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El segundo golpe de Franco: el ‘Caudillo’ toma la Falange (1936-1937)

El 19 de abril de 1937 por la noche, ante los micrófonos de Radio Nacional, Francisco Franco pronunciaba una trascendental alocución en la que se hacía público un decreto por el que Falange Española y los requetés quedaban integrados en una sola organización política. El general ferrolense sería el jefe supremo de la misma agregando este título al de jefe del Estado y al de máximo comandante de los ejércitos. El nuevo partido adoptaría el nombre de Falange Española (en adelante FE) Tradicionalista y de las JONS. El Caudillo había ocultado sus planes a Manuel Hedilla Larrey (Ambrosero, Cantabria, 1902-Madrid, 1970) elegido en septiembre del año anterior como jefe de la Junta de Mando Provisional de FE al cual relega al puesto de primer vocal del Secretariado o Junta Política que él se niega a aceptar. Franco no había consultado tampoco ni con Fal Conde (no comunicó, de hecho, la noticia al consejo tradicionalista hasta el 30 de abril) ni con el regente carlista Javier de Borbón-Parma. Hugh Thomas en su libro La Guerra Civil Española (Barcelona: Grijalbo Mondadori, 1995) califica como “segundo golpe de Franco” este movimiento del Generalísimo.1

Hedilla, afirma Stanley Payne, había sido elegido hacía algo más de medio año jefe de la junta principalmente porque era la autoridad del partido con mayor rango que había sobrevivido, un consejero nacional e inspector nacional durante la primavera de 1936.2 Su liderazgo coincide con el periodo de mayor fuerza y expansión de la organización, pero también en un momento de graves divisiones internas causadas en buena medida, precisamente, por su rápido crecimiento , sobre todo después del golpe de Estado del 17 y 18 de julio. Hay que tener en cuenta que en las elecciones del 16 de febrero, FE había recogido solamente 6.800 votos y que, además, había perdido el único escaño en el Congreso. Además el partido había sido ilegalizado y sus dirigentes detenidos el 14 de marzo.

Manuel Hedilla Larrey 1
Manuel Hedilla. Fuente: FNFF

Hedilla estaba apoyado, principalmente por algunos de los otros jefes de distrito del norte y del centro, como Jesús Muro en Aragón, José Moreno en Navarra y José Sainz en Toledo. El bloque más unido, sin embargo, estaba formado por los llamados “legitimistas” de la Jefatura de Madrid , encabezados por Agustín Aznar Gerner (Madrid 1911-1984), el jefe de milicias y coordinador de los intentos de rescate de José Antonio Primo de Rivera. En este círculo también destacaría asimismo, pasado un tiempo Sancho Dávila y Fernández de Celis (Cádiz, 1905-Madrid, 1972) que desempeñaría un papel protagonista y contradictorio en las diversas fases del proceso de unificación de 1937. De hecho se unió al sector legitimista cuando las conversaciones con Comunión Tradicionalista habían fracasado. Una figura igualmente relevante del grupo era el antiguo pasante y ayudante legal de José Antonio, Rafael Garcerán Sánchez (El Algar, Murcia, 1906- Madrid, 1991), evadido del cuartel de la Montaña de Madrid que llegó a Salamanca el 8 de septiembre de 1936 y pronto fue nombrado jefe territorial de León y su región.3

También Ernesto Giménez Caballero (Madrid, 1899- 1988) tuvo que huir del Madrid republicano y fue, asimismo, acogido por Hedilla y readmitido por él en Falange el 3 de noviembre.

Hedilla carecía del carisma y de la disposición personal al liderazgo que se daban en José Antonio Primo de Rivera. Era una persona sencilla que huía de la ostentación y el gusto por los uniformes llamativos de otros jefes del partido. Eso contribuyó, probablemente, a que al principio los legitimistas no se sintieran celosos de él sino de otros jefes regionales más influyentes que estababa creando feudos muy poderosos, como Andrés Redondo de Valladolid o Joaquín Miranda en Sevilla por citar solo unos cuantos. Sin embargo, con el paso del tiempo sí que los legitimistas empezaron a percibir en el máximo dirigente de FE ciertas veleidades que les pusieron en guardia.

Un periodista fascista italiano escribiría sobre él al cabo de unos meses:

No se puede decir que su apariencia revele los rasgos incontrovertibles de un líder y nada parece indicar que pueda mostrarse el día de mañana como el estadista que España necesita. Yo más bien lo llamaría un excelente lugarteniente, un ejecutor de órdenes enérgico y escrupuloso, desde luego, el hombre que se necesita en estas horas cuando todo el poder está concentrado en manos de los militares…La falta de un auténtico líder constituye el gran impedimento del falangismo.4

La Junta se reunía muy poco. Ello no significa, sin embargo, que Hedilla no se mostrase activo. Así, nombra a José Antonio Girón de Velasco (Herrera de Pisuerga, Palencia, 1911- Fuengirola, Málaga, 1995) para un cargo en las milicias de Valladolid. En septiembre propone a la Junta de Defensa Nacional un proyecto de decreto para apoyar a los agricultores y también solicita la formación de un grupo asesor técnico de ingenieros agrónomos y de peritos obteniendo ambas cosas. Ese mismo mes crea la estructura fundamental de la prensa y de la propaganda. Por otra parte, el jefe azul coordina las organizaciones más o menos espontáneas de la Falange exterior, que se consagran a la ayuda de la España nacional. Convence, igualmente, a Mola de que le permita la formación de sindicatos falangistas y nombra a Garcerán jefe territorial de León el 6 de octubre, el mismo día que la Junta de Mando repone a Sancho Dávila (que había llegado pocos días antes a Burgos procedente de la zona republicana). Paralelamente, emprende diversas actividades políticas: estructuración de las Centrales Obreras Nacionalsindicalistas (C.O.N.S); al llegar Pilar Primo de Rivera reorganiza igualmente la Sección Femenina; poco después, resucita el Sindicato Español Universitario (S.E.U) y se declaran en plena vigencia los estatutos de Falange promulgados por José Antonio en 1934.5

