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LA MILICIANA EN LA GUERRA CIVIL: DE HEROÍNA A PROSTITUTA (1936-1937)

El fracaso del golpe militar del 18 de julio de 1936 en buena parte del territorio español y, especialmente, en las grandes ciudades como Valencia, Barcelona o Madrid comportó, en buena medida, el desmoronamiento del poder estatal y el control de la calle por los diferentes grupos políticos y sindicales que habían frenado con las armas (y con un alto precio en vidas en algunos casos), el intento de los militares rebeldes de hacerse con el poder. Se abría así una nueva época en la historia española en que las masas reclamaban un protagonismo que nunca habían tenido y en el que las instituciones que secularmente las habían reprimido como el Ejército o la Iglesia habían quedado, temporalmente al menos, fuera de juego. Las reglas que habían regido la sociedad hasta entonces, las convenciones, ciertas tradiciones que se habían seguido a rajatabla durante décadas, todo ello, en unos días parecían entrar en barrena.

Mary Nash en Rojas. Las mujeres republicanas en la Guerra Civil (Taurus Pensamiento, 1999) describe con estas palabras el clima que se vivía:

(…) En contraste con la indiferencia de los años precedentes, todos los partidos políticos y sindicatos lanzaron una llamada general a la movilización de las mujeres. Ya no se transmitía el mensaje de la domesticidad; se rompían las reglas del juego tradicionales al instarlas a una activa presencia pública en la lucha antifascista. Se destacó de modo inusual su capacidad para realizar empresas hasta entonces apenas reconocidas en el trabajo social voluntario y la educación y se les concedió una nueva importancia como parte crucial en la reorganización de una sociedad en guerra.(…) De hecho, la movilización masiva de la población significó una ruptura del confinamiento tradicional de las mujeres en el hogar y les dio, por primera vez, una visibilidad pública y colectiva 1

En julio de 1936 existían dos grandes organizaciones femeninas de masas en España: la Asociación de Mujeres Antifascistas (AMA) que llegó a agrupar a más de sesenta mil afiliadas entre comunistas, socialistas, republicanas e incluso católicas vascas. Aún así predominaban en su seno las socialistas y, sobre todo, las comunistas con Dolores Ibárruri como presidenta y Lina Odena (JSU), Encarnación Fuyola (PCE) y Emilia Elías (PCE) como secretarias del Comité Nacional. Esta plataforma fue la única que llegaría a tener reconocimiento oficial y que recibiría el encargo del Gobierno de formar una Comisión de Auxilio Femenino para cooperar con los ministerios de Guerra y de Industria y Comercio, orientada al abastecimiento del frente y a la atención a los combatientes heridos). Sin embargo toparon con numerosas reticencias oficiales y, en la práctica, solo desempeñaron actividades de apoyo. Reinvindicaron el acceso de la mujer a la educación y a la cultura, una maternidad equilibrada y responsable y la incorporación de las féminas a la vida pública y social. Sus planteamientos fueron recogidos en las revistas Mujeres y Pasionaria, esta última creada en Valencia. En octubre de 1937 se celebró la segunda conferencia de la AMA para valorar su contribución en el conflicto. Se dividieron en dos grupos: las partidarias de ir al frente y aquellas que priorizaban la retaguardia2

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Marina Ginestà, coneguda miliciana de la JSU, a una terrassa de l’Hotel Colom de Barcelona el 1936.

La otra gran organización femenina existente al estallar el conflicto era Mujeres Libres. Estaba identificada con el pensamiento libertario, pero, de hecho, funcionaba de manera autónoma respecto a la CNT. Se llegaron a afiliar más de veinte mil mujeres en sus siglas, si bien, como aconteció con la Agrupación de Mujeres Antifascistas, las necesidades bélicas impidieron la traslación de su ideal feminista a la práctica. La entidad disponía de una revista homónima cuyo primer número había salido el 2 de mayo de 1936. Llegaría a contar con 147 agrupaciones en 1937 cuando celebró su primer y único congreso. Mujeres Libres seguía la línea ideológica cenetista, pero desarrollaba su propio objetivo que era el de emancipar al sexo femenino de lo que llamaban triple esclavitud: esclavitud de ignorancia, esclavitud de mujer y esclavitud productora3.

Las precursoras del proyecto fueron Amparo Poch y Gascón, Mercedes Comaposada y Lucía Sánchez Saornil. La posición de Mujeres Libres queda claramente reflejada en este texto aparecido en el número 1de la revista homónima de mayo de 1936 resumida en seis puntos:

1. Una revista que busca mujeres libres en España ¿Pero es que son libres ya los hombres?

2. ¿Por qué tienen que luchar las mujeres pos su propia libertad? Acaso porque los hombres que luchan por esta libertad de olvidan de la libertad de las mujeres.

