Introducción
En estos días pasados cuando tuvo lugar el último eclipse de Sol, que ha servido para engordar un poco más los bolsillos del sector hotelero, que como medio de adquirir un poco de barniz cultural sobre el tema de los fenómenos del cosmos, me vino a la cabeza un trabajo que publique en el lejano año 1997, en una conocida revista de divulgación.1 Pero en aquella ocasión, aprovechando la oportunidad para cargar de forma consciente contra el fenómeno ovni, que durante aquellos años estaba en pleno auge.
Los motivos
En mi caso, al estar harto de que cuando se abordaba en cualquier medio aquel fenómeno, ya fuera en artículos o en libros, la mayoría de sus autores con indiferencia de su nacionalidad, eran proclives a poner como ejemplo de su existencia viejas crónicas o historias de la antigüedad, con traducciones sui generis de unos textos supuestamente clásicos, con los cuales era evidente que pretendían dar algo de cuerpo científico a sus trabajos. Pero lo cierto era que raramente daban la referencia exacta de la fuente original que se había utilizado. Detalle que quedaba a cuenta del lector interesado el averiguarla, de tener la intención de verificar la cita.
La misma falta de rigurosidad también se hacía patente en aquellos trabajos, al no recoger sí dicho fenómeno había sido de tipo puntual o cíclico, o sí se había producido sobre una zona geográfica determinada o en una época concreta. Circunstancias tanto temporales como geográficas, que a su vez de haber constado, permitirían a cualquier persona interesada poder verificarlas. Detalle que raramente se daba.

Según mi opinión de entonces, aquella ocultación de información y la misma falta de seriedad y rigor, en personas que se suponían entendidas y especializadas en aquel fenómeno, a la fuerza tenía que crear confusión entre los lectores, que de aquella forma, eran inducidos a caer en la creencia común, de que desde la noche de los tiempos se habían estado produciendo oleadas de apariciones de objetos volantes sobre los cielos terrestres.
Otra de las argucias utilizadas de forma habitual por dichos autores, era el hacer creer al lector que nuestros antepasados habían sido superinteligentes y altamente tecnificados, de acuerdo con unos supuestos grabados antiguos.2 Que el autor de turno interpretaba según su imaginación. Cuestión hoy en día todavía por demostrar. O por el contrario, que éramos unos ignorantes al desconocer lo que estaba acaeciendo constantemente sobre sus propias cabezas o en el planeta.
De esta forma les resultaba muy fácil explicar libremente, o según se mire a su aire, determinadas creencias o mitos antiguos, Dándose la paradoja que muchos de ellos ya habían sido conocidos e interpretados de forma racional por los ciudadanos de la época en que se habían producido dichos fenómenos. A la inversa de lo que sucede ahora en los tiempos actuales, al resultar el personal mucho muy crédulo.
La prueba está hoy en día, en que se puede ver en determinados canales de televisión, que emiten programas foráneos, en los cuales se explican las excelencias de la vieja hipótesis de los antiguos astronautas, también conocida como hipótesis de paleo contacto, cuando es bien sabido que la misma es una hipótesis pseudocientífica y pseudohistórica (sin base científica ni histórica alguna), que sostiene que unos seres extraterrestres inteligentes (astronautas extraterrestres) han visitado el planeta Tierra en el pasado y los mismos fueron los autores de múltiples maravillas, historias todas ellas falsas.
Conjeturas que se ven avaladas incluso por supuestos rabinos, argumentando la existencia de pruebas, según ellos, que se pueden comprobar con una atenta lectura de determinados pasajes religiosos. Dentro de la cosecha nacional se debe recordar el programa Cuarto Milenio, del periodista Iker Jiménez, metido ahora a pseudopolítico oportunista. Probablemente al estar muy falto de materiales esotéricos que poder llevarse a la boca. Pero quien paga manda.
La búsqueda de fuentes concretas
Volviendo a 1997, y pensando en mi futuro trabajo sobre la existencia de los supuestos ovnis, en el cual se me ocurrió plantear una respuesta alternativa a dicho fenómeno, con la sana y única intención de romper todas aquellas engañosas seudociencias, como era la posible no existencia de éste, tomando como referencia un punto geográfico muy concreto: Barcelona y su cielo, que serviría para verificar cualquier movimiento de objetos aéreos.
