Biografías Espiritismo Historia de la mujer

CONFLUYENDO EN BARCELONA: LIBREPENSADORAS, MASONAS, REPUBLICANAS Y ESPIRITISTAS (finales del siglo XIX y principios del XX)

Mujeres, dejad de ser hembras, diamantes enlodados,

flores repletas de detritus nocivos,

sol tras plomizos nubarrones, para convertiros

en seres pensantes y conscientes, en deslumbradora pedrería,

en flores frescas y doríferas, en sol espléndido y vivificador

.

Ángeles López de Ayala, El Gladiador de Librepensamiento, 1917.

A finales del siglo XIX y principios del XX Cataluña era la región más industrializada de España. Una zona que constituía un polo de atracción para muchos emigrantes que llegaban buscando un lugar más idóneo para desarrollarse y vivir. Al tiempo, y en buena parte por esa misma circunstancia, Barcelona se convirtió en una ciudad cosmopolita, revolucionaria, no en vano conocida allende Europa como la “Rosa de Foc”. En esa localidad fueron a confluir mujeres catalanas de ideas avanzadas con otras que presentaban el mismo perfil que llegaban de otros puntos de España buscando a menudo el anonimato que proporcionaba la gran ciudad. Juntas llevaron a cabo sus ansias de independencia, su espíritu de superación, sus ganas de emanciparse y ocupar su espacio en una sociedad profundamente machista y misógina. Fue en aquella época cuando aparecieron mujeres librepensadoras, vanguardistas (sufragistas, republicanas, anarquistas, espiritistas, masonas), mujeres que, en definitiva, tenían como punto en común el anticlericalismo, frente una iglesia católica que mediatizaba enormemente la realidad de la época. Salvo alguna excepción, estas mujeres pertenecían a las pequeñas burguesías urbanas, aunque intentaban tender puentes con las mujeres de las clases populares, y se mantuvieron en pie durante buena parte del periodo de la Restauración, concretamente entre 1889 y 1914, en que sus promotoras comenzaron a virar hacia el sufragismo.

En este artículo veremos como algunas de estas mujeres que recalaron en Barcelona a finales del siglo XIX, en confluencia con mujeres pioneras catalanas, consiguieron que la ciudad condal se convirtiera en la cuna de las primeras asociaciones feministas de España y de la primera manifestación feminista española en un ya lejano año de 1910.

Ellas entran en la historia

Siguiendo al escritor Manuel Almisas puede decirse que hubo un momento en la historia de España en que las mujeres no eran nada, permanecían en la invisibilidad. A las pocas que salían de la oscuridad, siempre que lo hicieran desde las páginas de un libro o poemario,  eran consideradas locas solteronas, oradoras exaltadas, revolucionarias, o histéricas. Casi siempre tuvieron que lidiar la misoginia de sus compañeros de ideología. Muchas energías se malgastaron en ello. No ha de extrañar, por todo ello, que en los orígenes de la lucha por la emancipación femenina las mujeres convocaran manifestaciones mítines y actos propagandistas exclusivas, solos para ellas. Entonces se inició la larga marcha de la autoorganización femenina. Se llegó a fijar un lema: “La liberación de la mujer debía ser obra de las propias mujeres”. En fin, la historia de la mujer tiene que ver más con lo se ha callado que con lo que se ha dicho.

Por su parte, la escritora Raquel Sánchez señala que a finales del siglo XIX las mujeres librepensadoras, anticlericales y republicanas españolas pusieron las bases para el desarrollo del feminismo laico; un feminismo que fue la otra cara del feminismo católico. Para encauzar sus propuestas, según Sánchez, ellas recurrieron a tres vías: el asociacionismo, la masonería y las revistas y periódicos.

Las librepensadoras, según la historiadora M. Dolores Ramos, unieron sus esfuerzos con los de otras mujeres que, aunque tuvieran algunas discrepancias, todas coincidían en reivindicar las ideas sobre la emancipación femenina. “El cruce de los siglos certificó que había llegado la hora de que las multitudes —y con fuertes limitaciones, las mujeres— entraran en la Historia”, dice esta autora. Así, lentamente, el laicismo se iba imponiendo, al mismo tiempo que se daban tímidos intentos de redefinir el matrimonio, la familia y las relaciones sociales de género desde bases más igualitarias.

