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El final de Nicolás Alonso Marselau

1. Lo que sabemos

Nicolás Alonso Marselau es bien conocido entre los historiadores del movimiento obrero y de la Primera Internacional en España. En la cárcel, escribió y publicó, con el apoyo de la Federación Regional Española (la sección de la Primera Internacional en nuestro país) el folleto titulado como El Evangelio del Obrero, de gran éxito entre los trabajadores, alcanzando una gran difusión. Era el miembro más destacado de la Federación de Sevilla, y en varias ocasiones fue el delegado más votado para asistir a los Congresos de la Primera Internacional en representación de España. Antes de su activismo internacionalista, publicó en Sevilla el periódico La Razón, cuya postura de librepensamiento derivó rápidamente hacia el internacionalismo y el ateísmo, convirtiéndose en un reconocido portavoz de la emergente federación obrera. En esta etapa se sitúa su polémica con Mateos Gago, famoso apologista católico de la época. Sabemos también que anteriormente fue un destacado cristiano protestante, que siendo aún joven, tuvo que huir hacia Gibraltar para escapar de un proceso jurídico causado por él y varios protestantes, que decidieron mostrar públicamente su religión, algo prohibido expresamente por el aún Estado confesional español. En el extranjero desarrolló una sólida cultura, que ya se formaba en sus primeros años en el seminario de Granada cuando pretendía ser sacerdote católico, hasta que las dudas y las ansias de libertad lo empujó hacia un movimiento que se presentaba discordante con el gobierno español, ya con fama de represivo y clasista. El anticlericalismo era un referente contra el poder dominante en España y la religión protestante era una buena opción para quienes seguían creyendo en el cristianismo pero no aceptaba la política autoritaria de la Iglesia. Se sabe que Marselau, en su etapa protestante, publicó uno de los periódicos más importantes de este movimiento, El Eco del Evangelio, pero las polémicas y los intensos debates le hizo ver, de repente, un mundo mucho más amplio de lo que conocía, por lo que fue natural su derivación hacia el librepensamiento, cambiando de periódico, y de ahí al compromiso real contra la injusticia que ofrecía la Internacional, una nueva y emergente organización que será la gran referencia de los trabajadores.

Firma Marselau

Marselau era de origen granadino, hijo de un sombrerero, oficio importante en la Granada de entonces. Existían dudas sobre si “Alonso” era un segundo nombre o su primer apellido, en esto nos adelantamos, aclarando que es su primer apellido: su padre se llamaba Lorenzo Alonso. Hoy día solo se conoce dos biografías: la entrada de Miguel Íñiguez en su enciclopedia del anarquismo español1; y el reciente capítulo que escribió Julián Vadillo sobre Marselau2.

La Razon Marselau

Pero, en realidad, poco sabemos de Nicolás Alonso Marselau. En la actual historiografía, no se sabe ni cuando nació ni cuando murió, si bien existen algunas referencias del lugar de nacimiento (Granada). Fue protestante, y lejos de ser ciertas determinadas acusaciones, no vivía del dinero extranjero, sino de su propio trabajo (barbero en Gibraltar). En sus años como anarquista, era aprendiz de tejedor o así se decía3. Seguramente desmoralizado por los enfrentamientos entre marxistas y anarquistas, donde tomó parte inicialmente como defensor de los segundos, abandona la Internacional al contemplar que el conflicto se recrudecía, para volver a la Iglesia Católica, haciendo una polémica aparición junto a los carlistas. Anselmo Lorenzo le describe en El Proletariado Militante, no muy positivamente, si bien debemos tener en cuenta que Lorenzo escribe sus memorias muchos años después de conocer el paso de Marselau hacia el catolicismo y el carlismo. Con todo, reconoce su gran formación cultural, pero menciona que nunca llegó a gustarle:

Su fácil y sugestiva palabra atrajo a los trabajadores, ansiosos siempre de consuelos y esperanzas, la brillantez, erudición y apasionado estilo completaron su prestigio, siendo prueba de ello, aparte de numerosas demostraciones públicas en las reuniones populares, el nombramiento de delegado a la Conferencia de Valencia.

Entre el corto número de delegados asistentes a aquella Conferencia, obreros todos, hombres prácticos y poco aficionados al oropel de la fraseología, manifestóse Marselau un tanto tímido y cortado; venía de donde era tenido como maestro y se hallaba donde tenía que aprender, y se acomodó fácilmente a la situación.

Su aspecto me fue casi repulsivo: era de estatura regular, más bien bajo, delgado, moreno, de mirada triste y casi recelosa, parecía uno de aquellos desgraciados que llevan consigo un misterio, de los que nunca se confían a un amigo, y en sus maneras y lenguaje no se hallaban nunca vestigios de la gracia andaluza.

Le vi tiempo después en la cárcel de Sevilla, procesado por delito de prensa, ocupando una celda de preferencia, en la que fue posible celebrar en obsequio a mi llegada a Sevilla una sesión de la sección sevillana de la Alianza de la Democracia Socialista.

Entre los sevillanos era Marselau un oráculo: a él se debió principalmente el éxito que alcanzó la Internacional en aquella comarca. Su prestigio fue en aumento llegando a ser uno de los cuatro delegados (Farga, Alarini, Morago y Marselau) que por sufragio directo de los internacionales españoles fueron al Congreso de la Haya, de triste memoria, y que asistieron a la celebración del Pacto de Saint-Imier, que no pasó de la categoría de embrión.

