Lucha de clases Republicanismo

Hacia la articulación de un sindicato patronal único: la Federación Patronal de Igualada

Presentación: Tiempos de Sindicatos Únicos

En la primera parte de este trabajo se ha visto como en 1918 los obreros igualadinos se articularon en el Sindicato Único de la CNT. En esta segunda parte se va a analizar como, un año después, lo hicieron los patronos cuando se enrolaron al entorno de la Federación Patronal de Igualada. Siguiendo las pautas organizativas utilizadas por sus trabajadores, en realidad, puede decirse que entraron en una relación dialéctica. Ambas partes en lucha se estimularon y se impusieron recíprocamente las mismas estructuras asociativas y, tanto los anarcosindicalistas como la patronal, defendieron que la acción directa –negociar ambas partes sin la intromisión estatal- era la fórmula ideal parata tratar los problemas de índole laboral.

Una reflexión en torno al asociacionismo empresarial

La articulación de la patronal igualadina en asociaciones que actuaban como sociedades de resistencia frente a las organizaciones obreras empezó a producirse a finales del siglo XIX, al compás que se organizaban los obreros, para alcanzar las cotas más elevadas después de la Primera Guerra Mundial y culminar con la definitiva estructuración de la Federación Patronal de Igualada, que en 1919 se constituyó como un Sindicato Patronal Único. Este asociacionismo fue diferente -aunque estaría estrechamente relacionado- del genéricamente económico y corporativista de la burguesía, que ya se organizaba en otro tipo de asociaciones (el Círculo Mercantil Industrial y Agrícola, por ejemplo). Esto implica, necesariamente, que se haga un uso restrictivo del concepto de patronal y se identifique con la idea del asociacionismo patronal de resistencia y en relación directa, principalmente, con la conflictividad social.

Las asociaciones patronales habían nacido para actuar como sociedades de resistencia frente al movimiento obrero organizado, y con la pretensión de realizar una labor de solidaridad, así como de control, entre los empresarios afiliados. En su seno era factible crear cajas de resistencia, con cuya ayuda se conseguiría aguantar las huelgas y los locauts, y apoyar a los patrones en caso de crisis económica. Asimismo, desde estas sociedades se podía establecer un importante control sobre los trabajadores: por ejemplo, aprovechando los contactos que los empresarios mantenían entre sí en la sede de las asociaciones, les resultaba fácil canjear listas de los obreros más conflictivos. Las sociedades podían servir también como entidades que dirimían los conflictos creados entre los propios patronos, obligándoles a resistir en caso de una huelga y no ceder individualmente ante las peticiones de los obreros.

«Defender los intereses de la patronal del textil en las luchas entabladas entre el capital y el trabajo»

En Igualada, la Unión Fabril, que tuvo un gran protagonismo durante la huelga del textil de 1881, fue la primera agrupación de resistencia patronal de la que tenemos noticias. Sabemos que su junta directiva estaba formada por algunos de los industriales más importantes de Igualada: Ignasi Font, Pasqual Noguera, Joan Deop, Josep Ferrer y Ramon Lladó. Sabemos también que seis años después se constituyó otra asociación patronal que llevaba por nombre Industriales y Comerciantes. Los industriales curtidores se organizaron en una organización en marzo de 1906. Sus impulsores fueron Pere Riba, Mariano Munguet y Lluís Castelltort. La sociedad situó su domicilio social en la calle Antoni Franch, número 2. Unos años después, en enero de 1913, se formó la Agrupación de Maestros Fusteros y Ebanistas de Igualada.

En agosto de 1915, desde la gerencia de la sociedad Ignasi Font Germans se tomó de nuevo la iniciativa de fundar una sociedad empresarial: la Asociación de Fabricantes de Tejidos de Igualada.

«Cuando todos los espíritus estaban excitados…». Fundación de la Federación Patronal de Igualada

En la primavera de 1919, durante la huelga de la Canadiense y la huelga general que le siguió, un grupo de patrones afiliados a la Federación Patronal de Barcelona iniciaron un recorrido por diversas ciudades industriales catalanas animando al empresariado a crear federaciones patronales locales. Los patrones igualadinos, que como hemos visto ya contaban con algunas asociaciones de resistencia y debían enfrentarse con un sindicalismo anarcosindicalista muy beligerante, siguieron la consigna y asumieron el reto.

