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El otro Holocausto: la matanza de animales en las guerras del siglo XX en Europa

En todas las guerras que se han producido en el mundo y a lo largo de la historia se habla, obviamente, de las víctimas (muertos y heridos) que han ocasionado, de las destrucciones y de las penurias que han acarreado. En las conflagraciones del siglo pasado, como consecuencia de la carrera armamentista y del uso de ingenios militares cada vez más mortíferos, el número de damnificados aumentó exponencialmente. Sin embargo, hay unas víctimas, absolutamente inocentes que han sido totalmente olvidadas por los historiadores o, si se han acordado de ellas, ha sido en función de su participación decisiva en una operación militar. Estamos hablando de los animales.

En este artículo haremos una somera aproximación a la suerte de estos seres vivos, habitantes junto al ser humano de nuestro planeta, durante tres conflictos bélicos: la Primera Guerra Mundial, la Guerra Civil Española y la Segunda Guerra Mundial. Se trata de una mera aproximación al tema que no pretende ser ni mucho menos exhaustiva (ni puede serlo en unas pocas líneas), pero que arroje al menos algo de luz sobre la cuestión. Por otra parte, no se hará referencia (más que a título orientativo) al uso militar de los animales ni a los “servicios” que les obligaron a prestar a los diferentes ejércitos (por los cuales algunos de ellos llegarían y a ser incluso condecorados) sino al sufrimiento que padecieron y al número -ni que sea aproximado- de víctimas entre ellos. Sí que se hablará sobre los cometidos para los que se les preparaba sin lo cual no se entendería los riesgos que tuvieron que correr, sus penalidades físicas y psicológicas y el elevadísimo número de bajas no humanas.

Dieciséis millones de animales fueron movilizados en la primera de las dos conflagraciones mundiales del siglo XX, entonces conocida como “La Gran Guerra.” Entre estos 11 millones de caballos, 200 000 palomas mensajeras, además de mulas, asnos, bueyes, cerdos y más de 100 000 perros. Francia tuvo en servicio 15000 (eran solo 26 al inicio de la guerra; Alemania, cerca de 30 000 (eran 6000 en 1915) -de los cuales únicamente un 10% regresó a casa-, mientras que Italia envió al frente a cerca de 3 500 canes. Cifras dramáticas que, no obstante, es muy posible que estén por debajo de la realidad sobre todo si se tiene en cuenta que solamente Rusia utilizó a 50 000 perros, con los cual el número estimado de canes muertos en tantos campos de batalla podría ser por poco inferior al millón de ejemplares.1

De todas formas fueron los caballos las grandes víctimas del conflicto bélico en Europa. La importancia que se otorgaba a este animal se pone de manifiesto con la proclamación del káiser Guillermo II en agosto de 1914: “Vamos a defendernos hasta el último suspiro de nuestros hombres y de nuestros caballos.2

En los cuatro años que duró la guerra, los franceses destinaron entre 1’5 y 1’8 millones de équidos a los esfuerzos militares; en Inglaterra, la cifra fue de 1’2 millones y los alemanes participaron también con 1 millón. El resto de países, en total, envió a 4 millones al frente. La importancia, pues, del caballo en la conflagración es tal que Gene Tempest, investigadora de la Universidad de Yale dijo que “La Gran Guerra fue un conflicto ecuestre. La fuerza de estos animales hizo posible la vida y el combate diario. Ellos fueron los principales motores de la guerra.3

Francia, en 1914 solo disponía de 170 vehículos automóviles, pero en sus filas había 190 000 caballos, según unas fuentes, 460 0004, según otras, 90 000 de los cuales en la caballería y el resto dedicado a los transportes y a tareas pesadas. Su aportación es relevante tanto en el frente como en la retaguardia. Algunos testimonios dan cuenta de los padecimientos que tuvieron que soportar.

No había nunca oído gritar a los caballos y no podía a penas creerlo. Era toda la angustia y la desesperación del mundo. Es la criatura martirizada. Es un dolor salvaje y terrible que gime también. Nos pusimos pálidos. Detering [el nombre del animal] se levanta.”!Por el amor de Dios, acabe con él, pues! “[…] Le digo que los animales hagan la guerra es la más grande abominación que pueda existir […]5.

Al desatarse los primeros combates se convocó a todos los caballos al servicio militar, exactamente igual como se hacía con los soldados. Desde 1877, el gobierno francés disponía de un marco legal que permitía confiscar a los animales en caso de guerra. En virtud de esta potestad, en agosto de 1914 más de 700 000 équidos franceses (uno de cada cuatro animales del país) fueron conducidos a las trincheras. Además, el gobierno de París trajo de fuera del hexágono a otros 50 000 animales procedentes de Argelia y otros lugares. ¿Qué consecuencias implicó? En palabras de la investigadora de Yale Gene Tempest:” De los campos desaparecieron, simultáneamente, hombres y caballos. En 1914, eso generó una grave crisis en la agricultura. La ausencia de estas dos fuerzas de trabajo fue algo difícil de superar.6

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Un caballo del ejército británico durante la Gran Guerra. Fuente: Mundiario

¿Cuántos caballos murieron a lo largo de la contienda? Las cifras varían si bien algunas estimaciones sugieren que 8 millones. Otros autores elevan la cifra hasta 11’5 millones. En cualquier caso se puede decir que hubo casi el mismo número de víctimas mortales entre los soldados y los caballos.