El partido había crecido espectacularmente en pocos meses y ello suscitaba el recelo de los falangistas de los primeros años que veían con preocupación como gente de los odiados partidos de la derecha tradicional habían desembarcado masivamente entre sus filas. En la provincia de Sevilla, por ejemplo, FE contaba con unos de 500 afiliados en febrero de 1936 habiendo crecido solo un 6% entre esa fecha y la de la fundación del partido en 1933. Desde las elecciones del 16 de febrero hasta el 17 de julio, se superaría por poco la cifra de 1.000 miembros, con un aumento del 8’6%. Sin embargo entre el día del golpe y el Decreto de Unificación, en abril de 1937, la cifra de afiliados se disparó e iría in crescendo en los años posteriores experimentando un ascenso del 71%.6 En los albores de 1937, FE encuadraba a medio millón de personas entre voluntarios en los frentes y servicios de retaguardia. Por ello, el 16 de octubre, Hedilla dicta una circular sobre preferencia de la Vieja Guardia y de las Camisas Viejas sobre las Camisas Nuevas.

El 21 de noviembre se celebró en Salamanca el III Consejo del movimiento. Estatutariamente, los dos tercios de los vocales podían pedir votación. Estaba a su alcance plantear la cuestión de la estructura provisional del mando y su nominalidad. Nadie estaba por encima de la autoridad de los consejeros; el hecho de que no estuviera presente la totalidad del Consejo, a causa de la guerra, no modificaba, afirma Maximiano García Venero en Falange en la guerra de España: la Unificación y Hedilla (Ruedo Ibérico, 1967), la autoridad ni la responsabilidad de los reunidos en la ciudad del Tormes. En la hipótesis de que se hubiera presentado, inesperadamente, quien había sido secretario general, Raimundo Fernández Cuesta (Madrid, 1896-1992), tampoco se habría modificado aquella legitimidad. El secretario general era un subordinado del jefe nacional y del Consejo.7

El Consejo, automáticamente, mas sin declararlo, consideró prorrogados sus poderes; la Junta de Mando no opuso objeciones. Y por el mismo proceder automático, el Consejo volvió a legitimar a la Junta y a aprobar su conducta. De no haber sido así, siempre según García Venero, la Falange hubiera quedado disuelta aquel 21 de noviembre, día posterior a la ejecución de José Antonio.

Entre las resoluciones aprobadas cabe resaltar una a propuesta de Sancho Dávila por la que el Consejo reiteraba su lealtad a las ideas fundamentales del nacionalsindicalismo y su decidido propósito de verlas implantadas, “único medio de que la nueva política de España se desenvuelva dentro de una ardiente comunión nacional y sirva a los supremos destinos de la patria.8

Un mes más tarde, en la Nochebuena de aquel año 1936, Hedilla dirigió por radio Salamanca un mensaje a toda la zona sublevada. En él presentaba la guerra civil como un “movimiento revolucionario” que conducía a una nueva situación donde no “habría más nobleza que la del trabajo.” Era un discurso que, en un contexto de acérrimo nacionalcatolicismo, llamaba la atención -y más aún en vísperas de la Navidad- por la ausencia de referencias religiosas. En su alocución, Hedilla se dirige especialmente a los falangistas que combatían en el frente para tranquilizarles sobre la situación en la retaguardia:

Mientras vosotros habéis luchado cara a cara con el enemigo, han sucedido toda una serie de cosas en la retaguardia. Se han vencido dificultades innúmeras, derivadas del increíble crecimiento de Falange Española. Nuestro programa, el intangible programa de los 27 puntos, queda y quedará intacto y se van a tomar orientaciones para poner inmediatamente en práctica el espíritu de nuestra doctrina, en la medida posible. Os quiero hablar de todo esto, porque vosotros, camaradas de la primera línea, debéis estar enterados más que nadie de la ruta de la Falange9.

Y en relación al crecimiento de FE reconocía implícitamente su impacto negativo, pero daba a entender que se trataba de una situación provisional que se arreglaría con el tiempo aun reconociendo que se había pasado por momentos complicado:

Nuestra organización ha tenido un crecimiento rapidísimo, todos lo sabéis. Y cuando una criatura crece rápidamente, cuando un muchacho se hace hombre de súbito, sus músculos no pueden seguir el ritmo del crecimiento, y al principio padecen una laxitud que sólo mas tarde desaparece, con el ejercicio de la vitalidad, recobrando el organismo sus formas y su vigor definitivos.

Algo semejante ha pasado con Falange Española. Debido al rápido crecimiento no somos todavía una organización perfecta. Hay muchísimas cosas que se pueden mejorar y que se mejorarán

Yo os confieso que ha habido momentos dificilísimos para nosotros. Y si no han sido insuperables, fue por vuestra conducta en el frente, que nos dio ánimo para encontrar soluciones. Mientras nosotros estábamos resolviendo estas dificultades, vosotros, mal equipados y con la sonrisa en el rostro, hicisteis frente a un enemigo mucho más numeroso, que poseía las mas modernas ametralladoras, mientras vosotros solo teníais fusiles.10

Hedilla hablaba incluso de depuración de gente “indeseable” que hubiese podido entrar en el partido y de la “purificación” de mandos, si fuera necesario:

Las centurias de Falange tienen que convertirse, en poco tiempo, en modelo de orden, limpieza y camaradería. Me dirijo a vuestros jefes para que se preparen a trabajar intensamente por el logro de este ideal de cultura y buen estilo. Pronto os llegarán disposiciones que cumpliréis fielmente, y pronto se instituirá un sistema de inspección para que se aparte a gente indeseable y se purifiquen los mandos, si hubiese necesidad.11

El discurso hacía, asimismo, un llamamiento a no caer en una represión indiscriminada producto de odios personales o de revanchismos porque “todos sabemos que en muchos pueblos había (y hay) derechistas que eran peores que los rojos.”

Denunciaba, igualmente, a los que en la retaguardia del territorio rebelde, incitaban al odio contra catalanes y vascos ya que “en Cataluña, como en todas partes, hay españoles malos y buenos. A nadie se le ocurrirá propagar odios contra los madrileños porque Madrid sea rojo en estos momentos.”

