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EL PSOE A PRINCIPIOS DE 1934: ¿UN PARTIDO REVOLUCIONARIO?

Durante la campaña, Caballero antepuso, no obstante, en todo momento el acceso legal al poder a través de las elecciones condicionándolo, sin embargo, a que no se le cerraran las puertas al partido y a que se respetase la legalidad republicana. Si lo que el líder socialista denominaba la “amalgama antimarxista” perdía las elecciones cabía la posibilidad de que hiciese algo extralegal y, llegado el caso, el PSOE estaría legitimado para saltarse igualmente la ley.

El resultado de los comicios del 19 de noviembre, sin embargo, supuso una victoria para las fuerzas conservadoras. El escrutinio otorgó 61 actas de diputado para los socialistas, contabilizando 1.627.472 votos frente a los 3’3 millones de la coalición de derechas, la cual obtuvo 212 escaños. Los radicales, por su parte, consiguieron 100 actas y los republicanos de Azaña, 5.9

Gil-Robles prometió su apoyo al Partido Radical y reclamó el derecho a gobernar “cuando el instante llegue”, lo cual equivalía para Indalecio Prieto a “una amenaza dictatorial” que encubría el propósito de un golpe de estado. El diputado socialista vasco advirtió, además, a Lerroux, sobre la entrada de miembros de la CEDA en el ejecutivo presidido por él en estos términos:

Decimos, Sr Lerroux y Sres. diputados , desde aquí al país entero, que públicamente contrae el partido socialista el compromiso de desencadenar, en este caso, la revolución.10

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Estaríamos hablando, pues, entonces, de una revolución preventiva. Ahora bien, una vez identificada la provocación a la que habría que dar respuesta, se trataba ahora de definir cuáles serían los contenidos y límites de la acción prevista y qué política de alianzas seguir en caso de que se materializara aquélla.Las divisiones existentes desde los últimos meses de la dictadura vuelven a manifestarse. Besteiro, presidente de la ejecutiva de la UGT, sostenía que en el socialismo no había capacidad, disciplina, ni autoridad para acometer la revolución, añadiendo que el respeto formal de la Constitución por las derechas las colocaba en una posición firme. Indalecio Prieto, por su parte, rechazaba la posibilidad de “realizar un programa totalitario de tipo exclusivamente socialista” y proponía como alternativa al mismo la “radicalización” de la República. Largo Caballero, finalmente, hablaba de un movimiento “francamente revolucionario”en el que el PSOE y la UGT se harían cargo del poder político. Santos Juliá considera que tales aseveraciones probarían que los socialistas no se querían limitar a una revolución preventiva sino que se trataría de responder a una supuesta provocación con el propósito de conquistar todo el poder para el partido y el sindicato.11

David Ruiz González, por contra, limita al círculo de Largo Caballero, tales afanes revolucionarios y subraya, además, la improvisación amén de la falta de medios de la que adolecían los insurgentes. Según el catedrático de Historia Contemporánea de la Universidad de Oviedo, el miedo a la CEDA y a que sucediera en España lo que había ocurrido en Austria o Alemania fue lo que impulsó a los socialistas a pasar a la acción cuando el partido derechista entró en el gobierno.

No se trataba de un temor infundado. Gil-Robles no era fascista, ciertamente, pero tampoco ningún ferviente defensor de la democracia como lo evidenció su discurso durante un mítin el 15 de octubre de 1933 en el cine Monumental de Madrid:

Hay que fundar un nuevo estado, una nación nueva, dejar la patria depurada de masones judaizantes…Hay que ir al Estado nuevo y para ello se imponen deberes y sacrificios. ¡Qué importa si nos cuesta hasta derramar sangre! Necesitamos el poder íntegro y eso es lo que pedimos. Para realizar este ideal no vamos a detenernos en formas arcaicas. La democracia no es para nosotros un fin sino un medio para ir a la conquista de un Estado nuevo. LLegado el momento, el Parlamento o se somete o lo hacemos desparecer. 12

El politólogo José Ramón Montero, estima que la CEDA, sin llegar a ser un auténtico partido fascista experimentó, sin embargo, un proceso de fascistización inseparable de sus propósitos contrarrevolucionarios que fue superior a un mero contagio ideológico fascista, Y en cuanto a las juventudes del partido, las JAP, habrían sido, siempre según Montero, “la organización política más fascistizada de cuantas existieron en la II República” y añade:

Desde ese mismo año 1933, las organizaciones de la izquierda obrera, especialmente las socialistas, identificaron el peligro antirrepublicano implícito en su ambigüedad hacia el régimen y en su proyecto de revisión constitucional con el peligro fascista. Enfocado desde la quiebra democrática de Portugal, Alemania y Austria, el peligro fascista tuvo oportunidad de concretarse explícitamente a partir de la simpatía mostrada por sus líderes (y sobre todo, de nuevo, por la JAP) hacia los fenómenos fascistas, del cuestionamiento expreso de la continuidad del sistema democrático y de la defensa de un amplio programa contrarrevolucionario en las elecciones parlamentarias de 1933; la posición arbitral de la CEDA en el nuevo Congreso y su participación en gobiernos de coalición no podían por menos que acrecentar esos temores. En suma, ambos procesos cristalizarían en un antifascismo superior efectivamente.13

5 comentarios

  1. ¡Vamos!, que el PSOE organizó un golpe de estado preventivo para que el gobierno legítimo de la República no llevara a esta a un régimen fascista. ¿Qué diferencia hay con el alzamiento del 36? En mi opinión, pocas. La justificación que daban los sublevados era similar. Evitar que el gobierno legítimo de la república llevara a esta a una dictadura del proletariado.
    Resumiendo: el PSOE se comporta en el 34, como después los sublevados en el 36, pero con algunas salvedades:
    1. Que mientras el PSOE desencadenó la insurrección con la excusa de que tres cedistas entraran en el gobierno (¡menudo delito!), los sublevados del 36 lo hicieron con el argumento de que miembros del PSOE y fuerzas de seguridad de la República asesinaran a un diputado líder de la oposición.
    2. Que a juzgar por los resultados, el PSOE se sublevó con mucho menos apoyo social que con lo que lo hicieron los del 36.
    3. Que a diferencia del resto de fuerzas políticas actuales (excepto Esquerra Republicana de Cataluña), que se desligan de los actores de la Guerra Civil renunciando a sus siglas y condenando los hechos, el PSOE, ni ha renunciado a sus siglas, ni ha pedido perdón por su insurrección frente a la República.

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    1. La diferencia es que había el precedente austríaco y, anteriormente, la llegada de Hitler al poder.Sin justtificar nada, creo que sí que hay diferencias e importantes entre las dos situaciones históricas.En 1936, el PCE era minúsculo y en España no había ni siquiera embajada soviética.No exisistía ningún peligro bolchevique y el gobierno estaba en manos de los republicanos burgueses.

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