Anarquismo Carlismo Pistolerismo Violencia política

Patrocinadores y promotores de Los Sindicatos Libres: La compañía Albiñana, Argemí y la Asociación de Hoteleros de Barcelona

Francisco García Daza

Introducción

La gran demostración de fuerza que supuso el triunfo de la huelga de la Canadiense para la CNT (o Sindicato Único) y la clase obrera barcelonesa, que tuvo lugar durante el invierno y la primavera de 1919, provocó, entre la burguesía, el temor real a que dicho éxito pudiera convertirse en la antesala de una revolución social a imagen y semejanza de la revolución rusa. Ante esta potencial amenaza, toda la clase patronal cerró filas alrededor de la radicalizada Federación Patronal de Barcelona, que tomó la decisión de acabar con el sindicalismo revolucionario de la CNT y el clima de alta conflictividad social que imperaba en la ciudad de forma expeditiva. Una actitud que justificó remitiéndose a la actuación de ciertos elementos sindicales que no dudaban en utilizar la violencia y las pistolas, tanto contra los patronos que se negaban a realizar la más mínima concesión a las demandas de los obreros, como contra los obreros refractarios que se negaban a secundar las huelgas o pagar las cuotas sindicales.

Para llevar a cabo su acción represiva, los patronos contaban con la aprobación y el apoyo de la máxima autoridad militar de Cataluña, Joaquín Milans del Bosch, que había tomado el poder real de la ciudad, y de su hombre de confianza, el siniestro exjefe de policía Bravo Portillo, que dirigía en la sombra un cuerpo parapolicial de asesinos a sueldo al servicio de la patronal. Con las garantías constitucionales suspendidas y la declaración del estado de guerra, el ejército, la policía y la guardia civil tomaron las calles de Barcelona practicando más de 3.000 detenciones arbitrarias. A ellos se les sumaron los miembros del somatén, compuesto por un número no inferior a 8.000, la mayoría patronos y comerciantes que, con los fusiles colgados al hombro, se pusieron bajo las órdenes directas del Capitán General, organizando patrullas nocturnas que daban el alto y cacheaban a todo aquel que tuviera apariencia de obrero.

Se produjeron entonces los primeros asesinatos de dirigentes de la CNT y de la Federación Patronal. En el otoño, esta organización, tras celebrar su segundo congreso estatal en el Palacio de la Música de Barcelona, declaraba el Locaut, primero parcial y después total, que dejó sin trabajo y sin sustento a más de 200.000 trabajadores. Paralelamente, y en perfecta coordinación, todas las corporaciones económicas del país, junto con los representantes de las fuerzas políticas conservadoras, exigían la dimisión del gobierno y la designación de nuevas autoridades civiles que no dudaran en utilizar una represión enérgica contra el movimiento sindical.

Fue la respuesta de una burguesía exaltada que no perdonaba la humillación sufrida, ni la debilidad con que, a su juicio, el gobierno y las autoridades locales habían abordado el conflicto social. Las calles de Barcelona se convirtieron en el campo de batalla de una guerra sucia declarada contra el sindicalismo, que respondió de igual manera, dando pie a una espiral ascendente de violencia que provocó cerca de un millar de víctimas entre los años 1919 y 1923, un periodo que ha sido denominado como los años del pistolerismo.

La aparición en la escena pública, a finales de 1919, de los Sindicatos Libres como nueva fuerza sindical dispuesta a combatir en su mismo campo el desafío revolucionario que representaba la CNT, significó un cambio de paradigma en el devenir de los acontecimientos. Su creación respondía a la decisión organizada del componente más combativo de este frente común antirrevolucionario, el carlismo. La llegada del nuevo sindicato fue acogida con optimismo por la patronal y el general Severiano Martínez Anido que, con el también general Miguel Arlegui, jefe superior de la policía, fueron sus grandes protectores. Con la financiación de la primera y el beneplácito y la impunidad que les garantizaban los segundos, los Libres no tuvieron escrúpulos en utilizar el terrorismo y el asesinato como instrumentos validos en esta guerra sin cuartel, en la que, una vez asesinado Bravo Portillo y la caída en desgracia del falso Barón de Köening y el resto de su banda, los componentes del Libre tomaron su relevo.

Muchos de estos atentados contra los miembros del Sindicato Único fueron planificados en reuniones secretas en las que participaban las autoridades militares y policiales de la ciudad, junto a destacados representantes de la patronal barcelonesa. En ellas se decidía quiénes debían morir, se fijaba el precio a pagar por cada una de las ejecuciones para después pasar el encargo a los pistoleros del Libre. Aunque, como es lógico, no existen documentos escritos que lo corroboren, si hay sobrados indicios de la participación de los grandes empresarios en la preparación y financiación de sus atentados. Las confesiones de los propios pistoleros que participaron en ellos, junto a las que se desprenden de los Archivos elaborados por el capitán Lasarte así lo ponen de manifiesto. Felix Graupera, Juan Miro y Trepat, Matías Muntadas y Rovira, Domingo Sert Badía, Damián Mateu y Bisa, Emilio Vidal-Ribas Güell, Arturo Elizalde y Rouvier, serían algunos de ellos.

