El 10 diciembre de 1898, con la firma del Tratado de París, España pierde los últimos vestigios de su imperio con la independencia de Cuba, Filipinas, la isla de Guam y la cesión de Puerto Rico a los Estados Unidos. Según Andrés de Blas, catedrático de Ciencia Política de la UNED, “la conciencia española dominante sigue pensando a finales de siglo en la existencia de españoles de la península y de América. En consecuencia, el abandono de Cuba ante la presión de las armas, a diferencia de lo que ocurría con los proyectos de franca autonomía, tendía a ser visto como un expediente incompatible con la defensa de la dignidad y la independencia nacionales.1

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El diario La Correspondencia Militar, en su edición del 12 de diciembre en un artículo en la portada, titulado ¿A qué se espera? reflejaba el desasosiego y el sentimiento de abandono por parte de los políticos que sentían los uniformados:

Se ha firmado el tratado de paz entre España y los Estados Unidos (…) Ha bastado un plumazo para arrebatarnos nuestra riqueza y nuestro prestigio, y sin embargo, aquí en la Península no ocurre nada; nadie se agita, nadie protesta, nadie se duele de la desventura del país, que es la desventura de todos sus hijos: se ha perdido la razón al perder la honra por culpa del Gobierno (…) Han sido tantos los golpes que ha sufrido en el corazón este noble pueblo, que ya le han dejado insensible, sin voz y sin fuerzas para protestar2.

Y culpaba al presidente del Consejo de Ministros, a la sazón Práxedes Mateo Sagasta, (Torrecilla en Cámeros, La Rioja, 1825- Madrid, 1903), (foto inferior), del Partido Liberal, de ser el máximo responsable del desastre en una muestra de un intervencionismo militar en política que iría a más en los años sucesivos.

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Lo manifiesta el hijo del pueblo, lo afirma la Nación toda: nada le queda que hacer al Sr Sagasta en el poder; dirigiendo la guerra nos entregó atados de pies y manos al enemigo; concertando la paz, ha permitido que se hiciera pasar a España por las mayores humillaciones. Ha terminado, pues, la obra funesta del fusionismo, y ahora lo menos que puede esperarse es que estos gobernantes ineptos abandonen la dirección de los negocios públicos (…) Nosotros creemos que la Corona es la que ha de resolver ese punto al plantear la cuestión de confianza al Sr Sagasta.

Si a éste le son ratificados los poderes, fracasará el régimen de un modo ruidoso, y España acaso desaparezca como nación en el transcurso de más o menos tiempo; si se forma un Gobierno vigoroso y estable que lleve en su bandera como único lema “Honradez. Ejército y Patria”se habrá salvado el régimen y habrá fracasado (como así ha sido) rl partido liberal. Éste es el dilema.”

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Al finalizar el siglo XIX, el movimiento catalanista ya se encontraba muy desarrollado. No tenia, sin embargo, un sesgo secesionista aunque reinvindicaba poder político para Cataluña. Las Bases per a la Constitutució Regional Catalana, conocidas como Bases de Manresa. aprobadas en 1892 en la capital del Bages, exigían la plena soberanía del Principado en política interior y la oficialidad del catalán, entre otras reinvindicaciones. La irrupción en las Cortes de la Lliga Regionalista en 1901 con 6 diputados hizo temer a amplios sectores españoles una segunda edición del desenlace cubano.

Un año antes, el 20 de febrero de 1900, Francisco Silvela (Madrid, 1843-1905), entonces presidente del Consejo de Ministros, había tildado el catalanismo de “enfermedad nerviosa y literaria.”

Yo creo que hay un gran número de enfermedades, y singularmente las enfermedades nerviosas, para las cuales es específicamente perjudicial todo lo que sea la excitación y aun la conversación sobre ellas; y no doy al catalanismo más alcance ni más carácter que el de una verdadera enfermedad nerviosa3.

