Guerra civil Española Insurreccionalismo Nacionalismos

Los tortuosos orígenes de las ‘Milícies Pirinenques’ (1936) [Antonio Gascón Ricao]

Antecedentes previos

En el mes de junio de 1922 se funda en Cataluña el partido Acció Catalana, escisión de la Lliga Regionalista de Francesc Cambó que, dirigida por Rovira i Virgili y Nicolau d’Olwer, tiene como objetivo el abandono del regionalismo conservador y la búsqueda de una política más catalanista. Nuevo partido que arrastrará a una buena parte de las juventudes de la Lliga. A mediados de julio de aquel mismo año y con el mismo objetivo, Francesc Maciá, futuro presidente de la Generalitat en 1931, funda Estat Català (EC) en el CADCI (Centre Autonomista de Dependents del Comerç i de la Industria).

Las dos nuevas opciones políticas, de carácter claramente nacionalista, pretenden con sus respectivas políticas canalizar hacia ellas las aspiraciones de un indeciso sector social catalán compuesto por dependientes de comercio, profesionales independientes, oficinistas asalariados, estudiantes o por los pequeños comerciantes, que bascula entre el proletariado fabril, de ideología netamente anarquista, y los “boutigues” (tenderos), estos últimos fieles seguidores de los postulados de Lliga Regionalista de Cambó.

En septiembre de 1923, cuando tiene lugar el golpe de estado, protagonizado por el general Primo de Rivera, con la bendición de la Corona española y de una buena parte de los mandos militares implicados en el llamado expediente Picasso, el nuevo régimen, en su caso una dictadura militar, desencadena en Cataluña una campaña de represión encaminada a acabar con el naciente catalanismo radical y de paso con todas sus instituciones más representativas. Las nuevas circunstancias políticas obligan entonces al nacionalismo radical a tener que replantearse su futuro político. Análisis que le lleva a la consideración de que, cerrada la vía de las urnas, no tiene otra salida que la insurreccional, siguiendo el ejemplo de Irlanda.

Pensando básicamente lo mismo, Maciá, antiguo coronel del ejército español y del cual se había dado de baja en 1907, idea crear unos grupos paramilitares catalanes secretos, que dependientes de EC se denominarán “escamots”, esquemáticamente, un pelotón compuesto por 10 hombres. Bien entrenados, los “escamots” pueden cumplir una doble función. La primera, es convertirse en una “guerrilla urbana”, que unida a la combativa CNT puede poner en “jaque mate” a la Dictadura. La segunda, es que alcanzada la victoria, deberán constituir el núcleo del futuro ejército de liberación de Cataluña. Más concretamente, de la masa principal de sus combatientes.

Por su parte, en paralelo y sin ninguna vinculación con EC, Acció Catalana crea, también en secreto, el SEM (Societat d’Estudis Militars). Academia militar donde deberán formarse los futuros oficiales del ejército de liberación, pensada por ello para el estudio de todas las armas, incluida la propia Marina. Miquel A. Baltá, farmacéutico de profesión y futuro cuñado de Josep M. Batista i Roca, es elegido como director de la su Escola Militar Catalana.

En 1925, el EC de Maciá cuenta con dos Directorios: uno sito en París, a causa de su exilio, y el otro en la propia Cataluña. Pero ante la falta de acción o la propia ausencia de dirección por parte de París, en el interior se produce una escisión, si cabe aun más radical, que toma por nombre Bandera Negra o la Santa Germandat Catalana, y cuyas principales figuras son, entre otras, Daniel Cardona, Miquel A. Badia, Jaume Compte y Ramon Xammar.

Un par de meses más tarde, algunos de aquellos mismos personajes van a protagonizar dos intentos de atentado contra el rey Alfonso XIII, el más conocido de ellos el denominado “Complot de Garraf”, nombre que se da al proceso que se sigue contra ellos.1 En agosto, se produce la aparatosa caída del SEM de Acció Catalana, archivos incluidos y con Baltá a la cabeza. Los maltrechos restos supervivientes de aquella caída son inmediatamente aprovechados por Batista i Roca, que crea con ellos la secreta ORMICA (Organització Militar Catalana), o la elitista Organització 1640.2 Un año más tarde se produce el fracasado intento de invasión de Prats de Molló, protagonizado ahora por Macía y su EC, más conocido, internacionalmente, como “Complot de los catalanes”.

