecuencia como colaboradores del gobierno, por el solo hecho de replicar, con fundamentos, las distintas conspiranoias que se presentan. Se asemeja extremadamente a la actitud de los religiosos con la Biblia: en el Antiguo Testamento, hace miles de años, Dios estaba constantemente en contacto con los seres humanos y los judíos; intervenía frecuentemente en su vida pública y política; los hechos mágicos como destrucciones de torres ciclópeas, diluvios y bolas de fuego que destruyen ciudades son también numerosos; los primeros seres humanos vivían durante siglos; Jesucristo hizo muchos milagros al igual que los santos. En cambio, en nuestros días pululan falsificadores, falsos diagnósticos y todo tipo de mentiras; los milagros no son tan frecuentes como antes. ¿Por qué? Evidentemente, todo era mentira, y la única diferencia es que hoy hay mejores formas de mostrar que eran trucos o confusiones. Pasa lo mismo en estos asuntos conspirativos, espirituales-energéticos, new age y diversas supersticiones “laicas”. Hablan mucho de tener una actitud crítica, pero no con ellos o con sus creencias, enojándose si se adopta con ellos. En las redes sociales, youtube y blogs es fácil inventarse que el descubridor del SIDA, Luc Montaigner, aseguró decir que nunca se han hecho fotos del virus, lo cual es falso, y tras enterarse que tales extremos se afirmaban en las redes sobre él, años después, apareció en una entrevista para desmentirlo. Pero ya habían pasado años y más de uno se habían tragado ese engaño. Y pagaron haberse creído ese disparate…

¿El lector conoce la “Broma de Sokal”? Su Broma nos sirve de ejemplo de la facilidad que tiene la mentira y la pseudociencia de infiltrarse en los distintos medios académicos y de comunicación, usando tan solo una serie de discursos agradables y atractivos, pero sin fondo o sentido alguno. Alan Sokal es un físico que escribió un artículo sobre su campo científico lleno de todo tipo de disparates que disfrazó con un relato postmoderno, pomposo y falaz. En 1995 lo envió a la revista Social Text, dedicada a los estudios de las humanidades y sociología, que gustaban de poner en duda a las ciencias puras, en una actitud anti-científica, pues buscaban “nuevas vías” para estimular la investigación. En realidad, el equipo de dirección de la publicación estaba ahí para establecer la política a seguir de los artículos que se reciben, pero no para supervisar su calidad y seriedad, que es la principal función de estos equipos. No seguía ningún método de revisión, ni de pares ni pares ciegos ni nada. Y ocurrió lo inevitable: en 1996, Social Text, en su volumen 18, número 1, apareció el artículo de Sokal, mientras en otra revista, muy poco después, el físico advertía, en Lingua Franca, que su artículo es de broma, para poner a prueba la capacidad de los relativistas postmodernos de percatarse que les están tomando el pelo. Por suouesto, no se dieron en cuenta, haciendo el ridículo en todo el mundo, provocando la movilización de los peces gordos del relativismo cultural y de la filosofoía postmoderna para responder a Sokal sus supuestas lecturas, insuficientes y superficial, de una filosofía que no entendía. Lo cual resultaba paradójico, porque los escritos postmodernos, por su parte, también pueden ser acusados de una lectura insuficiente y superficial por sus contricantes. En realidad, es imposible leerse la docena de libros que suelen tener los centenares de autores que hay en unas posturas u otras. Por eso, ni falta que hace leerse todos los escritos; lo importante es ceñirse a un texto en concreto y centrarse en su contenido. Si el contenido es certero, no necesita apoyarse en otros escritos más que para verificar sus citas y referencias, no para alimentar su argumento y lógica interna. Esto bien lo saben los relativistas postmodernos, pero obviamente necesitaban acusar falazmente a Sokal para intentar escapar del ridículo público. Este escándalo no es por creer cosas imposibles, mágicas y absurdas: autores como Derrida no escriben sobre reptilianos, annunakis o Hitlers en OVNIs. Lo que nos interesa aquí es esa forma de pensar, llena de imposturas, falaces, de auto-oírse, de discursos más importantes que el contenido o el argumento. El relativismo que propugnan no nos lleva a la diversidad de opiniones, algo natural, deseable y respetable, cuando son posturas auto-críticas que escuchan a las demás, no para fingir una mayor educación, sino porque tienen en cuenta que pueden aprender de otros, y con ello mejorar, rectificar, cambiar y enriquecerse. El exhibicionismo intelectual no puede confundirse con el esfuerzo investigador. Y las falacias que recurren los primeros son la base de la forma de argumentar que tienen las pseudo-ciencias y estafas intelectuales que en este texto solo estamos exponiendo los casos más descabellados.

