“¿Es el PSOE un partido democrático?” es el título de un artículo de Pío Mora publicado en La Gaceta en el 2014 en el que sostiene que el partido de Pablo Iglesias solo tuvo un comportamiento “moderado y socialdemócrata” durante la dictadura de Primo de Rivera1. Durante esos años, Largo Caballero animó a la colaboración ugetista con el régimen en los comités paritarios e hizo la vista gorda ante la persecución que aquél desencadenó contra los anarcosindicalistas de la CNT. Según el controvertido articulista gallego soi-disant especialista en temas de la Segunda República, el PSOE planificó y llevó a cabo la Guerra Civil con ánimo de imponer una dictadura marxista. La Revolución de 1934 sería, pues, ateniéndonos a esa lógica, la primera etapa en el supuesto plan de toma del poder del partido de Largo Caballero.

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Francisco Largo Caballero

Pío Mora no está solo. César Vidal, Federico Jiménez Losantos o políticos como Esperanza Aguirre, por citar solo unos cuantos, hace años que denuncian que la historiografía ofrece una versión idílica de la Segunda República. El régimen instaurado en 1931 no sería. según ellos, verdaderamente una democracia y la Guerra Civil habría empezado, en realidad, en 1934. El PSOE, con su actitud revolucionaria y sus pretensiones totalitarias de asalto del poder es señalado como uno de los principales desencadenantes de una espiral de violencia que habría conducido a la guerra.

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¿Qué hay de cierto en ello? El PSOE en los años veinte, durante la dictadura de Primo de Rivera negaba a la violencia, afirma Santos Juliá, su necesidad histórica y su suficiencia para hacer la revolución. Al contrario, la acción revolucionaria violenta sería únicamente una respuesta obligada a una acción anterior de la reacción2. Como tal interpretó el comité nacional del PSOE el hecho de que Lerroux formara en septiembre de 1933 un gobierno de concentración republicana sin contar con los socialistas. Según Juan Avilés, llegó a plantearse incluso la posibilidad de armarse y de preparar un movimiento para conquistar el poder.3

Hay que decir que la llamada “radicalización” que condujo a Largo Caballero de ser un reformista sindical a un aparente revolucionario, al parecer nunca se ha explicado satisfactoriamente, en opinión de Paul Preston y, a treinta años de distancia, la controversia sigue abierta.4

El 17 de noviembre de 1933, el líder socialista apela a la instauración en España de una República socialista, solo dos días antes de la derrota electoral de la izquierda en las elecciones. Ahora bien, Julio Aróstegui, niega que tal declaración se trate de un hecho repentino y señala que ya, en el XIII Congreso del PSOE en el otoño de 1932, aparecieron las primeras referencias a las dificultades que los ministros socialistas iban encontrando en el desempeño de su labor, y ya entonces se alzaron voces pidiendo la inmediata salida del gobierno e incluso algunas, pocas, que proponían una asunción plena y exclusiva del poder.5

El 23 de julio de 1933, en un acto celebrado en el cine Pardiñas de Madrid, Largo Caballero reivindica todavía la participación en el gobierno y la colaboración con los republicanos, pero advierte:

Si para impedir una dictadura burguesa o el fascismo, hay que implantar la dictadura proletaria, el trance es gravísimo para nosotros (…) Pero entre las dificultades y el trance que esto pueda originar y la gravedad de las dificultades que pueda causarnos la dictadura burguesa o el fascismo, me parece que no hay otra opción.6

Meses después, el 30 de octubre Luis Araquistain que había ocupado el puesto de embajador de España en Berlín desde febrero del 1932 hasta mayo del año siguiente, pronunció un discurso en la Casa del Pueblo de Madrid en la misma línea. Así daba cuenta del mismo el periodista del diario republicano azañista Luz:

El Partido Socialista acepta el régimen parlamentario como medio para la conquista de leyes que mejoren a la clase proletaria, pero que si se les presenta el dilema de una dictadura, antes de que sea de carácter burgués, implantarán la suya los socialistas.7

A pesar de ello y de sus pronunciamientos anteriores, Largo Caballero, en sintonía con Fernando de los Ríos, era partidario de la colaboración en el gabinete que había de convocar nuevas elecciones a fin de salvaguardar la limpieza de las mismas. Tal flexibilidad de los socialistas demuestra, según Julio Aróstegui, la dificultad de la situación en que les colocaba su salida del gobierno. Convocadas las elecciones generales por el ejecutivo presidido por Diego Martínez Barrio y no habiendo, finalmente, entrado el PSOE en el ejecutivo, Caballero denunció que el Decreto que las convocaba estaba hecho en condiciones de extraordinaria ventaja para las fuerzas de derecha.8

Escrito por Francesc Tur

51 anys, Sóc Graduat en Humanitats per la UOC interessat per la història contemporània, especialment en el període de la Segona República i la Guerra Civil.També en l'època d'entreguerres europea i, en general. el primer terç del segle XX.

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