Cuando la CNT comenzó su colaboración en los gobiernos de Largo Caballero y –no se olvide- Juan Negrín durante la guerra de España, el Partido Sindicalista (PS) representaba, quizá, el intento más serio de llevar a cabo un programa de corte libertario desde las instituciones.  

Aunque no fuera propiamente desde las filas confederales, de cuyo seno habían sido expulsados muchos militantes a raíz de la crisis treintista[1], y menos aún desde el anarquismo, desechado por Pestaña como teoría capaz de lograr la transformación social[2], la aventura política del PS se ha convertido en un lugar común, incrustado de tópicos, al tratar el tema del reformismo en la CNT. Creado en abril de 1934[3], logró representación parlamentaria en las elecciones de febrero de 1936, a las que acudió integrado en la coalición de izquierdas del Frente Popular.

Sin embargo, los intentos de participación directa en política desde posiciones afines al anarcosindicalismo no eran novedad en España. (Me referiré en exclusiva a la intervención en procesos electorales y la participación desde las instituciones. Seguro que hay otros casos, que no trato por desconocimiento o por no hacer el artículo demasiado largo. Desde aquí lanzo el guante para que otros profundicen en el tema. Existen otros ejemplos y bien estudiados relacionados con la intervención de la CNT en política, desde el posibilismo de Salvador Seguí hasta el “anarco-bolchevismo” de los García Oliver y compañía, pero no son el objeto de este estudio[4]).

En las elecciones municipales de noviembre de 1917, un grupo de militantes confederales asturianos, fracasada la huelga general de agosto, presentó candidatura en Gijón con el nombre de Grupo Sindicalista Parlamentario. Sus líderes fueron Laureano Piñera  y Ramón Martínez. Piñera, que había sido detenido tras la huelga, era entonces el secretario de la Confederación de Metalúrgicos; Martínez era secretario de la Federación de Sociedades de Resistencia Solidaridad Obrera. Duramente criticados desde la CNT, no soportaron el fracaso electoral y el grupo se diluyó en poco tiempo.[5]

La experiencia, que no deja de ser anecdótica, representa un precedente del pestañismo al romper el tabú de la participación electoral[6], más aún al acontecer tras el fracaso y la represión de una huelga, momento en que se buscan otras vías para mejorar la situación de los trabajadores. También tiene algo en común con muchos otros partidos republicanos: el deseo de recabar el voto de los anarcosindicalistas. De igual modo se la puede considerar una precursora de lo sucedido en muchos municipios durante la guerra de España; en este caso concreto, el cenetista Avelino G. Mallada fue alcalde de Gijón desde octubre de 1936 a octubre de 1937.

   Enlazando con la tradición republicana federal, en su interpretación más revolucionaria y obrerista, encontramos bastantes ejemplos de doble militancia confederal y republicana. Quizá el paradigma sea el abogado, escritor y político –entre otras muchas cosas disciplinas- Eduardo Barriobero y Herrán[7], fiel seguidor de las ideas de Pi y Margall y cenetista afiliado al Sindicato de Profesiones Liberales desde 1912. Defensor de obreros en innumerables procesos judiciales, algunos muy famosos, su vida tiene abundantes coincidencias con la de sus clientes: militancia decidida, propaganda desde la prensa, cárcel, exilio, intentos de asesinato por parte del Sindicato Libre en los años del pistolerismo…  Fue diputado en Cortes en 1914, 1918 y 1919, recabando para ello el apoyo obrero y sindical. Desde su escaño se posicionó en favor de los presos, denunció casos de corrupción y reclamó libertades civiles. Durante la dictadura de Primo de Rivera participó en la Sanjuanada de 1926 como enlace del comité de la CNT en Gijón y, tres años después, en la conspiración de José Sánchez Guerra (intentos fallidos de golpe de Estado para derrocar el régimen).

barriobero_mGrafico_1922
Mundo Gráfico, 1922.

Proclamada la II República, volvió a ser elegido diputado a Cortes Constituyentes por Oviedo en las generales de junio de 1931. Fue parte del grupo al que Ortega y Gasset bautizó como ‘jabalíes’; adscritos a diferentes partidos republicanos, algunos trataron de escorar a la República hacia la izquierda desde posiciones socializantes, federalistas y anticlericales.  Entre ellos hay que citar a  Ángel Samblancat, abogado y periodista afiliado al Partido Republicano Demócrata Federal (PRDF), presidido por Barriobero, y también estrechamente ligado al anarcosindicalismo desde los años de la Restauración.