El abucheo a la Marcha Real y el canto de La Marsellesa durante la visita del almirante Fournier a Barcelona en 1899 provocaron una gran indignación y pronto se impusieron los partidarios de la mano dura. De hecho, el primer día del siglo XX entró en vigor una ley que reformaba el artículo 248 del Código Penal, que castigaba “los ataques a la integridad de la nación española o a la independencia de todo o parte de su territorio. Según señala Ricardo Robledo Hernández en “L’actitud castellana enfront del catalanisme”, Silvela, autor material y espiritual de la ley se encargaría de afirmar, unos días más tarde, que no tenía ningún inconveniente en proponer una más clara para castigar cualquier delito de traición a la Patria donde fuera punible no tan solo “negar la personalidad política de España, sino sus sentimientos, sus afectos, sus creencias, la unión de simpatías de unos corazones españoles con otros.4

Una de las censuras que con más frecuencia se levantaban contra Cataluña era el de haberse beneficiado para su desarrollo económico de unas notables ventajas frente al resto de las regiones españolas. Así lo recogían las conocidas palabras de Sagasta en el verano del 1901 el cual culpaba además, al Principado de ser responsable del malestar de las posesiones antillesas.

¿Quién duda que Cataluña se ha hecho rica por España y con España? ¿Quién duda que para hacerse rica, ha habido necesidad de concederla (sic) en las leyes ciertos privilegios, que le han dado ventajas sobre sus hermanas, las demás provincias de España? ¿Quién duda que quizá el malestar de nuestras perdidas Antillas?? (El Sr. Rusiñol: Nunca.- El Sr. Ruiz Capdepón: Siempre) ¿Quién duda que quizá el malestar de nuestras perdidas Antillas haya sido debido a la preferencia que daba España a Cataluña? ¿Es esto hostilidad a Cataluña? ¡Ah, no! Ésta es la realidad de los hechos y ésta es la demostración de que Cataluña no haría bien si no estuviera ligada a España como está ligado el hijo querido a la madre amantísima y cariñosa. (Grandes aplausos.).5

Y atribuía el mérito del desarrollo catalán a la labor de los diferentes gobiernos españoles.

¿Cómo he de negar la aptitud y las energías de los catalanes? Pero esa aptitud y esas energías, hubieran quedado quizá baldías, sin la protección que en todos los tiempos han dado todos los Gobiernos españoles a esa tierra feliz. Cataluña, que tiene todavía el hereu en la familia, Cataluña ha sido el hereu de la pobre España. (Prolongados aplausos.- El Sr. Rusiñol: ¡Muy hermoso; pero no es cierto!- Grandes rumores y protestas.) Pero, ¿quién lo duda? Habrá sido un hereu que ha sabido utilizar los privilegios y las ventajas que su madre le ha concedido. (El Sr. Rusiñol: Ventajas para todo el país. -Protestas y rumores.)6

En el ambiente soliviantado posterior a la pérdida de las islas caribeñas y de las Filipinas, la entrada en el Parlamento de los diputados de la Lliga y las manifestaciones catalanistas suscitaban el recelo o la abierta hostilidad del régimen. Esto se puso de manifiesto aquel mismo año cuando en el homenaje al monumento de Rafael de Casanova en Barcelona, el 11 de septiembre, fueron detenidos treinta jóvenes entre los cuales Josep Maria Folch i Torres (Barcelona, 1880-1950). En respuesta a las detenciones (y aunque los arrestados fueran puestos en libertad con cargos dos días antes) el presidente de la Unió Catalanista, Manuel Folguera Duran, convocó una manifestación para el día 15 que reunió a unas 12.000 personas en la plaza de Cataluña desfilando hasta el Arco de Triunfo. Allí Folch i Torres colgó en la estatua de Casanova una corona de laurel con cuatro cintas de color rojo. En su discurso, Folguera dijo que, para hacer justicia, si habían sido procesados algunos manifestantes del día 12, lo lógico era que se hiciera lo mismo con ellos. Estos hechos de 1901 popularizaron la Diada del 11 de septiembre y consolidaron la tradición de rendir homenaje al conseller en cap en 1714 e hicieron de tal acto el epicentro de las movilizaciones catalanistas.7

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Dos meses después, el 14 de noviembre es destituído el rector de la Universidad de Barcelona, Ramon Garriga Nogués, por no haber informado de que unos estudiantes habían pitado a unos oficiales del Ejército. Hubo un enfrentamiento que duró cuatro días hasta que se cerró la Universidad.