Aprovechando que la CNT se había ilegalizado, el miedo a la represión ejercida sobre sus afiliados, los despidos y las listas negras, que dificultaban la posibilidad de encontrar trabajo, en una época que este escaseaba, el Sindicato Libre fue adquiriendo un mayor peso en el terreno sindical. Si bien gran parte de los que se incorporaban a sus filas lo hacían empujados por la presión de los empresarios y las coacciones de las bandas del Libre, en 1922, llegaron a contar con 150.000 afiliados, según sus propios cálculos, y consiguieron cierta implantación en empresas importantes del sector metalúrgico, (Can Girona, Vulcano, Hispano Suiza), en las del ramo del agua, las secciones de camareros, la industria química y la del vidrio, entre otras. La lucha librada entre la CNT y el Libre para conseguir la hegemonía dentro del movimiento obrero fue constante en aquellos años, hasta el punto de que ambos sindicatos se acusaron mutuamente de actuar teniendo en una mano la pistola y en la otra el sello de la cotización.

Tras una primera etapa de relaciones idílicas con la Federación Patronal y Martínez Anido, los del Libre se vieron forzados a dar respuesta a los problemas reales de la clase trabajadora a la que aspiraban a representar. En medio de una grave y prolongada crisis social, caracterizada por la alta inflación de los precios de los productos básicos para la subsistencia de las clases populares, tuvieron que enfrentarse, finalmente, a la propia patronal que los había amparado y que ahora, al igual que al sindicato que combatían, les negaba rotundamente cualquier mejora laboral.

En 1923, destituidos ya los generales Anido y Arlegui y una vez que los del Único pudieron volver a actuar con cierta normalidad, los Sindicatos Libres perdieron gran parte de su influencia y no la volvieron a recuperarl hasta que la dictadura de Primo de Rivera declaró en 1924 la disolución gobernativa de la CNT, evidenciado su falta de arraigo real entre la clase trabajadora.

El papel de los empresarios en el proceso de implantación del Libre

Pero para que los Sindicatos Libres consiguieran consolidarse y disputar de forma real la hegemonía sindical a los de Único, no solo en la calle, sino en el interior de sus fábricas y establecimientos, fue necesario, además del apoyo y la protección de Anido y Arlegui, la implicación de forma directa de los patronos que los tutelaban. El papel de los empresarios fue fundamental para la implantación y el crecimiento de los Sindicatos Libres. Al disponer de una nueva alternativa sindical más afín o fiable procedieron a despedir a los obreros que se declaraban en huelga sustituyéndolos por obreros pertenecientes al Libre. En otros casos, recurrieron directamente a las bandas del Libre para coaccionar y conseguir el paso de sus obreros al nuevo sindicato. Algunos empresarios fueron aún más lejos proporcionando a los hombres de acción del Libre armas y pago de fianzas, además de tenerlos contratados a su servicio, facilitándoles así, las coartadas para encubrirlos en caso de su detención. Tanto la Casa Albiñana y Argemí, como La Asociación de Hoteleros de Cataluña son dos claros ejemplos de ello.

Con los locales clausurados, y su prensa prohibida, la CNT tuvo que recurrir al director del periódico La Tarde, Fernando Pintado, que era miembro del Sindicato de Prensa de la CNT, para publicar, el 19 de noviembre de 1920, la que fue la primera denuncia pública contra los Sindicatos Libres. Firmada con el seudónimo de Juventudes Sindicalistas de Barcelona, su publicación le supuso a su director un mes de cárcel. En él se acusaba al Libre de «asesinos que actúan bajo las órdenes de la patronal» a los que vinculaba directamente con la Federación Patronal de Barcelona, que estaría detrás de su financiación. En el documento se daba a conocer un listado de nombres de los miembros que conformaban la estructura del sindicato. También señalaban a sus ideólogos y máximos dirigentes, entre los que sobresalían los principales miembros de la Junta Regional de la Comunión Tradicionalista: los diputados Miguel Junyent y Luís Argemí y los concejales jaimistas Salvador Anglada, Joaquín de Bolós y Mariano Bordas, quienes habrían hecho un llamamiento a sus partidarios para que contribuyeran al sostenimiento del mismo. Además, se daban los nombres de los pistoleros que cometían los atentados; entre los que se encontraban su presidente, Ramón Sales, José Cinca, Ramón Busquets, Ceferino Tarragó, entre otrosi.

Como patrocinadores del Libre dos destacados patronos aparecían en esta denuncia: Pedro Mañach, y el mencionado Luís Argemí, patrón de la casa de productos químicos Albiñana y Argemí. Un tercero, Antonio Albareda, presidente de la Asociación de Hoteleros y afines de Cataluña y propietario del hotel Continental, aunque no aparece en esta denuncia, se ha incluido en este trabajo por su importante papel, señalado por otras fuentes, como gran promotor del Libreii.

