Historia de España Lucha de clases Nacionalismos

Cazarabet conversa con Francisco Fernández Gómez.

-Uno nunca, desde mi punto de vista, debe renegar de su lengua, sus raíces, su cultura y eso….pero la mejor manera de “rendirle homenaje” a todo esto, tan bello, ¿cuál es?

-Mi posicionamiento es claro en este sentido: sería partidario de las tesis de Cels Gomis, es decir, analizar, valorar y aceptar o no estos factores. En mi casa el idioma vehicular es el catalán, y es un idioma que aprecio profundamente, sin embargo, por tradición familiar, soy castellanoparlante. En mi caso particular no tengo conflicto alguno con las lenguas y mi hija y mi hijo aprenderán ambos idiomas sin problemas. Ambas, el castellano y el catalán, son un patrimonio que no quiero perder, y me molesta cuando se utilizan como armas arrojadizas contra nacionalismos contrarios. Por contra, soy una persona profundamente laica y no creyente en deidades, lo que hace que, aunque suene raro, no me guste la Navidad, la Semana Santa u otras festividades y tradiciones. De hecho en casa no lo celebramos. La presión social, básicamente en este caso familiar, de amistades e incluso de profesionales de la educación es hasta cómica. Imagínense, discutir con una directora de una escuela, la cual en su web se dice laica, pero las actividades en diciembre son montar un Belén, ir a ver belenes al centro de la ciudad y cantar canciones religiosas… Quizá reniegue de mis raíces, de mi cultura o de mi nación o naciones, pero creo que también es un ejercicio de recuperación y reivindicación de ciertas tradiciones aplastadas por muchas décadas de nacionalcatolicismo y democracia lampedusiana. Quizá sea una tontería, pero en los años de la II República en mi ciudad natal, Barcelona, mucha gente se despedía de familiares, amigos y conocidos con un laico “salud”. Hoy en día es una rareza, predominando el católico y enraizado en nuestra cultura “adiós”.

-En nombre de muchas naciones se han enviado a muchas gentes al campo de batalla, se ha derramado mucha sangre y se han desgarrado muchos años de convivencia… ¿cómo se entiende, entonces, que todavía haya gentes que rindan “tantos tributos” a los diferentes nacionalismos?

-En el libro se pueden encontrar muchas referencias a la guerra y los procesos nacionalizadores. De hecho, la misma guerra es, al fin de cuentas, uno de los principales agentes generadores de conciencia nacional. ¿Qué fue, en parte, lo que rompió la II Internacional? La I Guerra Mundial y la renuncia al internacionalismo en estados como el francés y el alemán por parte de sectores marxistas. Uno de los mitos del españolismo es el supuesto descubrimiento de América, lo que fue en verdad una conquista a sangre y posterior colonización de un continente. Otro mito del nacionalismo español más rancio y relacionado con la guerra es, a mi entender, la reivindicación de la llamada Reconquista contra los herejes musulmanes, mientras que de manera análoga, Jaume I, para el nacionalismo catalán, en el fondo otro “reconquistador”, es uno de sus mitos, al igual que los conocidos mercenarios Almogávares. En definitiva, la guerra es, entre otros muchos factores, un generador de conciencias nacionales.

El éxito como agente nacionalizador de la guerra me resulta difícil de entender, pero tengo la sensación que no dista mucho de esa guerra atenuada, normalmente pacífica y simbólica que representa el deporte profesionalizado. Hay quizá mucha irracionalidad y necesidad en el ser humano de pertenecer a algo más allá de su propia familia y amigos. En la guerra, como en el deporte, resulta muy fácil ser o sentirse parte de algo y aquí, posiblemente, radica uno de los éxitos de la guerra (y del deporte) como agente nacionalizador.

-En el episodio más triste y que más ha marcado la historia contemporánea española, la guerra civil española, ¿qué papel jugaron los nacionalismos? ¿Los nacionalismos, las identidades no fueron un instrumento más con el que agitar a las masas, ignorantes en la mayoría de los casos y fáciles de manipular…?