3. La mujer libre debe ser primeramente libre en su hogar. Esto es lo que debe comprender el hombre que vive a su lado.

4. El primer objetivo de la lucha de la mujer es hacer comprender al hombre, y en primer lugar a sus padres, hermanos y parientes, que sin la libertad de las mujeres no vale nada la de los hombres.

5 .Una mujer emancipada significa una familia libre.

6. Con mujeres libres, la lucha social de los hombres aumentaría sus probabilidades de triunfo4

La reacción de la clase obrera frente al golpe de estado fue el catalizador que permitió que, en las zonas más urbanizadas de la zona republicana, algunas mujeres se comprometieran con la defensa, incluso con las armas, del régimen del 1931 y que otras, combatieran también por la revolución.

En el verano de 1936, la figura heroica de la miliciana se convirtió rápidamente en símbolo de la movilización del pueblo español en contra del fascismo. Aún así, según afirma Mary Nash, su número fue escaso y no constituían un nuevo prototipo femenino sino que eran un símbolo de la guerra y la revolución, mientras que su figura estaba dirigida a un público masculino básicamente como acicate para que los varones asumieran sus responsabilidades.

La historiadora irlandesa pone de manifiesto en su libro que, a pesar del uso recurrente de su imagen para la propaganda, había pocas milicianas:

Era imposible determinar la cantidad de milicianas que desempeñaron funciones auxiliares en los frentes de combate, si bien todos los testimonios que existen indican que eran relativamente pocas. La miliciana vasca Casilda Méndez era la única mujer de su unidad en el País Vasco; posteriormente, cuando fue al frente de Aragón después de la caída del norte, solo había otra mujer en su unidad. Las catalanas del frente de Aragón constaban de una pequeña élite de mujeres, mientras que, al parecer, el grupo más grande había sido el contingente de 30 milicianas que acompañó a otro de 400 hombres a las Islas Baleares en agosto de 1936.5

¿ Cuáles fueron los motivos que impulsaron a estas féminas a dar el paso? Hubo varios. Mar Ávila Espada en su TFG, La miliciana en la guerra civil: Realidad e imagen (2017), menciona los siguientes:

  1. Una arraigada conciencia política ya que muchas de ellas formaban parte de organizaciones de un marcado perfil ideológico que propugnaban la inclusión de la mujer en la esfera política.

  2. La presión que las obligaba a realizar labores en la retaguardia. En este caso, el motivo de impulso estaba más cerca de conseguir un nuevo lugar en la sociedad que de razones políticas o ideológicas.

  3. La presencia de familiares directos de ellas en el frente (esposas, madres, novias y hermanas que acompañaron a sus parientes).

  4. El ambiente veraniego y de aparente aventura del estío del 36 que llevó a muchas de ellas a dejarse llevar por el acontecimiento que suponía salir de sus casas y rodearse de personas fuera de su círculo habitual6.

En esta primera etapa de movilizaciones populares, muchas mujeres tomaron sencillamente las armas como respuesta inmediata al levantamiento militar. Una de ellas, Rosario Sánchez. “La Dinamitera,” (Villarejo de Salvanés, Madrid, 1919- Madrid, 2008), miembro de la organización juvenil comunista JSU testimonió, posteriormente, que ella no era militarista pero que inmediatamente se sintió responsable de lo que pudiera ocurrir después del golpe fascista “porque si no se detenía a los rebeldes tendríamos una dictadura y nosotros, los trabajadores, lo pasaríamos mal.7

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Rosario en julio de 1936 se encontraba en Madrid y no dudó en alistarse en las milicias para ir a los puertos de Somosierra a defender la capital de la República. Formó parte del Quinto Regimiento en la brigada de Valentín González “El Campesino” con un mosquetón que pesaba siete kilos. Semanas después fue destinada a la sección de dinamiteros en la que fabricaba bombas caseras. El 15 de septiembre perdió su mano derecha al confeccionar una granada de mano. Al salir del hospital la destinaron al Comité de Agitación y Propaganda y consiguió un trabajo en la centralita de su cuartel general. Allí conoció a Miguel Hernández que, posteriormente, le dedicaría un poema, Rosario dinamitera8

A Paulina Odena García, (Barcelona, 1911- Cubillas, Granada, 1936), militante del PCE, el alzamiento la sorprendió en Almería donde llevaba a cabo su trabajo en la unificación de las juventudes marxistas. Allí participó en combates y fue nombrada delegada del comité local, siendo su columna la encargada de tomar Guadix y Motril. En septiembre de 1936, cerca de Granada, un error garrafal la condujo hasta un control falangista en el que se suicidó antes de que consiguieran detenerla.