Del primero solo sabemos que regentaba una importante cerrajería en el número 39 de la calle Riera de Sant Miguel, conocida como Casa Mañach, y que había mantenido varios altercados con sus obreros. En 1918, en un enfrentamiento con una comisión del sindicato, que le reclamaba la reincorporación de un trabajador despedido, Mañach recibió una herida de bala en el antebrazo que no le pudo ser extraída.iii Se le acusaba de ser él la persona que depositó la fianza de 3000 pesetas a los tres detenidos por el atentado fallido contra Salvador Seguí (el Noi del Sucre), dirigente cenetista asesinado en 1923 por los Sindicatos Libres.

Al segundo, Luís Argemí, se le acusaba de ser uno los más decididos defensores del Libre. Era inculpado de haber contribuido con 600 pesetas para la compra de armas en el momento de la fundación de la banda. Años más tarde, Inocencio Feced, un oscuro y controvertido pistolero de la banda de Bravo Portillo, confidente de Miguel Arlegui y después de la banda del Libre, en unas confesiones de carácter autoexculpatorio, también implicó a los propietarios de la casa Albiñana y Argemí acusándolos de participar en una de las reuniones celebradas en la Capitanía General de Barcelona a principios de septiembre de 1920, donde varios empresarios acudieron para «pedir consejo» al general Severiano Martínez Anido. Además del general se encontraban presentes en la reunión Miguel Arlegui, jefe de la policía, y el capitán Lasarte Valdés. Por parte de los empresarios asistieron el presidente de Fomento del Trabajo, el industrial textil Domingo Sert; Josep Maria Miró y Trepat, Joaquín Albiñana Folch, de la sociedad Albiñana y Argemí, y otros empresarios de menor entidad.

Según Feced, en aquella reunión los allí presentes decidieron realizar un gran atentado que forzara al Gobierno a destituir al Gobernador civil Carlos Bas, y que nombrase, en su lugar, al propio Martínez Anido, para acabar con la política conciliadora del gobernador y comenzar la represión con mano de hierro contra la CNT. Días después de celebrarse dicha reunión se produjo una brutal explosión. Una bomba estalló en el interior del Music Hall Pompeya, en la calle del Paralelo, causando cinco o seis muertes (dependiendo de la fuente) y alrededor de 18 heridosiv. La policía atribuyó el atentado a la CNT, mientras que el sindicato lo negó rotundamente, llamando a parar la ciudad el día del entierro en señal de duelo y protesta. Con el paso del tiempo, la hipótesis que más fuerza ha tomado entre los historiadores es la de que la bomba fue una provocación urdida en la mencionada reunión y que fue colocada por el propio Feced.

El papel de Luís Argemí en la formación de los Sindicatos Libres

Por su relieve político dentro de las filas del carlismo, Luís Argemí es quizás uno de los empresarios que más directamente estuvo vinculado a la formación y consolidación de los Sindicatos Libres, y a la vez el que más desapercibido ha pasado en la extensa historiografía sobre la época del pistolerismo. Nacido en Manresa en 1873, se licenció en Derecho y Filosofía y Letras y fue propietario de una fábrica y molino en su ciudad natal, junto al río Cardener, denominada Sant Pau, que, bajo régimen arrendatario, fue explotada por diversos industriales algodoneros de la región. En 1901 contrajo matrimonio con Nieves Albiñana Folch, hija de Federico Albiñana y Vila, patriarca de una de las familias más ricas de la burguesía industrial barcelonesa, enriquecida a finales del siglo XIX gracias a sus negocios con su socio y cuñado Joaquín Folch Solá, el fundador de otra de las sagas más importantes y longevas de la burguesía industrial catalanav. En 1907 Argemí entró a formar parte de los negocios de la familia Albiñana al ser nombrado gerente de la sociedad Argemí y Cía., constituida ese mismo año y dedicada a la producción del pigmento blanco para pinturas Nevin, del cual era el único fabricante de todo el país. En 1917, tras experimentar un gran éxito comercial, la compañía amplió su capital social y se reconstituyo con el nombre de Industrias Químicas Albiñana Argemí S. A.vi

En el plano político, Argemí fue un miembro destacado de la junta regional de Cataluña de la organización política del movimiento carlista Comunión Tradicionalista. Elegido en 1907 diputado provincial, dentro de la candidatura Solidaritat Catalana, fue designado para formar parte de la Diputación de Barcelona. Cargo que renovó al ser reelegido en las elecciones de 1911 y 1915, desempeñando diversos puestos de responsabilidad dentro de la Diputación hasta ser nombrado vicepresidente de la Mancomunidad de Cataluña en 1914 junto con Prat de la Riba, quien asumió la presidencia. En las elecciones de 1918 fue escogido senador por Lérida en la alianza del jaimismo con la Lliga Regionalista, que dio dos senadores a los carlistasvii.