El año siguiente, también empezó marcado por la tensión entre nacionalismos. Así, el 1 de abril de 1902, Enric Prat de la Riba (Castellterçol, Barcelona 1870-1917), en el contexto del estado de guerra declarado en Barcelona a raíz de la huelga general convocada por la CNT (que se saldó con doce muertos y varios heridos), fue llamado a declarar por el juez instructor militar. El motivo fue la reproducción por su diario de un artículo publicado en L’Indépendant de Perpiñán sobre las protestas de los vinateros roselloneses.8 Prat de la Riba (imagen superior) entró en prisión al día siguiente y permaneció encarcelado durante una semana en el centro penitenciario de la calle Amàlia, en la capital catalana. Su detención provocó la protesta generalizada de amplios sectores ciudadanos como los diputados regionalistas, el obispo de Barcelona, Salvador Casañas y de directores de diarios. El Estado no solo sentía recelo ante el movimiento catalanista. Cualquier reivindicación que exigiese autonomía u oficialidad de una lengua distinta de la castellana era tildada sistemáticamente de separatista. De hecho, en septiembre de 1899, el gobierno Silvela promulgó un decreto dirigido expresamente “contra los separatistas” promulgado tras las elecciones municipales del 14 de mayo de aquel año, que supusieron irrupción de los nacionalistas vascos en el Ayuntamiento de Bilbao con 5 concejales (frente a 21 liberales, 2 tradicionalistas, 2 “del comercio” y 1 independiente). El Decreto supuso, entre otras cosas, la clausura del diario El Correo Vasco y que el Partido Nacionalista Vasco dejara de contar con un órgano de prensa.

El 26 de mayo de 1902 Sabino Arana (Abando, Vizcaya, 1865- Sukarrieta, Vizcaya, 1903) intenta enviar un telegrama a Theodore Rooselvelt, presidente de los Estados Unidos, felicitándole por haber concedido la independencia a Cuba. El texto, que fue entregado por su hermano Luis al vicecónsul norteamericano en Bilbao, Carlos Jensen, es denunciado al juez. Cuatro días más tarde, Arana es procesado y encarcelado en la prisión de Larrinaga donde permanecería más de cinco meses. El 2 de junio volvió a escribir al vicecónsul Jensen informándole del motivo de su procesamiento y rogándole que transmitiera su felicitación al presidente Roosevelt y a su mujer explicándoles el motivo de su telegrama: “Yo solo quería que en los Estados Unidos y en Inglaterra se supiese que los vascos queremos la independencia.10

El procesamiento de Arana no fue, sin embargo, una acción aislada ya que, semanas antes, el 2 de mayo, tras la procesión cívica liberal organizada por la sociedad El Sitio en Bilbao, un grupo de militares asaltaron el Centro Vasco y destrozaron su bandera siendo encarcelado el socio Dámaso Arana.11

Tres años más tarde, el 12 de noviembre de 1905 tuvieron lugar unas elecciones municipales cuyo resultado fue interpretado por la Lliga Regionalista como un éxito. Su órgano, La Veu de Catalunya, al día siguiente escribía sobre el triunfo “en toda la línea” y afirmaba que los 12 candidatos catalanistas (los 8 diputados a Cortes por Cataluña y los 4 concejales en Barcelona) habían resultado elegidos. En el mismo ejemplar ya se convocaba a celebrar el día 19 del mismo mes lo que llamaban “el Banquet de la Victòria”en uno de los locales más amplios de la ciudad, el Frontón Condal.12

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Pasados cinco días, el semanario satírico Cu-Cut publicó una edición monográfica sobre el banquete en el que aparecía un chiste de Joan Junceda, que irritó sobremanera a los militares. Se trataba de una ilustración en la que se veía a un uniformado de alta graduación conversando con un civil en la entrada del Frontón Condal donde se celebraba el banquete anteriormente mencionado. El militar preguntaba a su acompañante: “¿Qué se celebra aquí, que hay tanta gente?” a lo que el civil respondía: “El Banquet de la Victoria”. El militar replicó entonces: “¿De la Victoria? Ah, vaya, serán paisanos”.13