Como había ocurrido en Barcelona, ​​en Igualada, la respuesta a la huelga general de la primavera de 1919 generó una complicidad entre las clases patronales que se tradujo en un reforzamiento de su autoorganización en todos los ámbitos de la vida política y social. De forma mimética, este fortalecimiento autoorganizativo de los sectores sociales igualadinos que se sentían amenazados se consolidó en un instrumento: la Federación Patronal de Igualada, un verdadero sindicato patronal que nacía con la pretensión de articular toda la patronal igualadina.

Cabecera del «Butlletí de la Federació Patronal», órgano de expresión de la patronal igualadina. Su consulta está disponible en: Trencadís (Diputación de Barcelona)

La fundación de la Federación Patronal de Igualada en mayo de 1919 no fue un hecho casual, limitado a la capital del Anoia. Esta organización apareció al tiempo que tanto en Barcelona como en otras ciudades industriales se estaban creando asociaciones afines. Su fundación fue una acción meditada que estuvo guiada por unos objetivos amplios y ambiciosos. Una parte importante de la Federación igualadina, sobre todo durante los primeros tiempos de su vida, estuvo íntimamente imbricada con la Federación Patronal de Barcelona y en el resto de federaciones locales. Aunque los dirigentes de la Federación Patronal de Igualada declaraban haber mantenido siempre una independencia plena, sin establecer vínculos con la Federación regional, hacían constar que habían ofrecido su colaboración y apoyo incondicional a la Confederación Patronal Española (con sede en Madrid ) y en la Federación Patronal de Barcelona en todos aquellos asuntos de carácter social, y confesaban que se habían prestado mutuamente aquellos servicios que cada una de las entidades necesitaba. En Igualada, la buena acogida que tuvo la iniciativa de constituir una Federación Patronal quedó reflejada en la siguiente frase, publicada en un boletín que esta organización empezó a publicar en 1921: “Igualada fue una de las ciudades más perjudicadas por el sindicalismo rojo. Por eso la creación de la Federación Patronal fue recibida con entusiasmo”.

La existencia de estos boletines nos ha permitido reconstruir la génesis y trayectoria de esta organización. A través del escrito de un redactor de la publicación sabemos cómo, por qué y cómo se formó esta Federación. El narrador explica que se había fundado durante el mes de mayo de 1919, y que cobró vida legal unos días más tarde, justo el tres de junio «cuando todos los espíritus estaban excitados por las violentas luchas sociales de esos días». Se constituyó con 300 asociados –un número considerable teniendo en cuenta las dimensiones de la Igualada de la época–, que todo indica representaban casi todo el abanico del mundo empresarial igualadino. Sólo hay que observar la diferencia de las cuotas que cotizaban los socios (de 1 a 5 pesetas mensuales, según el tamaño de la empresa) y la variedad de sectores que se articulaban en la federación: curtición, tejidos, géneros de punto, cal, yeso y cemento, carreteros, tintoreros, fontaneros, cerrajeros, carpinteros, aserraderos y barberos (enumerados por la importancia que cada ramo tenía dentro de la Federación), para darse cuenta de la diferente tipología empresarial que se había enrolado a esta organización empresarial.

Está claro: frente a la crisis de los años de después de la primera guerra mundial, la burguesía incubaba una respuesta coherente. Más que un cuerpo ideológico estructurado la federación ofrecía una organización. Aparecía como una sociedad de resistencia, en el mismo sentido que lo eran las organizaciones obreras, y con el objetivo primordial de hacer frente a lo que consideraba que provocaba una ola revolucionaria: la CNT. Cabe notar que, en esos años, justo después de la Revolución Rusa, las intenciones del obrerismo no eran un secreto para nadie. Sus objetivos de aprovechar su fuerza para la confrontación directa con los patronos, de acabar con el orden burgués imperante lo repetían en los mítines y en las reuniones a las que, como hemos visto en la primera parte, asistía un delegado gubernamental que tomaba nota de lo que allí se decía.

