En estos meses de Septiembre y Octubre de 2016 se ha realizado la tercera excavación arqueológica en busca de los restos de Federico García Lorca, Dióscoro Galindo, Francisco Galadí Melgar y Joaquín Arcollas Cabezas. Anteriormente se realizaron otros intentos: primero en 2009, cerca del Parque García Lorca que hay en las alturas de Alfacar; y posteriormente en 2014, casi en el mismo lugar donde, en estos días, se ha realizado la excavación de 2016, frente al antiguo Cortijo del Pepino (que ya existía en Agosto de 1936), a la falda de una montaña cuya inclinación se va reduciendo hasta quedar casi en una llanura.

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Fotografía de las excavaciones de 2009 en Alfacar

Por el día 20 de Octubre la excavación ha parado, por razones de presupuesto así como la escasez de indicios, pues si bien se han encontrado una camisa de bala de un máuser y una vaina de un fusil ruso, lo cierto es que ni siquiera se han encontrado las pozas de agua que debieron existir anteriormente, que se abrieron cuando el propietario de una fábrica textil de la zona (propiedad de Moreno y Cía.) realizó varios sondeos para lograr aumentar el caudal de la acequia de Aynadamar, pues sus aguas servían como energía para su manufactura. Tales trabajos dieron con unas pozas de aguas, pero al salir solo dos litros por segundo, lo hicieron prácticamente improductivas. Quedaron en el olvido, aunque si quedó sobre la tierra “huellas” de estas pozas (unas dos o tres, varían según las fuentes o testimonos) y una vaguada. Es verdad que en la excavación se dieron con tierras muy húmedas, abriendo esperanzas, pero finalmente no se localizaron.

Cierto es que durante un mes los trabajos se han dedicado casi exclusivamente a retirar la enorme masa de tierra que se añadió por el año 1997 en esta especie de explanada, para preparar un campo de fútbol. Casi siete metros de tierra en una extensión enorme supone un enorme trabajo con un gasto gigantesco para poder indagar correctamente. A su vez debemos comentar que, a principios de los años 90, este mismo terreno se usó como pista de un campeonato de motocross, realizándose unas modificaciones del terreno, que en principio no debió afectar a las fosas (si es que estaban allí). En cualquier caso, el esfuerzo de la excavación merecía la pena: aquel lugar era el señalado por los falangistas donde estarían los cuerpos de los cuatro fusilados, asegurando que fueron arrojados a unas pozas, a las que posteriormente se les echó algo de tierra encima. Seguramente, no fueron los únicos que acabaron allí, pero estas pozas no eran muy profundas, si bien algunos testimonios como Emilio Moreno Olmedo aseguran que tenían como unos 13 ó 14 metros de profundidad, lo cual sería muchísimo. En caso de estar allí los restos, no se debería descartar que podrían estar acompañados por más personas ejecutadas.

Sin embargo, es probable que aunque allí se realizaran los fusilamientos, el lugar donde estén enterrados sea otro, y que esa versión de que fueron arrojados a esos pozos no sea correcta. Muy cerca de allí está el Barranco de Víznar, donde sí hay muchos cuerpos, aún sepultados. Unos simples sondeos geológicos que se realizaron por la superficie dieron con restos y todo tipo de objetos relacionados con fusilamientos, y aún no se ha realizado una excavación arqueológica propiamente dicha. Se ha hablado de unos tres mil ejecutados, sin embargo lo más probable es que no alcance los mil, y que la cifra de quinientos sea la más exacta. Pero nada se sabe con certeza. Hay otro lugar, donde se sitúa el actual Parque García Lorca de Alfacar, donde muchos testimonios han señalado como lugar en el que se realizaban fusilamientos. Pero no parece probable que se enterrase allí a nadie, pues la excavación de 2009 dio en esa tierra con roca madre, y es extremadamente difícil abrir una tumba. Sin duda, los allí ejecutados iban al Barranco de Víznar o algún lugar cercano. Otros lugares de ejecuciones sistemáticas fue el Cementerio de Granada, pero estando mucho más cerca Víznar, es poco probable que ese fuese el destino de estas cuatro personas, que casi siempre se les sitúa apresados en La Colonia (Víznar), según las versiones de los militares sublevados, los falangistas y diversos derechistas, o acaso también personas informadas por esas mismas fuentes. Ahora bien, ¿y si resulta que todo aquello no era correcto y que ha sido una versión hábilmente construida, y hasta el apresamiento no fuese en las circunstancias tan numerosas veces descritas? ¿Estuvieron realmente en La Colonia? Con todos los testimonios recogidos, y algún que otro documento, y sobre todo la carencia de otra posibilidad mínimamente probable, no parece que pueda ser de otro modo. En cualquier caso, si fue en el Cementerio o en otro lugar donde se ejecutaban o enterraban a los detenidos, es algo que solo se puede resolver actuando, excavando y desenterrando los miles de cadáveres que se diseminan por la provincia de Granada en sus numerosas fosas. Algunas de ellas, con muchísimas personas. Mientras las fosas sigan allí, sepultadas las personas del modo en el que el heredado desprecio franquista pretendía humillarles y marginarles, no se resolverá ni esta problemática ni tendremos un conocimiento real y correcto de lo que pasó. Se creía que sabíamos mucho, que hasta sabíamos donde estaba Lorca. Pero la realidad es que no sabemos nada, ni de él ni de los millares de personas humildes y hasta anónimas que siguen enterradas. Con las excavaciones de 2009, 2014 y 2016 ya sabemos algo más, aunque fundamentalmente en un sentido negativo, y es que el esfuerzo siempre merece la pena, pues es obvio que no es claro que estén donde se creía, si bien aún quedan algunas zonas por excavar frente al Cortijo del Pepino.

