La Guerra Civil Española ha producido un corpus densísimo de obra historiográfica y ha inspirado a numerosos novelistas, poetas y artistas de todo el mundo. Hay, sin embargo, un tema que ha sido mucho menos estudiado e injustamente relegado al olvido incluso entre los sectores que más han reinvindicado la recuperación de la Memoria Histórica. Se trata del pacifismo y de la deserción de soldados durante los años republicanos y, sobre todo, en el transcurso de la Guerra Civil.

La llegada del nuevo régimen supuso un soplo de esperanza para los antimilitaristas que vieron con satisfacción como el artículo 6 de la Constitución de 1931 establecía que “España renuncia a la guerra como instrumento de política nacional” recogiendo así la fórmula que aparecía en el tratado Briand-Kellog de 1928 de prohibición universal de la guerra que, por cierto, nunca más volvería a aceptarse en el orden constitucional español.1

Las primeras noticias del movimiento antimilitarista en tiempos de la República se remontan al año 1932 con la fundación por parte de José Brocca (Almería, 1891-Ciudad de México, 1950) (foto inferior) de la Orden del Olivo, grupo integrado desde el primer momento en la War Resisters International (WRI) fundada en 1921 en Berlín por Bart de Ligt (Utrecht, Holanda,1883- Nantes, Francia, 1938). También en 1932 , en la Conferencia Anual de Sindicatos de Almería se aprobó una resolución pidiendo la abolición del servicio militar obligatorio, la prohibición de la fabricación de armamentos y el abandono de Marruecos. La sección del Partido Socialista de Almería, que contaba con antimilitaristas en sus filas, aprobó asimismo resoluciones en la misma línea. En Barcelona, la Asociación de Ideales Prácticos secundó, igualmente, tales postulados2.

Jose_Brocca_1920s A inicios de 1934 se estimaba en varios centenares de activistas la composición de diversos grupos coordinados en torno a La Orden del Olivo, dedicados a tareas de difusión, publicación de un semanario, acciones públicas, programas radiofónicos, etc. El ideario de la WRI encontraba la mejor acogida en Cataluña con el lanzamiento de un manifiesto a la juventud catalana llamando a la resistencia a la guerra, la organización de una serie de seminarios de estudios antimilitaristas y la creación de un comité obrero de acción antimilitarista en Barcelona.3

Las primeras experiencias de desobediencia antimilitarista tuvieron lugar en 1934 cuando el piloto de Correos Quirados J. Gou fue castigado por negarse a bombardear a los obreros asturianos. En 1935, tres jóvenes anarquistas catalanes se declararon insumisos al negarse a incorporarse al servicio militar e hicieron pública su desobediencia. Fueron liberados tras cuatro días de detención como consecuencia de una fuerte campaña antimilitarista de apoyo, aunque se alegó para ello su estado de “demencia.”. Una vez en la calle, expusieron públicamente los motivos de su desobediencia y su ejemplo fue seguido por un grupo de aproximadamente un centenar de jóvenes dispuestos a rechazar todo “servicio militar”, es decir, una suerte de insumisos avant la lettre.4

En 1936, un grupo de pacifistas fundó la Liga Española de Refractarios a la Guerra que se convirtió en la sección española de la War- Resiters International (WRI) . La integraron Amparo Poch (Zaragoza, 1902-Toulouse, 1968) como presidenta, Fernando Oca del Valle como secretario y José Brocca como delegado en el Consejo de la WRI. Otros representantes eran Juan Grediaga (Barcelona), Mariano Sola (Valencia) y David Alonso Fresno (Madrid).5

Un año antes, el 1 de junio de 1935, Amparo Poch (foto inferior) escribió un artículo antibelicista para la revista anarquista barcelonesa Tiempos Nuevos en el que abominaba de nacionalismos y de retóricas bélicas.

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¿Qué debemos hacer ante el gesto bélico que de nuevo hincha sus velas en el horizonte del Mundo? Ahora ya nadie puede quedarse a retaguardia. (…) Ya no vale esta vez querer jugar al escondite, porque los aviones se burlan zumbando detrás de las nubes que ellos fabrican; y los microbios vuelan a distancias grandes y los nuevos gases traspasan la ropa, la máscara y la piel. Ahora ya no puede nadie quedarse a retaguardia. (…) No prestéis oídos a los himnos nacionales ni a las palabras retumbantes que os hablen de falsos deberes patrióticos; sino a esa otra voz dulce y profunda que sale del propio corazón y enseña el precepto intangible de amar a todos los seres y todas las cosas. (…) Que hacen falta casas anchas y bien iluminadas; puentes, carreteras y ferrocarriles; barcos sin cañones que unan a los hombres en vez de exterminarlos6.

