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El carlismo (Iªparte): desde la Primera Guerra carlista hasta la II República

El Carlismo nace como un movimiento político tradicionalista y antiliberal en 1833 después de la muerte de Fernando VII y la lucha por el trono entre Carlos María Isidro e Isabel II. Aunque sus antecedentes se pueden encontrar en anteriores revueltas campesinas como la de “Els Matiners” o la de “Els Malcontents” en Cataluña. Disponía de un fuerte arraigo popular en algunas zonas de España, especialmente en las ciudades de tamaño pequeño y mediano y en las zonas rurales de su alrededor, del País Vasco, Navarra, Cataluña y en el País Valenciano y Aragón, la zona del Maestrazgo; y en menor medida, en Andalucía y Castilla.

El apoyo social del carlismo provenía del clero medio y bajo, que percibía el liberalismo como enemigo de la religión e iglesia católica, un miedo a perder privilegios que no era infundado como se comprobaría con las posteriores desamortizaciones sobre la iglesia; la media y baja nobleza del norte peninsular frente a la alta nobleza que, con algunas excepciones, acabó integrándose al nuevo estado liberal; pero no debe simplificarse como un movimiento únicamente formado por curas y baja y mediana nobleza, una parte importante del campesinado que veía amenazadas sus tradiciones y su situación económica a causa de las reformas liberales que atacaban las tierras comunales y enfortecían la mediana y grande propiedad.

Durante el siglo XIX protagonizó tres guerras civiles, pese a ser derrotado en las tres guerras, mantuvo buena parte de su fuerza durante el período de la restauración; en el siglo XX, participó en la Guerra Civil a favor del Bando Nacional, fue aborbido o silenciado posteriormente por el régimen franquista y una parte de él perseguido, y ya con la transición mucho más minoritarias sus fuerzas, sufrió divisiones y guerras internas entorno al sucesor al trono y a causa  del cambio ideológico hacía posturas progresistas de Carlos Hugo y sus defensores, hasta llegar a la actualidad a ser un movimiento testimonial.

Haremos un breve repaso por las tres guerras porque ya hay muchos libros y estudios sobre el tema y me interesa centrarme más en sus militantes, la forma que tenían de captar a los trabajadores y su papel como fuerza de choque antiliberal y contrarevolucionaria durante la restauración y la I y II república, así como su participación en el golpe de Primo de Rivera y especialmente en el golpe franquista.

Las Guerras Carlistas del s.XIX

La primera guerra carlista empezó tras la muerte de Fernando VII en 1833 y la lucha por el trono entre Isabel II, hija de Fernando VII, y Carlos Maria Isidro, hermano del Rey. Los partidarios de Carlos Maria Isidro, estaban a favor de mantener el antiguo régimen, donde la iglesia y la aristocracia tenían un papel central; los partidarios de Isabel defendían las reformas liberal-burgesas, surgidas de la revolución francesa y la revolución industrial.  Fernando VII optó por dar el trono a su hija Isabel II, los carlistas denunciaron una supuesta ilegitimidad del proceso ya que consideraban que el rey podria haber sido manipulado. 

Pese que una de las principales reclamaciones del carlismo era la defensa de los Fueros, no proclamó la defensa de estos hasta un año después del inicio de la Guerra. El 7 de septiembre de 1834 Don Carlos lanza por primera vez un manifiesto netamente floral por el que confirma los fueros de Vizcaya (1)

La Primera Guerra Carlista fue la más cruda y sangrienta, causó unos 200.000 muertos. Los primeros levantamientos a favor  de Carlos María Isidro (Carlos V) tuvieron lugar en diferentes puntos del país, pero fue en el País Vasco, Navarra, Aragón, Cataluñaa y el País Valenciano, donde se convirtieron en una guerra que duró hasta 1839 en el norte del país y en el País Valenciano  el general carlista Ramón Cabrera resistió prácticamente un año más.

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Tomás de Zumalacárregui (Ormáiztegui, Guipúzcoa, 29 de diciembre de 1788 – Cegama, Guipúzcoa, 24 de junio de 1835)

 

La segunda Guerra Carlista duró menos tiempo que la primera y no fue tan cruenta. La Guerra se desarrolló sobretodo en algunas zonas de Cataluña, y también tuvo episodios en Guipuzcoa, Navarra y Aragón. En 1845 el Infante Don Carlos abdicó en favor de su hijo Carlos Luís de Borbón (Carlos VI), como pretendiente a la corona. Las acciones de los carlistas fueron de carácter guerrillero, la derrota tuvo como consecuencia el exilio del General Cabrera, algunos grupos carlistas prosiguieron las acciones armadas hasta  1860.

La tercera guerra carlista se inició con el levantamiento armado de los partidarios de Carlos María de Borbón (Carlos VII), coincidendo con la revolución de 1868 que supuso la destronación de Isabel II y el inicio del llamado sexenio democrático (septiembre 1868-11 de febrero de 1873). Carlos María de Borbón publicó un manifiesto en el que exponía su intención de constituir unas Cortes de estructura tradicional y promulgar una Constitución o carta otorgada, así como realizar una política económica proteccionista.