Con la llegada de la República en 1931, las aspiraciones de una Cataluña independiente parecen factibles. Pero, Maciá, ahora presidente de la Generalitat, gracias al triunfo electoral de Esquerra Republicana de Catalunya (ERC), partido creado aquel año mismo tras un pacto entre EC, el grupo de L’Opinió, de Lluhi i Vallescá y Casanellas y el Partit Republicá Català de Companys y Domingo, sigue desconfiando de España pensando que la actitud de tolerancia hacia el Principado, por parte del estado español, puede llegar a torcerse en el futuro.

Por ello, el 14 de abril, el mismo día en que proclama la República catalana desde el balcón de la Generalitat, convoca una reunión invitando a ella a todos los veteranos líderes nacionalistas radicales como Batista i Roca, Rosell i Vilar, Baltá o Daniel Cardona, que aparecen escoltados por un grupo de “escamots” armados pertenecientes a EC y Palestra.

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Detalle de la noticia de La Vanguardia del miércoles 14 de abril de 1931, relativa a la proclamación de la República Catalana dentro de una Federación Ibérica.

En ella se acuerda la inmediata creación de una fuerza militar, denominada primero Guardia de Estat Català y posteriormente Guardia Cívica Republicana (GCR), que deberá ser la fuerza de choque de la naciente república catalana frente a una hipotética agresión de la española, nombrándose a Baltá, antiguo director del SEM, jefe de la misma, o pensándose en la compra de las armas necesarias, pero en el extranjero. De entrada se nombra a Joan Casanovas, futuro presidente del Parlament, ministro de Defensa, cargo que días más tarde se reconvierte en consejero de Gobernación, con mando sobre los Mozos de Escuadra. En paralelo, se le presenta a Macía en dos ocasiones el llamado proyecto Fages, que no deja de ser sino más de lo mismo.3

El día 20 se cierra la recién abierta oficina de alistamiento de la GCR, sita en el propio edificio de la Generalitat, quedando así aparcado el proyecto militar, circunstancia que origina un gran disgusto entre los nacionalistas radicales. El motivo del cierre es doble. Por un lado, ha influido la presión del propio Casanovas o de Lluis Companys, en aquellos días gobernador civil de Barcelona por nombramiento explícito de Madrid, y por el otro la importante filtración que se está produciendo en la GCR, al intentar alistarse en ella 200 militantes del BOC (Bloque Obrero y Campesino) de tendencia marxista, y cuyas intenciones son otras muy distintas a las de los nacionalistas.

De este modo, una parte de la juventud catalana que ha empezado a canalizarse, de forma casi natural, hacía la GCR queda a merced de los grupos nacionalistas, que aprovechando la ocasión se encargan de convencerlos para que entren a formar parte de sus organizaciones paramilitares secretas. De ahí que los renacidos y secretos “escamots” formados por Miquel Badia, el grupo más beneficiado en la operación, dará lugar una policía paralela, no oficial pero políticamente segura, que con el beneplácito de Maciá jugará hasta su muerte un importante papel al ser utilizada, básicamente, no contra el estado español, el supuesto e hipotético enemigo externo, sino en la lucha y represión del movimiento anarquista interno, en particular durante la huelga de tranviarios de 1933.

Actitud que Badia mantendrá cuando pasó a ocupar el cargo de jefe de servicios de la Comisaría General de Orden Público en 1934. Circunstancia que justificaría de por sí la no participación de la CNT en la sublevación de octubre de 1934, o el asesinato a manos anarquistas de los hermanos Badia. Atentado que se producirá, tras su regreso del exilio, en abril de 1936 y cuando de nuevo tenía pensado volver a reconstruir los dispersos “escamots”.