Como antiguo militante de las filas de la Comunión Tradicionalista, tras unificarse ésta con la Falange Española de las JONS en 1937, en 1943 las autoridades franquistas le nombraron presidente de la Diputación Provincial de Barcelona, cargo que desempeñó durante tres años, siendo uno de los pocos tradicionalistas a quien el régimen concedió la medalla de la ‘Vieja Guardia.viii

Luís Argemí estuvo estrechamente unido por la política y los negocios a su cuñado Joaquín Albiñana Folch, quien después de formar parte, en 1906, de la dirección de Fomento del Trabajo Nacional, fue nombrado secretario de la junta directiva de la Lliga Regionalista en 1911 y consejero del periódico La Veu de Catalunya. En 1920 fue elegido concejal del Ayuntamiento de Barcelona por la Lliga Regionalista.

Tras finalizar la I Guerra Mundial, en 1918, se había producido una gran crisis en el seno del partido carlista que había provocado la salida del sector liderado por Juan Vázquez de Mella. En marzo de 1919, Argemí y Junyent recibieron el encargo de reorganizar el partido en Cataluña, en unos momentos en los que el aspirante legitimista al trono, Jaime de Borbón, expresaba abiertamente sus temores, realizando un llamamiento sus leales a la acción “La ola revolucionaria avanza, y los carlistas no podían permanecer impasibles”.ix Miguel Junyent, como presidente, y Luís Argemí, como vicepresidente, pasaron a encabezar la nueva Junta Regional junto a Narciso Batlle y Bartolomé Trías, diputados a Cortes por Barcelona y Vich, respectivamente. A pesar de las preocupaciones por la conflictiva situación que se vivía en Barcelona, los Jaimistas (seguidores de Jaime de Borbón) entendieron que el escenario se mostraba propicio para emprender una respuesta de fuerza, que además de enfrentar a las corrientes revolucionarias, permitiese presentarse al carlismo, ante la sociedad, como única fuerza capaz de resolver la situación. Un mes después, en abril de 1919, se constituía el Sindicato Libre en el círculo carlista de la calle Mendizábal.x

Seis meses más tarde, el 19 de octubre, en una reunión celebrada en el Ateneo Obrero Legitimista de Sants, auspiciados por la plana mayor del carlismo: Miquel Junyent, Pedro Roma, el concejal y empresario Salvador Anglada y Salvador Framis, se procedía a la constitución “formal” de los Sindicatos Libres, cuya junta directiva quedó constituida por Ramón Sales, presidente, el medico José Baró, Antonio Cavestany, Ruperto Lladó y José Gaya. Pertenecían todos a los círculos tradicionalistas, destacando entre ellos los que provenían de los requetés, curtidos en la tradición militar de los carlistas y en las algaradas callejeras. No es de extrañar, pues que sus máximos dirigentes fueran a la vez sus principales hombres de acción.

También había varios miembros de las juventudes tradicionalistas que, en su congreso celebrado en 1918, habían decidido entrar a formar parte de la CNT, con el objetivo de influir en la orientación del sindicato anarquista, cuyo proyecto abandonaron para formar el nuevo sindicato.

El contexto elegido fue justo un día antes de celebrarse el II congreso de la Federación Patronal, en el que Luís Argemí participó de forma activa en las reuniones y los debates, con una intervención personal el día de su clausura, por lo que probablemente ya conocían la decisión tomada por los empresarios de decretar el Locaut en dicho congreso. Coincidía además con el importante conflicto laboral que enfrentaba a los patronos y trabajadores de la hostelería, en el que el nuevo sindicato, el Libre, se involucró agrupándose con una asociación de camareros y cocineros contraria a la huelga.

Unos días después el director del periódico El Correo Español, órgano portavoz del carlismo Melchor Ferrer, a propósito de la declaración del Locaut, escribía en este diario: «Ante las embestidas apocalípticas de la Revolución […] La batalla la daremos nosotros, los que no claudicamos, los que no tememos la muerte, los que hemos probado que, por un ideal sabemos ofrendar nuestras vidas»xi. Y a su vez, en la que fue su primera intervención en el senado, el 8 de enero siguiente, Luís Argemí realizó una encendida denuncia de la deplorable situación que se vivía en Barcelona, que calificó de «desarrollo de un proceso revolucionario evidente» y preguntaba a la cámara «¿Por qué en estas circunstancias no se ha de apelar a remedios extraordinarios?xii»

La propia cronología de los hechos pone de manifiesto que la constitución de los Sindicatos Libres en ningún caso parece fruto de una reacción espontánea ni improvisada. Las acciones de algunos requetés fueron plenamente coordinadas con la Federación Patronal, a la que se ofrecieron para contrarrestar la influencia de la CNT y atraer a su seno a los obreros contrarios a la ideología y los métodos del Único. A pesar de las dificultades iniciales y el hostigamiento de la CNT, con la llegada de Martínez Anido a la delegación del Gobierno Civil la situación dio un gran cambio. Pocos días después de su toma de posición, Anido ordenó la inmediata ilegalización de la CNT y el arresto y la deportación de sus principales cuadros. A partir de ese momento, los libreños encontraron el camino despejado para ocupar el espacio que dejaba vacante el sindicato anarquista, forzado a pasar a la clandestinidad, contra el que el tándem Anido y Arlegui aplicó una sangrienta represión.

