Comprender (y aprender de) las escisiones: a propósito del artículo CNT, de la Eclosión a la Escisión (1977-1983)

Texto enviado enviado desde Sabadell por Xavi Abante, a propósito del artículo publicado por Arnau Berenguer el pasado 6 de abril, en relación a las divisiones anarcosindicalistas durante los años de Transacción Democrática

scala-2

Leí con sumo interés el artículo del compañero y amigo Arnau B. CNT, de la Eclosión a la Escisión (1977 – 1983), publicado en Ser Histórico el pasado 6 de abril, y creo que tiene el mérito de poner sobre la mesa la cuestión de la escisión de los años 1979-1983, con la necesaria serenidad y autocrítica con la que todo debate debe iniciarse y desarrollarse. Porque el artículo del compañero Arnau B., y sobre todo los comentarios que recibió, son el mejor ejemplo de las ampollas que aún levanta la cuestión. La militancia más joven, tanto de CNT como de la propia CGT, nacida con posterioridad a los hechos, precisa de las herramientas necesarias para analizar lo sucedido en esos años, herramientas que pueden proceder de la historiografía, que está empezando a abordar el estudio del anarcosindicalismo a partir de la Transición con el necesario rigor y análisis histórico, empezando por el vaciado de archivos y el contraste y verificación de datos (1).

Sería erróneo decir que la CNT no ha atraído el interés de los historiadores. Las monografías y los estudios sobre su fundación, sus primeros años, así como su papel eminentemente central en la Segunda República, por no hablar de la Revolución Social y la Guerra Civil, son abundantes y profusamente documentados. El exilio y la CNT durante la dictadura han sido objeto también de estudio como, por ejemplo, los trabajos de Ángel Herrerín López. Sin embargo, la CNT a partir de la Transición se halla huérfana de estudios, siendo la mayoría de las monografías disponibles memorias y biografías de los protagonistas, más o menos documentadas, que comparten todas ellas el evidente sesgo de este tipo de obras (2).

Aunque, como militante de CNT, prontamente se me acusará de falta de imparcialidad, no por ello voy a privarme de aportar mi visión sobre la cuestión. Imagino que la pretensión del compañero Arnau B. no era la de presentar un detallado artículo historiográfico sobre la cuestión, a pesar de haber consultado interesantes fuentes para su elaboración. Como él mismo comenta, un artículo excesivamente extenso puede dificultar la lectura y, sobretodo, el interés de los lectores, aunque algunas afirmaciones quedan en demasiado genéricas y faltas de concreción (3).

medios-burgueses.png

Aparte de que el artículo abarca bastante más del período mencionado en el título (y no me refiero al necesario contexto histórico previo), haciendo una valoración de las problemáticas internas y externas tanto de CNT como de CGT en la actualidad, sin el necesario análisis del período de 35 años que media entre la escisión de 1983 y el día de hoy. Indirectamente, ello supone hacer una correlación entre las circunstancias actuales y las de la Transición. Si durante los años 70-80 había muchos cenetistas que se resistían a entender que 40 años de dictadura franquista hubieran hecho mella en la sociedad española, no podemos caer en el mismo error, y comparar 1979 con 2017.

Coincido con la mayoría de autores que han tratado el tema, y así lo cree también el compañero Arnau B., que la gran heterogeneidad de la CNT que se estaba construyendo después de la larga noche franquista dificultaba los acuerdos. Por si ello fuera poco, las diferencias que ya se arrastraban entre la CNT del exilio y la del interior vinieron a dificultar, más si cabe, dicho proceso. La más que comprensible histeria que siguió a los hechos de la sala Scala de Barcelona puso en fuga muchos trabajadores que se habían acercado al Sindicato, a la vez que desde instancias oficiales se favorecía a las otras opciones sindicales, con unos resultados que la historiografía debería también cuantificar (4).

1.jpg
Consumidos seis de los ocho días previstos para la celebración del V Congreso (1979), no se abordaron ni la cuarta parte de los contenidos, y aún quedaban pendientes, entre otros, los puntos de Estrategia y Acción Sindical (CASADO, 2015: 291)

Entrando en uno de los puntos calientes, elecciones sindicales sí o no, es obvio que el desencuentro en esta cuestión conllevó grandes tensiones, aunque no propició por sí solo la ruptura, que en ningún caso fue algo precipitado, como parecen señalar los que ventilan la cuestión hablando de los congresos de 1979, 1983 y 1984. Al contrario, fue algo que se fue gestando a fuego muy lento. Irónicamente, las elecciones sindicales ocuparon un papel insignificante en el congreso de la Casa de Campo de 1979 (5).

Entonces, si las cuestiones importantes, estratégicas, de largo alcance, no se debatieron en un Congreso, ¿dónde se iban a debatir? Lo que se pone de manifiesto de la documentación de la época, se iba materializando un ambiente enrarecido, de ánimos exaltados. Ante interminables debates en exceso ideológicos, muchos sindicatos optaron por abandonar la organización, con el convencimiento de que se estaba apartando no solamente de los trabajadores, sino de la realidad (6).

Liquidar la cuestión de las elecciones sindicales con generalidades es irreal y nos va a impedir ver la tremenda complejidad de la tesitura en la que se encontraban los militantes de la CNT que apostaban con ser un actor relevante en el panorama sindical de la Transición, especialmente diseñado para llevar a la CNT a la irrelevancia, paso previo a su desaparición.

