Anarquismo Guerra civil Española Insurreccionalismo

Los años 30 en Sallent [Miguel G. Gómez]

“Sallent será para la Revolución Social lo que Jaca fue para la revolución democrática” [1]
Con toda seguridad uno de los lugares más intensos del conflicto entre el movimiento obrero y la legalidad republicana en la década de 1930 fue la población de Sallent. La terrible situación social de la mina y su entorno y la radicalización de los mineros hacia posturas netamente revolucionarias serían los factores clave de vida sociopolítica de esta población durante aquellos años.
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Foto de la octavilla de la insurrección de enero de 1932 en Sallent. Fondo: Josep Maria Sagarra i Plana, ANC1-585-N-16746

Como introducción situaremos este pueblo en su contexto. Sallent está en la cuenca del río Llobregat, en la plana del Bages, en la parte central de Cataluña. A raíz de la revolución industrial su geografía la hizo idónea para la construcción de fábricas textiles, como la llamada Fàbrica de Cal Ramon, cuyo origen se remonta nada menos que a 1806. La villa sallentina seria pionera en el estado español en la instalación de un telar mecánico en la Fàbrica Cal Torres, fundada en 1814. Más tarde se fundarían otras fábricas, alcanzando la cifra de 11 en 1860. Daban trabajo a unas 1.200 personas. En 1905, se fundaría la Fábrica Sala (conocida a partir de los años 60 como Les Culleres – las cucharas en castellano – debido a su cambio de actividad hacia la fabricación de cubertería). Hoy en día la Festa Major Alternativa del pueblo rinde homenaje a estas fábricas, que otorgan el nombre de las tres colles juveniles y festivas que tiene el pueblo [2] (que son la Vella, les Culleres y la Bòbila).

La existencia de estas fábricas, como es lógico, produjo una proletarización del pueblo, que fue atrayendo familias que abandonaban el campo en otras comarcas catalanas para ganarse la vida trabajando de sol a sol en las fábricas.

Las primeras noticias de huelgas en Sallent son de 1850, en una época muy temprana donde los conflictos obreros aparecieron en toda la comarca del Alto Llobregat (que la componen las actuales comarcas barcelonesas del Bages, Berguedà y Moianès). Enseguida alcanzan relevancia las sociedades obreras de Sallent, puesto que en 1855 envían un bando al general Espartero – que gobernaba en España en esa época. Más tarde, en 1868, aquellas incipientes sociedades participan en el congreso que convocó la Dirección Central de Sociedades Obreras y conectan con el movimiento obrero que está pasando en esos años del republicanismo federal al internacionalismo bakuniano. Estas sociedades también ingresarían en 1870 en las Tres Clases del Vapor, la federación obrera del textil.

El primer contacto con la Internacional nos es relatado muy escuetamente. “En Manresa y sus cercanías se trabaja a veces hasta 18 horas… En Sallent ha mejorado algo la situación, merced a la constancia de la asociación”. [3] Como se puede deducir hay una organización afín a la Internacional en 1872. A finales de 1873 los conflictos laborales agravarían la difícil situación política que vivía todo el país. El delegado de Manresa, Francisco Torra escribía que “los carlistas nos hacen una guerra atroz; en muchas partes nos impiden la Asociación, con la amenaza de pena de muerte a los representantes de las secciones”. [4] En aquellos momentos Sallent vivió una huelga general que llegó a tener un seguimiento de unas 1.000 personas, cosa que constituía casi toda población trabajadora por aquel entonces. Sin embargo, como existían partidas carlistas en la zona, y éstas se dedicaban a amenazar a las sociedades obreras internacionalistas, la huelga fracasó. Los carlistas llegaron a atacar violentamente el obrerismo organizado en varios puntos como Sallent o Manresa.

Dejando atrás el llamado Sexenio Democrático, vemos que ese primer anarquismo no acabó de cuajar. El movimiento obrero y el libertario tuvieron que ser refundados de nuevo. El responsable de ello sería el aragonés José López Montenegro. Nacido en Zaragoza, Montenegro, fue miembro del ejército en 1868. Desertó para unirse al Cantón de Cartagena en la revolución cantonalista y a partir de entonces conectó con la corriente libertaria. Entre 1884 y 1886 lo encontramos en Sabadell junto a Teresa Claramunt (de quien era pareja por aquel entonces), al frente del diario anarcocomunista Los Desheredados. Más tarde se mudaría a Sallent.

López Montenegro ejerció de maestro, y como tal fundó el Centro de Enseñanza Laica de Sallent y fue impulsor de una “biblioteca popular” (popular era sinónimo de pública en aquellos momentos). También era masón y estaba firmemente conectado con los movimientos republicano, anarquista y obrero del momento. Así pues, en la complicadísima huelga que sacudió el Alto Llobregat de 1890 – o mejor dicho, oleada de huelgas – participó en el comité de huelga de la localidad. Más tarde fue delegado por Sallent en un congreso obrero en Madrid que intentaba fundar una organización sucesora de la Federación de Trabajadores de la Región Española (FTRE), infructuosamente.

En su faceta de militante anarquista se sabe que en 1891 existía un grupo llamado La Vida [5]. Realizó varias conferencias sobre la religión y en noviembre de 1891 otra en Manresa sobre los Mártires de Chicago junto a Errico Malatesta y Pedro Esteve, que estaban realizando una gira de conferencias por todo el país. Fue detenido y condenado en el Proceso de Montjuic de 1896 y cuando salió en libertad emigró a la Argentina.

En 1893 se realizó un gran mitin del Primero de Mayo en Sallent, ya que en Manresa estaba prohibido. Lo organizaban los rabassaires y la sociedad obrera local, donde tenían peso los militantes anarquistas. Sin embargo, el Proceso de Montjuic desbarataría esta alianza. Por fortuna el movimiento lograría reponerse del golpe represivo y en 1899 volemos a encontrar representantes de Sallent en la constitución de la Federación del Arte Fabril y Textil. Al grupo anarquista La Vida lo sucedería en la década de 1900 el grupo Germinal.

Sin embargo no volvemos a tener muchas noticias de esta población hasta la época de 1919. Hasta entonces apenas hay unas pocas referencias en la prensa anarquista como La Tramontana, Tierra y Libertad o Solidaridad Obrera. Lo que se difundió más en estas dos primeras décadas del siglo XX fue el republicanismo. Y conectando con este, precisamente en una familia muy republicana nació el libertario sallentino más universal, Joan Puig Elias. Puig Elias fue maestro y fundador de diversas escuelas racionalistas que seguían el modelo pedagógico de Ferrer i Guàrdia. Llegó a la Guerra Civil siendo un reconocido pedagogo y esto lo llevó a encabezar el Consell de la Escuela Nova Unificada, que fue la primera vez que hubo un sistema educativo público (y en catalán) en Cataluña. Sin embargo, su militancia político-social no se desarrolló en su pueblo natal, que abandonó de joven.