En el caso de Francia, el veterinario y oficial general Claude Milhaud en su libro 1914-1918. L’autre hécatombe. Enquête sur la perte de 1 140 000 chevaux et mulets (Paris: Bélin, 2017) avanza la cifra que da título a su obra de 1 140 000 caballos y mulas muertos7:

En un primer momento, de agosto a noviembre de 1914, en la época de las ofensivas y, luego de una estabilización del frente que todo el mundo cree temporal, permanecen a menudo, al aire libre, a veces en parques y más frecuentemente atados a una cuerda entre dos postes o enganchados a vigas e incluso a ruedas de vehículos. Diversos testimonios dan fe de que cocean, se muerden, tiran de las cuerdas para escaparse, etc. Lo peor es cuando quedan empapados por la lluvia, sobre todo en septiembre, mes con elevada pluviometría, chapoteando en los charcos de agua y barro, padeciendo una humedad que remonta a lo largo de sus miembros hasta el vientre y los costados, que persiste después con las calmas, mantenida por el barro pegado a los pelos (aún más difícil de soportar con el frío de noviembre). Por otra parte, las mantas previstas para abrigar a las bestias eran a menudo utilizadas por los hombres, además de las suyas, porque los soldados se encontraban también al aire libre8.

¿Qué funciones desempeñaban estos animales? Estas fueron evolucionando a lo largo del tiempo. En los primeros meses de la guerra en el frente occidental son obligados a efectuar largas distancias para no perder el contacto con el enemigo lo cual provocaba su extenuación. Además, la potencia de fuego de las ametralladoras enemigas en un contexto de estancamiento que condujo a la guerra de trincheras, evidenciaba la inutilidad de las cargas de caballería y las enormidad de las pérdidas que conllevaba. Así, el 24 de agosto de 1917, el 9º Queen’s Royal Lancer británico lanzó una ataque contra la infantería alemana que se saldó con la muerte de 250 soldados y de 300 caballos9. En el sector oeste, eran utilizados, asimismo, como medio de transporte. La mayoría se empleaban para arrastrar cañones a la línia de tiro, cargar soldados, municiones, armas, suministros y correpondencia. También servían para recoger a los muertos después de las batallas y como un vehículo sigiloso para espiar a tropas enemigas.

Ni que decir tiene que, muy a menudo, los équidos acababan exhaustos e incluso morían por el brutal esfuerzo que se les exigía. Los cañones eran extremadamente pesados y la gran cantidad de soldados muertos en determinadas batallas transportados a lomos de las bestias, hacían que los animales no dieran abasto para soportar tanta carga.

A todo ello habría que añadir la mala alimentación. En 1917, suplir las necesidades nutricionales de los equinos requería de 3 750 toneladas de alimento al día. La mayor parte se importaba de los Estados Unidos, que redujo las exportaciones debido a la subida de los precios de los fletes. Las deficientes condiciones sanitarias, las inclemencia meteorológicas o el estrés acústico en los equinos provocado por las explosiones (aunque hubieran sido previamente preparadas). Por ello, ese año, el Estado Mayor se vio obligado a separar a 100 000 caballos. Otros acabaron aún peor, enterrados vivos en el barro de los campos de batalla10 y un largo etcétera de penalidades. Todo ello explica que, según los informes del Service Vétérinaire de l’Armée francés atendieran 6’5 millones de veces a los caballos. Esta es una cifra alarmante porque implica que cada caballo galo que fue a la guerra habría ingresado en las enfermerías un promedio de siete veces en los cuatro años que duró la contienda.11

Otra de las calamidades que debieron padecer los equinos era cuando quedaban atrapados en el barrizal de las arenas movedizas o de terrenos anegados:

Hay que tener en cuenta que el caballo, ante cualquier amenaza, reacciona con la huida instintivamente aunque existan diferencias entre las diferentes razas y la crianza que hayan tenido. Aún así, ningún équido puede dejar de sentir miedo en un escenario bélico. El peligro lo detectan por la vista, el olfato, el oído y el tacto. Las alturas les asustan. En un terreno embarrado con charcos y, más aún cuando están helados, ellos no conocen la profundidad de ese charco o si quedarán atrapados en el fango. Si hay una mancha oscura en el camino, no quieren pasar por ella ya que creen que hay un hoyo en el que pueden meter la pata y herirse. A través de sus cascos, además, detectan las diferentes durezas y texturas del terreno.12