La tarde del 25 de noviembre un grupo de entre 200 y 300 oficiales se concentró en la plaza Reial en señal de protesta por el chiste y, horas después, quemaron la redacción y la imprenta de la publicación satírica y de La Veu de Catalunya. Según recogía el Diario de Barcelona del día siguiente, los militares penetraron con violencia en la imprenta del Cu-Cut y, apoderándose de los ejemplares del semanario, los amontonaron en medio de la vía pública y los quemaron dando vivas a España y a la nación española. Acto seguido, se trasladaron a la redacción de La Veu de Catalunya, en la Rambla de las Flores, trepando por el balcón un militar y un paisano siendo seguidos por varios más. Derribaron las puertas y arrojaron a la calle muebles, artefactos y papeles que fueron igualmente quemados. Un cuarto de hora después, los oficiales continuaron Rambla abajo hasta llegar frente al Teatro Principal, donde reprodujeron los vivas y trataron, infructuosamente que fuese arriada la bandera catalana.14

A pesar de que el gobierno dictaminó rápidamente la suspensión de garantías constitucionales y de que envió a Barcelona al Ministro de la Guerra, Valeriano Weyler Nicolau (Palma, 1838 – Madrid, 1930) y al Fiscal Supremo, se sucedieron una serie de manifestaciones, tumultos y altercados en los que se exteriorizaban simpatías por las redacciones asaltadas o por los militares supuestamente vejados.15

La prensa de ámbito estatal se mostró unánime a la hora de manifestar fervor patriótico respaldando la acción del Ejército al cual identificaban con la nación. En estos términos se expresaba El Imparcial, diario de inspiración liberal, el 27 de noviembre:

Las ofensas al Ejército son ofensas a la Nación, además de agravio a la Patria y sus defensores. No es una cuestión militar, es una cuestión nacional. Cuando se maldice a la Patria, todos los que en ella han nacido han de sentir que la ofensa llega a lo más hondo de sus corazones. El último rasgo de decadencia, la prueba definitiva de abyección es la indiferencia ante estos insultos.

¡Desdichados los pueblos y los hombres que permanecen insensibles ante el agravio a la Patria y a la madre! (…) La ingratitud para España de los que han procedido a su ofensa, les hace en la moderna historia trasunto de Caín. No se ha escrito en los anales de las luchas humanas páginas más despreciables que ésta del separatismo catalán.16

El diario republicano El País no era menos duro con los catalanistas y reinvindicaba el patriotismo no monárquico y popular.

Los separatistas comprenden que el escudo de la integridad de la Patria es el Ejército. Mientras su prestigio subsista , será un baluarte inexpugnable opuesto a toda aspiración criminal de mutilar la patria española. De aquí el odio que los separatistas catalanes profesan al Ejército (…). Somos republicanos los que sentimos con mayor viveza el amor a la Patria y en ese sentimiento comulgan con nosotros los militares, ¿Qué tiene de extraño que la indignación del Ejército se transmita como un relámpago al alma popular? La iniciativa de la propuesta ha partido del Ejército, los republicanos les secundamos enérgicamente (…). Los separatistas proceden en línea recta del viejo absolutismo, son clericales, partidarios del Vaticano. Las sacristías y los conventos son focos permanentes del separatismo.17

El ABC, por su parte, en el editorial sobre la cuestión publicado también el día 27 bajo el título “Los sucesos de Barcelona”, alertaba del peligro que representaba el secesionismo e instaba a aplicar la ley con el máximo rigor.

El separatismo que, con el nombre de catalanismo en Barcelona y de bizcaitarrimo en Bilbao, germina de poco tiempo a esta parte, ha podido merecer desdén o lástima mientras no ha pasado de ser un ideal de un puñado de románticos; pero cuando, de la categoría de utopía, pasa a ser bandera de una agrupación que atenta de palabra contra la integridad de la Patria, el tolerarlo es casi insensatez tan grande como el sentirlo.