El golpe de estado de julio de 1936 provocó una crisis en el seno del pacifismo en torno a si condenar o no la violencia antifascista. José Brocca respondió con una actitud de no participar en combates violentos, pero ayudando a la causa antifascista colaborando en labores de propaganda y ayuda humanitaria. Fenner Brockway. entonces presidente de la WRI abandonó su cargo (e incluso su propia afiliación a la organización) ante la imposibilidad de mantenerse en la postura de la WRI de no apoyar la venta de armas a la República. Otros muchos, entre los que destaca Albert Einstein, que había respaldado todas las campañas de la WRI, abandonaron su pacifismo para secundar la guerra contra los totalitarismos. En este momento, la postura de Bart de Ligt fue el “rechazo a condenar a aquellos que aceptaron la violencia” (de acuerdo con su visión de que la violencia era preferible a la resignación o la sumisión), pero creía que la WRI debía apoyar a los que preconizaban la resistencia no violenta.7

En diciembre de 1936, Runham Brown, secretario honorífico de la WRI escribió un artículo titulado Spain: A challenge to pacifism. Además de una serie de consideraciones sobre teoría, práctica, coherencia, etc. El interés del documento reside en la reproducción de una carta de José Brocca desde Madrid poco después de iniciada la guerra:

En las circunstancias en que ha tenido lugar el alzamiento fascista , el pueblo no tenía otra alternativa que afrontar la violencia con violencia. Es lamentable, pero la entera responsabilidad por los trágicos y sangrientos días que estamos sufriendo reside en aquellos que, despreocupados por los más elementales principios sociales de humanidad, han dado rienda suelta a la destrucción y la matanza, para defender, no ideales, sino privilegios odiosos y caducos, para retroceder al barbarismo medieval.8.

En el curso de la reunión trienal de la Internacional de verano de 1937, Bart de Ligt rebatiría la postura representada por Brockway confirmando el posicionamiento de “pacifismo puro” de la WRI respecto a la guerra con estas palabras: “Nosotros, resistentes a la guerra, aceptamos la lucha de clases, pero no aceptamos la guerra de clases”. Tras considerar la experiencia soviética en detalle, con severas críticas al militarismo de Stalin, se expuso un minucioso relato de los acontecimientos en España, tomando partido claramente por la CNT y el POUM en la cuestión de la militarización de las milicias promovida por el PCE y las fuerzas burguesas. A pesar de esta simpatía por las fuerzas republicanas, los argumentos de Brockway fueron explícitamnete rechazados:

No tenemos ninguna razón para seguir los argumentos de nuestro camarada Fenner (Brockway), quien desde el estallido de la guerra de clases española aceptó los métodos de guerra modernos como medios inevitables para alcanzar nuestros objetivos sociales . Coincidimos con Fenner cuando insiste en la necesidad de solidaridad práctica con el movimiento revolucionario en Iberia. Pero pensamos que se equivoca cuando declara que la única manera de probar esta solidaridad consiste en renunciar a la acción no-violenta y aceptar la guerra de clases con sus inevitables consecuencias. Si en cualquier caso de guerra de clases renunciamos a nuestra lucha no-violenta y aceptamos “provisionalmente” la acción violenta, el resultado será una aceptación permanente de la guerra en nombre de la revolución y un socavamiento sistemático de la revolución por los medios más apropiados9.

Según las estimaciones de James Matthews en Soldados a la fuerza. Reclutamiento obligatorio durante la guerra civil, 1936-1939 (Alianza, 2013), en los primeros meses de la guerra, los jóvenes y no tan jóvenes que se aprestaron a tomar voluntariamente las armas pudieron llegar a constituir unos 120.000 milicianos y soldados en la zona republicana y otros 100.000 combatientes voluntarios en la sublevada. Pero la guerra no podía librarse con tan pocos hombres en armas y hubo que recurrir a la movilización forzosa de varones entre 18 y 45 años para mantener las operaciones. La República llegó a movilizar a 1’7 millones de hombres en 28 reemplazos ,mientras que sus enemigos hacían lo propio con 1’2 millones de varones en 15 reemplazos.10