Por si lo anteriormente expuesto fuera poco, los caballos descubren a nuevos hombres, ven nuevos gestos, oyen nuevas voces y sobre todo escuchan nuevas palabras ya que los conductores hablan diversos dialectos regionales a menudo diferentes del del propietario inicial. Deben habituarse poco a poco a su nuevo nombre, al ser abandonado el antiguo por el ejército.13

En los meses estivales otro problema que se plantea es el de la insuficiencia de agua para unos animales que transpiran abundantemente cuando llevan un ritmo intenso de actividades (hasta 10 litros por hora en los equinos actuales) , con lo cual se deshidratan rápidamente y, como su parte de agua corporal no debe variar sustancialmente, tienen necesidad de beber mucho (de 40 a 50 litros, según su peso, en los ejemplares de nuestros días).14

Las mulas son también movilizadas para tirar de carros de provisiones, correos, municiones e incluso cañones como fue el caso de la 8a London Howitzer Brigade a principios de 1915. Sin embargo, no tenían la fuerza de arrastre de los caballos como testimonia el soldado italiano Gadda en junio de 1916: “Para comenzar los furgones cargados de municiones no podían ser arrastrados ni por dos mulas ni tan siquiera por cuatro, fue preciso dar media vuelta, ralentizar la marcha y poner las mulas delante para que los sirvientes pudiesen hacerse cargo de los furgones.”

Lo esencial del esfuerzo fue realizado, en consecuencia, por los équidos que llevaron a cabo un trabajo extenuante. Así, en un atalaje15 de seis del cañón francés de 75 cada uno debía arrastrar 400 kg.16

Es menos conocida la presencia de perros en los frentes aunque en mucho menor número, ciertamente, que los caballos. Será durante la Segunda Guerra Mundial cuando su uso se generalizará. ¿Cuántos canes fueron movilizados en la conflagración de 1914 a 1918?

Walter Capraro, de la asociación animalista italiana Apaca OdV afirma que fueron más de 100 000 los que se vieron implicados en el conflicto bélico en los diferentes países que participaban en él.

En 1914 una sola unidad del ejército francés estaba integrada por perros. Sin embargo, en 1915 el entonces ministro galo de la Guerra, Alexandre Millerand, creó el Service des chiens de guerre.

3000 canes fueron reclutados en las perreras básicamente destinados a los servicios sanitarios. Su misión era, o bien de transportar medicamentos a través de laberínticos caminos a las primeras líneas, o bien encontrar y señalar a los enfermeros los combatientes heridos.

El primer trauma que sufrían era la separación forzosa de sus amos y un viaje que, a veces, si eran transportados desde lugares fuera del continente (como los que cruzaron en barco el canal de La Mancha procedentes de Inglaterra), se transformaba en una auténtica pesadilla. Un infierno que también debieron soportar los caballos que llegaban por vía marítima víctimas a menudo de ataques de ansiedad.

La duración del conflicto y la expansión de las trincheras provocan una evolución en el papel que juegan estos animales. Son utilizados como guardianes en los depósitos de la retaguardia o en los campos de prisioneros. Se emplean, igualmente, en el frente para patrullas de reconocimiento o vigilancia de trincheras. Resultaron particularmente útiles por la noche cuando su oído les permitía localizar eventuales desplazamientos en tierra de nadie y, en consecuencia, advertir en caso de ataque. También llegaron a servir, en algunos casos, de estafetas.17

El ejército francés llegaría a tener en sus filas a 12 000 perros a los que se consideraba combatientes. Eran instruídos para las misiones que tenían que llevar a cabo, disponían de un estado civil, de una cartilla militar, de una matrícula de identidad y de equipamiento.

Varios historiadores militares apuntan la cifra de cerca de un millón el número de canes de combate muertos entre 1914 y 1918.-19.

Las penalidades, el hambre, el frío incrementaron la mortandad de estos cuadrúpedos, a medida que avanzaba el conflicto y las condiciones de vida de los combatientes se hacían cada vez más precarias. Muchos morían como consecuencia de disparos o de caídas en trampas del enemigo sin poder ser atendidos por unos servicios veterinarios que en 1917-18 estaban colapsados.

No pocas de las situaciones estresantes para los canes -igual que ocurre con los caballos- tienen que ver con el ruido. Ellos son capaces de escuchar sonidos inaudibles para los humanos y cualquier estridencia puede alterar sus funciones fisiológicas. En perros adultos de hasta 40 kg las pulsaciones por minuto varían de 100 a 160 mientras que en aquellos que superan los 40k g, sus latidos disminuyen de 60 a 100 por minuto.

Cuando el perro aumenta su ritmo cardíaco puede producirse una taquicardia sinusal. Esta taquicardia surge cuando su ritmo es más rápido de lo normal. Por supuesto en un contexto de guerra no es nada extraño que estos casos se presenten.18

Volveremos a hablar de estos animales abordar la Segunda Guerra Mundial cuando fueron utilizados como arma suicida.