Concha Pérez Collado (Barcelona, 1915-2014), miembro de la CNT y de la FAI, ingresó en 1936 en el Comité Revolucionario del barrio de Les Corts. Además participó en el asalto al cuartel de Pedralbes, formó parte del grupo Los Aguiluchos de Les Corts y también luchó en los frentes de Caspe y Belchite9.

Soledad Casilda Hernáez Vargas (Cizúrquil,Guipúzcoa, 1914-San Juan de Luz, 1992). Miembro de las Juventudes Libertarias de la CNT, condenada a 29 años de prisión en 1934 por portar material explosivo y repartir pasquines propagandísticos de los cuales cumplió dos en las cárceles de Hobarribia (Gupúzcoa) y Alcalás de Henares. Con el triunfo del Frente Popular, en febrero de 1936, recobró la libertad. Al estallar la guerra combatió en las calles de San Sebastián y, posteriormente, formó parte de la Columna Hilario Zamora, procedente de Lérida, con la que luchó en el frente de Aragón alcanzando el rango de teniente.

Mika Feldman de Etchebéhère (Moisés Ville, Santa Fe, Argentina, 1902- París, 1992) vino a luchar a España con su marido, un comandante de los milicianos del POUM y al fallecer este en combate ocupó su puesto asumiendo el mando de 150 hombres. Participó como jefa de la columna del POUM en las batallas de Sigüenza, Moncloa, Pineda de Húmera y Cerro del Águila.

Mika Feldman fue de las pocas mujeres que llegaron a ser oficialmente capitanas junto a Ana Carrillo o Encarnación Fernández Luna. Además fue la única oficial superior femenina que llegó a ejercer de adjunta del Estado Mayor10

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Mika Feldman de Etchebéhère

La figura de la miliciana se convirtió en uno de los nuevos símbolos de la revolución y la resistencia antifascista en la iconografía de la guerra. El arte revolucionario, contemplado sobre todo en los carteles, las retrataba como jóvenes atractivas de finas siluetas y vestidas con monos azules. Esta representación de la miliciana constituía un cambio radical que proyectaba la imagen de una mujer activa, resuelta y emprendedora dedicada al esfuerzo bélico.11

La estética de las milicianas variaba también en función del origen social y de la filiación ideológica de las mujeres y encontramos tanto las que iban bien uniformadas con buena ropa como otras con el correaje y las cartucheras en bandolera encima de la bata, de la falda o la blusa. Algunas, en las fotos, aparecen con el equipamiento militar, pero arregladas, llevando adornos en la cabeza como horquillas, pequeñas peinetas, pañuelos para recogerse el cabello y con los labios pintados. Otras llevaban el pelo corto, siguiendo la moda a lo garçon. El hecho de ser fotografiadas explica que se acicalasen para la ocasión12.

El periodista y escritor alemán Hanns-Erich Kaminski se refiere al aspecto “poco femenino” de las combatientes en su obra Los de Barcelona (Parsifal, 1937) en estos términos:

Otra cosa que me choca y que no se ve corrientemente tan cerca del enemigo, es que hay  mujeres. Llevan pantalones y hacen exactamente lo mismo que los hombres. Inútil mencionar que aquí la vanidad no sirve para nada y que las mujeres no utilizan ni lápices de labios ni  polvos. La mayoría lleva los cabellos cortados como los hombres, tanto que a veces es difícil distinguirlas13.

La imagen la mujer en los carteles en estos primeros momentos del conflicto quedaba bien reflejada en el famoso de Cristóbal Arteche. Representaba a una fémina que impactaba, que provocaba porque asumía lo que se consideraba un papel masculino y obligaba así a los hombres a cumplir con sus obligaciones “viriles” en tanto que soldados. Seducía, atraía o sacudía a los varones para animarles a cumplir con sus deberes militares.

