Segunda Guerra Mundial

FRANCIA, VERANO DE 1944: ¿UNA DEPURACIÓN SALVAJE?

Épuration sauvage” el término se impuso con inusitada rapidez en Francia después de finalizada la Segunda Guerra Mundial para designar aquello que los historiadores denominan técnicamente como “depuración extrajudicial.” Seguramente, la imagen icónica de este periodo sea la de una mujer colaboracionista con la cabeza rasurada expuesta al vilipendio público por unos partisanos. Otra imagen podría ser la de simpatizantes de los ocupantes colgados de las farolas. En cualquier caso, se  trataría de una depuración sanguinaria, salvaje y expeditiva en la que los ajustes de cuentas personales habrían jugado un papel importante.

Este relato, sin embargo, ha sido cuestionado por la historiografía reciente que no niega que se hubiesen producido, efectivamente, arbitrariedades como las anteriormente mencionadas, pero que rechaza que tuviesen un carácter generalizado.

Para el historiador Olivier Wieviorkov, la depuración era algo necesario

La depuración per se es necesaria; en primer lugar, porque existe un imperativo de justicia. Es absolutamente intolerable, absolutamente insostenible, imaginar que el policía que te ha torturado, que el magistrado que ha enviado a tu marido o a tu padre a la muerte puedan pasearse tranquilamente por las calles de la ciudad como si nada hubiese pasado.[1]

 Otro especialista, Henri Rousso, por su parte amplía el campo de las víctimas de represalias más allá de los cuerpos armados.

En el momento de la Liberación empiezan a producirse en Francia, especialmente por parte de los maquis, ejecuciones sumarias de milicianos, gendarmes , policías, por tanto, de gente que lucha de cierta manera  contra los resistentes, pero también se ejecuta, aquí y allí a comerciantes, tenderos y gente que no quiere colaborar con la Resistencia […] Las ejecuciones sumarias tienen lugar antes de que en Francia se haya instalado un gobierno provisional que establezca jurisdicciones legítimas.[2]

 Por lo que hace referencia a los límites temporales de la depuración, hay que decir que estos son imprecisos y varían según los autores. Los hay que se remontan al verano de 1940 cuando se escuchan las primeras voces al respecto. En cuanto al final, para algunos coincidiría con los últimos juicios delante de los tribunales  de justicia en 1949; para otros, habría que esperar a la ejecución del último colaborador en 1951, a la Ley de amnistía de 1953 e incluso a la liberación de los últimos condenados durante los años ochenta.[3]

La Ley 53-681 del 6 de agosto de 1953 sobre la amnistía, a la que antes nos referíamos, establecía en su artículo 1:

La República francesa rinde homenaje a la Resistencia cuyo combate fuera y dentro de las fronteras ha salvado la nación. Es dentro de la fidelidad al espíritu de la Resistencia que entiende hoy que sea dispensada la clemencia.

La amnistía no es una rehabilitación ni una revancha igual que no es una crítica contra los que, en nombre de la nación, tuvieron la pesada tarea de juzgar y de castigar.[4]

 Habían pasado nueve años desde el momento culminante de la depuración en el verano de 1944.

Ese mismo año, especialmente a partir del desembarco aliado en Normandía, se había producido un incremento exponencial de la represión por parte del ocupante nazi. El mando militar alemán

(Militärbefehshaber in Frankreich o MBF) estimó en 7900 el número de “francotiradores” matados


                                            

Etapas de la liberación de Francia. Fuente: HG Van Gogh

 

por sus tropas. El historiador alemán Peter Lieb, por su parte, da la cifra de 15000 víctimas de la lucha contra los maquis.