Los canes, a diferencia de los caballos -que recibieron un trato más o menos similar en los dos bandos contendientes- tuvieron diferente suerte según el ejército al que les había tocado servir. Si en Alemania, Austria e Inglaterra eran aseados, secados y peinados a la vuelta de cada misión, tanto al principio del conflicto en 1914 como al final, en 1918, en Francia e Italia la situación era diferente. Los animales experimentaban en sus carnes la humedad primaveral y otoñal, estando a menudo mojados en la espalda, acostados en el rocío, cubiertos de barro al menos hasta el vientre y, en consecuencia, menos protegidos por su pelo de los fríos nocturnos.19

La fatiga era otro enemigo a combatir. Conductores y veterinarios austríacos afirman que el miedo, el hambre y los dolores en las patas provocan agotamiento en los perros que tiran de carretas. Los franceses, por su parte, dan testimonio de que sus canes proveedores del 11º regimiento de coraceros20 a pie en ocasión de una ofensiva en septiembre de 1918 muestran signos de “desgaste”, adelgazan preocupantemente, cojean mucho haciendo seis transportes por días con cargas pesadas. En los Vosgos, los perros europeos integrados para reforzar a sus congéneres americanos no pueden seguir su ritmo en razón de una anatomía y una fisiología menos adaptadas, sobre todo a causa de unas patas menos resistentes.21

Aparte de caballos y perros también participaron en la contienda las palomas. Sus efectivos aumentan por todas partes pasando de 20 000 en 1914 a 44 000 en 1917 del lado alemán ya que su utilización se convierte en indispensable con los bombardeos que deterioran continuamente los otros medios de comunicación. 3000 palomas son instaladas en 1915 por los británicos repartidas en quince estaciones de 200 ejemplares cada una para evitar su captura o su destrucción masiva y el número aumenta regularmente alcanzando las 22 000 al final del conflicto cuando las palomas son masivamente movilizadas por los aliados (15 860 en entreno por los franceses en abril de 1918).22Muchas sucumbieron a los tiros de los militares del bando contrario; otras, murieron gaseadas.23

En cuanto a los gatos, la mayoría procedían de los pueblos situados de una parte y de la otra de los frentes; con la partida de los civiles, el abandono e incluso la destrucción de las casas, la metralla y los bombardeos incesantes cuando son fijadas las líneas, numerosos felinos se refugian en los sótanos abiertos, los hangares con sus techos hundidos, las paredes destrozadas, etc.

Muchos muestran desconfianza hacia los soldados y los rehuyen. más aún cuando son testigos de los gritos de congéneres heridos al ser perseguidos por militares movidos por el placer de matarlos o el deseo de comérselos. Tal fue el caso de la compañía francesa de Cendrars donde se consumen dos o tres por semana en mayo de 1915.24

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Requisa de caballos en Maisons-Alfort (Île-de-France) en octubre de 1914. Fuente: 87 Dit

Algunos de ellos, sin embargo, llegaron a congeniar con los hombres e incluso se pasearon por trincheras en busca de ratones o de refugio contra el frío llegando, a veces, a trabar relaciones con soldados amantes de las mascotas que les proporcionaban calor y cariño.

La Guerra Civil Española fue otro escenario en el que, desgraciadamente, unos seres que no eran ni republicanos ni fascistas, que no entendían de política ni tenían intereses estratégicos o económicos que defender cayeron víctimas de la furia bélica de los humanos. Al inicio de la sublevación, las luchas entre ambos bandos comportó la muerte de varios caballos como se aprecia en los enfrentamientos del 19 de julio de 1936 en Barcelona en la plaza de Cataluña e inmediaciones. Las imágenes de los animales utilizados como barricadas por los antifascistas dieron la vuelta al mundo. Para avanzar en el frente se recurrió, asimismo, a los burros y a los asnos empleados para el transporte de mercancías, soldados heridos, comida y armamento

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Fotografía de Agustí Centelles de los enfrentamientos en Barcelona ante el golpe fascista de julio de 1936. Fuente: El País

Las principales causas de fallecimiento, asegura Ricard Fernández Valentí en su blog El Tranvia 48. eran los bombardeos y disparos. Los caballos serán entonces aprovechados por las tropas-como ya se ha apuntado anteriormente- para montar barricadas en las calles o en los campos de batalla abiertos como único modo de resguardarse de las balas enemigas y poder así plantar cara al adversario.