La ilustracion obrera la oxigenacion del niño

Todo esto afecta especialmente al anarquismo, especialmente al actual, que queda, a ojos de la gente, como alejado de la realidad y metido en teorías sensacionalistas en lugar de atender los verdaderos problemas actuales, perfectamente cotidianos y tangibles por todo el mundo (paro, vivienda, indigencia, represión…). El anarquismo antiguo veía la ciencia como un elemento de liberación frente a la ignorancia y la imposición de creencias religiosas que justificaban la autoridad. La ciencia exigía un rigor y una capacidad metodológica para comprender la realidad por medios accesibles a todos, popularizando el saber y sirviendo a la gente, con un éxito que ha fomentado su buen prestigio. En su análisis de la ideología anarquista, José Álvarez Junco explicaba el pensamiento libertario del siglo XIX:

Es necesario, por tanto, que las masas proletarias conquisten el saber, pero no un saber inútil, dogmático, mixtificador o justificador de la situación política existente, acompañado quizá de algunos conocimientos prácticos indispensables para la labor productiva, que es lo más que concederán los privilegiados, sino un saber ‘científico’, ‘positivo’, basado en la experiencia, en la observación de los fenómenos naturales y descubrimiento de sus leyes2

Y no se inventaba nada, en la misma página citaba a la Federación Igualadina en su número 53 las siguientes palabras: “Pues hagámanos hombres instruidos en ciencias exactas y haremos la verdad y la luz que nos saquen de las tinieblas en que estamos metidos

Sin embargo, los desastres del siglo XX vinieron acompañados de una nueva maquinaria bélica nacida del uso de la ciencia, y a la contratación masiva de científicos para programas estatales en el contexto de la guerra fría. Hoy, no hay tal guerra, y los empleados del Estado en programas científicos funcionan con muy poco control, de una forma muy semejante a los equipos de investigación becado de cualquier departamento universitario, los cuales, para quienes los hemos visto y vivido, suena a chiste suponer una colaboración activa con el gobierno, porque realmente no hay tratos con ellos, más allá de lo que tiene un alumno de una carrera con el Ministerio que le puede conceder o negar una beca de movilidad. Creemos que en el actual anarquismo este tema se ha mistificado mucho y no se ha tratado muy acertadamente. Debemos hablar del tema en concreto, lo que hay en el fondo, y en este caso, es la verificación objetiva, es decir, todo conocimiento que pueda ser comprobado por cualquiera, y la ciencia (o como se quiera llamar), como método y norma para construir eficazmente el saber partiendo del mundo material que percibimos. Superar supersticiones y creencias personales que mantienen posturas unilaterales y arbitrarias. La crítica a la ciencia se ha limitado a consignas que no permiten un verdadero debate, consignas que no van a la esencia de la ciencia, solo a descalificarla (“es una nueva religión”, etc.), que se remiten a las malas acciones realizadas por sujetos, no a su método en sí. El éxito de la ciencia ha promovido su uso por todos los sectores de la sociedad tanto en investigaciones como en propaganda, pero no quiere decir que esa ciencia sea propia de esos sujetos, lo cual hace suponer, falazmente, que están de su parte. En realidad, y como vemos en el Congreso Anarquista de Londres, que hacía un llamamiento a la Ciencia -si bien en general era un eufemismo sobre el uso de bombas y otras técnicas consideradas útiles para las luchas de su momento-, la ciencia ha sido usada por todos los grupos, sectores e individuos de la sociedad humana. Eso no supone que favorezca a un individuo o grupo en particular; solo demuestra que tiene una gran eficacia, como vemos en los actuales avances científicos sobre todo tipo de cosas (genética, informática, cirugía, electrónica, etc.), y esa eficacia es lo que atrae el interés de todos. Pero entre esos sobresalen, por su poder y capacidad, el de los gobiernos y empresas, que son los que controlan el mundo actual. Eso hace creer que la ciencia está creada por ellos y que es, en consecuencia, de ellos. Pero esa idea solo simplifica una realidad más compleja y llena de ejemplos que replican las consignas que se lanzan contra ella. No en vano, los movimientos sociales, y entre ellos el anarquista o el marxista, es un movimiento de individuos nacidos en la sociedad capitalista y estatista, educados en sus escuelas. Lo cual no hace que el movimiento libertario sea propio del capitalismo o del Estado. Solo es influido, como en todo, pero no determina, ni fija, sus proyectos y objetivos.