Nos encontramos, pues, en un contexto en el cual la alegría por la liberación se mezclaba con la cólera por lo que habían hecho los alemanes. La particularidad de la depuración del verano de 1944, según François Rouquet y Fabrice Virgili, es que fue, en realidad, un sucedáneo de guerra civil. Además, para estos autores, en el término Libération, tanto la mayúscula como el singular enmascaran la diversidad del acontecimiento. Esto es así porque la liberación no abarca solo un año (del 6 de junio de 1944 al 8 de mayo de 1945), en circunstancias muy diferentes de una región a otra y es, igualmente, la obra de actores diversos. Así, en dos tercios del país, o sea, al este del Ródano y al norte del Loira, la llegada de las tropas aliadas desembarcadas en Normandía y, después, en Provenza (el 15 de agosto de 1944) es el factor determinante. Esta última operación lleva al alto mando de la Wehrmacht (Oberkommando der Wehrmacht o OKW) a dar el 17 de agosto la orden de retirada. Algo más de una cuarta parte del SO de Francia y el Macizo Central son liberados, de hecho, sin que ningún soldado aliado ponga los pies en la zona. A esta geografía general de la batalla de Francia se superpone la de las acciones llevadas a cabo por la Resistencia. Estas son el resultado,  a la vez, del llamamamiento a la insurrección nacional cuyo significado difiere para De Gaulle, que la quiere subordinada a los imperativos militares o para el Partido Comunista, que la contempla como portadora de una dimensión revolucionaria, amén de las situaciones locales, de las tradiciones contestatarias arraigadas en ciertas regiones y de la relación de fuerza en el verano de 1944. Para Philippe Buton, investigador en la Universidad París-X, el modelo de insurrección solo fue valido para unas pocas ciudades: París, Marsella, Lille, Limoges y Thiers.

El segundo supuesto sería la liberación como resultado conjunto de las actividades de acoso de las Forces Françaises de l’Intérieur (FFI) y de la orden de retirada alemana, siendo, en este caso, limitada, la participación popular. Finalmente, en un tercer escenario, otras ciudades fueron liberadas, de facto, por la partida sin combate de los nazis o después de una operación militar aliada sin que la resistencia local, poca numerosa, pobremente armada o indecisa, no hubiese participado en los enfrentamientos de manera decisiva.[5]

¿Quiénes eran las personas depuradas? La Resistencia había localizado a colaboradores y previsto su arresto, por lo que, a pesar de posibles errores, los datos acumulados permitían conocer cuáles eran los individuos que había que detener lo antes posible. Si resulta sencillo encontrar a los colaboracionistas “notorios,” en otros casos, como sería el de los denunciantes particularmente peligrosos, la cosa se complica. Para esos, la presencia de resistentes en el seno de Correos, de la policía o de la gendarmería era indispensable. Así, en la localidad de Saint-Flour, en la región Ródano-Alpes, una carta de denuncia de una red dirigida a la Kommandantur fue interceptada antes de que llegase a su destinatario. La autora poseía una lista de 40 nombres a disposición de los servicios alemanes que la Resistencia recuperó haciéndose pasar por el ocupante. Al llegar la liberación, esta mujer, de 69 años de edad es arrestada, rasurada y, posteriormente, internada hasta su comparecencia ante un tribunal militar que la condena a muerte siendo fusilada el 20 de septiembre de 1944.[6]

En Liancourt, en la región parisina, el alcalde, al día siguiente de la entrada de las tropas americanas, hace publicar a toque de campana, el siguiente bando: “La escoria alemana ha desaparecido. El alcalde invita a los habitantes a desinfectar los locales que hayan podido ocupar.”

En otras lugares, las FFI enfatizan la necesidad de que se recojan testimonios. En el Dauphiné, al este de Lyon, el periódico Les Allobroges (Los Alóbroges) publica las fotos de los soplones de la Gestapo para que estos sean encontrados y castigados. En muchos casos, sin embargo, no da resultado. La iniciativa y la dinámica colectivas conducen algunos a ir a buscar directamente a los collabos. Es, precisamente, en el transcurso de este proceso de designación del “traidor” que se entremezclan motivaciones personales inconfesables o convicciones subjetivas.

La prensa jugó también un papel relevante en el proceso de búsqueda de “traidores”. Apoderarse de los diversos diarios locales será una prioridad de los diferentes grupos de la Resistencia y, de hecho, los periódicos se convertirán en el principal medio de depuración informando a la población de los arrestos, haciendo aparecer la lista de los sospechosos  y, después, de los internados. Los juicios se anuncian en ellos y las informaciones sobre los mismos permiten seguir su desarrollo hasta la condena y la ejecución, si esta tiene lugar.