En el Congreso de Madrid de la Confederación Nacional del Trabajo (CNT), de diciembre de 1919, Sallent aparece con un sindicato de Oficios Varios que cuenta con 1.500 afiliados. Se trata de una cifra extraordinaria teniendo en cuenta que la población rondaba las 4.500 personas. Pero es que en aquel año las luchas obreras habían sido durísimas en toda Cataluña. Las huelgas se sucedían – como la de La Canadiense – y los lock-outs patronales también. Tal era así que se abrieron comedores populares: “En Sallent, con la solidaridad que recibíamos establecíamos cocinas donde al mediodía y por las noches los huelguistas podían venir a buscar la comida que querían”.[6] De hecho justo cuando se celebraba el congreso de la CNT se produjo uno de estos lock-outs.

En los años 20 se inicia la explotación minera que transformó radicalmente la vida de la población. Antes de ello, en 1924, se inauguró el ferrocarril Manresa-Berga-Guardiola que pasaba por Sallent. Más tarde se iniciaron los trabajos necesarios para poner en marcha la mina de potasa.

La mina atrajo una oleada migratoria procedente del sudeste peninsular (Murcia, Almería, Granada y Albacete), cosa que hizo aumentar fuertemente la población hasta cerca de 5.500 habitantes para 1930. En 1936 se rondaba entre los 6.500 y los 7.000 habitantes.

Y aquí comenzamos el relato de los años 30.

La República

La primera huelga reseñable de por aquel entonces ocurrió el 12 de diciembre de 1930. Se trataba de una huelga revolucionaria contra el régimen monárquico de Alfonso XII y fue la que dio pie a los sucesos de Jaca en donde se había sublevado un batallón del ejército. Aquella huelga duró tres días en Sallent,.

La implantación de la República abrió todo tipo de expectativas. Y los obreros al organizarse, querían más. Mucho más. En aquel año de 1931 Sallent a diferencia de otras poblaciones de la comarca no tenía grupos anarquistas estables. El movimiento obrero estaba unificado en el Sindicato Único de Oficios Varios adherido a la CNT. Tengamos en cuenta que el movimiento obrero por entonces era plural. Los republicanos tenían presencia en los sindicatos y lo intentaban capitalizar. Durante todo el período republicano ERC y el Partido Federal considerarían a la CNT como “su” sindicato, conviviendo internamente con los sectores anarquistas y sindicalistas.

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Recorte del diario El Dia de Manresa, 24/01/1932.

Con la República la convivencia estuvo lejos de ser tranquila. En 1931, mientras se producían varias huelgas mineras en Suria y en Cardona y una importante huelga del textil en toda la comarca, en Sallent se desarrolló un conflicto en el ramo de la construcción de derivó en una huelga de 14 semanas. Entre esta huelga, la crisis del ramo del textil y la irrupción de la minería se estaba fraguando un descontento social importante. En aquellos momentos de malestar popular (finales de diciembre de 1931) llegaron en gira unos representantes del Comité Regional de Cataluña a realizar un mitin. Eran Arturo Parera, Vicente Pérez (Combina) y Buenaventura Durruti. Parece ser que sus discursos electrizaron el ya caldeado ambiente y predispusieron el pueblo para lo que vendría en las siguientes semanas.

La revuelta de enero de 1932

La huelga revolucionaria comenzó en Fígols, comarca del Berguedà, el 20 de enero de 1932. Pronto se extendió a otras poblaciones como Berga, Cardona, Gironella, Suria, Puig-reig, Balsareny o Sallent. En general se paralizó toda la comarca y en varios lugares los obreros controlaron la situación. Uno de ellos fue Sallent.

En esos momentos alguien propuso como santo y seña el lema que subtitula este artículo: “Sallent será a la revolución social lo que Jaca ha sido para la revolución democrática”, y tuvo gancho. Los huelguistas habían levantado las vías del tren y resistieron hasta que llegaron 16 camiones del ejército y tomaron el pueblo, bayoneta calada.

Los revolucionarios habían implantado el comunismo libertario durante dos días. A pesar de la proclama donde amenazaban a quien no estuviera de acuerdo con el programa anarquista revolucionario, no hubo actos violentos. Incluso se respetó el ayuntamiento por petición expresa del mismo alcalde, que había acudido a parlamentar con los insurrectos. Hay que decir que éstos tenían muy pocas armas. Habían conseguido algunas carabinas y escopetas del somatén y de los vigilantes de la mina. En cambio disponían de dinamita y de algunos rudimentarios explosivos hechos con botes de conservas.

De resultas de esta insurrección hubo decenas de detenidos de los que finalmente 14 serían deportados en el barco de vapor Buenos Aires [7]. La situación de los deportados siempre fue de extrema penuria y fueron tratados en todos los puertos como criminales aun cuando algunos deportados no habían participado siquiera en los hechos. Compartieron castigo con diversos militantes anarquistas como Durruti, Francisco Ascaso, Bruno Lladó o Tomás Cano Ruiz. Debido a las penosas condiciones que padecieron los deportados falleció Antonio Solé de Sallent. Fue enterrado en Las Palmas de Gran Canaria gracias a la Federación Obrera de aquella ciudad. Al llegar esta noticia a Sallent estalló una huelga espontánea en la mina y en la fábrica de Malpás donde trabajaba Solé.

Sin embargo el sector del textil no quiso adherirse, cosa que marcaría una diferencia importante. En el Alto Llobregat la CNT se dividió en 1932-1933 entre los llamados Sindicatos de Oposición (también conocidos como treintistas [8]) y los sindicatos seguidores de la línea oficial (anarquista revolucionaria). A grandes rasgos, el textil y la metalurgia pasaron a la oposición, mientras que la minería, la construcción y los transportes se quedaron en CNT. En 1936 la mayoría de estos sindicatos de oposición se reintegraron a la Confederación, exceptuando los de Manresa y algunos grupos en Puig-reig, Suria o Sant Vicenç de Castellet que durante la guerra acabaron engrosando las filas de la UGT. La clausura de los sindicatos y las peleas internas de la CNT fueron aprovechadas por otras fuerzas políticas para implantarse en varias poblaciones (en concreto por el Bloque Obrero y Campesino (BOC), por la Unió Socialista de Catalunya (USC) y por la UGT).

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Dibujo de la revista Bé Negre, núm. 32, del 26 de enero de 1932. Ironiza con la proclamación del comunismo libertario en el Alto Llobregat.

A nivel general la comarca vivía una situación de psicosis. La guardia civil patrullaba por todas partes y de vez en cuando se hallaban escondites con explosivos. Esto creaba una alarma social avivada por la prensa. Pero se trataba de explosivos abandonados por los revolucionarios. El 30 de mayo se realizó una redada en Sallent contra un domicilio en el que se encontraba el comité pro-presos en pleno [9]. Los detenidos fueron liberados a los dos días.

La insurrección de enero de 1933

El 8 de enero tuvo lugar otra intentona de proclamar el comunismo libertario en Sallent. Si bien en 1932 el movimiento revolucionario había sido más o menos espontáneo – aunque había caldo de cultivo de sobra – en 1933 el movimiento insurreccional partió de la organización de la Federación Anarquista Ibérica (FAI).