Perdióse Marselau de vista, y pocos años después, cuando la guerra carlista ardía en las Vascongadas, Navarra, Cataluña y Valencia, un número de El Cuartel Real4, periódico oficial del pretendiente, publicó la reseña del acto de abjuración de sus errores y reconciliación con la Iglesia de un joven novicio de la Trapa, celebrada en Tolosa en presencia de D. Carlos y toda su Corte. Aquel trapense era Nicolás Alonso Marselau. ¡Quién sabe lo que sería, después, de aquel desperdicio humano!5

James Guillaume en La Internacional también habla de él, mencionando que era el español más tímido, contrastando con la figura de Tomás González Morago, fiestero, creativo y activo por naturaleza. Citamos una traducción en castellano realizada por el historiador del socialismo Juan José Morato (solía llamar a Marselau como “Marselan”):

“Comimos en cierto sitio -dice el amigo de Bakunin- donde sin temor podía hablarse de todo. Se habló de la Internacional, y a los postres se cantó, porque los belgas son grandes amigos del canto. Brismée, De Paepe y otros entonaron canciones revolucionarias, y después se pidió a los españoles que cantaran algo de su país. Excusóse Farga alegando que su voz era detestable y fue Marzelan quien se levantó, anunciando que iba a cantar una jota andaluza, una malagueña, y con voz sepulcral comenzó a entonar una melopea lenta y pesada.

Todos nos mirábamos como preguntándonos por cuál razón podía llamarse aquello un aire de danza. Morago se movía impaciente en su asiento, diciendo en voz baja: ‘No es eso, no es eso.’ Y al cabo, no pudiéndose contener, exclamó: ‘¡Cantáis lo mismo que un cura! Eso no es una malagueña, sino una marcha fúnebre para enterrar al mismo demonio.’ Y entonces cantó Morago. Aquello sí que era una danza española, de ritmo vivo y cortado. Acompañábase Morago haciendo chascar los dedos para suplir las castañuelas, y llevaba el ágil compás de la seguidilla con los pies y hasta con todo el cuerpo.

– ¡Muy bien! – exclamaron Farga y Alerini –. ¡Eso es una malagueña!

Todos aplaudimos, mas yo, lamenté por Marzelan la mortificación que le infligía el incomprensible Morago.”6.

Tomás González Morago es otra gran figura, aún desconocida a grandes rasgos. Vemos algunos paralelismos con Marselau: la historiografía no sabe cuando nació, aunque en su caso sí sabemos cuando falleció: en la cárcel de Granada el 26 de Agosto de 1885, supuestamente por cólera, pero en una ficha conservada en el Archivo Municipal de Granada, indica que fue por tuberculosis, al igual que Marselau7. Se supone que Morago fue expulsado por inmoralidad (por falsificar billetes), pero vemos en algunas noticias que la Federación de la Internacional de Granada le atendía y apreciaba8. Lorenzo siempre lo describe como un auténtico genio, fuera de lo común, muy brillante, pero irregular e informal.

Guillaume marselau

Pero volvamos a Marselau: por Max Nettlau sabemos que Bakunin conoció a Marselau en un Congreso, y anotó, sobre él, el siguiente comentario: “platonismo doctrinario en Marselau9, lo cual en el pensamiento de acción bakuninista no era algo positivo, al identificarse el platonismo con la especulación, el idealismo y el alejamiento de la realidad de los problemas y del ser de la gente común. En el fondo, menos acción y dinamismo por más reflexiones y especulaciones, en su interpretación. Además del famoso Evangelio del Obrero, publicó otro folleto, Pensamientos sociales arreglados, que nos ha llegado de forma incompleta y a veces ilegible, a través de La Alarma, que se conserva en el Instituto de Historia Social de Amsterdam10. Es un ensayo sobre las injusticias sociales donde la religión tiene un importante papel como justificadora y naturalizadora de éstas.

Pensamientos sociales arreglados

Los propios internacionalistas en España notan el alejamiento de Marselau, debido a una crisis resultante quizás por la desmoralización causada por las luchas internas entre bakuninistas y marxistas. Una carta de la Comisión Federal a Marselau es testigo de ello:

Compañero Nicolás Alonso Marselau – Fiñana.

En nuestro poder tu grata fecha 28 del pasado y no debes extrañar la tardanza en escribirte si te decimos que á otros compañeros delegados electos que han presentado su dimisión no les hemos escrito porque la fundaban en la falta de recursos para ir al Congreso. Si hubiéramos creído que durante este tiempo no nos hubieras escrito, puedes creerlo que te hubiéramos escrito enseguida apesar que no comprendemos la segunda parte de tu carta.

No concebimos como un hombre pueda perder la fe en la gran causa de la Emancipación de la Humanidad, cuando este hombre, querido amigo, ha sido como tu un constante defensor de la más grande de las causas. ¿Qué importa si entre los que trabajan por la Revolución hay seres hipócritas que trabajan en contra de la Revolución? ¿Acaso es posible que entre tantos miles de trabajadores no haya algunos de malos? ¿Y porque no te crees digno de alternar con los internacionales, cuando si fuese cierto como dices que algunos dudan de ti, existe la inmensa mayoría que no tiene ningún motivo para dudar de tus rectas intenciones?

