Biografías Historia de España Independencia de Cuba

VALERIANO WEYLER Y LA RECONCENTRACIÓN CUBANA: ¿HÉROE O CARNICERO?

Valeriano Weyler Nicolau (Palma, 1838 – Madrid,1930) se hizo cargo del mando de Cuba el 10 de febrero de 1896 después de la destitución del gobernador y capitán general de la isla Arsenio Martínez Campos (Segovia,1831-Zarautz, Guipúzcoa, 1900). Unos meses antes, el 25 de julio de 1895, Martínez Campos, poco después de la derrota de los españoles en la batalla de Peralejo a manos de los insurgentes dirigidos por Antonio Maceo y Grajales (Santiago de Cuba, 1845- Punta Brava, Cuba, 1896), en carta confidencial al presidente del Consejo, Antonio Cánovas del Castillo (Málaga, 1828-Mondragón, Guipúzcoa, 1897) le expuso la gravedad de la situación. Y fue él quien le planteó la política de concentración:

“(…) Podría reconcentrar las familias de los campos en las poblaciones, pero necesitaría mucha fuerza para defenderlos; ya son pocos en el interior los que quieren ser voluntarios; segundo, la miseria y el hambre serían horribles, y me vería precisado a dar ración , y en la última guerra llegué a dar 40.000 diarias; aislaría los poblados del campo, pero no impediría el espionaje: me lo harían las mujeres y chicos; tal vez llegue a ello, pero en un caso supremo, y creo que no tengo condiciones para el caso.”1

Martínez Campos no se veía capaz de llevar a la práctica esta política y proponía a Weyler para ello. Dando a entender que el general mallorquín tenía menos escrúpulos morales:

“Sólo Weyler las tiene en España (las condiciones), porque además reúne las de la inteligencia, valor y conocimiento de la guerra: reflexione usted, mi querido amigo, y si, hablando con él, el sistema lo prefiere, usted no vacile en que me reemplace, pero yo tengo creencias que son superiores a todo y me impiden los fusilamientos y otros actos análogos.2

A pesar de que el capitán general destituido había llegado a desplegar un ejército de hasta 150.000 hombres con una evidente superioridad numérica frente a los rebeldes, la estrategia de disgregar sus fuerzas por toda la isla para intentar proteger el máximo terreno posible resultó muy ineficaz. Tanto es así que la guerrilla independentista asolaba el medio rural, granjas, ingenios, avanzando cada vez más hacia el occidente de Cuba, a la vez que trataba de ahogar económicamente a la administración española.3

Weyler había intervenido anteriormente con éxito en Cuba y las otras islas caribeñas y se había labrado una buena reputación como liberador de Bayamo en 1869. En aquellas fechas, por méritos contraídos en campaña. es ascendido a coronel y en agosto de 1871, en recompensa a sus actuación en Santa Rita, se le concede la Gran Cruz del Mérito Militar. La lista de episodios victoriosos del militar es larga (entrada en el campamento de Vicente García, titular general de los insurrectos en 1872, acción de Río Chiquito por la que es promocionado a brigadier, defensa de Holguín, que le confirma en su nuevo cargo, etc). Su prestigio por hechos de armas no era cuestionado por nadie.4

Sin embargo sus métodos expeditivos ya eran conocidos al regresar a La Habana en 1896. Bastantes años antes, el militar había participado en la lucha contra los carlistas de Valencia y de Cataluña, territorios en los que fue acusado de destruir propiedades y de matar a sangre fría a no combatientes, motivo por el cual fue destituido el 6 de agosto de 1875 por el rey Alfonso XII.5

Para defender la actuación de sus tropas. Weyler escribe en Mallorca, a donde se había retirado, su Memoria justificativa de las operaciones en Valencia, Aragón y Cataluña, desde el 17 de junio al 6 de agosto de 1875, impresa en Palma el mismo año. Dado que los militares no podían utilizar la imprenta para publicaciones de este tipo, fue arrestado en su casa de Madrid y procesado dictándose en sentencia el sobreseimiento de la causa. Al año siguiente, no obstante, se le restituyó en su cargo.6