El crimen de lesa patria, como crimen debe ser perseguido. Para los que le (sic) cometen, el rigor de la ley, si son cuerdos; la camisa de fuerza, si son locos (…). O se acaba con ese mal. Rápidamente, radicalmente, ó (sic) ese mal acaba con España. No hay más dilema.18

Como consecuencia de todo ello, se suspendieron -como ya se ha señalado-, las garantías constitucionales y se dio un impulso a la llamada Ley de Jurisdicciones (Proyecto de Ley de Represión de los Delitos contra la Patria y contra el Ejército) que fue promulgada el 23 de marzo de 1906. Los dos primeros artículos de la misma penalizaban los actos secesionistas (incluso con la pena de muerte en caso de levantamiento con armas), así como los ultrajes a la Patria, la bandera y la Nación.

  • Artículo 1º. El español que tomara las armas contra la Patria bajo banderas enemigas o bajo las de quienes pugnaran por la independencia de una parte del territorio español, será castigado con la pena de cadena temporal en su grado máximo a muerte.
  • Art. 2º. Los que de palabra, por escrito, por medio de la imprenta, grabado, estampas, alegorías, caricaturas, signos, gritos o alusiones, ultrajaren a la Nación, a su bandera, himno nacional u otro emblema de su representación, serán castigados con la pena de prisión correccional.19

La Ley de Jurisdicciones se mantuvo en vigor hasta el 17 de abril de 1931 cuando el nuevo gobierno republicano la abolió mediante un Decreto que, posteriormente, las Cortes convertirían en ley.20

Otra consecuencia de la acción de los militares se había producido unos meses antes y fue la dimisión del presidente del Consejo de Ministros Eugenio Montero Ríos (Santiago de Compostela, 1832 – Madrid, 1914), el 1 de diciembre de 1905. Su renuncia se debió a la negativa del rey Alfonso XIII a castigar a los oficiales implicados en el asalto a las publicaciones catalanistas. Le sustituyó en el cargo el también liberal Segismundo Moret (Cádiz, 1833 – Madrid, 1913).

En Cataluña la reacción a la aprobación de la ley no se hizo esperar. El 20 de mayo de 1906, unas 200.000 personas salieron a la calle en Barcelona para rendir homenaje a los diputados catalanes que habían intentado infructuosamente que la nueva norma legislativa no saliera adelante.

La Correspondencia Militar se refería, al día siguiente, en estos términos a la movilización:

Los defensores del rey neto y absoluto, los pilares del clericalismo, con sus rojas boinas en las cabezas y el recuerdo de Savalls en el pensamiento; la mesnada decadente de Rusiñol21 con el Corpus de sangre en el corazón y el bou cops de fals (sic) en los labios; la hueste republicana libreprepensadorra, librecambista, (líbrenos la suerte de las tres) forman un mosaico que si tuivera por fin y objeto salvar á (sic) la Patria grande, la única, la verdadera Patria, no ostentaran adornos catalanistas, ni existieran emblemas exclusivos de la región.22

Hay que subrayar que los ataques a la prensa catalanista no fueron ejecutados solamente por militares ya que también los protagonizaron algunos partidarios de Alejandro Lerroux (La Rambla, Córdoba, 1864- Madrid, 1949). Es lo que sucedió el 17 de enero de 1907 cuando algunos seguidores del llamado “emperador del Paralelo” asaltaron el semanario La Tralla por publicar un artículo que consideraron injurioso para las mujeres castellanas.

Como reacción ante las agresiones sufridas y la represión legal, un amplio abanico de fuerzas que abarcaba desde los republicanos hasta los carlistas (aunque bajo la hegemonía de la Lliga), elaboraron una estrategia común que se concretó en el movimiento de la Solidaritat Catalana. Su programa electoral, conocido como el el programa del Tívoli, no cuestionaba la unidad de España, pero abogaba por descentralizar el Estado reconociendo la personalidad de las regiones que lo integraban, dotándolas de recursos para que pudieran gestionar los principales servicios públicos 23. En las elecciones generales que se celebraron el 21 de abril de 1907, los “solidaris” obtuvieron una espectacular victoria ya que consiguieron 40 diputados ganando ampliamente en todas las provincias catalanas y en la ciudad de Barcelona24.