Alocuciones como esta no podían ser del agrado de Franco que aspiraba a un control absoluto del poder y que no quería verse limitado por cotillas de los políticos. El Caudillo, de hecho, aquel mismo mes ya había hecho entrar en vereda al dirigente tradicionalista Fal Conde. El motivo fue que este habia anunciado sin el permiso del Generalísimo la creación de una academia militar carlista. Fue llamado a Salamanca donde le recibió el general Fidel Dávila que le planteó la alternativa de expatriarse o de comparecer ante un consejo de guerra. Fal Conde decidió exiliarse a Lisboa. La dispersión de los carlistas en los distintos frentes y el destierro de su líder provocaron divisiones internas en las fuerzas de requetés, que cada vez escapaban más al control de su máximo dirigente. Si no era un aviso para navegantes, se le parecía muchísimo y es obvio que, si Franco no toleraba que los tradicionalistas actuasen autónomamente (eso, al menos, es lo que él percibía), menos todavía lo podía consentir en FE, mucho más potente que los tradicionalistas.

Según Rodezno, lo que había irritado especialmente a aquel era el tono de soberanía adoptado por el tradicionalismo. Cuando, en enero de 1937, ambos mantuvieron una conversación, el primero sacó la impresión de que Franco, muy tempranamente, había esbozado una línea de actuación propia, consistente en no admitir ni remotamente la posibilidad de su propia interinidad, no tolerar la disidencia y atribuir a cada una de las dos grandes opciones políticas de su bando una función específica y subordinada: el tradicionalismo le proporcionaría el fundamento doctrinal de sus tesis, y el falangismo, el tono radical capaz de atraer a las masas obreras, pero el poder, esencialmente, pemanecería en sus manos.12

El Caudillo, a pesar de todo, necesitaba ofrecer la imagen de que el régimen no era una mera dictadura militar sino que gozaba de una base ideológica sólida que le otorgaba capacidad de movilización de masas. Por este motivo estudió diversas propuestas para la reorganización corporativa de las estructuras políticas y económicas en los breves momentos que dedicó a hablar de ello con los representantes de varias fuerzas antirrepublicanas. Además, después de la llegada de los primeros representantes diplomáticos alemán e italiano, Faupel y Cantaluppo, respectivamente, les aseguró que era consciente de la necesidad de un programa social moderno; más tarde le dijo a Cantaluppo que, si era necesario, la doctrina falangista podía ser incorporada sin la propia Falange.13 Franco, afirma Stanley Payne, también discutió del problema con Hedilla, al menos brevemente, y antes de finales de noviembre de 1936 los dos pidieron al jefe del Servicio Exterior de Falange, Felipe Ximénez de Sandoval, que preparara un borrador con los posibles términos de un decreto de unificación de falangistas y carlistas.14

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Cartel del partido creado por Franco durante la Guerra Civil, que sirvió para aglutinar todas las tendencias favorables al golpe bajo un mismo partido. Fuente: Desde mi campanario.

En la reunión del Consejo Nacional de la organización del 8 de enero de 1937 se aprobaron los nuevos estatutos de la CONS y de los Flechas, organización juvenil. La junta dio el visto bueno, asimismo, a que su jefe intentara trasladar a Franco una petición de mayor autonomía para la milicia y los sindicatos, siendo aprobados, igualmente, los nombramientos de delegados nacionales de Prensa y Propaganda en las personas de José Antonio Giménez Arnau y Tito Menéndez Rubio.

Ese mismo día el minúsculo Partido Nacionalista Español de José María Albiñana (Enguera, Valencia, 1883- Madrid, 1936) se fundía oficialmente con el de los carlistas, mientras que en las Canarias el sector local de Renovación Española también se unía con los tradicionalistas isleños.

La unificación política se palpaba y 48 horas antes, el día de Reyes, Hedilla declaraba en la edición del diario pamplonés Arriba España:

La tendencia a la formación de una fuerza única es innegable. Creemos que esto se producirá al asimilar Falange Española… aquellos puntos del tradicionalismo que sean compatibles con las necesidades del momento… En el terreno religioso no tenemos nada que resolver, porque todo está resuelto…La recristianización de la sociedad según la norma evangélica… El sentido pagano en el culto a la patria y del subordinamiento a la raza, a la fuerza, etc, que se advierte en algunos movimientos extranjeros de tipo análogo, se sustituye en el nuestro por una fuerte dosis de espiritualismo, muy de acuerdo con nuestra tradición.15

El 17 del mismo mes el periódico segoviano El Adelanto publicaba un artículo de Víctor de la Serna, hijo de la novelista Concha Espina, titulado “Hedilla, 120 por hora.” Al final se su escrito, el autor se manifestaba por la sucesión definitiva en la Jefatura Nacional del falangista montañés en estos términos:

Yo le he visto jugar como un chico con los muchachos de la escolta, obreros como él. Y le he visto también cruzar salones imponentes, con un aire sencillo, pero mayestático, de césar campesino, de gran conductor de pueblos…Obrero de España, hidalgo artesano, maquinista de barco, adalid por la gracia de Dios del Movimiento de la Falange(…) Viéndole, oyéndole, contemplando su único minuto de melancolía, que es cuando piensa en el Ausente, uno dice íntimamente, con un convencimiento biológico: “¡Este es, este es!16

Más adelante, dicho artículo serviría de munición a los adversarios de Hedilla (como Rafael Garcerán y Sancho Dávila) para acusarle de culto a la personalidad. La pieza había sido encargada a Víctor de la Serna por el Delegado Nacional de Prensa, José Antonio Giménez-Arnau. A este último le aseguraron que Franco, al conocer el folleto espetó a sus colaboradores: “A ver si aprenden ustedes cómo se hace propaganda de un jefe17”. Su escrito le valió, sin embargo, a De la Serna una sanción de la Junta de Mandos por culto a la personalidad.