Weyler ejerció su mando en Cuba desde febrero de 1896 hasta octubre de 1897. Durante este periodo contó con un ejército regular de más de 200.000 efectivos y, sumados a los voluntarios y guerreros de la isla al servicio de España, disponía de más de 300.000 hombres armados.7

Muchos reclutas, sin embargo, ni siquiera llegaron a entrar en combate. En 1896 hubo 232.000 hospitalizaciones y en 1897, 32.500 españoles murieron, 14.500 de ellos a causa del tifus y la difteria; 6000, de la fiebre amarilla y 7.000, de la malaria. La escasa y mala comida, además, acrecentaba el problema sanitario ya que, para combatir el hambre, los soldados acudían a las abundantes frutas locales, lo cual les provocaba diarreas8

El mismo año que el militar mallorquín llegaba a La Habana, se publicaba en Madrid el libro La guerra separatista de Cuba. Sus causas. Medios de terminarla y de evitar otras (Estudio Tipográfico de San Francisco de Sales, 1896). En ella, entre otras, se exponían una serie de recomendaciones como las siguientes:

“(…) ¿ Cómo se conseguirá esa transformación – Muy sencillamente: oblíguese a los sitieros a reunirse en determinados lugares designados por los ingenieros y por los médicos (…). Reunidos, avecindados y conocidos los habitantes de Cuba, no darán a la insurrección los brazos y los recursos que le dan, porque a los locales los defenderà la autoridad y con los malos y sospechosos se entenderá la policía; se convencerán de que por ese camino van al aniquilamiento de la isla y a una segura anarquía, y de que la separación de España les traerá una feroz dictadura negrera ó (sic) la anexión norteamericana; conocerán los propósitos y las paternales intenciones de España hacia ellos, y que en ninguna otra situación serán tan independendientes y felices como defendidos y regidos por la Madre Patria (…).9

El “modus operandi” quedaba claramente expuesto:

“Formados los pueblos, nuestras fuerzas destruirán y arrasarán todos los bohíos10y prenderán y castigarán a los individuos que vayan por los campos, pues ya no podrán burlar la autoridad y escudarse con la capa de indefensos labriegos y pastores que de día se incorporan a los insurrectos ó (sic) se suben a las ceibas y a las palmas para servirles de centinelas ó (sic) colocan en los árboles, en los caminos y en sus bohíos ramas, palos inclinados en cierta dirección, latas vacías de petróleo y gallardetes que sirven de norte a aquellos según el sistema de señales convencido, y por la noche descansan en el bohío con su familia y a la vez engañan y desorientan a nuestros soldados con la astucia é (sic) impavidez que les son muy peculiares.
Si no se adopta ese sistema, la presente guerra no se terminará nunca, al menos por la fuerza de las armas.11

Sin perder tiempo, Weyler, al desembarcar en La Habana, decidió levantar la decaída moral de militares y civiles por medio de cuatro alocuciones y una circular dirigida a los mandos castrenses. Sus juicios, como afirma Gabriel Cardona en Weyler. Nuestro hombre en La Habana (Planeta, 1997) se revelaron tajantes: “Condeno toda política que no sea la política española. Sólo existen para mí en Cuba españoles y separatistas. Mi misión en este punto será deslindar los campos, haciendo separación perfecta entre los que aman a España y los que luchan contra ella.” Ello suponía, afirman los autores citados que aceptaba la colaboración de los voluntarios y de los españolistas intransigentes, como en Filipinas había aceptado la de los frailes.12

El primer bando sobre la reconcentración fue emitido el 21 de octubre de 1896. En él se disponía que, en un término de ocho días, todos los residentes en los campos o fuera de la línea de fortificación de los poblados, se reconcentrarían en los pueblos ocupados por las tropas. Se prohibía la extracción de víveres de las poblaciones y su transporte por mar y tierra sin el permiso de la autoridad militar del punto de partida. Las reses, por su parte, debía ser llevadas a los pueblos o sus inmediaciones. Se señalaba, asimismo, que todo aquel que infringiera tales disposiciones sería considerado rebelde y juzgado como tal.13