Tu dices que amas á la Revolución, á la Justicia, á la Virtud, pero no parece que es necesario demostrar con hechos prácticos que lo que se dice se siente. Es necesario para creerte que salgas de este retiro ó mejor dicho que establezca relaciones con tus amigos de siempre, que trabajes en fin por la gran causa de la Internacional y mucho mas en las presentes circunstancias que son los tiempos de prueba.

Tenemos la seguridad que comprenderás el deber que tienes de seguir una línea de conducta diferente de la que sigues hace algún tiempo, porque convencidos que amas á la Internacional, sentiríamos mucho que otros pensasen que fácilmente se olvidan por sus más entusiastas propagandistas las ideas que con tanto ardor defendieron en la prensa y en la tribuna.

Esperando tu contestación, te deseamos, querido amigo

Salud, Anarquía y Colectivismo.

Madrid, 25 de Septiembre, 1873

Por la Comisión Federal

F. T. Oliver (rubricado)11

Es durante este tiempo cuando va viviendo su crisis. A la lucha interna debemos tener en cuenta su constante estado de enfermo, y que la AIT ayudaba a presos y exiliados pero no a quienes tuvieran problemas de salud, algo que la propia Iglesia, con más recursos, sí hacía. Pero sin duda el motivo debió ser más profundo, más a las convicciones, pero tenemos pocos relatos sobre estas reflexiones, tan solo las proclamaciones públicas de fe, en las que se posiciona, no argumenta.

Según sus propias palabras, es en 1874 cuando se convierte de nuevo al catolicismo, en la ciudad de Vergara. Escribe una carta al Arzobispo de Granada, que decide atender a sus deseos. He aquí la noticia más completa y exacta que hemos localizado, al reproducir una carta del propio Marselau:

Tomamos de nuestro apreciable colega LA DEFENSA DE LA SOCIEDAD:

‘D. Nicolás Alonso Marselau, pastor protestante de Andalucía, ha abjurado sus errores y entrado en el monasterio de la Trapa, extramuros de Roma, titulado San Paolo alle tre fontane. Desde allí dirige al Excmo. e Ilmo. señor arzobispo de Granada, para que la publique, la siguiente carta modelo de concisión, de energía y de humildad, que con placer insertamos en las columnas de nuestra REVISTA.

‘Excmo. señor arzobispo de Granada. – Excmo. señor: Como es de mi deber le dirijo estas líneas para su satisfacción, y para que pueda hacer de ellas el uso que crea más oportuno.

El día 18 del mes presente me fue permitido por divina misericordia, hacer abjuración de mis errores contra la santa religión de Nuestro Señor Jesucristo a los pies del reverendísimo padre comisario del Santo oficio en la Scala santa de San Juan de Letrán de esta ciudad de Roma.

El día siguiente, 19, fui admitido a la santa comunión, después de hecha confesión general de mis muchos y torpes pecados, y pocas horas después, en el mismo día, se cerraba detrás de mí la puerta del claustro en el monasterio de Nuestra Señora de las tres fuentes de San Pablo, extramuros de la ciudad de Roma.

Había pensado, señor Excmo., hacer una retractación larga da mis aberraciones y una apología de la religión católica, apostólica, romana; pero mis errores se desmienten por sí mismos, y la santa religión tiene defensores más dignos que yo. Jamás podré reparar el mal que he hecho a la Iglesia con mis.escándalos.

Me retiré de la sociedad a hacer penitencia y a trabajar en la tierra, según la regla que deseo abrazar. Que Dios Nuestro Señor me perdone tantos pecados, y me dé el don de la perseverancia hasta el fin de mis días.

Sepa el mundo que me avergüenzo y me arrepiento de mis errores, y que espero que, muchos de los que han entrado en el error por mí causa, me perdonarán el mal que les he hecho, y se arrepentirán a su turno. No hay más que una verdad, y esta es la demostrada por Jesucristo, entregada a su Iglesia y conservada por esta a través de tanta persecución y de tanto antagonismo.

Pedid a Dios por mí, señor Excmo.; dadme vuestra bendición, y que el Señor os proteja para cuidar el rebaño que os ha sido confiado. Humildemente arrepentido pecador escandaloso, Nicolás Alonso Marselau.—Monasterio da San Pablo de las tres Fuentes, fuera da Roma, 21 de junio de 1874.’12

De su paso al carlismo, exponemos la noticia más sensacional y directa al respecto, donde se declara carlista de por vida:

Pero lo verdaderamente conmovedor fué la relación interesante, la confesión pública que de su apostasía y de su reconciliación con la Iglesia hizo el fervoroso y edificante D. Nicolás Alonso Marselau. Dijo en inglés su caída en Londres; expuso en francés sus trabajos de propaganda impía y revolucionaria en Francia y en España, y describió en la dulcísima lengua de Italia su regreso feliz al seno amoroso de la Santa Iglesia. ‘Señor, decía el Sr. Alonso Marselau á S. M.: señor, yo os he combatido, he sido vuestro enemigo: perdonadme, señor, perdonadme, porque el Rey de Reyes me ha perdonado ya.’ No es posible describir el efecto de estas palabras. Ni el Sr. Alonso Marselau podía continuar hablando, ni nosotros hubiéramos podido continuar escuchándole. Aún ahora al trascribirlas me siento profundamente impresionado.