Otras víctimas del conflicto español serían los perros. Mayormente, perdigueros, pastores alemanes y alanos, gracias a su lealtad, solían ser adiestrados para actuar como sanitarios de rescate en la Cruz Roja, buscadores de minas, espías, patrulleros y mensajeros, entre otras funciones. Incluso la Alemania nazi mostró interés en la adquisición de algunos canes españoles para sus fines bélicos. Algunas cifras aseguran que fueron hasta 200 000 los comprados entre 1934 y 1939, siendo la Legión Cóndor la responsable del transporte desde Burgos hasta Alemania. Lógicamente, las consecuencias de la guerra conllevaron la muerte de muchos de estos cuadrúpedos “en acto de servicio” como cínicamente se solía decir entonces.25

A modo de curiosidad -añade Fernández Valentí- hay constancia de que en el santuario de Santa María de la Cabeza (Jaén) ante el asedio republicano que sufrían los allí refugiados, se optó como forma de aprovisionamiento el uso de pavos vivos cargados de provisiones y medicamentos atados a ellos. Dichas aves, que asumían la función de paracaídas, eran soltadas desde el aire por medio de aviones y, a llegar al suelo, con su aleteo aterrizaban sin romper la carga.

El hambre que sobrevino como consecuencia del conflicto, sobre todo en las poblaciones asediadas por el ejército contrario, provocó estragos entre los animales. Es paradigmático -pero no el único ni muchísimo menos- el caso de Madrid. La ciudad sitiada por los franquistas albergaba a un millón de personas a las que había que sumar todos los refugiados que, desde el sur, confluyeron hacia la capital de la República huyendo del avance de las tropas fascistas. La penuria de alimentos se hizo extrema al cortarse las conexión con Valencia en febrero de 1937. Al respecto, las hermanas Laura y Carmen Gutiérrez Rueda en su libro El hambre en el Madrid de la Guerra Civil (Ediciones La Librería, 2015), reedición de un texto publicado en 2003, afirman: “Los gatos desaparecieron de la ciudad. Eran similares a los conejos y la gente se los comía. Cerca de nuestra casa en la calle de Argensola murió un burro de una carbonería, se troceó y se vendió para el consumo. También se hacía pasar perro por cordero.26

De hecho, en Madrid y en otras poblaciones, algunas carnicerías vendían carne de gato mezclada y confundida con la de conejo. Cuando en los mostradores se veía al animal colgando con la cabeza, se tenía la certeza de que era conejo, pero si estaba decapitado, muy probablemente se trataba del felino, obviamente sin la cola.

A medida que avanzaba la guerra, aumentaban en frecuencia e intensidad los bombardeos aéreos que sufrieron múltiples localidades de la Península y, con menos virulencia, también de las Baleares. En ellos no solo perecieron personas, sino también animales domésticos y de granja que recibieron el impacto de los proyectiles allá donde eran arrojados, tantos en áreas urbanas como rurales. La presencia de animales muertos en las calles, carbonizados o despedazados, comportó un alto riesgo de transmisión de epidemias ante una situación de extrema insalubridad, por lo cual las autoridades municipales ordenaron retirar e incinerar los cuerpos.

En ciudades como Barcelona o Madrid que contaban con un parque zoológico, los animales fueron también víctimas de las incursiones aéreas. Ambos recintos, sitos en los parques de la Ciudadela y del Retiro respectivamente, resultaron especialmente castigados y sus instalaciones sufrieron daños de consideración amén de la pérdida de la vida de varias especies, algunas de ellas muy valiosas, que albergaban, llegándose al sacrificio de otras que se hallaban enfermas o malheridas por falta de medicamentos.27

El 1 de abril de 1939 termina la conflagración civil en España con la victoria del ejército de Franco, pero no se acaban los conflictos bélicos en el continente europeo. En septiembre de 1939, el Reino Unido declara la guerra a Alemania por la invasión nazi de Polonia. En un contexto de grave preocupación de la población por lo que pudiera acontecer, el National Air Raid Precautions Animals Committee (NARPAC), creado por el gobierno de Londres ante la eventualidad del racionamiento de alimentos, emitió un comunicado bajo el título “Consejos para propietarios de animales” en el que sugería trasladar a las mascotas de las grandes ciudades al campo. Y concluía con las recomendación de que si no les era posible mantenerlas, una solución podía ser dejarlas al cuidado de los vecinos y, en último extremo, eliminarlas. El anuncio también contenía un anuncio de una pistola de perno cautivo que podía usarse para matar a los animales “con humanidad.”

Este anuncio se difundió en todos los periódicos de circulación estatal y fue tomado al pie de la letra por la mayoría de la población que acudió en masa a clínicas de cirugía de mascotas y a hogares de animales para sacrificarlos.

Las estimaciones apuntan a que más de 750 000 mascotas fueron eliminadas en estos días, sobre todo después de los primeros bombardeos aéreos de Londres en septiembre de 1940 por parte de la luftwaffe que desataron el pánico entre la población civil.

En los primeros día de la guerra, los hospitales y dispensarios de la organización Saving Pets Changing Lives (PDSA)28se vieron desbordados por los dueños que traían a sus mascotas para ser sacrificadas. Su fundadora, Maria Dinckin lo expresaba en estos términos: “Nuestos oficiales técnicos llamados a realizar este infeliz deber nunca olvidarán la tragedia de esos días”

Para contrarrestar la propaganda del NARPAC hubo grupos de activistas y asociaciones de veterinarios que abogaban por los animales domésticos; otras personas optaron por “prestarlos” al ejército como ocurrió con 6000 perros, muy pocos de los cuales regresarían a casa.