El reclutamiento en la zona nacional se inicia con el Decreto núm 29, publicado por el B.O de la Junta de Defensa Nacional de 29 de agosto de 1936. Obligaba a la incorporación urgente del cupo de filas e instrucción de las quintas de reemplazo de los años 33, 34 y 35, que estuvieron incorporados y marcharon a sus casas con licencia ilimitada. Se unían a los que ya se encontraban realizando el servicio militar en la zona sublevada. Se trataba de una movilización que continuó durante el conflicto, llamando a filas a todos los individuos pertenecientes a los reemplazos del 29 al 41 y que se realizó a partir de la Ley de Reclutamiento de 1912, vigente durante la II República. El servicio militar duraba un total de ocho años, cuatro en activo y cuatro en reserva y estaban obligados a realizarlo todos los varones que cumplían la edad de 21 años. Cada reemplazo estaba dividido en cuatro trimestres, llamando de forma escalonada a cada uno de ellos11

Un individuo faltaba a la incorporación cuando no se presentaba a la Caja de Reclutas lo cual estaba penalizado con cuatro años de recargo en el servicio militar en una compañía destinada en África. Otra forma de evitar el reclutamiento era el lesionarse de tal modo que el mozo fuera declarado inútil temporal o total para el servicio en activo, normalmente con la amputación de dedos de una mano. El 17 de enero de 1937 quedó tipificado como delito de Auxilio a la Rebelión, debiéndose cumplir la sentencia al terminar la contienda.12

Finalmente, el Código de Justicia Militar distinguía dos formas de deserción: los que se pasaban al enemigo y la deserción simple. A los primeros se les aplicaba el delito de Traición castigado, según el artículo 222 con la pena de muerte. En el casos de los combatientes gallegos, Francisco J. Leira Castiñeira considera que la deserción al campo republicano tiene un mayor componente de oposición ideológica que para los soldados de localidades próximas al frente de guerra, puesto que estos podían consumar la deserción por motivos de carácter personal, por ejemplo con el movimiento del frente pasar a campo “enemigo” el domicilio familiar. Matthews habla en este caso de “causas geográficas” de la deserción queriendo decir con ello que cuando un soldado estaba cerca de su casa y su familia, aunque estas estuvieran “del otro lado” la tentación de volver a ellas era casi irresistible lo cual no significa que no hubiera también otros motivos. Entre estos, el derrotismo, el cansancio extremo, las enfermedades o la falta de comida, sobre todo en el bando republicano.13

Los desertores simples eran reclutas que habían verificado ya su incorporación en una unidad y que faltaban tres listas consecutivas de ordenanza en su destino, en ocasiones porque se dirigían a sus domicilios. Según el Código de Justicia Militar suponía cuatro años de prisión correccional, aunque en la práctica, normalmente, estaba penada con un recargo de cuatro años en el servicio militar en una unidad de castigo14.

Casi un año después del golpe de estado, el 18 de junio de 1937, los dos bandos eligen ese día para endurecer las medidas en contra de los desertores. A partir de entonces, el prófugo de la zona franquista será castigado a combatir en la Legión o en los Regulares, mientras que en la zona republicana les espera el batallón disciplinario de combate.15

A lo largo de la guerra se pone el foco en los declarados inútiles. Se les llama repentinamente a revisión, para desenmascarar a aquellos que simulan enfermedad o discapacidad y se dictan inspecciones periódicas en las industrias, organismos y servicios de retaguardia para limpiarlos de falsos “insustituibles”. Se prohíbe, asimismo, la salida al extranjero de los mayores de 16 años para que los adolescentes no eviten su futura llamada a filas a la vez que se organizan operaciones militares en ambas zonas a la caza y captura de miles de desertores escondidos en montes y bosques. En el frente, se castiga sin piedad al que pretende escapar de su compañía. De hecho, el fusilamiento de los desertores provoca en algunas unidades más bajas que el fuego enemigo. Los soldados que se disparan a sí mismos para salir del frente son ejecutados en el acto, aunque también se les deja morir de gangrena en las trincheras. Franco dictó que los automutilados fueran destinados a los puestos de mayor peligro y, antes de la batalla del Ebro, los mandos republicanos llegaron a anunciar que las enfermedades venéreas serían castigadas como inutilización voluntaria y en ambas zonas, durante los primeros meses de la contienda, los familiares de los desertores fueron castigados con la cárcel por la fuga de sus maridos, hijos o hermanos.16

Pedro Corral (San Sebastián, 1963) en Desertores. La Guerra Civil que nadie quiere contar (Debate, 2006) pone de manifiesto que, a pesar de todo lo anteriormente expuesto, fueron decenas de miles los españoles que desertaron de las unidades militares en los dos bandos. A ellos se sumaron combatientes de las Brigadas Internacionales que, decepcionados o afectados por el horror de la guerra, intentaron volver a sus países, sorteando el castigo, a veces cruento, de sus mandos y comisarios. No faltaron, igualmente, las deserciones en el cuerpo expedicionario italiano ni tampoco entre las unidades marroquíes que trajo Franco del protectorado norteafricano.17

