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La sublevación del batallón Cinco Villas. Purgas políticas en el Ejército Popular

El año que se nubló la esperanza

El año 1937 fue pródigo en acontecimientos en la retaguardia republicana, que se iniciaron con el asesinato de Antonio Martín Escudero en Bellver el 27 de abril de aquel año, y la consiguiente persecución y muerte de libertarios en la Cerdaña.

El asesinato de Martín y sus compañeros en las puertas de Bellver fue el pórtico de lo que después serían los tristemente célebres Hechos de Mayo barceloneses, que desencadenaron la consiguiente persecución y muerte de renombrados anarquistas, y la pérdida del poder político de la Generalitat1.

En junio se detiene a Andreu Nin y a todos los dirigentes del POUM, a Nin se le asesina, un tiempo después se iniciara la farsa del llamado proceso del POUM, aniquilándose totalmente a aquel partido.

El 11 de agosto se produce la disolución del Consejo Regional de Defensa de Aragón, y con él la de las Colectividades agrarias y su obra, y el consiguiente encarcelamiento de más de 700 anarquistas. Un clavo más al ataúd de la revolución por parte de los estalinistas.

Y para remachar en los primeros días de octubre en el frente de Aragón una unidad militar, en concreto un batallón, integrado por un buen número de anarquistas aragoneses se subleva a la vista de que les están tracionando, lo que proporciona al PCE una buena excusa para intentar dar con ellos un buen escarmiento.

Durante la guerra civil española, no todo fueron actos heroicos, ya que por ejemplo uno de los episodios más oscuros que le tocó vivir al veterano Batallón Cinco Villas, ya transformado en el 518º Batallón a causa de la militarizción, fue el de su sublevación y como consecuencia de ello el intento del PCE por liquidar fisicamente a toda la unidad, utilizando como mano ejecutora a los carabineros. Historia que finalmente conllevó, entre otras consecuencias, el asesinato de nueve miembros de la unidad, y la separación de aquel batallón de la 130ª Brigada Mixta (B.M.), la gran unidad que lo había visto nacer, y pasar una parte de sus hombres a integrarse en la 72ª B.M., en aquel caso dirigida por su antiguo jefe Antonio Beltrán Casaña, el Esquinazau2, en lo que en realidad fue un intento de disolución.

Una sección del Cinco Villas haciendo instrucción. Foto familia Borau.

En febrero de 1937 en un esfuerzo por reforzar el Pirineo oscense, en el sector del frente del Serrablo, el mando republicano tomó la decisión de abrir banderines de reclutamiento en Caspe y en el Centro Aragonés de Barcelona, con la intención de crear una nueva unidad que llevaría por nombre el de “Cinco Villas”, una comarca situada al norte de Zaragoza, cuya capital era y es Ejea de los Caballeros. Dicha unidad tras conseguir que se alistase gente suficiente como para poder formar las cuatro compañías reglamentarias, alcanzó la entidad de batallón, y siguiendo en numeración al batallón “Alto Aragón” que le precedía,3 pasó a denominarse ”Cinco Villas”, 2ª Brigada Aragonesa.

De aquel modo en el “Cinco Villas” acabaron asentando plaza numerosos huidos de la zona ocupada por los rebeldes de las Cinco Villas o de otros lugares de la misma comarca, o de otras próximas que desde hacía meses andaban combatiendo por la República pero dispersos a todo lo largo del frente de Aragón. A los anteriores se unió un poco más tarde un importante grupo de veteranos aragoneses que habían estado combatiendo en el frente madrileño, pero que en todos los casos tenían un denominador común: el estar resueltos a no caer prisioneros o a combatir dónde y cómo fuere, y muchos de ellos eran de ideología claramente anarquista, militancia que más de un familiar cercano ya había pagado con su vida en el Aragón ocupado por los fascistas4.