En el zoo de Londres, por otra parte, se procedió a sacrificios masivos de diferentes especies.29

Aparte de organizaciones de la sociedad civil (como Battersea Dogs and Cats Home), hubo personajes relevantes de la época que se esforzaron en paliar la situación de las bestias. Es el caso de la duquesa de Hamilton, persona adinerada y amante de los gatos que se trasladó de Escocia a Londres para transmitir una declaración por la BBC en la que pedía “urgentemente hogares en el país para esos perros y gatos que, de otro modo, deben dejarse morir de hambre o recibir un disparo.”

La aristócrata, con su dinero, estableció una especie de “santuario” para animales en un aeródromo climatizado en Ferne y envió allí a su personal a rescatar a mascotas del Est End de Londres.30

Por lo que hace referencia a la utilización de animales durante la Segunda Guerra Mundial, si bien este fue un conflicto de tanques y que el papel preponderante de la caballería fuese agua pasada, los équidos jugaron todavía un rol importante en las operaciones bélicas. Eran usados para avances rápidos y para seguir al enemigo en retirada, pero la mayoría de veces los regimientos de caballería soviéticos fueron utilizados para desmontar y luchar como infantería regular.

Armados con artillería ligera aparecieron donde el enemigo no los esperaba y golpearon a los nazis. Esta táctica se reveló muy útil durante la batalla de Moscú de 1941 en la que las unidades de caballería constituían casi un cuarto de todas las divisiones soviéticas.

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Anuncio de la NARPAC británica de 1940. Fuente: Blog de Exordio

Además de participar en la contienda, los caballos eran indispensables para el transporte de mercancías y artillería en terrenos sin carreteras. En las durísimas condiciones del otoño y del invierno ruso, los equinos tenían una gran ventaja sobre los camiones desde el momento que no se atascaban en el fango o en la nieve. Y por si esto fuera poco, a menudo servían de alimento para las tropas soviéticas rodeadas por el enemigo.

La Wehrmacht disponía también de sus unidades de caballería, pero pronto tuvieron serios problemas para conseguir nuevos ejemplares. Los alemanes no tenían una fuente ilimitada de estos animales como la URSS que los obtenía en gran número de su aliado mongol.31

Antes hacíamos referencia al asedio de Moscú en 1941. Pues bien, una de las “armas” que contribuyó a que la capital soviética no cayera en manos de los nazis fueron los llamados perros suicidas, oficialmente conocidos como protivokantojava sobaka es decir, “perros antitanque.” En efecto, hubo no pocos momentos en que los Panzer Kommandant de los carros de combate alemanes tuvieron que enfrentarse cara a cara con unos enemigos de cuatro patas. Estos se correspondían con unos canes que, cargados hasta los topes de trinitrotolueno (TNT), habían sido entrenados para esconderse bajo los Panzer enemigos haciendo así estallar la carga explosiva que portaban.

El origen de los perros-bomba data de 1924, año en que los soviéticos aprobaron el uso de los cuadrúpedos en el campo de batalla, aunque, por entonces, sus objetivos eran bien distintos a los que finalmente tendrían. Estos iban desde descubrir a combatientes perdidos en la nieve, hasta hallar minas enterradas en el suelo por el olor del explosivo que albergaban en su interior.

Con la llegada de las tropas de Hitler a las proximidades del Kremlin, el alto mando estalinista decidió entrenar a los animales para que se limitaran a introducirse en la parte inferior de los carros de combate. Previamente les habían adiestrado poniendo comida bajo tanques para que las bestias los asociaran a alimento. Era entonces cuando se activaría una carga explosiva que se detonaba al instante, acabando también con su vida. Según explica el historiador y periodista Jesús Hernández  se decidió que se les atarían explosivos en el lomo. Una vez en el frente, se les soltaba cerca de los blindados alemanes. Los perros se lanzaban rápidamente a buscar su comida bajo el vehículo y, luego, se accionaba una palanca conectada a un explosivo al impactar contra la parte inferior del vehículo.32

En total, los canes destruyeron 300 tanques. Sin embargo, al final de la guerra, los nazis ya habían superado el efecto sorpresa y tiraban contra cualquier perro que apareciera por las inmediaciones con lo cual se cancelaron sus misiones suicidas. A partir de ese momento, los cuadrúpedos se destinaron a detección de minas.33

Es aún menos conocida la participación de camellos en la contienda. Estos aparecieron por primera vez durante la batalla de Stalingrado. Las tropas del Ejército Rojo, cerca de Astracán, que estaban a punto de participar en una de las batallas más grandes de la guerra, se estaban quedando sin camiones ni caballos. Entonces los soldados comenzaron a buscar y a capturar especies salvajes de camellos con la finalidad de usarlos para el transporte de mercancías y de artillería. Casi 350 de estos animales tomaron parte en el conflicto bélico. Muchos de ellos serían, posteriormente, sacrificados y otros “desmovilizados” por los militares soviéticos cuando los dejaron en zoológicos locales en su ofensiva por la Europa oriental, aunque algunos de ellos llegaron incluso hasta Berlín.