Concluyo con la elocuente frase de este feliz penitente. ‘Señor, dijo al Rey: reconciliado con la Santa Iglesia católica apostólica romana, católico ya de nuevo para no dejarlo de ser, con la gracia de Dios, hasta mi muerte, no puedo menos de ser carlista: soy carlista, señor; seré siempre carlista.’

Él Sr. Alonso Marselau halló en Roma su conversión: ha hallado en el Real Seminario Vasco-Navarro, con fruición inmensa de su alma, medios abundantísimos de perseverancia, á que responde con fidelidad admirable.

¡Feliz el Sr. Alonso Marselau! ¡Feliz el Real Seminario Vasco-Navarro de Vergara! ¡Una, y cien, y mil veces feliz el augusto Monarca que, comprendiendo toda la importancia de su misión, se declara protector decidido de la enseñanza católica! ¡Feliz España, que tiene ya en su seno una gran escuela de filosofía a la altura y en la extensión que las necesidades y las exigencias reclaman en el círculo de la segunda enseñanza!13

Obviamente debemos tener en cuenta que se trata de una publicación carlista, con la consiguiente explotación propagandística. En años sucesivos, veremos que ese carlismo, de existir, se limitó a su propio pensamiento, porque su vida y actos los consagra íntegramente a la Iglesia.

2. Lo que no sabemos

En el presente texto vamos a aportar datos e información sobre los últimos años de Nicolás Alonso Marselau, así como sus datos biográficos, que si bien son detalles poco importantes para los estudios históricos, sí merece la pena recordar algunos aspectos básicos de su persona, para situar su contexto vital y ambiental. Asimismo, hacer honor a la verdad. El apologista Mateos Gago, poco escrupuloso, muy dado a falacias, intentó desacreditar la persona de Marselau y no sus argumentos, con afirmaciones tan reaccionarias como la acusación de ser francés o alguien que esconde sus orígenes14, sin hacer mucho caso de las sugerencias de Marselau de ceñirse a los argumentos y temas en cuestión. Menéndez Pelayo, hombre de gran cultura, pero de cierto sectarismo (justificaba la prohibición en España del acto público de cualquier religión no católica, en un momento en que ya se protestaba contra ello), intentó abarcar tanta información que, a menudo, no fue preciso, arrojando numerosas calumnias que a su vez los católicos lanzaban contra los protestantes (principalmente, el de recibir subvenciones extranjeras, algo que Marselau nunca disfrutó).

Comencemos: Nicolás Alonso Marselau nace en Granada el 26 de Octubre de 1840, hijo del sombrerero Lorenzo Alonso y María del Carmen Marselau, cuyo padre, Francisco Marselau, era de Languedoc (Francia)15.

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Como hemos dicho, entra a estudiar en el semanario de Granada, para pasar a los protestantes. De ahí al librepensamiento, que deriva rápidamente a la militancia internacionalista. Tras un período de cárcel y polémicas, vuelve al catolicismo, pasando incluso por el carlismo. Queremos adelantar, en este trabajo, la cuestión del carlismo, y aclararlo cuanto antes: no dejó de ser algo anecdótico y hasta causal. Marselau no pasó realmente al movimiento carlista, sino propiamente a la Iglesia Católica, que se hacía querer tanto por la dinastía isabelina en el trono español, como por los partidarios absolutistas. Éstos últimos mostraban una opinión de dar mayor poder a la Iglesia, al estilo del Antiguo Régimen, frente al modelo de Estado isabelino y ciudadanista. Era lógico la colaboración entre eclesiásticos y carlistas, y en una zona dominada por los absolutistas, se mostró públicamente al arrepentido Marselau, que en el sector más intransigente del catolicismo, proclamaba abiertamente su vuelta a la Iglesia. Pero, tras ello, veremos que se hace un hombre de vida sencilla dedicado simplemente a la Iglesia en sí y a sus intereses, sin mostrar ningún activismo carlista. Es enviado a Galicia, donde completa sus estudios y se ordena sacerdote. Ejerce en la parroquia de Lugo, tal como vemos en algunas notas de la prensa católica:

A las 10, será misa solemne con sermón que predicará el Catedrático del Seminario, Sr. Nicolás Alonso Marselau; a la que seguirá la procesión de los niños llevando la imagen de Jesús.

Por la tarde a las tres en punto en la misma Iglesia de Sto. Domingo se hará la distribución de los niños en secciones a fin de facilitar el catecismo y continuar la explicación de doctrina alternada con cánticos como en los domingos precedentes.16

A las doce dará principio en Santo Domingo el ejercicio de las siete palabras en que predicará D. Nicolás Marselau y en los intermedios se cantarán dichas palabras con acompañamiento de orquesta.17

“El domingo próximo pasado tuvo el religioso pueblo de Lugo la dulcísima satisfacción de asistir a la formal inauguración, después de algunas conferencias preparatorias, de la Escuela Dominical, catequística, de niños de ambos sexos, en la iglesia conventual de Madres Agustinas.

Se inició el acto con una Misa de Comunión general, habiéndose acercado a recibir el Pan de los Ángeles más da 200 niños y niñas, que por su piedad y compostura, hicieron derramar lágrimas de júbilo santo a la apiñada muchedumbre que ocupaba el sagrado templo.