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Cartel de Cristóbal Arteche

Pocas mujeres, en realidad, se identificaban con la modelo del cartel más acorde con los rasgos de Marlène Dietricht que con los de las mujeres españolas de la clase obrera y era la misma que en 1934, en la revista Crónica, había ilustrado una serie de artículos como símbolo sexual. A diferencia de los carteles de guerra, las fotos de la época muestran que la mayoría de las milicianas tenían un parecido más estrecho con las trabajadoras corrientes aunque fueran jóvenes o atractivas.14

Como se ha comentado anteriormente, el número de milicianas fue siempre escaso. En julio de 1936 se creó el batallón militar femenino del Quinto Regimiento llamado Lina Odena y constituido a instancias de Dolores Ibárruri. Tuvo, sin embargo, poco recorrido debido a las reticencias de los jefes militares y al rechazo por parte de los compañeros masculinos ante los rumores de que un batallón femenino solo estaría integrado por prostitutas que provocarían enfermedades venéreas a los combatientes, por lo cual se reconvirtió la unidad para fines sanitarios. En el poco tiempo que duró como tal, las mujeres del batallón recibían instrucción militar lejos de los varones para evitar así sus burlas y ofensas. En Madrid, en el paseo de Rosales.15

El grupo más numeroso de mujeres que participaron en una acción bélica fue la de un batallón que se formó a inicios de agosto con chicas de Barcelona, Sabadell y Mataró que se embarcaron en la expedición del capitán Alberto Bayo a Mallorca. Entre ellas se se encontraban cinco enfermeras que quedaron atrapadas en la isla cuando las fuerzas republicanas reembarcaron el 3 de septiembre y que serían violadas y asesinadas por los falangistas en Manacor.

La presencia de mujeres en la columna de Bayo era algo sorprendente para los combatientes del bando sublevado como lo demuestra el testimonio de Enrique García Gallud, falangista valenciano que tomó parte en los combates en la isla. Sus palabras, recogidas por Antoni Tugores en Moriren dues vegades. Daria i Mercè Buixadé, infermeres catalanes assassinades a Mallorca l’any 1936 (Lleonard Muntaner, 2017) narran la ejecución de algunas de ellas el 17 de agosto:

Entonces noté la presencia de media docena de mujeres con el clásico atuendo varonil del mono miliciano. No estaban asustadas y sus blasfemias e insultos los gritaban. Una de ellas (rubia por cierto y con ajado rostro), quiso desarmar a un compañero contra quien había arremetido a mordiscos. La indignación subió de tono ante tal acto que vino a agravar la ya cargada tensión que en toda guerra civil se produce tan brutalmente. Dos más se le agregaron cuando la causante era reducida, defendiéndose las tres con uñas y dientes (…) Una de ellas, atada ya de manos, aún tuvo rabia para separar la primera capa de tierra, escupiéndonos que no quería morir sobre suelo fascista (…) La vista de cuanto sucedió me dio vómitos y aún recuerdo las enloquecidas facciones de las tres mujeres.16

Durante los primeros días del conflicto, las milicianas desempeñaron diversas funciones aunque se dedicaron, fundamentalmente, a tareas secundarias de apoyo. Es cierto que muchas de ellas tomaron parte en acciones de combate o que actuaron como consejeras políticas, pero esta no era la tónica dominante. Incluso en los frentes existía un marcado grado de división sexual del trabajo, ya que, normalmente, las mujeres realizaban las labores de cocina, de lavandería, sanitarias, correo, de enlace y administrativas. Algunas milicianas que se habían alistado para combatir con las armas al fascismo se sentían profundamente decepcionadas al verse relegadas por sus compañeros de lucha. Es el caso de Manuela, una joven que se había enrolado en el Quinto Regimiento y que decidió trasladarse por este motivo a la columna del POUM:

He oído que en vuestra columna las milicianas tenían los mismos derechos que los hombres, que no lavaban ropa ni platos. Yo no he venido al frente para morir por la revolución con un trapo de cocina en la mano.17

Mika Feldman en sus memorias Mi guerra de España recogió situaciones muy significativas del papel de las mujeres. Ella consiguió que en su unidad, hombres y mujeres asumieran las tareas domésticas por igual. Cuando uno de los más veteranos protestó porque en otros batallones eran ellas las que se encargaban de estos quehaceres, le contestó: “Las muchachas que están con nosotros son milicianas, no criadas.18

Uno de los problemas con los que enfrentaban las féminas en un mundo de hombres era el de cambiarse en los días de la regla. Feldman cuenta que esperaba a que los varones estuvieran dormidos para echar al fuego los algodones manchados por la menstruación.19

Sobre el mismo tema, Fidela Fernández de Velasco, alias Fifi, de las Juventudes Comunistas madrileñas y que se fue a la guerra a los 16 años añade:

Yo siempre llevaba algodón en los bolsillos . Y cuando podía desparecía un momentito, me cambiaba el algodón y lo enterraba en un agujero sin que nadie me viese. Lo peor era cuando tenía que ir al lavabo. No había lavabos, naturalmente, para los hombres no era ningún problema. Cuando no me podía ir, me tenía que aguantar hasta que hubiera una ocasión de desaparecer por un momento.20