Cuatro días más tarde, el 25 de abril, Enric Prat de la Riba es nombrado presidente de la Diputación de Barcelona.

solidaritat catalana 3A modo de conclusión, en el contexto de la pérdida de Cuba, Filipinas y Puerto Rico y del apogeo del nacionalismo en toda Europa, el nacionalismo español vio en el catalanismo un nuevo enemigo que ponía en peligro la unidad de la Patria, tal como la entendía aquel. El Ejército era la punta de lanza de la ofensiva en contra de los nacionalistas catalanes, pero amplios sectores republicanos compartían también su concepción españolista excluyente y consideraban los regionalismos como poco menos que reminiscencias del Antiguo Régimen y últimos estertores del absolutismo.

Finalmente, la manera de enfocar la cuestión catalana en estos primeros años del siglo XX se limitó a aplicar castigos legales a lo que consideraban afrentas o ultrajes a la Nació,n sin plantearse en ningún momento una evolución de la estructura del Estado en sentido federalizante o, al menos, una profunda descentralización del mismo.

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NOTAS

1 Andrés de Blas “El nacionalismo español a partir de la crisis del 98”. En: La nación española, historia y presente. Fernando García de Cortázar (coord).Madrid: Fundación para el Análisis y los Estudios Sociales , 2011,p.76.(en línea) (consulta 07/11/2017).Disponible en:http://www.fundacionfaes.org/file_upload/publication/pdf/20130426110610el-nacionalismo-espanol-a-partir-de-la-crisis-del-98.pdf
2 “¿A qué se espera?”. En: La Correspondencia Militar. 12-12-1898, (en línea) (consulta 08/11/2017). Disponible en: http://hemerotecadigital.bne.es/issue.vm?id=0001821155&search=&lang=ca
3 Diario de Sesiones de Cortes (Congreso), 20 de febrero de 1900. Citado por Miguel Ángel Durán Franco “ El problema catalán y la opinión pública española.” En: Revista de historia contemporánea, nº 6, 1995,p.231 (em línea) (consulta 10/11/2017). Disponible en: http://institucional.us.es/revistas/contemporanea/6/art_10.pdf
4 Diario de Sesiones de las Cortes (DSSC, 22 de febrero de 1900, p.4.728. Citado por Ricardo Robledo Hernández. “L’actitud castellana enfront del catalanisme” en : Recerques: història, economia, cultura, 1975, nº 5.(en línea) (consulta 21/11/2017). Disponible en: http://www.raco.cat/index.php/Recerques/article/view/137529/241321
5 “Actitud del Gobierno ante las aspiraciones de los Diputados catalanistas.” Discurso de Práxedes Mateo Sagasta ante el Congreso pronunciado el 19 de julio de 1901.En: Discursos.La historia a través de los discursos de sus líderes. (en línea) (consulta 13/11/2017). Dispònible en: http://www.beersandpolitics.com/discursos/praxedes-mateo-sagasta/actitud-del-gobierno-ante-las-aspiraciones-de-los-diputados-catalanistas/489
6 Ibidem.
7 Jordi Finestres “130 Onzes de Setembre. La història del catalanisme a través de les diades.” Sílvia Marimon (edición). En: Ara.Interactius (en línea) (consulta 16/11/2017).Dospinible en: https://interactius.ara.cat/130diades/
8 En el artículo se exponía la situación de los vinateros roselloneses y sus protestas contra el Ministerio de Hacienda francés por la subida de impuestos. La autoridad militar española vio una incitación al separatismo en la frase “Vu l’intërêt qu’on nous témoigne, il n’y aura qu’un seul remède; c’est l’entente avec nos voisins de Barcelone pour rendre la Catalogne libre.” L’Indépendant, 17/03/1902,Citado por Josep Maria Casasús “Separatisme al Rosselló.” En: Ara, 29/08/2017, (en línea) (consulta 17/11/2017). Disponible en: https://www.ara.cat/opinio/Separatisme-al-Rossello_0_1859814003.html
9 Manuel Montero “Las municipales de 1899.” En: Iñaki Anasagasti blogs 30/10/2011 (en línea) (consulta 18/11/2017).Disponible en: http://ianasagasti.blogs.com/mi_blog/2011/10/las-municipales-de-1899.html