Este no fue, no obstante, el único incidente, por llamarlo de alguna manera, que se produjo en aquellos días en el que Hedilla se vería involucrado. Los servicios de Prensa y Propaganda de Falange tenían la costumbre de publicar y radiar los discursos más importantes de José Antonio Primero de Rivera coincidiendo con la fecha en la que habían sido pronunciados. El 2 de febrero de 1937 tocaba una alocución que pedía el desmantelamiento del capitalismo. La DEPP18 (Delegación del Estado para Prensa y Propaganda), dependiente de la Secretaría General del Jefe del Estado, es decir de Nicolás Franco, el hermano del dictador, la prohíbe por su contenido revolucionario, pero el mando falangista da instrucciones para que se difunda en sus emisoras. Así sucede en distintas localidades, entre ellas, Burgos y Valladolid. En Burgos, Andino, el Jefe Provincial manda imprimir 25.000 ejemplares del discurso y, cuando son recogidos por la autoridad militar, difunde su contenido por Radio Castilla. Andino queda arrestado en el cuartel de Caballería si bien Hedilla consigue su liberación con motivo de la toma de Málaga. En Valladolid la alocución la lee Antonio Tovar, mientras Dionisio Ridruejo Jiménez (El Burgo de Osma, Soria, 1912- Madrid, 1975) traza el plan para burlar a las autoridades civiles y militares, siendo ambos procesados por el delito de rebelión militar. Dice Dionisio Ridruejo:

La radio estaba instalada en el sobrado del hotel Fernando, donde yo vivía. A él nos dirigimos Tovar y yo con una pequeña escolta de dos hombres. La guardia de la radio era falangista. Yo hice que su jefe se pusiera a mis órdenes y comuniqué a los encargados del control que, a despecho de la orden recibida, les hacia responsables de que el discurso se leería hasta el final sin interrupción. Tovar se encargó de hacerlo. Aquella noche me fui a dormir a Segovia

(…) Por la mañana volví a la capital. Ya habían sido detenidos Girón, Tovar, Narciso García y Bedoya. Yo me constituí en prisionero espontáneamente. La prisión era el cuartel de Falange y el responsable de nuestra vigilancia el comandante Santander, subordinado nuestro. Se nos trataba con guante blanco. La Auditoria de Guerra inició un sumarísimo de urgencia: rebelión militar. Estábamos tranquilos. Aquella mañana unos grupos de falangista recorrieron la ciudad pidiendo nuestra liberación y no hubo ninguna oposición de las autoridades. La Junta de Mando negociaba en Salamanca el “carpetazo” del asunto. El día 4 por la tarde ya estábamos sueltos.19

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Dionisio Ridruejo. Fuente: Wikipedia

Mientras tanto en Lisboa y Salamanca se habían iniciado los contactos entre falangistas y carlistas. El esquema de las negociaciones giraba en torno a la aceptación por los tradicionalistas del ideario de FE y la asunción por esta última de la monarquía tradicionalista. Hubo factores de divergencia ideológica que nacían de la insistencia de los carlistas en la regencia de su pretendiente Javier de Borbón, y la necesidad de suprimir los partidos políticos, mientras que FE quería un partido único, pero, de hecho, según Javier Tusell, el principal escollo era la tendencia de Falange a a considerar que la única opción posible era la absorción en su seno del tradicionalismo. En estas condiciones perduraba una prevención fundamental en un momento en que Franco ya había movido ficha: la unificación estaba decidida antes de que estallara la lucha en el seno de FE. El Caudillo, además, no estaba dispuesto a consultar sobre el particular sino tan solo a notificarla, teniendo, como dijo unos de los dirigentes carlistas, la consideración de advertirnos.20

A partir de ese mismo mes y hasta abril las maniobras internas en contra de Hedilla van in crescendo. A sus adversarios (Agustín Aznar, Sancho Dávila, Rafael Garcerán, etc) se suma ahora Ramón Serrano Súñer (Cartagena, 1901- Madrid, 2003) que había entrado en la zona nacional el 20 de enero y llegado a Salamanca un mes después, y cuyas relaciones con el jefe azul no fueron, precisamente, buenas.

El 16 de marzo, aniversario del encarcelamiento de José Antonio, Hedilla pronunció un discurso en el que atacaba a los políticos en línea con los planteamientos de FE antes del golpe. El diario Arriba España lo comentaba al día siguiente si bien el artículo sufrió la mutilación de la censura militar pamplonesa:

El último discurso de nuestro camarada Hedilla, ha tenido la virtud de remover profundamente la conciencia nacional; que bien lo necesitaba en su fácil vivir y devaneo de la retaguardia… Lo que cada vamos a comentar nosotros con sosiego; a resaltar solo las bases fuertes en las que se asienta. Y lo primero, lo que más hiere a la grandeza y sentido de la guerra es el pulular de los políticos viejos. Hedilla, com una gran verdad y justeza, los clava en la espalda de la Justicia. No es su hora (…). Y, sin embargo haciendo sacrilegio de la sangre de los muertos, burlando el dolor y el sacrificio de los combatientes que cada hora se inmolan en las trincheras, aún ponen sus tertulias y sus cátedras y sus centros de propaganda y exhibicionismo en los cafés y en los hoteles de lujo [once líneas tachadas por la censura].21

Y proseguía su alegato en contra de los políticos en estos términos:

No importa. Hedilla es la voz bronca de la guerra [cuatro líneas y media tachadas por la censura]. Acaso la piel dura con que se viste el político no sienta el escalofrío de la vida a la intemperie y en la milicia. Que se hacen sordos al grito del agonizante y al sollozo de la madre y de la viuda. Otra vez repetimos: no importa. Ellos que propugnaron una política más o menos materialista serán aplastados por la fuerza del ejército, por el empuje de una juventud que cree y ama a España. Serán aplastados porque esa juventud lleva en la entraña la doctrina de la Falange que es pura, cierta y justa a secas, y además realmente es revolucionaria . ¡Que nadie olvide nuestra consigna: contra los malos políticos que asesinaron a España.22

Los conjurados contra Hedilla -Aznar, Garcerán, Dávila, Moreno- incrementan sus gestiones. Consiguen la adhesión de Girón y González Vicén. Dionisio Ridruejo, por su parte, permanece indeciso. En el norte, consiguen el apoyo del jefe de León, el doctor Fernando Gonzáles Vélez. Los dirigentes falangistas de Extremadura dudan; los del sur, Miranda y Arenado están con los rebeldes. Giménez Caballero colabora con los conjurados, pero sin implicarse demasiado.