Pero ante la especulación, quizás lo más adecuado es comenzar por donde hay certeza absoluta de cuerpos y ejecuciones: el Barranco de Víznar. Si se sacan todos esos restos, y se identifican, igual podemos conocer muchos casos desconocidos y otros que se conocen mejor. Amen de dar una sepultura digna y un merecido homenaje a los asesinados. Los vecinos que habitan hoy la zona de alrededor del Cortijo de Pepino, que sigue existiendo hoy como casa, cuentan que sus padres escucharon y sintieron los disparos que tronaban y los camiones que pasaban, y todos ellos venían por la “derecha” o la “izquierda”: Barranco de Víznar y, en menor medida, lo que hoy es el Parque García Lorca, respectivamente. Dudan mucho que, casi enfrente de sus casas, se ejecutase a nadie en la explanada que se ha estado investigando en 2014 y 2016, pues es un lugar muy cercano y lo hubieran notado -y asustado- mucho más. Pero tampoco podemos descartar nada.

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Placa en el Barranco de Víznar colocada por el Ayuntamiento. De manera infromal creen, en base a excavaciones pasadas, que los restos de Lorca, Galadí, Galindo y Arcollas yacen en la denominada fosa 2C.

En realidad, el “factor Lorca” ha ayudado en muchas cuestiones, especialmente para realizar excavaciones e investigaciones que de otro modo no se hubieran conseguido. Sin embargo, también ha perjudicado: ha dado lugar, gratuitamente, a leyendas, versiones incorrectas, errores por precipitaciones, vergüenza, engaños y/o fama. Ian Gibson en su importantísima investigación relata cómo un enterrador, identificado como Manuel el Comunista, le contó que él fue quien enterró a Lorca, pero que no le reconoció: vio a un cojo, y luego a dos personas que sí identificó, por el mundo del toreo: Francisco Galadí y Joaquín Arcollas Cabezas. Son los famosos “banderilleros anarquistas”, que en realidad eran de profesión hojalatero (una suerte de fontanero-tareasvarias, con su taller) en el caso de Galadí, y albañil en el de Cabezas. El cojo era un maestro de Pulianas. Este enterrador indicó un lugar junto a un olivo en lo que hoy es el Parque García Lorca de Alfacar. Ya se sabe que no puede ser allí el lugar del enterramiento. Gibson también insistió siempre en mantener la prudencia: el enterrador se puede haber equivocado de lugar, ya sea porque es difícil recordar los metros y espacios, o bien porque se haya confundido de alguna manera.