Los empresarios no hacían una denuncia general de la clase obrera. Sus alegatos iban exclusivamente en contra de los anarcosindicalistas. Se había creado un discurso afirmando que los cenetistas habían sido los peores enemigos del obrero, pues en lugar de crear buenos trabajadores, dignos y honrados, con sus doctrinas habían transformado a los operarios en gente vaga; por eso, supuestamente, los trabajadores habían perdido el amor al trabajo. Existía también la voluntad de desautorizar a los dirigentes sindicalistas acusándoles de forasteros, cuando la realidad era que la mayoría de los dirigentes de las sociedades obreras adheridas a la corriente anarcosindicalista tenía los apellidos catalanes. Sin embargo, es probable que entre las bases se encontraran los trabajadores que iban llegando a Igualada atraídos por la demanda de trabajo derivada de la guerra. Los anarcosindicalistas recibían con los brazos abiertos a los inmigrantes. Como decíamos antes, aceptaban sin recelo que hablaran otra lengua y que tuvieran una cultura diferente, y tampoco se puede olvidar que en torno al movimiento anarcosindicalista rondaba una bohemia extremada, de gente sin una profesión definida, que creaba recelo entre la burguesía. Además, la documentación consultada indica que cuando había un movimiento huelguístico venía gente de otros lugares a apoyar la insurrección. Estas circunstancias que se desarrollaban en torno al anarcosindicalismo suscitaban un gran temor entre la patronal, que no criticaba al obrero catalán, sino al forastero, y unas doctrinas que supuestamente venían de fuera:

“el obrero catalán es bueno, trabajador y consciente, que por miedo les seguían a los anarcosindicalistas. La gran mayoría lo hacían a la fuerza, más no practican sus doctrinas”.

Organización y financiación de la Federación

Desde que en abril de 1919 se diera a conocer a la luz pública, la Federación Patronal de Barcelona había afirmado que sólo podrían formar parte de la organización aquellas sociedades que previamente estuvieran legalizadas. En esta línea se observa que desde mayo de 1919 hasta noviembre de 1920 se legalizaron una gran cantidad de asociaciones patronales igualadinas en el gobierno civil de Barcelona (sociedades de albañiles, de carreteras, de fontaneros, de carpinteros. ..). Estas organizaciones ingresaban después en la Federación Patronal de Igualada. La relación que establecieron estas entidades fueron cordiales, pues tenían unos intereses similares y debían presentar todas un frente común ante los numerosos conflictos que iban estallando. Pero la tarea de articular las asociaciones patronales no fue sencilla, porque según declaraban los dirigentes empresariales: “muchos industriales son refractarios en la Federación unos por el hoz egoísmo, otros por cobardía y hasta algunos por un mal entendido credo social. Más con todos estos inconvenientes y teniendo que imponer a veces su criterio, la Federación pudo reunir en su organización a todos los industriales de nuestra ciudad y entonces fue una entidad fuerte para hacer frente a los perturbadores de la paz social”.

Como decíamos, la Federación Patronal de Igualada nació como una sociedad de resistencia en unos momentos de fuerte conflictividad social. Aparecía impulsada desde la Federación barcelonesa y con la consigna de poner fin al sindicato confederal. Tomaba la forma de un instrumento mimético al que funcionaba en Barcelona, ​​y su nacimiento obedecía a un claro objetivo: ser un grano de arena más en el engranaje más general en la lucha entablada contra la CNT. Por eso, aunque muchos patrones suponían que la organización “forzosamente tenía que desaparecer en cuanto devolviera la tranquilidad en los espíritus y, confesémoslo con franqueza: nosotros [sus dirigentes] también opinábamos lo mismo”, cuando pasó la ola revolucionaria del año 1919 las federaciones patronales siguieron teniendo todo el vigor. Probablemente porque pese a la persecución que desde ahora, y de forma cíclica, cayó sobre los cenetistas, el sindicato confederal siempre resurgió de nuevo, aunque debilitado. Así, la Federación Patronal de Igualada apoyó abiertamente la actuación de Martínez Anido en su etapa de gobernador civil (noviembre de 1920 a octubre de 1922), cuando persiguió con mano de hierro a los anarcosindicalistas. Además, la Federación fue muy útil a los patrones durante los años de la crisis económica, puesto que creó unas oficinas permanentes que gestionaron todas las cuestiones referentes a las asociaciones adheridas, proporcionaron a las empresas los trabajadores considerados como no conflictivos y otorgaron ayudas económicas a los patrones afectados. La Federación continuó en vigor durante años -el último boletín que hemos podido recuperar lleva fecha del año 1925, dos años después de que Primo de Rivera diera el golpe de estado (a partir de 1926 en el mismo edificio que ocupaba el Casino del Fomento se situó en la Liga Económica, que todo parece indicar era la continuadora de la Federación). El relator que hemos rescatado del pasado justificaba la pervivencia de la Federación Patronal diciendo: “Más al ver agrupados en una sola aspiración a todos los industriales de nuestra ciudad, comprendieron que era forzoso mantener esta unión porque con ella podían realizarse todos aquellos proyectos que hacía tiempo todos deseábamos y que tan favorablemente podían influir en la vida industrial de Igualada”.