Dentro de lo que se puede considerar la llamada batalla de Sabiñanigo, que tuvo lugar entre los días 17 al 24 de setiembre de 19375, y que se suponía debería ser la antesala del asalto definitivo a Jaca, el antiguo batallón “Cinco Villas”, que ya había protagonizado unos días antes el victorioso asalto al pueblo de Gavín, vuelve de nuevo a vivir otra nueva peripecia, de la cual saldrá bien librado gracias a la oportuna intervención de su antiguo jefe “el Esquinazau”, que en su caso representará un papel decisivo en el destino y en las vidas de muchos de aquellos combatientes, favor que en cierto modo devolverán al seguirlo hasta Bielsa y hasta el Ebro, o en la retirada de Cataluña regando así con su sangre los campos de España.

Síntesis de una sublevación

En el transcurso de aquella lucha para alcanzar la capital jacetana, el 6 de octubre, el pueblecito de Casbas de Jaca se rinde a las tropas republicanas, solo para volver a cambiar de manos dos días más tarde. Tras un par de días de calma, durante los cuales el general republicano Pozas se dedica a realizar una reorganización de sus efectivos, se produce un nuevo ataque republicano a Casbas, volviendo el pueblo a pasar otra vez a poder de los gubernamentales el 12, ocupación tan breve como la anterior que corrió a cargo de una de las compañías del 518 Batallón (Bon.), unidad que parecía atraer en aquella campaña todos los incidentes.

En el transcurso de dicha segunda ocupación cayó prisionero en manos de los asaltantes un capitán fascista al que se le ocupó una emisora de radio. Interrogado a fondo el oficial enemigo, declararó que con dicha emisora estaba en contacto con ciertos elementos afines infiltrados dentro del propio mando de la 43ª División, a la cual pertenecía el 518 Bon. Cuestión que años más tarde se podrá confirmar gracias a la documentación rebelde, asunto que se verá un poco más adelante con el detalle que merece.

Aquella noticia corrió como la pólvora entre la tropa republicana, causando el consiguiente malestar en todo el resto del batallón. Dos días más tarde y de madrugada, 180 hombres de la 3ª y 4ª compañías del 518º Bon. se lanzaron al asalto de punta Gué, Paco de Asún y la Cruzota, cerca de Sabiñánigo, posiciones que ante la sorpresa de los asaltantes se tomaron casi sin resistencia por parte del enemigo, ya que éste huyó a la carrera al producirse los primeros disparos. Un hecho que hizo levantar las sospechas entre la tropa republicana, y más aún dado lo encarnizado de los combates acaecidos durante los días anteriores.

Sin apenas tiempo para poder fortificarse mínimamente en las posiciones recién conquistadas, y como confirmación de aquellas sospechas, no tardó en desencadenarse un diluvio de fuego proveniente de artillería enemiga coloquialmente conocida como la “loca”, que en 11 horas de fuego se cuantificará en más de 1.000 proyectiles, fuego artillero que siembra de muerte las cimas ante la impotencia de los milicianos defensores.6

Cuando acalle el fuego artillero, los pocos supervivientes que quedan vivos, muchos de ellos heridos de metralla, ven lanzarse al asalto a los moros de Mehal-la de Tetuán, lo que significaba que no va habría cuartel, ni para heridos ni para prisioneros. Y ante la inferioridad numérica, los supervivientes deciden cargar sobre sus hombros a los camaradas susceptibles de poder transportar y replegarse a la carrera hacía su punto de partida. Mientras que algunos de los heridos, condenados ya de antemano por sus graves heridas, se ofrecieron voluntarios para cubrir con su fuego de cobertura la retirada de sus camaradas7.

A la llegada de los supervivientes a sus posiciones iniciales, estos bullen de indignación ante la sospecha de que aquella operación concreta era conocida de antemano por el enemigo, evidentemente informado por alguien del propio mando, tal como ya había declarado el capitán fascista que días antes habían apresado, y que pesar de conocerse el posible riesgo de caer la tropa en una emboscada, nadie del mando había tomado la decisión de cancelar la operación aquel día, enviándo así a la tropa de forma consciente un infierno seguro. Y entonces estalló el tumulto:

“¡Nos han enviado al matadero!

¡Hay que acabar con los traidores!

¡Hemos de vengar a nuestros muertos!”