Masonas y espiritistas

Se conoce como masonería a una organización internacional de carácter semi-secreto que se define como humanista, jerárquica, filosófica y fundada en torno a un sentimiento de fraternidad entre los hombres. De espíritu libre dice trabajar por el bien de la sociedad. En general, a lo largo de la historia, la masonería siempre había estado constituida por hombres. El texto fundador, las Constituciones de Anderson (1723), no permitía la admisión de mujeres en las logias masónicas. Pero pasó el tiempo y, en un cierto momento, se formaron logias femeninas. Allí se abrían espacios de debate y opinión y ello otorgaba a las mujeres un sentido de identidad de grupo.

En España, grandes feministas de distintas épocas trabajaron dentro y fuera de las logias para hacer de la nuestra una sociedad más igualitaria.

Citemos a Belén de Sárraga. Nació en Valladolid en 1874 y, desde muy joven, estableció lazos con el feminismo laico librepensador. Activista y periodista, se afilió al Partido Republicano Federal, a una logia masónica y a un grupo espiritista. Recorrió diversos lugares de la geografía española y durante un tiempo recaló en Barcelona, donde militó con Teresa Claramunt y Ángeles López de Ayala en un grupo anarquista barcelonés de Gracia. En la misma ciudad cursó la carrera de medicina, al tiempo que fundaba la Asociación de Mujeres Librepensadoras, organización que fue prohibida por el gobernador y que le valió una detención. Fue una de las grandes propagandistas del republicanismo, el laicismo y el feminismo en Iberoamérica y murió en México el año 1950.

Por su parte, Clotilde Cerdà (que utilizaba el pseudónimo de Esmeralda Cervantes) era hija de Ildefons Cerdà, responsable del ensanche de Barcelona de mediados del siglo XIX, y de la pintora Clotilde Bosch. Nació en Barcelona en 1861 y estudió música. Debutó en el Teatro Imperial de Viena con tan solo once años y después recorrió todo el mundo como concertista consiguiendo un gran éxito. A la temprana edad de 18 años se había iniciado en la masonería. El año 1885, junto a la barcelonesa Dolors Aleu (que fue la primera mujer médico en España), creó en la ciudad condal la Academia de Bellas Artes y Oficios para la Mujer.

Hablemos de Teresa Claramunt, anarquista y masona. Nació en Barbastro en 1882, pero pronto emigró a Sabadell, donde trabajó de obrera en la industria textil. Fundadora de la Sección Varia de Trabajadores Anarco-colectivistas, formó parte de la Logia Constancia de Barcelona junto a Ángeles López de Ayala y Amalia Domingo. Falleció el 11 de abril de 1931; fue enterrada el mismo día en que se proclamaba la II República.

Pero quizás una de las masonas y librepensadora más célebres de España y gran impulsora del feminismo en Cataluña fue la sevillana Ángeles López de Ayala (1858). Dramaturga, narradora, periodista y activista política, llegó a Barcelona en 1888, a poco de cumplir 30 años de edad. Su carácter apasionado es lo que la llevó a estar siempre en la primera línea de todas las reivindicaciones y luchas sociales y políticas. Férrea defensora de los derechos de la mujer, afirmaba que las mujeres habían de emanciparse tanto de la Iglesia como de la supremacía masculina. Allí fundó el semanario El Progreso (1896), de ideología republicana que trataba el problema de la mujer, El Gladiador (1906), que se ocupaba de la condición de la mujer y de la lucha feminista en todos los campos, El Libertador (1910), que tenía el eslogan Periódico defensor de la mujer y órgano del librepensamiento, y El Gladiador del Librepensamiento (1914), que desaparecería en 1920. Estuvo integrada en la logia masónica La Constancia de Gracia, de Barcelona, donde ostentó los cargos de secretaria y oradora. Todo este activismo político le costó en varias ocasiones la cárcel, y sufrió la censura de sus artículos y también la clausura de sus periódicos. Ángeles participó también de ese sentir solidario de muchos intelectuales librepensadores de finales del siglo XIX y principios del XX, que soñaban con cambiar las viejas y caducas normas de la sociedad en la que vivían. Normas que, según ellos, alimentaban las injustas y enormes diferencias existentes entre las clases sociales y los sexos. Muchos de estos librepensadores fueron en su mayoría hombres y mujeres con una ideología de izquierdas y además masones: defendían la República como forma de gobierno, además de toda una serie de postulados que coincidían en su mayoría con la filosofía de la masonería.