Esta medida, inicialmente aplicada solo a la provincia de Pinar del Río, se extendió al resto de la isla y, sostiene Raúl Izquierdo Canosa (La Rosalía Cuba, 1936), investigador y presidente del Instituto de Historia de Cuba, que más de 300.000 campesinos fueron concentrados en las ciudades. Siempre según el historiador de la Antilla mayor, cuando en 1897 el alcalde de Güines visitó a Weyler para exponerle las terribles condiciones en las que se encontraban los reconcentrados en esa villa y solicitarle algunas raciones para evitar que siguieran muriendo de hambre, este les respondió: “Dice usted que los reconcentrados mueren de hambre? Pues, precisamente, para eso hice la reconcentración.14

Tomando en cuenta los censos de 1877 y 1877, la población del país ascendía a 1.800.000 habitantes. La doctora Miriam García Villena realizó un estudio en el 2012 sobre los efectos de la contienda en la población de la ciudad de Santa Clara, la provincia más central de la colonia, la cual se calcula que tenía una población de 460.000 personas por aquel entonces.

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Número de fallecidos y causas en la ciudad de Santa Clara en el periodo comprendido entre 1894-1898

Como se puede observar, se produce una escalada en el número de fallecimientos entre los años 1896 y 1898 llegando a quintuplicarse en relación a la cifra de 1894. Incrementados, principalmente por las enfermedades infecciosas. En toda la provincia de Santa Clara, entre 1895 y 1898 y sin contar las producidas en las zonas rurales, se informó de la muerte de 111.162 personas.15

La población de la provincia de La Habana era, aproximadamente, de 425.000 habitantes. En el transcurso de 1890 a 1894 fallecieron 35.283 personas para una media anual de 7.057. Mientras en la guerra de 1895-1898 se registraron en la capital cubana las siguientes defunciones:

  • 1895- 7420.
  • 1896- 11.728.
  • 1897- 18.123.
  • 1898- 21.235.

El total de muertes en ese periodo fue de 58.496, para una media anual de 14.624, es decir, se duplicaron. Esto demuestra, según Raúl Izquierdo Canosa, que los fallecidos a causa de la guerra y la reconcentración en esos años se acercaron a los 23.213, equivalentes al 5%.16

La reconcentración privaba a los mambises, los guerrilleros separatistas, de los medios de subsistencia, de la información proporcionada por los campesinos y evitaba su incorporación a los rebeldes. Gabriel Cardona afirma que era el único método eficiente de lucha y que Weyler “fue el primero que se atrevió a ponerlo en práctica. Medio siglo después se haría popular la idea maoísta de que los guerrilleros deben vivir en el pueblo como el pez en el agua. En el Pinar del Río de 1886, Weyler había quitado el agua.17

 

A finales de ese año, el curso de la guerra había tomado un giro favorable a los colonizadores y la muerte del general rebelde Antonio Maceo (Santiago de Cuba, 1845- Punta Brava, 1886), apodado “el Titán de Bronce”, víctima de los disparos de una columna española cerca de La Habana, parecía corroborarlo. En España, la caída del líder guerrillero había excitado el entusiasmo patriotero y belicoso con manifestaciones, adornos en calles y edificios, fiestas en los colegios y músicas de las bandas militares. En los Estados Unidos, por contra, las victorias de Weyler provocaron una reacción de solidaridad con los insurgentes y de condena de los métodos del nuevo gobernador. Periódicos como The World y el New York Journal lanzaron duros ataques contra su figura llegando a calificarlo de tigre de la Manigua, hiena mallorquina y carnicero.18

En el año 1897 Weyler prohibió la zafra para evitar que, al recolectarse el azúcar, se pagaran impuestos a los revolucionarios. Esta medida, que provocó el desconcierto de los propietarios, era el prolegómeno de la “pacificación” de las provincias de La Habana, Matanzas y Santa Clara. Su táctica no cambió empezando por la reconcentración que decretó para evitar el espionaje y dificultar la vida de las partidas. Gabriel Cardona da la cifra de 400.000 reconcentrados, 120.000 de la provincia de La Habana, de los cuales, según el historiador menorquín, murieron 20.000.19

Las zonas confinadas de alojamiento de los reconcentrados no guardaban las condiciones higiénicas favorables sin control del agua, de la disposición de residuales líquidos, sólidos, sin control de los vectores, moscas y cucarachas, roedores, una higiene personal desfavorable dada la escasez de aquella y de instalaciones sanitarias No existían tampoco lavabos, ni camas, lo cual favorecía los casos de enteritis diversas y disenterías. La población infantil era la más afectada.20

¿Cómo justificaba Weyler su táctica? En carta conservada en el Archivo General de Palacio, de 11 de junio de 1897, dirigida a Cánovas, contestando a un telegrama de este, explica su decisión sobre la reconcentración y contesta a las críticas que se le hacían al respecto.