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Debemos mencionar quienes eran estos tres ejecutados: Dióscoro Galindo era un maestro de escuela que perdió una pierna en un accidente de ferrocarril, aún siendo joven. Dio clases en Santiponce, y desde ahí se trasladó a Pulianas. Parece que algún falangista le tenía especial odio, pero oficialmente el motivo de la ejecución de Dióscoro fue haber dicho a los niños que Dios no existe. Dióscoro era de ideas progresistas y simpatizaba con el republicanismo, pero lo que más incendió la ira de los asesinos fue su ateísmo. Se conoce también un episodio donde estuvo presente en una mesa electoral por parte de partidos republicanos, tema peliagudo porque en Granada se denunciaba con frecuencia casos de pucherazos. Francisco Galadí era un conocido anarquista de acción de la capital granadina, existen noticias suyas antes de la guerra tanto en el ABC como en el Defensor de Granada, normalmente relacionadas con detenciones y alguna vez con el transporte de explosivos y bombas. Era un hombre alto que se distinguía de los demás con su metro noventa y cinco. Joaquín Arcollas Cabezas era menos conocido, pero solía acompañar a Galadí. El primero pertenecía al sindicato del metal de CNT Granada y el segundo al de Construcción de la misma central sindical. Ambos estuvieron en la defensa del Albayzín cuando se produjo el Golpe de Estado en Granada, donde el famoso barrio resistió varios días a los intentos de entrada del ejército golpista. Sin embargo, cuando vieron que la defensa era imposible, escaparon. A la altura de Huétor Santillán se encontraron con un sargento de la Guardia Civil partidario del Golpe, acabando el encuentro con la muerte del guardia. Galadí y Arcollas fueron descubiertos (por una delación) y detenidos poco después, encontrándose en posesión con el arma del sargento fallecido. Desde allí fueron trasladados a La Colonia, donde se encontraron con Dióscoro Galindo y García Lorca.

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De izquierda a derecha: Dióscolo Galindo, Joaquín Arcollas y Francisco Galadí.

La versión que se está manejando ahora sobre dónde está la “Fosa de Lorca”, es la que vertió Eduardo Molina Fajardo, un importante periodista y falangista granadino, que en los 60 y 70 estuvo investigando sobre la muerte del poeta (con el propósito de desviar la responsabilidad política de Falange en el asesinato), entrevistando a 48 personas sobre los últimos días de García Lorca. Muchos de ellos son testimonios de primera mano o gran importancia. En el caso del fusilamiento, dio con diez testigos relacionados, y cuatro de ellos son protagonistas directos. A pesar de los años y de vivir en distintos pueblos, casi todos señalaban el mismo lugar por donde se ha excavado en 2014 y 2016, un terreno que no pequeño y que es difícil concretar. De hecho, aunque señalan las pozas, disienten cuando se trata de determinar dónde estaban exactamente. A menudo reconocen que con las repoblaciones forestales y los cambios del pasaje a lo largo de los años les cuesta discernir. Posteriormente Fernando Nestares, hijo del militar golpista José María Nestares, da algunas precisiones muy interesantes: el lugar es cercano al campo de instrucción, por una especie de puentecillo (en la acequia), que servía como referencia en el camino para detener el coche, frente al Cortijo de Pepino, en la mencionmada ladera de una montaña que se va allanando. Durante la guerra y el posfranquismo sirvió como campo de instrucción y allí se realizaron maniobras y ejercicios, pero no disparos, pues para ello ya estaban los Campos de Tiro). Pero nuevamente, hay muchos factores a tener en cuenta para determinar el lugar que indica Fernando Nestares: si fueron en línea recta, en diagonal, cuántos metros fueron los pasos, etc. La propia familia García Lorca también cree que se encuentran en este sitio. Y sin embargo, la excavación no ha dado sus frutos y no puede confirmar estas hipótesis, si bien aún quedan algunas zonas donde el georradar señala algunas “anomalías”. El ya citado Moreno Olmedo afirma que las pozas están a cinco metros de la carretera, y a unos veinte o treinta de la Fuente Grande… No muy lejos donde decía Gibson.

Por supuesto, un texto sobre dónde está Lorca no puede ignorar las “habladurías” que se dan en Granada y en sus pueblos, y es la famosa teoría que denuncia que la familia de García Lorca ya tiene el cuerpo del poeta, que ya lo desenterró (o tomó el cadáver justo tras el asesinato), posiblemente en complicidad con las autoridades falangistas, pues no todos estaban de acuerdo en fusilar a alguien como Lorca, un poeta aparentemente inofensivo y amigo de algún falangista a pesar de sus simpatáis izquierdistas y progresistas. Cierto es que había sido amigo y secretario de Fernando de los Ríos. Tal hipótesis tiene como consecuencia que cualquier búsqueda de Lorca será inútil, porque sus restos ya fueron encontrados, secretamente, por su familia. Quedaría pendiente saber qué fue de sus compañeros fusilados: si los movieron, hubiera sido una cuestión de compromiso con sus familiares y descendientes revelar la nueva ubicación; y de haberlos dejado allí, lo mismo, pero con el agravio de dejarles allí sin más.