También en la URSS, pero esta vez en Leningrado, otra bestia cobró protagonismo, un protagonismo trágico en los primeros meses del asedio a la antigua capital rusa pero que tuvo, por una vez, final feliz cuando la población demostró que no se rendiría a los nazis.

Durante el sitio de la ciudad, el hambre causó estragos entre sus habitantes. No había comida en ninguna parte y la desesperación se apoderó de la gente. Como consecuencia de ello, los gatos de la actual San Petersburgo fueron cazados como si se tratara de conejos y sirvieron de “alimento” a decenas de millares de personas en aquellos días. La práctica desaparición de los felinos de la capital del Neva favoreció la multiplicación de los ratones. Auténticas legiones de roedores hicieron irrupción en casas y depósitos devorando los exiguos restos de provisiones que quedaban.

Las autoridades municipales intentaron desratizar la urbe haciendo uso incluso de tanques para poner fin a la plaga. No sirvió de nada. Por eso, cuando el bloqueo fue roto en 1943, carros llenos de gatos fueron los primeros en entrar en la ciudad. La “división maullante”, como era llamada, afrontó rápidamente el problema y salvó la ciudad del ejército de roedores. Los monumentos a estos felinos, erigidos por ciudadanos agradecidos, se pueden ver en la actualidad en San Petersburgo.

En conclusión, los animales fueron también víctimas de las guerras y las más inocentes de todas ya que no eran responsables, obviamente, de su desencadenamiento ni tenían la menor idea de por qué, de repente, unos humanos enloquecidos iban a por ellos cuando hasta ese momento los habían ignorado o solamente recurrido a ellos para su provecho.

Existen monumentos dedicados a las bestias caída en los conflictos bélicos en diferentes zoos del mundo como en el de Londres, por ejemplo. También ha habido reconocimientos por parte de diferentes gobiernos a su contribución a la victoria, en el caso de los vencedores. Algunos de ellos han sido incluso condecorados, como si se tratara de soldados. No puede haber, seguramente, nada más bajo y ruin. Los que provocaron la muerte de millones de seres indefensos y el padecimiento indescriptible de otros tantos, no pueden lavar su culpa con cuatro medallas o una escultura erigida en un parque. Los caballos, mulas, camellos, perros, palomas y gatos que fueon ametrallados, reventados con explosivos, gaseados, comidos o llevados a la extenuación amén de matados de hambre, sed, frío o cansancio no pueden reinvindicar su memoria. Lo mínimo que se puede hacer es no añadir más ignominia a la que sufrieron. Los animales no hacen la guerra y nada que tenga que ver con ella les atañe. Es cosa de los humanos.

BIBLIOGRAFÍA

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NOTAS

1 Walter Caprano “ “I cani nella grande guerra: i numeri di una carneficina.” En: Associazione Apaca OdV, 24/05/2018. En: https://www.associazioneapaca.eu/i-cani-nella-grande-guerra-i-numeri-di-una-carneficina/

2 Yves Daudu “14-18, la grande boucheri chevaline”. En: Marianne. 19/05/2018 Disponible en: https://www.marianne.net/culture/14-18-la-grande-boucherie-chevaline

3 “La gran masacre de caballos en la Primera Guerra Mundial.” En: Marcianosmx.com, 14/01/2020. Disponible en:https://marcianosmx.com/la-gran-masacre-de-caballos-en-la-primera-guerra-mundial/

4 “Les animaux dans la Grande Guerre.” En: Service éducatif des Archives de La Marne, 2016. Disponible en:https://archives.marne.fr/download.cgi?filename=accounts/mnesys_cg51/datas/cms/Les_animaux_V3.pdf

5 Ibidem.

6 Ibidem.

7 Claude Milhaud 1914-1918. L’autre hécatombe. Enquête sur la perte de 1 140 000 chevaux et mulets (Paris: Bélin, 2017). Citado por: Erwan Le Gall en Une autre hécatombe indispensable à connaître: celle des chevaux pendant la Première Guerre Momdiale” En Envor. L’histoire contemporaine en Bretagne , 2013. En: http://enenvor.fr/eeo_actu/livres/une_autre_hecatombe_indispensable_a_connaitre_celle_des_chevaux_pendant_l_premiere_guerre_mondiale.html

8 Éric Baratay “Logés, nourris, si possible.” En: Bêtes des tranchées. París: CNRS Éditions, 2013,p.126.