Respecto a las espiritistas cabe señalar que, a pesar de ser fue un movimiento importante, es uno de los colectivos históricos más ignorados por la historiografía. Su imagen ha quedado reducida popularmente a la del entretenimiento esotérico burgués que aparece en las películas de época victoriana, olvidando que tenía un programa social muy avanzadoy una relación muy estrecha con otros colectivoscomo librepensadores, republicanos, naturistas, masones, esperantistas o anarquistas– que eran activos en la movilización social del momento.

Si se trata el tema del espiritismo femenino debe citarse a Amalia Domingo Soler. Su vida ejemplifica la mezcla de religiosidad y compromiso con los derechos de la mujer que caracterizó a muchas espiritistas y médiums. Nació en Sevilla (como López de Ayala) en 1835 y, siendo aún bebé, contrajo una afección ocular que a punto estuvo de hacerle perder la vista, lo que la provocó problemas en los ojos de por vida. A pesar de esta dificultad, fue una lectora y escritora precoz –a los 10 años ya escribía poesía–, gracias a las enseñanzas de su madre, que la crió sola.

A la muerte de su madre, Amalia marchó a Madrid. Allí conoció al médico homeópata Joaquín Hyrsen, que fue su puerta de entrada en el mundo del espiritismo.

Invitada por el Círculo La Buena Nueva, en 1876 tenía cuarenta y un años y decidió trasladarse a Barcelona. Tres años después, salió a la calle La luz del porvenir, periódico dirigido por ella y realizado por mujeres, que tras su primer número fue suspendido por las autoridades durante 42 semanas. De todas formas, La luz del porvenir se editó durante un cuarto de siglo. En el periódico colaboraron pioneras del feminismo como Antonia Amat, Carmen de Burgos, Carmen Fuentes, Emilia Pardo Bazán, Natalia Casanova, Pilar Rafecas y Rosario de Acuña, por dar algunos nombres. Domingo polemizaba sobre espiritismo a través de la prensa con una persona destacada en su tiempo, el doctor en Teología Vicente Manterota, sacerdote vasco difusor de ideas carlistas. Domingo pronto se convirtió en una reconocida oradora y participó en numerosos actos en el Fomento Graciense, situado en el barrio de Gracia de Barcelona. A Amalia Domingo se la reconoce sobre todo por su libro: Memorias del padre Germán.

En 1888 se celebró en Barcelona el I Congreso Espiritista Internacional, del que Amalia Domingo Soler fue una de sus vicepresidentas, y el programa aprobado incluía cuestiones que aún hoy suenan modernas y necesarias:

  • Reivindicación de la igualdad entre géneros y liberación de la mujer.
  • Enseñanza laica.
  • Reforma penitenciaria para la integración social de los presos.
  • Abolición completa de la esclavitud.
  • Supresión gradual de las fronteras políticas.
  • Desarme gradual de los ejércitos.
  • Secularización de cementerios.
  • Registro civil de nacimientos único y obligatorio.
  • Matrimonio civil.
  • Prohibición de la pena de muerte y cadenas perpetuas.
  • Interpretación del espiritismo en calidad de religión laica, antiautoritaria, igualitaria y socializadora

Amalia Domingo siguió escribiendo en medios espiritistas de España y Sudamérica hasta su muerte, en 1909, dejando inacabadas unas memorias que, supuestamente, terminó dictándoselas a una médium amiga en 1912.

Las primeras asociaciones feministas de España se fundaron en Barcelona

Como señala el historiador Felip Belmonte, “una de las instituciones más destacadas a principios del siglo XX en la defensa del papel de la mujer en la sociedad fue La Sociedad Autónoma de Mujeres de Barcelona”. Considerada la primera organización feminista de España, algunas fuentes fechan su nacimiento en 1891, otras en 1892, e incluso algunas señalan que el 1889 ya tenía actividad. Estaba situada en el barrio del Raval de la ciudad condal. Fue fundada por las republicanas, feministas y masonas Ángeles López de Ayala, Amalia Domingo Soler y Teresa Claramunt. Surgió como resultado de dos grandes mítines. El primero tuvo lugar en el Círculo Ecuestre (reunió a unas 4.000 mujeres) y el segundo en el Teatro Circo Barcelonés, en la calle Montserrat, acto al que acudieron unas 3.000 asistentes. La sociedad realizaba actividades como clases de alfabetización, actos recreativos y debates políticos y sociales. Tenía el objetivo de defender los derechos laborales y sociales de las mujeres, y también su emancipación. En definitiva, la sociedad aunó el espíritu reivindicativo feminista con el librepensamiento, el laicismo, el republicanismo y las reivindicaciones de signo social.