Ni que decir tiene que los métodos conspiranoicos de conocer la verdad serían muy irritantes para el anarquismo si lo usara un juez en los juicios contra compañeros: carentes de pruebas, valoran más lo oculto que lo manifiesto, lo relacionan todo por inverosímil que sea, y todo responderían a un plan criminal, sentencian y toman como verdadero la lógica subjetiva que interpretan a partir de prejuicios e inducciones más o menos fundadas pero igualmente ciegas a la hora de establecer los hechos. Contrasta la justa exigencia de rigurosidad en los juicios que se pide desde el movimiento, víctima de montajes y falsos juicios, con la actitud conspiranoica que exhiben a la hora de opinar sobre temas sociales y pseudocientíficos. Eso se debe a que no se juega a la hora de la verdad, pero la crítica fácil contra la Ciencia como elemento del poder exige el rechazo y la denuncia de todo su ser, sin apenas distinguir lo que realmente significa el conocimiento científico. Cierto que no pasa solamente en el anarquismo: a nivel politico la irracionalidad y creencias absurdas fue algo muy propio de la derecha religiosa de carácter profundamente ególatra, que usa con muchísima frecuencia acusaciones e insultos basados en falsificaciones y tópicos, por no hablar de algunas de sus visiones, claramente marcadas por sus creencias en contraposición con la realidad, donde se imaginan a fetos con personalidad, cuasi-humanos, en sus campañas contra el aborto; pero lo curioso de todo esto es que también ocurre en la izquierda en general, lo cual resulta sorprendente, porque bebe de las aportaciones humanistas que heredamos del Renacimiento y de la Luz de la Razón de la Ilustración. Sin estos dos movimientos hubiera sido imposible el surgimiento del pensamiento socialista del siglo XIX, cuya visión del mundo era desde una perspectiva materialista y naturalista; lo que percibimos de una manera muy tangible es la realidad y lo demás es algo no seguro; la posibilidad de llegar al consenso humano en determinadas cuestiones solo se puede lograr por medio de la razón y las pruebas, de manera que se pueda entender y comprobar entre todos. Sin embargo, el new age y las teorías orientales de energías y ki nos da una visión del mundo espiritual y de elementos no tangibles, del mismo modo que antes las religiones y sus espíritus domésticos, demonios o santones. La actitud ególatra de creer que una postura personal puede tener la misma consideración social que cualquier otra postura racionalizada y criticada entre todos puede ser muy cómoda. Y la comodidad, la constante reflexión sobre tus propias convicciones, lejos de alejarte de ellas, son las que te facilitan mejorarlas, hacerlas realidad, y deshacerte de ellas si son erróneas.

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Esta visión espiritual y religiosa se justificó por el potente movimiento de los años 70 del multiculturalismo que en sus críticas del colonialismo occidental intentaba poner en el mismo nivel todas las culturas del mundo. Algo muy positivo y deseable, pero en el simplismo occidental hemos confundido todos los elementos culturales de cada lugar y hemos olvidado que, al igual que en nuestra propia cultura, existen elementos negativos, falsos y supersticiosos, y que hay que distinguirlos dentro de esa misma cultura. No todo vale3. Frente a la derecha que imponía el status quo aduciendo a que se respete lo establecido y por ello no cedía a la razón de quienes exponían el hambre, la desigualdad y las injusticias, tenemos ahora un movimiento que entra en ese juego de relativismo cultural y sobre todo político, donde la razón se confunde con cualquier impostura, y en ese respeto hacia todo, se debe respetar lo injusto. Que otros tengan una postura de crítica al poder no sirve de nada si esta postura no escucha. Al final, como entre todos nadie escucha, el que se impone es quien tiene Poder de antes. Por eso, debemos establecer una sociedad abierta, crítica y rigurosa, para que esta pueda cambiar, y con ello, mejorar.