A las once se cantó una Misa solemne, habiendo pronunciado un elegante y erudito sermón sobre ‘El dulcísimo Nombre de Jesús’ el Sr. D. Nicolás Alonso Marselau, catedrático de francés en el Seminario conciliar, quien ha logrado conmover eficazmente el corazón de sus oyentes. Concluida la Misa, tuvo lugar la procesión, formada por más de 500 niños y niñas, que, cantando a coro un precioso himno a San José, llevaban en entusiasta triunfo la sagrada imagen del Niño Jesús, entre las banderolas que presiden las secciones de la citada escuela.

Toda la tarde del mismo día se ocupó en el arreglo de secciones, siguiendo, salvas algunas variaciones accidentales, el método que tan sabiamente establece el Sr. D. Enrique Ossó, en su nunca bien recomendada obra ‘Manual teórico- práctíco del Catequista’, y en la enseñanza y explicación de las primeras preguntas del Astete, recapitulando y explanando desde el púlpito las preguntas enseñadas en las secciones, en un didáctico y brillante discurso el licenciado en Sagrada Teología y catedrático de Humanidades, en el mismo Seminario, D. José Ferreiro Gayoso. – El corresponsal.’18

El mismo diario comentará la gran formación y anterior prestigio de Marselau, en una velada referencia:

Según dice El Clamor, ayer en la capilla del Seminario, hubo ayer misa solemne en honor de S. Lorenzo, en la que predicó el Sr. Marselau, a quien El Clamor llama orador conocido.

No solo conocido como orador sino como escritor, según lo acredita una Enciclopedia republicana federal publicada en 1871.19

Detalles de su trayectoria lo da finalmente su antiguo enemigo, Francisco Mateos Gago, que, sentido profundamente por su muerte, habiendo dudado siempre de su reconversión, da, por fin, noticias más o menos exactas, reproduciendo íntegramente una carta escrita por el propio Marselau. Ojalá dicho apologista se hubiera mostrado más riguroso en anteriores ocasiones. Finalmente, da un relato muy exacto y apoyado por el propio protagonista. Es una cita extensa, pero necesaria para conocer los últimos años de Marselau, y relata la existencia de un documento que, a día de hoy, parece estar perdido, y sería oportuno localizarlo, de conservarse. En su relato comienza justo donde se creyó que terminó, en un monasterio, haciendo mención de su delicado estado de salud:

“Hasta aquí el Boletín del arzobispado. Poco tiempo después supimos que el Sr. Marselau salió de la Trapa, sin duda porque su constitución raquítica y enfermiza no podría soportar las austeridades de aquella vida, y apareció en el campo carlista, ocupado, según nos cuentan, en el desempeño de la portería del colegio establecido en Vergara. El Cuartel Real, órgano oficial del campo carlista, describió una fiesta literaria habida allí, en presencia de D. Carlos, y en ella tomó parte Marselau, confesando públicamente sus pecados y describiendo los escándalos que había dado en Francia, Inglaterra y España.

– A la terminación de aquella guerra marchó a Francia, y supimos que solicitaba el hábito de novicio en un convento de carmelitas de Burdeos. Ni sabemos el resultado de su pretensión, ni qué haya sido luego de esta volcánica y destornillada cabeza tan tristemente célebre en Sevilla, durante los aciagos días de la revolución.’

Diré, francamente, que no creía sincera la conversión de Marselau. No era la primera, ni creo que la segunda conversión que había fingido en manos del señor Arzobispo de Granada, y dejé al tiempo la confirmación de aquella grata noticia.”

Da cuenta, entonces, de su llegada a Lugo para formarse como párroco, involucrándose totalmente en la vida católica. Allí, dolido por la campaña del apologista, le respondió por medio de una reveladora carta:

“Cuando en 1877 publiqué el tomo tercero de mis Opúsculos, dando cuenta de mis controversias con los llamados protestantes en Sevilla, y reuniendo en él, entre otras barbaridades y blasfemias, las más notables de Marselau, como protestante, en su Eco del Evangelio, y como ateo internacionalista en su periódico La Razón, yo no podía sospechar siquiera que el converso había vuelto a España, ni menos que hubiese llegado hasta a ordenarse de Presbítero en la diócesis de Lugo, protegido y recomendado por el señor Magistral de aquella santa iglesia, a quien había conocido en Vergara.

Y lo peor fue, que mientras yo hacía conocer en España aquel cúmulo de atrocidades, su autor vivía en Lugo como un celosísimo Apóstol y como el más humilde y austero penitente.

No tuve yo la culpa de que a nadie se hubiera ocurrido hacer pública la situación de Marselau, especialmente en Sevilla, donde tanto hubieran edificado aquellas noticias. Lo sentí, cuando me lo comunicó mi amigo el señor D. José Sánchez Saravia, sobrino del señor Obispo de Lugo, después de leer mi libro; pero ya no tenia remedio.

Mucho sufrió el Sr. Marselau con la lectura de mi escrito, cosa que yo sentí con toda mi alma; pero como su conversión era verdadera, hasta de esa contradicción sacó fruto su humildad.