-Franco y los golpistas eran nacionalistas españoles. Su nacionalismo era básicamente reaccionario, tradicionalista y católico. En el fondo unas características tampoco extrañas a otros nacionalismos en España. En el caso catalán, pese a que hoy en día tenga un monumento en plena Vía Laietana de Barcelona, el “regionalista” Cambó, ante el inicio de la guerra y un nacionalismo tan excluyente como el nacionalcatolicismo español, optó por apoyar a los golpistas económicamente y montar una oficina de propaganda en París para favorecer a la causa. Quizá curioso, pero parafraseando a Durán i Lleida en una reciente campaña electoral, se le tenía que votar con el “cor i amb la cartera” (con el corazón y la cartera). Seguramente Cambó, con el corazón en la mano, no le agradasen del todo los golpistas, pero con la cartera, en fin, eso ya era otro cantar.

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En Catalunya, por entonces, el principal partido político era ERC, el cual tenía cierta conexión histórica con el españolismo federalista. Seguramente era uno de los últimos partidos que, por entonces, aún pretendía una construcción de España, y por ende de la nación española, contraria a los parámetros que finalmente el franquismo hizo predominantes. El fracaso de ese modelo alternativo españolista, más centrado en la diversidad de las regiones y no tan asimilativo de lo español a lo castellano (o andaluz) es, a mi entender, uno de los factores que pueden explicar en nuestros días el auge independentista en Catalunya. Si analizamos la historia de España contemporánea veremos esa pulsación entre diferentes propuestas de estado y articulación de la nación. El problema es que cuando se ha intentado ir más allá de una monarquía borbónica y corrupta, modelo que en esta Segunda Restauración sigue vigente, ciertas élites han luchado con todas sus fuerzas para impedir los cambios. Los años del Sexenio Democrático, con su I República, o los años de la II República en el siglo XX, son ejemplo de ello. Franco tomó el testigo borbónico durante unas cuantas décadas, pero lo instituyó nuevamente quienes, ante un régimen desacreditado, lograron obtener un apoyo mayoritario de la población. Incluso cosas como las autonomías podían ser, en el fondo, una concesión a modelos alternativos de construcción nacional, sin embargo, la realidad es que se han mostrado como insuficientes para calmar dichas pulsiones.

Las masas no es que sean imbéciles o fáciles de manipular, sencillamente el paso de las décadas ha dado más herramienta a los estados y movimientos políticos nacionalistas para generar opinión. Hace siglos quizá el principal generador de opinión era el cura dando el sermón en su parroquia. La popularización de la prensa, la eclosión de la radio y demás medios de comunicación, entre otros factores, hicieron que en el mundo de entreguerras las conciencias nacionales en Occidente y en estados occidentalizados alcanzasen cotas nunca vistas hasta entonces.

-Sigo pensando que la alta burguesía y demás (de los que bebe la élite de los políticos) juegan a lo de nación para beneficiarse de no pocos “chantajes” económicos… Creo, también, que muchos de los que regentan el poder en Catalunya o en el País Vasco se desprenden de los elementos y valores más importantes y que deberían de moverles, como: la cultura propia de su gente, su lengua como hecho diferencial y otros…pero, en contra, sus discursos siempre juegan un papel sobre lo económico ¿eso más que nacionalismo es otro brazo alargado del capitalismo (y normalmente del capitalismo más neoliberal y más agresivo) con obreros, gente del campo y los más humildes que, a la vez son los que más defienden los valores culturales o de la lengua)?

-Interesante reflexión. Me suena a lo Durán i Lleida y sus referencias al corazón y la cartera… No afirmaría, sin embargo, que el nacionalismo sea necesariamente un brazo alargado del capitalismo, aunque sí que es cierto que el capitalismo puede utilizarlo como herramienta de pacificación y control social. Los nacionalismos son muy flexibles y adaptables a casi cualquier situación o régimen político. Antes de Castro, por ejemplo, en Cuba había nacionalismo cubano, durante y después de Castro ha habido y habrá también nacionalismo cubano, triunfe o no ese supuesto socialismo que allí impera. Así pues, más que hablar exclusivamente de élites y grandes capitalistas, que evidentemente hacen uso y disfrute de los réditos nacionales, también hay que meter en esta ecuación de supuesto uso político del nacionalismo a movimientos no necesariamente, en teoría, partidarios del capitalismo liberal.

