Historia de España Lucha de clases Nacionalismos

Cazarabet conversa con Francisco Fernández Gómez.

– Las nacionalidades y las identidades ¿qué papel fundamental jugaron y juegan en la historia contemporánea de España?

Casi todos los artículos del libro tratan sobre ello, así que es fácil deducir que jugaron un papel fundamental. La conceptualización de las naciones y su asimilación por parte de la población, a mi entender, son rasgos definitorios de la contemporaneidad. La idea de nación subyace en el liberalismo histórico, como en los movimientos reaccionarios contemporáneos, idea que también se encuentra en muchos de los conflictos del mundo de entreguerras del siglo XX. Hasta el Socialismo, en sentido amplio, abanderado del internacionalismo y del cosmopolitismo, en los devenires de la I Guerra Mundial abrazó en su mayoría la idea de nación. Y no hay que ser demasiado avispado para comprender que, tras el auge del fascismo, se escondía igualmente y con mucha fuerza dicha idea. En los tiempos contemporáneos, si se quiere gestionar y dirigir un estado, el fomento de la conciencia nacional es útil para generar adhesiones o, por contra, para sumar individualidades a movimientos antagónicos.

En nuestros tiempos de globalización los nacionalismos llevan años siendo el centro de la atención mediática y no es casualidad, puesto que raro resulta encontrar un movimiento social o político que no tenga su propio discurso alrededor de la idea de nación.

-Verdaderamente, ¿qué construye “nación e identidad” en época contemporánea?

Si pensamos en lo que se conoce como nacionalización de las masas o, dicho en otras palabras, los mecanismos que se ejecutan para extender las conciencias nacionales entre la población de un determinado territorio, comprobaríamos que uno de los principales focos generadores de identidad son los medios de comunicación. Prensa escrita, radio, televisión o internet son a menudo generadores de identidad nacional. El propio estado y sus estructuras, históricamente, también son generadores de identidad. Otras instituciones y organizaciones, como puede ser la Iglesia Católica en España o Irlanda, también han sido base para extender determinadas conciencias nacionales. Sumemos también a esta lista cosas tan importantes como los sistemas educativos, la promoción de ciertos asociacionismos, la reivindicación de ciertas tradiciones y costumbres, el trabajo de la intelectualidad, el mismo arte o, finalmente, la popularización del deporte, y entenderemos gran parte del éxito de las conciencias nacionales.

Todo lo anteriormente comentado y otros factores construyen la nación. Cuando el ministro Wert afirmó en el Congreso que quería españolizar las aulas catalanas, ciertamente, quizá no fue el político más políticamente correcto, pero sin duda afirmaba una obviedad y nos mostraba la utilidad, en este sentido, que tiene la educación para generar conciencia identitaria. En Catalunya, por ejemplo, muchos medios de comunicación, ya sea desde la perspectiva catalanista o españolista, emiten sus programas bajo una fuerte carga ideológica nacional. No es casualidad que en las emisiones de Intereconomía, por ejemplo, sea habitual que el logo que utilizan, ese del toro símbolo del neoliberalismo, a menudo se vista con los colores de la bandera rojigualda o que TV3, sin duda alguna, sea un fenomenal generador de conciencia nacionalista catalana.

Por otro lado, y permítanme cierta ironía, creo que a día de hoy el deporte, por ejemplo, y especialmente el balompié, es uno de los principales agentes identitarios. Las mayores demostraciones que he podido observar de españolismo en mis 32 años de vida fue tras las victorias de la “Roja” en campeonatos internacionales. Por contra, el Barça, para el nacionalismo catalán contemporáneo resulta ser, sin duda, uno de los pilares generadores de conciencia identitaria.

Finalmente me gustaría destacar otra obviedad, como resulta ser que la confrontación entre nacionalismos en disputa genera nuevas conciencias. Seguramente el anticatalanismo emitido y promovido por ciertos sectores del españolismo, más allá de crear una conciencia española en ciertos sectores de las castillas, genera en otros territorios identidades confrontadas. Hace tiempo, si mal no recuerdo, un dirigente de ERC afirmaba que la mejor propaganda para el independentismo catalán era el PP y su anticatalanismo. A mi entender razón no le faltaba.

-Proyectos arquitectónicos, socio-culturales y festivos….. ¿Qué papel pueden llegar a jugar en tono al concepto de nación, identidad, nacionalismo…?

En el libro hay aportaciones en este sentido y, ciertamente, los aspectos que mencionáis son, a mi entender, herramientas útiles para la creación de una conciencia identitaria. La arquitectura y el arte, por ejemplo, son herramientas muy útiles. Pensemos por ejemplo en los símbolos de la nación francesa, seguramente entre ellos uno de los más importantes sería la torre Eiffel. Quizá pueda parecer una tontería, pero si una parte de tu discurso nacional se fundamenta en cierta grandeza de tu nación, sin duda alguna, una arquitectura o unas artes impactantes son muestra visible y palpable de tu discurso. Los fascismos, en este sentido, apostaron mucho por este tipo de grandeza arquitectónica. En nuestro fascismo católico, por ejemplo, el dictador Franco, entre sus aficiones más destacadas, tenía la de inaugurar obras públicas y nuevos edificios: pantanos, un valle de los caídos, etc.

Las fiestas o el fomento de determinadas tradiciones culturales, por contra, son útiles para generar un imaginario compartido entre los integrantes de determinada nación. Ciertamente no es nada nuevo, si analizásemos la germinación de la conciencia obrera de antaño, por ejemplo, podríamos comprobar cómo ciertos actos culturales o la reivindicación de ciertas efemérides, como podían ser las relativas a la misma revolución francesa, como símbolo de la lucha del progreso contra la reacción, la Comuna de París, como símbolo de una primera experiencia socialista o la del asesinato legal de los Mártires de Chicago, como símbolo de la lucha del trabajo contra el capital, nos muestra que este tipo de actividades culturales sirven para crear conciencia. El nacionalismo, como otros movimientos sociales y políticos, opera en el mismo sentido.

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