Primer fragmento que publicamos en Ser Histórico de un artículo de Fran Fernández, enviado el original para un futuro dossier en la revista Rúbrica Contemporánea. Actualmente dicho artículo está en proceso de revisión. Para complementar la misma, y dado que la licencia de la revista lo permite, difundimos parte del mismo para que sea igualmente sometido a una revisión pública.

En el caso de España resultan interesantes los tiempos del Sexenio Democrático, unos años que, para importantes sectores del movimiento obrero y las clases populares, significaron un rayo de esperanza y progreso.

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Gobierno Provisional tras el golpe de septiembre de 1868.

Esa ilusión inicial fue perdiendo fuelle, ya que para amplios estratos que defendieron la revolución, ésta les acabó olvidando o traicionando. De ese descontento revolucionario se puede explicar que, entre la primera generación de anarquistas, surgida tras la fundación de la Federación Regional Española de la AIT en 1870, la inmensa mayoría de ellos hubiesen sido, tiempo atrás, fervientes defensores de la revolución de septiembre y el republicanismo, especialmente el federal, el cual llevaba años con corrientes internas abiertamente socializantes.

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Esquema del Sexenio Democrático. Fuente: Atlas Histórico

Tomemos unos ejemplos en este sentido para entender qué visión tuvieron muchos internacionalistas de aquellos años de democracia en España, especialmente tras la proclamación de la I República y la consiguiente represión del movimiento cantonalista para, finalmente, acabar en la clandestinidad.

Francisco Tomás, uno de los colectivistas más influyentes entonces en España y reconocido por sus formas templadas y sindicalistas, fue el redactor de la Circular número 38 de la FRE-AIT del 12 de enero de 1874, un duro escrito que nos hace entender el desengaño que les provocó la breve I República:

desde la proclamación de la república hasta la fecha, nuestra Asociación ha sido perseguida en detalle: saqueando los Centros locales, prendiendo á nuestros compañeros y asesinando á obreros indefensos. Ahora la compañía de aventureros políticos que con el apoyo de los asesinos asalariados disolvió las Córtes burguesas, creen dar un golpe mortal á nuestra Asociación, decretando que sean disueltas todas las federaciones locales. Si Pi Margall, Castelar y Salmerón no lograron mas que convertir las organizaciones públicas, en secretas; tenemos la seguridad de que Serrano, Sagasta, García Ruiz y comparsa, no lograrán mas que sus antecesores, es decir: que la organización pública sea secreta; y que aumente el número de las nuevas Federaciones.1

Antes de la clandestinidad, sin embargo, otros sucesos habían hecho crecer el descontento de antiguos republicanos y militantes obreros. Para muchos, la elección al inicio del periodo revolucionario de un nuevo monarca, así como el ahogo de diferentes movimientos republicanos insurreccionales en 1869, significó algo así como una traición de los líderes por sus posicionamientos templados.

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Sucesos destacados durante el Sexenio. Fuente: Atlas Histórico

La fe en la república que todo lo solucionaría siguió siendo una idea popular, pero de manera incipiente también se empezó a desconfiar en las viejas promesas de repúblicas modelos. De hecho, de igual modo que ocurrió con el nuevo régimen, el referente republicano francés, tras la represión de las diferentes comunas internacionalistas y populares que se prodigaron en el contexto de la guerra franco-prusiana, empezó a caer bajo la sospecha por parte de antiguos admiradores, más aún cuando ciudades como Barcelona se llenaron de exiliados políticos, muchos de ellos vinculados con la sección francesa de la AIT y muy críticos con las ideas republicanas.

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Sumemos también que en aquellos años la estrategia estatal en los asuntos obreros fue la aplicación de la represión, o que al abrigo de los sucesos revolucionarios en Francia, en el Congreso de los Diputados de España, se instase a la ilegalización de la sección española de la Internacional. Todo un Sagasta no dudaba en afirmar que la Internacional era algo así como la piedra filosofal del crimen, otros políticos, como el conservador Plácido de Jové y Hevia, se posicionaron directamente por la expulsión de “lo nacional” a estos refractarios, ya que como afirmó en la sesión del Congreso del 16 de octubre de 1871, la AIT era una organización criminal, atea, contraria a la familia, la tradición y la patria, asimilándola a una permanente conspiración para “la absorción de todas las fuerzas sociales, en el beneficio esclusivo de una clase (…) no me extraña que de tarde en tarde broten del seno de la sociedad ciertas enfermedades; todos los siglos han tenido a sus bárbaros (…). Esta asociación no es más que el principio del mal, que viene desde el orígen del mundo en la lucha con el principio del bien: representa á todos los tiranos; á los Cosmos de Creta, á los Eforos de Esparta, á los groseros carpocracianos, á los fanátios anabaptistas, á los terroristas de Babeuf, a los incendiarios de París, al mal en la lucha perpétua con el bien”.2

Si bien fue cierto que personalidades como Pi y Margall, el mismo internacionalista y republicano José Rubau Donadeu, e incluso todo un presidente del consejo de ministros como Manuel Ruiz Zorrilla, defendieron la legalidad de la asociación en el Congreso, el clima creado de criminalización, provocó entre internacionalistas reacciones que reafirmaban la necesidad de ir más allá del estatismo y sus propuestas identitarias, para resolver así los problemas que asolaban a las clases asalariadas y populares en España.