De hecho, las ostentosas demostraciones que organiza en el verano de 1934 el doctor Josep Dencás con los denominados “escamots”, a la sazón responsable de la consejería de Gobernación desde julio de aquel año, tras un pacto político con el presidente Companys, conformados en esta ocasión por las juventudes de Esquerra Republicana-Estat Català, a las que más tarde se unirán voluntariamente parte de las de la Unió Socialista, Unió Democrática de Catalunya, Nosaltres Sols! o Palestra, asesorados por el comandante Pérez Farrás, tienen su base orgánica en el conjunto de todas aquellas organizaciones paramilitares anteriores, y en ellas basarán sus esperanzas tanto Companys como Dencás a la hora de lanzarse a la aventura del 6 de Octubre de 1934, que concluirá en el fracaso más absoluto o con la pérdida de la hegemonía de EC en la Generalitat.4

El año anterior, la ORMICA de Batista i Roca sufre una escisión protagonizada por una parte de sus integrantes, con planteamientos aún más radicales que los preconizados por la propia Palestra y que acaban creando el Club Català, grupo que no tardará en entrar dentro de la órbita de Nosaltres Sols!. Curiosamente, la mayoría de sus socios acabaran como oficiales o suboficiales de las Milícies Pirinenques cuando estas se formen en 1936. Tras los Hechos de Octubre de 1934, la gente de Palestra o los grupos paramilitares dependientes de Batista i Roca se ocultaran bajo la capa del Club David.

La guerra civil

El 28 de agosto de 1936, recién iniciada la guerra civil española, el Comité de Milicias Antifascistas de Barcelona, tiene que dar luz verde, casi a regañadientes, a un proyecto común que le presentan diversos grupos ultra nacionalistas catalanes, ante la necesidad imperiosa que tiene de una unidad alpina al haberse producido la disolución en julio del Batallón de Montaña, que bajo el mando del coronel José Villalba tenía su sede en Barbastro.5

Dicha unidad alpina, que en principio recibirá el nombre de Milícies Pirineques, tiene previstos dos objetivos muy concretos. El primero y principal es cubrir el desguarnecido frente del Alto Aragón. Mientras que el segundo es el control de todos los pasos fronterizos del Pirineo catalán, motivo por el cual se hace necesario asignarle las misiones de investigación y de policía de fronteras. Misión última, que de ser finalmente aprobada por el Comité, cosa que no ocurrió, podría llegar a generar un conflicto, incluso armado, dado los intereses tanto políticos como militares que la CNT-FAI posee justamente en aquella misma zona fronteriza.

Sin embargo, los auténticos objetivos de los impulsores de la idea, o de muchos de los componentes que se alistaran como voluntarios en dichas milicias, van mucho más allá, ya que lo que se pretende con ellas es crear el núcleo duro de lo que deberá ser el futuro Ejército de Cataluña, que llegado el momento oportuno será el encargado de protagonizar la liberación nacional del Principado frente al estado español, siguiendo así la primitiva idea de Maciá de 1923 o la del SEM.

Un hecho que, en sí mismo, marcará importantes diferencias entre aquella unidad concreta y el resto de las Columnas que se están formando en Cataluña durante aquellos mismos días, o que explicará de forma conveniente las graves razones que al final tendrá el gobierno de la República para disolverla en junio de 1937.

La interminable conspiración nacionalista

De hecho, la improvisación revolucionaria que vive Cataluña durante los primeros meses de la guerra resulta muy propicia para poner en marcha este proyecto u otros muy similares. Máxime ante la urgencia existente por parte de la Generalitat de tener que poner diques de contención a los militares sublevados ante su previsible avance sobre el Principado.

De esta forma, resulta comprensible que el nacionalismo radical de todas las tendencias, incluyendo las más retrógradas, apoye como un solo hombre la formación de unas milicias alpinas militarizadas, concebidas, no como una herramienta bélica más contra los que se oponen a la República, sino como la plasmación, por fin, de buena parte de sus especulaciones anteriores respecto a la toma del poder por la fuerza.

Efectivamente, la estrategia del nacionalismo radical, replanteada como consecuencia del fracaso electoral de noviembre del 32 o del militar de 1934, ha consistido no sólo en promover a través de la propaganda la educación global de la juventud, estimulando el uso masivo del idioma catalán, a la par que intentando crear un estado de opinión favorable a la separación de Cataluña del resto del estado español, en especial desde la “Protectora” (Associació Protectora de l’Ensenyança Catalana) y desde la entidad cultural y deportiva Palestra, sino también el preparar en secreto los cuadros militares necesarios que tendrán que dirigir, descartada la vía de las urnas y siguiendo el ejemplo de los irlandeses, la indispensable insurrección popular de Cataluña.