Cuando hablamos de ciencia debemos incluir también otros métodos de verificación existente entre humanos, aunque carezcan de experimentación y reproducción material de las teorías, pero mantengan otros métodos que funcionan con la misma idea: la comprobación que pueda hacer cualquier persona sobre algo. Porque la Ciencia no es un Modo de Saber, una supuesta Religión con una específica descripción del mundo, sino, como ya dijimos, un método de adquisición y verificación de conocimientos. La ciencia no pretende erigirse como Autoridad absoluta de la Verdad, como a menudo se la acusa, sino, simplemente, como el conocimiento que cualquiera puede adquirir si sigue unos patrones descritos, que ha supuesto tiempo de trabajo y esfuerzo. Para un anarquista, este debería ser su método de investigación y saber ideal, porque, primero, es popular, puede llegar a cualquiera, sin caer en subjetivismos y afirmaciones categóricas derivadas de autoridades que establecen su criterio por su supuesta superioridad, con arbitrariedades, que se presentan como reveladoras y con la única garantía de su parecer y creencia. Y segundo, porque el anarquismo es siempre escéptico y racional, entiende los sentimientos dentro de la misma biología humana que usa el cerebro para el raciocinio, que es lo que se usa para el consenso entre humanos, muy útil para determinar si algo es correcto, porque hay más personas, que por diferentes medios, miran si han llegado a las mismas comprobaciones, corregir los posibles errores, y analizar los aciertos. El ser humano quizás no llegue nunca a un conocimiento absoluto de nada, pero lo que hace cotidianamente es usar el saber que, por el momento, más se ajusta a la realidad.

La impresión que se da en el rechazo a la ciencia se parece más bien a una rabieta de quien quiere mandar y oprimir (o imponer su parecer) pero no se lo permiten; de alguien que no tiene razón y lo quiere tener a toda costa, o al menos, estar al mismo nivel de quienes sí la tienen. No debemos confundir frustración y deseos de imposición con el ejercicio de la libertad. La mentira o el engaño no se puede confundir con el conocimiento. La investigación llevada a cabo por muchos y con más esfuerzo, comprobación, prudencia y trabajo, no puede ser equiparado a la afirmación subjetiva de quien se siente, simplemente, superior a los demás y con unas capacidades especiales no accesible a los demás (“profetas”, “elegidos”, “visión extrasensorial”, “sexto sentido”… todo eso son conceptos frecuentes en el ambientillo anticientífico). Que alguien quiera decir una simple opinión o creencia no importa: importa cuando intenta engañar a los demás y no explica los distintos niveles de conocimiento que hay entre las diferentes versiones de algo. Porque, obviamente, todos aquellos que ponen en duda la ciencia, niegan la existencia del VIH, que afirman un gobierno oculto de reptilianos, etc., jamás explican con objetividad y fuentes primarias lo que dicen sus contrarios. La tergiversación es tan grotesca, que Icke pretende mostrar que los prehistoriadores hablan del Homo Sapiens como surgido repentinamente tras un millón de años como “homo erectus”, cuando se supone que durante todo ese tiempo se fue dando sub-especies y una evolución lenta. Se limitan a decir, para restar credibilidad, que la “ciencia es soberbia”, una autoridad de los gobiernos y élites, cuando lo cierto es que es la propia gente, a la vista de sus resultados y de su eficacia, quienes le han dado ese extendido prestigio social. Pero la frustración de que una opinión se ve negada por hechos que pueden ser comprobados por cualquiera, produce un sentimiento de inferioridad al no poder mantener su postura, tomando la decisión, entonces, de restar credibilidad a ese elemento que obstaculiza la imposición (no raciocinio o argumentación) de su opinión, y esto pasa por moralizar negativamente una supuesta mala actitud de la Ciencia, y que por ello merece un baño humildad a base de reiki y cursos de auto-superación (incluidos los eructos, o ruidos de garganta, de Marina Morant; o las naves de Raticulín de Carlos Jesús). El reiki, esa teoría sobre energías con capacidad de armonizar y sanación surgida 1922 con Mikao Usui, no muy diferente a una sesión de masajes o un poco de psicología, con simples ambientaciones con utensilios y ungüentos relajantes, que no necesita recurrir a energías o chakras, sino, sencillamente, al sistema nervioso humano. Si fuera solamente eso, pues bien, no es más que una forma de llamar y concebir las cosas, pero ya se llega a extremos algo descabellados, como curar el cáncer.