Así pues, a las 10 de la noche los revolucionarios dispararon sobre un guardia que estaba patrullando las calles, hiriéndole, y después incendiaron el cuartel de la guardia civil de la calle San Bernardo, 20. El incendio no fue importante debido a que los mismos guardias y algunos vecinos lo pudieron apagar a tiempo. Pero la Guardia Civil quería venganza. A partir de las 2 de la madrugada los guardias rodearon el local de la CNT de la calle Clos y comenzó un tiroteo de película. Allí fueron acribillados a balazos – en el momento de rendirse – Francesc Codina Casas, de 20 años, natural del vecino pueblo de Balsareny, y Andrés Martínez García, de 18 años y natural de Almería. También resultaron heridos otros cinco militantes (dos de ellos fueron José Yepes, herido de bala en el brazo cuando ondeaba la bandera blanca, y José Raya Pérez) y, por el otro bando, tres guardias y un alguacil.

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Patrulla de militares en Sallent, 1932. Fondo Brangulí, ANC1-42-N-24090

En el consiguiente registro del local de la CNT se encontraron unas cien bombas, de aquellas que se fabricaban artesanalmente con botes de conserva. Esto fue más que suficiente para clausurar el local durante meses. En los días posteriores se produjo una nutrida manifestación contra “los forasteros”, que según ellos, se habían hecho los “amos del pueblo” y amenazaban la convivencia.

Aunque se pueda constatar el arraigo del anarquismo militante entre los mineros, a menudo esto puede parecer una cuestión propagandística o un cliché y no se concreta en qué medida simpatizaban o si era una adscripción superficial como podrían haber sido comunistas o republicanos. Está claro que las penalidades y la represión unificaron y cohesionaron la plantilla de la mina (y también la de algunas fábricas) así como sus familiares. No en todos los pueblos pudo darse este fenómeno, ya que, por ejemplo, en Fígols o en Suria los libertarios perdieron comba en 1933 y los partidos comunistas lograron organizar un sector de los mineros.

En Sallent el movimiento libertario organizó cuatro grupos anarquistas. O mejor dicho, los obreros y mineros salentinos crearon cuatro grupos anarquistas entre 1931 y 1934 que ingresaron en la FAI, como se informaba en el periódico Tierra y Liberdad. Se llamaban Germinal, La Peña Invencible, Aurora Naciente y Árbol Libertario, que conformaron entre sí una federación local de grupos anarquistas. En la comarca del Bages había 3 federaciones: Cardona, Manresa y Sallent. Entre estas federaciones y los demás grupos anarquistas de la comarcal, sumaban unos 22 grupos.

Estos grupos de Sallent sumarían entre 25 y 30 militantes. Casi con total seguridad formaban parte de las juntas de los sindicatos, del comité de defensa y el comité pro-presos. Pero además tenían una intensa vida cultural y social. Por ejemplo, en 1934 la Federación local de grupos organizó una “jira libertaria” (con “j”), una excursión, a la fuente de Lladó en Puig-reig (junto con los grupos de este pueblo). Lograron juntar 400 o 500 personas.

Además existía una agrupación de juventudes libertarias que reunía entre 30 y 50 jóvenes de ambos sexos. En este caso estamos hablando de personas muy jóvenes con un alto grado de politización [10]. Se habían criado al calor de las luchas sociales y su idealismo era proverbial. En muchas entrevistas a las personas mayores que convivieron con este tipo de militantes anarquistas del entorno juvenil, se puede concluir que seguían un modelo de vida ética. Las personas entrevistadas a menudo se niegan a reconocerse a sí mismas como anarquistas porque el modelo que vieron en aquellas personas de las Juventudes Libertarias, su idealismo, su compromiso, su pasión por la cultura o su ética en la vida, eran inigualables.

Es decir, que tenemos un movimiento libertario organizado, en general por militantes sallentinos, que tenían interés por las ideas. Y por el otro lado tenemos una situación social explosiva. La periodista Irene Polo realizó un reportaje sobre Sallent para el diario barcelonés La Rambla [11]. En sus páginas relataba que en 1931 llegaron unos 200 obreros “de fuera” que fueron alojados en unas antiguas cuadras de la fábrica Torres y otros detrás de la biblioteca municipal. No obstante, en los últimos meses de 1932 llegaron otros 600 obreros con sus familias. Algunas se realojaron entre las casas de Sallent, alquilando habitaciones en viviendas hacinadas. Pero otras tuvieron peor suerte y habitaron en infraviviendas. En total existían unas 2.000 personas en condiciones infrahumanas de las que solo 800 tenían trabajo.

En diciembre de 1933, la huelga insurreccional no tuvo repercusión en la población.

Las huelgas del período

Pero el resultado de esta insurrección no desbarató el movimiento anarquista. La situación social era tan grave que los obreros estaban dispuestos a ir hasta las últimas consecuencias. En marzo de 1933, es decir, a solamente dos meses de la insurrección de enero, 180 mineros se encerraron en la mina a 340 metros bajo tierra. Durante el conflicto estallaron tres artefactos explosivos. Los consiguientes detenidos de Sallent iniciaron una huelga de hambre en la prisión de Manresa que agitó aún más la tensa situación.

Podemos comprobar además cómo la represión no le pasó demasiada factura al sindicalismo sallentino. En el Pleno Regional de la CNT de marzo de 1933 se contabilizaban unos 1.000 afiliados en esta población. Es decir, que el momento de mayor crisis interna de la CNT, Sallent tenía más afiliados que Manresa, que era la capital de la comarca [12].

En marzo 1934 la empresa Potasas Ibéricas, SA (es decir, la mina) se quejaba de la baja productividad. Así que suprimieron las primas que compensaban los magros salarios. Como consecuencia estalló una huelga. Esta vez la empresa tenía preparada una respuesta y contrató esquiroles en Galicia. No les dijeron que iban a entrar en una empresa en huelga. Fueron recibidos a pedradas nada más entrar en el pueblo y dos de ellos resultaron heridos por un explosivo.

De resultas se detuvo a unas 25 personas, entre ellas a Diego Navarro y a su primo José Pérez Navarro. En su interrogatorio, bajo torturas, participó Miquel Badia, entonces secretario de Orden Público de Barcelona y enemigo de los anarquistas.

En aquellos turbulentos meses de abril y mayo, también estaba teniendo lugar la huelga general de Zaragoza. Los obreros de Sallent se habían adherido a la campaña organizada por Solidaridad Obrera, el diario Confederal, y querían acoger a los hijos de los huelguistas aragoneses. Sin embargo, la situación sallentina era tan complicada que las propias familias aragonesas reclamaron a sus hijos de vuelta temiendo por ellos. De hecho, el 5 de mayo (dos días antes de llegar los niños), una manifestación de parados había apedreado a la guardia civil, que respondió a tiros.

Pero los trabajadores ganaron la huelga y recuperaron la prima. Esto provocó que un mes después la empresa suspendiera la prima comunitaria. Y a su vez, esto desencadena otra huelga al ser despedido otro trabajador, por protestar. La huelga recrudece la situación y la empresa responde con un lock-out. Todo el mundo se quedó sin trabajo y poco a poco la empresa fue readmitiendo obreros, y reforzando su plantilla con esquiroles. En aquel momento los huelguistas asesinaron a dos de ellos. La tensión era tal que el pueblo quedó ocupado por la Guardia Civil y el somatén. Josep Dencàs, consejero de Interior de la Generalitat declararía que “la FAI presenta batalla y nosotros la aceptamos”.