En este último terreno ha sido notoria la labor llevada a término por el Club Catalá, o por el grupo político Nosaltres Sols! (catalanización del término irlandés Sinn Fein), fundado por Daniel Cardona en 1931 y estructurado entorno al semanario del mismo nombre, que propugna desde él métodos de acción directa contra “las tropas de ocupación españolas”, o cuyos resortes más ocultos los constituyen los antiguos “escamots” de ORMICA, dependientes de Palestra y creados por Batista i Roca con los restos del SEM, o los nuevos de la OMNS (Organització Militar Nosaltres Sols), dependientes en aquel caso de Cardona.6

Dichos “escamots” hace ya años que se entrenan y reciben instrucción técnica y militar bajo la capa de determinadas entidades excursionistas, donde se organizan marchas y campamentos además de todo tipo de actividades montañeras, que tienen como fin el formar con ellos una elite de oficiales o de combatientes. En aquella época, sus miembros realizan prácticas de tiro con armas cortas y largas en instalaciones del NSDAP nazi o de vuelo sin motor en instalaciones dependientes de la embajada alemana en Barcelona, o visitan como invitados las escuelas de formación de las juventudes hitlerianas en la propia Alemania nazi, donde son asesorados sobre la formación de cuadros.

También ha contribuido a ello la formación teórica llevada a cabo mediante opúsculos y hojas clandestinas elaboradas en su día por el SEM, o los textos publicados en ediciones también clandestinas del boletín de EC, que siguen corriendo profusamente de mano en mano. “Escamots” que ya han velado inútilmente las armas durante los pasados hechos de octubre de 1934, y que habían concluido con el encarcelamiento del gobierno catalán en el penal de Santa María.

De este modo, para todos aquellos grupos radicales, unas milicias alpinas catalanas y militarizadas pasan a ser un punto natural de convergencia. Y más aún vista la libertad de acción que tiene que permitir, por obligación, el gobierno de Madrid a la propia Generalitat, forzado por las propias circunstancias bélicas, y esta última, a su vez, a su entorno más próximo, al tener que autorizar la creación de todo tipo de fuerzas armadas con las que poder cubrir el desguarnecido frente de Aragón. Milicias nacionalistas que de recibir la conveniente y necesaria orientación política, podrán convertirse en el soñado ejército de liberación nacional.

Expresión, pues, de las diversas corrientes catalanistas, el proyecto recién aprobado encomienda a las milicias que están a punto de crearse, también bajo cuerda y en línea con el pacto de solidaridad firmado entre catalanes, vascos y gallegos nacionalistas, llamado de la Triple Alianza o GALEUZCA, formalizado en 1923 y reafirmado en 1933, la ocupación y posterior defensa de un largo corredor, que adosado al Pirineo une de forma natural Euskadi con Cataluña, idea que mantiene Francesc Millet, uno de los principales fundadores de las Milícies Pirinenques o los vascos que formarán la VascoPirenaica.7

Posiblemente basada en aquella misma idea encubierta, pero a la inversa, se entiende ahora el ofrecimiento que hará el presidente vasco Aguirre a Ossorio y Gallardo, embajador republicano en París, en agosto de 1937, al proponerle el envío a Cataluña de unos cuantos miles de “gudaris”, y que será rechazado, probablemente con toda razón, al juzgarlo Ossorio como un nuevo intento de creación de una fuerza militar de aire peligrosamente separatista y con unos objetivos de por sí muy poco claros.

Josep M. Benet i Caparà

Josep María Benet

El documento que se presenta al Comité para su aprobación a finales de julio, firmado por Francesc Millet y Ramón Reinés, miembros ambos del grupo excursionista Espartacus y socios del Club Catalá, es lógicamente una versión edulcorada de la idea original. Proyecto que avala sin dudar el capitán de caballería Josep M. Benet, uno de los pocos oficiales que en Barcelona se ha mantenido fiel a la Republica. El cual, dos años antes había sido secretario de la Federació d’Entitats Excursionistas de Cataluña, o anteriormente cofundador de los Boys Scouts de España, y por tanto buen conocedor de aquel medio deportivo.