Además de las elecciones sindicales, muchos otros factores incluyeron en la escisión y declive del anarcosindicalismo durante los años 70 y 80, y con posterioridad de nuevo en los 90. La pluralidad de causas es algo que nadie discute, ni siquiera aquellos que achacan todos los males al caso Scala, que lógicamente es también una de las causas. No obstante, una vez se analicen todas ellas, más que entrar a juzgar aquellos que en un momento dado defendieron unas u otras posturas, parece mucho más acertado hacer un balance de sus efectos desde la perspectiva que ofrece el paso de 35 años. Así, los que apostaban por las elecciones sindicales como medio de seguir teniendo, si no hegemonía, al menos incidencia en las empresas, hasta qué punto podemos decir que acertaron? ¿Tiene sentido tener presencia en comités de pequeñas empresas, o incluso crearlos si no había? Y si se tiene una posición muy minoritaria en un comité, en una gran empresa, vale la pena mendigar votos para conseguir unas sillas que de nada sirven para influir en las decisiones que atañen a los trabajadores?

En favor del compañero Arnau B. cabe mencionar –además del hecho de descorchar un debate necesario- la autocrítica que tanto cuesta ver en ambientes anarcosindicalistas. Es evidente, como afirma Arnau, que ni CNT ni CGT han sabido articular un modelo sindical atractivo para los trabajadores, que pueda plantar cara al sindicalismo de CCOO y UGT. Sacudiéndose complejos, Arnau recoge la autocrítica que la militancia más joven de CNT no tiene problema en asumir y reconocer.

A la vista de los comentarios del cegetista gallego Victor Vilaboa Pereira, parece ser que hay sectores de la CGT tan intransigentes como en la CNT de los años 80 y 90, demostrando que no solamente la CGT no es el anarcosindicalismo del siglo XXI, sino a duras penas el del siglo XX. El despliegue de una verdadera casta de delegados sindicales a duras penas sirve para mantener la estructura de la negociación colectiva levantada hace 40 años, dejándose llevar por una inercia que lleva las condiciones laborales a la baja. Querer entrar en esta dinámica, pensando que el voto sindical tiene poder de cambio, es tan utópico como el voto político. Y 35 años de comités no vaciados desde dentro no hacen sino demostrar la inutilidad –e incoherencia- del anarcosindicalismo en las urnas. Por otra parte, la CNT no tiene razón por no presentarse a elecciones sindicales: si no refuerza su apuesta por las secciones sindicales y la formación de sus afiliados y militantes será tan inútil como una urna llena de votos.

Captura de pantalla de 2017-05-12 00-12-12
Extracto de uno de los comentarios del anarcosindicalista V. Vilaboa

Notas:

  1. Solamente algunos ejemplos los constituyen CASADO, Mª REYES (2015): “El V Congreso de la CNT (8-16 Diciembre 1979)”, en Espacio, Tiempo y Forma nº 27. Madrid: UNED; GONZALEZ, A. CALERO, J (2004): La CNT en la Transición. Una Raíz Profunda. Actas de las VI Jornadas de Castilla-La Mancha sobre Investigación en Archivos. Guadalajara, 4 – 7 noviembre 2003; o bien el trabajo de final de Máster de Héctor González (2013), La Escisión de la CNT en Asturias y la construcción de la memoria colectiva, disponible en http://digibuo.uniovi.es/dspace/handle/10651/19147

  2. De lo dicho dejo al margen De la Asamblea Obrera al Proceso de Pacto Social. CNT (1976 – 1981), de Pablo César Carmona Pascual, editado por la Fundación Anselmo Lorenzo en 2005, que podríamos considerar uno de los primeros intentos de aproximarse a los archivos en busca de preguntas y respuestas. Por lo demás, refuerzan lo afirmado CNT. El Hilo Rojinegro de la Prensa Confederal, cuyo capítulo dedicado a hablar de los últimos 40 años del periódico CNT no cuentan con cita ni bibliografía alguna, y en el anexo del libro la portada del CNT más actual es la del mitin de San Sebastián de los Reyes. Por su parte, Siempre Volviendo a Empezar. CNT Dentro y fuera de España (1939 – 2009), dedica su segunda parte, a cargo de José Luis García Rúa, a hacer un repaso de las luchas de CNT hasta 2009, basándose únicamente en lo que se publicaba en el CNT.

  3. Por ejemplo, cuando habla de la ruptura generacional en CNT, o bien los 48 Sindicatos que impugnan el Congreso. Tratándose de un artículo sobre la escisión de los años 80, saber exactamente qué sindicatos la impulsaron parece necesario para la comprensión de los hechos.

  4. No se intentaba favorecer entonces a CCOO, pues ya en los primeros años de la Transición se buscaba evitar a toda costa la hegemonía sindical de una central de corte comunista, tal y como sucedió en Portugal tras la Revolución de los Claveles: MUÑOZ SANCHEZ, ANTONIO (2012). El Amigo Alemán. El SPD y el PSOE de la Dictadura a la Democracia. Barcelona, RBA Libros. Se trataba de dar entrada a opciones mucho más moderadas y con propensión a pactos a la baja, como los sindicatos sectoriales independientes (funcionarios, empresas públicas, sector terciario), o bien la UGT o la USO, con fuerte presencia en concesiones de servicios públicos.

  5. Las maratonianas sesiones del V Congreso hicieron que al votar el apartado Estrategia Laboral y Sindical, se pasaran por alto prácticamente los debates, limitándose a aprobar la línea estratégica del pasado y aportando sentencias grandilocuentes vacías de contenido, pero sobretodo de cualquier aplicación práctica. CASADO, 2015: 289.

  6. Entre muchos, es especialmente interesante el caso de la empresa gijonense EMULSA, en la cual la hegemonía de la CNT pronto se vio amenazada por unas elecciones sindicales en las que no concurrir significaba desaparecer. GONZALEZ, 2013: 40-41.