Por su defensa de la unidad católica y del sistema monárquico tradicional, los neocatólicos antiguos partidarios de Isabel II, se integraron en el partido carlista, que se constituyó con el nombre de Comunión Católico-Monárquica. Los carlistas participaron por vez primera en elecciones, consiguiendo su máxima representación en 1871 con 51 diputados.

Los principales focos de la tercera guerra carlista, fueron algunas ciudades de pequeño y mediano tamaño y sus zonas rurales del País Vasco, Navarra y Cataluña, y en menor medida Aragón, País Valenciano y Castilla. La Guerra desestabilizó la monarquia parlamentaria de Amadeo I (1871-1873) y la breve I República (11 de febrero de 1873 – 29 de diciembre de 1874), y finalizó en 1876 con la conquista de la capital carlista, Estella, y el exilio de Carlos María de Borbón a Francia. En 1898, aprovechando la crisis por la perdida de las colonias españolas, hubo algun intento de sublevación, pero todos fracasaron.

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Francesc Savalls i Massot (La Pera, 1817 – Niza, 1886) , General Carlista catalán (Empordà). Partició en las tres guerras carlistas
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Caricatura del carlismo en la revista satírica, liberal y anticarlista “La Flaca”. 2 de septiembre de 1870
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Caricatura del carlismo en la revista satírica, liberal y anticarlista “La Flaca” (segunda época), nº 50, 30 de enero de 1873.

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21 agosto de 1869 “La Flaca”

El carlismo durante la restauración

El Reinado de Alfonso XII (1875-1885): Turnismo i caciquismo

Cánovas del Castillo dirigente del Partido Conservador y Sagasta del Partido Liberal pactaron turnarse en el poder. El turnismo garantizaba la victoria de Conservadores y Liberales y dejaba fuera del sistema a la oposición: republicanos, socialistas, regionalistas, nacionalistas, y también a los carlistas intransigentes.  Las elecciones eran una farsa, los caiques (hombres con grandes recursos económicos asentados sobre todo en el medio rural) siguiendo las instrucciones del gobernador civil de cada província, se encargaban de que los votantes cumplieran el resultado previamente pactado entre Conservadores y liberales.

El régimen de la restauración se dotó de una nueva constitución. Esta no especificaba el tipo de sufragio pero posteriormente, el gobierno del Partido Conservador de Canovas aprobó la Ley Electoral de 1878 que establecía el  voto censitario, limitado a los mayores contribuyentes. Las principales características de la Constitución de 1876 eran:

-La soberania compartida con el rey:

Poder legislativo compartido con las Cortes: Derecho de veto absoluto sobre leyes aprobadas por las Cortes.

El rey podia convocar, suspender o disolver las cortes.

Fortalecimiento de la monarquia: El rey designaba los ministros y tenía el mando directo sobre el ejército

-Cortes bicamarales: Congreso elegido mediante sufragio censatario. El Senado estaba formado por los Grandes de España, las jerarquias eclesiasticas y militares, los senadores elegidos por sufragio censatario de las rentas más altas y los senadores nombrados por el rey.

-La religión católica es declarada religión oficial del Estado.

En 1879 Cándido Nocedal como representante del pretendiente Carlos reorganizó el partido mediante una red de periódicos afines que realizaron una campaña muy agresiva contra el régimen.

El reforzamiento del poder del rey y que la religión católica fuera declarada como la oficial del estado, atrajo a una parte del carlismo que se integró en el sistema de la restauración, este carlismo moderado fue liderado por los hermanos Luis y Alejandro Pidal y tenía como órgano oficial el diario La Unión, así como la revista la España CatólicaLa Unión Católica de Alejandro Pidal se enfrentó a los carlistas más intransigentes de Nocedal y terminó uniendose al Partido Conservador de Cánovas.

A principios de 1884 Alejandro Pidal fue nombrado ministro de Fomento en un gobierno presidido por Cánovas, hecho que consolidó la posición de Nocedal y los carlistas intransigentes, que acusaron a Pidal de aceptar el liberalismo.

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Caricatura de Cándido Nocedal en El Buñuelo, periódico burlesco y antimonarquico. 3 de marzo de 1881

La muerte de Alfonso XII en 1885 abrió el período de la Regencia de María Cristina de Habsburgo (1885-1902) hasta la mayoría de edad de Alfonso XIII, Cánovas y Sagasta reafirmaron en el Pacto del Pardo (1885) el funcionamiento del sistema de turno. También en 1885 murió Candido Nocedal, Carlos, en vez de nombrar en la dirección del partido al hijo de Nocedal, Ramón, asumió él mismo el cargo. En 1886 debido al nacimiento de Alfonso XIII, Carlos publicó un manifiesto dirigido a los españoles reclamando sus derechos sobre la corona. Posteriormente reorganizó el partido, dividiendo España en cuatro grandes circumscripciones y nombrando un jefe para cada una de ellas, también se creó la primera Juventud Carlista de España en Madrid y posteriormente se crearían otras.