De ahí que finalmente eligiera utilizar de forma consciente para dicho trabajo un texto histórico próximo y fiable, que cualquier lector normal podía, y puede todavía consultar libremente, en su edición antigua o en su reedición moderna. Dado que se trata del “Dietari del Antic Consell de la Ciutat de Barcelona” (Dietario del Antiguo Consejo de la Ciudad de Barcelona) editado en España.
Dado que había visto que a través de sus páginas, que abarcan una amplia crónica de la Ciudad Condal desde el siglo XIV al XVIII, se puede recorrer con ella casi 400 años de historia, que recogen todo tipo de acontecimientos mundanos, incluidos los celestes. Descubriendo decepcionado, debo reconocerlo, que a pesar de poseer un ciclo de tiempo tan largo y muy bien documentado, nada sucedió sobre los cielos de Barcelona que sus ciudadanos no pudieran explicar razonablemente, salvo dos incidentes que a la luz de nuestros conocimientos actuales, por supuesto también tenían explicación, aunque muy racional y nada ufológica. Demostrando así de forma palpable que aquellas teorías de las supuestas oleadas de aparatos voladores, habría que revisarlas en profundidad.
Consecuencia de la investigación
Trabajo que reconozco marcó en negativo mi participación personal en diversas publicaciones o en programas radiofónicos muy conocidos, todos del mismo jaez. Al haber decidido dar a conocer al público y de forma consciente mi deserción total de la fila de los “creyentes” del fenómeno, lo que provocó el cierre inmediato de la puerta de mis colaboraciones en dichos medios.
De igual forma que al publicar en comandita. El milagro de Calanda. La Genesis de un mito, en el 2015, con más de 700 páginas de texto y más de un centenar de documentos, aparte del lógico debate epistolar con lo más florido del clero aragonés, que se negó en redondo a mi ofrecimiento de mantener un debate público y radiofónico en una conocida emisora aragonesa, sus razones tendrían, y que ahora se me castiga con no poder acceder a determinados archivos eclesiásticos, que me interesan consultar por puros motivos historiográficos. Así es la vida.
La crónica de Barcelona en los siglos XIV -XV
Así el primer acontecimiento celeste que mereció el honor de ser incluido por el anónimo cronista barcelonés del “Dietari”, se produjo en fecha tan lejana como es la del año 1354, fenómeno que fue calificado simple y formalmente como un “… Eclipsi del Sol”. Eclipse que tuvo lugar a las tres de la tarde y que duró cerca de media hora. El incidente no mereció más comentario, ni en positivo ni en negativo, por parte del amanuense de guardia.
Después de aquella anotación tuvieron que transcurrir más de 60 años para que otro anónimo cronista, atento al cielo, escribiera una nueva noticia. En este caso otro vulgar eclipse de Sol que tuvo lugar a las cinco de la mañana y que se prolongó, al igual que el anterior, media hora.
Unos años más tarde, en 1456, la crónica refleja, en esta ocasión de manera más detallada, la primera aparición sobre los cielos de Barcelona de un cometa errante. Cometa que fue visible a todo lo largo del mes de junio, sobresaliendo su paso entre los días 16 al 18. El puntilloso cronista también se encargó de remarcar que aquel fenómeno fue visto por muchos barceloneses y “per mi” (por mí mismo). La hora ideal para poder observarlo resultó estar situada entre la una y las dos de la madrugada. Hoy sabemos que el cometa en cuestión, entonces todavía anónimo, era el actual archiconocido cometa Halley, en honor al astrónomo ingles del mismo apellido, que fue el primero que calculó su orbita
Cometa que se desplazó lentamente, de levante a poniente, y cuya enorme cola fue medida a ojo por el observador, con los elementos propios de la época, afirmando después que aquella medía entre “… III o IIII canes”. La “cana”, una medida típica de longitud catalana, cuya réplica ha sobrevivido en Barcelona en piedra, en la esquina de la capilla de santa Lucia, con la calle del obispo Irurita, que transportada a nuestros actuales metros viene a representar en la actualidad que aquella “cola” tenía, aproximadamente, entre los 4,50 y 6 metros desde la visión a ojo del anónimo observador.