Cánovas del Castillo, padre de la futura Restauración, antes que Jové y Hevia ya había anatemizado a los internacionalistas hispanos, asegurando que eran algo así como la Anti-España, personas fuera de la propia nación o, paras ser más concretos, personas que en el fondo no tenían derechos y habían de ser tuteladas, puesto que eran pobres :

siempre habrá una última grada en la escala social, un proletariado que será preciso contener por dos medios: con el de la caridad, la ilustración, los recursos morales, y, cuando éste no baste, con el de la fuerza. (…) las desigualdades proceden de Dios, que son propias de la naturaleza, y creo, supuesta esta diferencia en la actividad, en la inteligencia y hasta en la moralidad, que las minorías inteligentes gobernarán siempre el mundo3.

Ante este tipo de declaraciones, las cuales se sumaban a los diferentes conflictos que la Internacional tenía abiertos como sindicato, la conciencia y radicalización de clase se acrecentó, al tiempo que el desprecio por la patria española aumentaba, tal y como se puede entender de una respuesta de la FRE-AIT a ese tipo de afirmaciones, fechada a 17 de octubre de 1871:

en las Cortes españolas se está formando un proceso a la Asociación Internacional, y, según declaraciones del Gobierno hechas por boca del ministro de Gobernación, se nos declarará fuera de la ley y dentro del Código penal, se nos perseguirá hasta el exterminio, (…) Se nos dice que somos enemigos de la moral, de la religión, de la propiedad, de la patria y de la familia (…) ¡Qué somos enemigos de la patria! Sí; queremos substituir el mezquino sentimiento de la patria con el inmenso amor a la humanidad, las estrechas y artificiales fronteras por la gran patria del trabajo, por el mundo. No hay otro medio de evitar guerras como la de Francia y Prusia4.

A modo de conclusión de estos años del Sexenio, podemos afirmar que el desencanto hacia viejas ilusiones por parte de importantes sectores de la población fue inmenso, de igual modo que fue la mayor adquisición de una conciencia de clase revolucionaria, en este caso internacionalista y de corte anarquista. Como sabemos la I República Española acabó muriendo entre Pavía, Martínez Campos, Cánovas del Castillo y las complicidades republicanas de hombres como Castelar, instaurándose así la vuelta de la dinastía borbónica.

Para los internacionalistas, los años previos de aperturismo democrático, como los de la reciente vuelta a un gobierno borbónico, les habían servido para extraer conclusiones certeras, alejándolos de cualquier proyecto nacionalista hispano, fomentando el rechazo, por ejemplo, de una de las bases de cualquier estado-nación liberal y democrático, como es la existencia de diferentes partidos que aspiren al gobierno:

las lecciones no se reciben impunemente, y tanta y tanta esperiencia debian demostrarnos al cabo, que moderados, carlistas, unionistas, progresistas y republicanos de todos los matices, no son sino una muchedumbre de bandidos holgazanes, que desean comer y gozar sin trabajar ni producir, explotan continuamente la triste situación del trabajador, su miseria y su falta de ilustración para hacerle nécio instrumento de sus bastardos planes, y finalmente, que todos ellos tienen intereses opuestos á los nuestros, y que la lucha de aquí en adelante, más que de monárquicos y republicanos, de progresistas y de revolucionarios, de conservadores y avanzados es, y ha de ser, de RICOS y POBRES, es decir, de TRABAJADORES y HOLGAZANES 5.

Para esos sectores obreros y revolucionarios, la identidad de clase bajo la influencia de las ideas libertarias, era mucho más fuerte que la misma lealtad a la patria, a la cual definían como mezquina. La política y sus partidos, más que fuente de ilusión, se interpretaban con desconfianza. De hecho, la misma acción desde el estado, en forma de discursos políticos, o directamente mediante políticas punitivas, también alimentaban los deseos de venganza de clase entre los desheredados.

En ese contexto, no es descabellado afirmar que parte del proyecto nacional español fue, en muchos sentidos y durante décadas, excluyente hacia las clases trabajadoras o, cuanto menos, muy ineficaz, mostrándose normalmente ante la cuestión obrera insensible y reduciéndola a un simple problema de orden público, o, en el mejor de los casos, fomentando políticas paternalistas y escasamente interesadas en actuar con firmeza ante las desigualdades, ejemplificado a partir de 1883 por el impulso en España de la llamada Comisión de Reformas Sociales, que si bien es un hito histórico, porque es la metáfora del inicio del reformismo social institucional en territorio español, no dejó de ser un mero brindis al sol.