Parte del éxito de los nacionalismos reside en el hecho que cosas tan comunes como tu lengua, tus costumbres y demás aspectos que configuran tu vida, los cuales en otros contextos se analizarían como algo específico y sin connotación política, se integran bajo un mismo paraguas discursivo y, gracias a ello, se favorece otro tipo de medidas políticas que, sin el nacionalismo, serían muy difíciles de gestionar. En unos tiempos como los actuales en donde la corrupción es generalizada, lo lógico sería una respuesta de la población contundente, sin embargo pese a los lamentos y ciertas protestas, el foco de atención está más bien en discursos tipo “Madrid nos roba” o, desde Madrid o Extremadura, que en Catalunya se despilfarra el dinero en embajadas y duplicando instituciones. Un teatrillo útil para tapar que, en el fondo, tanto en Madrid como en Barcelona y el resto de España el choriceo, el clientelismo y la corrupción campan a sus anchas.

-¿Por qué los discursos en torno al nacionalismo, a los nacionalismo y a las identidades están plagados, tan a menudo, de cierta agresividad y ciertas parábolas excluyentes?

-Supongo que por el mismo motivo que un hincha fanático del Barça y otro del Real Madrid se odian a muerte. Seguramente el fanático del Barça sea obeso y lleve años sin practicar deporte alguno y, por contra, permítanme cierta ironía de sal gorda, el madridista sea asmático y cojo de una pierna. Ambos, con bastante probabilidad tardarían centenares de años en ganar lo que gana Messi o Cristiano Ronaldo en tan sólo un año, pero ambos, en esa vorágine identitaria, se olvidan de su respectivos males y focalizan su frustración en el supuesto enemigo. Pero esto sólo es una opinión personal, quizá esta pregunta se debería de dirigir mejor a un psicólogo o profesional similar.

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-La Falange y la dictadura franquista alimentaron un nacionalismo (diría más, nacionalcatolicismo) muy excluyente con otras identidades. Ya para finalizar esta larga entrevista:¿cómo han ido respondiendo los otros nacionalismos frente al nacionalismo más centralista?

-Pues creo que poco a poco desengañándose de la posibilidad de cambiar la configuración y modelo del estado español. Si en la II República entre sectores catalanistas no sentó demasiado bien el recorte en Madrid del proyecto de Estatut, de manera análoga no ha sentado demasiado bien sentencias de tribunales destinadas a sus recortes en días más recientes. Como tampoco ha sentado demasiado bien en ciertos sectores la doctrina del café para todos, la cual diluye el peso de las autonomías con potentes movimientos nacionalistas alternativos al español, puesto que la supuesta singularidad nacional se niega ante la creación de autonomías que, quisiesen o no, se implantaron conforme se asentó la monarquía de Juan Carlos I.

Ahora bien, sigo teniendo el presentimiento que si desde Madrid se reconociese un cierto “mea culpa”, en el sentido de optar por un modelo de estado federal o incluso confederal, con amplia autonomía y poder de decisión en determinadas zonas estatales, como pueden ser Euskadi, Catalunya, Galicia e incluso Andalucía, unido a varios gestos políticos, tipo un discurso para Navidad de Felipe VI incidiendo que la nación española es una nación de naciones, siendo el conglomerado de varias naciones históricas que se coordinan bajo una misma nación política, por decir algo, veríamos como Artur Mas y otros líderes que encabezan el proceso independentista se bajarían del carro y con ellos gran parte de los manifestantes que han poblado las calles en los últimos años. Sin embargo, también tengo mis dudas, ya que si por algo ha destacado el nacionalismo español dominante, ha sido y es por su voluntad humilladora y excluyente de todo aquello que no sea su planteamiento. Una cabezonería mezclada con prepotencia y desprecio que, en estos tiempos que corren, no creo que sea demasiado útil. Como tampoco lo fue en su momento en referencia a Cuba, Puerto Rico y Filipinas.

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