Esta asociación desapareció para dar lugar en 1898 a la Sociedad Progresiva Femenina. Estaba dirigida por Ángeles López de Ayala, pero contó con el concurso de Domingo Soler y Teresa Claramunt. Al principio, la Progresiva se consideraba la asociación feminista más importante de España, aunque sus actuaciones se circunscribían a Cataluña., y solía ser punto de encuentro para mujeres miembros de la Logia Constancia, cuya presidenta de honor de por vida fue la ya citada espiritista y masona Amalia Domingo Soler. 

La Progresiva situó su sede social en la calle Séneca, en pleno barrio de Gracia de Barcelona. Abrió escuelas para niños y niñas y, en algunas de ellas, se hacía teatro al tiempo que se fundaban orfeones. Todo ello con el fin de llegar a tener influencia entre la clase obrera. Se produjo, así, un acercamiento progresivo al movimiento obrero y a las cuestiones políticas. ¿Por qué esta asociación se instaló en Gracia? Probablemente porque esta villa barcelonesa era una fuente de tradiciones revolucionarias, tenía un ambiente propio que favorecía las tertulias, los debates, los mítines, las actividades culturales y la distribución de la prensa. Veamos unos cuantos nombres más de mujeres que tuvieron un lugar en la Progresiva (aparte de los ya citados): la malagueña Dolores Zea Urbano (nacida en el año 1855 llegó a Barelona con 40 años de edad), maestra laica, masona, socialista y secretaria de la Sociedad Progresiva desde su fundación; ocho años después ocupó este cargo Francisca Benaigues, obrera natural de Valls (Tarragona) y vecina de Gracia; Francesca Diumenjó y Francisca Valdivia, fueron tesorera y vocal respectivamente de la asociación.

La Sociedad Progresiva estuvo profundamente ligada a dos agrupaciones femeninas surgidas del Partido Radical constituido por Alejandro Lerroux el año 1908: LasDamas Rojas y Las Damas Radicales (ya se ha dicho que López de Ayala había entrado en contacto con la Agrupación femenina del Partido Radical de Damas Rojas (1909)). Las Damas Rojas nacieron en Madrid de la mano del grupo barcelonés del mismo nombre. Esta agrupación tuvo mucha importancia durante la Semana Trágica barcelonesa del verano de 1909. Además, sabemos que, desde 1906, las librepensadoras establecidas en Gracia comenzaron a aproximarse a Las Damas Radicales lerrouxistas, hecho que vendría a añadir una prueba más a la estrecha vinculación entre el republicanismo y el librepensamiento femenino entre las clases medias en aquellos años. En este contexto, como después se verá, tendría lugar la primera manifestación feminista de la historia de España convocada y organizada por López de Ayala, con el apoyo del radicalismo.

En 1919, la Sociedad Progresiva se incorporó a La Asociación Nacional de Mujeres Españolas (ANME), una asociación sufragista y en pro de los derechos de la mujer en España. Estuvo activa durante el primer tercio del siglo XX, desde 1918 hasta 1936. En 1919 contribuyó a la formación del Consejo Feminista de España.

La primera manifestación feminista de España: Barcelona, 10 de julio de 1910

Un sofocante día de calor, el 10 de julio de 1910, se produjo en Barcelona la primera manifestación importante de mujeres de la historia catalana y española. El motivo de la protesta fue que algunas asociaciones femeninas religiosas se habían atribuido la representación de todas las mujeres españolas en materias como la educación. Se reclamaban, por vez primera, y probablemente por influencia de las damas radicales, derechos políticos para las mujeres.

Los días precedentes del acontecimiento, des del periódico El Progreso, Ángeles López de Ayala fue lanzando continuas llamadas a la movilización “de las mujeres racionalistas, obreras y de clases medias”.

