El siguiente artículo es un extracto de un trabajo de investigación: EL GRITO DE LOS ESTUDIANTES, LAS CALLES SON DEL PUEBLO. Análisis de las manifestaciones estudiantiles mexicanas entre 1960 y 1968 de Reynaldo Díaz País (2015)
Primera parte: UN MUNDO DE LOCOS: de centros y periferias

¡La imaginación al poder!

La década del sesenta estuvo signada por numerosos cambios, transformaciones sociales, transformaciones políticas, nuevas perspectivas y representa, hoy en día, un período de conflictos con repercusión internacional. Muchas de esas luchas no lograron cumplir con sus objetivos, a veces más concretos, a veces más idealistas; pero tampoco fueron movimientos simplemente reformistas. Podemos tomar la declaración de Daniel Cohn-Bendit (un referente estudiantil francés del movimiento de mayo de 1968) para ilustrar el pensamiento de la época:

“De todas maneras no creo que la revolución sea posible de un día para otro. Creo que sólo será posible obtener mejoras sucesivas, más o menos importantes, pero estas mejoras no podrán ser impuestas sino por acciones revolucionarias.”

Este es un principio básico para entender los movimientos estudiantiles y obreros, no sólo los de los años sesenta sino también aquellos levantamientos que tuvieron lugar a lo largo de toda la historia de la humanidad. Tal vez la diferencia está en el autorreconocimiento de este principio por parte de los manifestantes, lo cual se produjo gracias a los nuevos caminos de reflexión que surgieron en la época. Incluso Herbert Marcuse tiene que reconocer su aporte. Según él, estos fueron movimientos esencialmente de intelectuales revolucionarios con dificultad para integrar a las grandes masas pero que contribuyeron a provocar cambios en la política gubernamental.

A partir de la decadencia de la hegemonía europea tras el fin de la Segunda Guerra Mundial, muchas de sus colonias en el resto del mundo comenzaron a concretar sus demandas de independencia. Este proceso se desarrolló principalmente en Asia y África entre 1947 y 1970 y, como no tuvieron el mismo sesgo ideológico, algunos se alinearon a las propuestas estadounidenses o soviéticas. Además, hubieron países que se autodenominaron tercera posición (es decir, que no buscaron alinearse directamente).

El impacto de estas revoluciones independentistas —más o menos violentas—, junto con las primeras expresiones populistas latinoamericanas que optaron por el desarrollo de una incipiente industria nacional entre 1930 y 1960, sirvieron para incentivar la búsqueda de alternativas políticas. Así mismo, el resurgimiento de la izquierda en todo el mundo durante los años sesenta está relacionado de manera directa con tales antecedentes. Desde ya que el hecho revolucionario más destacado, al menos internacionalmente, fue la Revolución Cubana en 1959. Al igual que la Revolución Rusa, esta demostró dos cosas: que los cambios a través de una lucha armada y la toma del poder podían llevarse a cabo, y que no se necesitaba seguir al pie de la letra el ideario ortodoxo marxista (ni estalinista).

Inicialmente, la Revolución Cubana poco tenía que ver con la experiencia soviética o comunista, aunque luego se alineara con la URSS. En los numerosos discursos posteriores a la revolución de 1959, Fidel Castro se distanciaba tajantemente del partido y la doctrina comunista. Ejemplo de ello es el discurso pronunciado en la Plaza Cívica, el 8 de mayo de 1959:

“Entonces, ¿por qué cuando decimos que nuestra Revolución no es comunista, por qué cuando probamos que nuestros ideales se apartan de la doctrina comunista, que la Revolución Cubana no es ni capitalista ni comunista y que es una revolución propia, que tiene una ideología propia, enteramente propia, que tiene raíces cubanas, que es enteramente cubana y enteramente americana, por qué entonces ese empeño en acusar a nuestra Revolución de lo que no es?. Es preciso aclarar de una vez que si nuestras ideas fuesen las ideas capitalistas lo diríamos aquí, como si nuestras ideas fuesen ideas comunistas lo diríamos aquí…”
Disponible en http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1959/esp/f080559e.html. Otros discursos entre 1959 y 2008 en http://www.cuba.cu/gobierno/discursos.

La repercusión de tales hechos impactaron fuertemente en la sociedad de la década de los sesenta, en especial en las juventudes que buscaban respuestas y nuevas experiencias, alejándose de toda ortodoxia teórica (ya sea marxista o liberal). Según Eric Hobsbawm, la misma década estableció un precedente imposible de negar:

“¿Y los intelectuales, en esta nueva era? Desde la década de 1960, la enorme expansión de los estudios superiores los ha transformado en una clase influyente con relevancia política. Desde 1968 ha quedado claro que es fácil movilizar a los colectivos estudiantiles, no solo a nivel nacional sino también más allá de las propias fronteras.”

Los grupos juveniles se acercaron cada vez más a los grupos intelectuales, buscando en ellos no sólo referentes teóricos sino también una nueva mirada de la realidad. La relación de los estudios universitarios con los hechos sociales, el crecimiento de las disciplinas académicas en el ámbito social y la preocupación social crecían día a día. Ambas potencias mundiales comenzaron a demostrar, hacia 1960, una de sus principales falencias: la tecnocracia. Para Theodore Roszak, las manifestaciones contraculturales (compuestas por minorías de jóvenes y adultos) fueron expresiones que no se relacionaban con el conservadurismo, ni con la izquierda ni con el liberalismo tradicional. Es decir, fueron agrupaciones que, a través de la crítica, buscaban crear nuevas alternativas. Para Rozsak, estas no lograrían grandes cambios sociales, a menos que contaran con la aceptación social. Sin embargo, todas esas expresiones tuvieron algo en común: fueron críticas con la tecnocracia que cada vez más adquería poder en la sociedad; gobiernos que, sin importar su ideología, basaban sus políticas en los análisis científicos carentes de “ideologías”.