La luz de aquel fenómeno fue descrita de manera también muy gráfica: “…lançant alguna claror a manera de claror de llum fosquet” (“arrojando alguna claridad a modo de la claridad de la luz del anochecer”). Cinco años más tarde, en 1461, el cronista no puede ser más escueto al anotar: “Dimars, en Diertari apart fou un Eclipsi de Luna…”, lo que significa que se trataba de un nuevo y vulgar eclipse de Luna, al cual no da casi importancia.
El cielo barcelonés en el siglo XVI
Acaecido aquel eclipse de Luna, hubo que esperar, nada más y nada menos que 116 años para que vuelva a acontecer algo realmente extraordinario sobre los cielos de Barcelona, que merezca la pena de ser recogido por escrito en el “Dietari”. En esta ocasión hasta el año 1577. En aquel año el firmamento deparó a los boquiabiertos habitantes de la Ciudad Condal la aparición de otro nuevo y hermoso cometa.
Es por ello, que no resistimos a la tentación de dejar que sea el propio observador el que nos describa el fantástico espectáculo que estaba presenciando: “Apareció una cometa cabelluda, con una cola cabelluda (que se) alargaba desde el levante y el mediodía, parecía a la divina magestad…”. De creer en la fidelidad del comentario, habrá que reconocer que aquella visión celeste debió resultar de lo más impresionante. Cometa cuyo nombre oficial actual es: C/1577 V1.
Tras el paso de aquel desconocido cometa, el cronista y es de suponer que los pacientes astrólogos, tuvieron que esperar de nuevo 21 años más para que el cielo dejara de ser el habitual y normal de todas las noches. Así el año 1598 el Sol volvió a oscurecerse con motivo de otro nuevo eclipse. El fenómeno se inició entre las nueve y diez de la mañana y duró media hora. Aunque justo es decir que no mereció ningún comentario más, o sea, el más puro aburrimiento.
Cabe remarcar que hasta aquella fecha, y llevamos ya casi reseguidos 300 años de crónica, las anotaciones de los sucesivos cronistas, todos ellos desconocidos y anónimos, o son muy frías o se limitan a ser meramente descriptivas y, además, muy puntuales sobre el tipo de actividad celeste sucedida en el cielo barcelonés, al catalogar exactamente cada una de ellas desde el punto de vista hoy casi científico.
Otro hecho a remarcar es que los diferentes cronistas anteriores, es de suponer que muchos de ellos probablemente hombres de religión, jamás hasta aquel momento se habían visto influenciados en sus opiniones por otra cuestión que no fuera la puramente astronómica descriptiva. Dejamos constancia de ello porque durante el siglo siguiente el mundo y las creencias, en particular las supersticiosas, cambiaran radicalmente.
De esta forma, veremos que el nuevo cronista de guardia es de suponer hombre culto y letrado, poco a poco se va transformando en un hombre a la par muy supersticioso. Por otra parte, desconocemos los motivos reales a los cuales se debió aquel cambio tan radical, cuando muy probable aquellos anónimos observadores deberían ser en aquella época, insistimos, hombres de iglesia, que van a caer, justo así, en uno de los terrenos que la Santa Inquisición perseguía con más saña, en este caso el de la Astrología judiciaria, al interpretar los diferentes fenómenos desde el punto de vista del augurio y en todos los casos, de forma claramente catastrofista.
El siguiente hecho que se constata a estas mismas alturas, a través de este “Dietari”, es que hasta aquel momento nada se ha dicho en él sobre la existencia o del paso por el cielo barcelonés de algún objeto extraño que se pueda llegar a sospechar como algo mínimamente similar o parecido a lo que en la actualidad se denomina como “objetos volantes no identificados”, Ovnis.
De la misma manera que en la misma Crónica, donde también se recogen, por ejemplo, crímenes, incendios, terremotos, inundaciones, brujas o autos de fe, tampoco se habla de hechos que puedan inducir a tomarlos como “raptos” misteriosos de personas o animales, es decir de las famosas “abducciones” actuales, que llenan programas y libros. Detalle que debería dar mucho en que pensar a los supuestos e informados especialistas ufológicos de aquel tiempo y del actual.
En el Siglo XVII
En los finales de 1605, dos nuevos acontecimientos merecen la categoría de ser dignos de mención en el “Dietari”. Uno, es ya muy habitual, pues se trata de otro nuevo eclipse de Sol. Pero cabe remarcar que en este caso el cronista, por vez primera, nos salió un punto supersticioso.