Una faceta quizás menos conocida de las milicianas fue la de difusión de la cultura educando a soldados y a niños cuyos padres estaban en el frente, Mika Feldman fue unas de esas milicianas y consiguió llevar libros y revistas a las primeras líneas de guerra para entretener y distraer a los soldados de las calamidades de las trincheras. Su proyecto también incluía enseñar a leer y a escribir a aquellos que no sabían y que no eran pocos dado el alto porcentaje de analfabetismo existente.21

Transcurridos los primeros meses de la guerra se produce un cambio en la percepción del papel de la mujer en el conflicto y en la consideración social de las combatientes. La retórica de los días iniciales que las exaltaba como heroínas antifascistas y las convertía en símbolo de la revolución, da paso a un discurso que hace hincapié en que varones y mujeres no son equivalentes como tampoco lo son sus deberes y responsabilidades en el conflicto. Se les hace saber que su lugar se encuentra en la retaguardia y el de los hombres en el frente. Es lo que hizo el PSUC a principios de septiembre al modificar su llamamiento anterior a la participación femenina en la milicia pidiéndoles que se organizaran en la retaguardia o Dolors Piera, dirigente del grupo antifascista Unió de Dones de Catalunya (UDC) 22 cuando declaró, meses después, : “En la retaguardia cada mujer tiene que ser un soldado.23

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La vuelta de las milicianas a la retaguardia, al trabajo y a la casa se hizo con el acuerdo de las distintas organizaciones femeninas como lo demuestra un artículo publicado en el número 5 de la revista Mujeres Libres en septiembre de 1936 significativamente titulado  Los hombres al frente; las mujeres, al trabajo”:

Muchos hombres se desplazan al frente y otros muchos han de desplazarse. Multitud de ocupaciones quedarán sin brazos; hay que llenar los huecos; hay que trabajar como sea, en lo que sea. Ni la casa ni el hijo pueden detenernos. Comedores comunales anexos a los talleres y a las fábricas , guarderías multiplicadas para vuestros hijos permitirán que el tiempo vacio que dejáis correr en las absurdas esperas, artificiosamente provocadas por el fascismo emboscado*, pueda cotizarse en materia elaborada, en alivios prácticos, en auxilios eficaces. Los hombres útiles, al frente; ¡Las mujeres al trabajo! ¡La única consigna es vencer!24

En la misma línea, Mundo Obrero, órgano del PCE, en su edición del 8 de noviembre de 1936, abogaba por el retorno de las mujeres a la retaguardia en estos términos:

En los primeros días de la sublevación las mujeres supieron comprender que en aquel momento lo urgente era acrecentar el entusiasmo de los que se lanzaban a la lucha, y se unieron a ellos. Empuñando a su vez las armas, con tanto o más coraje que los hombres (…) Pero ahora, el deber primordial es reintegrarse a la retaguardia, dedicarse al trabajo en las industrias, comercios, oficinas. La marcha de la nación no debe ser interrumpida porque falten los brazos masculinos, que impulsan el engranaje de la economía. Estos brazos han de ser suplidos por la mujer (…) A la retaguardia, todas las mujeres al trabajo, ese es vuestro puesto. A seguirlo, y ¡SALUD!25

El 16 de octubre de 1936 la Gaceta de Madrid publica la orden del día anterior por la que Largo Caballero, jefe del gobierno y ministro de la Defensa Nacional asumía el mando de todas las fuerzas armadas. En su párrafo 5º contemplaba también la unificación e integración de las milicias en el ejército regular.26

En aras de la eficiencia y de la disciplina se procedió a la creación del Ejército Popular de la República atendiendo a las recomendaciones de los militares profesionales y una de las consecuencias (si bien el proceso no culminaría hasta entrado el año 1937) fue la expulsión de las mujeres de los combates. Paralelamente, desde el final del verano, se estaba produciendo una progresiva degradación, que iría in crescendo en los meses sucesivos, de la imagen pública de la miliciana.

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Las principales razones que se argüían para justificar el apartamiento de las milicianas eran, como ya se ha comentado, de tipo funcional para mejorar la eficacia de las fuerzas combatientes, para ocupar el trabajo de los hombres en la retaguardia y, sobre todo, de índole sanitaria. Este último punto es particularmente importante ya que estaba relacionado con la creencia de que su presencia favorecía la propagación de las enfermedades venéreas entre los soldados. Paradójicamente la cada vez mayor identificación entre las milicianas y las prostitutas (cuyo número no fue nunca significativo) fue favorecida incluso por defensores radicales de la emancipación y de la igualdad como es el caso del sexólogo anarquista Félix Martí Ibáñez (Cartagena, 1911- Nueva York, 1972,) impulsor de la legalización del aborto en Cataluña en diciembre de 1936. En un folleto titulado Mensaje eugénico a las mujeres afirmaba que su retirada de los frentes ayudaría a conservar la energía biológica para el esfuerzo bélico al evitar las relaciones sexuales. Según él, la guerra había creado nuevas obligaciones biológicas y sociales para las féminas y su deber era “facilitar la continencia, la disciplina sexual y la armonía en las relaciones eróticas.27:

Y vosotras, mercenarias o medias virtudes… que en plena Revolución intestateis convertir la tierra sagrada del frente empapada en sangre proletaria, en lecho de placer ¡Atrás! Si el miliciano os busca, que lo haga en sus horas de licencia y bajo su responsabilidad moral, ayudado por los recursos higiénicos de rigor. Pero no vayáis a desviarlo de su ruta y a poner en el acero de sus músculos la blandura de la fatiga erótica…no podéis despedir vuestra antigua vida yendo a sembrar de males venéreos el frente de batalla… La enfermedad venérea debe ser extirpada del frente, y para ello hay que eliminar previamente a las mujeres28.

Algunas milicianas, como la anteriormente mencionada Fidela Fernández de Velasco, se rebelaron contra la campaña de descrédito contra ellas, especialmente en lo que hacía referencia a la supuesta abundancia de meretrices en sus filas:

Sí que había prostitutas, pero estaban sobre todo en la retaguardia. Allí ejercían su oficio. Pero eso no tenía nada que ver con nosotras, con las que luchaban. Y nuestros camaradas lo sabían muy bien. Ninguno se hubiera atrevido a acercársenos demasiado. No nos veían como mujeres. Ni que hubiesen querido. Nosotras estábamos en las trincheras tan sucias y empiojadas como ellos, luchábamos y vivíamos igual que ellos. Para ellos no éramos mujeres sino sencillamente uno más.29

Dirigentes como la propia Dolores Ibárruri que, al principio de la guerra, habían animado a las mujeres a luchar, en una visita al frente tras la batalla de Guadalajara en marzo de 1937, les dijo a las milicianas que su sitio estaba en la retaguardia porque allí eran más útiles para el esfuerzo bélico. Así lo testimonia Justina Palm, militante de las JSU.30

En la misma línea se expresaban políticos como el socialista Indalecio Prieto que consideraba que el lugar de las féminas eran los hospitales, las cocinas y las fábricas porque ya había suficientes hombres para los frentes.31

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Sobre el trabajo en las fábricas, precisamente, Soledad Real relata su experiencia en una de armamento de Barcelona, en unas condiciones muy difíciles, con estas palabras:

Tenían que trabajar (las mujeres) sin máscaras, necesarias a causa de las sustancias venenosas que producían. También tenían derecho a un vaso de leche diario para desintoxicarse. Pero en lugar de beberlo, lo guardaban para los niños de la guardería (…) Yo fui a una fábrica de armas y vi a las mujeres con el blanco de los ojos de color de yema de huevo-y su piel era también de amarillo asqueroso-. Estaba desconcertada hasta que vi los carteles que decían “ ¡Leche para salvar a los niños!”, y otros, ¡Compañeras, no tenemos máscaras, pero nuestros compañeros necesitan armas!” A las mujeres se las ha obligado por costumbre y educación a practicar la abnegación. En este caso era tan exagerado que cuando se compara con el heroísmo de enfrentarse al enemigo, el valor del segundo disminuye.32

A modo de conclusión, se puede decir que la incorporación de la mujer a los frentes de combate, aunque en porcentajes poco significativos, marcaría un hito en la historia de un país de tradición católica y de cultura patriarcal como era la España de 1936. Ahora bien, ello no significó que se abogara por un replanteamiento de los roles de género sino que se utilizó su figura para interpelar a los hombres a fin de que cumplieran con sus obligaciones militares. Por otra parte, no duró demasiado, apenas unos meses, el periodo en que se hicieron llamamientos a su integración a las milicias y que sirvieron de icono de la lucha contra el fascismo del pueblo español a los ojos de la comunidad internacional. Pasado el verano de 1936, ya bajo el gobierno de Largo Caballero y, especialmente, en 1937, con la definitiva militarización de las milicias, se hizo saber a las mujeres que su lugar estaba en la retaguardia donde debían sustituir a los varones en sus puestos de trabajo. Llama la atención, finalmente, que todas las organizaciones femeninas aceptaran sin rechistar una situación que suponía una clara involución respecto a las primeras semanas del conflicto.