“La reconcentración es lo que más daño ha hecho a los insurrectos y así lo reconocen éstos en carta y documento que se les han cojido (sic) y no es posible dejarla sin efecto, porque volverían las cosas al estado de antes para hacer cuantos esfuerzos pueden para encender nuevamente la guerra. Pero tenga V. en cuenta que las familias reconcentradas han venido a los pueblos en el estado de miseria que tanto censuran y que es efecto de la paralización que todo ha tenido desde que empezó la guerra y a los perjuicios que han sufrido con unos y otros lo cual es inevitable”21

E intentaba convencer al presidente del Consejo de que había hecho lo posible para mejorar las condiciones de vida de los reconcentrados.

“(…) Y he hecho cuanto he podido para evitar esta miseria, pero no puedo hacer más ni es posible dejar sin efecto la concentración que entiendo debe conservarse aun después de la guerra. Mucho siento no poder obrar de otro modo, si bien haré todo lo posible para evitarlo cuanto se pueda, pero crea V. que éstos no son más que pretestos (sic), porque de lo que se trata es de que la guerra no se acabe, y a eso coadyuban personajes de la Península, no sé si con intención o sin ella

Siempre de V. afº amº q. e. S. M.

Valº Weyler.22

Enrique de Miguel Fernández, en su tesis doctoral Azcárraga, Weyler y la conducción de la guerra de Cuba (2011), sostiene que está comprobado que Weyler intentó mejorar la suerte de los reconcentrados como se desprende.-afirma- de la lectura del Decreto de 21 de junio de 1897, organizando obras públicas para el trabajo de los mismos. En el artículo 1º se dispone que “las juntas locales que señala el bando del 1º de diciembre último procurarán que todos los presentados cultiven, sembrando viandas, la parte de terreno que se les hubiese señalado.” En el 2º, que “el producto de las reses que se vendan, procedentes del campo enemigo, ingresarán en el Banco Español o sus sucursales de esta Isla para ser distribuidos entre las familias pobres por la Junta de Socorros creada por mi antecesor.” Por último, en el 6º encarece a las autoridades civiles, militares y eclesiásticas que  “consideren como asunto preferente y de la mayor importancia proponer la manera de remediar las necesidades de las familias que, por efecto de la guerra, carecen de medios de subsistencia”.23

¿Cuántas personas padecieron la reconcentración? Anteriormente se ha señalado que Gabriel Cardona daba la cifra de 400.000 reconcentrados. La misma aporta el periodista Grover Flint en su libro Marchando con Gómez (La Habana, Editorial de Ciencias Sociales, 1983; primera edición, 1898) el cual la pone en boca de Stehen Bonsal, a la sazón enviado especial a Cuba del New York Herald. Sin embargo, el mismo periodista considera que Bonsal fue “muy conservador y cuidadoso” en sus estimaciones y se refiere a las de “otras autoridades que han calculado la destrucción de 600.000 campesinos (concentrados), incluidos los que trataron de eludir el edicto ocultándose en los bosques y los que fueron asesinados antes de ponerse en vigor dicho edicto.24

Particularmente relevante es el testimonio de José Canalejas (El Ferrol, 1854- Madrid, 1912) quien, a los 43 años y después de haber ocupado diversas carteras ministeriales (Fomento, Gracia y Justicia y Hacienda hasta ese momento) se fue a Cuba, se alistó como un soldado más y obtuvo la Cruz del Mérito Militar con distintivo rojo. Su objetivo era obtener información de primera mano sobre la situación en la mayor de las Antillas.25

“(…) Curas y soldados, radicales y conservadores, todos convienen en que la guerra y la concentración han originado la muerte de una tercera parte, por lo menos, de la población rural, es decir, más de cuatrocientos mil seres humanos; añada usted a ese número crecido de reconcentrados que van padeciendo por días em proporciones aterradoras . Entre unos y otros, población civil, insurrectos armados y soldados, la guerra, aún acabando pronto representará la pérdida de seiscientas mil vidas. ¡Qué horror!”26