Antonio Albareda y La Asociación de Hoteleros de Cataluña

Un tercer empresario que tuvo una gran significación como promotor y patrocinador en la formación de los Sindicatos Libres fue Antonio Albareda Canals. Era dueño del Gran Hotel Continental, situado en la Rambla de Canaletas muy cerca de la plaza de Cataluña, y del hotel Bristol, que ocupaba el número 16 de la plaza Cataluña, donde actualmente está situado el edificio de la Telefónica.

En enero de 1919 Antonio Albareda había sido elegido presidente de la junta directiva de la Asociación de hoteleros y similares de Cataluña.xiii Durante la huelga de camareros y cocineros, ya mencionada, Antonio Albareda, al frente de los dueños de la industria hostelera, (hoteles, fondas, restaurantes, cafés, bares y demás establecimientos del ramo) mantuvo una posición intransigente, al negarse a aceptar las demandas de los trabajadores, que en su mayoría habían ingresado al Sindicato Único del Ramo de la Alimentación, a pesar de que una buena parte de los pequeños establecimientos ya las habían aceptado. Después de tres meses justos de huelga, y varios altercados y detenidos, la huelga, que comenzó el 15 de octubre de 1919, y finalizó el 15 de enero de 1920, coincidiendo esos días con el locaut, se firmó un acuerdo con importantes mejoras salariales, pero lejos de sus pretensiones iniciales. Al incorporarse los huelguistas a sus puestos de trabajo se encontraron con que muchos no fueron admitidos al estar cubiertas sus plazas con miembros del Sindicato Librexiv.

Unos meses más tarde, el 24 de octubre de 1920, el conflicto volvió a estallar. El motivo de la nueva huelga fue que los trabajadores del Único se negaban a trabajar con los del Libre por las constantes coacciones y amenazas de muerte que recibían por no quererse pasar al Libre y acusaban a algunos establecimientos importantes de dar cobijo a miembros de la banda de pistoleros del Librexv. El 26 de noviembre de 1920, en medio de la nueva huelga, Antonio Albareda sufrió un atentado con arma blanca a manos de uno de los grupos de acción de la CNT, que a punto estuvo de costarle la vida y en el que resultaron heridos varios transeúntes además de uno de los agresores. Como respuesta, ese mismo día José Canela, ex secretario de hostelería de la CNT, caía asesinado.

En las declaraciones ante el Juez de guardia, tomadas en su domicilio, Albareda afirmó que, a su parecer, el motivo de la agresión se debió a la conducta que había mantenido después de la huelga del año anterior. Todo indica que los individuos que tenía a su cargo pertenecientes al Sindicato Único, fueron sustituidos en su totalidad por personal del Sindicato Libre, en los dos hoteles que regentaba.xvi

El día 9 de diciembre, en un local de Poble Sec, fue detenido el directorio de la huelga de camareros, cuando celebraban una asamblea clandestina conjuntamente con el de los obreros panaderos, que también se encontraba en huelga. En total 57 detenidos que, por orden del Capitán General, Martínez Anido, «permanecerán en prisión por el tiempo que haga falta» y añadía «con estos individuos no se pueden tener consideraciones» xvii.

Un día después, la Asociación de Hoteleros y similares de Cataluña daba un plazo de 48 horas para que el personal se presentara a sus puestos y acordaban las bases para volver al trabajo, que en síntesis consistían en que, «en los establecimientos en que la huelga afecte sólo a personal del Sindicato Único, éste sea sustituido por obreros del Libre, y que en los sitios que únicamente tengan personal del Sindicato Único puedan ser reemplazado por personal del Libre», y una disposición más humillante aún, que el día de la readmisión los patronos exigirían a los empleados del Único que quisieran ser readmitidos la entrega su carnet. Un acuerdo que fue firmado por la Asociación Profesional de Camareros del Sindicato Libre.xviii Finalmente, el día 12 la prensa daba cuenta del fin de la huelga, «Han sido muchos los obreros que hoy se han presentado al trabajo, sometiéndose a las condiciones impuestas por los patronos»xix.

Meses después, en abril de 1921, el propio Martínez Anido, en unas manifestaciones hechas a la prensa de Madrid acerca de su actuación para reducir el fenómeno del terrorismo, afirmaba: «El Sindicato libre se halla hoy compuesto por más de 35.000 asociados. Al Sindicato Único pertenecían todos los camareros y cocineros de Barcelona, que suman unos tres mil; pues bien, todos ellos, sin que quede uno, se han separado del Sindicato Único»xx.