La prensa fue inmediatamente depurada en la práctica y se convirtió en objeto de procedimientos judiciales que tenían como objetivo los propietarios de diarios, las empresas de prensa, los periodistas y el resto del personal. Desde el otoño de 1944 son perseguidos en los tribunales de justicia reporteros y no solamente los forofos de la Europa nazi sino también aquellos que difundían los llamamientos a la muerte contra judíos o resistentes. Georges Suárez, director del rotativo Aujourd’hui, antiguo activista antisemita financiado por la embajada alemana, es juzgado por traición el 23 de octubre de 1944 durante la primera sesión del tribunal de justicia del Sena. Por sus editoriales felicitándose de la ejecución de rehenes o denunciando a judíos y resistentes,  amén de su resuelto compromiso como “ultra” de la colaboración es condenado a muerte y fusilado el 9 de noviembre del mismo año sin que ello provocase ningún tipo de polémica.

Menos conocido, pero juzgado poco después en Marsella, es el caso de Albert Lejeune,  propietario del diario L’Auto, pero también de varias portadas en el sureste del país como Le Petit Marsellais. Este individuo se había aprovechado de la arianización de las sociedades judías para enriquecerse y ampliar su grupo de prensa. Condenado a muerte por el tribunal de justicia de Bouches-du-Rhône (el departamento de Marsella), fue fusilado el 3 de enero de 1945.

Todos estos procesos van acompañados de una  profunda renovación de los periódicos. Para obtener la tarjeta de prensa-indispensable a partir de ese momento- hay que justificar la actividad ejercida durante los años de la ocupación. Se abren 6000 expedientes y, finalmente, 700 profesionales son sancionados. Las víctimas de la depuración fueron hombres y mujeres, pero la que padecieron ellas presentaba unas características peculiares que la diferenciaba de la de los varones, entre las cuales, en primer lugar, el rasurado del cabello.

Mujeres rasuradas en Montauban (Occitania). Fuente: La dépêche.


                                          ¿Por qué se aplicaba semejante castigo a las mujeres? Como es bien sabido, no solo se dio en Francia, sino que también se produjo en otros países y en diferentes guerras. Una de ellas fue la contienda civil española durante la cual las tropas de los sublevados aplicaron esta tortura en numerosas ocasiones. Según explican Belén Solé y Beatriz Díaz en su libro Era más la miseria que el miedo. Mujeres y franquismo en el Gran Bilbao: Represión y resistencia (Bilbao: Asociación Elkasko de Investigaciones Históricas, 2014) el rapado de pelo tenía un fuerte componente simbólico ya que, en el contexto de los valores de la época, se ponía en tela de juicio la condición femenina de las víctimas. Y añaden: “Estos castigos públicos iban acompañados, a veces, de palizas y, en ocasiones, las mujeres eran expuestas semidesnudas, lo cual agravaba el daño psicológico hacia las personas y las familias a las que se dirigían.[7]

El modus operandi se repitió en Francia, al menos en parte. Un episodio particularmente dramático fue el de las llamadas “rapadas de Burdeos” que tuvo lugar el 29 de agosto de 1944. Ese día, una madre y su hija fueron paseadas desnudas por las calles de la ciudad antes de ser ametralladas y lanzadas al río Garona. No se sabe casi nada de estas mujeres aunque, según apunta el historiador Jacky Tronel, es posible que la foto que reproduce ese infausto acto de venganza se publicase en el diario Sud-Ouest. A nadie puede sorprender que, ante, la barbarie reflejada por la imagen, Tronel califique la depuración del verano de 1944 como “salvaje.” No se trató, sin embargo, de un caso aislado, ya que, días antes, el 16 de agosto, Robert Capa, había tomado la instantánea más representativa, quizás, de la “limpieza” de collabos en el verano de 1944, la de la conocida como “Tondue de Chartres” (Rapada de Chartres). Dos historiadores de la ciudad, Gérard Leray y Philippe Frétigné, escribieron incluso un libro sobre este triste suceso titulado La Tondue (1944-1946) (París: Éditions Vendemiaire, 2011).[8] Gracias a su investigación se sabe que la chica rasurada había trabajado como intérprete para el ejército nazi desde 1941 y que había establecido una relación con un soldado, del que sólo conocemos el nombre de pila: Erich. Cuando él, destinado a Rusia, resultó herido en combate, Simone se trasladó a Munich para acompañarlo en la convalescencia. Fue en la ciudad bávara donde se quedó embarazada. Decidió regresar a Francia en 1943. Tanto la joven como sus padres, según las acusaciones verbales de algunos vecinos, simpatizaban con el Partido Popular Francés de Jacques Doriot.