A mediados de 1935, el PRDF firmó un acuerdo de colaboración  con el Partido Sindicalista de Ángel Pestaña.[8]Las concomitancias entre ambos partidos eran claras: en el plano ideológico, la federación libre de municipios era el eje político vertebrador de la nueva sociedad; estratégicamente,  el régimen republicano constituía un avance y un paso previo ineludible hacia una sociedad sin capitalismo; y ambos buscaban los votos de los afiliados a la CNT, cantera natural de donde extraer sus bases.   Durante medio año será frecuente ver a representantes de ambas formaciones actuando conjuntamente y compartiendo locales en mítines, conferencias, etc. La alianza durará hasta la formación del Frente Popular, momento en que el primer Pleno Nacional del PS, celebrado a finales de enero de 1936, votó su incorporación a la coalición electoral y rechazó su fusión con los republicanos federales[9].

   Otro caso interesante donde la línea que separa anarquismo y federalismo republicano se estrecha, es el de la candidatura conjunta del Partido Social Ibérico y el diario La Tierra, que concurrió en Sevilla y en Madrid a las elecciones generales de noviembre de 1933.

diario la tierra

La Tierra, dirigido por la controvertida figura de Salvador Cánovas Cervantes[10], comenzó a publicarse a finales de 1930. El subdirector era Mariano Sánchez-Roca y como Redactor-jefe, Eduardo de Guzmán. Su Redacción la completaban Ricardo Baroja y Ezequiel Endériz.  Y entre el grupo de colaboradores volvemos a encontrar a republicanos de extrema izquierda como Barriobero, Samblancat, Salvador Sediles, José Antonio Balbontín y Rodrigo Soriano (todos, excepto Balbontín, acabaron en la CNT durante la guerra, ocupando puestos de responsabilidad)  junto con cenetistas como Juan Peiró, Melchor Rodríguez, Mauro Bajatierra, Felipe Aláiz y Jacinto Toryho.

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De izqda. a drcha.; de pie: Ezequiel Endériz (redactor), Luis Rodríguez (administrador) y Eduardo de Guzmán (Redactor-Jefe); sentados: Mariano Sánchez-Roca (Subdirector) y Salvador Cánovas Cervantes (Director).

De marcado carácter republicano, sus primeros números dieron soporte a los levantamientos de Jaca y Cuatro Vientos. En junio de 1931, se alineó con quienes consideraron que la República se quedaba corta en lo social y se excedía en materia de orden público. Como dijera Balbontín, se trataba de “estar con la República, pero contra esta República”. Una de las máximas fue:

Llegar tan lejos como sea capaz de llegar el pensamiento político y social de los españoles”.

Impregnado de las ideas de su director, La Tierra defendió una línea de actuación más o menos afín a la CNT, organismo que representaba lo mejor del carácter “racial” español[11], el único capaz de llevar a cabo la revolución en un pueblo, en esencia, individualista. Durante períodos de férrea censura, La Tierra se convirtió en el vocero oficioso de la Confederación. Sin embargo, la línea editorial optó por la vía política y por la participación electoral para lograr sus propósitos, procurando conseguir el apoyo de las masas sindicalistas en las urnas.

Desde 1933 La Tierra apoyó al Partido Social Ibérico (PSI); tanto fue así, que sus periodistas se integraron en algunas de sus candidaturas electorales presentadas en las generales de  noviembre de 1933. Otra forma de participación, a la inversa, fueron las curiosas Peñas de amigos de La Tierra,  grupos encargados de la defensa de la salida del periódico en época de censura, o bien de apoyar las campañas por la transparencia política y contra la represión obrera, el enchufismo y la multiplicidad de cargos durante la República. Otras veces eran simples tertulias reunidas en cafés o en locales de agrupaciones republicanas de izquierda (íntimamente ligadas al Partido Social Ibérico) cuando no disponían de espacio propio.[12]

El PSI era otra de tantas escisiones del republicanismo de extrema izquierda, en concreto del Partido Social Revolucionario, creado en 1932 y liderado por  José Antonio Balbontín. Al año siguiente, una parte –Balbontín incluido- decidió pasarse al Partido Comunista, mientras que el resto adoptó la denominación de ‘ibérico’ en consonancia con el ideario del periódico madrileño. El anarquismo, el sindicalismo y el PSI conformaban, en su ideario, la síntesis del iberismo. El programa –que adjunto- tuvo tintes anarquizantes.

Programa PSI
La Tierra, 22-2-1933; p.4

Sevilla y alrededores fue el epicentro de su militancia. También encontramos núcleos en otras zonas de Andalucía, Madrid, Bilbao, y algunas localidades de Castilla y Asturias. A la candidatura por Sevilla capital se presentó su líder, el ex capitán revolucionario Carlos Cuerda, junto con los periodistas de La Tierra Cánovas Cervantes, de Guzmán y Endériz; por la provincia repitieron los mismos, a los que hay que añadir al otro líder del PSI, también ex capitán –sublevado de Jaca- José Mª Piaya, a Ricardo Baroja, y a los obreros Domingo Navarro y José Gallardo.[13] También presentaron candidatura en Madrid.