El desertor más famoso de la Guerra Civil fue Joan Pujol (Barcelona, 1912-Caracas, 1988) (foto inferior). Al iniciarse el conflicto, Pujol fue llamado a filas por el ejército republicano. Defraudado por lo que él consideraba extremismo de ciertas facciones y determinadas actitudes anticlericales decidió desertar. Vivió escondido durante dos años en casa de unos amigos y, finalmente, fue detenido. Con ayuda, logró escaparse y le proporcionaron una identidad falsa que le permitió alistarse en una compañía de comunicaciones del ejército republicano desde donde pensaba pasarse al bando franquista lo cual consiguió durante la batalla del Ebro poniendo en peligro su vida. Durante la Segunda Guerra Mundial, Joan Pujol, apodado Garbo trabajó como espía al servicio de los británicos.18

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La negativa a empuñar las armas por motivos religiosos o éticos no se limitó, sin embargo, al caso de Joan Pujol. En 1937 los catalanes Ramón Serrano Albella y Salvador Sirera, ambos testigos de Jehová fueron procesados por ello siendo condenado Serrano a treinta años de prisión.19

Por el mismo motivo que los antes mencionados, Nemesio Orús, natural de Huesca, se negó a vestir uniforme y a ser incorporado a filas en el ejército sublevado. A causa de ello fue llevado delante de un pelotón de ejecución en 1937, del cual se salvó gracias a la intercesión de su esposa la cual se echó a los pies del capitán del pelotón (para quien había trabajado de niñera) rogándole que le dejara marchar, que su marido había perdido la cabeza con la Biblia, Posteriormente sería encarcelado dos veces más y de nuevo se volvería a salvar por los pelos de ser fusilado.20

Un caso más dramático es el del también testigo de Jehová Antonio Gargallo Mejía (1918-1937). Antonio fue llamado a filas en agosto de 1937 por los militares sublevados, concretamente por el Regimiento de Aragón número 17. En una carta enviada a su madre y a su hermana, que ellas recibieron mucho tiempo después, el joven les comunicaba la decisión que había tomado y las consecuencias que esta acarreaba en estos términos:

Jaca 18.agosto 37. Querida madre y hermana. Hace días que no sabéis nada de mí, pero he aquí la causa. Hace 2 ó 3 días dije en el cuartel que no podía coger las armas y me amenazaron y entonces deserté. No me despedí de vosotras porque se dice que fusilan a las familias de los desertores, pues, por si acaso, no s.abiéndolo tú, no te podrían hacer nada. Me han detenido y, sin oírme siquiera, me han condenado a muerte y esta noche dejo de vivir en la Tierra. No te aflijas ni llores porque te he desobedecido, pero he obedecido a Dios (…) Recibid el último abrazo de vuestro hijo y hermano que os quiere de verdad21.

Pedro Corral en el ya citado artículo “Desertores. Los apestados de la Guerra Civil” publicado en El Mundo. Magazine el el 2006 recoge el testimonio de varios exsoldados que reflejan muy bien la diversidad de factores que incitaban a la deserción22:

  • AUGUSTO CORTÉS RICO
  • Fecha y lugar de nacimiento: 20/11/1918 en Gumiel de Mercado (Burgos). Profesión antes de la guerra: repartidor de una tienda de ultramarinos en Madrid. Unidad a la que pertenecía: 50ª Brigada Mixta del Ejército Popular. Fecha y lugar de la deserción: 26 de octubre de 1938 en el sector de Cogolludo (Guadalajara). Armas que se llevó: fusil y dos granadas de mano Hoffman. Razones de la deserción: “ En octubre de 1938 me mandaron a la 50ª Brigada Mixta. Los de aquella brigada estábamos muertos de hambre. Todos los días comíamos unas pocas lentejas y nada más . Andábamos todos estreñidos. Yo me acordaba de los milicianos que, al principio de la guerra, saqueaban la tienda donde trabajaba…¡ Para jugar al fútbol con los quesos de bola en la calle Génova! ¡Ay, si hubiéramos tenido aquellos quesos en el frente! Además, perdías los ideales cuando veías a los oficiales comer mejor que la tropa y a escondidas, para que no los viéramos”
  • PEDRO NEGRE CAÑELLAS
  • Fecha y lugar de nacimiento: 26/10/1917 en Felanitx (Mallorca). Profesión antes de la guerra: carbonero. Unidad a la que pertenecía: 3r Batallón del Regimiento Zaragoza nº 30, de la 81ª División franquista. Fecha y lugar de la deserción: 5 de noviembre de 1938, en el sector de Peña Salada, entre Castellón y Valencia. Armas que se llevó: Ninguna. Razones de la deserción: “Los franquistas me llamaron por mi quinta, aunque militaba en las Juventudes Socialistas. Al ser trasladado a la Península desde Mallorca, solo pensaba en pasarme a los republicanos. Los franquistas estaban a punto de ganar la batalla en el Ebro. pero nunca perdí la esperanza de que la República acabaría venciendo. Así es que, cinco meses antes de terminar la guerra, me fugué al bando republicano. La deserción me costó tres penas de muerte después de la guerra. Me libré del paredón gracias a la recomendación de una tía de mi madre, que había sido ama de cría de la mujer del auditor de guerra de Mallorca.”
  • ALEJANDRO BLÁZQUEZ BÁRCENA
  • Fecha y lugar de nacimiento:12/12/1910, en San Martín de Valdeiglesias (Madrid). Profesión antes de la guerra: peón caminero. Unidad a la que pertenecía: XII Brigada Internacional “Garibaldi. Fecha y lugar de la deserción: 02/07/1937, en el sector de Villanueva del Pardillo (Madrid). Armas que se llevó: Ninguna. Razones de la deserción: A los pocos días de empezar la guerra, nació mi primera hija, Carmen. Pero muy pronto dejé de saber de mi familia porque me llevaron a fortificar Madrid. En marzo de 1937, me reclutaron por mi quinta, la del 31, y me mandaron a la Brigada Internacional “Garibaldi”. Aquello era una unidad de choque, y allí yo no quería estar de ninguna manera. Quería volverme a mi pueblo a estar con mi mujer y a ver crecer a mi hija. En julio de 1937, nos llevaron al sector de Villanueva del Pardillo. Allí le pregunté a un compañero, Antonio Martín Sanz de Frutos, si se quería escapar conmigo. Sabíamos que desertar significaba fusilamiento. Pero como allí nos iban a matar igual, lo mismo nos dio. Pero nos detuvieron y nos llevaron presos a Madrid, donde estuvimos encarcelados toda la guerra.”
  • BALBINO COLOMA ATARÉS
  • Fecha y lugar de nacimiento: 25/09/1915, en Almudévar (Huesca). Profesión antes de la guerra: peón de obra públicas, Unidad a la que pertenecía: Regimiento Valladolid nº20 de la 51ª División franquista. Fecha y lugar de la deserción: 2 de abril de 1937, en el sector de Huesca. Armas que se llevó: fusil y dos granadas. Razones de la deserción: “Antes de la guerra estaba afiliado a las Juventudes Socialistas y a la CNT. Cuando estalló la sublevación militar, me uní a una columna que iba a Huesca a pedir armas contra los insurrectos. A la columna la detuvieron los guardias civiles. Pude escapar, pero me encarcelaron por la denuncia de un vecino. Salí de la cárcel para entrar por mi quinta en el ejército franquista. Un día me mandaron a la armería para arreglar un fusil y en una habitación del cuartel encontré muchos cadáveres. Eran soldados fusilados por ser de izquierdas. Me asusté tanto que deserté esa misma noche. Cuando me juzgaron después de la guerra, uno de los jueces me dijo que él habría hecho lo mismo. Me condenaron a 30 años y un día, pero gracias a unas tías mías, que habían dado refugio a unas monjas, salí en 1942.”

En marzo de 1937, ante el fracaso en la toma de Madrid, Franco decide invadir el territorio de Euskadi aún en manos republicanas. Era la llamada Operación Bilbao. Como colofón a los preparativos, todos los jóvenes vascos en zona sublevada pertenecientes al reemplazo de 1930 quedaban movilizados. Dado que el decreto fue desoído por un número importante de mozos, el 13 de abril el Ejército franquista ordenó que los familiares de los jóvenes prófugos se presentasen en las oficinas correspondientes de Quintas para inquirirles sobre el paradero de los desertores y, en su caso, presionarlos para su incorporación a la milicia fascista.23

Los peligros de la deserción se incrementan, lógicamente, una vez ya incorporado el mozo a filas. Saltar de las trincheras propias para huir significa exponerse como diana a las descargas de fusilería y a las ráfagas de ametralladora de toda la posición. En esta tierra de nadie apenas hay posibilidad de escapatoria, sobre todo cuando los que disparan se cuentan entre los mejores tiradores, como sucede con la Legión. Los desertores de esta fuerza de élite de los sublevados casi siempre firman su sentencia de muerte. Así, el 6 de diciembre de 1938, en el sector castellonense de Caudiel, se evaden cinco legionarios de la 1ª Bandera, de la 152ª División y los centinelas casi hacen pleno, ya que matan a cuatro de ellos.24