Al respecto resulta sorprendente la semejanza4 que tiene el reiki con la teoría del Toque Terapéutico de Dolores Krieger, que fue desacreditada por una malvada “científica” de 9 años en 1996, Emily Rosa (no confundir con la niña poseída por el Diablo que dio lugar a una película), en uno de esos experimentos en un lúgubre laboratorio de algún lugar secreto: en una feria de ciencia local, donde se dispuso a comprobar si el Toque Terapéutico (TT) era real poniendo una mesa separada con un panel a la mitad, para que no se vieran las personas que se sientan enfrente. La TT asegura que la energía que fluye por el cuerpo puede ser tocada a unos pocos centrímetros. El método era sencillo: un experto en reiki ponía la mano en uno de las dos aperturas hechas en la tabla que impedía que se mirara a la persona de enfrente, ahí ponía las dos manos abiertas hacia arriba, y entonces Rose ponía su mano abierta hacia abajo, cerca, y el experto tenía que decir si lo había puesto en su mano derecha o izquierda5. Llendo a la casa de quince de ellos, y luego, en un lugar más preparado (había llamado la atención a un programa de ciencia que quiso filmar el experimento), a trece (siete de ellos estuvieron en la primera sesión) hizo el experimento donde cada experto de TT tuvo diez intentos. El resultado fue 4,4, es decir, un 44%, por debajo del cincuenta por ciento, y muy lejos de poder considerar el TT como algo real, pues en un modo aleatorio de dos la cifra referente es ese cincuenta por ciento, poco más, poco menos. El experimento fue publicado en forma de artículo, con la ayuda de sus padres y de un médico, incluyendo una extensa bibliografía, en la revista Journal of the American Medical Association, revista de revisión por pares, el 1 de Abril de 1998. De ella no se ha hecho ninguna película, porque su aportación, aunque más útil y esclarecedora, no contiene elementos estrafalarios, como una buena posesión demoniaca como dios manda.

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Todo estos ejemplos son materiales que nos pueden ayudar a comprender que detrás de ese mundo que llamamos Ciencia con mayúscula tiene una serie de motivos y razonamientos detrás.

Él les dijo: Vosotros sois de acá abajo, yo soy de allá arriba. Vosotros sois de este mundo; yo no soy de este mundo”6

Como hemos dicho, este sub-mundo suele ir acompañado de sentimientos de conocer verdades que otros no conocen por la censura del Sistema o porque no están preparados para “abrir los ojos” y entender lo que uno sí sabe. La exclusividad y el sentimiento de superioridad son elementos conocidos por la publicidad y el capitalismo para vender determinados productos, y ello se debe a que, socialmente, y puede que naturalmente por esos sentimientos derivados de la competencia reproductiva, el ser humano responda a esos estímulos. Pero dichos factores y aspectos no son determinantes, y aunque socialmente pesa mucho más por toda la historia e influencia que nos rodea, es obvio que en nuestras vidas cotidianas lo podemos superar, lo superamos de hecho, y construimos una moral de humildad e igualdad que supera esa mentalidad de iluminado profeta pseudo-aristocrática. Sentimientos que en el fondo legitiman la autoridad, que se basa en la desigualdad natural entre humanos, y por tanto que unos son más prescindibles que otros (fomentando cierta deshumanización), y finalmente la desacreditación de los modos de constatación por cualquiera de todo conocimiento, poniendo un obstáculo, y no un camino, al Saber. David Icke es un claro ejemplo de estos sentimientos de superioridad y auto-satisfacción, aunque pretenda fingir ser humilde, y ante sus posibles críticos advierte:

En este libro hay una cantidad enorme de información que supone un desafío. Por favor, te pido que no continúes si dependes de tus actuales creencias o sientes que no puedes lidiar emocionalmente con lo que de verdad está pasando en el mundo.7

No acepta la disidencia y por eso solicita que no se siga leyendo, pues no tolera las dudas o las críticas que se le pueda hacer. Y consciente de que es ridiculizado, recita pomposamente:

El imponente roble de hoy ayer sólo era una bellota que yacía en el suelo.8

Las teorías conspirativas suelen ser acompañadas de peligrosos procesos de deshumanización, en sus tareas de villanizar lo que en realidad son lógicas posiciones en una sociedad jerarquizada y dividida por distintos intereses. Hay que tener mucho cuidado con esta deshumanización, porque se cae en la brutalidad con ella. Hitler sentía tanto desprecio por los judíos, tanto odio, que no tuvo problema en fomentar su aniquilación. Los indios americanos fueron masacrados porque, en esencia, los conquistadores no los veían como. El consumo masivo de animales, asesinados con métodos a menudo brutales, no sería posible sin ese proceso de deshumanización, que en el fondo es un proceso de frenar nuestra natural empatía con los otros seres (y en especial con los de nuestra especie), empatía que los biólogos señalan como natural, con sus sustancias en el interior del cerebro9. Tanto es así que su ausencia es la descripción objetiva del psicópata. Cuando se habla de la industria farmacéutica, se habla en abstracto, o sobre personas concretas cuya falta de moralidad y/o el dibujo de una personalidad con intenciones destructivas y dañinas, así como su buena vida de lujo, fomenta no solo ya ataques justificados contra él o ellos, sino pensar que son capaces de cualquier disparate. Todo ello lleva consigo el creer que tales industrias están compuestas por personas sin escrúpulos, que no se preocupan por el bienestar de las personas. Cuando, en realidad, sí ocurre, pero desde posiciones ideológicas y morales diferentes, pues tales magnates de la industria naturizan la ideología liberal sin considerar sus consecuencias, y sinceramente creen en lo que hacen como actos positivos. Para ellos, hacer dinero no es incompatible con tener una moralidad, es decir, un conjunto de normas, o códigos, respecto a otros seres humanos, para mantener la convivencia y el fomento de las acciones positivas y constructivas en la sociedad. Así por ejemplo Adam Smith escribió un texto base para entender (sin tener que compartir) la ideología liberal en su establecimiento de conductas morales: el Tratado de los sentimientos morales. Ahí Smith muestra cómo el interés por el enriquecimiento tiene una -supuesta- correlación tanto con la naturaleza como en una verdadera moralidad. Podríamos criticar aquí sus ideas, pero no es el momento, y sirva solo para mostrar que sí existen creencias de lo que hace uno es positivo para el resto. El problema es cuando se equivocan, en una sociedad donde es difícil discernir entre el acierto o el error, pero no imposible. Pero para ello debemos dialogar, razonar y probar, y las teorías conspirativas obstaculizan tal proceso.