La sublevación militar ha cogido a Benet casi por sorpresa. Sin embargo, el mismo día 19 de julio se presenta al comandante del arma de Intendencia Sanz Neira, recién nombrado gobernador militar, reclamándole un puesto en la lucha, detalle que lo convierte en su hombre de confianza. Es por ello, que Benet será el designado para acompañar al general de la Guardia Civil Aranguren por las calles de Barcelona, asistiendo en primera fila a la rendición de los militares sublevados atrincherados en la Telefónica o en la Universidad. Dos días más tarde, al crearse el Comité de Milicias Antifascistas, el general Aranguren nombra a Sanz Neira y al propio Benet representantes de la Cuarta División en la Comisión de Abastos del Comité. Cuando a finales de agosto se crea la Conserjería de Defensa, ambos pasan a ella, en el caso de Benet como oficial de complemento.8

En los intermedios, el 14 de agosto Benet, nacionalista, afiliado a la organización patriótica Palestra, simpatizante de Esquerra y viejo conocido de Companys, es nombrado, con carácter oficial, comandante en jefe de las denominadas Milicias Alpinas. Teóricamente de todas ellas, incluidas las formadas por los partidos u organizaciones sindicales, pero en la práctica nada más que de la columna que se encuentra en una primera fase de organización y que aún no tiene del todo luz verde del Comité de Milicias, o del propio presidente Companys. Unidad que dos días más tarde no duda en ponerse incondicionalmente a las órdenes de Benet, con el apoyo fundamental de Francesc Millet, uno de sus dos principales promotores.

Mientras tanto, entre otros grupos excursionistas catalanes ha surgido la misma idea de formar unas milicias de montaña. El 26 de agosto, La Vanguardia anuncia la creación del Grupo de Milicias Alpinas del PSUC, unidad que después recibe el nombre de Milicias Montañeras de Cataluña de la Sección Excursionista del PSUC. En el mismo número se da noticia de la denominada Columna Alpina, que organizada en Sabadell esta a punto de salir para el frente. El 30, Solidaridad Obrera, órgano de la CNT-FAI, anuncia la organización de unas Milicias Antifascistas Alpinas. El 13 del mes siguiente la misma “Soli” anuncia la existencia de la Columna de Montaña Ferrer Guardia de la CNT-FAI. Al igual que el POUM, cuyo grupo alpino acabará acuartelado en Alp, en la Cerdaña.

De todas ellas, únicamente la Columna Alpina de Sabadell, más conocida como Grupo Alpino de Sabadell, pasará a formar parte de la unidad de Benet, que a finales de septiembre la envía directamente al sector de Jaca. Otra de las excepciones será la de una compañía formada por miembros de EC, que a su regreso de la fracasada invasión de Mallorca, y huyendo de la quema se alistaran en las Pirinenques en septiembre, y acabaran siendo destinados igualmente por Benet a la Jacetania.

Lluis Companys y las Milícies Pirinenques

Con motivo de la presentación de aquel proyecto al Comité, Millet y Benet mantienen con Companys sucesivas entrevistas en las cuales no hacen más que exponerle una y otra vez las ventajas que supondría para la propia Generalitat la creación, bajo su patrocinio, de una unidad como la propuesta.

Para empezar, una alternativa “patriótica”, hasta aquel momento inexistente, a las columnas con un fuerte componente ideológico y que están formando partidos o sindicatos, una fuerza preparada y disciplinada, y, por ello mismo, bélicamente eficaz, bajo control directo de la Generalitat. Y al final un núcleo, si se demuestra su viabilidad, del que podría llegar a ser el Ejército de Cataluña.

Objetivo último que defiende incluso el mismo Joan Comorera, secretario general del PSUC, que de asumirse reforzaría el hecho autonómico dentro del estado español y de paso podría ayudar a acabar, en el interior, con la preponderancia político-militar de los anarquistas, objetivo común también de los propios comunistas, tal como se verá durante los sucesos barceloneses de Mayo al año siguiente.

Idea última que, en cierta forma, ya había intentado anteriormente Miquel Badia con sus “escamots” en la época de Maciá, u oferta que habían realizado Batista i Roca y Cardona al presidente Companys en los primeros días de la guerra y que este había rechazado tajantemente, escarmentado tras su experiencia con los nacionalistas durante los hechos del 6 de octubre de 1934, puesto que lo habían dejado tirado en la estacada.