BIBLIOGRAFÍA

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Notes

1 Mary Nash, “ Milicianas y heroínas en las trincheras: la transformación de la imagen de las mujeres.”En: Rojas. Las mujeres republicanas en la Guerra Civil. Torrelaguna (Madrid): Taurus Pensamiento, 1999, pp.92-93.
2 Ana Martínez Rus, “Las mujeres en la Segunda República.” En: Milicianas. Mujeres republicanas combatientes.Madrid: Los libros de la catarata, 2019, p.47.
3 Ibidem.
4 Mujeres Libres, núm 1, mayo de 1936. (Consulta 12/06/18). Disponible en: http://cgt.org.es/sites/default/files/Mujeres%20s%20Libres%2001.pdf
5 Mary Nash “Milicianas o heroínas de la retaguardia: el lugar de las mujeres en la guerra.” En: Rojas.Las mujeres republicanas en la Guerra Civil.Torrelaguna (Madrid): Taurus Pensamiento, 1999, p.163.
6 Mar Ávila Espada La miliciana en la guerra civil: Realidad e imagen.Trabajo Fin de Grado. Adrián Huici Módenes (tutor). Facultad de Comunicación.Grado en Publicidad y RPRP. Universidad de Sevilla. 2017. Disponible en: https://idus.us.es/xmlui/bitstream/handle/11441/63244/La%20miliciana%20en%20la%20Guerra%20Civil%2C%20realidad%20e%20imagen%20MAR%20%C3%81VILA%20ESPADA.%20ADRI%C3%81N%20HUICI%20M%C3%93DENES.pdf?sequence=1&isAllowed=y
7 Testimonio de Rosario Sánchez La Dinamitera en Maite Goicoechea, “Mujer y Guerra Civil: la historia que no se contó. Milicianas del 36: las olvidadas”. Vindicación feminista 26-27 (septiembre de 1978),52. Citada por: Mary Nash “Milicianas o heroínas de la retaguardia: el lugar de las mujeres en la guerra.” En: Rojas.Las mujeres republicanas en la Guerra Civil.Torrelaguna (Madrid): Taurus Pensamiento, 1999, p.160.
8 Paloma María García Zúñiga, “Rosario, La dinamitera,” en Diario 16, 24/04/2018, (en línea)(consulta 22/06/2018). Disponible en: http://diario16.com/rosario-la-dinamitera/
9 Mar Ávila Espada La miliciana en la guerra civil: Realidad e imagen.Trabajo Fin de Grado. Adrián Huici Módenes (tutor). Facultad de Comunicación.Grado en Publicidad y RPRP. Universidad de Sevilla. 2017, p.38. Disponible en:https://idus.us.es/xmlui/bitstream/handle/11441/63244/La%20miliciana%20en%20la%20Guerra%20Civil%2C%20realidad%20e%20imagen%20MAR%20%C3%81VILA%20ESPADA.%20ADRI%C3%81N%20HUICI%20M%C3%93DENES.pdf?sequence=1&isAllowed=y
10 Ana Martínez Rus, “Mujeres en el frente.” En: Milicianas. Mujeres republicanas combatientes.Madrid: Los libros de la catarata, 2019, p.69.
11 Mary Nash, “ Milicianas y heroínas en las trincheras: la transformación de la imagen de las mujeres.”En: Rojas. Las mujeres republicanas en la Guerra Civil. Torrelaguna (Madrid): Taurus Pensamiento, 1999, pp.93.
12 Ana Martínez Rus, “Mujeres en el frente.” En: Milicianas. Mujeres republicanas combatientes.Madrid: Los libros de la catarata, 2019, p.52.
13 H.E Kaminski, Los de Barcelona. Barcelona: Parsifal, 2002 (original en francés de 1937). Citado por: Ana Martínez Rus, “Las mujeres en la Guerra Civil,” En: Milicianas. Mujeres republicanas combatientes.Torrelaguna (Madrid): Los libros de la catarata, 2018, pp 52-53.
14 Mary Nash, “ Milicianas y heroínas en las trincheras: la transformación de la imagen de las mujeres.”En: Rojas. Las mujeres republicanas en la Guerra Civil. Torrelaguna (Madrid): Taurus Pensamiento, 1999, p.98.
15 Ana Martínez Rus “Mujeres en el frente.” En: Milicianas. Mujeres republicanas combatientes.Madrid: Los libros de la catarata, 2019, pp.62-68.
16Antoni Tugores “Les hores posteriors al reembarcament”. En: Moriren dues vegades.Daria i Mercè Buixadé, infermeres catalanes assassinades a Mallorca l’any 1936.Palma: Lleonard Muntaner Editor, 2017, p.84.
17 Mary Nash, “ Milicianas o heroínas de la retaguardia: el lugar de las mujeres en la guerra.”En: Rojas. Las mujeres republicanas en la Guerra Civil. Torrelaguna (Madrid): Taurus Pensamiento, 1999, p.164.