Weyler fue relevado de su cargo en el primer Consejo de Ministros de Práxedes Mateo Sagasta (Torrecilla en Cameros, La Rioja, 1825- Madrid, 1903) celebrado el 6 de octubre de 1897. Gabriel Cardona afirma que regresaba con la aureola de haber estado a punto de conseguir la victoria y de ser víctima de los manejos políticos. Mientras amplios sectores de la población estaban hartos de la guerra, para gran parte de la misma, el gobierno Sagasta había cedido, acobardado ante las presiones norteamericanas, sustituyendo al militar mallorquín por el general Ramón Blanco. 27

Weyler, a pesar de todo, continuó defendiendo su política de reconcentración al dejar Cuba y volver a la Península. En 1897 hizo unas declaraciones en las que afirmaba que los campesinos cubanos eran los peores enemigos de España y de los más traidores, así como que, si no se les concentraba no había manera de salvar la isla. Y concluía con este comentario:

“Pero los liberales españoles son así; protegen a nuestros enemigos más peligrosos, como son los campesinos y no se acuerdan de los obreros de España, que se quedarán sin comer el día que perdamos Cuba”.28

Barcelona recibió apoteósicamente al destituido gobernador de la mayor de las Antillas y, a pesar de que el gobierno ordenó al capitán general de Cataluña que impiera los homenajes, ello resultó imposible. El Fomento del Trabajo Nacional se manifestó a su favor y, al embarcar para Mallorca, lo despidieron con fuegos artificiales y con una nueva manifestación.29

El buque Bellver llegó a Palma el 28 de noviembre, con Valeriano Weyler y sus hijos María, Antonio y Valeriano, además de un grupo nutrido de amigos. Las autoridades habían prohibido los agasajos y Moiño, el capitán general, impidió que los militares acudieran al muelle, ordenándoles permanecer en sus dependencias y cuarteles.

Fue inútil. La popularidad de Weyler era enorme en su tierra desde su cese como como capitán general de Cuba. Concejales republicanos y carlistas pidieron que el ayuntamiento le dedicara una plaza de la capital mallorquina.30

Valeriano Weyler, en la actualidad, continua teniendo dedicado el nombre de una céntrica plaza de Palma y de otra en Santa Cruz de Tenerife amén de en otras localidades.

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En el 2012, Hilario Rodríguez, concejal de Coalición Canaria de la capital tinerfeña, a través de la Asociación Cultural Secundino Delgado, planteó cambiar el nombre de la plaza por el de 31 de marzo (para recordar que el 31 de marzo del 2000, unas inundaciones provocadas por fuertes lluvias causaron 8 muertos en la ciudad) “porque la plaza Weyler alude a un militar cuyos métodos represivos en Cuba inspiraron a los nazis.”

Su bisnieto, Fernando Weyler, defendía que su bisabuelo, capitán general de las islas desde 1878 hasta 1883, fue al archipiélago para luchar por la región y que sus actuaciones no tenían nada que ver con el fascismo. Según él, los periódicos norteamericanos “machacaron” la imagen del militar y le llamaron “el carnicero” para crear un estado de opinión que facilitara a Estados Unidos entrar en Cuba.31

En Palma, ciudad natal de Weyler, ningún partido con representación en el consistorio ha planteado hasta el momento cambiar el nombre de la plaza.