Sin embargo, tratar con desprecio las afirmaciones o teorías no científicas, o manifiestamente erradas o falsas, es también contraproducente. El conocimiento científico debe popularizarse, y necesita traducirse, no solo en el lenguaje, sino en la mentalidad, para que llegue al resto de la sociedad. Richard Dawkins, el famoso biólogo defensor de la teoría de la evolución, se negaba a mantener debates con los creacionistas, los religiosos que querían que se enseñasen sus doctrinas religiosas sobre el origen del Universo y de nuestro mundo en las escuelas públicas. Dawkins alegaba que mantener dichos debates en condiciones de igualdad es elevar su pseudo-ciencia al nivel de la ciencia en unas condiciones sobre temas que ya no tienen debate, pues hay un consenso científico abrumador al respecto, frente a lo que son malinterpretaciones por parte de personas no formadas al respecto que solo pretenden imponer sus creencias religiosas. Esta estrategia de Dawkins se ha mostrado -a nuestro parecer- como pésima: el creacionismo no ha tenido una respuesta y ha podido expandirse sin obstáculos por los Estados Unidos, donde las sectas religiosas obviamente tienen más influencia que el grupo académico de científicos e investigadores, que según los críticos de la Ciencia son parte del Poder. Poco pudieron hacer, y poco hacen aún hoy, frente a las campañas ultrasubvencionadas del Creacionismo, donde pudo imponerse en algunos sitios, si bien la respuesta de la gente que se decidieron a plantarles cara (y no ignorarlos) pudo pararlos en algunas ocasiones (caso de Bobby Henderson, cuando creó el Monstruo del Espaguetti Volador como parodia del Creacionismo). En Estados Unidos hay un Museo del Creacionismo donde podemos ver los enormes recursos económicos que mantienen, y donde podemos observar sus teorías de que la Tierra tiene apenas unos 6.000 años de edad; que los fósiles que existen son resultado del Diluvio Universal y que han sido mal datados; y que los dinosaurios convivieron con los seres humanos modernos, como podemos comprobar en sus magníficas figuras que recrean aquellos supuestos tiempos. Todo bajo un guía disfrazado de Jesucristo, porque como se sabrá, el Creacionismo se presenta como una teoría de una “Inteligencia Superior”, pero casualmente se ajusta a lo que la Biblia define como Dios. Cuando uno ve tales movimientos y su poder, no solo piensa en que hay que hacerles frente y no seguir la estrategia de Dawkins, que supone solo hacer creer que no hay respuesta racional ante el Creacionismo, sino que también en lo equivocados que están los críticos de la ciencia cuando se refieren a la Ciencia “oficial” como un elemento del Poder actual, y no son capaces de enfrentarse a fanáticos religiosos, cuando en realidad todo se reduce acaso en algunos científicos, individuos, que colaboran con el gobierno por diferentes motivos, y que pueden llegar a manipular y mentir por el contexto de luchas económicas, sociales y, en fin, de intereses. Como hacen los críticos de la ciencia, que pueden servir a otros poderes autoritarios, como la Iglesia, que les conviene poner en duda todo lo que no proceda de su fuente de conocimientos.