 

 

Las rapadas de Burdeos. Fuente: Histoire pénitentiaire et Justice militaire

 

 

Las humillaciones que podían sufrir las mujeres acusadas de alternar con los ocupantes y/o de estar a su servicio, eran numerosas. En efecto, estas iban  desde colgarles un cartel en el que estaba escrito que eran unas zorras vendidas al enemigo hasta pintarles cruces gamadas en la cabeza o en otras partes de su cuerpo, entre otras. Por supuesto, como hemos dicho, no faltaba el paseo por las calles para exponerlas a público escarnio y, en algunos casos, como se aprecia en la imagen superior, junto a una mayoría masculina también participaban otras mujeres.

En total, unas 20 000 mujeres fueron rasuradas, según estiman Rouquet y Virgili y, aunque la práctica se extendió hasta principios de 1946, la mayor parte de estos hechos se produjeron en el verano de 1944 tanto en las grandes ciudades como en las pequeñas localidades.

La acusación que prevalecía era la de haber mantenido relaciones sexuales con los boches, término despectivo para referirse a los alemanes. Sin embargo, un análisis riguroso de los motivos demuestra que, si bien era el caso de la mitad de ellas, las demás fueron castigadas por actos de colaboración idénticos a los de los hombres: denuncia, participación en una organización colaboracionista, trabajar para los nazis o en Alemania, etc.

Para Rouquet y Virgili, el rasurado no se limitaba al castigo de una colaboración sexual sino que, por el  hecho de ser mujeres, ellas merecían un “plus” de corrección suplementario. Rapadas y fusiladas, rasuradas e internadas y, después, condenadas a la indignidad nacional.¿Por qué este castigo específico?

La cabellera, atributo de la seducción, marcador cultural de la diferencia entre los sexos en no pocas sociedades y en diferentes épocas, que las religiones monoteístas han obligado a  las mujeres a esconder durante mucho tiempo. La cabellera, percibida como símbolo de la traición en 1944, debía, por lo tanto, desaparecer.

Para varios historiadores, el cuerpo, convertido en metáfora del territorio nacional, habái sido, en consecuencia, simbólicamente manchado por el enemigo y tenía que ser purificado. En el contexto de una sociedad patriarcal, recuperar la posesión del cuerpo de esas traidoras invita a los hombres de Francia a restablecer una virilidad perdida en las sucesivas humillaciones de la derrota y de la ocupación. Así lo manifiestan Rouquet y Virgili en su libro:

Estas manifestaciones les exoneran [a los varones] de no haber podido impedir que las francesas frecuentasen a  alemanes. Junio de 1940 no era solamente una derrota de Francia, sino también una derrota del hombre francés, de la identidad masculina de ciudadano-soldado, formada en la prolongación de la Revolución francesa a lo largo de todo el siglo XIX; este hombre, cuyo libre consentimiento en el sacrificio por la patria convertía en un ciudadano poseedor de derechos políticos, pero, a la vez, un hombre “bueno para las chicas” como lo estipulaba una costumbre impregnada de machismo ordinario cuando él era declarado apto, es decir, “bueno para el servicio,”en la caja de reclutas. Este modelo, ya puesto en entredicho por la hecatombe de 1914-1918, se hunde en 1940, cuando los varones se manifiestan incapaces de impedir como invita la Marsellaise a que “estos feroces soldados vengan hasta nuestros brazos a degollara nuestros hijos y compañeras.[9]

En el segundo apartado se puede leer: “Libertad condicional con sanción Corte del pelo por
relación íntima con el enemigo.” Fuente: Archives départamentales 63. Puy-de-Dôme.