Según Pedro Corral, se pueden establecer dos tiempos en el capítulo de deserciones en la Guerra Civil. En el primero de ellos, el protagonismo correspondió al bando sublevado, para el que los numerosos prófugos y desertores fue un motivo extraordinario de preocupación hasta principios de 1938. De hecho, a lo largo de la primera mitad de 1937, la documentación de la 5ª División orgánica, responsable de los frentes de Aragón, registra cerca de seiscientas deserciones, a pesar de que se producen en sectores relativamente tranquilos, Existen pruebas, siempre según Corral, de que al menos hasta enero de 1938 y, a pesar de que para entonces la guerra marchaba favorablemente para las armas franquistas, las deserciones al enemigo en algunas unidades seguían siendo un motivo de inquietud. En el Ejército del Sur, a las órdenes de Queipo de Llano, se las consideraba, por aquellas fechas, un “mal endémico”25.

En el segundo tiempo, que arranca con la liquidación del frente republicano del Norte en octubre de 1937 y continúa con el desplome del frente de Aragón y la división de la España republicana en marzo y abril de 1938, la preocupación por las deserciones y la falta de incorporación a filas pasó a ser casi exclusiva del bando gubernamental. En este, una de las razones que multiplicaban las deserciones amén de anular importantes operaciones bélicas (como el intento de dividir la zona sublevada en dos con una ofensiva en Extremadura a finales de 1937) y minaban la moral era la escasez de indumentaria y la falta de comida. En un informe del 25 de agosto de 1938, el anarquista Gil Roldán, comisario del Grupo de Ejércitos de la zona catalana, denunciaba que estas razones llevaban a muchos combatientes, algunos “con gran historial político y veteranos”, a fugarse del frente, la mayoría hacia la retaguardia.

Es muy difícil que un hombre que no ha comido en dos días, y que no tiene ropa ni calzado, le pueda bastar para conformarle una conferencia o un discurso político… En visita que hice últimamente al sector norte del X Cuerpo de Ejército, pude ver a los soldados medio desnudos y teniendo que envolverse los pies con sacos. Esto en medio de una lluvia torrencial y ante la perspectiva de las grandes nieves que bajan la temperatura varios grados. Al soldado que no cobra los haberes con puntualidad precisa , y que por tanto no puede enviar el dinero a los suyos, se le hace pensar insistententemente en la posible tragedia de su casa.26

La propaganda fue otro factor a tener en cuenta para explicar las deserciones. José Manuel Grandela se hace eco de ello en Balas de papel (Salvat,2002). Así, por ejemplo, en el verano de 1937 en Extremadura, mientras los soldados republicanos intentaban protegerse del calor sofocante buscando la sombra de las encinas, la aviación franquista sobrevuela la zona y lanza sobre los milicianos una lluvia de octavillas en las que se les promete tres horas diarias de siesta para que se pasen a su bando.27

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Para lanzar propaganda de un lado a otro de las trincheras, los contendientes llegaron a valerse de piedras e incluso de fruta. Grandela narra el caso del lanzamiento de naranjas envueltas en propaganda para que esta fuese leída por el enemigo en su trinchera. Se recurrió, igualmente, a los perros para comunicar futuras deserciones. Así, un oficial del ejército republicano que defendía la Casa de Campo de Madrid redactó el siguiente informe en 1936: ”Ha sido capturado un perro que, procedente de las líneas enemigas, se ha acercado a las nuestras. Traía trasquiladas en el lomo las siglas UHP, y un papel atado al cuello con el siguiente mensaje: ‘Esto lo ha escrito un soldado rojo que pasará a vuestras filas muy pronto.Salud, camaradas’28.

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Francisco J. Leira Castiñeira pone como ejemplo de la magnitud que alcanzó la deserción el Regiminento de Infantería Mérida 35. En él se abrieron un total de 2.366 expedientes de deserción simple y 822 por faltar o retrasarse a la incorporación de un total de 10.130 soldados que formaron parte desde enero de 1935 hasta diciembre de 1938, en algún momento del citado Regimiento. Suponen un 31’5% de los reclutas de Mérida, porcentaje que puede disminuir debido a que algunos expedientes se abrieron a soldados que posteriormente se descubriría que estaban incorporados en una milicia de Falange.29

Llegados a este punto se pueden extraer diversas conclusiones. En primer lugar, la memoria de los desertores ha seguido confinada en los archivos, en legajos en su mayoría inéditos hasta hoy. De hecho, Pedro Corral habla de más de seis mil expedientes de justicia militar, muchos sobre desertores y automutilados, que se conservan en el Archivo General de la Guerra Civil en Salamanca y de los cuales él ha sido el primero en solicitar la documentación. Ha persisistido hasta nuestros días un tabú sobre la cuestión que tiene que ser superado.

