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Natividad Adalia: ferroviario, cincopuntista y maldito.

Natividad Adalia Cardillo (Madrid, 1901 – 1966), ferroviario anarcosindicalista, es otro de aquellos casos en que el desconocimiento de su figura ha venido alimentando su condición de réprobo hasta el extremo. A falta de vaciar la documentación de archivo existente, sobre todo procedente de procesos judiciales, un breve repaso a la prensa de la época y al testimonio del novelista Ángel Mª de Lera nos puede ayudar a reconstruir su trayectoria sindical y política y más allá de juicios –y prejuicios— personales.

Durante la Dictablanda del general Berenguer, en verano de 1930, ya aparece como vocal del grupo reorganizador de los ferroviarios madrileños adeptos a la CNT en aras de su legalización.[1] Y en el Congreso extraordinario del Conservatorio, acontecido en Madrid un año después, a comienzos de la II República, participa como delegado confederal del Sindicato Único de Ferroviarios de la Zona Centro.[2]

Son años de dura lucha sindical por lograr una histórica demanda de mejora salarial; a la que hay que sumar la oposición al Sindicato Nacional Ferroviario, adepto a la UGT y mayoritario en el sector, acusado por Adalia de traicionar los intereses de los trabajadores[3]. Tampoco la República media para lograr las reivindicaciones: en 1932 es juzgado por un delito de injurias al Cuerpo de la Guardia Civil[4], pronunciadas durante un mitin, y en diciembre, mientras ocupa el cargo de secretario del Comité Nacional de la Federación Nacional de Industria Ferroviaria (FNIF), desafía al gobierno con la huelga general[5]:

Los agentes ferroviarios, señor presidente, tienen sueldos de hambre. Más de sesenta mil ferroviarios cobran salarios que oscilan entre cuatro, cinco y seis pesetas. Otros perciben aún menor cantidad. ¿Era –es—pedir mucho un aumento de cuatro pesetas? […] El personal tiene hambre; sufre miserias. Si no se le da satisfacción, irá a la huelga […] hasta el día 20 del actual, los ferroviarios confían en el gobierno y también en las empresas; pasada esa fecha confiarán únicamente en sus propias fuerzas…[6]

Con motivo de la huelga, que al final se convocó en enero de 1933 pese a que la mitad de las secciones sindicales de ferroviarios pensaban que la huelga resultaría un fracaso, nuestro protagonista es detenido y fichado como “muy peligroso”[7]. Es frecuente encontrarlo durante aquellos meses posteriores en conferencias y presidiendo actos de afirmación sindical, muchas veces en representación de los ferroviarios de la Compañía del Norte (CCHNE), donde trabaja como factor.

Durante la crisis escisionista de la CNT se decanta por el grupo treintista. Firma en enero de 1934 el Manifiesto de los 18, origen de la creación de la Federación Sindicalista Libertaria en la capital (equivalente a la FAI entre los moderados), y a finales de febrero es expulsado junto a otros ferroviarios de la CNT, por 112 votos a favor y 5 en contra, a causa de su actuación durante la referida huelga “traicionada”. Por todo ello, en las páginas del diario La Tierra mantiene una agria polémica con el faísta Melchor Rodríguez, quien le acusa de escindir la CNT. [8]

El grupo de ferroviarios más sindicalista (Valentín Losmozos, Antonio Perxés, Antonio Castillejo y Julián Martínez, entre otros) se incorpora al Partido Sindicalista (PS) a lo largo de 1934. Adalia, en concreto, lo hace a final de año[9]; no obstante, desde hacía semanas recibía las mismas calumnias y difamaciones que el resto de pestañistas:

Alguien —otra buena persona, otro buen amigo, algún jesuita— ha hecho correr la voz de que yo pertenecía o iba a pertenecer al fascio. ¿Qué calificativo podría yo dar al que ha lanzado tal calumnia? Me lo reservo, será mejor. Que se mire a su conciencia, y si tiene un punto de sensibilidad, se horrorizará de la vil calumnia que contra mi persona ha lanzado. ¡Cuánta pobreza espiritual! ¡No falta más sino que el pobre diablo tenga la desfachatez de llamarse anarquista![10]