 

¿Quiénes aplicaban las penas en las primeras semanas de la liberación? En ausencia de un poder legalmente constituido se improvisa. Se escoge un lugar ad hoc, una autoridad (“au nom de la France”), algunos brazaletes, etc. La emanación de la Resistencia es el Comité local de libération (CLN), el correspondiente local del Comité départamental de libération (CDL) y del Comité national de la Résistance (CNR). Los CLL son los encargados de sustituir a los alcaldes nombrados por Vichy y de tomar las medidas necesarias en este periodo de incertitud, de vacancia del poder central y de fáctica autonomía. El abastecimiento,  la retirada de escombros,  elalistamiento de voluntarios,  el enlace con los aliados, el arresto e internamiento de los sospechosos forman parte, lógicamente, de sus atribuciones. Sin embargo, la situación no es homogénea en todo el territorio. En el Languedoc, por ejemplo, son las nuevas autoridades las que deciden aplicar el rasurado a las mujeres internadas por tener relaciones íntimas con los ocupantes. Incluso después de la constitución del Gouvernement provisoire de la République française (GPRF) el 3 de junio de 1944, la política de depuración se aplica sobre el terreno, dependiendo de las circunstancias de cada zona. Contribuye a ello el que los mensajes que llegan desde esta nueva instancia sean

contradictorios. Por una parte, se apela a la prudencia (“no hay que suplantar a la Justicia”); por otra, se incita  a la acción inmediata (“no esperar antes de castigar a los traidores”).

Por ordenanza del 26 de junio de 1944, el GPRF precisaba que las jurisdicciones militares eran competentes hasta la constitución de los tribunales de justicia en cada departamento.

Formados con urgencia por instrucción de los comisarios de la República, estas instancias judiciales son una respuesta rápida a la depuración “extralegal.” Cerca de un millar de personas fueron ejecutadas por las mismas.[10]

¿Cuál es el balance de la depuración? Según afirman diversos autores[11] en La France pendant la Seconde Guerre mondiale: atlas historique (París: Fayard/ Ministerio de Defensa, 2010, p.257) sería el siguiente (hasta la promulgación de la ley de amnistía de 1951):

 

Ejecuciones sumarias: Alrededor de 9000.

Penas de muerte pronunciadas: No ejecutadas: 6335/ Ejecutadas: 767

(Tribunales de justicia)

Trabajos forzados: 13 339

(Tribunales de justicia)

Penas de prisión: 24 927

(Tribunales de justicia)

Degradaciones nacionales: 50 223

(Tribunales de justicia o cámaras cívicas)

Liberaciones: 26 177

(Tribunales de justicia o cámaras cívicas)

A las penas tradicionales se añadió la degradación nacional para el nuevo “crimen” de indignidad nacional, que permitía juzgar a los sospechosos de colaboración o de traición (miembros del gobierno de Vichy, directores de los servicios de propaganda o del “Comisariado General para las Cuestiones Judías,” adheridos a los organismos de colaboración). La degradación  es una muerte cívil temporal o perpetua dadas las múltiples incapacidades que ocasiona (privación de derechos cívicos y políticos, destitución de la función pública, pérdida de los grados en el ejército, etc).

Como ya se ha apuntado, la situación distaba de ser uniforme en todo el territorio. Los departamentos del norte, del este y del suroeste eran los más afectados, aunque donde se pronunciaban más penas capitales fue en  Charente, en el Macizo Central, en el valle del Ródano y en la región Midi-Pyrenées.[12]

Para Roquet et Virgili hay que distinguir la leyenda negra de los resultados de las investigaciones. Hay tres de estas que intentan evaluar el número de víctimas. Dos proceden de las fuentes de las prefecturas y son diligenciadas por el gobierno en 1948 y, después, en 1952. Ambas concuerdan en estimar en 10 000 las víctimas de la depuración extrajudicial. La tercera investigación se hizo en un tiempo record-un mes y medio- por la dirección de la gendarmería nacional y ponía el foco en las ejecuciones sumarias amén de no distinguir entre los colaboracionistas matados por los resistentes de los resistentes o víctimas civiles  e incluso alemanes. El historiador Peter Novick, en su libro publicado en inglés en 1968- y traducido al francés diecisiete años más tarde- The Resistance versus Vichy. The purge of Collaborators in Liberated France (Nueva York: Columbia University Press, 1968), dudaba de la posibilidad de establecer con “certeza” el número de ejecuciones sumarias y subrayaba dos grandes problemas metodológicos: la imposible precisión de un recuento sin identificación de los cuerpos y la incierta distinción entre los colaboradores eliminados en el curso de enfrentamientos con la Resistencia de aquellos ejecutados justo después de la liberación.