Se crea una comisión

Cuando finalmente imperó la moderación, en un momento determinado se llegó a proponer incluso la necesidad de asaltar el puesto de mando de la división a mano armada y búscar los traidores, la asamblea de soldados decidió como paso previo nombrar una comisión que debería ser la encargada de negociar con el mando de la unidad, embajada que al final quedó compuesta por el médico Palacios y los cabos Chueca y Gascón. Personajes que serán los encargados de negociar en nombre de la unidad que en orden al control y depuración de posibles quintacolumnistas inflitrados, la asamblea de soldados había decidido proponer al mando la subdivisión del batallón en dos grupos de personal muy concretos.

Ignacio Gascón, miembro de la Comisión, de permiso en Barcelona en 1937. Archivo del autor.

El primero debería estar compuesto por los hombres movilizados por las quintas ordinarias. De entre los cuales se tendría que seleccionar a los individuos más idóneos y leales para ser destinados a la Escuela de Guerra de Barcelona, donde se les debería formar para ser integrados en la escala de mandos medios. Lo que comportaría tener la unidad gente adicta y además formada militarmente.

Y el segundo, debería ser el conformado por los voluntarios menores de edad, y por tanto no llamados todavía a filas, que junto con los fugados de la zona rebelde, pero de edad avanzada, tendrían que ser asignados con destino al mando divisionario de Barbastro, pasando allí a prestar todos ellos los servicios auxiliares más convenientes. De aquella forma se podía intentar garantizar, en cierto modo, el control de las posibles infiltraciones fascistas que estaban aconteciendo, al ser todos ellos gente fiel a la República.

Cabe matizar que la segunda petición, la del pase a servicios auxiliares de los menores y los fugados de edad avanzada, una situación que comportariá un cierto lógico privilegio al estar apartados del frente, no era nada impensable ni irracional. Ya que dentro de la propia 130ª B.M., se había estado produciendo esporádicamente, con casos similares de traslado, tal como relatará años más tarde, el entonces joven comunista Mariano Constante8, o el de su propio padre, un maestro de filiación socialista, y por los mismos motivos, demasiado joven o demasiado mayor. Medidas que eran tomadas al parecer a título individual, en lo que no dejaba de ser una norma arbitraria, al no estar regulada oficialmente, y por tanto no con carácter general, como ahora se pretendía en imponer el batallón 518.

En medio de aquel ambiente de gran tensión, y dadas las graves acusaciones, la reunión de los comisionados con varios miembros de la plana mayor de la división tuvo lugar en Biescas, donde al principio el mando pareció aceptar las propuestas del batallón presentadas por aquella comisión, quedando únicamente pendiente el decidir cuando se ponían en práctica, a poder ser lo antes posible.

La decisión

Sin embargo, dos días más tarde, y sin haber dado el mando divisionario una solución definitiva al problema, el batallón 518 recibió orden urgente de marcha. En la misma orden también estaban implicadas fuerzas de la 211 Brigada de Carabineros, y por ello ambas unidades deberían marchar en dirección al sector de la 130ª B.M. desde donde tendrían como misión asaltar a la brava unas crestas situadas sobre el ferrocarril de Canfranc.

La mermada tropa que componía el batallón, pues tras el desastre anterior, con las dos compañías masacradas apenas se había podido formar una, y en su caso muy corta. Motivo por el cual en vez de tener la unidad cuatro compañías, como era lo reglamentario, sólo tenía dos y media, en esta oportunidad, con la excepción de los oficiales y suboficiales que se mantuvieron al margen, el resto de la tropa decidió de forma asamblearia declararse en franca rebeldía, negándose al desplazamiento y mucho menos a enfrentarse de nuevo al enemigo sin garantía alguna, en lo que parecía ser una pura y dura medida disciplinaria, con la que se pretendía acabar drásticamente con la protesta y de paso con la disidencia política, al ser el mando superior de conocida filiación comunista , enviando a la mermada unidad de nuevo al matadero.

Actitudes ambas tras las cuales, la mayoría de los combatientes, creen ver la largo mano del PCE. Máxime cuando la unidad, que está formaba básicamente por gentes socialistas y de la CNT, y por tanto muy reacia, desde el principio, a actitudes militaristas o de obediencia ciega, aires que desde los hechos de Mayo barceloneses habían empezado a soplar con fuerza a todo lo largo y ancho del frente de Aragón.