Desde El Siglo Futuro, Ramón Nocedal, insatisfecho por su papel secundario, no dejaba de atacar a La Fé, que representaba la tendencia belicosa del partido carlista. Don Carlos pidió la paz entre sus partidarios, pero no fue escuchado. En 1888 el pretendiente indicó a Luis María de Llauder la publicación de su famoso escrito, El Pensamiento del Duque de Madrid. Nocedal se opuso a este, indicando desde El Siglo Futuro que en la comunión tradicionalista lo primero era Dios, después la Patria y por último el Rey, considerando que Carlos se había alejado de Dios y de la Patria. Carlos reaccionó expulsando del partido a Nocedal, quien llegó a decir que Don Carlos se había liberalizado. El cura sabadellense Félix Sardá i Salvany en 1884 escribió el libro El liberalismo es pecadoque se convertiría en la base ideológica del tradicionalismo carlista integrista, Sardá crítico El Pensamiento del Duque de Madrid y a finales de julio de 1888 El Siglo Futuro publicó un manifiesto, reproducido por muchos diarios de provincias, en el que presentaba el programa del nuevo partido integrista. En el llamado Manifiesto de burgos los integristas defendían entre otras cosas el restablecimiento de la Inquisición. 

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Don Carlos de Borbón (1848 – 1909), Pretendiente carlista al trono español.
Fotografía: 1880     

Don Carlos, a fin de tener un órgano de prensa fiel, fundó en Madrid, por medio de Llauder, El Correo Español, y a principios de 1890 nombró delegado suyo para toda España al marqués de Cerralbo, que mejoró la organización del partido, nombrando jefes y juntas regionales y provinciales, y fundando numerosos círculos y juventudes. Su delegación coincidió con el comienzo de los congresos católicos y el nacimiento del catolicismo político militante. Consideraban que Carlos era el único pretendiente legítimo que podia garantizar la fe e iglesia católica.

En 1891 se fundó en Cataluña la Unió Catalanista que elaboró las bases de Manresa, hasta este momento el carlismo era el único partido que defendía cierta causa regionalista mediante la reclamación de los fueros, sin cuestionar la unidad de España. El catalanismo pero, no sólo reclamaba cierta descentralización administrativa, sino la autonomia de Cataluña dentro de España. Los carlistas se mantuvieron distantes respecto al catalanismo hasta su participación en la llamada candidatura Solidaritat Catalana en 1907, en Euskadi y Navarra si que reclamaron los fueros.

A partir de 1890 Enrique de Aguilera y Gamboa estuvo al frente del carlismo, reconstruyéndolo como un moderno partido de masas. El carlismo se reorganizó a través de los Círculos Tradicionalistas que captaban a los sectores populares a través de las clases gratuítas para los socios y sus familiares y de los servicios asistenciales o de benifeciencia.
El historiador Pere Anguera nos aporta algunos datos sobre la presencia de sectores populares en estos Círculos y su presencia en territorio catalán (2):

En el Círculo de Olot en la última década del s.XIX entre el 13 y el 15% eran trabajadores del sector téxtil y cerca del 10 jornaleros, un porcentaje similar al que representaban los albañiles y propietarios. En conjunto artesanos, tenderos, jornaleros y trabajadores se acercaban al 75% de la militancia.

-Las escuelas del Círculo de Valls tenían entre 1894 y 1898 entre 50 y 100 alumnos entre 1894 y 1898 tenían entre 50 y 100 alumnos diarios, confirmando que los asociados no pertenecían a la burgesía, ni a ningún otro sector adinerado.

En 1898 el carlismo contaba en Cataluña con 484 Juntas Locales, que equivalía a una quinta parte del total, 250 en la província de Barcelona, 132 en la de Tarragona, 58 en Lérida y 44 en la de Gerona, cifras que confirman su extensión por el territorio y progresiva implantación urbana.

Cuando estalló la Guerra hispano-estadounidense en 1898, Don Carlos ordenó desde Bruselas a todos los carlistas que no hicieran nada que pudiera comprometer el éxito de la guerra y que ayudaran a defender la integridad española en Cuba y Filipinas. Muchos creían que la pérdida de las colonias ocasionaría en España una revolución que produciría el derribo de la dinastía, de forma similar a lo ocurrido en Francia por la pérdida de Alsacia y Lorena en 1870. Por ello, tras firmarse el Tratado de París, considerado como una deshonra nacional, se generalizó la opinión de que los carlistas se lanzarían a una nueva guerra civil, aprovechando el descontento del Ejército y del pueblo, pero el gobierno estuvo al tanto de la conspiración, y esta acabó fracasando.