De forma que el día 27 de agosto se publica un bando en el que se dan 3 días para que todos los despedidos abandonasen el pueblo. Era el pacto del hambre. Ningún empresario les iba a volver dar trabajo y se tenían que ir. Muchos irían a Manresa donde contribuyeron a la consolidación de la CNT de la capital del Bages [13]. Tal fue así que incluso se creó un grupo anarquista en Manresa llamado Los Vengadores de Sallent. Al margen de su nombre teatral, era un grupo compuesto por militantes de ése pueblo.

Mientras tanto, a la empresa poco le duró la alegría. En 1936 los esquiroles gallegos se fueron afiliando a la CNT. Además perdió el juicio por despido improcedente. La empresa se vio obligada a readmitir a los despedidos. No sabía qué hacer con ellos.

Octubre y el Bienio Negro

Llegamos a la Revolución de Octubre de 1934, y el movimiento libertario sallentino se encontraba exhausto. En el pueblo tomó la iniciativa el Ayuntamiento y el sector catalanista, identificado con Esquerra Republicana (ERC) y Estat Català. Por cierto, como hubo tantos despidos en la mina los encargados se apresuraron a contratar todo tipo de trabajadores y un grupo de este último partido entró a trabajar en ella en el verano. Esto no gustó nada a los cenetistas, que los tildaron de esquiroles. La situación siempre fue tensa entre las dos organizaciones. En cambio no lo era tanto con ERC (a Sallent este partido se llamaba Centre Republicà d’Esquerra) ya que compartían la Cooperativa Obrera Germanor, el gran centro asociativo, cultural y comercial del pueblo.

El 6 de Octubre de 1934, nada más conocerse el levantamiento en Barcelona se proclamó la República Catalana o más correctamente el “Estat Català dins la República Federal Espanyola”. Inmediatamente se extendió la huelga general por todo el pueblo. En la mina hubo un pequeño enfrentamiento para quitarle las armas a los vigilantes y por las calles del pueblo estuvo patrullando un escamot de revolucionarios. Al día siguiente bajó a Manresa un nutrido grupo armado con la intención de combatir. Estos revolucionarios pertenecían a ERC, Estat Català y también a la célula comunista del PCC que había en la mina.

Sin embargo, la proclamación del estado de guerra y la llegada de las tropas del ejército (Manresa disponía de un batallón) disuadieron a las autoridades y los revolucionarios del pueblo de proseguir en sus intenciones. El día 9 reanudó el trabajo la mina y el 10 las fábricas textiles. Y hubo un buen número de detenciones, comenzando por el alcalde Magí Oriol Torredenflot y todos los concejales de ERC.

Sin embargo, el nuevo poder reaccionario que había tomado el control del pueblo decidió escarmentar también a los anarquistas que quedaban en la mina. De manera que fueron despedidos 400 mineros sin mirar si habían participado o no en la revuelta.

El año 1935 fue relativamente tranquilo. Se aprovechó la reponerse de los golpes del año anterior y para retomar la actividad orgánica de la organización. Por esto podemos ver militantes de Sallent en los Plenos comarcales y regionales de las Juventudes Libertarias y de la CNT.

De esta forma llegamos a las elecciones de febrero de 1936. En Sallent ganó el Frente de Izquierdas (que lideraba ERC) y se le arrebató el consistorio a la derecha reaccionaria. En cuanto los sindicatos pudieron funcionar con normalidad se pudo reconstruir el importante Sindicato Único Minero. En el Congreso de Zaragoza Sallent estará representada por este sindicato que dio cuenta de 721 afiliados. Si bien, es obvio que se ha perdido fuerza, la CNT aún cuenta con mucho apoyo en el pueblo. Tengamos en cuenta que para el momento del congreso solo llevaban dos meses con actividad legal y aún no se habían podido reconstruir el resto de sindicatos.

Una de las principales decisiones del Congreso de mayo de 1936 fue la readmisión de los sindicatos de oposición. Como hemos dicho antes, en Sallent el Sindicato Fabril y Textil tenía esta tendencia. El sindicato se reintegró en la CNT en el mes de junio y esta entrada también animaría otras.

En aquellos meses de mayo a julio de 1936, Sallent fue un punto de obligado paso para las giras de mítines que cada fin de semana agitaban la vida política española y catalana. Por allí pasaron Federica Montseny, Francisco Ascaso o Antonio Ortiz. Era obvio que la Organización contaba con la fogueada militancia del Alto Llobregat, puesto que un grupo de ellos participaría en los combates del 19 de julio en Barcelona.

La Revolución

La derrota del levantamiento militar del 19 de julio llevó Cataluña a una catarsis revolucionaria. Sallent no sería menos. En cuanto se constató que la guardia civil del pueblo permanecía fiel a la República y que lo mismo ocurría con el Batallón de Ametralladoras núm. 4 acantonado en Manresa, ya no había que temer gran cosa. La guardia civil fue enviada a Manresa y los comités recuperaron 6 pistolas del cuartel y todas las armas del somatén y de los vigilantes de la mina. Unos días después llegaron unos fusiles de Barcelona.

Enseguida se reorganizó el ayuntamiento eliminando de su composición a los concejales de derechas. A la vez se organizaron diversos comités. El primero, el Comité de Defensa Comarcal, compuesto por militantes de la CNT – FAI. La Causa General ofrece los nombres de Ginés Navarro Muñoz, Josep Solsona Carré y Josep Riera Fábregas, como miembros de este comité en Sallent. Los tres eran mineros y destacados militantes libertarios y confederales. Este comité se encargó de impulsar a su vez un Comité de Milicias Antifascistas, de carácter comarcal (presumiblemente un comité derivó en el otro), para eliminar cualquier conato de sublevación fascista. Recordemos que en la zona del Llobregat el carlismo tenía un fuerte peso sociológico y que habían intentado sublevarse en Gironella.

Como acción práctica de este comité destaca la toma de la empresa de autobuses Manresa – Berga, situada en la primera ciudad, así como la incautación de los talleres de Oxígeno y Construcciones Metálicas del Llobregat en Sallent. La empresa fue reconvertida en una fábrica de armas y alcanzó a tener unos 400 obreros y obreras trabajando a pleno rendimiento. En una visita a finales de 1936 del futuro President de la Generalitat, Tarradellas, declararía que “no parecen obreros que trabajen por una semanada, sino unos artífices que trabajan con devoción idealista y disciplina de soldados” [14].

Existiría un tercer comité, el Comité Revolucionario Antifascista, que era un comité que recogía las distintas fuerzas políticas y sindicales de la población. Lo formaban Jaume Mas y Rafael Bonals por la UGT, José Molina por el PCC (antes de convertirse en el PSUC), Vicenç Planella por el POUM, Pere Andorrà por ERC y Juan Butchacas, Isidro Flotats, Josep Solsona y Ginés Navarro por CNT. Este comité se encargaría en primer lugar de la seguridad. Sus funciones inmediatas pasaban por requisar todas las armas de la zona, expedir permisos de armas, controlar el territorio, tener control de quien entraba o salía del pueblo, etc.