Mirado con más detalle, el despliegue previsto para la nueva unidad en la frontera es un calco, casi exacto, del plan previsto para la Guardia Cívica Republicana de 1931, con la salvedad de que en aquella ocasión la frontera natural de Cataluña también pasaba, no sólo por el Pirineo, sino por las cuencas de los ríos Cinca y Ebro, o del de Dencás en 1934, donde se comprometió a defender la frontera pirenaica ante un hipotético ataque del ejército español, de disponer de 4.000 hombres armados de máuseres y 70 ametralladoras, convenientemente distribuidos.

Por ello resultan muy significativas las palabras del propio Josep M. Benet, jefe de los pirenaicos, expresadas a sus compañeros en agosto de 1936:

“Fijaros en una cosa, fijaros que la reconquista de Cataluña siempre ha empezado por arriba, siempre ha empezado por el Pirineo… Nosotros tenemos una misión: liberar Cataluña, pero no solamente de España, sino de lo que hay de anticatalán en la misma Cataluña… Por tanto, yo creo que tenemos que fijar unas bases de partida en los contrafuertes del Pirineo… Si nosotros… restablecemos el orden, restablecemos el respeto a la vida humana y a la propiedad, todo el mundo estará a nuestro lado. Si nosotros situamos dos mil hombres distribuidos por el Pirineo y si en nombre del gobierno de Cataluña tenemos una actuación justa y empezamos a avanzar… si somos cuatro mil hombre cuando salgamos, llegaremos cuatrocientos mil hombres a Barcelona, porque todo el mundo se nos unirá”.9

El “apoliticismo” como doctrina política

Pero de hecho, no será hasta el 18 de septiembre cuando triunfe la tesis de Benet-Millet, al bautizarse oficialmente dichas milicias como Milícies Pirinenques, que por un interés muy particular del propio Companys pasa a depender directamente de la Consejería de Defensa al frente de la cual hay un técnico; el teniente coronel Díaz Sandino. Distinguiéndose así del resto de las milicias alpinas de obediencia sindical y política que de ordinario están unidas a las columnas y que con el tiempo acabarán por disolverse en ellas.

Pero el elemento más diferenciador de sus miembros, procedentes de las distintas tendencias nacionalistas radicales, está en su total rechazo a integrarse en el resto de las milicias alpinas en formación, en particular, en las de adscripción política o sindical. Por ello, un bueno número de sus componentes no duda a la hora de alistarse en declarar espontáneamente su carácter totalmente “apolítico”, o que, estirando mucho, únicamente poseen un carne sindical, pero por pura obligación ante el momento que corre.10

12 Prácticas en La Molina.jpg
Un integrante de las “Milícies Pirinenques” realizando ejercicios de entrenamiento en La Molina. Fuente: Antonio Gascón.

Aquella misma auto proclamación interclasista y la propia desvinculación de los partidos políticos de sus miembros, avala de nuevo la esperanza radical en un proyecto colectivo articulado fundamentalmente bajo la “senyera”, arropada a su vez con unos cuantos símbolos nacionales más, tanto históricos como literarios, con los que piensan poder disolver (casi mágicamente) el fraccionalismo ideológico existente, eliminando a la vez la amenaza de una revolución obrera y de paso el protagonismo alcanzado por el gran contingente de inmigrantes afincados en Cataluña, según ellos, menos desarrollados culturalmente y hasta incluso racialmente inferiores, a los que miran como un odioso patrimonio de la época de Primo de Rivera.11

Al abrirse el banderín de enganche, en unos locales situados en la Diagonal esquina al paseo de Gracia, conseguidos a título personal por Millet, convergen en ellos más de 4.000 aspirantes de los cuales se seleccionaran sólo a 1.500, los más políticamente seguros, hombres procedentes de la Unió Excursionista de Sants, del Centre Excursionista de Catalunya, de los Amics del Sol, o de los Boys Scouts, o de las sociedades culturales tales como el Casal Espartacus, del Centre Autonomista de Dependents del Comerç i de la Indústria, del Ateneu Enciclopèdic Popular, del Ateneu Politècnic y del grupo Rafael de Casanovas. Es de remarcar que una cuarta parte de sus efectivos está compuesto por gentes provenientes de comarcas como Tarrasa, Bañolas, Mataró, Montcada o Berga.12

La distribución territorial de las Milícies Pirinenques vendrá determinada por la previa división en sectores de la zona que tenía previsto cubrir. El sector de Figueres con un anexo marítimo; el de Ripoll, que comprendería desde la Garrotxa hasta la Cerdaña; el de La Seo, desde la Cerdaña hasta el Urgel en una franja limitada por los macizos pirenaicos y del Cadí: el de Llavorsí, que comprendería desde el Urgel hasta la Vall de Aran; el de Graus, desde la Vall de Aran hasta la zona de guerra del Alto Aragón; y, finalmente, la zona de guerra misma, desde la sierra de Guara, por el valle de Bujaruelo, hasta la frontera.