 

El marqués de Cerralbo salió de España y presentó su dimisión, siendo sustituido en diciembre de 1899 por Matías Barrio y Mier. Algunos carlistas intentaron el levantamiento sin autorización de los principales jefes, Salvador Soliva intentó un levantamiento en Barcelona que fracasó debido a la poca organización y apoyo. En octubre de 1900 se produjo la sublevación de Badalona, en la que 60 hombres atacaron sin éxito el cuartel de la Guardia Civil. También aparecieron partidas a Igualada, Berga y Piera, y intentos de levantamientos fuera de Cataluña en Jijona y Jaén. Esta intentona llevó al carlismo a una crisis y motivó que el gobierno suspendiera durante unos meses todos los periódicos carlistas del país y clausurara todos sus círculos.

En las elecciones de 1901 el carlismo consiguió seis diputados, siete en 1903, cuatro en 1905 y catorce en 1907 gracias a la participación en Solidaritat Catalana. A partir de entonces comenzaron los aplecs carlistas, que movilizaron grandes masas, y muchos nuevos títulos de prensa carlista que propagaron la doctrina del partido.

La política anticlerical del gobierno, concretada en la persecución de las Ordenes religiosas, dió mayor incremento al carlismo, que se alió con el integrismo —desapareciendo el enfrentamiento entre ambas formaciones tradicionalistas— para combatir los proyectos del gobierno defendidos por Canalejas. Al mismo tiempo aumentaba el catalanismo y aparecía el nacionalismo vasco.

En Cataluña el republicanismo lerrouxista recibía el apoyo del gobierno central para hacer frente al catalanismo;  en oposición al lerrouxismo se constituyó la Solidaridad Catalana en 1906, que tuvo su origen en la llamada Ley de Jurisdicciones, represiva contra los delitos contra la Patria y el Ejército, que ponía bajo jurisdicción militar. 

Entre los carlistas catalanes hubo una gran divergencia de opiniones sobre si debían aliarse con los catalanistas. Una parte consideraba que esta unión era contraria a los principios, a la historia y al carácter del partido carlista, especialmente teniendo en cuenta la tendencia antireligiosa de algunos de los partidos que debían integrar la coalición. Sin embargo, El Correo Catalán y algunos políticos carlistas, como Pedro Llosas, lograron que se dejara libertad a los carlistas para sumarse o no al movimiento según el acuerdo tomado por el jefe regional carlista de Cataluña, José Erasmo de Janer, después de consultarlo con Don Carlos, quien inicialmente había sido contrario a esta coalición. El éxito electoral de la Solidaritat supuso para los carlistas nueve diputados en el Congreso.

El 17 de julio de 1909 muere Don Carlos coincidiendo con la Semana Trágica de Barcelona, las protestas obreras contra las quintas obligatorias para ir a la Guerra contra Marruecos, las protestas atacaron sobretodo a los templos católicos por su apoyo a la Guerra y al Gobierno de Maura, después de esta, Solidaritat Catalana desapareció. Los carlistas apoyaron al gobierno de Maura en su defensa de la iglesia y contra el triunfo de las fuerzas laicas.

Del carlismo al jaimismo y de división en división…

El 18 de julio de 1909 muere el pretendiente Carlos VII y le sucede como pretendiente legitimista su hijo, Jaime de Borbón y Borbón-Parma (Vevey, 27 de junio de 1870–París, 2 de octubre de 1931). Los carlistas pasaron a llamarse «jaimistas» o simplemente «tradicionalistas» o «legitimistas».

Don Jaime encontraba su partido bien organizado en todas las regiones y provincias, con juntas en casi todos los distritos y con numerosos círculos, juventudes y requetés en toda España, así como muchos diarios, semanarios, revistas e incluso dos rotativos (adquirida la maquinaria por suscripción popular): El Correo Español y El Correo Catalán.

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Don Jaime de Borbón y de Borbón-Parma en 1910

Las elecciones de 1910 llevaron al Congreso a ocho diputados y al Senado a cuatro senadores jaimistas. Los representantes combatieron la política contra las órdenes religiosas por parte del gobierno de Canalejas. Los tradicionalistas también organizaron manifestaciones y mítines en toda España, llegando en el Congreso a la sesión permanente, y se dedicaron a luchar contra el republicanismo, aliado del gobierno en la campaña anticlerical.

Eran habituales los enfrentamientos entre republicanos y carlistas, sobre todo en Cataluña, donde destacó el enfrentamiento entre requetés y lerrouxistas en San Feliu de Llobregat del 28 de mayo de 1911, que se saldó con dos muertos carlistas, tres lerrouxistas, un polícia municipal y diecisiete heridos (3)

A principios de 1913 Bartolomé Feliu fue sustituido como jefe delegado por el marqués de Cerralbo, constituyéndose, bajo su presidencia, una Junta Nacional tradicionalista, integrada por los jefes regionales y los representantes en las Cortes. En una reunión celebrada en Madrid los días 30 y 31 de enero del mismo año, se designaron diez comisiones y se dictaron reglas para la reorganización del partido en toda España. Esto permitió la fundación de nuevos círculos tradicionalistas y un aumento de la propaganda.