“…los estudiantes más turbulentos son los que se han roto los codos estudiando humanidades y sociología sólo para descubrir al final que lo que la sociedad quiere de verdad de sus escuelas es técnicos, no filósofos” Theodore Roszak

Se puede decir, por lo tanto, que estas características dentro del grupo de intelectuales relacionados con el mundo universitario, y dentro del grupo juvenil emergente, fueron elementos comunes en los distintos movimientos contraculturales de todo el mundo. A menudo, los distintos análisis humanísticos han buscado entender y pensar el conjunto de estas movilizaciones para entender cuál era su carácter principal. Así, basados en las tradicionales distinciones ideológicas y hegemónicas de la época —aún presentes en la actualidad— buscaron explicar estos fenómenos sociales. Los movimientos juveniles, expresiones particulares en cada región o país, no tuvieron necesariamente el mismo ideario. Para el análisis liberal, eran movimientos comunistas o izquierdistas; para el análisis comunista o marxista-leninista eran manifestaciones de una burguesía reaccionaria, una pseudo izquierda liberal.

Hay que entender que cada protesta tenía su propio ideario. El movimiento hippie o las manifestaciones en Estados Unidos no representaban a ningún partido marxista (aunque el gobierno pensara lo contrario) y buscaban concientizar sobre las consecuencias de la guerra de Vietnam (1955-1975), la tecnocracia y el racismo. Por otro lado, el movimiento social de la Primavera de Praga (Checoslovaquia, 1968) que se ganó la dura intervención y represión de la URSS, criticaba el duro autoritarismo del gobierno soviético y pretendía la realización de un socialismo más humano. En España, las huelgas obreras antifranquistas (1968) convivieron con el resurgimiento de los nacionalismos o regionalismos en el país que también quería poner en jaque el gobierno de facto. En Francia, el conocido caso del Mayo Francés (1968) tenía tendencias marxistas y anarquistas, pero oponiéndose fuertemente a las intervenciones del Partido Comunista Francés (PCF) o del gobierno de De Gaulle.

Estas y otras demostraciones no tuvieron una finalidad o un ideario en común, sin embargo, todas ellas plantearon cuestiones en común; fueron movimientos que se contrapusieron al sistema establecido, al poder hegemónico y al pensamiento bipolar que reinaba en el mundo.

La lucha contra el sistema se vio reflejada en distintas expresiones culturales. Así como los intelectuales utilizaron el vehículo teórico para transmitir sus pensamientos y proponer cambios sociales, los artistas utilizaron su capacidad creativa para luchar contra la hegemonía cultural existente. Incluso, algunos científicos como Evariste se involucraron en la lucha desde el ámbito artístico. El mismo, escritor e intérprete de “La Révolution” (1969), cantaba contra la sociedad de consumo, contra las Compañías Republicanas de Seguridad (CRS) y contra el PCF, que no había entendido claramente las demandas universitarias. Por otro lado, otros músicos que eran reconocidos internacionalmente tuvieron su respuesta artística sobre los hechos. Por ejemplo, The Beatles lanzó, en 1968, “Revolution”, un tema compuesto principalmente por John Lennon, el cual proponía un cambio revolucionario; no desde la violencia sino desde el pacifismo. Las canciones de protesta fueron un elemento fundamental siempre presente en manifestaciones públicas: algunas, a través de la música de rock, que se presentaba como una alternativa musical contestataria y rebelde; otras, a través de una revalorización del folklore local.

Otro elemento en común es el uso plástico a través de un lenguaje directo. El uso de la gráfica para transmitir las ideas en las calles había logrado un nuevo nivel en el lenguaje plástico. Así, ya no sólo bastaba con frases directas sino que muchas veces se recurría a ilustraciones icónicas que permitieran, con ideas simples pero contundentes, demostrar las contradicciones de la humanidad. Así mismo, se acompañaba las manifestaciones con graffitis (escritura en las paredes de las calles) e impresiones clandestinas de folletos para explicar los motivos y objetivos del movimiento.

Desde ya que estas expresiones culturales no eran una novedad en las manifestaciones. Estos recursos habían sido muy utilizados en las huelgas obreras socialistas, comunistas y anarquistas de fines del siglo XIX y principios del XX. Sin embargo, aquí adquirieron algunas características particulares. La participación de la juventud hizo que estas intervenciones demostrasen el nuevo rol de los jóvenes; la adolescencia y el mundo universitario ya no representaban las etapas finales del mundo infantil, sino la introducción al mundo adulto. Los nuevos recursos estilísticos sirvieron para contrarrestar los usados desde la Segunda Guerra Mundial por los distintos gobiernos (la gráfica figurativa y la propaganda política, herencia del nazismo, era muy similar aun entre las distintas propuestas gubernamentales). En sí, el arte buscaba romper con viejas estructuras.

Escrito por Reynaldo Díaz País

Ilustrador, Diseñador Gráfico y Profesor de Historia. Apasionado por la Historia Social y Cultural, el Arte y la Comunicación. Editor de la revista de investigación medieval Scriptorium (ARG).

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