9 Les animaux dans la Grande Guerre.” En: Service éducatif des Archives de La Marne, 2016. Disponible en: https://archives.marne.fr/download.cgi?filename=accounts/mnesys_cg51/datas/cms/Les_animaux_V3.pdf

10 Jean-Paul Delance; Jennifer Alberts 11 novembre 1918: 10 choses à savoir sur les animaux et la Grande Guerre” En: France 3 , 06/11/2018. En: https://france3-regions.francetvinfo.fr/hauts-de-france/11-novembre-1918-10-choses-savoir-animaux-grande-guerre-1569568.html

11 “La gran masacre de caballos en la Primera Guerra Mundial.” En: Marcianosmx.com, 14/01/2020. Disponible en: https://marcianosmx.com/la-gran-masacre-de-caballos-en-la-primera-guerra-mundial/

12 David Murriel Holgado “El miedo en los caballos.” En: Relatos Ecuestres, 02/12/2014. Disponible en: http://dmurielholgado.blogspot.com/2014/12/ee l-miedo-en-los-caballos.html

13 Éric Baratay “Apprentissage à marche forcée.” En: Bêtes des tranchées. Paris: CNRS Éditions 2013, pp.73-74.

14 Ibidem, p.132.

15 Conjunto de las guarniciones de las bestias de tiro. https://dle.rae.es/atalaje?m=form

16 Ibidem, p.102.

17 Les animaux dans la Grande Guerre.” En: Service éducatif des Archives de La Marne, 2016. Disponible en: https://archives.marne.fr/download.cgi?filename=accounts/mnesys_cg51/datas/cms/Les_animaux_V3.pdf

18 “ Cómo afecta a los perros el miedo al ruido.” En: Ekuore, 20/05/2014. En: https://www.ekuore.com/es/miedoperros-problemas-salud-aumentar-ritmo-cardiaco/

19 Éric Baratay “Logés, nourris… si possibles” En: Bêtes des tranchées. Paris: CNRS Éditions, 2013, p.130.

20 Soldado de caballería armado de coraza. https://dle.rae.es/?w=coracero

21 Éric Baratay “Souffrances” En: Bêtes des tranchées. Paris: CNRS Éditions, 2013, p.226.

22 Éric Baratay “Le stress des séparations.” En: Bêtes des tranchées. Paris: CNRS Éditions, 2013, p.39.

23 Jean-Paul Delance; Jennifer Alberts 11 novembre 1918: 10 choses à savoir sur les animaux et la Grande Guerre” En: France 3 , 06/11/2018. En: https://france3-regions.francetvinfo.fr/hauts-de-france/11-novembre-1918-10-choses-savoir-animaux-grande-guerre-1569568.html

24 Éric Baratay “Mascottes à plumes ou poils” En: Bêtes des tranchées. Paris: CNRS Éditions, 2013, p.198.

25 Ricard Fernández Valentí “Los animales: las víctimas ignoradas y olvidadas de la Guerra Civil.” En: El Tranvía. 48. 21/07/2018. En: http://eltranvia48.blogspot.com/2018/07/los-animales-las-victimas-ignoradas-y.html

26 Laura y Carmen Gutiérrez Rueda El hambre en el Madrid de la Guerra Civil 1936-1939.(Ediciones La Librería, 2014) . Citadaspor: Sergio C. Fanjul en “Píldoras de resistencia,” El País, 20/03/2015. Disponible en: https://elpais.com/ccaa/2015/03/20/madrid/1426880655_558874.html

27 Ricard Fernández Valentí “Los animales: las víctimas ignoradas y olvidadas de la Guerra Civil.” En: El Tranvía. 48. 21/07/2018. En: http://eltranvia48.blogspot.com/2018/07/los-animales-las-victimas-ignoradas-y.html

28 La PDSA fue fundada en 1917 por la pionera del bienestar animal Maria Dickin, es la organización benéfica veterinaria líder del Reino Unido. https://www.pdsa.org.uk/

29 “British Pet Massacre.” En: Wikipedia.The Free Encyclopedia. https://en.wikipedia.org/wiki/British_Pet_Massacre

30 Alison Feeney-Hart The little-told story of the massive WWII pet cull.”En: BBC.com/news, 12/10/2013. En:  https://www.bbc.com/news/magazine-24478532

31 Boris Egorov “I cani kamikaze, le divisioni di gatti e gli altri animali della Seconda Guerra Mondiale.” En: Russia Beyond, 03/12/2018. En: https://it.rbth.com/storia/81915-i-cani-kamikaze-le-divisioni

32 Manuel P. Villatoro “Perros bomba kamikazes: el truco secreto de Stalin que aterraba a los imbatibles tanques nazis”.En: ABC, 29/10/2018. En: https://www.abc.es/historia/abci-perros-bomba-kamikazes-truco-secreto-stalin-aterraba-imbatibles-tanques-nazis-201810270222_noticia.html?ref=https%3A%2F%2Fwww.google.com%2F

33 Boris Egorov “I cani kamikaze, le divisioni di gatti e gli altri animali della Seconda Guerra Mondiale.” En: Russia Beyond, 03/12/2018. En: https://it.rbth.com/storia/81915-i-cani-kamikaze-le-divisioni

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