He aquí la carta que me dirigió con tal motivo:

– Seminario conciliar. – Lugo, 12 de Marzo de 1878. – Sr. D. Francisco Mateos Gago.

– Muy señor mío: Tenga la bondad de dispensarme, si abuso de Vd., haciéndole leer una carta que lleva mi nombre al pie; pero lo creo de mi deber y como un desahogo de mi corazón.

– Desde que el Señor tuvo misericordia de mí, haciéndome ver la profundidad del abismo en que había caído y me levantó de él, he tenido ideas de escribir a Vd., pero unas veces por mis continuas enfermedades, otras por no poder hacerlo por las circunstancias en que me hallaba, y sobre todo, tal vez porque así estaba dispuesto o permitido por Dios, lo he ido posponiendo.

– También siempre tuve un gran deseo de publicar algo más mi conversión, y dar más satisfacción á la Iglesia de Dios, que la poca que pudiera dar en mis cartas a los señores Arzobispos de Sevilla y Granada en aquellos venturosos días de Junio del 74; pero también esto no tuvo lugar, y bien sabe Dios que no por culpa mía. En los días que mediaron entre el llamamiento de Dios y la absolución de censuras y sacramental que me dio la Iglesia, tuve el gusto de quemar con el reverendo Padre Anselmo (pasionista) de la Escala Santa en Roma, una colección de la desventurada Razón, y quisiera haberlas podido quemar todas las que haya, o mejor quisiera que antes me hubiera Dios quitado la mano y la vida, que escribir tal cúmulo de blasfemias y obscenidades.

– En Vergara tuve deseos de escribir algo, pero allí estuve enfermo de bastante gravedad, y esto fue otro obstáculo; sin embargo, algo empecé; pero me asaltó la idea de si aquello volvería a levantar en mí la soberbia y el amor propio, y desistí; los apuntes que había comenzado los confié a un amigo de Granada que allí había, llamado D. Joaquín de los Reyes y García.”

Tenemos ya una referencia, seguramente ya perdida, de unas primeras notas o páginas, que harían de borrador de algún proyectado texto. No conocemos más de tal Joaquín de los Reyes, lo cual sería oportuno por ver si se conserva algo al respecto. Mientras tanto, volvamos al relato del propio Marselau, donde menciona el texto cuya probable gran importancia hemos comentado anteriormente:

“– De Vergara salí para la Trapa, donde deseaba encerrarme, y así ocultar mi nombre entre la penitencia y las oraciones. Durante el año que permanecí en Divielle, y que lo pasé muy enfermo, pedí varias veces al Padre Prior permiso para escribir algo y que se publicara en algún periódico católico, pero el Padre me disuadía siempre de ello. No pudiendo soportar el régimen de la Trapa, y deseando saber qué sería lo que Dios querría de mí, con la bendición del Padre Prior salí para el colegio de Padres jesuitas, que está muy cerca de Divielle, con el objeto de hacer ejercicios espirituales y consultar así la voluntad de Dios. Casi un mes duraron los ejercicios, y poco más o menos, dos meses permanecí entre aquellos buenos Padres, cuya estancia la reputo como una segunda conversión.

– Allí el buen Padre Bombardo, director de mis ejercicios y a quien abrí completamente mi corazón, accedió con gusto a mi constante deseo de escribir algo, y el Señor me permitió recordar con bastante exactitud tanta y tanta miseria; esto que escribí lo titulé Apuntes históricos sobre el protestantismo en España y sobre la Internacional. A mi venida a Lugo, S. E. I. el señor Obispo quiso tener estos apuntes y se pidieron a los Padres de la Compañía; están copiados por mi buen amigo don José Sánchez Saravia, y, según me ha indicado, creo que se los ha de remitir a Vd., por si juzga oportuno usar de ellos. (Me parece que el Sr. Saravia me ofreció una copia de ese manuscrito; pero no ha llegado a mi poder.)”

Se pierde de vista en Lugo. No sabemos si los llevó consigo a su marcha a Granada, o se quedó en manos del clero lucense. Queda claro que tanto Vergara como Lugo fueron lugares importantes para la trayectoria de Marselau:

“– Mi venida a Lugo ha sido una cosa providencial, como fue mi ida a Vergara y como lo ha sido todo desde el día del Sagrado Corazón de Jesús del 74. Mi posición en el Seminario y mi elevación al sacerdocio, son superiores en muchísimo a la protección que yo esperaba; pero le aseguro que nada solicité, y que nunca pensé llegar a tal puesto. La atmósfera que respirara desde mi conversión en todas partes, junta con la amabilidad y cariño de que he sido y soy objeto, si no me hicieron olvidar mis crímenes pasados, me hicieron esperar que Dios me perdonaba y que los hombres también tenían caridad de un miserable, y esto fue lo que me hizo aceptar esta posición y dejarme elevar hasta el altar. No dejará de comprender que muchas veces habré tenido que beber las lágrimas de la expiación juntamente con el cáliz de salud; pero todo era llevadero.

– La aparición de su libro de Vd., se lo confieso, ha quitado violentamente aquella tela que iba cicatrizando la honda herida que hay en mi alma; y aunque estos primeros días han sido terribles de pena, hoy le puedo asegurar que bendigo a Dios por su misericordia, aun en esto. Nadie sabe de lo que es capaz el corazón humano, y puede ser que hubiera llegado a olvidarme de que soy aquel Marselau que tantas lágrimas hizo derramar a la Iglesia de Dios: Bonum est mihi quia humilaisti me, ut discam justificationes tuas.