Pero esta versión siempre ha sido negada por quienes mejor conocen el caso y no se limitan a los rumores gratuitos. Fundamentalmente, la principal razón del escepticismo hacia esta teoría se debe a que el padre de García Lorca, si bien no era precisamente alguien de izquierdas, no se llevaba bien con los militares sublevados en Granada ni con cierto sector derechista de la ciudad, salvo con el general Valdés, que se hizo con el gobierno militar en el Golpe. Precisamente, hubo un bando publicado en el Boletín Oficial de la Provincia el 23 de Octubre de 1936, nº 2.729, donde se confiscan las propiedades y bienes de las personas que se enumeran, y entre ellos está Federico García Rodríguez, el padre de Lorca. No había simpatías. Pero, en cambio, sí que tenía unos pocos amigos entre los sublevados y la Falange, y consigue que tal intervención sobre sus propiedades quede sin efecto, agradeciendo el 15 de Febrero de 1937 al Comandante Militar de Granada (Valdés) este apoyo por medio de una carta que se conserva. Se cree que el asesinato de su hijo se debió no a sus simpatías republicanas o izquierdistas, o al hecho de ser homosexual, sino a una venganza entre familias terratenientes del entorno de la fértil vega de Granada, donde la familia García Lorca era una de las más potentadas. Cuestiones de dineros, herencias y caciquismos son los principales motivos que se barajan para explicar el asesinato de Lorca, hecho que no gustó a todos los miembros del bando sublevado, más bien distantes de estas rencillas familiares y económicas. Prácticamente, el padre de Lorca se pasó la guerra enfermo y en cama, y la mayor parte de su familia con mucho miedo, especialmente en los primeros meses de la guerra. Sin embargo, se ha hablado de algún “regalo por el día del padre” dado por alguno de sus amigos, que no eran pocos. Debemos mencionar que, además, García Lorca era amigo de Luis Rosales, otro poeta granadino, militante de Falange, y cuya familia era el sector principal de la Falange de Granada. Cuando Lorca abandona Madrid en los primeros momentos de la guerra civil, va a refugiarse a la casa de su familia en Granada. Cuando van a por él (especialmente la gente del cedista Ruiz Alonso), son los Rosales quienes le acogen, convencidos que la casa de reconocidos falantistas era segura. Pero allí Lorca será delatado y detenido, comprometiéndose la posición de los Rosales, que en la guerra tampoco fue muy cómoda. A partir de allí, comienza los rápidos acontecimientos que terminarán con su muerte.

Finalmente, la cuestión política de estos fusilamientos. Queda claro el compromiso militante de Francisco Galadí y Arcollas Cabezas, así como el papel de Dióscoro Galindo, más de convicciones que militantes. Finalmente, no cabe duda de las simpatías de Federico García Lorca hacia la II República, un Estado burgués pero también democrático, liberal y progresista, muy ajustado a su forma de entender la vida. Desde luego, no aceptaba la monarquía y no tenía demasiados motivos para seguir políticas conservadoras, máxime cuando era homosexual. Su obra literaria pretendía ser popular, y en buena medida intenta mostrar la Granada rural que conoció, a veces con venganzas literarias contra vecinos o familias con las que no se llevaba muy bien. Reproduciendo la cultura gitana ataca a la Guardia Civil en el Romancero Gitano, asimismo ensalza la figura de Mariana Pineda con su obra homónima, si bien se muestra más su faceta amorosa que política. Y podemos mencionar otros ejemplos semejantes. Sin embargo, a un nivel más alto, su compromiso político era muy escaso, aunque real: fue secretario de un notorio republicano socialista como fue Fernando de los Ríos; Lorca fue miembro de los Amigos de Rusia e intervino en algún mitin de Socorro Rojo. Pero su pertenencia y compromiso con estos colectivos no impedía que fuese amigo personal del poeta falangista Luis Rosales, y se sintiese tan seguro de ello que fuese a su casa para refugiarse. Cuando fue detenido no pensó en ningún momento que iba a ser fusilado. Es evidente que no era un militante, pero en una España altamente politizada, frente a las exageraciones de la derecha y el mito de los ogros comunistas soviéticos, así como la detención arbitraria de personalidades por conflictos sociales, no pudo evitar que se cebasen contra Lorca. Pero aunque existan aspectos políticos en la figura de Lorca, no parece ser que fuese el motivo de su fusilamiento: los propios militares insisten en presentarle como alguien poco peligroso. Debe ser más bien la cuestión económica, donde su familia tuvo algún papel, lo que motivó que unas personas repugnantes y cobardes maniobraran para matarle y castigar así a su familia, y de paso, llevarse por delante a alguien que, no por ser poco amenazante o político, les resultaba despreciable.