Ocupa en el partido la secretaría de la Agrupación local de Madrid, y participa en actos de campaña electoral del Frente Popular en enero y febrero de 1936. En fecha indeterminada es nombrado por Pestaña director del periódico El Sindicalista, cabecera del PS, que en septiembre de 1935 pasa, de Barcelona, a editarse en Madrid. Reingresado en la CNT, en marzo de 1936 es de nuevo expulsado por una publicación en dicho periódico[11]. Poco antes del comienzo de la Guerra de España, vuelve a solicitar su reincorporación. Según J. Pastor Sevilla, la propuesta fue rechazada[12].

Cuando acontece el golpe de Estado del 18 de julio, participa en el asalto al Cuartel de la Montaña. Lo encontramos poco después en el Noveno Batallón de Milicias Ángel Pestaña, en concreto en Buitrago, Arenas de San Pedro y el Alberche.[13]

De regreso en Madrid, tanto Adalia como la publicación que dirige van adquiriendo mayor relieve. El Sindicalista comienza a publicarse a diario tras incautarse de los talleres de La Época el 21 de julio de 1936, y contará con una nómina de colaboradores entre los que destaca Ramón J. Sender. Nuestro hombre, por su parte, entra en el Comité Nacional del PS y se adhiere a Solidaridad Internacional Antifascista (SIA)[14].

 

 

Al terminar la guerra opta por quedarse en Madrid, junto a su esposa y un joven comisario de guerra del Ejército Popular, en un piso incautado en la Carrera de San Jerónimo, donde reside desde que estalló el conflicto. Poco les dura la tranquilidad, pues dos alféreces provisionales, familiares del propietario, aparecen por allí y les obligan a abandonar el piso al día siguiente.

El joven soldado que les acompaña es el futuro escritor Ángel María de Lera, amigo y camarada del PS. En su tetralogía de novelas Los años de la ira (Las últimas banderas, 1967; Los que perdimos, 1974; Oscuro amanecer, 1976; y La noche sin ribera, 1977), que dedicó a la derrota del bando antifascista, Federico Olivares, trasunto del autor, está acompañado durante buena parte de la narración de un tal Manuel Molina, que no es otro sino Adalia. Lera lo describe como una persona culta, tranquila y optimista, incluso algo ingenua ante un futuro que por entonces se presentaba muy oscuro.

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Paseo de la Castellana, tras el desfile del Regimiento Pestaña, 1936. De izqda a drcha, 1ª línea: Valentín de Pedro, comediógrafo argentino; Ángel Pestaña; Natividad Adalia; desconocido; y Ángel María de Lera.

Obligados –decíamos— a abandonar el domicilio de San Jerónimo, Adalia opta, antes de marcharse, por quemar algunos documentos y libros comprometedores: Marx, Engels, Bujarin, Sorel…

–Siempre me toca quemar papeles y libros después de cada fracaso –dijo al cabo de un rato Molina–. Y no creas que es fácil. Parece al pronto que el papel arde fácilmente. Pues no es así. Ya lo verás. Se retuesta y se convierte en una brasa lenta que tienes que estar soplando constantemente si no quieres que se apague. Ni aunque lo mojes con gasolina. –Y, sonriendo, añadió–: ¿Será por la ideas que llevan dentro?[15]

Se instalan en casa de un tío de Lera, en la calle Castelló. Pero el 21 de abril son detenidos y llevados a las cárceles provisionales de la Glorieta de San Bernardo, primero, y de la calle Vallehermoso, 7, donde declaran y son interrogados. De aquí pasan a la cárcel de San Antón el día 25 y el primero de mayo es condenado a muerte por “adhesión a la rebelión” por el Consejo de Guerra Permanente núm. 7[16]. Al mes siguiente les conmutan la pena por treinta años de prisión y, en septiembre, son trasladados al penal de Ocaña. También pasarán por Carabanchel.