Conocemos que la Federación igualadina mantenía vínculos con la Confederación Patronal Española, con sede en Madrid. Esta macroorganización empresarial había marcado en la Federación Patronal de Igualada un radio de acción. De momento, por diferentes reuniones celebradas especialmente en Capellades, habían sumado a sus filas los pueblos de Capellades, Vallbona, Cabrera, Pobla, Torra, Carme, Montbuy y Òdena. En Capellades se había fundado también una Federación, que estaba obligada a corresponder a la organización igualadina cotizando periódicamente una cuota.

Hay una serie de puntos importantes que diferencian a estas dos organizaciones, la Federación Patronal de Barcelona y la Federación Patronal de Igualada. Los líderes patronales que estaban en la ciudad condal debían tratar con un número mucho mayor de obreros. Y durante estos años tenían planteado el problema de la violencia física ejercida desde algunos sectores radicales del anarquismo e incluso de grupos de incontrolados contra dueños, encargados y obreros adictos a los patronos. También en Igualada hubo esta clase de violencia, pero fue incomparable. Además, la Federación de Barcelona tenía una relación muy estrecha con el Fomento del Trabajo Nacional (muchos líderes de la Federación barcelonesa eran miembros importantes del Fomento), una corporación muy influyente en algunos grupos políticos de Madrid y estaban en contacto directo con los encargados de mantener el orden (gobernador civil, capitán general). No disponemos de documentación que nos permita afirmar que los empresarios igualadinos tuvieran unos vínculos tan estrechos con estas autoridades oficiales.

Por su parte, la Federación barcelonesa tenía un carácter marcadamente españolista. Este talante se observa a través de sus escritos, congresos, publicaciones. En cambio, la Federación Patronal de Igualada emitía su boletín en catalán (hasta la llegada de la dictadura de Primo de Rivera). Sólo editaba en castellano los comunicados o textos transcritos de las revistas de la Federación Patronal de Barcelona. Todo apunta a que se trataba de una diferencia de criterio ideológico de sus dirigentes, entre otras cosas porque ambas organizaciones actuaban en un medio social y cultural distinto.

El funcionamiento de la Federación Patronal de Igualada estaba garantizado por la recaudación de fondos exigidos a las asociaciones adheridas (además, las sucesivas juntas directivas de esta organización se constituyeron con los presidentes o miembros de las juntas directivas de las asociaciones patronales de ramo). La sociedad que cotizaba una mayor cantidad era la de los curtidores –que tenía los obreros más combativos- (12.000 pesetas en 1922), seguida de la del textil (7.377 pesetas). Estas dos asociaciones fueron las que tuvieron mayor importancia e influencia dentro de la Federación Patronal de Igualada. Como se ha visto, ambos sectores industriales estaban organizados desde hace unos años (el primero en 1906 y el segundo en 1915), y todo indica que fueron los promotores de esta cohesión empresarial.

A medida que pasaba el tiempo, la Federación Patronal de Igualada alcanzaba una mayor importancia. En mayo de 1922 tenía adheridas un total de dieciocho entidades patronales con un contingente de 585 asociados, siendo su estado de cuentas muy importante.