El 11 de abril, Hedilla se reúne en San Sebastián con elementos monárquicos entre los cuales José María de Areilza quienes, a su vez estaban manteniendo contactos con don Javier que no creía en la unificación. Al día siguiente, Franco convoca a Rodezno y otros carlistas adictos, precisamente para anunciársela. Se trataba de un hecho consumado y, en ningun caso, de una negociación para obtener su apoyo a la misma. Los convocados se dirigen a Navarra, donde el 14 de abril se reúne la asamblea regional carlista. Rodezno da soporte al Generalísimo y Hedilla se entrevista con Vicente de Cadenas y Vicent, jefe de Prensa y Propaganda del partido, en San Sebastián. El jefe de la Junta de Mando Provisional decide entonces convocar el Consejo Nacional de FE. Cadenas llega a Salamanca el 15. El mismo día arriba a la ciudad castellana Hedilla con la convocatoria del Consejo Nacional ya redactada; el Consejo se convoca, en efecto, para el 25 de abril en Burgos. Se trata de elegir al jefe nacional de la Falange hasta la vuelta de José Antonio.23

Payne afirma que se estaba llevando a cabo “un teatro del absurdo falangista” en el cual agentes del Generalísimo, trataban, por una parte, de alentar a Hedilla para que afirmara su autoridad dentro del partido, mientras que por la otra animaba a sus oponentes para que desafiaran abiertamente la misma. El objetivo era crear las máximas condiciones de confusión y debilidad internas, lo que facilitaría y justificaría que Franco se hiciera con el mando.

Después de informar al Caudillo de sus intenciones y trasladar a un grupo de seguidores armados a Salamanca, el núcleo principal de los legitimistas (Aznar, Dávila y Garcerán) y Moreno se dirigieron a la sede de la Junta de Mando para presentar a Hedilla una serie de duras acusaciones de fracaso y errores en el ejercicio de sus funciones debido, sobre todo a lo que ellos llamaron “ineptitud manifiesta del camarada Manuel Hedilla por su analfabetismo, que le obliga a caer en manos de los sicarios más insolventes y de los hombres más peligrosos para el movimiento, de quienes se siente prisionero”. Lo acusaron de reemplazar la Junta de Mando con gente de su propia pandilla personal. Basándose en un estatuto del partido que estipulaba que si el jefe nacional tenía que estar ausente de España por un tiempo considerable un triunvirato debía gobernar en su ausencia, anunciaron que ellos tenían mayoría de votos en la junta y procedían a destituir a Hedilla en favor de un nuevo triunvirato formado por Aznar, Dávila y Moreno, con Garcerán como secretario. Los tres se hicieron cargo del mando. Ese mismo día y por separado, cada uno de ellos y Hedilla se presentaron en el cuartel general de Franco para informar al Estado Mayor del desarrollo de los acontecimientos. Y ambas parte fueron convencidas con halagos de que eran ellas las que gozaban de la aceptación.24

El día 16 por la tarde, continúa Payne, el oficial finlandés Carl von Haartmann, jefe de la escuela de formación de oficiales falangistas en San Pedro de Llen (Salamanca) recibió órdenes de armar a sus cadetes y trasladarlos a la capital provincial, sin que se diera el menor intento por la policía para impedir su entrada. Se hicieron con el control de las oficinas de la Junta de Mando y de varias otras sedes de FE alrededor de la 1.30 de la madrugada del día 17. Pequeños grupos armados leales a Hedilla fueron enviados en plena noche a las casas de los disidentes que formaban el triunvirato. Cuando entraron en los cuarteles de Dávila, el guardaespaldas de este mató a José María Alonso Goya, el jefe de la escolta personal del jefe azul y después él también resultó muerto. Dávila fue detenido. El pelotón enviado al domicilio de Garcerán fue contenido a tiros. En ese momento intervinieron las fuerzas de Franco, que ocuparon la sede falangista y detuvieron a Haartamann, Dávila y Garcerán, acusados de provocar disturbios. Todos los falangistas candidatos a oficiales también fueron detenidos temporalmente. Mientras, el gobierno enviaba órdenes al conjunto de jefes provinciales de la Falange advirtiéndoles que no se permitirían desórdenes.25

Hedilla, entonces, convocó la reunión del Consejo Nacional para el día 18. Estuvieron presentes en ella los jefes supervivientes del movimiento excepto Dávila, que, como ya se ja dicho, estaba encarcelado. El máximo responsable de la Junta de Mando Provisional pronunció una alocución en la que justificó sus actividades como jefe transitorio y solicitó una nueva votación par decidir si continuaba o no en la jefatura. Denunció, asimismo, la actividades conspiratorias de sus adversarios:

Durante los tres últimos días se escribieron avisos, incluso del cuartel general del Generalísimo de que un grupo de camaradas proyectaban una vísperas sicilianas, noticia que, confidencialmente, había comunicado la policía al mismo cuartel general26.

Y añadía:

Interín [los conjurados]distribuían alguna cantidad, y ponían a disposición de varios camaradas el servicio de transportes de la Junta de Mando para que hicieran visitas de propaganda en favor del triunvirato, se hacían al propio tiempo veladas amenazas de muerte a determinados camaradas a quienes convenía amedrentar ya.27

Tras el escrutinio, resultó elegido por diez votos contra cuatro, sobre veintidós; el resto eran papeletas en blanco. Seguidamente Hedilla acudió ante Franco y le confirmó que había sido confirmado como jefe de FE. Este respondió que le felicitaba y que él mismo deseaba que así ocurriera y le convenció para que se asomara al balcón junto a él. Hubo aplausos y vivas para ambos.28

El 19 de abril Hedilla destituyó de su cargo de jefe de milicias a Aznar, el único miembro del triunvirato rebelde que estaba en libertad. Thomas afirma que este acto parecía llevar el sello de Franco, pues Aznar y todos sus seguidores, incluida su guardia personal, fueron enviados al frente. Aparentemente, al menos, era un triunfo del máximo dirigente falangista. Sin embargo, a las ocho de la tarde de aquel día, Hedilla recibió en su domicilio el texto del decreto que Franco se proponía leer la misma noche en Radio Nacional, por el que se ordenaba la unificación forzosa de la Falange y los carlistas.29