Cuando recupera la libertad, en 1946, logra un empleo de oficinista en una empresa de fabricación de alfombras y, más tarde, en la administración de un cine de la capital. Por otra parte, retorna a la CNT, o a lo que queda de ella en el interior. Durante los dos años anteriores, cuando las guerrillas del maquis entraban desde Francia y se presionaba al régimen desde el exterior con la esperanza de que el desenlace de la Segunda Guerra mundial modificara la situación española, había enlazado con compañeros y compañeras, y conspirado con militares, monárquicos, falangistas “auténticos” y ex franquistas en general, con objeto de hacer caer a Franco; pero pronto se da cuenta de que cada cual –socialistas incluidos— arrima el ascua a su sardina y abandona la militancia. Considera, además, que el pueblo se mantiene inerte frente el franquismo y, muy cansado de ver caer en las garras policiales a camaradas y comités al completo, uno tras otro, llega a la conclusión de que lo más sensato es esperar tiempos mejores; unos tiempos que vendrían, a su entender, cuando la gente se hartara de pasar hambre y penurias.[17]

Pero ese momento nunca llegará. Quizá por ello en 1964, con una CNT languidecida y sin juventud, forma parte del grupo de la Regional del Centro que, a iniciativa de Adalia y de Fulgencio Sañudo, a los que se añaden Lorenzo Íñigo y Francisco Royano, primero, y más tarde Esteban Muñoz, Ángel Morales y algunos compañeros más de otras provincias, busca alternativas distintas a las planteadas hasta entonces y propone entrar en los Sindicatos Verticales.[18] Son los conocidos como cincopuntistas, nombre tomado del documento pactado con representantes de la Central Nacional Sindicalista (CNS) a título individual –esto es, a la espera de ser discutidos y ratificados por los órganos confederales—, entre junio y julio, y que fue filtrado a la prensa del régimen en noviembre de 1965.

Dicho acuerdo establecía lo siguiente: 1- Sindicato único, libre y democrático, al cual quedarían adscritos los trabajadores y trabajadoras de forma automática; 2- Autogobierno e independencia respecto del Estado, Administración, partidos políticos y organizaciones empresariales; 3- Gobierno y administración de las entidades que se engloban en la consideración de mutualismo laboral, así como participación en cualquier empresa o institución social en cualquier ámbito; 4- Derecho de huelga como último recurso mientras persistieran las injusticias propias del sistema capitalista; 5- Desarrollo del cooperativismo; y una disposición adicional que comprometía a trasladar estas conclusiones a la CNT, UGT, Comisiones Obreras y Demócratas Cristianos, invitándoles a que se incorporaran.

Huelga decir que la inmensa mayoría de confederales del interior y del exilio rechazó la iniciativa, así como la UGT. Las Comisiones Obreras no respondieron siquiera, aunque de facto continuaran adelante con su estrategia de entrismo en el Vertical.

El sector cincopuntista continuó con el diálogo hasta que la otra parte fue desautorizada por el mismísimo Franco a causa, parece ser, de denuncias procedentes de algunos ministros del Opus. Sea como fuere, los días 22 y 23 de abril de 1966 los periódicos dieron la noticia de que el proceso de los cinco puntos había concluido.

Por entonces Natividad Adalia, que había presidido el Comité Nacional del grupo de negociaciones, ya no estaba entre ellos. Murió en Madrid en enero de 1966.

Nos dejó el libro La guerra, el sindicalismo y la revolución (1938), y encontramos artículos suyos en La Tierra, CNT y Solidaridad Obrera (1932), Cultura Libertaria, Sindicalismo, Nosotros y El Sindicalista.

Bibliografía:

– BRADEMAS, John (1973): Anarcosindicalismo y revolución en España (1930-1937). Barcelona: Ariel.

– CNT-AIT (1931): Memoria del Congreso extraordinario celebrado en Madrid del 11 al 16 de junio de 1931, p. 9.

– ÍÑIGUEZ, Miguel (2008): Enciclopedia histórica del anarquismo español, vol. I. Vitoria: Asociación Isaac Puente.

– DE LAS HERAS, Antonio R. (1971): Ángel M.ª de Lera. Madrid: Epesa.

– DE LERA, Ángel María (1967): Las últimas banderas. Barcelona: Planeta.