Conocida la postura del batallón, el mando divisionario reclamó la inmediata presencia ante el propio mando de la comisión anterior para volver a parlamentar de nuevo. Después de discutirlo en asamblea, y temiendo una más que previsible encerrona, la antigua comisión se negó en redondo a acudir a la cita. No así varios soldados que con apasionamiento, y en contra de los consejos de sus compañeros, se ofrecieron voluntarios para acudir a aquella cita.

De hecho sólo para morir, pues nada más llegar al mando, nueve de ellos fueron pasados, sin juicio previo, por las armas en el cementerio de Biescas, por orden del comandante Castillo, jefe del batallón “Cinco Villas”, salvándose de milagro un tal Aquilino, natural de Luceni, que dado por muerto y al no ser rematado con el reglamentario tiro de gracia pudo sobrevivir muchos años, pero con una pierna menos, que perdió a causa de la gangrena. Un triste recuerdo a su valor ciego.9

Cementerio de Biescas, donde están enterrados los 9 represaliados

La siguiente medida que tomó el mando de la división fue la de ordenar rodear a la unidad rebelde con fuerzas “leales”, con la orden de desarmarlos y detenerlos, operación que corrió a cargo de los carabineros adscritos a la unidad, en su caso los encargados de la protección del mando, y de los cuales se lleva mucho tiempo murmurando, ya que hasta la fecha nunca se les había visto pegar un solo tiro en el frente de combate, al limitarse su labor únicamente a la mera vigilancia.

Punto seguido se embarcó a los “rebeldes” en camiones militares que emprendieron la marcha, en teoría, hacia la retaguardia. Mientras avanza el convoy, con rumbo desconocido, en el de cabeza uno de los detenidos increpa a un carabinero:

“¿A dónde nos lleváis paisano?

A fusilaros por facciosos.

¿Cómo facciosos? Si somos la gente del “Cinco Villas” –afirmación que todos los detenidos corroboraron con la cabeza.”

La noticia parece sorprende al carabinero, que tras dudar un momento, se la comunica al oficial al mando, que tras conocerla da la orden inmediata de detener el convoy de vehículos.

Más despacio se va interrogando al resto de los detenidos que confirman, sin lugar a dudas, que la gente que llevan en los camiones son los antiguos miembros del batallón “Cinco Villas”. Confirmación que provoca un breve conciliábulo entre los carabineros, obligados a sopesar la orden recibida, entrando en dudas de que la orden tal vez pueda estar equivocada o mal interpretada y, en todo caso, el descrédito que les reportaría una acción de aquel tipo con los combatientes de una unidad tan renombrada, y sus posibles consecuencias personales posteriores, que en ningún caso les serían beneficiosas, sino más bien todo lo contrario.

Sólo entonces, y no sin titubeos, el oficial al mando decide hacer caso omiso de las instrucciones recibidas del mando, y tomando por su cuenta la decisión, se presenta con todo el cortejo, en Ainsa, donde los sublevados son encerrados en la iglesia convertida en cárcel y traspasando de aquella forma la solución de aquel problema a sus mandos superiores.

Lo que ignoraran los carabineros es el riesgo que han estado corriendo durante toda la operación, pues sin saberlo se han estado jugando la piel, ya que en el supuesto caso que los carabineros hubieran intentado ejecutar las órdenes, las supuestas víctimas, eso sí, desarmadas de las armas largas, ocultan entre sus ropas todo tipo de armas cortas, bombas de mano incluidas, con las que pensaban vender caras sus vidas, si hubiera llegado el momento.

La espera de la decisión definitiva se alargará tres días más, durante los cuales los detenidos permanecen recluidos en la antigua iglesia de Ainsa. Pero gracias a la airada protesta personal de Antonio Beltrán, El Esquinazau y de Miguel Gallo, jefe del X Cuerpo de Ejército, que habían bajado a la carrera a Ainsa, y la interesada mediación del diputado socialista Castillo, la mayoría de ellos, reclamados oficialmente por Beltrán, que les conoce y en algún caso aprecia, son liberados y seguidamente trasladados oficialmente a la 72ª Brigada Mixta, la unidad que él manda en aquel momento.