Así relata, casi con espanto, que el eclipse fue “molt gran”, (muy grande) dado que la luz solar desapareció tornándose todo tan oscuro como si hubiera llegado la noche, hasta que poco a poco fue volviendo esta, aunque el espectáculo apenas duró un cuarto de hora. Cierra la descripción del fenómeno pidiendo a Dios su protección, caso único hasta la fecha entre los diferentes cronistas: “… Deu nostre senyor nos vulla guardar de tot mal. Amen” (Dios nuestro señor nos guarde de todo mal). Y así sea.
No había transcurrido apenas un mes del primer acontecimiento cuando se produjo de nuevo otro incidente. Motivo por el cual, es de imaginar, que debió a ser el mismo cronista anterior el que lo relata. Pero en aquella ocasión de manera muy oscura o poco descriptiva, muestra más que probable de su falta de preparación astronómica.
Del mismo modo que en su comentario sobre el evento también refleja, diríamos que de manera inconsciente y por segunda vez, la prueba de la exacerbada superstición que corría en su época sobre las posibles repercusiones terrenales de los fenómenos celestes, en su caso catastróficas, respecto al tipo concreto de fenómeno que ha presenciado.
“En la nit se veren en lo cel uns grans senyals de foch que molts pronostican son de mals senyals” (Por la noche se vieron en el cielo unas grandes señales de fuego que muchos pronostican. son malas señales).
La más que probable explicación a este singular fenómeno, es la posible caída de una lluvia de micro meteoritos, que poco o nada tienen que ver afortunadamente con ninguna “mala señal” celestial, salvo que el cronista haciéndose el listillo, y a tiro pasado, escribiera su anotación a posteriori, dándoselas de aquel modo de aprendiz de profeta, ya que treinta días más tarde se produjo en toda la comarca barcelonesa un importante seísmo, seguido de graves consecuencias. Circunstancia que confirmaría su anterior pronóstico.
Tras aquellos dos incidentes, el último fuera de lo corriente y habitual, vuelven de nuevo transcurrir plácidamente 100 años del más absoluto silencio que se alargará hasta el siglo siguiente. Motivo que da en suponer que nada “maravilloso” vino a turbar los cielos o las mentes de los laboriosos ciudadanos de Barcelona.
En el siglo XVIII
Se iniciaba nuevo siglo y en el año 1705, para inaugurarlo, nada mejor que la llegada desde el espacio sideral de un bólido incandescente, que para mejorar si cabe el espectáculo, explotó por fortuna sobre el mar. Cabe destacar, que como un siglo anterior, este nuevo cronista vuelve a resultar un “creyente” fervoroso, aunque en esta ocasión del tipo religioso.
También a diferencia del anterior, el cronista de aquella época resultó mucho más certero en la descripción del objeto caído del cielo, a pesar de que no supo dar explicación alguna al mismo ni a ponerle un nombre concreto, limitándose a describirlo, eso sí, con todo lujo de detalles dignos del mejor de los cronistas.
Según aquel, a las seis de la tarde y estando el día sereno y sin ninguna nube a la vista, de repente, se vio una llamarada ardiente que provenía del mar. En lo único en que los testigos no se pusieron de acuerdo, fue en la forma concreta del objeto que había provocado aquella “llamarada”, previa a la explosión posterior, ya que unos opinaron que era como un “globo con cola” y otros como un “leño ardiente”. El objeto, de pronto y sin previo aviso, explotó sobre el mar lanzando una gigantesca llamarada formándose punto seguido, como consecuencia de la explosión, tres enormes nubes de color blanco que tardaron en disolver más de media hora.
El sonido de aquella explosión del bólido es descrito, gráficamente, como si se tratara de disparos de “artillerías y després molta mosqueteria”, y a falta de un moderno cronómetro, el retumbante eco duró cerca de lo que se tardaba, más o menos, en rezar “alguns tres Credos”, es decir, bastante. El comentario se cierra con un piadoso y cristiano pensamiento: “Deu nos vulla mirá ab ulls de misericórdia y donar-nos sa gracia. Amen” (Dios nos quiera mirar con ojos de misericordia y darnos su gracia. Amen).