La elevada complicidad entre el Sindicato Libre de camareros, la patronal y el Gobierno Civil se puso de manifiesto, un año más tarde, durante la inauguración oficial del local social de la Asociación Profesional de Camareros del Sindicato Libre, instalado en la calle Poniente 64. A dicho acto asistió el propio Martínez Anido, que había sido nombrado, presidente honorario de dicha asociaciónxxi. Estuvieron presentes, además del presidente de la Asociación Patronal de Hoteleros y gerente del hotel Ritz, Jacinto Montllor, que había sustituido en su cargo a Antonio Albareda, el presidente de la Audiencia, Álvarez Vega, y el delegado de Hacienda, Rafael Eulate. También estaba presente Miguel Junyent, presidente de la Junta Regionalista Tradicionalista. Abrió el acto el secretario de la Asociación, Miguel Termes, que expresó el agradecimiento al gobernador por el apoyo que les había prestado. A ello contestó el gobernador en su intervención: «que la Asociación de Camareros era para él como una hija mayor, dentro de los gremios, porque fue la primera acta de constitución y la única de patronos y obreros que fue armada por él». xxii

La casa Argemí y los Libres

La fábrica propiedad de. Albiñana y Argemí también fue escenario de esta fratricida guerra sindical, de la que sus propietarios fueron inductores y actores a la vez. Estaba ubicada en la Carretera de la Sagrera, frente a la fábrica de vidrio Soler y Doménech, cuyos obreros también se vieron involucrados en la refriega. El primer tiroteo se produjo el 21 de julio de 1920. Días antes, se habían dejado ver por los alrededores de la fábrica pistoleros del Libre en actitud amenazante.

Por otra parte, los pistoleros del Libre se disponían a seguir con sus tareas de intimidación sobre los trabajadores de la casa Albiñana y Argemí pero al sentirse observados por los obreros de la vecina fábrica de vidrio, que aguardaban para entrar al trabajo, uno de ellos se les acercó y efectuó varios disparos hiriendo a cuatro trabajadores, uno de ellos grave. Tan solo tres días después un grupo del Sindicato Único, que se dirigía a la fábrica para, seguramente, tratar de devolver el golpe a los del Libre, se enfrentó a tiros a una pareja de la Guardia Civil, que les había dado el alto.

Ese mismo día, los periódicosque dieron las noticias también publicaron una nota firmada por dos obreros de la casa Soler y Doménech donde denunciaban la existencia de una lucha en el interior de fábrica Albiñana y Argemí entre los obreros pertenecientes al Sindicato Único y los del Sindicato Libre, gozando los del Libre de amplias facultades por parte de la dirección de la empresa, que advertían que quienes no se afiliasen al Libre serían despedidos.xxiii El dos de septiembre de 1920, se produjo un nuevo altercado. Un obrero de la casa Albiñana y Argemí, perteneciente al Libre, denunció haber sufrido un disparo a quemarropa efectuado por un trabajador del Único de la fábrica de vidrio contigua, disparo del que milagrosamente salió ileso.xxiv

Unos meses más tarde, el 5 de enero de 1921, fue agredido por arma de fuego otro trabajador de la casa Albiñana y Argemí, Olegario Miró Badosa, de treinta años, que falleció tres días después. Era el único cenetista con carnet que quedaba en la empresa.xxv A raíz de las declaraciones del propio Miró antes de morir y de un jornalero llamado Juan Miguel Congos, fue detenido el fogonero de la casa donde trabaja el agredido, Pedro Burdoy Nin, miembro del Libre y con carnet del somatén, quien había amenazado en diferentes ocasiones al agredido para que ingresara en el Sindicato Libre.xxvi

Algunos de los pistoleros más activos del Libre contaban con la cobertura de los propietarios de la compañía y cuando eran detenidos afirmaban trabajar o haber trabajado para la casa Albiñana Argemí como coartada. Un ejemplo de esta connivencia podemos encontrarlo en dos noticias publicadas en la prensa. La primera informa que un miembro del Sindicato Libre, Juan Gascón Talón, junto con tres miembros más, había sido gravemente herido al sufrir una agresión por parte de pistoleros del Sindicato Único en la calle Pedro IV cuando, en realidad, el tiroteo fue un atentado preparado por el Libre para acabar con la vida de Medí Martí, presidente del Sindicato Único del ramo del agua. Un atentado que repelieron los cenetistas tras horas de estar cercados en el local del sindicato de Poblenou, donde delegados de dicho sector celebraban una reunión.xxvii Gascón había sido absuelto solo unos días antes del asesinato de dos limpiavías de la Compañía del Tranvía pertenecientes al Sindicato Único, ocurrido el 27 de noviembre de 1921. Ya en 1920, había sido detenido por otro enfrentamiento armado entre sindicatos. En el interrogatorio realizado en el hospital había declarado ser miembro del Sindicato Libre. Tal como recogía la prensa: «En la actualidad Gascón se hallaba sin trabajo; pero ha tenido largas temporadas de ocupación en la fábrica de productos químicos del Sr. Argemí»xxviii.