Para poder desarrollar aquel plan, hacen falta unos 3.000 hombres, con una guarnición media de 300 a 400 por sector, con 500, excepcionalmente, en el de Figueres, muy próximo a la costa y paso predilecto de contrabandistas y desertores.13 En cuanto hace al nombre de la unidad se volverá a modificar el 15 de noviembre de 1936, pasándose a llamar: Regiment Pirinenc nº1 de Catalunya.

15 Salida del Regimiento Pirenaico desde la estación de Francia en Barcelona
Salida del regimiento pirinaico desde la Estación de Francia de Barcelona, 1936. Fuente: Antonio Gascón.

Cuestiones diferentes serán la conspiración de noviembre de 1936 contra Companys, más conocida por la “conspiración de Estat Català” y de la cual formaba parte los pirenaicos; la odisea vivida por la Compañía de Esquí de la misma unidad en la Cerdaña, incluido el oscuro asunto del “Cojo de Málaga ”, o la peripecia de toda la unidad en el frente de Aragón, historias que quedan pendientes para otra ocasión.

Notas

1 J. Crexell i Playá, El Complot de Garraf, Barcelona, 1988.
2 V. Castells, Batista i Roca. Acusat acusador, Barcelona, 1988.
3 Arxiu de la Diputació. Signatura 3569, Lligam 921 (Suggestions, Proyectes, carpeta 2ª). Ricard Fages, militante del PNC, pero de ideología nazi, resulta ser uno de los principales contactos de los nacionalistas radicales con la embajada alemana en Barcelona.
4 J. Dencás, El 6 d’octubre des el Palau de Governació, Barcelona, 1979; M. Cruells, El 6 d’octubre a Catalunya, Barcelona, 1972.
5 Gran Enciclopedia Catalana (GEC), artículo “Regiment Pirinenc Nùmero 1 de Catalunya”.
6 R. Ferrerons y A. Gascón, “Les Milícies Pirinenques, nacionalisme armat”, “L’Avenç”, marzo 1986, pp. 20-29.
7 J. de Galíndez, Los Vascos en el Madrid sitiado, Buenos Aires, 1945, p. 155.
8 J. L. Alcofar, Las Tropas de Montaña republicanas en los primeros meses de la guerra civil, en Miscel.lànea d’Homenatge a Josep Benet, Barcelona, 1991, pp. 465-466 y nota 11.
9 Testimonio de Roger Rodés atribuyendo estas palabras a Benet, ver La Bossa de Bielsa, E. Torres, Barcelona, 1977, pp. 119-120. Testimonio de Josep Benet al autor, primavera de 1977.
10 El 48% de una muestra constituida por 568 milicianos, la relación de los cuales, inédita, está en poder del autor, nada más declarara su adscripción sindical.
11 “Encima de ellos (de los españoles no-catalanes) y nosotros cae fatalmente la obra inesborrable de la Naturaleza, creadora de los más formidables elementos liberadores que son la tradición y la etnografía. Un cráneo de Ávila no será nunca como uno de la plana de Vic. La antropología habla más elocuentemente que un cañón del 42”. Daniel Cardona, I foc en tot el front!, La Batalla y altres textos, Barcelona, 1984, pp. 34-36.
12 X. Planetes, “Batallons Pirinencs”, “Juriol” núm. 106, Barcelona, octubre 1938.
13 Entrando más al detalle, de hecho en la propuesta que se hace se apunta que sería bueno incluir en cada “batallón” ocho ametralladoras ligeras, adaptables a los esquís en invierno. Aquí, y aunque se utilice el término “batallón”, resulta harto dudoso, pues aquella unidad táctica, a la cual se tendrían que unir el grupo de ametralladoras, la tendrían que componen cuatro “centurias” de raquetas, más cuarto secciones de esquiadores, con un total 505 hombres. Lejos pues de la plantillas comunes.

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