Historia de España Lucha de clases Nacionalismos

Cazarabet conversa con Francisco Fernández Gómez.

-La esencia de los nacionalismos, o de muchos de ellos, que están en manos del poder (más allá de lo político, me refiero al que regenta muchos intereses económicos)… Se fundamenta en el tener siempre al nacionalismo como arma, a forma de destornillador, para jugar con el Estado para apretar, desapretar(los unos los hacen con los otros) y mientras se juega con una cosa no se habla de lo verdaderamente importante…En resumidas cuentas los nacionalismos no son más que una espesa cortina de humo, ¿no?

-Considero que no necesariamente los nacionalismos están siempre controlados estrechamente por el poder. Por ejemplo las propuestas del confederalismo democrático en el Kurdistán de nuestros días, distan mucho, a mi entender, de propuestas destinadas a la creación de nuevos estados nación, pero sí que es cierto que en general, el nacionalismo es una herramienta útil para los estados. Al fin de cuentas, desde una óptica estrictamente liberal, la justificación del estado se fundamenta en algo tan abstracto como la nación, que no sería otra cosa que la depositaria de la soberanía, la cual en teoría reside en la ciudadanía, es decir, las personas con derechos y deberes. El estado liberal, teóricamente, se fundamenta en la idea de la existencia de una nación de carácter político que coincide con la ciudadanía. Resulta lógico, a partir de estas premisas, que el estado intente que la población residente en su territorio acepte ideológicamente el corpus legal establecido e interiorice su rol de ciudadano/a. Si a esa nación liberal, desde los más variados medios generadores de conciencia, tales como el propio sistema educativo, los medios de comunicación, las artes o el mero asociacionismo, se le suman ciertos mitos e hitos históricos, por aquello de embellecer la teoría, sin duda alguna la conciencia de formar parte de una nación aumenta. Es una mezcla de arte, historia, sociología, propaganda y educación que si funciona es útil para los intereses de los estados, sean liberales o no.

En un sentido abstracto, si simplificamos, y tomamos como ejemplo a un trabajador cualquiera, no resulta descabellado pensar que puede ser más útil para la estabilidad del sistema uno que se crea hermanado con sus jefes que no con otros trabajadores de otras latitudes. Siempre será más dócil el que utiliza los mecanismos oficiales de mediación de conflictos, que no otro receloso de los mismos y partidario de resolver directamente sus conflictos sin mediación alguna. Será, en definitiva, más interesante un trabajador en paro que participe en una larga cadena humana, reivindicando así los derechos de una nación, que no otro que considere que en esa misma cadena hay posibles responsables de su situación.

Evidentemente tras las fachada de los estados hay otros poderes, quizá no tan visibles pero igualmente capaces de dirigir o condicionar el rumbo de millones de personas. Las cárceles, y no es casualidad, están repletas de pobres. Tener una fortuna en este sistema es siempre más favorable que nacer en un hogar sin muchos recursos.

-¿Los propios nacionalistas, los unos y los otros, no son los primeros en querer mantener cierto estatus de tensión en torno a la cuestión de estado y al “dibujo” del mismo?

No sabría qué responder, sinceramente.

-Mientras se habla de conseguir naciones, sean cuales sean, se está obviando el hablar, y más en tiempos de crisis, de aquello más importante: lo social, que los ciudadanos gocen de libertad y libertades y de bienes y derechos sociales que además vienen reflejados en la carta magna… ¿Qué nos puedes decir?

-Primero de todo y para empezar, cuando se votó la actual constitución ni tan siquiera había nacido, y esto, pese a que se compare con el caso de la constitución americana para quitarle importancia, ya genera cierta desconfianza hacia una constitución votada en un contexto histórico de transacción democrática y que, pese a ciertos artículos socialmente progresivos, éstos, normalmente, no se aplican. En segundo lugar, no olvidemos que detrás de la fachada del estado existen otros poderes. La Iglesia, a día de hoy, sigue movilizando a millones de personas en España. La CEOE, por ejemplo, tiene la capacidad de tener ministros afines en temas económicos y sociales, tanto en gobiernos del PP como del PSOE. El sector financiero, en los años de expansión económica privatizó sus beneficios, algo lógico en un contexto capitalista, sin embargo, en el momento que peligraba su status, ha sido rescatado con fondos públicos, es decir, sus pérdidas se han socializado…

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Teniendo en consideración los puntos planteados, sí, considero que los debates nacionalistas sirven para desviar la atención mediática de otros conflictos sociales. No creo en teorías de la conspiración y creo sinceramente que es pura casualidad pero por ejemplo, la atención mediática de las protestas tras el intento de desalojo y demolición parcial de Can Vies en Sants, se esfumó repentinamente ante la abdicación del monarca. El debate sucesorio, por otro lado, ha derivado hacia debates en pro de la monarquía borbónica o de una posible república, que no es otra cosa que modelos diferentes de configuración del estado nación. Seguramente para muchos sectores de la izquierda la II República fue un mito y símbolo de su ideario, así que la idea de una III República sigue siendo un agente identitario (y nacionalizador) que moviliza a sus bases. En Cataluña, de la misma manera, es obvio que tras el auge del independentismo también existe cierta voluntad del electorado de izquierdas e incluso de derechas, a ver en la posible independencia una salida airosa a cierto españolismo hostil a la heterodoxia. En resumidas cuentas, el foco mediático en general se centra más sobre estados y naciones y raramente sobre conflictividad social o vulneración de derechos fundamentales. Y ese foco mediático, agrade o no, es generador de opinión y, en síntesis, de ideología. El nacionalismo es, por lo tanto, pese a quien le pese, una fuente de generación ideológica e identitaria, la cual, sin duda, tiene entre sus funciones la de asegurar o mitigar ciertos conflictos sociales.

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