Finalmente, no queremos defender en este trabajo el uso “científico” o de verificación sistemática en toda nuestra vida cotidiana. Podemos aceptar diálogos y discusiones sin tener que recurrir a investigaciones académicas o trabajos científicos. No todo es ciencia, ni todo es bien conocido; hay mucho más por conocer y que plantean serias dudas. De cosas que conocemos, es legítimo dudar y criticar. Es bueno creer, y equivocarse forma parte de nuestro ser. Lo que planteamos en estas líneas es en la necesidad de reconocer los grados de credibilidad, probabilidad y certeza entre distintos conocimientos que se han construido de formas diferentes, y que no se pueden equiparar como iguales, ya que hacerlo es simplificar la realidad que hay tras ellos. En Historia, tanto es así que la Historiografía se ocupa de ello mismo: no se trata solo de ver qué relato histórico es correcto porque nos guste o no, o porque se tengan más citas y notas; se trata de investigar cómo se ha construido ese relato histórico, porque ello nos va a decir mucho, y con esa información conocer qué posibilidades de ajustarse a la realidad hay, o que hubo, para saber si ese conocimiento es correcto. Más allá de la Historia, en la actualidad, debemos hacer algo semejante, y no solo explicar lo que hay detrás de “explicaciones oficiales” (que mienten con mucha frecuencia) sino también las “versiones alternativas”, que se construyen igualmente bajo procesos que nos pueden explicar por qué dicen lo que dicen, y aquí nos podemos encontrar con un abanico de sorpresas muy amplio.

En nuestro presente y pasado hay infinidad de injusticias, abusos y crueldades: una sociedad donde la libertad está constantemente amenazada y la vida se encuentra en medio de guerras y violaciones no necesita explicaciones de cosas ocultas, cuando hay tanto horror y dolor manifiesto en el día a día, ahora y aquí, o mejor dicho, en cualquier lugar. No hace falta buscar entre quimioestelas o reptilianos para encontrar nuestra liberación. La represión, el autoritarismo y el abuso está en nuestras vidas cotidianas. Solo tenemos que dar un paseo, salir a la realidad, y ver cómo en el mundo laboral se despiden a trabajadores o se les acosa y grita bajo la excusa de que la empresa es propiedad de alguien que tiene derecho a comportarse como un tirano; gobiernos y policías que encarcela y reprime con claros prejuicios políticos; personas sin vivienda y que dependen de la caridad para sobrevivir. No necesitan rociarnos desde el aire; pueden envenenarnos de maneras mucho más baratas y simples. Luchar por la liberación supone en primer lugar acabar con las injusticias perfectamente tangibles en la inmediatez cotidiana. Estas teorías exageradas de carácter político solo nos lleva a la desacreditación y a una imagen viciada de los movimientos sociales, que debe basarse no necesariamente en conocimientos “científicos”, pero sí rigurosos, contrastados y fundamentados, en todo momento verificable por los demás, que es la única forma de que sea participativo y no protagonizado por vanguardias de iluminados o profetas.

1Según algunos comentarios de defensores de “posturas disidentes”, la palabra “conspiranoia” fue creada por la CIA en los años 70. No detallan sobre en qué caso se usó. Personalmente, quedé muy defraudado porque pensé que era una palabra creada por mi, ya que realmente sin conocimiento previo alguno, la usé en comentarios de redes sociales para describir ciertas posturas que mantenían ideas tan perniciosas como sus actitudes. Obviamente, debí imaginar que antes ya se habría usado por alguien tan ingenioso o más como el que esto escribe.

2José Álvarez Junco: La ideología política del anarquismo español (1868-1910). Ed. Siglo XXI, 1991, p. 74.

3Durante la redacción de este trabajo pudimo comprobar la existencia de un libro titulado La Izquierda Feng-Shui de Mauricio José Schwarz. En su trabajo intenta responder a la pregunta de cómo la izquierda ha pasado de ser racional y progresista a esotérica y post-moderna.

4La creencia de que se puede curar milagrosamente un cuerpo con la simple imposición de la mano es vieja, como vemos en el relato evangélico y otros personajes religiosos. En Francia, por algunas leyendas, se creía que sus reyes podían obrar semejante milagro, al ser supuestamente descendientes de Jesucristo. El historiador Marc Bloch escribió un libro muy interesante titulado Los Reyes Taumaturgos (1924).

6La Santa Biblia: Evangelio de San Juan, 8:23. Ed. Paulinas, 1997, p. 1806.

7Icke: El Mayor Secreto, p. 17.

8Idem, p. 8.

9Yoni Ashar, J. R. Andrews-Hanna, Sona Dimidjian, Tor Wager: Empatich Care and Distress. En Neuron, vol. 94, issue 6, pp. 1263-1274. Luis Moya Albiol: La Empatía. Ed. Plataforma, 2013.