De aquel grupo, un de ellos, y por recomendación también del Esquinazau, pasarán a la Escuela de Guerra de Barcelona, donde los más capacitados recibirán el título de sargentos, y de la cual saldrán 28 sargentos, mientras que unos pocos, se tenía que contentar a todos, fueron enviados temporalmente a batallones disciplinarios, de los que por lo general saldrán muy pronto libres.10

Los quintacolumnistas infiltrados

De sacar conclusiones sobre aquella historia, a reseñar un hecho desconocido en aquellas fechas: la importante infiltración quintacolumnista dentro de las unidades republicanas del frente de Aragón. Así de acuerdo con la información recogida por el antiguo batallón “Cinco Villas”, tras el apresamiento el 12 de octubre de un capitán faccioso, que decía estar en contacto con mandos de la división, y causa que provocó la sublevación del mismo, viene a resultar que los archivos franquistas confirman la existencia de cuando menos dos “topos”, situados ambos en los puestos más clave de aquel frente.

El primero de ellos era el capitán de Estado Mayor, Pascual Miñana de Concepción. Miñana, que junto con Escassi Cebada,11 jefe en aquel momento de la 43ª División, ambos militares profesionales, capitán y comandante respectivamente, quedaron en zona republicana, concretamente en Barbastro, al formar parte de la media Brigada de Montaña mandada por el coronel Villalva. Miñana pasó después en los primeros días de la guerra a ser asesor militar de las columnas milicianas que asediaban Huesca.

Cuando se formó el X Cuerpo de Ejército, primero al mando del coronel José González Morales, substituido más tarde por el comandante Miguel Gallo, Miñana fue su jefe del Estado Mayor, y desde aquel puesto privilegiado, como agente nacional de Información, estuvo pasando informes a los fascistas sobre el frente de Aragón en general, y del Pirineo en particular. Destinado más tarde al XVIIº Cuerpo de Ejército, se pasó definitivamente a los franquistas en marzo de 1938.

El segundo es el capitán de Infantería y más tarde de Estado Mayor, José Miñana de la Concepción, hermano del anterior y en su caso jefe de Estado Mayor de la 130 B.M., la misma brigada que estaba al mando del jacetano Mariano Bueno.12 José Miñana mientras estuvo en aquel puesto, y desde el primer momento, trabajó como agente de información perteneciente al grupo de la quintacolumna “Ocharan”, a través del cual estuvo transmitiendo todo tipo de noticias sobre el frente de Boltaña.13

El informe de Mariano Bueno

Otra consecuencia posterior y directa de la sublevación del antiguo batallón “Cinco Villas”, a mediados de octubre, tras descubrirse la posible existencia de quintacolumnistas entre los mandos fue el llamado “Informe reservado sobre la Brigada 130”, elaborado con fecha 28 de octubre por el entonces jefe de la misma Mariano Bueno Ferrer, y dirigido al Estado Mayor del X Cuerpo de Ejército, pero de cuya elaboración se la atribuyó Mariano Constante en uno de sus trabajos “literarios”, con la salvedad que lo máximo que pudo aportar Constante a aquel documento, si participó, debió ser el pasarlo a máquina de escribir, pues era escribiente en la oficina del mando.

Mariano Bueno Ferrer, jefe de la 230 Brigada Mixta. Archivo del autor.

Las denuncias vertidas en dicho informe por el capitán Bueno, disconforme en el fondo con la conclusión radical que se había intentado dar al problema y justificando en el fondo la actitud tomada por la tropa de sublevarse, argumentada en muchos y variados motivos, debió levantar ampollas en el mando:

“La Brigada Mixta 130 […] ha venido experimentando últimamente un estado moral y físico especial debido a varias y múltiples causas que, como derivadas, siguiendo un proceso evolutivo y fácilmente explicable una vez conocidas estas, ha venido a culminar en un delicado y desagradable incidente que no es necesario enumerar y viene a demostrar la necesidad imprescindible de atender con toda urgencia y decididamente a una reorganización total de la misma.”

Bueno tampo se mordió la lengua a la hora de hacer autocrítica, al afirmar que:

Estima que (el mando) debe hacerse responsable de tal abuso de autoridad, al poner en práctica fiel a la disciplina militar cuantas órdenes le han sido dadas […] no reparando en esfuerzos, sacrificios, y casi abusos sobre el personal […] y quizás incurriendo también en negligencia […] y en cambio (el personal) ha cumplido con su deber a pesar de todo...”.