Las patrullas de Sallent tuvieron muy mala fama entre las derechas y pronto se generó una leyenda negra en torno a ellas. Con todo, es cierto que efectuaron ejecuciones de civiles. Solo en el mes de julio resultaron muertas de forma violenta 9 personas. Entre ellas 4 misioneros claretianos y 2 miembros de la Lliga Regionalista [15]. También fue ejecutado el excenetista Juan Alcón, antiguo miembro de la FAI y represaliado en 1932. La razón fue que durante las huelgas de 1934 pasó a ser confidente de la dirección de la mina y por él varios compañeros fueron despedidos. El 16 de agosto fueron ejecutados 6 miembros de la Lliga Regionalista en Castellbell i el Vilar. Entre ellos estaba el alcalde que había dirigido la represión después de Octubre de 1934. En total hubo 23 personas del pueblo que murieron violentamente. Sus acciones no sólo se limitaron a Sallent sino que también se realizaron incursiones en otros pueblos como Avinyó (a donde fueron a buscar otro monje claretiano), Castellbell i el Vilar, Sant Fruitós de Bages y la Pobla de Lillet. Hacia agosto el comité revolucionario derivó en una entidad civil que realizaba proyectos para el pueblo.

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Las patrullas del 28 de julio. Fuente: Arxiu Municipal de Sallent – Fons Ajuntament de Sallent

Todas las fuerzas antifascistas se hicieron con nuevos locales a costa de los de las derechas y de la Iglesia. La UGT ocupó el convento y escuelas confesionales. La CNT se dividió por sindicatos. Así que el Fabril y Textil y el ramo del Metal instalaron su sede en las Escuelas Confesionales de los misioneros del Sagrado Corazón; Construcción en la Iglesia y el Sindicato Único Minero en la casa parroquial de la calle Clos, 4; las Juventudes Libertarias y la FAI en la casa de la sociedad del obispado de Vic. Otras organizaciones también tomaron otros edificios.

Como curiosidad, en 2017 se produjo el descubrimiento de 7,6 toneladas de dinamita y 450 granadas de tipo FAI, escondidas desde la guerra en un falso tabique en la casa parroquial (calle Clos). Unas obras en el edificio dejaron al descubierto las armas, que fueron rápidamente confiscadas por la unidad antiterrorista de los Mossos d’Esquadra.

Los trabajadores se hicieron cargo de la mayoría de las empresas. Algunas dominándolas completamente como la, antes nombrada, Construcciones Metálicas o la mina, que se reconstituyó en Potasas Ibéricas Colectivizada, la fundición Metales y Platería Ribera. Además se conformaron las cooperativas de lampistas y electricistas por un lado y la de paletas por el otro, las dos adheridas a la CNT.

Otras empresas, en cambio, fueron gestionadas por un comité de control obrero, aunque nominalmente seguían vinculadas a los antiguos propietarios. Este fue el caso de Textil Algodonera, SA., la fundición Talleres Morral, la casa Riera, Emilio Cortés, Camprubí de construcción, Mata i Pons, Solervicenç, Berenguer, etc. Durante las primeras semanas todas las nóminas llevaban los sellos del Comité Revolucionario Antifascista y algunas empresas pagaron transitoriamente los salarios a través del comité. Por tanto, el comité debía recaudar unos impuestos para esto (a pesar de que su prioridad fuese la de organizar una milicia).

No dudaron en imponer multar a quienes consideraban personas facciosas o contrarias al nuevo estado de las cosas. Eran multas pequeñas, pero que se repetían en el tiempo. Tras la caída de Cataluña bajo el control franquista sería uno de los puntos para procesar a los detenidos.

Y a su vez el ayuntamiento también se sumó al proceso socializador. En el mes de agosto municipalizó la compañía de la luz y las dos de aguas del pueblo, La Sallentina y Aguas de Cabrianas, SA. También se iniciaron obras para dar trabajo a los obreros en paro. A su vez la cooperativa amplió su personal y algunos agricultores ocuparon tierras cuyos antiguos propietarios habían huido del pueblo.

A nivel de Cataluña, en agosto de 1936, la CNT decidió acabar con el Comité de Milicias Antifascista. Esto acabó decidiendo su entrada en el Gobierno de la Generalitat que se produjo a finales de septiembre. Una de las primeras medidas que tomó la nueva autoridad fue la de acabar con los comités locales. En Sallent esto hizo que el nuevo ayuntamiento constituyera un consejo municipal que entró en vigor en octubre. El consejo se componía de 6 miembros de ERC, 6 de la UGT, 6 de la CNT y 4 de los Rabassaires. Los cuatro de la CNT eran Josep Solsona, Domingo Xixons, Emeterio Gandilló y Lluís Manubens. El consejo municipal estaba presidido por Pere Andorrà, de ERC, que tenía buenas relaciones con los libertarios. A efectos prácticos éstos controlaban las consejerías más importantes (seguridad, abastos y economía).

El nuevo consistorio emprendió nuevas obras públicas para dar trabajo a los parados. Por ejemplo, derruyendo las iglesias que habían sido incendiadas en julio o ampliando las escuelas. También inició la municipalización de la vivienda. En cambio no pudo desarrollar otros proyectos que tenía, como la construcción de una pequeña presa en Cabrianas para fabricar electricidad.

Las milicias

La guerra fue una obsesión para los revolucionarios. De hecho toda la economía se iba orientando poco a poco a hacer frente a las exigencias del conflicto bélico. Los mineros, que habían dejado de producir, se fueron preparando para la guerra. El 2 de septiembre salió la primera milicia de Sallent. Ésta se unió a la columna que partió de Manresa el día 7. Se llamaría Columna Tierra y Libertad. A pesar de ello, al principio esta unidad fue conocida bajo el nombre de Roja y Negra, por ello hay equivocaciones. En cuanto llegaron a Barcelona se dieron cuenta que ya existía otra columna con el mismo nombre y se lo cambiaron.

La columna fue enviada a Madrid como refuerzo que le ofrecía la Generalitat al Gobierno de Largo Caballero y tuvieron su bautismo de fuego el día 11 de septiembre. A partir de ahí la unidad vivió un largo periplo que la llevó desde el frente de la Sierra de Gredos en Toledo a la Sierra de Albarracín en Cuenca. Permaneció en los frentes del centro hasta marzo de 1937, cuando volvió a Cataluña para militarizarse.

La milicia de Sallent conformaba la tercera centuria de la columna. Su delegado fue Joan Butchacas, y tuvo responsabilidades en el comité de guerra de la columna, así como Jaume Crusellas, también del pueblo. Contaba con entre 120 y 135 milicianos. Con el paso de la guerra esta cifra fue menguando debido a las bajas y enfermedades del frente.