18 Ana Martínez Rus, “Mujeres en el frente.” En: Milicianas. Mujeres republicanas combatientes.Madrid: Los libros de la catarata, 2019, p.70.
19 Ibidem, p.73.
20 I.Strobl. Partisanas. La mujer en la resistencia armada contra el fascismo y la ocupación alemana (1936-1945). Barcelona: Virus, 1998. Citado por: Ana Martínez Rus, “Experiencias de milicianas en las trincheras.” En: Milicianas. Mujeres republicanas combatientes.Madrid: Los libros de la catarata, 2019, p.101.
21 Mar Ávila Espada La miliciana en la guerra civil: Realidad e imagen.Trabajo Fin de Grado. Adrián Huici Módenes (tutor). Facultad de Comunicación.Grado en Publicidad y RPRP. Universidad de Sevilla. 2017, p.23. Disponible en: https://idus.us.es/xmlui/bitstream/handle/11441/63244/La%20miliciana%20en%20la%20Guerra%20Civil%2C%20realidad%20e%20imagen%20MAR%20%C3%81VILA%20ESPADA.%20ADRI%C3%81N%20HUICI%20M%C3%93DENES.pdf?sequence=1&isAllowed=y
22 El embrión de la organización lo encontramos en 1934 en Dones contra el feixisme i la Guerra y en noviembre de 1937 es cuando adopta oficialmente el nombre Unió de Dones de Catalunya. Maria Dolors Bargalló era la presidenta y había mujeres de diferentes procedencias (PSUC. Esquerra, Estat Català, UGT, CNT, etc), pero, a medida que va avnazando el conflicto, se hace más evidente la influencia comunista en su seno. Natàlia Navarro “La inserció de les dones a la vida pública i política durant la Segona República (1931-1939).” En: Eines, estiu 2009, (en línea) (consulta 21/06/2018).Disponible en: https://www.raco.cat/index.php/Eines/article/viewFile/142527/194082
23 Mary Nash, “ Milicianas o heroínas de la retaguardia: el lugar de las mujeres en la guerra.”En: Rojas. Las mujeres republicanas en la Guerra Civil. Torrelaguna (Madrid): Taurus Pensamiento, 1999, p.166.
24 Mujeres Libres, núm 5, septiembre de 1936. (Consulta 12/06/18). Disponible en: http://cgt.org.es/sites/default/files/Mujeres%20Libres%2005.pdf
25 Mundo Obrero, 8 de noviembre de 1936. Citado por: Ana Martínez Rus, “Mujeres en el frente.” En: Milicianas. Mujeres republicanas combatientes.Madrid: Los libros de la catarata, 2019, p.60.
26 Gaceta de Madrid, núm 290, 16 de octubre de 1936. (en línea) (consulta 19/06/2018) Disponible en: http://www.boe.es/datos/pdfs/BOE/1936/290/B00355-00355.pdf
27 Félix Martí Ibáñez “Tres mensajes a la mujer:mensaje eugénico a la mujer, mensaje a la mujer obrera, la mujer en la revolución.” Barcelona: Ediciones y reportajes, 1937. Citado por: Mary Nash, “Milicianas o heroínas de la retaguardia: el lugar de las mujeres en la guerra.”En: Rojas. Las mujeres republicanas en la Guerra Civil. Torrelaguna (Madrid): Taurus Pensamiento, 1999, pp.171-172.
28 Ibidem,p.172.
29 I.Strobl. Partisanas. La mujer en la resistencia armada contra el fascismo y la ocupación alemana (1936-1945). Barcelona: Virus, 1998. Citado por: Ana Martínez Rus, “Experiencias de milicianas en lastrincheras.” En: Milicianas. Mujeres republicanas combatientes.Madrid: Los libros de la catarata, 2019, p.101.
30 P. Folguera; E.Garrido; M. Ortega; C. Segura “Las mujeres durante la Guerra Civil,” en: Historia de las Mujeres en España. Madrid: Síntesis, pp.515-526. Citada por: Ana Martínez Rus, “Mujeres en el frente.” En: Milicianas. Mujeres republicanas combatientes.Madrid: Los libros de la catarata, 2019, p. 65.
31 Ibidem, p.66.
32 S. Mangini Recuerdos de la resistencia. La voz de las mujeres de la guerra civil española. Barcelona: Península, 1997. Citado por :Ana Martínez Rus, “Mujeres en el frente.” En: Milicianas. Mujeres republicanas combatientes.Madrid: Los libros de la catarata, 2019, pp.75-76.

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