– DE LERA, Ángel María (1974): Los que perdimos. Barcelona: Planeta.

– DE LERA, Ángel María (1977): Oscuro amanecer. Barcelona: Planeta

– DE LERA, Ángel María (1978): Ángel Pestaña. Retrato de un anarquista. Barcelona: Argos Vergara.

– SANTOS, María-Cruz (2012): Ángel Pestaña, ‘Caballero de la Triste Figura’. Stuttgart: Editorial Académica Española.

Webgrafía:

– RAMOS, Carlos: “El cincopuntismo en la CNT”; en revista Polémica, 3-1-2013. Disponible en https://revistapolemica.wordpress.com/2013/01/03/el-cincopuntismo-en-la-cnt/#_edn3 (Consultada el 16-11-2018).

Fuentes hemerográficas:

– Hemeroteca digital de la BNE (La Tierra y Heraldo de Madrid)

– Hemeroteca digital CEDALL (Solidaridad Obrera).

— Diario CNT, Madrid.

Archivos:

– Archivo Histórico Nacional.

Notas:
[1] “El sindicato ferroviario”; en Heraldo de Madrid, 9-8-1930, p. 2.
[2] CNT-AIT (1931): Memoria del Congreso extraordinario celebrado en Madrid del 11 al 16 de junio de 1931, p. 9.
[3] Adalia, N.: “Del momento. De ferroviario a administrador del patrimonio de El Escorial”, en Solidaridad Obrera, 24-9-1932, Barcelona, p. 2; Adalia, N.: “Ayer y hoy. ¡¡Miserables!!”, en Cultura Ferroviaria, 5-3-1932, Madrid.
[4] Rollo nº 9206/1932 del sumario 62/1932 incoado por el Juzgado de Instrucción nº 8 de Madrid por injurias a la autoridad contra Natividad Adalia Cardillo. Archivo Histórico Nacional. Audiencia Territorial de Madrid. FC-AUDIENCIA_T_MADRID_CRIMINAL, 136, Exp.7.
[5] Brademas, 1973, p. 98.
[6] Adalia, N.: “La FNIF al presidente del Gobierno”; en CNT, 12-12-1932, Madrid., p. 6.
[7] “Mosaico de política nacional. Madrid”; en Heraldo de Madrid, 18-1-1933, p. 8.
[8] Adalia, N.: “Tal como viene. Réplica obligada a Melchor Rodríguez”; en La Tierra, 19-2-1934, Madrid, p. 3; Rodríguez, M.: “Tal como viene. Al pestañista N. Adalia, expulsado de la CNT”; en La Tierra, 23-2-1934, Madrid, p. 3.
[9] Santos, 2012, pp. 358 y 395.
[10] Adalia, N.: “La verdad ante todo. Saliendo al paso de unas insidias”; en La Tierra núm. 1164, 18-9-1934, Madrid, p. 2.
[11] “A la Asamblea general de las Subsecciones de Madrid de la Federación Nacional de la Industria Ferroviaria (CNT)”; en Solidaridad Obrera, 25-3-1939, Barcelona, p. 2.
[12] Espoir, 4-4-1976, Toulouse. Citado por Íñiguez, 2008, p. 16.
[13] Expte. nº 77 instruido contra Cuesta Almohina, Julia de la, Pérez Eguiluz, Pilar, Perxés Costa, Antonio, Marqués Rubio, Antonio por el delito/s de Apropiación indebida. Archivo Histórico Nacional. FC-CAUSA_GENERAL,77,Exp.20.
[14] Ficha de Natividad Adalia Cardillo. Centro Documental de la Memoria Histórica,DNSD-SECRETARIA,FICHERO,1,A0010125
[15] De Lera, 1967, p. 273.
[16] De las Heras, 1971, pp. 16-17.
[17] De Lera, 1977, pp. 71-78.
[18] Ramos, C.: “El cincopuntismo en la CNT”; en revista Polémica, 3-1-2013. Disponible en https://revistapolemica.wordpress.com/2013/01/03/el-cincopuntismo-en-la-cnt/#_edn3 (Consultada el 16-11-2018).

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