No obstante, esta no fue la única unidad donde se alistaron los milicianos. Por ejemplo, hubo 18 militantes en la columna Aguiluchos, 7 en Ascaso, 5 en Durruti, etc. La CNT organizó entre 160 y 175 milicianos (solo hubo 3 mujeres entre ellos), mientras que la UGT sallentina solamente envió 8 milicianos al frente (a la columna Del Barrio) y los catalanistas 16 (a la columna Macià-Companys) [16].

Con la militarización muchos mozos del pueblo fueron reclutados enviados a las nuevas unidades que se iban formando. La CNT sallentina quiso participar en la Escuela Popular de Guerra, que estaba formando oficiales para el ejército. Hacia enero o febrero de 1937 la CNT (y todos los partidos en general) enviaba jóvenes que en algunos casos habían pasado por las milicias para recibir formación militar reglada y poder utilizarlos después para la guerra.

La vida en el pueblo

Hablar de la vida en la retaguardia republicana es sin duda hablar de la vida social y política de la población. En este sentido muchas de las diferencias de criterio entre sectores de la población durante la Guerra Civil se dirimían en las nuevas instituciones, aunque también se traducía en el ambiente de la calle.

En primer lugar hay que comentar que debido al decreto de sindicalización obligatoria las centrales sindicales se expandieron extraordinariamente. La CNT sallentina aumentó su hegemonía alcanzando cerca de 3.000 afiliados, mientras que la UGT irrumpió con potencia llegando a rozar el millar de afiliados. Como en muchas otras poblaciones a la UGT ingresaron aquellos trabajadores que no tenían otro remedio que afiliarse a algún sindicato, y que hasta entonces o bien habían sido apolíticos o bien simpatizaban con las derechas. Esta sería la situación del sindicato del comercio ADCI, por ejemplo. En otros casos se trataba de viejas rencillas personales con el anarquismo, como podrían ser la de aquellos mineros y trabajadoras y trabajadores del ramo del textil que se afiliaron a la UGT [17]. En la primavera de 1936 el PSUC logró cierta influencia entre algunos mineros. La sección local del Partido Comunista de Cataluña, que fue fundada en 1933, lideró sin problemas el sindicato.

Entre las disputas entre las fuerzas partidarias de la revolución y sus contrarias destacaría la cuestión de los abastos. El historiador Agustín Guillamón, ha relatado certeramente que los abastos y el aprovisionamiento de la población era clave en la retaguardia. Por ello el PSUC se negaba en firme a ceder a las intenciones de la Confederación de instaurar el monopolio del comercio exterior. Joan Comorera, consejero de la Generalitat por el PSUC, llegó a defender el “libre comercio” para la adquisición de materias primas y provisiones. Esto provocaba que los diferentes enviados de cada región o de cada organización pujaran por los mismos productos, encareciendo las compras. A pesar de ser antieconómico, obedecía a un plan para crear malestar en la retaguardia. La potente y moderna propaganda del PSUC acusaba a los comités de abastos (gestionados por la CNT) de causar una crisis de aprovisionamiento por culpa de su escasa preparación. Además se provocaron numerosos conflictos de orden público en las colas del pan y manifestaciones de mujeres del PSUC exigiendo el fin de los comités. Toda esta situación corría en paralelo a la supresión de las patrullas de control (que aunque eran de todos los partidos, lideraba numéricamente la CNT), a la supresión de las consejerías de seguridad de los municipios (arrebatándoles su capacidad de gestionar el orden público) y el control de las fronteras por parte de la Generalitat (cosa que provocaría los hechos de la Cerdanya).

En Sallent la CNT controlaba la consejería de abastos. En el otoño de 1936 había fundado una Cooperativa Confederal que utilizaban las familias asociadas. Pero la Confederación tenía en mente la socialización del comercio. Así que el 23 de abril de 1937 se convocó una asamblea general para debatir sobre la colectivización de las tiendas y comercios de la localidad. En un documento de la UGT [18] se relata este acontecimiento, y describen que asistieron unas 1.500 personas y que aprobaron por unanimidad socializar el comercio. Por tanto la CNT iba a llevar al Consejo Municipal esta decisión popular.

En el consejo la socialización fue paralizada hasta que se posicionaran todas las organizaciones. Se debatió el 2 de mayo, justo en el inicio de los Hechos de Mayo de 1937 en Barcelona, y este episodio sallentino se podría situar en aquel mismo contexto. La UGT y los Rabassaires se opusieron a esta socialización. Los primeros porque no lo veían necesario (aunque hay que fijarse aquí en la cantidad de personas de derechas que componían su sindicato de comercio, totalmente contrarias a cualquier colectivización de sus negocios), mientras que los segundos respondieron que no era competencia de los campesinos, puesto que tenían otros medios de comercializar sus productos. El Centre Republicà (ERC) se abstuvo, argumentando que solo harían aquello que la Generalitat considerase legal y que no tenían claro si la propuesta lo era. El POUM también se abstuvo. En Sallent el POUM jugó un rol muy secundario en todo momento y se desprende que nunca dispuso de cuadros bien preparados.

En la sesión del 4 de mayo se da cuenta del resultado de las asambleas de las distintas organizaciones que trasladaban la negativa. Por consiguiente, los consejeros delegados de CNT que gestionaban los abastos dimiten. La UGT se niega a tomar la consejería y propone una comisión conjunta con ERC y los Rabassaires para gestionar en adelante los abastos. El POUM, por su parte, se abstiene de participar en la comisión.

El resultado fue que la CNT impulsaría en adelante la Cooperativa Confederal, que sería como un gran centro comercial con precios rebajados para su afiliación. Además para más inri bajaron los precios para hacerle la competencia a los comercios que habían bloqueado la socialización.

Así estaban las cosas en mayo, que por otra parte resultó tranquilo en el pueblo a nivel de orden público. La CNT dominaba los teléfonos y la estación de tren, de manera que no ocurrió nada. La UGT se había preparado para defender sus locales con militantes comunistas. Aun así, en el largo informe antes mencionado reconocían que no podían haber resistido mucho dado que los anarquistas disponían de armas de guerra. La noche del 17 al 18 de mayo unos militantes de la Agrupación Amigos de Durruti (CNT) estaban escondiendo unas cajas de explosivos. Al parecer cayó al suelo un obús que explotó muriendo un compañero y quedando herido otro (perdió una pierna y una mano), sin haber sido capaz el autor de recuperar sus nombres.

Sin embargo, el día 2 de mayo, Pedro Mollart Prades, militante de CNT, fue recogido por unos milicianos armados que conducían un coche. Nunca más se supo de Mollart y en la Causa General se presupone que fue asesinado. Este sería el único caso de muerte violenta debido a los Hechos de Mayo. Todo indica que fue ejecutado. Se desconoce la autoría, pero dado el contexto se presume que fueron los comunistas.

Un grupo de unos 40 militantes mineros de Sallent se encontraba en Barcelona justo en aquellos días de los Hechos de Mayo. Se encontraban en plenas negociaciones sobre las exportaciones de potasa al extranjero. Combatieron en las barricadas de Barcelona.