Escrito por Fran Andújar

Doctorando en Historia. Universidad de Granada.

3 comentarios

  1. Hola Adolfo, gracias por tu comentario, pero creo que o no me he expresado bien o por la extension del texto se ha pasado por alto.

    Lo primero es: ¿qué entiendes por ciencia? Porque si te refieres a un determinado ambiente de grupos humanos, a una clase, obviamente esos grupos y la ciencia que ejercen claro que es parcial y subjetiva. Los seres humanos lo somos, todos, sin excepción.

    Ahora bien, si entendemos por ciencia por un concepto, una idea, de cómo hacer las cosas, y en este texto he intentado dejar claro que por ciencia, o mejor dicho (lo digo expresamente), los métodos de verificación que se puedan comprobar por todos y cualquiera (eso es lo importante; la ciencia solo es lo que mejor lo ha seguido y con más rigor), entonces no podemos decir que eso es algo subjetivo: es que la propia razón que impulsa ese modelo, esa metodología, es para evitar, en la medida de las posibilidades, la subjetividad. Cierto es que cuando se aplica los seres humanos tenemos mucha creatividad -y maldad- y en la aplicación pues puede haber trampas y mucha subjetividad. Pero eso atañe a unas personas que están aplicando ese método, y seguramente sin muchos escrúpulos. Pero eso no es ni ciencia ni lo que estamos defendiendo en este texto precisamente para evitar los casos que anteriormente hemos estado relatando: un método objetivo que pueda ser comprobado y reproducido por cualquiera. Cuando David Icke relata que en el aeropuerto de Denver sintió unas vibraciones terribles, y que eso le da a pensar que debajo del aeropuerto hay una ciudad subterránea de 7 kilómetros de reptilianos, lo llamativo no es tanto eso de los reptiles, sino que esas vibraciones no puede ser sentida por cualquiera: es un método tremendamente subjetivo. Puede haber personas que al inyectarse directamente sangre con VIH no se contagien, pero en una prueba de 100 personas haciéndolos, sí lo harán, porque la mutación que lo impide es rara entre los humanos: no se puede concluir que el VIH no se contagia porque a ti personalmente no te ha pasado, eso es subjetivo; pero si lo reproducimos en muchas personas, y entonces no se contagian, ahí sí que podríamos concluir que el VIH no se contagia (que no es el caso).

    Estoy familiarizado con la literatura y filosofía que describe la ciencia como un producto occidental y de los poderes hegemónicos. Más concretamente, con Althusser, con el que realicé mis trabajos durante la carrera. Pero lo que ellos describen no solo se aplica a la ciencia, sino a muchas cosas: la escritura, la escuela, las matemáticas… Todos son elementos creados por el año 4000 a.c. o después, y fueron hechos por las élites para contar los excedentes (cereales, ganado, herramientas…) desde la administración del gobierno. ¿Acaso la escuela pública no es la escuela de los poderes actuales? ¿Acaso nuestra sociedad no es la sociedad de las élites? Y sin embargo hay anarquistas y rebeldes. ¿Por qué? La respuesta es clara: primero porque la realidad no es propia de esas élites, y estamos hablando de funciones (contar, enseñar, ensartar mensajes…) que responden a las posibilidades de los humanos en general, la función de esas élites no es contar, enseñar ni escribir, su función es el dominio, el gobierno, y el control. Lo demás, hasta el más simple martillo o arado, no son más que herramientas que usa para esos objetivos, pero no significa que no sean útiles y hasta adecuados para los demás, incluidos los sometidos.

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  2. Contrapones la ciencia como algo neutral,objetivo y apolítico, antídoto de la superstición, el mito y a la religión. Puedes leer “ciencia y técnica como ideología” de Jurgen Habermas. Y sí, la ciencia forma parte de una cultura y una sociedad que no son libres. La ciencia es un instrumento del capitalismo de dominación, para que haya una ciencia libre esta a de darse en una sociedad libre. Ahora llamame conspiranoico. Parece que vivís en Disney land.

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  3. Contrapones la ciencia como algo neutral,objetivo y apolítico, amigo la superstición, al mito y a la religión. Puedes leer “ciencia y técnica como ideología” de Jurgen Habermas. Y sí, la ciencia forma parte de una cultura y una sociedad que no son libres. La ciencia es un instrumento del capitalismo de dominación, para que haya una ciencia libre esta a de darse en una sociedad libre. Ahora llamame conspiranoico. Parece que vivís en Disney land.

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