Figuras destacadas del Sindicato Patronal Único. Las funciones

Tanto en el plano económico como en el político la Federación Patronal de Igualada era una oferta que presentaba un carácter especial, de cajón de sastre. Como veremos, a nivel de miembros de las juntas directivas estableció vínculos estrechos con una entidad que, en general, reunía a pequeños comerciantes industriales y artesanos: el Centro Gremial. De hecho, hasta diciembre de 1920, en que situó su domicilio social en unas dependencias del edificio que ocupaba el Casino del Fomento, la Federación Patronal estuvo situada en la sede social del Centro Gremial (Casa Serrals). Instituyó los mismos vínculos con una sociedad de arraigo como el Círculo Mercantil, y todo indica que fue creada en su seno, que nació de la mano de los propios empresarios que dirigían el Círculo. El espacio de sociabilidad que ofrecía esta institución fue el lugar ideal para recibir a los patrones federados que llegaban de Barcelona con la consigna de constituir federaciones patronales en las zonas industrializadas de Cataluña susceptibles de ser escenarios de conflictividad social. Cabe destacar que la Federación Patronal celebraba algunas de sus asambleas generales de socios en el salón teatro del Círculo. A diferencia de un partido político, el pragmatismo doctrinal de la Federación Patronal igualadina le permitía acoger y representar distintas corrientes ideológicas. Tenía la facultad de asumir los intereses de los republicanos, pero también de los monárquicos dinásticos, regionalistas, tradicionalistas, católicos, mauristas. Cabe destacar que la mayor parte de sus dirigentes tenían cargos en el mundo de la política. Predominaban los tradicionalistas y regionalistas, pero sus dos primeros presidentes habían sido políticos republicanos.

En efecto, Joan Llansana i Bosch, primer presidente de la Federación Patronal de Igualada, era un antiguo republicano. Había nacido en 1879 en el seno de una familia modesta, carente de los recursos necesarios para poder costearle estudios. Pero con tesón y disciplina, de forma autodidacta, alcanzó una amplia cultura. Cuando era adolescente empezó a trabajar en varios oficios. Cerca del cambio de siglo, a los 17 años, se inició en el mundo de la industria textil entrando a trabajar en la empresa de la familia Font; después se colocó en la fábrica de los Boyer y cuando contaba 19 años ya ostentaba el título de mayordomo en Can Baliu. Tres años más tarde, ocupó el cargo de director en la fábrica algodonera Pasqual Noguera, una de las más importantes de la ciudad. Desde muy joven, su espíritu inquieto le llevó al mundo de la política, ya principios de siglo fue concejal municipal por el grupo republicano. Pertenecía a la rama moderada del republicanismo, alejado de las veleidades anarquizantes de algunos de sus compañeros. Este moderantismo se puso a prueba en 1907, en una sesión municipal. Entonces se enfrentó a los mismos republicanos para pedir que se volviera a votar el acuerdo, previamente aprobado, de dar una subvención a la Escola Moderna (una iniciativa obrera apoyada por sectores progresistas), y la ayuda se retiró. Formó también parte de otras propuestas ciudadanas, y en 1909 integraba la Junta del Patronato de la primera Sucursal del Consejo Directivo de la Caja de Pensiones. Mantuvo una estrecha vinculación con el Ateneu Igualadí, donde gozaba de un gran prestigio. Dentro de esta entidad impulsó diversas iniciativas y participó activamente como profesor y director de la escuela de Teoría y Práctica de Tejido, destinada a la preparación de contramaestres, que tenía sus telares, urdidores y demás maquinaria necesaria para poder conjugar la teoría y la práctica. En el momento de la fundación de la Federación Patronal de Igualada, Llansana pertenecía a la junta directiva de la sección Escolar del Ateneu Igualadí (entonces la entidad contaba con 1.571 socios). Algunos empresarios consideraron que ese carácter interclasista que desprendía su trayectoria personal le convertían en la persona idónea para dirigir los destinos de una organización patronal que ponía énfasis en manifestar que sus enemigos eran los anacosindicalistas, no la clase obrera en general, y que uno de sus objetivos era suavizar las relaciones laborales. Publicó artículos en varias publicaciones tanto locales como de fuera y escribía sobre temas diversos (pedagogía, sociología, arte, industria textil y astronomía).

En mayo de 1919, cuando contaba 40 años de edad, Llansana recibió la propuesta de formular unas bases para la creación de una Federación Patronal similar a la que ya funcionaba en Barcelona. Como hemos dicho, entonces ejercía de apoderado de la empresa Noguera. Aceptó la oferta y ofreció a las clases económicamente dominantes su carisma incontestable entre la patronal y entre los distintos sectores del mundo laboral igualadino que frecuentaba el Ateneo. Pocos meses después de ser nombrado presidente, la Federación Patronal de Igualada decretó un locaut. Entonces, Llansana y otro cargo de la organización sufrieron en sus domicilios particulares sendos atentados causados ​​por bombas. Ninguno de los dos artefactos ocasionó víctimas, pero hizo destrozos en la entrada de la vivienda del presidente de la patronal, que estaba adornada con baldosas de Valencia y de una barandilla artística. Afectado por una grave enfermedad murió joven, tres días antes de la Navidad de 1922.