En esos años la respuesta del estado más común a la cuestión obrera se fundamentó en la represión, un aspecto que venía de largo: la primera Huelga General en la historia de España, acontecida en julio de 1855, vino precedida por el asesinato legal en Barcelona de Josep Barceló, quien había sido un destacado líder del conflicto de las selfactinas de 1854, cuando el movimiento obrero barcelonés consiguió su prohibición. Tras un juicio-farsa fue condenado a muerte por un delito común. Su muerte fue uno de los argumentos para realizar la huelga en 1855, en un contexto de miseria económica de la incipiente clase obrera hispana, agravada, como en la revuelta barcelonesa de 1835, por la introducción de nueva maquinaria industrial.

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Imagen de La Tramontana relativa a la revuelta de 1835.

Tras la huelga, la represión contra el movimiento obrero fue brutal y, desde su tribuna en el Congreso como ministro de la Guerra, Leopoldo O’Donnell, afirmó, tal y como se recogió en la sesiones del Congreso de los Diputados de España del 10 de noviembre de 1855, que:

el Principado de Cataluña (…) ha pasado por crisis gravísimas, moviéndose por medio del socialismo y del carlismo coligados. Esas masas de obreros extraviados en mucha parte, pero dirigidos por agentes hábiles, proclamaban las ideas más absurdas de libertad, al mismo tiempo que estaban en connivencia con el partido carlista.

En resumen, una teoría conspirativa y con escaso tacto hacia los obreros que lucharon en esas jornadas, como es conocido, bajo el estandarte de “Espartero, pan y trabajo“.

Como conclusión, la cuestión obrera se venía tratando en España como un asunto de orden público y la represión fue, básicamente, la herramienta más utilizada por el estado para resolver conflictos. De igual modo, una parte del discurso nacionalizador español apostó por “expulsar” del proyecto nacional a quienes lideraban la causa obrera. Estos factores favorecieron la adopción de ideas internacionalistas y cosmopolitas, las cuales al abrigo del obrerismo y la solidaridad de clase existente, fueron ampliamente aceptadas por sectores avanzados del obrerismo.

El fracaso democrático del Sexenio, que acabó reprimiendo a internacionalistas y republicanos intransigentes, o el mismo contexto contrario al internacionalismo en estados como la Francia de Thiers, también ayudaron a la extensión de dichos planteamientos.

Notas al pie

1 Francisco Tomás, Circular nº38 de la FRE-AIT, Madrid, FRE-AIT, 12/01/1874, p.1.
2 Plácido Jové y Hevia, “[Intervencion parlamentaria]”, Diario de Sesiones del Congreso de los Diputados, sesión del 16 de octubre de 1871.
3 Op. citado en: Francisco Madrid & Claudio Venza (eds.), Antología Documental Del Anarquismo Español, Madrid, Fundación de Estudios Libertarios Anselmo Lorenzo, 2001, pp. 144-145.
4 Ibídem. pp.145-146.
5 “Nuestro propósito”, A los obreros, [1875], p.2.

Escrito por Fran Fernández

Francisco Fernández Gómez. Doctor en Historia, investigador y docente. Apasionado de la historia social, los estudios sobre nacionalización, las nuevas tecnologías y la confrontación de pareceres.

3 comentarios

  1. Es la primera vez que visito este maravilloso lugar de temática de la Historia.

    Me gustaría, si es permitido, apuntar que, los exiliados galos ya estaban, en un número considerable cuando las guerras de Napoleón, asentados en zonas como Cataluña, e incluso suizos.

    La Comuna de París ( hubo dos, en períodos distantes, en décadas, la última en éste caso ) fue el sistema político que dió origen al Comunismo ( y, Anarquismo ), Heinrich Karl Marx ( Moses Mordecai Marx Levy, 1818-83 ) fue un admirador acérrimo de ella, y su famoso día de ¨ La lechuga ( ó el tomate ). La represión fue cruenta a todos aquellos que se opusieran ( a La Comuna ), es decir, que la represión que se puede entender hacia ¨ Las Comunas ¨ no fueron tales si bien hubo fusilamientos posteriores ; ya que hay que consignar que esos sistemas políticos no eran democráticos, además anti-occidentales ( las iglesias fueron tomadas, ó incluso catedrales de Francia como lugar de exceso, orgías y bailes exóticos con la presencia en el escenario de prostitutas rodeada de infantes menores de seis años ).

    Ya los sucesos de La Vendèe nos dejan algunas huellas de ello.

    Interesante artículo, gracias.

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