El evento fue organizado por varias entidades: la Agrupación de Damas Rojas, la Asociación de Damas Radicales y la Sociedad Progresiva. Aunque la principal impulsora fue López de Ayala, estaba bajo la batuta de una comisión ejecutiva compuesta por una representante de cada una de las entidades organizadoras: Laura Mateo, Francisca Gimeno i Ángeles López de Ayala, respectivamente (diario La Vanguardia, 11 de julio de 1910, p. 2).

Aquel 10 de julio se montó una comisión, con Ángeles López de Ayala a la cabeza, que se dirigió al Gobierno Civil. Antes de que Ayala comenzase a leer un manifiesto desde el balcón de la institución pasó un grupo de socios de las Juventudes radicales, que apartaban a los curiosos y abrían paso. «Abajo el clericalismo. Viva la libertad», podía leerse en un estandarte rojo. A continuación, ante una multitud de mujeres, López de Ayala manifestó su satisfacción por la gran afluencia de público y expuso los motivos por los cuales se iba a celebrar la manifestación.

El acto comenzó a las cuatro y media de la tarde y salió de la plaza de Urquinaona. A medida que avanzaba la manifestación se iba engrosando la asistencia. Abundaban las mujeres jóvenes.

La crónica que publicó entonces La Vanguardia, el diario más popular de la ciudad que acogía la marcha, apunta que entre las asistentes iban una niña «vestida de República» (iba en brazos de «un individuo»), muchas manifestantes con una caricatura que mostraba a la república dando un puntapié a un fraile prendida con un alfiler o una manifestante que llevaba «un soberbio ganso con el cuello adornado con cintas tricolores» (recibió «muchos aplausos»).  Otra de las noticias de la prensa del momento señala que la mayoría de las mujeres asistentes llevaban insignias que identificaban a que asociación pertenecían.

Revistas y prensa de la época contabilizaron en total unas 20.000 mujeres, procedentes de Barcelona y pueblos limítrofes, en una exhibición a la que alguna prensa de la época calificó como de «mujeres anticlericales, liberales y radicales».

La manifestación terminó ante el Gobierno civil, donde las impulsoras de la concentración entregaron su pliego de peticiones con 22.000 firmas de mujeres, de apoyo a una política de limitación del poder de la Iglesia católica. Tras ello se disolvieron en orden. Las crónicas dejan claro que la manifestación transcurrió sin incidentes.  

Había finalizado la que se considera la primera gran manifestación feminista de la historia de España, como señala Raquel Sánchez en Señoras fuera de casa.  La manifestación buscaba dejar claro que las mujeres españolas no estaban bajo el dominio de la Iglesia Católica y que pensaban por ellas mismas (no olvidemos que esa idea de que ‘el confesor va a dictar el voto’ fue uno de los argumentos que se usaron contra el sufragio femenino y que Clara Campoamor tuvo que escuchar en los años 30 antes de lograr que la II República reconociese el voto de las mujeres).  

Convergencia de organizaciones feministas de España

Posteriormente, hacia 1918, se produjo un acercamiento entre distintas organizaciones feministas de todo el Estado para aunar esfuerzos. La Sociedad Progresiva Feminista, la Asociación Nacional de Mujeres Españolas, la Asociación Concepción Arenal y otras más se fusionaron. Esa unión de energías se coronó con la creación del Consejo Feminista de España, la Liga para el Progreso de la Mujer y la Asociación Nacional de Mujeres Españolas, que en 1919 comenzó su lucha por el reconocimiento del derecho al sufragio femenino, no conseguido hasta el 1 de octubre de 1931, una vez instaurada la República Española el 14 de abril.

Por diversas razones, las voces de estas mujeres se fueron apagando en los años veinte. Por una parte, por el fallecimiento de Amalia Domingo Soler (1909), de Ángeles López de Ayala (1926) y de Teresa Claramunt (1931) respectivamente y por la prolongada estancia de Belén de Sárraga en tierras americanas. A pesar de ello, la lucha por la libertad, igualdad y fraternidad que defendieron durante décadas no fue en vano. Durante los años treinta, ya en tiempos republicanos, muchas mujeres españolas recogieron la antorcha. Citemos, por ejemplo, a la escritora y musicóloga catalana Aurora Bertrana Salazar, afiliada a una logia masónica y afiliada a Esquerra Republicana de Catalunya. Bertrana nació en Girona en 1892, pero más tarde, bajo la protección de la escritora y luchadora feminista Carmen Karr,​ viajó primero a Barcelona —Karr la acogió en su casa— y posteriormente a Suiza.