Salvador Minguijón, en una serie de artículos y conferencias, comenzó a sostener que era necesaria la unión de los jaimistas con los católicos independientes y con Maura para implantar un programa mínimo, sin derribar la dinastía reinante, y tratar de hacer cambiar el régimen liberal despacio, por vía de evolución. El Correo Catalán y otros periódicos apoyaron esta estrategia, pero muchos jaimistas protestaron contra la misma, ya que se prescindía de los derechos de Don Jaime y entendían que el programa mínimo y la alianza con los católico-liberales suponían una claudicación y el abandono del carácter militar del partido, viendo en lo que se llamó minguijonismo un nuevo nocedalismo, pero con una inclinación dinástica y liberal más acusada, que le aproximaba al pidalismo

En 1914 Don Jaime declaró en una entrevista desde París que “no concebía nuevos partidos y que si bien podría el suyo reforzarse con elementos nuevos, nunca podría perder su carácter”. Sin embargo, El Correo Catalán continuó apoyando las tendencias de Minguijón, y en un Congreso de Juventudes celebrado en Barcelona llegó a presentarse un tema consistente en que Don Jaime tenía que renunciar a sus derechos, venir en España y constituirse en cabeza de un nuevo partido de acuerdo con las tendencias indicadas.

División por la alianza con la Lliga Regionalista

En Cataluña, la alianza con el catalanismo provocaba un enfrentamiento interno en el partido. El director de El Correo Catalán, Miquel Junyent, mantenía una estrecha alianza con la Liga Regionalista, de tal manera que en las elecciones el diario seguía la línea marcada por la Lliga en materia regionalista. Los jaimistas catalanes contrarios a esta tendencia eran liderados por Dalmacio Iglesias. En 1915 enviaron un mensaje a Don Jaime, al que se adhirieron algunos círculos tradicionalistas de Barcelona y de Cataluña, donde pedían la independencia política del partido. Para defender la tendencia del llamado «legitimismo puro», Iglesias fundó el diario El Legitimista Catalán. Dalmacio Iglesias no tuvo éxito en su propósito, y el Marqués de Cerralbo lo desautorizó indirectamente enviando un telegrama a Junyent en el que declaraba rebeldes a todos aquellos que celebraran juntas no autorizadas por el jefe regional.

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Miquel Junyent (Piera, 1871 – Barcelona, 1936) Líder carlista catalán impulsor del acercamiento del carlismo a la Liga Regionalista. Era abuelo del exlíder de CDC Miquel Roca i junyent

La nueva orientación dada a las elecciones por parte de la junta nacional no fue acatada por la regional de Cataluña, lo que motivó el nombramiento de otra, que distanció el partido de la Lliga. En junio de 1916 Juan Vázquez de Mella pronunció un discurso en el Congreso en la que concretaba la diferencia entre el autonomismo de la Liga (nacionalismo regionalista) y la autarquía (regionalismo nacional) que sostenían los jaimistas. Como teórico del partido, los planteamientos de Mella eran incorporados al programa tradicionalista. Sin embargo, El Correo Catalán se opuso a la nueva dirección, y tratando de llegar a la concordia se nombró un comité de acción política que estableció como norma «ni siempre con la Lliga, ni siempre contra la Lliga », pero siempre con alianzas accidentales y partiendo de la base de un «regionalismo confesional, católico y español». La Asamblea de Parlamentarios catalanes de 1917 y la huelga general revolucionaria con la que coincidió en Barcelona en el mes de julio, terminaron de distanciar a buena parte de los jaimistas de la Lliga, no así a El Correo Catalán.

En 1914 se editaban en España 38 periódicos jaimistas y 9 integristas. La prensa tradicionalista y especialmente El Correo Español jugó un papel muy importante en la campaña germanófila española durante la Primera Guerra Mundial.
En el País Vasco y Navarra también estallaron agitaciones de carácter nacionalista, por lo que el marqués de Cerralbo, en carta dirigida al marqués de Valdespina, jefe provincial legitimista de Guipúzcoa, dio la orientación de que, como partido foralista, el partido jaimista era regionalista, pero defendía la unidad de España y era «incompatible con los regionalismos liberales».

En 1918 Dalmacio Iglesias combatió el proyecto de Estatuto catalán elaborado por los autonomistas que establecía para Cataluña un Estado, aduciendo su carácter liberal y aconfesional. La campaña contra el Estatuto fue autorizada por las autoridades y la prensa del partido, con excepción de El Correo Catalán y algún otro periódico. En noviembre del mismo año la Pastoral colectiva de los obispos de Cataluña declaraba que «Jesucristo tiene derecho absoluto sobre los pueblos en el orden político» y reprobaba las tendencias neutrales con respecto a la religión.