Sobre la posición de la familia Lorca respecto a desenterrar la fosa, es bien conocida su sorprendente oposición. Precisamente, es esa postura la que más ha fomentado las habladurías contra ellos en el que afirman que ya tienen sus restos del poeta y que poco les importa lo que les pasase a los demás. O llegan a aún más: que eran colaboradores del régimen. Su postura insolidaria y falaz de no “tocar los muertos” reproduce un discurso de la derecha reaccionaria y conservadora de este país que pretende tener sepultados y humillados a los muertos, en lugar de hacer un esfuerzo para desenterrarles, reconocerles y darles la dignidad que se merecen. Serrano Suñer así lo hizo con sus muertos cuando firmó un documento fechado el 4 de Abril de 1940, que se publicó en el Boletín Oficial del Estado del 5 de Abril del mismo (nº 1.320), para que los Ayuntamientos garantizasen el respeto y cuidasen de los lugares donde yacen las víctimas de la “revolución marxista”, y que estos lugares serán “tierra sagrada” y que estos restos deben ser recogidos, homenajeados y llevados al “Panteón de los Caídos”. Una postura coherente, pues dejarlos donde y cómo estaban es reproducir lo que impusieron sus respectivos ejecutores. ¿La voluntad de los asesinos es la voluntad nuestra? Si dejamos las cosas como ellos lo dejaron, es estar conforme con lo que hicieron. Solo cambiarlo es mostrar desacuerdo al cómo decidieron dejar las cosas. Es una falacia hablar de “heridas cerradas”. ¿Acaso los heridos alguna vez dijeron que sus heridas están cerradas? Para ellos, todo sigue igual, y el tiempo no ha curado nada, más bien al contrario, ha abierto aún más la herida que está aún abierta, ha empeorado la situación. Que la familia Lorca no se haya preocupado al respecto denota lo que dicen los rumores: que son ajenos a la persona y sentir de García Lorca. ¿Será real que todo responde a una cuestión de intereses económicos relacionado con la propiedad intelectual de la obra lorquiana, donde la localización del cuerpo podría reducir en algunos años el goce de esos beneficios? Poca cosa sería, más si tenemos en cuenta que de todas formas lo perderán tarde o temprano. Pero claro que es posible. Sin embargo, más bien parece que es algo mucho más profundo, que la familia de Lorca se cree a pies juntillas todo ese discurso reaccionario e interesado de no “tocar los muertos”, donde la memoria histórica es una cuestión partidaria, política y social que les molesta. Y en las convicciones, cuando es algo profundo, el ser familiar no afecta. Casos conocemos todos.

Bibliografía referida a este tema:

ALARCÓN CABALLERO, José Antonio: El movimiento obrero en Granada en la II República. Ed. Diputación Provincial de Granada, Granada, 1990.

CABALLERO, Miguel: Las trece últimas horas en la vida de García Lorca. Ed. La Esfera de los Libros, Madrid, 2011.

GIBSON, Ian: La represión nacionalista de Granada en 1936 y la muerte de Federico García Lorca. Ed. Ruedo Ibérico, París, 1971.

GIBSON, Ian: El asesinato de García Lorca. Ed. Punto de Lectura, Madrid, 2005.

MOLINA FAJARDO, Eduardo: Los últimos días de Federico García Lorca. Ed. Plaza & Janes, Esplugues de Llobregat, 1983.

VIGUERAS, Francisco: Los «paseados» con Lorca. Ed. Comunicación Social, Sevilla, 2007.

Escrito por Fran Andújar

Doctorando en Historia. Universidad de Granada.

2 Comentarios

  1. Artículo muy interesante Fran. Cuando lo he terminado de leer me he quedado especialmente pensativo en referencia a la actitud de la familia, la cual, como comentas, sigue el discurso típico de la derecha, el que afirma que no se debe de “remover” el pasado. Sin embargo, no he podido dejar de pensar en otra familia de una víctima del franquismo, como sería el caso de Salvador Puig Antich. En este último caso, sus hermanas llevan años intentando reivindicar su memoria, aunque, de manera evidente e incluso ellas mismas lo han reconocido, con medios que el propio Salvador hubiese rechazado.

    Los pensamientos de una persona en vida y las decisiones que toma la familia tras su ausencia, especialmente tras un hecho trágico como una ejecución, no siempre son coherentes.

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