Fuentes utilizadas:

ALMISAS ALBÉNIZ, Manuel, “Feminismo: el legado de las librepensadoras. Descubriendo a Dolores Zea”, Tribuna Feminista, https://tribunafeminista.org/2020/10/feminismo-el-legado-de-las-librepensadoras-descubriendo-a-dolores-zea/

BELMONTE, Felip, «Ángeles López de Ayala: republicana, lliurepensadora i maçona», Catxipanda, març del
2018 (https://catxipanda.tothistoria.cat/);

BENGOECHEA, Soledad, Trencant barreres, dones pioneres catalanes al segle XX, Barcelona, Tot Història Associació Cultural; Llop Roig-Llibres i Cultura, 2022.

Cazarabet conversa con…   Manuel Almisas Albéndiz, autor de “Dolores Zea y otras mujeres. En los márgenes del librepensamiento” (Suroeste), http://www.cazarabet.com/conversacon/fichas/fichas1/doloreszea.htm

CLEMENTE PALACIOS, M. Victoria, Ángeles López de Ayala (1858-1926): icono dellibrepensamiento en la España de entre siglos, Memoria para optar al grado de doctor, Universidad Complutense de Madrid, 2015.

CRUZ, Luís de la, “Cuando los espiritistas luchaban por la igualdad de la mujer: el desconocido programa social de Amalia Domingo Soler”, El Diario.es, https://www.eldiario.es/madrid/somos/malasana/cuando-los-espiritistas-luchaban-por-la-igualdad-de-la-mujer-el-desconocido-programa-social-de-amalia-domingo-soler_1_6412714.html

FERRER BENIMEL, José Antonio, “Las mujeres y la masonería española en el siglo XIX”, REHMLAC+, ISSN 1659-4223, vol. 10, no. 2, diciembre 2018-mayo 2019/157-193 157, file:///C:/Users/usuario/Downloads/Dialnet-LasMujeresYLaMasoneriaEspanolaEnElSigloXIX-8077714-2.pdf.

GÓMEZ, Cristina, “La masonería y la mujer en España: su lucha «discreta» por conseguir la igualdad”, El Español, https://www.elespanol.com/mujer/actualidad/20220920/masoneria-mujer-espana-lucha-discreta-conseguir-igualdad/704429882_0.html

MORAL VARGAS, Marta del, “ACCIÓN COLECTIVA FEMENINA REPUBLICANA: LAS DAMAS ROJAS DE MADRID (1909-1911),UNA BREVE EXPERIENCIA POLÍTICA”, HISPANIA. Revista Española de Historia, 2007, vol. LXVII, núm. 226, mayo-agosto, págs. 541-566.

PICÓ, Raquel C., Librópatas. http://www.libropatas.com/libros-literatura/la-escritora-que-organizo-la-primera-manifestacion-feminista-en-espana/.

RAMOS, María Dolores, “La República de las librepensadoras (1890-1914)”, Ayer 60/2005 (4): 45-74.

RAMOS PALOMO, María Dolores y ORTEGA MUÑOZ, Víctor J. (2020): “Mujeres
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España (1896-1922)”, en Revista Internacional de Historia de la Comunicación, (15), pp. 16-41.

SÁNCHEZ, Raquel, Señoras fueras de casa. Mujeres del XIX: la conquista del espacio público, Madrid, Los Libros de la Catarata, 2019, pp. 44-45.

SILES, Gregorio, Universitat de Barcelona, MONDÉJAR, Eduard,UNED. Consorci Centre Associat de la UNED de Terrassa i GARCÍA, Carme, Universitat Rovira i Virrgili, https://publicacions.iec.cat/repository/pdf/00000189/00000081.pdf.

VENDRELL, Alba, Las librepensadoras del primer feminismo catalán https://labcnquemegusta.com/las-librepensadoras-del-primer-feminismo-catalan/.

Agradezco a la doctora Mari Cruz Santos sus aportaciones que han mejorado este trabajo.

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