Cabecera de la publicación esperantista «Stelo Kataluna», dirigida por Joan Llansana. Disponible su consulta en Trencadís (Diputación de Barcelona)

El hecho de que Llansana fuese el dirigente patronal que ostentó el mando de la patronal mientras duró el locaut que paralizó Igualada no fue obstáculo para que su entierro constituyera una de las mayores manifestaciones de luto que se había presenciado en la ciudad. Según narra uno de los boletines de la patronal: participaron una gran cantidad de igualadinos, sin distinción de clases. Por otra parte, la Federación Patronal de Igualada le mostró también su último reconocimiento haciéndole un gran homenaje: los gastos del sepelio y funerales sumaron 1.626,15 pesetas.

El segundo presidente de la Federación Patronal fue el fabricante curtidor Agustí Baliu i Ferran, quien ocupó el cargo desde junio de 1920 hasta el 1 de enero de 1921. Al igual que Joan Llansana, estaba muy vinculado a diferentes juntas directivas del Ateneu Igualadí de la Clase Obrera. Otros miembros de esta segunda junta directiva fueron Ricard Marsans, un empresario del transporte que había sido presidente del Círculo Mercantil entre los años 1901 y 1903, y Josep Bertran i Guixà, de profesión sastre.

Agustí Baliu era un empresario con inquietudes en lo económico y político. A principios de siglo había estado muy activo en el campo de la política, y en 1911 ocupó la vocalía del Círculo Republicano de Igualada. Además de esta faceta, Baliu destacó por su dedicación al mundo de la organización empresarial. Presidía la “Asociació Patronal de Blanquers”. Fue hacia diciembre de 1920 cuando, bajo la dirección de Baliu, la Federación Patronal de Igualada cambió de domicilio, dejando el local de “casa Serrals” para instalarse también en el edificio del Casino del Foment. Para celebrar el acto asistió una delegación de la Federación Patronal de Barcelona, ​​entre la que se encontraba el abogado de esa organización, Ferran Benet. Fèlix Graupera vino desde Madrid, ahora en calidad de presidente de la Confederación Patronal Española. El hecho de que la sede de la Federación Patronal igualadina estuviera ubicada en el mismo edificio que el Casino del Fomento no quería decir que hubiera una relación orgánica, ya que el Casino era independiente. Los patronos federados no tenían derecho a asistir a las diversiones particulares que se realizaban en esta entidad; sólo podían utilizar los locales en calidad de afiliados de la organización patronal.

En enero de 1921, los cargos de la junta directiva de la Federación Patronal de Igualada se renovaron de nuevo. Desde ahora, y hasta enero de 1923, la presidencia fue asumida por el fabricante algodonero Gumersind Godó i Llucià (1866-1951). Godó presidió también el Círculo Mercantil e Industrial en dos etapas (de 1910 a 1916 y de 1929 a 1930). Había sido, igualmente, uno de los impulsores de la asociación patronal del textil fundada en 1915. Cabe destacar que dentro del nuevo directorio de la Federación Patronal había figuras que representaban al gran capital igualadino. El propio Gumersind Godó era uno de los grandes contribuyentes de la ciudad, así como Josep Bertran i Guixà y Narcís Rojas Mas (presidente de la Asociación Patronal de Carreteros y socio destacado del Centro Gremial). Otros miembros de la junta eran: Ramon Solsona i Cardona (secretario de la Asociación de Fabricantes de Géneros de Punto, políticamente tradicionalista y publicista destacado) y Josep Enrich i Tudó ((a) Saboner), presidente del Gremio de Patrones Serradors).

Los empresarios: entre el sindicalismo y la agremiación

“No veo, por lo demás, motivo para las alarmas que nuestra actitud sugiere a algunos pues, en fin de cuentas, nosotros sólo tratamos de resucitar, acomodándolos a las necesidades de los tiempos, los antiguos gremios, que no sólo estaban integrados por todos los obreros, sino también por los patronos”. (Butlletí, òrgan de la Federació Patronal d’Igualada, núm. 7, octubre, 1910).

“Es de absoluta necesidad -y así nos lo ha enseñado la práctica- que se procure por todos los medios reunir a la masa obrera dentro de unos organismos vitales y bajo la tutela del poder público para que el proletariado encuentre una institución que defienda y ampare sobre los derechos y la libre de la tiranía de los elementos de desorden.