División por la postura del partido ante la I Guerra Mundial

Además de estas luchas internas del jaimismo, se produjo otra que terminó de dividir el partido. Con motivo de la Primera Guerra Mundial, los jaimistas, con Vázquez de Mella a la cabeza, se pusieron de parte de los Imperios Centrales, aduciendo que Inglaterra y Francia habían sido los promotores del liberalismo y los adversarios del poderío español. Así pues, realizaron una activa campaña para mantener la neutralidad de España en la guerra contra los que pretendían que el país se adhiriese a los aliados, amenazando con una guerra civil si el gobierno intervenía en el conflicto europeo.

Sin embargo, durante la Gran Guerra Don Jaime vivió bajo arresto domiciliario en el Imperio austrohúngaro por su apoyo a Francia y a los aliados, sin casi comunicación con la dirección política jaimista en España, que seguía encabezando Vázquez de Mella, con un carácter germanófilo. Al terminar la guerra, Don Jaime hizo redactar desde París un manifiesto, fechado el 30 de enero de 1919, en el que afirmaba que no habían sido obedecidas sus órdenes y que en contra de su voluntad se había arrastrado a las masas a favor de los Imperios Centrales, por lo que era necesaria la completa reorganización del partido. Con este manifiesto desaprobaba de manera pública la conducta seguida por Mella, Cerralbo y toda la dirección del partido. Todos los redactores de El Correo Español que simpatizaban con Mella fueron expulsados. Ante estos hechos, la junta acordó por unanimidad que no podían aceptar la conducta y los principios de Don Jaime, por lo que decidieron continuar el partido prescindiendo del pretendiente. Mella publicaría aún en El Debate un artículo atacando a Don Jaime.

Por su parte, Miquel Junyent y los elementos de El Correo Catalán se mostraron favorables a Don Jaime y contrarios a los mellistas y facilitaron la división definitiva del partido. En 1919 el aragonés Pascual Comín y Moya fue nombrado representante de Don Jaime con el título de Secretario. Aunque el prestigio de Comín permitió que el partido no se desmoronara por completo y que fuertes núcleos se mantuvieran fieles, mantuvo su cargo por poco tiempo. Don Jaime necesitaba a alguien de menor edad para la ardua labor de reorganización, de manera que en 1919 fue designado Secretario General Luis Hernando de Larramendi, abogado, escritor y orador que se había destacado en la Juventud Tradicionalista de Madrid. Hernando de Larramendi comenzó a reorganizar el movimiento con grandes dificultades, ya que entre los mismos leales a Don Jaime había enfrentamientos.

Para reorganizar el partido, los jaimistas celebraron una gran Junta en Biarritz el 30 de noviembre de 1919, presidida por Don Jaime, donde tuvo una destacada intervención el doctor José Roca y Ponsa. En Biarritz Larramendi pudo presentar la estructura reconstituida de la Comunión Tradicionalista y su actividad le permitió reunir a elementos disgregados, aunque el partido ya no tenía la fuerza de los años anteriores. Las minorías parlamentarias jaimistas quedaron reducidas a unos pocos diputados y senadores. Al finalizar la dirección de Hernando de Larramendi en 1922, el movimiento había disminuido su volumen, pero contaba con unas juventudes llenas de entusiasmo, particularmente en las regiones donde la escisión mellista había hecho menos estragos: Cataluña y Navarra.

Vázquez de Mella y sus partidarios fundaron en Madrid el diario El Pensamiento Español, continuador de la anterior línea editorial de El Correo Español, y crearon el Partido Católico Tradicionalista, que quiso reunir también los integristas y los católico-sociales. El Correo Español, que quedó en manos de los jaimistas, perdió buena parte de sus suscriptores y desapareció dos años después, en 1921. Los jaimistas fortalecerión el discurso social y floral del partido.

Los mellistas catalanes celebraron en Badalona una asamblea en mayo de 1920 en la que nombraron una junta regional y las provinciales, pero pronto comenzaron nuevas disidencias. La tardanza en celebrarse la asamblea nacional y en publicarse el programa motivó que algunos elementos intentaran celebrarla por sí mismos. Algunos tradicionalistas que se reunieron en Zaragoza prescindiendo de Mella, no hicieron nada práctico ni tuvieron autoridad suficiente para trazar una norma, ni elementos suficientes para lograr sus objetivos. Muchos tradicionalistas mellistas, viendo que se había perdido la ocasión para formar un gran partido, abandonaron la política, y poco a poco se produjo la desorganización total. Buena parte de los antiguos círculos y diarios jaimistas desaparecieron y la muerte de Vázquez de Mella acabó con el mellismo.