– Algunas cosas he notado en su obra que no hice; pero también omite mucho, muchísimo que hice y que Dios sabe. El Señor tenga misericordia de mi.

– No le molesto más; por estas ideas, seguramente confusas y sin dilación, puede ser que Vd. se mueva a compasión de mi, y pida al Señor me haga perseverar cada día más humilde hasta el fin, porque, por muy humilde que sea, nunca lo llegaré a ser según exige mi miseria.

– Si ve Vd. al reverendo Padre Rabanal, de la Compañía de Jesús, que creo está en esa, desearía se molestara Vd. dándole mis recuerdos, lo mismo que al señor cura del Salvador, Sr. D. Ricardo Urtarandi.

– Tengo el honor de repetirme de Vd. con toda consideración, su humilde y s. s. q. b. s. m., Nicolás Alonso Marselau.’”

Aquí termina la carta y prosigue Gago, mencionando su vuelta a Granada y problemas de salud, en la garganta. La idea de ir a Sevilla a combatir las ideas que anteriormente sembró estuvo presente:

“El converso mantuvo hasta su posterior aliento la piedad y la humildad profunda que revelan todas las líneas de su precedente carta. Algún tiempo después, no recuerdo bien si fue en 1880, se vino a Granada su patria, y se dio a conocer en el ministerio de la predicación, del que fue Apóstol infatigable, a pesar de la horrible llaga que martirizaba su garganta. Entonces me escribió, consultándome si me parecía prudente que viniese a Sevilla, con objeto de dar manifestaciones públicas a los escandalizados fieles de este pueblo, desde el púlpito de la catedral, y de las iglesias que pareciera más conveniente.

El espectáculo hubiera sido por cierto muy edificante; pero yo le aconsejé que lo dejase para mejor ocasión: precisamente en aquellos días estaban llegando a Sevilla, de vuelta de su destierro a las Marianas, muchos infelices a cuya perdición había contribuido, como afiliados por él mismo a la Internacional.

Marselau se consagró luego al ministerio parroquial, a que lo destinó su Prelado, viviendo siempre como un modelo de sacerdotes por su celo de la salvación de las almas, y por la austera penitencia con que aceleró sin duda su última hora.”

Poco después da cuenta de la muerte de Marselau en Alomartes (Granada), que hemos confirmado en el Registro Civil:

“El Boletín Oficial Eclesiástico del Arzobispado de Granada, correspondiente al 14 de Octubre del año pasado de 1882, dio cuenta de su santa muerte con estas honrosísimas palabras:

‘El 10 del actual falleció en la parroquia de Alomartes el Presbítero Sr. D. Nicolás Alonso Marselau, habiendo recibido los últimos sacramentos con grande fervor, y sirviendo de edificación a cuantos lo contemplaron por su cristiana resignación en su prolongada y penosísima enfermedad.’

Él quiso pedirnos perdón públicamente, por los grandes escándalos que dio en nuestra ciudad; por mi parte, yo a mi vez se lo pido por los malos ratos que le proporcioné, sobre todo, después de su conversión y santa vida, sin culpa mía; y puesto que esta carta se publica el 10 de Octubre, primer aniversario de su edificante muerte, oremos todos por sus pecados y los nuestros ad te Patrem omnium fratium Chrisli tui.

¡Oh grandeza de la santa Iglesia católica! Marselau fue, sin duda, uno de los más funestos extraviados de nuestros días; yo pido las oraciones de los fieles en su favor, y me complazco en comunicar a los sevillanos las noticias de su envidiable muerte, por lo mismo que siempre me encontró enfrente en las horribles y vergonzosas luchas de aquellos aciagos días. ¡Ojalá Dios se digne conceder al apologista de entonces la tranquila y preciosa muerte que ha proporcionado su santa gracia al antiguo blasfemo!

Soy de Vd., señor director, atento seguro servidor y Capellán Q. B. S. M.,

FRANCISCO MATEO GAGO.20

Resulta especialmente interesante la mención de ese “Apuntes históricos sobre el protestantismo en España y sobre la Internacional”. Sería quizás la obra cumbre de Marselau junto a su Evangelio del Obrero, y una fuente muy interesante para los historiadores, en cuanto memorias de un internacionalista, que en España complementaría la que existe de Anselmo Lorenzo. Consultamos a las parroquias de Alomartes, Íllora y al Archivo Diocesano de Granada, Guadix y Lugo, para preguntar sobre su localización y conocimiento, sin resultados positivos. Es probable que se haya perdido o haya pasado a manos privadas. En Lugo también se preguntó por su matrícula en el seminario de dicha ciudad, donde parece que terminó dichos estudios Marselau. Nuevamente, el resultado no fue positivo.

Fallece en Alomartes (Granada), a las dos de la madrugada del 10 de Octubre de 1882, en su domicilio, en calle Callejuelas, a causa de la tuberculosis. Tenía 42 años y era presbítero de la parroquia de dicho pueblo granadino. Da parte de su muerte Antonio Ruiz Villegas, y en dicho documento aparece como hijo de Lorenzo Alonso González y Carmen Marselau Ybáñez. Los segundos apellidos no coinciden con los que aparecen en el bautismo (Rebollo y uno ilegible, respectivamente; quizás el de Carmen Marselau sea “Bani” o una forma rápida de diminutivo de Ibáñez)21.