Llegados a este punto, ¿Se puede hablar de una depuración “salvaje”? Esta expresión se impuso especialmente después de la publicación de la obra de Philippe Boudrel, cuyo  título es, precisamente, L’épuration sauvage (París: Perrin, 1988) ¿Se corresponde con la realidad de los hechos? Para la nueva historiografía, no. Rouquet y Virgili rechazan que en esos meses se produjera un baño de sangre en Francia. Dichos historiadores dicen que las cifras son claras al respecto, sobre todo si se comparan a las de la represión nazi en 1944, mucho más todavía, si se contempla todo el periodo de la ocupación. Solamente de enero a junio del año de la liberación,  13 700 FFI fueron eliminados en combate, o bien ejecutados. Se tomaron 834 rehenes y 2400 condenados a muerte acabarán fusilados por los alemanes. Asimismo, entre 7000 y 12000 personas murieron como consecuencia de masacres o de ejecuciones sumarias. A todo ello hay que añadir que un 40% de los deportados que terminaron en los campos de concentración y en las prisiones del III Reich perecieron, esto es, 36 000 víctimas. Finalmente, más de 70 000 judíos fueron exterminados en los  campos de la muerte, casi todos ellos en Auschwitz-Birkenau o murieron de hambre o como resultados de malos tratos en Francia. Sumando únicamente las víctimas de la represión y de la represión del ocupante y de Vichy se obtiene una cifra que oscila entre 135 000 y 140 000 muertos.

¿Por qué, entonces, ha persistido durante tanto tiempo la imagen de la depuración como  una venganza salvaje y sanguinaria?  Rouquet y Virgili lo explican en estos términos:

La banalización de la expresión “depuración salvaje”invita a contemplar las arbitrariedades como producto de los bárbaros o de los salvajes del interior […]. Esconde una intención. Efectivamente, la descripción de las sevicias en contra de los collabos como esta “salvajada de la depuración,“ de la que se convierten así en víctimas inocentes, establece una relación de equivalencia con los deportados, los resistentes y todas las víctimas de la barbarie nazi  y su

ristra de atrocidades entre las cuales, en Francia, la práctica habitual de la tortura. Esta estrategia de recomposición del relato de lo que no constituyó, al fin y al cabo, más que un corto momento de la depuración fue adoptada después de la guerra por la mayoría de los nostágicos de Vichy, por parte de aquellos que fueron castigados y, por la mayoría de los escritores de derecha que mojqn entonces su pluma en la sangre, para, según fórmula empleada a menudo, “restablecer la verdad sobre la depuración[13]

 

 

                                                                                 BIBLIOGRAFÍA

 

 

AA.VV La France pendant la Seconde Guerre mondiale: atlas historique. París: Fayard/ Ministerio de Defensa, 2010.

Rouquet, François; Virgili, Fabrice Les Françaises, les Français et l’Épuration. Paris: Éditions Gallimard, 2018.

Solé, Belén; Díaz, Beatriz Era más la miseria que el miedo. Mujeres y franquismo en el Gran Bilbao: Represión y resistencia (Bilbao: Asociación Elkasko de Investigaciones Históricas, 2014)

Tronel, Jacky  “Qui étaient les tondues de Bordeaux du 29 août 1944? “ ( ¿Quiénes eran las rapadas de Burdeos del 29 de agosto de 1944?). En: Histoire pénitentiaire et Justice militaire. Disponible en:

http://prisons-cherche-midi-mauzac.com/recherches/11627-11627

 

 

 

                                                                   WEBGRAFÍA

 

Journal officiel de la République française. Lois et décrets (version papier numérisée) nº 0184 du 07/08/1953. En: https://www.legifrance.gouv.fr/download/securePrint?token=OGCoLZe0Y5jigH3e!0Qg

Wieviorka, Olivier L’épuration en France après la Seconde Guerre Mondiale. En: Public Sénat. Min En:   (Minuto 0:10 a 0:25).

 

 

                                                                        NOTAS

 

1 Olivier Wieviorka L’épurationen France après la Seconde Guerre Mondiale. En: Public Sénat. M. En: https://www.youtube.com/watch?v=K2QDV9BHE9E&ab_channel=yunohina1431 (Minuto 0:10 a 0:25):

Ibidem. Minuto 0:33 a 0:56.