Carlos Cuerda
El capitán Carlos Cuerda en Sevilla, rodeado por obreros de la Unión Ferroviaria al proclamarse la II República.

Ante las críticas de la CNT por su participación en el juego electoral, el PSI-La Tierra explicó que se trataba de una táctica para lograr la inmunidad parlamentaria y, de este modo, servir mejor a la revolución. Pese a los esfuerzos, el fracaso en los comicios dejó a la candidatura sin representación. Desde las páginas de La Tierra se hizo una dura crítica al abstencionismo promovido por la CNT, culpable por haber entregado la República a las derechas. Fue, pues, en la ámbito de la cultura donde la confluencia entre unos y otros fue mayor.

A partir de entonces, La Tierra apoyó a la Alianza Obrera que se irá conformando entre los partidos de izquierda. Cánovas Cervantes, Baroja y la línea editorial se pasarán al Partido Radical Demócrata de Diego Martínez Barrios, integrado después en la Unión Republicana. Los restos del PSI se fusionarán con el PS de Pestaña en mayo de 1935[14]. Dos meses antes, La Tierra había dejado de editarse por problemas económicos de su director.

Vía https://partidosindicalista.wordpress.com/

Citas:

[1] Escisión en la CNT entre los partidarios de la revolución por la vía insurreccional ante una República tibia en lo social y contundente en materia de orden público, y los que preferían contemporizar con el nuevo régimen con el fin de preparar mejor a las masas de trabajadores,  mediante la educación y el ejemplo, para el cambio revolucionario. Toma su nombre del Manifiesto de los Treinta, firmado por Pestaña, Joan Peiró y 28 compañeros más, y publicado en la prensa en agosto de 1931.

[2] Mantiene, no obstante, su validez como doctrina filosófica y pedagógica. V.  Pestaña, Ángel (1933): “Lo que aprendí en la vida”; en Pestaña, Ángel (1974): Trayectoria sindicalista [prólogo de Antonio Elorza.] Ed. Tebas, Madrid; p. 213.

[3] La fecha de la fundación del PS no es baladí. Sorprende que autores consagrados de la historiografía libertaria como José Peirats (2006 [1976]: 207)  o César M. Lorenzo (1969: 55)  no acierten el año de su creación, adelantándolo a 1932 y a 1933 respectivamente. También Pere Foix (1976 [1957]: 139) establece los primeros contactos entre militantes para crear el nuevo partido en octubre de 1932, aunque escribe que no está seguro de ello. La confusión perdura hasta nuestros días.

[4] Para conocer algunos antecedentes de la participación gubernamental de la CNT en 1936, V. César M. Lorenzo (1969): Los anarquistas españoles y el poder. Ed. Ruedo Ibérico, París; pp. 43-74.

[5] Barrio Alonso, Ángeles (1986): Anarquismo y anarcosindicalismo en Asturias (1890-1936) [tesis doctoral]. Universidad de Cantabria (Departamento de Historia Moderna y Contemporánea); p. 226.

[6] Íñiguez, Miguel (2008): Enciclopedia histórica del anarquismo español (vol. II) Asociación Issac Puente, Vitoria; p. 1284.

[7] Para profundizar en la figura de Barriobero, acaba de publicarse una biografía elaborada por José Luis Carretero (2017): Eduardo Barriobero. Las luchas de un jabalí [prólogo de Julián Vadillo.] Queimada Ediciones, Colección Nuestra Memoria, Madrid.

Véase también Bravo Vega, Julián (2002): Eduardo Barriobero y Herrán (1875-1939). Una nota sobre su vida y escritos. Fundación de Estudios Libertarios Anselmo Lorenzo, Madrid.

[8] “La actividad republicana de izquierdas. El partido democrático federal y el partido sindicalista han firmado un pacto de acción.”; en La Libertad, 9-7-1935, Madrid; p.2.

[9] Elorza, Antonio (1974): “El sindicalismo de Ángel Pestaña” [prólogo]; en Pestaña, Ángel: Trayectoria Sindicalista. Ed. Tebas, Madrid; p.71

[10] Pedro Sainz Rodríguez, un político derechista, cuenta en su biografía que los monárquicos usaron La Tierra como un medio de agitación contra el gobierno social-azañista. V. Sainz Rodríguez, P. (1978): Testimonios y recuerdos. Ed. Planeta, Barcelona; p.246. Citado por Antonio Elorza: “En torno a La Tierra”; en El País, 27-2-2007.