La segunda noticia relataba la detención de un individuo llamado José Murcia Ros (a) «el Cartagena» acusado de ser jefe de una banda de pistoleros de Sants. El Sindicato Libre Profesional de Productos Químicos emitió una nota haciendo constar «que su asociado José Murcia Ros nunca ha tenido cuentas con la justicia y que ha sido obrero seis años seguidos de la casa Albiñana Argemí. Por tanto, es arbitraria la prisión sufrida por él como jefe de pistoleros».xxix

El presidente del Sindicato Libre profesional de Productos Químicos, era por entonces Vicente Artigas y Rovira, que también prestó sus servicios en la mencionada compañía, al menos así quedó reflejado cuando a causa de un accidente laboral, ocurrido mientras trabajaba en la casa Albiñana Argemí, tuvo que acudir al tribunal de industria.xxx Artigas era jaimista y requeté y una de las cabezas del Libre, junto a Sales, Laguía, Hortet y Baldrich, según denunciaba en 1923 la reaparecida Solidaridad Obrera, órgano de la CNT.xxxi

Artigas fue acusado por la CNT de estar al frente de una campaña de intimidación y de coaccionar a varios delegados del Único, presentándose en sus fábricas acompañadas de algunos hombres armados y amenazarlos de muerte si no dejaban de cotizar al Único. Así sucedió en los Laboratorios Borrell, en la fábrica de colorantes Leopoldo Seganier, en la fábrica de jabones Luís Pagés, y en la fábrica de Guano de Vendrell y Monjo. En la fábrica de E. Barangé de Sants, cuando el delegado del Único fue llamado al despacho encontró a Artigas que le esperaba y tras exigirle bajo amenazas el carnet del Único y se lo rompió en pedazos arrogándoselo a sus pies. Al día siguiente le entregaron una carta amenazadora que contenía una credencial de delegado del Libre y 50 sellos de cotización. xxxii

La significación de los propietarios de la casa Albiñana, Argemí y Cía., como patrocinadores del Sindicato Libre y de sus grupos armados, los convirtieron en enemigos directos de la CNT y objetivos de venganza para sus pistoleros, por lo que no sorprendió que, en 1923, durante un nuevo de resurgimiento de la violencia social, se atentara contra sus vidas.

Ocurrió el 21 de julio de 1923 a las diez de la mañana en el número 5 de la Plaza Urquinaona, lugar donde tenían situado el despacho de la fábrica Albiñana, Argemí y Cía. Ese día, en ese lugar, se perpetró un atentado. La victima fue Joaquín Albiñana Folch, que recibió cuatro impactos, dos de ellos en la cabeza, otro en la espalda que perforó el pulmón, y el último en la muñeca izquierda. El chofer, Laureano López, también resulto herido, aunque no letalmente. En estado gravísimo, Albiñana fue trasladado al dispensario de la Ronda de San Pere, donde nada se pudo hacer por su vida. La familia decidió trasladarlo a su domicilio donde falleció pocas horas después.

Los agresores, tres hombres bien vestidos, huyeron rápidamente; dos de ellos desapareciendo por la calle Roger de Llúria. El tercero fue perseguido por algunas personas que habían presenciado el crimen y una pareja de guardias civiles a caballo que acudió al oír el griterío. En la persecución, el agresor llegó al cruce de la calle Caspe con Girona y lanzó una bomba de mano a los pies de los caballos de los guardias que no estalló. Acto seguido, entró en el edificio número 31 de la calle Girona, tratando de escapar por las azoteas y al intentar alcanzar la calle nuevamente, por la casa número 47 de la calle Caspe, fue apresado. El detenido, Rafael Sánchez Reig, de 21 años, soltero, natural de Espinardo (Murcia), era paleta de profesión y pertenecía al ramo de la construcción del Sindicato Único. En medios policiales se aseguró, como cosa probada, que el atentado no estaba preparado contra Albiñana, sino contra su socio y cuñado jaimista Argemí.xxxiii

La muerte de Joaquín Albiñana vino a coincidir con los preparativos del golpe de estado del capitán general de Cataluña, Miguel Primo de Rivera. El 23 de junio de 1923, a las diez de la mañana, pocas horas antes de que tuviera lugar el entierro del industrial asesinado, llegaba a la estación de Francia el tren procedente de Madrid en el que viajaba el general. Fue recibido por una amplia delegación de empresarios pertenecientes a Fomento del Trabajo Nacional, el consejo en pleno de la Federación Patronal de Barcelona, somatenes de todos los distritos y todos los generales destacados que se encontraban en la ciudad. Todos los allí presentes le dispensaron un caluroso recibimiento. En realidad, muchos de ellos sabían ya que estaban aplaudiendo al futuro dictador.

Al finalizar los actos de bienvenida, gran parte de los allí congregados marcharon para asistir a la manifestación de duelo por el asesinato de Joaquín Albiñana Folch. Entre 10.000 o 12.000 personas se reunieron para seguir el paso del cortejo fúnebre. Este asesinato fue uno de los últimos del llamado período del pistolerismo. Por la relevancia de la víctima contribuyó a aumentar los argumentos de los que venían a justificar el inminente golpe de estado que ya estaba en marcha y al que solo faltaba proclamarlo públicamente. Un golpe que se había fraguado con el apoyo de todas las corporaciones económicas y todas las fuerzas políticas de la burguesía barcelonesa, que previamente habían exhortado al general y al propio monarca para que restablecieran el orden público, aunque para ello tuviera que suspenderse el parlamento.