Total, que si no se procedía la necesaria reorganización de la Brigada:

El jefe que suscribe […] estima: que es tan necesaria la misma que en conciencia entiende no puede aceptar ninguna responsabilidad en el servicio encomendado si con la máxima urgencia no se atiende la resolución de tan delicado problema.14

La solución del “problema” pasó por la simple sustitución de Mariano Bueno en el mando, al que vino a relevar un antiguo capitán legionario Leopoldo Ramírez en aquel momento comandante. Así pues el incidente que a punto estuvo de costar la vida a todo los componentes del veterano batallón “Cinco Villas”, y que le costó de hecho el mando al veterano Bueno y su traslado posterior al frente de Madrid, tenía más que base para acusar de traición a algunos miembros del mando divisionario, sin olvidar a los nueve asesinados en el cementerio de Biescas.

Y la pregunta pertinente sería de quién partió aquella orden de fusilamiento, o si tras de ella no se encubría en realidad una doble traición: la política, por parte del sector radical del PCE, y otra muy interesada, la de los propios agentes fascistas infiltrados en el Estado Mayor, en su interés por acabar, de forma drástica, con una unidad combativa y leal a la causa republicana, a modo de represalia por la victoria de dicha unidad en la toma de Biescas y Gavín, donde además se le habían causado importantes bajas al enemigo. Una respuesta que al final queda sin contestar en el fondo del tintero.

Notas al pie

1 A. Guillamón, Insurrección, Las sangrientas jornadas del 3 al 7 de mayo de 1937. Barcelona, 2017.
2 A.GascónRicao,”Antonio Beltrán Casaña”, ver en https:www.shac.net/Republica/Personajes/Personajes/Biografias/Beltran.htm.
3 Llamado también 1ª Brigada Aragonesa.
4 Como fue el caso de Antonio Maisterra, natural de Uncastillo, al cual le habían fusilado a sus padres al ver los fascistas que su hijo se había pasado al bando republicano. O el de José Cortes Aznarez al que fusilaron a su madre.
5 Jaime Muñoz Revilla, La batalla de Sabiñánigo, Serrablo, junio 2009, Vol. 39, nº 152.
6 Testimonio de Antonio Maisterra, José Cortes e Ignacio Gascón, miembros del 518 Bon.
7 Este fue el caso de Ignacio Gascón, que se cargó sobre los hombros a un vecino y amigo de su pueblo natal gravemente herido en las piernas.
8 Se trata de Mariano Constante Campo, que años más tarde se convertirá en un prolifico autor de libros de supuestas memorias de guerra y de su estancia en los campos nazis.
9Informe Reservado sobre la brigada 130”, Archivo familia Benet. Ver Anexo nº I. J. C. Castán, “Sabiñánigo –Serrablo 1931-1938. Comportamiento político, conflictividad social”, Serrablo, nº 105.
10 Testimonio de Hilario Borau al autor.
11 A. Gascón Ricao, “Roma no paga a traidores. El caso de Escassi Cebada, el primer jefe de la 43ª. División”, ver en: sbhac.net Escassi.
12 Mariano Bueno Ferrer, era del Cuerpo de Infantería, de donde pasó al de Carabineros, retirándose con motivo de la Ley Azaña de 1931. Encarcelado brevemente en Jaca por los militares sublevados, huyó a la zona republicana de Huesca, donde formó una pequeña columna de milicianos, conformada por voluntarios aragoneses y catalanes. Unidad cuyo mando conservó cuando esta se transformó sucesivamente en el “Batallón Alto Aragón”, “Primera Brigada Aragonesa”, “Agrupación Pirenaica”, y finalmente a la formación del Ejército Popular de la República, en la 130ª (BM).
13 Testimonio del Comandante Fernando Carbajo del antiguo Servicio Histórico Militar de Madrid.
14 “Informe Reservado sobre la Brigada 130”, Inventari del Fondo de Milicias Pirenaicas, Pabellón de la República, Barcelona.

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