3 François Rouquet; Fabrice Virgili“L’Épuration, plus d’un demi-siècle d’histoire”.En: Les Françaises, les Français et l’Épuration. Paris: Éditions Gallimard, 2018, p.34.

4  Journal officiel de la République française. Lois et décrets (version papier numérisée) nº 0184 du 07/08/1953. https://www.legifrance.gouv.fr/download/securePrint?token=OGCoLZe0Y5jigH3e!0Qg

5 François Rouquet; Fabrice Virgili  “L’Épuration, plus d’un demi-siècle d’histoire.” En: Les Françaises, les Français et l’Épuration. Paris: Éditions Gallimard, 2018, p. 104.

6 Ibidem, p.106.

7 Belén Solé; Beatriz Díaz Era más la miseria que el miedo. Mujeres y franquismo en el Gran Bilbao: Represión y resistencia (Bilbao: Asociación Elkasko de Investigaciones Históricas, 2014)

8 Jacky Tronel “Qui étaient les tondues de Bordeaux du 29 août 1944? “ (¿Quiénes eran las rapadas de Burdeos del 29 de agosto de 1944?). En: Histoire pénitentiaire et Justice militaire. Disponible en:

http://prisons-cherche-midi-mauzac.com/recherches/11627-11627

9 François Rouquet; Fabrice Virgili “La revanche patriotique.” En: Les Françaises, les Français et l’Épuration. Paris: Éditions Gallimard, 2018, p. 118.

10 Ibidem, p.125.

11 Jean-Luc Leleu, Françoise Passera, Jean Quellien (dir), Michel Deaffer (cartografía).

12 AA.VV La France pendant la Seconde Guerre mondiale: atlas historique. París: Fayard/ Ministerio de Defensa, 2010, p.257.

13 François Rouquet; Fabrice Virgili  “La revanche patriotique.” En: Les Françaises, les Français et l’Épuration. Paris: Éditions Gallimard, 2018, p. 142.

[1] Olivier Wieviorka L’épurationen France après la Seconde Guerre Mondiale. En: Public Sénat. Minuto 0:10 a 0:25. En:

https://www.youtube.com/watch?v=K2QDV9BHE9E&ab_channel=yunohina1431

[2] Ibidem.Minuto 0:33 a 0:56.

[3] François Rouquet; Fabrice Virgili  “L’Épuration, plus d’un demi-siècle d’histoire.” En: Les Françaises, les Français et l’Épuration. Paris: Éditions Gallimard, 2018, p. 34.

[4] Journal officiel de la République française. Lois et décrets (version papier numérisée) nº 0184 du 07/08/1953. En:

https://www.legifrance.gouv.fr/download/securePrint?token=OGCoLZe0Y5jigH3e!0Qg

[5] François Rouquet; Fabrice Virgili  “L’Épuration, plus d’un demi-siècle d’histoire.” En: Les Françaises, les Français et l’Épuration. Paris: Éditions Gallimard, 2018, p. 104.

[6] Ibidem, p.106.

[7] Belén Solé; Beatriz Díaz Era más la miseria que el miedo. Mujeres y franquismo en el Gran Bilbao: Represión y resistencia (Bilbao: Asociación Elkasko de Investigaciones Históricas, 2014)

[8] Jacky Tronel  “Qui étaient les tondues de Bordeaux du 29 août 1944? “ ( ¿Quiénes eran las rapadas de Burdeos del 29 de agosto de 1944?). En: Histoire pénitentiaire et Justice militaire. Disponible en:

http://prisons-cherche-midi-mauzac.com/recherches/11627-11627

[9] François Rouquet; Fabrice Virgili  “La revanche patriotique.” En: Les Françaises, les Français et l’Épuration. Paris: Éditions Gallimard, 2018, p. 118.

[10]Ibidem, p.125.

[11]Jean-Luc Leleu, Françoise Passera, Jean Quellien (dir), Michel Deaffer (cartografía).

[12] AA.VV  La France pendant la Seconde Guerre mondiale: atlas historique. París: Fayard/ Ministerio de Defensa, 2010,

p.257.

[13] François Rouquet; Fabrice Virgili  “La revanche patriotique.” En: Les Françaises, les Français et l’Épuration. Paris: Éditions Gallimard, 2018, p. 142.

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