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Juan Vázquez Mella (Cangas de Onís, Astúries, 8 de juny de 1861 – Madrid, 26 de febrer de 1928). Político tradicionalista enfrentado al pretendiente carlista Jaime de Borbón y de Borbón-Parma

Más divisiones… el Partido Social Popular y la Derecha Regional Valenciana

En 1920 el carlismo sufre una nueva división de un sector importante, encabezada por Minguijón, Severino Aznar e Inocencio Jiménez, que fundaron con Ángel Ossorio y Gallardo el Partido Social Popular, de ideas democristianas. En Valencia se daría otra división  entorno al Diario de Valencia, antiguo defensor del jaimismo, liderado por Manuel Simó y Luis Lucia, pero terminó aceptando la monarquía alfonsina y luego la Segunda República, este grupo formó la Derecha Regional Valenciana.

Coincidiendo con esta época de fragmentación del carlismo, en el Círculo Central Tradicionalista de Barcelona se constituyeron los primeros Sindicatos Libres, que se enfrentaron a los obreros de la CNT por el control de los sectores populares y las calles  mediante la violencia y algunos asesinatos. Sus fundadores fueron obreros jaimistas, aunque después no todos los afiliados al Sindicato estuvieron vinculados al carlismo. El apoyo obrero a los sindicatos libres fue minoritaria y la clase obrera optó mayoritariamente por el sindicalismo revolucionario de la CNT (continuadora de la FTRE), el republicanismo federal (tanto la CNT como el republicanismmo federal muy vinculados entre si a finales del s.XIX e inicios del XX) o por la UGT y el PSOE organizado mediante las llamadas “Casas del Pueblo”.

 Renacimiento del carlismo de la mano del Marqués de Villores

El Marqués de Villores, nuevo secretario de Don Jaime, centralizó la dirección de la Comunión desde Valencia, donde residía. Gracias a su labor, y pese a las dificultades con la Dictadura de Primo de Rivera, y el período prerevolucionario que desembocó en la proclamación de la Segunda República, logró hacer renacer el movimiento en el País Valenciano, así como reorganizar el partido en Guipúzcoa, Vizcaya y la Rioja.

Don Jaime estaba informado de la preparación del golpe de Estado de 1923 mediante el coronel Arlegui, quien estaba implicado con el general Martínez Anido. Cuando se produjo el golpe, los jaimistas del Requeté y los Sindicatos Libres colaboraron con los militares en Barcelona.  

lgunos jaimistas creían que existía la posibilidad de que Alfonso XIII abandonase España, como le aconsejó Manuel García Prieto, y que Don Jaime entrase en el país y fuera reconocido rey con el golpe de Estado. Aunque Primo de Rivera era alfonsino, el general Sanjurjo y Arlegui eran partidarios de Don Jaime.

Sin embargo, el Directorio Militar que se formó, trató a los tradicionalistas como cualquier otro partido y aunque inicialmente Don Jaime dio un voto de confianza al régimen, la mayoría de los jaimistas se mantuvieron apartados del mismo. En 1925 Don Jaime publicó un manifiesto crítico con la Dictadura, la cual comenzó a prohibir los actos y clausurar los círculos de los jaimistas, que pasaron a oponerse al régimen y vieron sus fuerzas muy mermadas.

Por su parte, los mellistas se integraron en la Unión Patriótica, considerando que con el reconocimiento de la libertad y protección de la Iglesia, y el restablecimiento de los principios de orden y de autoridad, se había reconocido buena parte del programa tradicionalista.​

El carlismo durante la II República

Pese a haber perdido parte de sus fuerzas a causa de las numerosas divisiones internas, el carlismo era la fuerza de la derecha no regionalista con más apoyo militante en Cataluña. En 1934 contaba con 11 círculos en Barcelona y otros 22 en el resto de su província así como con 36 delegaciones; 11 círculos y 45 delegaciones en la de Lérida y 9 círculos y 57 delegaciones en la de Tarragona. El cartelista Carles Fontserè recuerda la pluralidad social y coexistencia de sectores populares junta a la élite y la nobleza: «continuaba teniendo unos adeptos que por la fidelidad a unos ideales, alimentados por una tradición bélica de tres legendarias guerras civiles y di­versos levantamientos armados, representaban en potencia una fuerza de defensa de la religión y la monarquía»; en el círculo barcelonés de la calle de la Portaferrissa convivían «menestrales y obreros (…), estudiantes y recién licenciados (…), ofici­nistas y capellanes de edad madura» con «prohombres del partido, en su mayoría abogados y comerciantes», a los que se sumaron los «nuevos carlistas, personas ele­gantes de clase alta, muchos de los cuales tenían títulos nobiliarios catalanes de los más rancios» y sus hijos, forzados a codearse con «pistoleros conocidos que habían formado parte de los sindicatos libres», dispuestos en todo momento a actuar como esquiroles para romper huelgas o como fuerza de choque en defensa de estable­cimientos religiosos o industriales. 

El 2 de junio de 1935 los carlistas catalanes mostraron su capacidad de convocatoria en el Aplec de Poblet que congregó más de 30.000 simpatizantes. En 1936 a diferencia del resto de fuerzas de la derecha española en Cataluña, los carlistas disponían de centros en varios puntos del territorio, un periódico y medios económicos propios. 