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BIBLIOGRAFÍA Y RECURSOS

Cardona, Gabriel; Losada, Juan Carlos En:Weyler. Nuestro hombre en La Habana. Barcelona: Planeta, 1997.
De Miguel Fernández, Enrique “Las críticas a Weyler y al Ejército sobre la situación sanitaria en Cuba.” En: Azcárraga, Weyler y la conducción de la guerra de Cuba. Tesis Doctoral. José Antonio Piqueras Arenas (director), 26/05/2011. Universitat Jaume I de Castelló. Departamento de Historia, Geografía y Arte, p.260. (en línea) (consulta 09/02/2018). Disponible en: http://www.racv.es/files/Guerra_Cuba_0.pdf
García Villena, Miriam “Consecuencias sociales de la reconcentración Weyler en Cuba.” En: Portales médicos.com 07/03/2012, (en línea) (consulta 07/02/2018). Disponible en: https://www.portalesmedicos.com/publicaciones/articles/4134/1/Consecuencias-sociales-de-la-reconcentracion-Weyler-en-Cuba-en-el-periodo-de-1896-a-1898.html
Izquierdo Canosa, Raúl La Reconcentración 1896-1897. La Habana: Ediciones Verde Olivo, 1997, pp.76-77.
Martínez Gil, Sergio “La reconcentración de Cuba (1896-1898). En: Revista de Historia, 03/12/2015 (en línea) (consulta 31/01/2018). Disponible en: https://revistadehistoria.es/poco-conocido-genocidio-espanol-cuba-la-reconcentracion-cuba-1896-1898/
Santaner Marí, Joan “Capítol II: 1863-1873”.En: General Weyler. Biografies de mallorquins 10.Palma: Ajuntament de Palma, pp.20-260.
Valeriano Weyler y la guerra de Cuba.” En: Historia de Iberia Vieja, 18/03/2011, (en línea) (consulta 01/02/2018). Disponible en: http://www.historiadeiberiavieja.com/secciones/historia-contempora,nea/valeriano-weyler-guerra-cuba
José Canalejas”. En Wikipedia. La enciclopedia libre, (en línea) (consulta 11/02/2018). Disponible en. https://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_Canalejas
Real Academia Española (RAE). http://dle.rae.es/?id=5lgkUSL