Una vez más las fuerzas patronales mostraban su clara ruptura con los poderes civiles, nombrados por el gobierno liberal de Manuel García Prieto, a los que acusaban de tolerar el anarcosindicalismo y de no saber defender el orden establecido. Fue entonces que decidieron acudir nuevamente a los militares, añorando las políticas de mano dura con las que Milans del Boch y Martínez Anido habían tratado de pacificar Barcelona a sangre y fuego.

Francisco García Daza

i Las juventudes sindicalistas acusan a los asesinos que actúan bajo las órdenes de «La Patronal». La Tarde, 19 de noviembre de 1920.

ii LEÓN-IGNACIO, Los años del pistolerismo. Barcelona, Planeta S.A., 1981, p. 155.

iii La Publicitat, 16 de noviembre de 1918. p. 9

iv Lapena, Alfonso: «El sangriento y emocionante atentado del cabaret Pompeya, donde estalló una bomba», Informaciones, 26 de mayo 1931.

v Federico Albiñana aparecía en el Boletín Oficial de la Provincia de Barcelona, publicado el 7 de enero de 1920, entre los 50 mayores contribuyentes de Barcelona.

vi GARCÍA DAZA, Francisco. Can Folch. Memoria de una fábrica (1882-1987). Barcelona: Carena, 2022.

vii MOLES, Isidro. «Els senadors carlins de Catalunya (1901-1923)». Barcelona. Institut de Ciències Polítiques i Socials. Núm. 275 Universitat Autònoma de Barcelona, 2009.

viii Sardans, J. (27 de marzo de 2019) «Argemí, sensa honors». Regio 7. https://www.regio7.cat/opinio/2019/04/27/argemi-sense-honors-50097942.html

ix Jaime de Borbón. «A mis leales», El correo Español, 28 de marzo de 1919.

x OLLER PIÑOL, J. Martínez Anido su vida y su obra. Madrid: Librería General de Victoriano Suárez, 1943, p.41.

xi M. Ferrer, «Momento Solemne» El Correo Español, 3 de noviembre de 1919.

xii Senado de España, Diario de Sesiones de las Cortes, 8 de enero de 1920.

xiii El Diluvio, 24 de enero de 1919, p.12

xiv El Diluvio, 16 de enero de 1920, p.7.

xv El Diluvio, 24 de octubre 1920, p. 12.

xvi El Diluvio, 28 de noviembre de 1920,.12 y 13 de junio de 1922.

xvii El Diluvio, 12 de diciembre 1920, p.13.

xviii El Diluvio, 11 de diciembre 1920, p.11.

xix La Publicidad, 10 de diciembre 1920, p.3.

xx El Diluvio, 29 de abril de 1921.

xxi La Publicidad, 7 de diciembre de 1921, 3.

xxii La Publicidad, 28 de diciembre 1921, p. 3.

xxiii El Diluvio, 25 de julio de 1920, p. 11.

xxiv El Diluvio, 2 de septiembre de 1920, p. 10.

xxv IGNACIO TAIBO II, Paco. Que sean fuego las estrellas (Barcelona

1917-1923). Barcelona: Planeta S.A., 2016, p. 311.

xxvi La Publicidad, 6 de enero de 1921, p. 3.

xxvii IGNACIO TAIBO II, Paco: Que sean fuego las estrellas, op. cit., p. 448.

xxviii La Libertad, 25 de abril de 1923, p. 4.

xxix La Publicitat, 15 de agosto de 1923, p. 4.

xxx El Diluvio, 23 de enero de1919, p.10.

xxxi Solidaridad Obrera, 25 de marzo de 1923.

xxxii Solidaridad Obrera, 9 de marzo de 1923.

xxxiiiEl Sol, 22 de junio de 1923, p.3.

Bibliografía

BALCELLS, Albert. Violència social i poder polític. Barcelona: Pòrtic, 2001.

BENGOECHEA, Soledad. Organizació patronal i conflictividad social a Cataluya. Tradició i corporativisme entre finals de segle i la dictadura de Primo de Rivera. Barcelona: Publicacions L’Abadia de Monserrat, 1994.

GARCÍA DAZA, Francisco. Can Folch. Memoria de una fábrica (1882-1987). Barcelona: Carena,2022

IGNACIO TAIBO II, Paco. Que sean fuego las estrellas (Barcelona 1917-1923). Barcelona: Planeta S.A., 2016.

IGNACIO, León. Los años del pistolerismo. Barcelona, Planeta S.A., 1981

MARINELLO BONNEFOY, Juan Cristóbal. Sindicalismo y violencia en Catalunya. Barcelona: Universitat Autònoma de Barcelona, 2014.

MOLES, Isidre. «Els senadors carlins de Catalunya (1901-1923)». Barcelona: Institut de Ciències Polítiques i Socials. núm. 275 Universitat Autònoma de Barcelona, 2009.

OLLER PIÑOL, J. Martínez Anido su vida y su obra. Madrid: Librería General de Victoriano Suárez, 1943.

Fuentes

Arxiu de Revistes Catalanes Antigues.

Hemeroteca del Archivo Histórico de la Ciudad de Barcelona.

Hemeroteca Biblioteca Nacional de España.

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