A nivel estatal los carlistas se agruparon en las elecciones de 1933 bajo el nombre de Tradicionalistas y Renovación Española (TYRE), que agrupaba la carlista Comunión Tradicionalista, y Renovación Española que propugnaba el retorno de la depuesta dinastía alfonsina. Ambos partidos eran de tendencia católica, conservadora antimarxista y antiliberal. Los carlistas al estar organizados en todo el territorio aportaban el apoyo “popular” y Renovación Española tenía una gran influencia dentro del ejército y financiación de las grandes élites. En las elecciones de 1933 obtuvieron 36 escaños (21 tradicionalistas y 15 de Renovación Española). 4 de ellos en Andalucia, debido a la labor propagandística de Manuel Fal Conde, el cual fue nombrado jefe delegado de la Comunión tradicionalista por Alfonso Carlos de Borbón, el  20 de diciembre de 1935.

Ambos partidos conspiraron contra la República, reuniéndose en marzo de 1934 en Roma para solicitar a las autoridades fascistas italianas, armas y ayuda técnica para acabar con la República. Las negociaciones con el Mariscal Balbo en Roma supusieron la ayuda económica de 500.000 pesetas y entrenamiento militar a grupos carlistas en suelo italiano (4). Posteriormente Manuel Fal Conde dirigiría la Comunión Tradicionalista y se implicaría activamente en el golpe de estado de 1936 y la Italia fascista intervino directamente en el golpe dotando el bando franquista de apoyo económico y logístico con soldados y aviones que bombardeaban a los civiles de las ciudades republicanas.

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(1) Clemente, Josep Carles. Las guerras carlistas. Ed. Península. Primera Edición: Marzo de 1982 (p.252). Fuente: Ferrer, Tejada y Acedo. Historia del tradicionalismo español. Vol. IV. Sevilla, 1942 (p.292)
(2) I Jornadas de estudios del carlismo, Actas. El carlismo en su tiempo: Geografias de la contrarevolución. 18-21 septiembre. Estella. Edita Gobierno de Navarra Departamento de Cultura y Turismo-Institución Príncipe de Viana, 2008. Anguera, Pere. El Carlismo y los carlistas en Cataluña (p.110-111)
(3) PER UNA BOINA. 6 MORTS A SANT FELIU DE LLOBREGAT EN UN TIROTEIG ENTRE CARLISTES I LERROUXISTES <http://ja-acops.blogspot.com.es/2011/04/per-una-boina-6-morts-sant-feliu-de.html>,25 abril de 2011
(4) Ismael Saz-Campos. De la conspiración a la intervención. Mussolini y el alzamiento nacional. Cuadernos de trabajos de la Escuela Española de Historia y Arqueología en Roma, 1981<http://digital.csic.es/handle/10261/160502>
BIBLIOGRAFIA
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Anguera, Pau. Déu, rei i fam. El primer carlisme a Catalunya. Publicacions de l’Abadia de Montserrat. Barcelona, 1995.
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Arostegui, Julio. Combatientes requetés durante la Guerra Civil (1936-1939). La Esfera de los libros, 2013.
Canal, Jordi. Banderas blancas, boinas rojas. Una historia política del carlismo, 1876-1939. Marcial Pons. Madrid, 2006.
Extramiana, José. Historia de las Guerras Carlistas (Vol.I). L. Haranburu-Editor, septiembre de 1979 .
Extramiana, José. Historia de las Guerras Carlistas (Vol.II). L. Haranburu-Editor, marzo de 1980 .
González Calleja, Eduardo. La razón de la fuerza. Orden público, subversión y violencia política en la España de la Restauración (1875-1917). CSIC. Madrid, 1998.
Toledano González, Lluís Ferran. La muntanya insurgent. La tercera guerra carlina a Catalunya 1872-1875. Ed. Cercle d’Estudis Històrics i Socials de Girona. Girona, 2004
Toledano González, Lluís Ferran. Entre el sermó i el trabuc. Pagès Editors. Lleida, 2001
I Jornadas de estudios del carlismo. El Carlismo en su tiempo: Geografias de la contrarevolución.  Actas. 18-21 septiembre 2007, Estella. Edita Gobierno de Navarra, Departamento de Cultura y Turismo-Institución Príncipe de Viena, 2008.
IV Jornadas de estudios del Carlismo. Por Dios, por la Patria y el Rey.  Las ideas del carlismo. Actas. 22-24 septiembre 2010, Estella. Edita Gobierno de Navarra, Departamento de Cultura y Turismo-Institución Príncipe de Viena, 2011.

One comment

  1. Un article interessentatíssim que aporta molta informació sobre un moviment que jo coneixia molt per sobre. Impactant, per dir alguna cosa, la pastoral dels bisbes catalans del 2018.

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