Notas

1 Valeriano Weyler y Nicolau Mi mando en Cuba ,t.1.Madrid: Imprenta Litográfica y Casa Editorial de Felipe González Rojas, 1910, pp.30-31.Citado por Raúl Izquierdo Canosa “Valeriano Weyler y la reconcentración -1896-1897”. En: La Reconcentración 1896-1897. La Habana: Ediciones Verde Olivo, 1997, pp.23-24.
2 Ibidem
3 Sergio Martínez Gil “La reconcentración de Cuba (1896-1898). En: Revista de Historia, 03/12/2015 (en línea) (consulta 31/01/2018). Disponible en: https://revistadehistoria.es/poco-conocido-genocidio-espanol-cuba-la-reconcentracion-cuba-1896-1898/
4 Joan Santaner Marí “Capítol II: 1863-1873”.En: General Weyler. Biografies de mallorquins 10.Palma: Ajuntament de Palma, pp.20-260
5 “Valeriano Weyler y la guerra de Cuba.” En: Historia de Iberia Vieja, 18/03/2011, (en línea) (consulta 01/02/2018). Disponible en: http://www.historiadeiberiavieja.com/secciones/historia-contempora,nea/valeriano-weyler-guerra-cuba
6 Joan Santaner Marí “Capítol II: 1863-1873”.En: General Weyler. Biografies de mallorquins 10.Palma: Ajuntament de Palma, pp.36.
7 Raúl Izquierdo Canosa “Valeriano Weyler y la reconcentración 1896-1897”. En: La Reconcentración 1896-1897. La Habana: Ediciones Verde Olivo, 1997, pp. 24.8 El servicio en filas de los soldados duraba tres años y afectaba a los muchachos más pobres, que marchaban a la guerra apenas pasada la veintena. Recibían una instrucción elemental, basada en el saludo, los giros las modalidades de desfile y escasos o ningún ejercicio de tiro.Según Cardona, eran los más baratos y peor equipados de la Europa occidental, vestían un uniforme de rayadillo, un gran sombrero de paja y calzaban alpargatas de esparto, en cuya suela anidaban las niguas, diminutos insectos que se instalaban entre los dedos y los pies los cuales establecían colonias bajo la piel, envenenándoles la sangre. Cardona, Gabriel; Losada, Juan Carlos “En la guerra como en la guerra.” En:Weyler. Nuestro hombre en La Habana. Barcelona: Planeta, 1997,p. 186.
9 Juan Bautista Casas La guerra separatista de Cuba.Medios de terminarla y de evitar otras. Madrid: Estudio Tipográfico de San Francisco de Sales, 1896. Citado por Raúl Izquierdo Canosa “Valeriano Weyler y la reconcentración 1896-1897”. En: La Reconcentración 1896-1897. La Habana: Ediciones Verde Olivo, 1997, pp. 16-17.
10 Cabaña de América, hecha de madera y ramas, cañas o pajas y sin más respiradero que la puerta.
11 Juan Bautista Casas La guerra separatista de Cuba.Medios de terminarla y de evitar otras. Madrid: Estudio Tipográfico de San Francisco de Sales, 1896. Citado por: Raúl Izquierdo Canosa “Valeriano Weyler y la reconcentración 1896-1897”. En: La Reconcentración 1896-1897. La Habana: Ediciones Verde Olivo, 1997, pp. 16.
12Las cuatro alocuciones que pronunció Weyler se titularon respectivamente Habitantes de Cuba, Voluntarios y  bomberos, Soldados del Ejército de Cuba y Marinos de guerra. Cardona, Gabriel; Losada, Juan Carlos “En la guerra como en la guerra.” En:Weyler. Nuestro hombre en La Habana. Barcelona: Planeta, 1997, p. 181.
13Ibidem, p.25
14Emilio Roig de Leuchsenring Weyler en Cuba, un precursor de la barbarie fascista. La Habana: Editorial Páginas, 1947, p.94. Citado por: Raúl Izquierdo Canosa “Valeriano Weyler y la reconcentración 1896-1897”. En: La Reconcentración 1896-1897. La Habana: Ediciones Verde Olivo, 1997, p.25.
15 Miriam García Villena “Consecuencias sociales de la reconcentración Weyler en Cuba.” En: Portales médicos.com 07/03/2012, (en línea) (consulta 07/02/2018). Disponible en: https://www.portalesmedicos.com/publicaciones/articles/4134/1/Consecuencias-sociales-de-la-reconcentracion-Weyler-en-Cuba-en-el-periodo-de-1896-a-1898.html
16 Raúl Izquierdo Canosa “Las miserias de la reconcentración”. En: La Reconcentración 1896-1897. La Habana: Ediciones Verde Olivo, 1997, pp. 36.
17 Cardona, Gabriel; Losada, Juan Carlos “El acoso a Maceo”. En:Weyler. Nuestro hombre en La Habana. Barcelona: Planeta, 1997, p.206.
18Ibidem, pp.214-215.
19 Cardona, Gabriel; Losada, Juan Carlos “Contra Máximo Gómez”. En:Weyler. Nuestro hombre en La Habana. Barcelona: Planeta, 1997, p.218.
20 Miriam García Villena “Consecuencias sociales de la reconcentración Weyler en Cuba.” En: Portales médicos.com 07/03/2012, (en línea) (consulta 07/02/2018). Disponible en: https://www.portalesmedicos.com/publicaciones/articles/4134/1/Consecuencias-sociales-de-la-reconcentracion-Weyler-en-Cuba-en-el-periodo-de-1896-a-1898.html
21Archivo General de Palacio. Caja 13,106,exp.2. Citado por Enrique de Miguel Fernández. “Las críticas a Weyler y al Ejército sobre la situación sanitaria en Cuba.” En: Azcárraga, Weyler y la conducción de la guerra de Cuba. Tesis Doctoral. José Antonio Piqueras Arenas (director), 26/05/2011. Universitat Jaume I de Castelló. Departamento de Historia, Geografía y Arte, p.260. (en línea) (consulta 09/02/2018). Disponible en: http://www.racv.es/files/Guerra_Cuba_0.pdf
22Ibidem.
23Ibidem.
24Grover Flint Marchando con Gómez. La Habana: Editoral de Ciencias Sociales, 1983, pp.244-245. Citado por Raúl Izquierdo Canosa “Principales consecuencias y lecciones”. En: La Reconcentración 1896-1897. La Habana: Ediciones Verde Olivo, 1997, pp.76-77.
25“José Canalejas”. En Wikipedia. La enciclopedia libre, (en línea) (consulta 11/02/2018). Disponible en. https://es.wikipedia.org/wiki/Jos%C3%A9_Canalejas
26Emilio Roig de Leuchsenning, Weyler en Cuba. La Habana: Editorial Páginas, 1947, p.100. Citado por Raúl Izquierdo Canosa “Principales consecuencias y lecciones”. En: La Reconcentración 1896-1897. La Habana: Ediciones Verde Olivo, 1997, pp.77-78.
27 Cardona, Gabriel; Losada, Juan Carlos “El desenlace inesperado. En:Weyler. Nuestro hombre en La Habana. Barcelona: Planeta, 1997, p.237.
28 Ferran Soldevila El año político 1897, p.388. Citado por Enrique de Miguel Fernández. “Las críticas a Weyler y al Ejército sobre la situación sanitaria en Cuba.” En: Azcárraga, Weyler y la conducción de la guerra de Cuba. Tesis Doctoral. José Antonio Piqueras Arenas (director), 26/05/2011. Universitat Jaume I de Castelló. Departamento de Historia, Geografía y Arte, p.264. (en línea) (consulta 09/02/2018). Disponible en: http://www.racv.es/files/Guerra_Cuba_0.pdf
29 Cardona, Gabriel; Losada, Juan Carlos “El desenlace inesperado. En:Weyler. Nuestro hombre en La Habana. Barcelona: Planeta, 1997, p.239.
30Ibidem,
31Ylenia Lorenzo “Los herederos de Weyler.” En: La opinión de Tenerife, 12/02/2018, (en línea) (consulta 20/05/2012). Disponible en: http://www.laopinion.es/tenerife/2012/05/20/herederos-weyler/414147.html