En una dura polémica que Cánovas Cervantes mantuvo con el socialista Ángel Galarza, éste le acusó desde las páginas de El Socialista de defender los intereses de Juan March.

[11] En las páginas de La Tierra, sobre todo durante la crisis del primer bienio, se pueden leer frecuentes alusiones al carácter individualista y el temperamento “racial” libertario español, desechando modelos extranjeros en boga como el fascismo o el bolchevismo: “Que cada cual haga la revolución en su casa. En España haremos la nuestra, y todos juntos serviremos a la Humanidad.” (V. “Un gran revolucionario. Salvador Cánovas Cervantes en Sevilla”; en La Tierra, 5-5-1933, Madrid; p.4)

Cánovas Cervantes dedicó muchas líneas a la reflexión sobre la formación y las particularidades de la identidad nacional ibérica y al análisis de las peculiaridades del genio y la raza españoles.  La idea del temperamento español –que hoy puede llamar la atención- era dominante por aquella época en todo el espectro político, incluido el que nos ocupa. El libro Ingleses, franceses, españoles: Ensayo de psicología colectiva comparada, de Salvador de Madariaga, se publicó en 1929 y se reeditó cada año hasta 1934. En él, el autor, a pesar de reconocer lo poco de científico que tiene el asunto, defiende la idea de que los pueblos poseen un carácter nacional. Al año siguiente, el socialista Luis Araquistain publicó El ocaso de un régimen, que comienza con un “Ensayo de patología del alma española”, donde se vuelve a tratar el tema. El mismo Ángel Pestaña se refiere al estereotipo del individualismo hispano en el folleto Sindicalismo, editado en los Cuadernos de cultura de Marín Civera en mayo de 1930. Cinco años más tarde, en Por qué se fundó el Partido Sindicalista, volverá a tratar el tema y coincidirá con Cánovas Cervantes al afirmar que el pueblo español no es apto para el modelo marxista: “No hay pueblo tan predispuesto por su naturaleza al ejercicio de una democracia de verdad  como el pueblo español.” (p.51)

[12] Losada Urigüen, María: “Extremismo republicano y anarcosindicalismo en la década de los treinta: ideología, cultura y política de una relación”; en Comunicaciones del I Encuentro de Jóvenes Investigadores en Historia Contemporánea de la AHC (Zaragoza, 26, 27 y 28 de septiembre de 2007), 2008.

[13] “En Sevilla. Partido social ibérico”; en ABC, 7-11-1933, Sevilla; p. 26.

[14] “Los partidos Sindicalista y Social Ibérico se fusionan”; en La Tierra, 29-5-1935; p.4.

Bibliografía:

  • Barona Martínez, Carlos: “Ricardo Baroja en La Tierra: una política anarquista (1931-1935)”; en Ruiz Carnicer, M.A. y Frías Corredor, C. [coord.](2001): Nuevas tendencias historiográficas e historia local en España: actas del II Congreso de Historia Local de Aragón (Huesca, 7 al 9 de julio de 1999)
  • Barrio Alonso, Ángeles (1986): Anarquismo y anarcosindicalismo en Asturias (1890-1936) [tesis doctoral]. Universidad de Cantabria (Departamento de Historia Moderna y Contemporánea)
  • Elorza, Antonio.: “Carácter nacional e ideologías (1914-1936)”; en Triunfo, 9-12-1972 [nº 532, extra], Madrid.
  • Elorza, Antonio (1974): “El sindicalismo de Ángel Pestaña”[prólogo]; en Pestaña, Ángel: Trayectoria Sindicalista. Tebas, Madrid.
  • Fontecha Pedraza, Antonio: “La Tierra (1930-1935)”; en Prensa obrera en Madrid (1855-1936). Fuentes para el estudio de la cultura popular madrileña en los años treinta. Ed. Comunidad de Madrid, Consejería de Cultura. Revista Alfoz, Madrid, 1987.
  • Íñiguez, M. (2008): Enciclopedia histórica del anarquismo español. Asociación Issac Puente, Vitoria.
  • Losada Urigüen, María: “Extremismo republicano y anarcosindicalismo en la década de los treinta: ideología, cultura y política de una relación”; en Comunicaciones del I Encuentro de Jóvenes Investigadores en Historia Contemporánea de la AHC (Zaragoza, 26, 27 y 28 de septiembre de 2007), 2008.
  • Santos Santos, M.C. (2003): Ángel Pestaña “Caballero de la Triste Figura”; Editorial Académica Española, Saarbrücken (Alemania.)

 

Escrito por Sergio Giménez

Ldo. en Historia y estudiante de Trabajo Social. Interesado en federalismo, treintismo y el Partido Sindicalista de Ángel Pestaña. También en historia local balear.

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