En su discurso, redactado por Serrano Súñer, el Caudillo ponía de relieve que él dirigía el proceso de unificación y delimitaba las aportaciones de sus integrantes:

Esta unificación, que exijo en el nombre de España, y en el nombre sagrado de los que por ella cayeron, no quiere decir ni conglomerado de fuerzas ni mera concentración gubernamental ni unión pasajera. Para afrontarlo de modo decisivo y eficaz hay que huir de la creación de un partido de tipo artificial siendo, por el contrario, necesario recoger el calor de todas las aportaciones para integrarlas, por vía de superación, en una sola entidad políticonacional, enlace entre el Estado y la sociedad, garantía de continuidad política y de adhesión viva del pueblo al Estado (…). Como en otros países de régimen totalitario, la fuerza tradicional viene ahora a integrarse en España en la fuerza nueva. Falange Española aportó con su programa masas juveniles, propagando con un estilo nuevo una forma política y heroica del tiempo presente y una promesa de plenitud española.Los Requetés, junto a su ímpetu guerrero, el sagrado depósito de la tradición española, tenazmente conservado a través de los tiempos, con su espititualidad católica, que fue elemento formativo inicial de nuestra nacionalidad y en cuyos principios eternos de moralidad y de justicia ha de seguir inspirándose.30

En otro apartado de su alocución, el Generalísimo, dejaba claro que, aun utilizando el plural, la nueva fuerza política se creaba por decisión suya e inspiración providencial y que nada tenía que ver con la politiquería de los tiempos pasados:

Por tanto, en vista de las supremas razones ya expuestas, esto es, el enemigo enfrente y la coyuntura histórica de una etapa integrada de todas las anteriores, nosotros decidimos ante Dios y ante la nación española dar cima a esta obra unificadora! Obra unificadora que nos exige nuestro pueblo y la misión por Dios a nosotros confiada y para llevarla a cabo nosotros ofrecemos dos cosas: la primera, que matendremos el espíritu y el estilo que la hora del mundo nos pide y que el genio de nuestra Patria nos ofrece, luchando lealmente contra toda bastardía y contra todo arrivismo; queremos mílites, soldados de la fe y no politicastros, ni discutidores; y la segunda, que nuestro corazón y nuestra voluntad queden fijos en los combatientes del frente y en la juventud de España.31

En el Decreto se estipulaba que eran afiliados de la nueva organización, bajo la jefatura de Franco, todos los que en el día de su publicación poseyeran el carnet de FE o de la Comunión Tradicionalista y que podían formar parte de la misma, previa admisión, “todos los españoles que lo soliciten.”

Aunque el 16 de abril, una asamblea de carlistas navarros, ante la insistencia de Rodezno, había aceptado la unificación, la anciana viuda de Alfonso Carlos (veterana de la segunda guerra carlista en la década de 1870) escribió a Fal Conde el día 23 : “Es una infamia lo que han hecho con nosotros. ¿Con qué derecho? [….].”

Los cuatro carlistas que Franco incluía en la propuesta de nueva secretaría del movimiento (Rodezno, Dolz de Espejo, Arellano y Mazón) estaban todos notoriamente comprometidos con el ejército. Según Hugh Thomas, muchos tradicionalistas que consiguieron menos de lo que esperaban en la nueva situación, momentáneamente guardaron silencio a pesar de su desacuerdo.32

José María Gil Robles, máximo responsable de Acción Popular, respondió, por su parte, a la unificación con una carta a al Caudillo en la que hacía entrega de su antaño potente organización al nuevo jefe absoluto de la España nacional y en la que renovaba su adhesión al alzamiento:

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José María Gil Robles en un mítin de la CEDA. Fuente: Wikipedia

He leído en la prensa portuguesa el texto de su alocución radiada en la que pide en nombre de España la unión de todos sus hijos. En nombre de Acción Popular me complazco en recoger el llamamiento y decirle que pongo en sus manos toda la organización, tanto el partido, absolutamente en suspenso, como las milicias ya militarmente organizadas, para que adopte las medidas que estime convenientes en orden a esa deseada unificación.La junta de mando de Acción Popular que ahora funciona, recibe hoy mismo el mandato terminante de presentarse en el cuartel general a recibir órdenes, ya sea la disolución, la fusión obligatoria con otro u otros organismos o la incorporación pura y simple al Ejército.33

El día 22 Franco nombra la Junta Política de FET y a Hedilla como secretario general al frente y él se entera de su designación por la prensa. Poco después Aznar es detenido por la Guardia Civil.

Sin embargo el hasta entonces jefe azul declina la oferta y, de hecho, todos los que aceptaron eran personajes de segundo orden dentro del partido. En el decreto nº 266 firmado por el Caudillo aquel día se establecía:

En cumplimiento de lo prevenido en el artículo 2º de mi decrero número 255, y a los efectos que en él se expresan, procede nombrar la mitad de miembros del Secretariado o Junta Política de la FET y de las JONS y en su virtud dispongo

Artículo único. Son miembros del Secretariado político de FET y de las JONS don Manuel Hedilla Larrey, don Tomás Domínguez Arévalo (conde de Rodezno), don Darío Gazapo Valdés, don Tomás Doiz de Espejo, don Joaquín Miranda; don Luis Arellano Dininx, don Ernesto Giménez Caballero, don José María Mazón, don Pedro González Bueno y don Ladislao López Bassa.