Una segunda conclusión es la multiplicidad de causas por las que se producían las deserciones. Las había de índole ideológica y política, las de aquellos soldados que deseaban pasarse al otro bando por que sen encontraban en la zona “equivocada” en el momento “equivocado”. Otras eran por cuestiones familiares. El mozo llamado a filas quería reunirse con sus parientes cuya casa se encontraba al otro lado de las líneas enemigas. Las había, así mismo, de tipo religioso como los casos de testigos de Jehová que se han abordado durante este artículo. Otros motivos eran más prosaicos como, por ejemplo, la falta de comida y vestido, la malas condiciones higiénicas, etc. Finalmente, había también quien desertaba por miedo a la guerra, a los combates y a la muerte.

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Una tercera conclusión es que hubo desertores en las dos zonas. Al principio de la contienda, más en la zona sublevada, pero a medida que iban transcurriendo los meses y se barruntaba que la República perdería, fue en la zona gubernamental donde se dio el mayor número de casos.

Para acabar, la deserción era un práctica de altísimo riesgo que, a menudo ,implicaba la muerte lo cual evidencia el grado de desesperación a que habían llegado millares de soldados que, aún así, no dudaron en dar el paso.

BIBLIOGRAFÍA Y WEBGRAFÍA

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“Tratado de renuncia a la guerra. Pacto Briand-Kellog (1928)”.En: dipublico-org. Derecho internacional, 12/10/2011 (en línea) (consulta 20/06/2017). Disponible en: http://www.dipublico.org/3584/tratado-de-renuncia-a-la-guerra-pacto-briand-kellog-1928/