Bien a las claras, tal como está descrito el fenómeno, resulta muy fácil poder identificarlo con la caída aparatosa de un meteorito que debió ser de respetable tamaño, aunque por fortuna esparció sus escombros, no sobre la ciudad Barcelona, hecho que hubiera producido enormes desgracias, sino sobre el mar, aunque se desconoce a que distancia o si alcanzó alguna embarcación situada en las inmediaciones de la caída de los restos.
Por desgracia, el “Dietari” hasta hoy impreso concluye, de forma abrupta, en 1714, tras la entrada final en la ciudad de las tropas realistas españolas en Barcelona, En medio, la relación sobre los hechos celestes concluye con una última nota del año 1706, anotación que fue recogida en plena rebelión contra Felipe V y cuando la ciudad estaba totalmente asediada por las tropas del archiduque Carlos. 3
De esta manera, el nuevo cronista, sin descuidar un ápice el relato bélico del día 12 de mayo de 1706, en el cual da cuenta del repliegue del enemigo desde él Mas Guinardó en dirección a Sant Andreu y Moncada, hostigado por los somatenes y migueletes leales, nos informa igualmente del último hecho celeste que se ha producido sobre el cielo de Barcelona.
Aquel mismo día, entre las nueve y diez de la mañana y sin previo aviso, se eclipsó totalmente el Sol, quedando todo oscuro “como boca de lobo”, quedando sólo y únicamente visibles en el cielo las estrellas. El cuarto de hora que duró aquel fenómeno provocó primero el desconcierto y después un profundo terror entre todas las tropas combatientes. Hecho que se encarga de apostillar la crónica “... Deu nos vulva donar se gràcia y deslliurar-nos de sos influxos que de ordinari solan ser danyosos a la salut...” (Dios nos quiera dar su gracia y librarnos de sus influjos, que de ordinario suelen ser dañosos a la salud).

Este último comentario, es de nuevo muy esclarecedor al volver a señalar la existencia de supersticiones, vulgarizadas y arraigadas en aquel siglo dentro de las creencias populares. Proceso mental que ya se había iniciado en el siglo anterior al creer el vulgo que incluso los eclipses, fenómenos conocidísimos desde la antigüedad y a los cuales no se les daba la menor importancia, en aquel tiempo constituían la señal o la posible causa de las endémicas epidemias de peste, azote de aquella época, creencias a las cuales el cronista parece dar carta de garantía y certeza.
A modo de conclusión
Tal como hemos indicado anteriormente, por desgracia para la historia, el “Dietari” dejó de imprimirse en 1975. De no haber sido así, hoy en día tendríamos a mano todas las referencias de los fenómenos celestes ocurridos sobre Barcelona a todo lo largo de la nada despreciable cifra de 700 años. Aunque estas no están del todo perdidas ya que se podrían rescatar, en este caso, por medio de la prensa barcelonesa del siglo siguiente, un reto por otra parte curioso e interesante.
Pero concluido este paseo por el tiempo o por el cielo de Barcelona, a modo de conclusión, caben dos simples reflexiones. La primera, es que o los cronistas barceloneses eran muy ciegos o sobre Barcelona y durante 400 años jamás se vio, ya no una simple y vulgar oleada de “objetos voladores no identificados” como se afirma que se han visto en nuestro tiempo, sino tan siquiera un triste y solitario avistamiento, ni nada que se asemeje, sin hablar ya de la falta más absoluta de mención de fenómenos conocidos como “abducciones”.
La segunda conclusión, es que al filo de esta crónica se descubre que los hombres, desde muy antiguo, sabían perfectamente definir lo que sucedía en los cielos y sobre sus cabezas, o que los fenómenos comunes, tales como eclipses tanto de Sol como lunares, o cometas, no eran interpretados más que como lo que realmente eran, incluidos sus respectivos nombres “técnicos”, que corresponden a los actuales.
Por otra parte, es de destacar que al final, y en fechas ya muy cercanas a la nuestra, se empezó a especular torpemente sobre su posible influencia maligna sobre los humanos de determinados fenómenos celestes. Creencia en algunos casos todavía continúa arraigada en los principios del siglo XXI a pesar de constatar científicamente de que nunca han desencadenado desgracia alguna, al menos no consta, salvo por los lógicos y fortuitos impactos de algún que otro meteorito perdido.
Visto lo anterior, no por ello se debe de desesperar, ya que parafraseando el slogan de una vieja y conocida serie televisiva,4 en principio debemos continuar buscando, pues es muy posible que: la verdad está ahí afuera.