Se puede ver que la CNT siempre tuvo la situación controlada en el pueblo. Por ejemplo a finales de septiembre de 1937 hubo unas protestas callejeras que afectaban a los campesinos, acusados de acaparamiento y de boicotear los abastos del pueblo. A su vez éstos acusaban a “los forasteros” de robarles fruta y verdura de las huertas. El caso llegó a mayores cuando la Unió de Rabassaires y ERC dimitieron de sus cargos del ayuntamiento, quedando éste en manos de CNT y el PSUC. El nuevo alcalde interino fue Joan Butchacas durante algunas semanas, hasta que los dimitidos aceptaron reintegrarse. Quien nunca pudo reintegrarse fue el consejero del POUM, tras ser ilegalizado este partido en julio de 1937. Su militancia se implicó en adelante en la CNT, mientras que aquellos militantes que pertenecían a la UGT fueron expulsados de ésta.

Otro factor de control en el pueblo era la mina. Ésta fue presidida por Josep Solsona, destacado militante confederal. Esto no salvó la empresa de una fuerte caída de la producción, dado que gran parte de su plantilla estaba en el frente y que no disponían de muchos medios para remontar el trabajo. El Gobierno de la República la nacionalizó y la unió a las minas de Suria y Cardona como si fuese la misma empresa. Aun así no cambió mucho la forma de funcionar y la producción incluso cayó más.

De los principales problemas que tuvo que hacer frente el Consejo Municipal fue la gran cantidad de refugiados que llegaron. Fueron acogidos en varios centros y también en casas particulares. Otras cuestiones que tenían relevancia tenían que ver con la construcción de los refugios, con la evacuación de las personas más comprometidas al final y con el desenlace de la guerra.

Sin tener números muy precisos se puede estimar en más de una treintena las personas muertas en los frentes de guerra. De ellas podemos conocer la filiación cenetista de 17, si hacemos caso del extraordinario trabajo de la Asociación Isaac Puente y su proyecto Sangre Anarquista [19]. Esas 17 víctimas mortales de los combates de guerra se repartieron por todas las batallas en las que participaron salentinos: Brunete, Belchite, Ebro, Peñarroya, caída de Cataluña, etc. Suponen el contingente de muertes confederales más grande de la comarca del Alto Llobregat, por delante incluso de Manresa o de Berga.

Otro balance lo compone la represión. Las personas represaliadas de Sallent fueron varios centenares. De entre ellas conocemos varios fusilamientos, y entre ellos hay 6 de la CNT sallentina: Casto Ballesta, Manuel García, Ginés Zamora, Isidre Flotats, Ramon Vilardell (que también era de ERC) y Eduard Sabartés. Además el cenetista Jaime Carballo murió en prisión. Por si fuera poco, Joan Poch Sardà y Jaume Escaler Puig – también de la CNT – murieron en el campo de exterminio de Mauthausen-Gusen durante la Segunda Guerra Mundial.

Conclusiones

La época republicana fue un momento de grandes convulsiones sociales. Fruto del hundimiento de un régimen impopular, la democracia republicana nunca logró asentarse en el país, puesto que las derechas no le permitieron ni un minuto de tranquilidad. Por otro lado existía una situación de emergencia social que se identificaba con el problema agrario y con el paro obrero en las ciudades y los pueblos industriales. Cada nueva fábrica abierta atraía cientos de familias que buscaban trabajo en sus puertas, dispuestas a trabajar por jornales de miseria. Los fabricantes se aprovechaban de esta situación estructural y tenían una pésima opinión de la clase obrera.

En las décadas anteriores, sin embargo, mientras el régimen se iba desintegrando, surgió un potente movimiento obrero que además estaba dinamizado por militantes libertarios. Si a esto le unimos la sacudida que supuso la Revolución rusa – que dejó claro que era factible una victoria de las luchas revolucionarias – tenemos los ingredientes que contextualizan el período.

La militancia libertaria siempre se vinculó a la cultura y la pedagogía, intentando lograr la liberación social a través de la educación de los oprimidos. Esto les garantizó una legitimidad que solía estar muy por encima de las demás fuerzas obreras y que rivalizaba con los republicanos. Como además eran trabajadores y estaban en las juntas de los sindicatos, les fue posible ganar influencia entre las nuevas oleadas migratorias que llegaban en aluvión a Cataluña.

Sallent podría considerarse un ejemplo de esto, dado que la arribada en masa de miles de personas que llegaban con lo puesto y que se enfrentaban a unas condiciones de vida que rozaban lo inhumano, garantizó un gran contingente instalado en el malestar. Las ideas revolucionarias arraigaron entre los sectores más oprimidos, por tanto.

Otro factor a tener en cuenta es que Sallent a diferencia de otros municipios del Alto Llobregat, logró resistir la crisis que le supuso al anarcosindicalismo el sector treintista. Si bien durante algunos años perdieron el poderoso sector del textil, más adelante lo volvieron a recuperar. Esto no quita para que aprovechando la situación de desorganización entrara en acción la UGT.

Siguiendo los acontecimientos de la guerra podemos ver claro que la CNT tuvo el control de Sallent en todo momento. A pesar de ello tuvo enfrentamientos con la UGT, que en 1937 simbolizaba la contrarrevolución, pero que al no tener fuerza suficiente nunca puso en peligro la hegemonía anarcosindicalista.

También existieron enfrentamientos con el sector catalanista que conformaban ERC y Unió de Rabassaires. Pero estos choques eran fruto de la complicada mezcla de poblaciones que se dividía entre catalanes y “castellanos” (andaluces, murcianos, aragoneses, gallegos…). En definitiva era un conflicto latente que fue común a otras poblaciones del Bages como Cardona o Suria, también mineras. Sin embargo, también en Sallent la CNT supo sortear este problema. Se pueden constatar las buenas relaciones con el republicanismo catalán que tuvieron los miembros de las juntas y comités de la CNT. Existía un entendimiento, no exento de discrepancias puntuales. Por poner un ejemplo, los alcaldes por ERC Pere Andorrà y Ramon Arnau estuvieron afiliados a la CNT durante la guerra. De hecho, también se puede constatar el predominio de los apellidos catalanes entre el cuerpo dinamizador del anarcosindicalismo sallentino. En donde predominan los foráneos rotundamente es en la mina. Y la mina fue el factor que propició la milicia de Sallent.

El paso del franquismo aplastó todo este movimiento revolucionario local. Los cuadros libertarios acabaron muertos, presos o en el exilio. En la generación siguiente, ya en los años 60, su hueco fue ocupado por una militancia formada al calor de los nuevos tiempos. Entonces predominaba el PSUC y Comisiones Obreras. La CNT no resurgiría en Sallent hasta 1977.