Dado en Salamanca a 22 de abril de 1937.34

Franco trató de persuadir a Hedilla mediante emisarios, pero él se mantuvo en su negativa. Según Thomas y García Venero, que recoge el testimonio del propio Hedilla, Pilar Primo de Rivera le había aconsejado que no aceptase el cargo. También le instaron a rechazarlo Aznar (cuyos móviles debían ser contradictorios, afirma el hispanista británico), Dionisio Ridruejo y el embajador alemán, todos los cuales no habían perdido la esperanza de constituir una Falange independiente formada por “camisas viejas”. La situación se precipita cuando, horas después, es enviado un telegrama a todos los jefes provinciales de la zona sublevada en el que (al parecer está escrito por José Sainz) se decía que, para evitar malas interpretaciones, solo obedecieran órdenes emanadas del mando supremo. Posteriormente se consideró que este escrito constituía un gesto de desafío a Franco, pero su contenido no era subversivo. Thomas sostiene que la ambigüedad de las circunstancias hacía inevitable el malentendido.35

El dirigente nazi Kroeger ofreció a Hedilla un salvaconducto para viajar a Alemania y el fascista Guglielmo Danzi (quien en febrero había abierto en Salamanca una oficina de propaganda italiana) le brindó otro similar para dirigirse a Italia. El jefe de la FE, sin embargo, rechazó ambas ofertas.

El 25 de abril Hedilla es detenido e internado en la cárcel de la ciudad del Tormes. En los resultandos del auto de procesamiento se decía, en primer término, que el triunvirato constituido por los falangistas conjurados era legal. Seguidamente, se apuntaba que el máximo responsable falangista había ordenado el arresto de Sancho Dávila y decidido que fuese conducido a su presencia “para de esta manera revocar el acuerdo tomado sobre el triunvirato”.

Manuel Hedilla -decía el tercer resultando- abusando de que la opinión pública general aún le consideraba como jefe de la Falange, solicitó y obtuvo unos camiones, con los que intentó traer a esta capital a fuerzas de Falange destacadas en Pedro Llen para montar una guardia en los locales de la Junta de Mando, y haciendo suponer sería para imponer la falsa autoridad y adueñarse de los locales; lo que no consiguió por la oportuna intervención de la autoridad militar.

Manuel Hedilla- se afirmaba en otro resultando- a fin de adquirir productos para la fabricación de un gas congestivo que habría de emplear en caso necesario, entregó un volante a José Serrallach, doctor en ciencias químicas y a su servicio personal, para que se trasladara al laboratorio de la Facultad de Ciencias de esta capital , para adquirir lo necesario y después de haberse intentado por este adquirirlo en algunas farmacias de esta capital, sin que pudiera conseguirlo.36

Estas acusaciones permitieron al régimen mantenerle en cautividad al tiempo que se detenía a otros destacados falangistas a quienes se les imputaba diversos actos subversivos. El 1 de mayo todas las jefaturas provinciales quedaron abolidas provisionalmente y en junio, mientras se ponía en libertad a algunos de los arrestados Hedilla fue nuevamente acusado, esta vez del asesinato de Peral, miembro de la guardia personalde Dávila y de tentativa de derrocar al Caudillo. Fue condenado a muerte, pero, después de algunos meses, la sentencia sería conmutada. Se produjeron algunas manifestaciones públicas de apoyo a su figura, pero los que participaron en ellas fueron detenidos por “rojos” desapareciendo varios meses en las cárceles.

BIBLIOGRAFÍA

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García Venero, Maximiano Falange en la guerra de España: la Unificación y Hedilla. Burdeos: Ruedo Ibérico, 1967, p.369.
Giménez-Arnau, José Antonio Descifre la Vuecencia personalmente. Barcelona: Destino, 1978, pp.80-81.
Morales, Gustavo “Falangistas en la oposición.” En: FJA Fundación José Antonio. XI Universidad de Verano. Madrid, septiembre, 2007,(en línea),(consulta 21/01/2019). Disponible en: http://www.fundacionjoseantonio.es/doc/GM.pdf
Parejo Hernández, José Antonio “ No te hagas de la Falange: Es donde entra la avalancha.” En: Las piezas perdidas de la Falange: el sur de España.. Serie: Historia y Geografía .Núm: 134. Sevilla: Universidad de Sevilla, 2008, p.91.
Payne, Stanley Franco y José Antonio.El extraño caso del fascismo español. Joaquín Adsuar (traductor). Barcelona: Planeta, 1997.
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WEBGRAFÍA

El funcionamiento de la Junta de Mando”.Capítulo II. En:“Falange y antifalange.Una polémica internacional sobre la historia y la vigencia del fascismo español.” Boletín de Orientación Bibliográfica,número 83-84, noviembre-diciembre 1969, pp-43-67, (en línea), (consulta 15/01/2018). Disponible en: http://www.ruedoiberico.org/libros/textos.php
Azul, órgano de FE de las JONS, año I,26-12-1936, núm 73 (en línea).Disponible en: http://prensahistorica.mcu.es/gl/publicaciones/numeros_por_mes.cmd?idPublicacion=3614
Zer.Vol.13,nº24,2008,p110). Disponible en:http://www.ehu.eus/ojs/index.php/Zer/article/viewFile/3610/3242