Notas al pie

1 “Tratado de renuncia a la guerra. Pacto Briand-Kellog (1928). En: dipublico.org. Derecho internacional,12/10/2011 (en línea) (consulta 20/06/2017). Disponible en: http://www.dipublico.org/3584/tratado-de-renuncia-a-la-guerra-pacto-briand-kellog-1928/
2 Xabier Aguirre “Los insumisos del 36: El movimiento antimilitarista y la Guerra Civil Española”. En: En legítima desobediencia. Tres décadas de objeción, insumisión y antimilitarismo. Madrid: Movimiento de Objeción de Conciencia y Traficantes de Sueños, 2002, p.35 (en línea) (consulta 20/06/17). Disponible en: http://www.antimilitaristas.org/IMG/pdf/LIBRO.pdf
3 Ibidem, p.35.
Ibidem,p.37.
5“ Amparo Poch y Gascón”.En: Wikipedia. La Enciclopedia libre (en línea) (consulta 22/06/2017). Disponible en: https://es.wikipedia.org/wiki/Amparo_Poch_y_Gasc%C3%B3n
6 Tiempos Nuevos, 1/06/1935.
7 Jesús Castañar Pérez “Breve historia de la acción no violenta”. En: Breve historia de la no violencia- Madrid: Ediciones Pentapé, 2010 (en línea) (consulta 22/06/2017). Disponible en: http://www.jesuscastanar.zamarrismo.net/publicaciones/2010%20Jes%C3%BAs%20Casta%C3%B1ar%20Breve%20Historia%20de%20la%20Noviolencia.pdf
8 Citado por Xabier Aguirre “Los insumisos del 36:El movimiento antimilitarista y la Guerra Civil Española.”En: En legítima defensa. Tres décadas de objeción, insumisión y antimilitarismo. Madrid: Movimiento de Objeción de Conciencia y Traficantes de Sueños , 2002, p.38 (en línea) (consulta 24/06/2017). Disponible en:  http://www.antimilitaristas.org/IMG/pdf/LIBRO.pdf
9 Citado por Xabier Aguirre “Los insumisos del 36. El movimiento antimilitarista y la Guerra Civil Española.” En: En  legítima defensa . Tres décadas de objeción, insumisión y antimilitarismo. Madrid: Movimiento de Objeción de Conciencia y Traficantes de Sueños, 2002, p.43 (en línea) (consulta 26/06/2017). Disponible en: http://www.antimilitaristas.org/IMG/pdf/LIBRO.pdf
10 Citado por Enrique Moradiellos “Reclutas forzosos en la Guerra Civil”. En: El País,27/07/2013 (en línea) (consulta 26/06/2017). Disponible en: http://cultura.elpais.com/cultura/2013/07/23/actualidad/1374596712_371820.html
11 Francisco J. Leira Castiñeira “Los soldados de Franco, entre la movilización ciudadana y el reclutamiento militar obligatorio, Galicia , 1936-1939.En : Revista Universitaria de Historia Militar (RUHM),núm 4, Vol.2, (en línea) (consulta 26706/2017). Disponible en: http://ruhm.es/index.php/RUHM/article/view/46
12 Ibidem,p.34.
13 Citado por Rafael Núñez Florencio “Obligados a luchar”, En : RdL.Revista de Libros. 22/10/2013 (en línea) (consulta 26/06/2017). Disponible en: http://www.revistadelibros.com/resenas/obligados-a-luchar
14 Francisco J. Leira Castiñeira “Los soldados de Franco, Entre la movilización ciudadadana y el reclutamiento militar obligatorio.Galicia, 1936-1939.En Revista Universitaria de Historia Militar (RUHM).núm 4, Vol.2, (en línea) (consulta 26/6/2017). Disponible en: http://ruhm.es/index.php/RUHM/article/view/46
15 Pedro Corral “Desertores. Los apestados de la Guerra Civil”. En: El Mundo. Magazine, núm 354, 09/07/2006, (en línea) (consulta 27/06/2017). Disponible en http://www.elmundo.es/suplementos/magazine/2006/354/1152274394.htmlhttp://www.elmundo.es/suplementos/magazine/2006/354/1152274394.html
16 Ibidem.
17 Pedro Corral Desertores. La Guerra Civil que nadie quiere contar. Madrid: Debate, 2006.pp.20-21.
18 “Joan Pujol i García”. En:Viquipèdia. L’Enciclopèdia lliure.(en línea) (consulta 30/06/17). Disponible en: https://ca.wikipedia.org/wiki/Joan_Pujol_i_Garc%C3%ADa
19 Marta Velasco Mártires.Las religiones minoritarias en España desde la Segunda República hasta nuestros días. Tres Cantos (Madrid): Ediciones Alkal, 2012
20 Àlex Novials “Qui era Nemesio Orús?”.En: Sapiens, 22/05/2017 (en línea) (consulta 30/06/17).Disponible en: http://www.sapiens.cat/ca/notices/2017/04/qui-era-nemesio-orus-7350.php
21 Virginia Hernández “Antonio Gargallo. Fusilado por negarse a empuñar las armas”. En: Historias de España. Especiales Guerra Civil. 18/07/ 2011, (en línea) (consulta 30/07/2017). Disponible en: http://www.elmundo.es/especiales/espana/guerra-civil/relatos/01_antonio_gargallo.html
22 Pedro Corral “Desertores. Los apestados de la Guerra Civil”.En: El Mundo. Magazine. número 54. 07/09/2006 (en línea) (consulta 30706/179. Disponible en http://www.elmundo.es/suplementos/magazine/2006/354/1152274394.htmlhttp://www.elmundo.es/suplementos/magazine/2006/354/1152274394.html
23 Iñaki Egaña “La movilización del lado de Franco”. En: Los crímenes de Franco en Euskal Herría 1936-1940. Tafalla (Navarra): Editorial Txalaparta S.L.L, 2009, p.46.
24 Pedro Corral Desertores. La Guerra Civil que nadie quiere contar. Madrid: Debate, 2006. p.52.
25 Ibidem, p.142
26 Ibidem,p.182.
27 Rafa López “Siesta para los desertores”. En: La verdad, 11/11/2002,(en línea) (consulta 02/07/17), Disponible en: http://servicios.laverdad.es/panorama/reportaje111102-3.htm
28 Ibidem.
29 Francisco J.Leira Castiñeira “Los soldados de Franco, Entre la movilización ciudadana y el reclutamiento militar obligatorio.Galicia 1936-1939”. En: Revista Universitaria de Historia Militar (RUHM),núm 4, Vol.2 (en línea) (consulta 03/07/17). Disponible en: http://ruhm.es/index.php/RUHM/article/view/46

Escrito por Francesc Tur

51 anys, Sóc Graduat en Humanitats per la UOC interessat per la història contemporània, especialment en el període de la Segona República i la Guerra Civil.També en l'època d'entreguerres europea i, en general. el primer terç del segle XX.

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