Bibliografía

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Flores, Pedro. Memòries de Pedro Flores: A la recerca de l’ideal anarquista. Manresa: Centre d’Estudis del Bages; Generalitat de Catalunya; Arxiu Històric Comarcal de Manresa, 2003.
Flores, Pedro. Las luchas sociales en el Alto Llobregat y Cardoner: Contribución a la historia de Manresa y comarca. Barcelona: [edició de l’autor], 1981.
Giráldez Macía, Jesús. Creyeron que éramos rebaño: La insurrección del Alto Llobregat y la deportación de anarquistas a Canarias y África durante la República. Málaga: Zambra, 2009.
Gómez Casas, Juan. Historia de la FAI: Aproximación a la historia de la organización específica del anarquismo y sus antecedentes de la Alianza de la Democracia Socialista. [Madrid]: Fundación de Estudios Libertarios Anselmo Lorenzo, 2002.
Guillamón, Agustín. La guerra del pan: Hambre y violencia en la Barcelona revolucionaria: De diciembre de 1936 a mayo de 1937. Barcelona: Aldarull; Dskntrl-ed!, 2014.
López Esteve, Manel. Els fets d’octubre de 1934 a Catalunya: més enllà de l’acció governamental [TESIS DOCTORAL]. UPF / 2012
íñiguez, Miguel. Semblanza de José López Montenegro, cañón de la libertad. Ser Histórico, 2017. Consultado en <https://serhistorico.net/2017/04/23/semblanza-de-jose-lopez-montenegro-canon-de-la-libertad/>
Madariaga Fernández, Francisco Javier. Las industrias de guerra de Cataluña durante la Guerra Civil, p. 679.
Pozuelo, Coronada. La proclamació del comunisme llibertari a Sallent: gener de 1932. Esparver. Cercle Literari Sallentí, 1975 – núm. 44 (gen-feb 1983), p. 14-15
Tur, Pilar i Santamaria, Glòria. La periodista Irene Polo i el conflicte miner del 1933 a Sallent. Eix consultado en <https://mnactec.cat/revista-eix/la-periodista-irene-polo-i-el-conflicte-miner-del-1933-a-sallent/>

Archivos

Arxiu Comarcal del Bages
Arxiu Municipal de Sallent
  • Fons Municipal, 1936-1939
Arxiu Històric Nacional de Catalunya
  • Fons Documental de la Generalitat de Catalunya (Segona República)
  • Fons Documental Llei 21 de 2005. Restitució a la Generalitat de Catalunya
Asociación Isaac Puente (Navio Anárquico)
  • Sangre Anarquista
Centro Documental de la Memoria Histórica
  • Fondo Documental de la Delegación Nacional de Servicios Documentales de la Presidencia del Gobierno: Sección Político Social – Barcelona-Sallent
  • Fondo Documental del Archivo Histórico Nacional: Causa General de la provincia de Barcelona

Prensa

El Dia
Solidaridad Obrera
Tierra y Libertad
Pèsol Negre

NOTAS

[1] El Dia, 23-1-1932, p. 2. Se dice que esta era la consigna para circular por Sallent durante los hechos revolucionarios de enero de 1932.
[2] Consultar http://www.lafumera.cat/les-colles/
[3] Pedro Flores, Las luchas sociales en el Alto Llobregat y Cardoner: Contribución a la historia de Manresa y comarca, p. 110.
[4] Actas de los Consejos y Comisión Federal de la Región Española: 1870-1874. Citado por Pedro Flores en Las luchas sociales […].
[5] “Programa del grupo anarquista de Sallent, titulado La Vida”, Pèsol Negre. de 2002
[6] Joan Butchacas, carta a Pedro Flores. Biblioteca del Casino de Manresa. Fondo Pedro Flores, carpeta XI.
[7] Juan Jiménez Parra, Salvador Lozano Ruíz, Antonio Moreno Alarcón, Ginés Navarro Muñoz, Ramon Rivera Soler, Antonio Soler Falcó, Eduardo Soler Falcó, Pascual Torres Hernández y Domingo Xixons Revellart. Recogidos en Creyeron que éramos rebaño […], p. 237-238.
[8] El Treintismo fue una corriente del movimiento libertario surgida a raíz del Manifiesto de los Treinta, que impulsaron una serie de personajes muy conocidos del movimiento. Se basaba en una revolución lenta y paulatina, dando énfasis a la preparación de los sindicatos antes que lanzarse a una revolución violenta.
[9] Eran Juan Alcón, Benet Cano, Miquel Comellas, Jaume Escolar, Domingo Fitó, Salvador Manyalich y Josep Moradell.
[10] Pedro Flores en Las luchas sociales […], nos da algunos nombres: Jaume Cruselles, Josep Dot, Cristóbal Ballesta, los hermanos Haro, José Iglesias, Ricardo Álvarez y José Pérez Navarro.
[11] La periodista Irene Polo i el conflicte miner de Sallent del 1933: <https://mnactec.cat/revista-eix/la-periodista-irene-polo-i-el-conflicte-miner-del-1933-a-sallent/>
[12] Dentro del bloque de los sindicatos de oposición estaban: Puig-reig (1.000 afiliados), Callús (300), Castellbell i el Vilar (300), Sant Joan de Vilatorrada (150), el Pont de Vilomara (250), Sant Vicenç de Castellet (Oficios Varis, 700; Construcción, 700), Berga – Cal Rosal (900), Gironella (1.400), Manresa (Fabril y Textil, 1.500; Transporte, 100; Madera, 400; Metal, 300; Alimentación, 125; Luz y Fuerza, sin datos); en total, 8.125 afiliados. La afiliación del bloque oficial (o faísta) era: Manresa (Construcción y Ferroviarios, 200 afiliados), Sallent (1.000); Navarcles (230); Moià (40); Cardona (475); Balsareny (100); Navàs (400) i Súria (250); en total, 2.470 afiliados.
[13] Pedro Flores en Las luchas sociales […], cita los casos concretos de Manuel Ruíz, Yepes, los hermanos Malsand, Jesús García, Gabriel Piedra, los hermanos Alarcón, Girona, Lozano, entre otros.
[14] Francisco Javier de.Madariaga Fernández, Las industrias de guerra de Cataluña durante la Guerra Civil, p. 679.
[15]Causa General, Sallent, 1594, Exp. 11
[16] Datos encontrados en CDMH-PS-BARCELONA_GENERALITAT,498, 3 – 4- 5 y 6
[17] En la Guerra Civil hay que tener en cuenta que la UGT de Catalunya fue tomada en el congreso regional de junio de 1936 por los militantes comunistas. En su junta directiva figuraban Antonio Sesé y José Del Barrio, que manejaron hábilmente el sindicato para estalinizarlo rápidamente. Ante el aluvión de afiliados que tuvieron debido a la sindicalización obligatoria de comienzos de la guerra, colocaron a los militantes del PSUC en los puestos más destacados bloqueando a otros militantes que llegaban de otras fuerzas (en especial a los del POUM). En Sallent, por ejemplo, Rafael Bonals, uno de los líderes comunistas más destacados, estuvo en la Unión Soviética en 1935. El POUM sallentino no tuvo nada que hacer en la UGT y buena parte de sus militantes acabó en CNT.
[18] Informe de la Federació Local de la UGT de Sallent, 25 de maig de 1937. Arxiu Municipal del Bages. PS-Barcelona-501. ACBG31-6-T2-62. CDMH-PS-BARCELONA,501
[19] Consultada en <http://www.navioanarquico.org/index.php/sangre>

Artículo originalmente publicado en “Alasbarricadas” el 29 de abril de 2019.

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