10 José Luis de la Granja. “Cronología de Sabino Arana.” En: Sancho el Sabio.Revista de cultura e inestigación vasca, 2009, nº 31, p.295 (en línea) (consulta 18/11/2009).Disponible en: https://dialnet.unirioja.es/ejemplar/236663
11Ibidem.
12La Veu de Catalunya, 13/11/1905.En: arca. Arxiu de revistes catalanes antigues (en línea) (consulta 21/11/2017). Disponible en: http://mdc2.cbuc.cat/cdm/compoundobject/collection/veup1/id/12050/rec/21
13Pere Lobato “Cent anys de l’assalt militar al Cu-Cut.” En: Presència/ El Punt, 08/04/2008, (en línea) (consulta 21/11/2017). Disponible en: http://www.editorialmeteora.com/upload/criticas/CucutCrit.pdf
14Diario de Barcelona , 26/11/1905, pág 12794. En: Biblioteca i Informàtica CRAI. Universitat Pompeu Fabra Barcelona, (en línea) (consulta 21/11/2017). Disponible en: https://www.upf.edu/bibtic/expo/premsa/brusi-cucut.html
15 Juan López Benito “El asalto al Cu Cut a través de la prensa.” En: Revista de Historia, 11/01/2016, (en línea) (consulta 21/11/2017). Disponible en: https://revistadehistoria.es/el-asalto-al-cu-cut-a-traves-de-la-prensa/
16Ibidem.
17Ibidem.
18ABC, 27/11/1905. En: Hemeroteca ABC (en línea) (consulta 22/11/2017). Disponible en: http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/madrid/abc/1905/11/27/003.html
19Ley de Jurisdicciones de 1906.En: RODAS. Repositorio de Objetos de Aprendizaje de la Universidad de Sevilla. (en línea) (consulta 23/11/2017). Disponible en: https://rodas5.us.es/file/feefa16f-70a8-9ec6-eace-8a7b2da142d0/3/ley_jurisdicciones_1906_SCORM.zip/page_01.htm
20“Ley de Jurisdicciones”. En: Wikipedia. La enciclopedia libre. 08/09/2017, (en línea) (consulta 23/11/20179. Disponible en: https://es.wikipedia.org/wiki/Ley_de_Jurisdicciones
21Albert Rusiñol, presidente del Fomento del Trabajo Nacional, principal organización patronal catalana.
22“Solidaridad Catalana”, La Correspondencia Militar, 21/05/1906. Biblioteca Nacional de España, BNE. Hemeroteca Digital (en línea) (consulta 24/11/2017). Disponible en: http://hemerotecadigital.bne.es/issue.vm?id=0001917482&search=&lang=ca
23En él se proponia: “La abolición de la Ley de Jurisdicciones, la dignificación del sufragio; despertar de los organismos sociales de España para poner remedio a la ineficacia del Estado; impulsar a través de los órganos públicos del Estado, la energía colectiva de Cataluña;encargar gran parte de las funciones de enseñanza, beneficiencia y obras públicas a organismos regionales representativos de la voluntad de las regiones dotados de medios económicos propios; autonomía provincial y municipal, atribuir a los organismos regionales la facultad de preparar y proponer al poder legislativo del Estado la renovación del Derecho civil especial de cada región.” Antoni Rovira i Virgili Resum d’història del catalanisme, Barcelona, La Magrana, p. 84-85.Barcelona: La Magrana, pp.84-85 (1a edició,Barcelona: Barcino, 1936). Citado por Santiago Izquierdo Ballester “Significació política de Solidaritat Catalana.” En: Butlletí de la Societat Catalana d’Estudis Històrics, núm XIX, 2008, p,60. (en línea) (consulta 24/11/2017). Portal de publicacions de l’Institut d’Estudis Catalans. Disponible en: https://publicacions.iec.cat/repository/pdf/00000110%5C00000008.pdf
24“Elecciones a Cortes 21 de abril de 1907.” En: Història electoral, (en línea) (consulta 24/11/2017). Disponible en: http://www.historiaelectoral.com/e1907.html

Escrito por Francesc Tur

51 anys, Sóc Graduat en Humanitats per la UOC interessat per la història contemporània, especialment en el període de la Segona República i la Guerra Civil.També en l'època d'entreguerres europea i, en general. el primer terç del segle XX.

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