No debe asustar a nadie una organización obrera total, si esta reúne todas las garantías necesarias para asegurar las aspiraciones legales del obrero, las necesidades de la industria y el pleno respeto y acatamiento de las leyes del país y de los pactos que se acuerden entre los elementos productoras.

Hoy en día, como la desorganización obrera y patronal, no es posible tratar las cuestiones referentes al trabajo, cuestiones que podrían tender al mejoramiento de la producción y al aumento de la misma”. (Butlletí, òrgan de la Federació Patronal d’Igualada, núm. 13, abril, 1922).

Anteriormente hablábamos de la progresiva articulación de los patrones en sociedades de resistencia y de las tareas que estas asociaciones tenían asignadas. Pero, además de aquéllas, algunos de los dirigentes y algunos de los publicistas ligados al empresariado también se otorgaban otras. A largo plazo, con la estrategia de tener articulada toda la patronal se pretendía conseguir una finalidad: las asociaciones servirían de base para el establecimiento de un corporativismo que abarcaría todas las facetas del mundo laboral.

En Cataluña, el discurso que invocaba un corporativismo de raíz católica asentado en los gremios medievales apareció durante el siglo diecinueve, varios años después de la desaparición legal de los gremios. Desde el mundo político, los carlistas, muy influyentes en muchos lugares de Cataluña, como es el caso de Igualada, venían defendiendo un modelo de sociedad tradicionalista basado en la recuperación de las antiguas corporaciones gremiales, donde supuestamente patrones y obreros vivirían en perfecta armonía, superando así la lucha de clases. E incluso los dirigentes de la Liga Regionalista propugnaban un modelo de representación estamental. Pero entre los corporativistas catalanes había diferencias, porque no era lo mismo el enfoque católico o laico. Además, algunos contemplaban sólo el caso catalán, mientras que otros pensaban en un modelo corporativo que abarcara a toda España.

Detalle de la publicación liberal/libertaria La Tramontana de 1895. Desde posicionamientos incluso libertarios, aunque de forma muy minoritaria, se plantearon también ideas cercanas al corporativismo laico. Para más información, recomendamos la lectura de «Ravachol, El Eco de Ravachol y lo que Josep Llunas logró unir (1892-1893)» [Nota de editor]

Las diversidades que presentaban los planteamientos de los publicistas corporativistas catalanes pervivieron a lo largo de los años y, a medida que aumentaba la radicalización social, se hicieron más evidentes. Al mismo tiempo, el mismo discurso despreciaba a la clase política calificándola de “no productora”. En el fondo existía una pérdida de confianza en el juego democrático y en la clase política, que supuestamente no defendían los intereses de la burguesía. A finales de 1918, cuando parecía que el viejo orden liberal no podía contener la amenaza revolucionaria, desde la Cámara de Industria de Barcelona se pidió a la Mancomunidad y al propio presidente del gobierno, el liberal conde de Romanones, una disposición de carácter autoritario: que aprobara una medida de sindicación obligatoria y única para patronos y obreros. Mientras, la Federación Patronal de Barcelona animaba a los patronos catalanes, entre los que se encontraban los empresarios igualadinos, a secundar la consigna de pedir a Madrid el establecimiento de la sindicación forzosa. En definitiva, el corporativismo. La ilusión era conseguir que, dentro de la corporación, dueños y obreros fueran idénticos en cuanto a profesión y que ambos pasaran a tener la categoría de «productores»; supuestamente, esto concluiría la lucha de clases.

Las propuestas corporativas emanadas desde la patronal estaban encaminadas a encontrar soluciones a la denominada “cuestión social”. Se trataba de impulsar a los organismos adecuados para integrar a los obreros, demasiado acostumbrados a movilizarse, y que la legislación económica fuera preparada y discutida por las corporaciones representativas de intereses, no por las Cortes. La patronal pensaba que cualquier medida represiva era inútil sino iba acompañada de la acción del legislador que estudiara la causa de la perturbación, el anulara y la encarrilara por la vía de la legalidad y la justicia.

Como es sabido, ese sueño sólo se hizo realidad cuando en 1940 se crearon los Sindicatos Verticales franquistas.

Un trabajo previo a este artículo en Soledad Bengoechea: Les dècades convulses: Igualada com a exemple, Barcelona, Publicacions de l’Abadia de Montserrat, 2002.

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