NOTAS

(1) Hugh Thomas “Guerra mundial en miniatura”.En: La Guerra Civil Española, Vol.2, Libro tercero,. Neri Daurella (traducción) . Madrid: Ediciones Urbión, pp.691-692.
(2) Stanley G. Payne “ La Junta de Mando y la expansión de la Falange bajo Manuel Hedilla.” En: Franco y José Antonio.El extraño caso del fascismo español. Joaquín Adsuar (traductor) Barcelona : Planeta, 1997, p.392.
(3) Ibidem.
(4) S.Volta Spagna a ferro e fuoco, Florencia,: Vallecchi, 1937. Citado por: Stanley G. Payne “ La Junta de Mando y la expansión de la Falange bajo Manuel Hedilla.” En: Franco y José Antonio.El extraño caso del fascismo español. Joaquín Adsuar (traductor) Barcelona : Planeta, 1997, p.423.
(5) El funcionamiento de la Junta de Mando”.Capítulo II. En : “Falange y antifalange.Una polémica internacional sobre la historia y la vigencia del fascismo español.” Boletín de Orientación Bibliográfica,número 83-84, noviembre-diciembre 1969, pp-43-67, (en línea), (consulta 15/01/2018). Disponible en:http://www.ruedoiberico.org/libros/textos.php
(6) El dato exacto de afiliaciones a FE sigue desconociéndose al no exisitir cifras de afiliación fiables como indican Parejo o Joan Maria Thomàs. Las del artículo están extraídas de gráfico 5 del libro citado de Parejo. José Antonio Parejo Hernández “ No te hagas de la Falange: Es donde entra la avalancha.” En: Las piezas perdidas de la Falange: el sur de España.. Serie: Historia y Geografía Núm: 134. Sevilla: Universidad de Sevilla, 2008, p.91.
(7) El dato exacto de afiliaciones a FE sigue desconociéndose al no exisitir cifras de afiliaciónIbiu fiables como indicanParejo o Joan Maria Thomàs. Las del artículo están extraídas de gráfico 5 del libro citado de Parejo. José Antonio Parejo Hernández “ No te hagas de la Falange: Es donde entra la avalancha.” En: Las piezas perdidas de la Falange: el sur de España.. Serie: Historia y Geografía Núm: 134. Sevilla: Universidad de Sevilla, 2008, p.91.
(8) Ibidem, p.257.
(9)Azul, órgano de FE de las JONS, año I, 26-12-1936 ,núm 73. (en línea). Disponible en:http://prensahistorica.mcu.es/gl/publicaciones/numeros_por_mes.cmd?idPublicacion=3614
(10) Ibidem.
(11) Ibidem.
(12) Javier Tusell “La unidad en torno a Franco.” En: Historia de España. Guerra y dictadura.Vol.16. Madrid: Espasa Calpe S.A, 2004, pp.243-244.
(13) Según un informe de Faupel, 18 de enero de 1937, DGFP.D.III, p.229.Citado por: Stanley Payne “La unificación.” En: Franco y José Antonio.El extraño caso del fascismo español.Joaquín Adsuar (traductor). Barcelona: Planeta, 1997, p.406.
(14) Según una entrevista con Sandoval, S, Ellwood, “La unificación,” Historia 16, nº 12, 16 de abril de 1987, pp.11-26.Citado por: Stanley Payne “La unificación.” En: Franco y José Antonio.El extraño caso del fascismo español. JoaquínAdsuar (traductor). Barcelona: Planeta, 1997, p.406.
(15) Ibidem.
(16) Gustavo Morales “Falangistas en la oposición.” En: FJA Fundación José Antonio. XI Universidad de Verano. Madrid, septiembre, 2007, (en línea), (consulta 21/01/2019). Disponible en: http://www.fundacionjoseantonio.es/doc/GM.pdf
(17) José Antonio Giménez-Arnau Descifre la Vuecencia personalmente. Barcelona: Destino, 1978, pp.80-81.
(18) La DEPP había sido creada el 14 de enero de 1937 (BOE del 17). Estaba dirigida por Vicente Gay Forner, el cual se había ocupado de la Sección de Radiodifusión de la Oficina de Prensa y Propaganda de la Junta Nacional de Defensa.La censura radiofónica en la España nacional (1936-1939).” En: Zer. Vol.13, nº 24, 2008, p 110(en línea), (consulta 24/01/2019). Disponible en: http://www.ehu.eus/ojs/index.php/Zer/article/viewFile/3610/3242
(19) Dionisio Ridruejo. Citado por: Emeterio Díez,“La censura radiofónica en la España nacional (1936-1939).” En: Zer. Vol.13, nº 24, 2008, pp 111-112.(en línea), (consulta 24/01/2019). Disponible en: http://www.ehu.eus/ojs/index.php/Zer/article/viewFile/3610/3242
(20) Javier Tusell “La unidad en torno a Franco.” En: Historia de España. Guerra y dictadura.Vol.16. Madrid: Espasa Calpe S.A, 2004, pp.245.
(21) Arriba España, 17 de marzo de 1937.Citado por: Maximiano García Venero, “El precio de la sangre”. En: Falange en la guerra de España: la Unificación y Hedilla.Burdeos: Ruedo Ibérico, 1967, p.335.
(22) Ibidem.
(23)En torno a la decisión unificadora.Capítulo II. En : “Falange y antifalange.Una polémica internacional sobre la historia y la vigencia del fascismo español.” Boletín de Orientación Bibliográfica,número 83-84, noviembre-diciembre 1969, pp-43-67, (en línea), (consulta 30/01/2018). Disponible en: http://www.ruedoiberico.org/libros/textos.phpid=67
(24) Stanley Payne “La unificación.” En: Franco y José Antonio.El extraño caso del fascismo español. Joaquín Adsuar (traductor). Barcelona: Planeta, 1997, p.414-415.
(25) Ibidem, pp.415-416.
(27) Maximiano García Venero “Antes de las horas nocturnas” En: Falange en la guerra de España: la Unificación y Hedilla. Burdeos: Ruedo Ibérico, 1967, p.369.
(28) Hugh Thomas “Asesinato de Goya.” En: La Guerra Civil Española, Vol.6. Libro tercero. Neri Daurella (traducción). Madrid: Ediciones Urbión, p.285.
(29)Ibidem.
(30)“Texto del discurso del Generalísimo”. En: ABC, 20/04/2019, p.4. (en línea). Disponible en: http://hemeroteca.abc.es/nav/Navigate.exe/hemeroteca/sevilla/abc.sevilla/1937/04/20/007.html
(31) Ibidem, p.5.
(32)Hugh Thomas “Asesinato de Goya.” En: La Guerra Civil Española, Vol.6. Libro tercero. Neri Daurella (traducción). Madrid: Ediciones Urbión, p.286.
(33) “Crónica de la Guerra Española.” Vol.3. Buenos Aires: Editorial Códex S.A, 1966, p.351.
(34) Maximiano García Venero “Antes de las horas nocturnas.” En: Falange en la guerra de España: la Unificación y Hedilla. Burdeos: Ruedo Ibérico, 1967, p. 401.
(35) Hugh Thomas “El nombramiento de Secretariado o Junta Política”.” En: La Guerra Civil Española, Vol.6. Libro tercero. Neri Daurella (traducción). Madrid: Ediciones Urbión, p.288.
(36) Maximiano García Venero “La detención de Manuel Hedilla” En: Falange en la guerra de España: la Unificación y Hedilla. Burdeos: Ruedo Ibérico, 1967, p. 406.

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