Nicolas Alonso Marselau defuncion 1

3. Bibliografía:

Monografías
Miguel Íñiguez: Enciclopedia del anarquismo ibérico, tomo I, Asociación Isaac Puente, Vitoria, 2018, p. 93.
James Guillaume: L´Internationale documents et souvenrs 1864-1878. Sociéte nouvelle de librairie et d´edition, Paris, 1905.
Anselmo Lorenzo: El Proletariado Militante, Zero, Madrid, 1974.
María Teresa Martínez de Sas (transcripción, estudio, notas…), Cartas, comunicaciones y circulares de la Comisión Federal de la Región Española, V, Junio-Septiembre de 1873, Edicions Universitat de Barcelona, 1979, Barcelona, 352 págs.
Francisco Mateos Gago: Dos cartas a los ministros protestantes de Sevilla. Imprenta y librería de D. A. Izquierdo, Sevilla, 1869.
Francisco Mateos Gago: Otras dos cartas a los hereges protestantes de Sevilla. Imprenta y librería de D. A. Izquierdo, Sevilla, 1869.
Juan José Morato: Líderes del movimiento obrero español 1868-1921, EDICUSA, 1972, Madrid.
Max Nettlau: Errico Malatesta: Vida de un anarquista. Editorial La Protesta, Buenos Aires, 1923.
Julián Vadillo: El evangelista del obrero. La triple fe de Nicolás Alonso Marselau, en Activistas, militantes y propagandistas. Biografías en los márgenes de la cultura republicana (1868-1978). Athenaica, Sevilla, 2018, pp. 101-127.
Prensa
Bandera Social.
Boletín Oficial del Principado de Cataluña.
Diario de Lugo.
El Siglo Futuro.
La Alarma.
La Época.
Archivos
Archivo Municipal de Granada.
Libro de bautismos de la Iglesia del Sagrario (Granada).
Registro Civil de Íllora.

Notas

1Miguel Íñiguez: Enciclopedia del anarquismo ibérico, tomo I, Asociación Isaac Puente, Vitoria, 2018, p. 93.
2Julián Vadillo: El evangelista del obrero. La triple fe de Nicolás Alonso Marselau, en Activistas, militantes y propagandistas. Biografías en los márgenes de la cultura republicana (1868-1978), Athenaica, Sevilla, 2018, pp. 101-127.
3María Teresa de Sas (transcripción, estudio, notas…): Cartas, comunicaciones y circulares de la Comisión Federal de la Región Española, V, Junio-Septiembre de 1873, Edicions Universitat de Barcelona, Barcelona, 1979, p. 208.
4Periódico carlista publicado entre 1873 y 1876.
5Anselmo Lorenzo: El Proletariado Militante, Zero, Madrid, 1974, pp. 171-172.
6Juan José Morato: Líderes del movimiento obrero español 1868-1921, EDICUSA, Madrid, 1972, pp. 85-88. El pasaje de Guillaume se encuentra en L´Internationale documents et souvenrs 1864-1878, Sociéte nouvelle de librairie et d´edition, Paris, 1905, tomo I, cuarta parte, capítulo seis, p. 356.
7Archivo Municipal de Granada: Órdenes relativas al Cementerio (1885).
8Tomás González Morago, en Bandera Social, 3 de Septiembre de 1886, p. 2.
9Max Nettlau: Errico Malatesta: Vida de un anarquista, La Protesta, Buenos Aires, 1923, p. 63.
10La Alarma, nº 3, 5 de Diciembre de 1889, pp. 3-4. Se sigue en los siguientes números: 4 (12 de Diciembre de 1889); 5 (20 de Diciembre); 6 (5 de Enero de 1890).
11María Teresa Martínez de Sas: Cartas, comunicaciones y circulares de la Comisión Federal de la Región Española, V, pp. 314-315.
12La Época, nº 7.984, 26 de Agosto de 1874, p. 1.
13Boletín oficial del Principado de Cataluña, nº 9 16 de Enero de 1875, p. 2.
14Francisco Mateos Gago: Dos cartas a los ministros protestantes de Sevilla, Imprenta y librería de D. A. Izquierdo, Sevilla, 1869, p. 7; Francisco Mateos Gago: Otras dos cartas a los hereges protestantes de Sevilla. Imprenta y librería de D. A. Izquierdo, Sevilla, 1869, pp. 24-25.
15Libro de bautismos de la Iglesia del Sagrario (Granada), p. 408.
16Diario de Lugo, nº 84, 13 de Enero de 1877, p. 3.
17Diario de Lugo, nº 147, 29 de Marzo de 1877, p. 3.
18El Siglo Futuro, nº 320, 22 de Enero de 1877, p. 2.
19Diario de Lugo, nº 556, 11 de Agosto de 1878, p. 3.
20Francisco Mateos Gago: Carta del Sr. D. Francisco Mateos Gago, en El Siglo Futuro, nº 2.569, 12 de Octubre de 1883, pp. 1-2.
21Registro Civil de Íllora (Granada): Tomo 16, Folio 273 de la sección tercera.

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