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  1. Apuntar que la cifra de tropas regulares de que disponía Weyler no es correcta.
    Según este trabajo del que dejo el link:
    La repatriación intermedia durante la Guerra de Cuba
    http://www.racv.es/files/La-repatriacion-intermedia-durante-la-Guerra-de-Cuba.pdf
    Para 1897 se habían repatriado unos 46500 soldados de los enviados.
    Eso restado de los enviados (unos 180 mil, dado que allí había 20 mil) siendo 90 mil con Martínez Campos y otros 90 mil con Weyler, indica que había unos 140 mil (normalmente había unos 30 a 40 mil enfermos) indica que había disponibles unos 100 mil soldados de revista. Las fuentes de inteligencia americana indicaban que en 1897 había disponibles unos 80 mil soldados “aptos”.
    En 1898 solo se enviaron 17 mil.
    Por tanto decir que había 200 mil regulares y otros cien mil adicionales, no es muy preciso.
    Saludos
    Antonio

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  2. Se aprecia cierto sesgo y enfoque contrario a Weyler en su artículo. Y es preciso comentar que la nota 5, alusiva a las acciones del ilustre General español en la Guerra Carlista, son totalmente falsas. En absoluto Weyler “mató a sangre fría a no combatientes”, nunca en su vida. Todo lo contrario, pues hasta el enemigo reconocía en él su preocupación por los heridos del bando contrario (los visitaba en los hospitales ya desde tiempos de la Guerra Carlista), y hay un par de anécdotas al respecto en tiempos de sus primeras campañas en el Caribe: no fue tiroteado por el enemigo, pudiendo haberlo hecho, porque lo respetaban. Y tampoco fue destituido en la Guerra Carlista. Simplemente era un hombre de hierro que no cesaba en sus actividades, esmerándose en cumplir las misiones que le eran encomendadas, siempre bajo las leyes de la guerra, y cuestionaba las órdenes y contraórdenes de sus superiores cuando aquéllas inducían ineficiencia y pérdida de oportunidades.
    Respecto a Cuba, tiene Vd. razón al constatar la preocupación de Weyler por los reconcentrados, situación a la que se llegó a causa de la crueldad desplegada por los insurrectos. Ya había hambre, enfermedad y carencias antes de la reconcentración, como suele suceder en todas las guerras. Ni los españoles, ni el Ejército de España, ni Weyler, fueron “carniceros”.
    También son falsas esas declaraciones que se citan sobre el campesinado cubano. Weyler nunca pronunció palabras con semejante enfoque. Lo que sí era cierto es que algunos campesinos ayudaban a la insurrección y también les informaban de los movimientos de las filas españolas, bien por convicción o -la mayor parte de las veces- por temor a sufrir el fusilamiento o la tea incendiaria de Gómez, Maceo y demás. El deber de un general es proteger a sus tropas y de ganar la guerra. Sin más connotaciones viscerales.
    Alguna otra información en el artículo es correcta y las expone asépticamente.

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