Pero de hacer un resumen al respecto del eclipse de 2026, es que Barcelona desde 1354 y hasta 1706, o sea durante 354 años, se pudieron contemplar hasta 5 eclipses diferentes de Sol. Todo un lujazo. Lo que no se sabe es si a causa de aquellos eclipses, los bodegueros de aquella época hicieron también su agosto, como lo han hecho los establecimientos turísticos este año 2026, con llenos hasta la bandera.

TEXTOS ÍNTEGROS DE LAS CITAS
SIGLO XIV
<<Dimecres. Poch apres de las tres horas feu Eclipsi del So, que durá cerca de mitja Hora>>.
SIGLO XV
<<Divendres. Cerca lo fí de la quinta hora apres mitja nit, fou Eclipsi del Sol, que durá cerca mitja hora...>>.
<<Divendres XVIII Lo dit die fonch fama per la present Ciutat. Que en lo principi del present mes vers levant fonch vista en la matinada per molts e per mi entre una e duas horas apres mige nit, una estela o comet lançant alguna claror a manere de claror de lum fosquet que sestenia al devant de ella a parer humanal de III a IIII canes *. Apres a XV a XVI del dit mes present, fonch vista la dita o altre estela o cometa consemblant entre VIII e VIIII horas intrant la nit entre ponent e tremuntanas>>. * Canas = 8 Pams. La Cana equivale a 1,555 mts.
<<Dimarts, em Dietari apar que fou Eclipsi de Luna>>.
SIGLO XVI
<<Divendres. En aquest die apparegue una cometa cabelluda de una coha cabelluda que la coha tirava entre levant y mig jorn, placia a la divina magestat…>>.
<<Disapte. Dit dia hi hague eclipsi en lo sol entre nou y deu hores de mati, hi dura per spay de mitja hora>>.
SIGLO XVII
<<Dit die a la una hora y dos quarts tocats, hague ecclipsi del sol molt gran, per que dura poc manco mig quart que lo die se torna tan oscur com si fora entrada de nit quasi al toch de la avemarie, apres apoch apochvinge a clarir-se. Deu nostre señor nos vulla guardar de tot mal. Amen>>.
<< Dit die en la nit se veren en lo cel uns grans senyals de foch, que molts pronostican son de mals senyals. Deu nostre senyor nos do la sua gratia que es lo mayor be que podem desijar. Amen.>>.
SIGLO XVIII
<<Dijous. Dit die, a la sich de la tarda, estant seré y sens veure-se ningún núvol, de repente, se ven una flamarada molt ardent en la present Ciutat, aixint y venint segons verídicas personas del mar , nus dient venia a modo de barra de viga de foch, altres globo y cua , se ubrí y dexá tres núvols molt blanchs los quals duraren en la regió celeste més de mitja hora, y després de esta flamarada se sentí en lo cel com si dispararen alguns artilleries y després molta mosqueteria que durá cerca de alguns tres credos. Deu nos vulla mira ab ulls de misericòrdia y donar-nos sa gracia. Amen>>.
<<Dimecres. Dit die, entre las nou y deu del mati, se eclipsà lo sol quedant tot escur com si fos de nit, vehent-se las estrellas durà lo estar lo sol de tot ecclipsat passant de un quart, causò dit ecclipse molt terror. Dèu nos vulla donar sa gràcia y deslliurar-nos de sos influxos que de ordinari solan ser danyoses a la salut.>>.
CRONOLOGÍA DE LOS FENOMENOS CELESTES BARCELONESES (1354-1706)
AÑO DÍA MES CAUSA
1354 16 SEPTIEMBRE ECLIPSE DE SOL
1415 7 JUNIO ECLIPSE DE SOL
1456 18 JUNIO COMETA
1461 23 JUNIO ECLIPSE DE LUNA
1577 8 NOVIEMBRE COMETA
1598 7 MARZO ECLIPSE DE SOL
1605 12 OCTUBRE ECLIPSE DE SOL
1605 17 NOVIEMBRE SEÑALES DE FUEGO
1705 25 DICIEMBRE LLAMARADA
1706 12 MAYO ECLIPSE DE SOL
1Cuatro siglos de fenómenos celestes sobre Barcelona Saber Más. Barcelona, junio de 1997.
2 Erich Von Däniken, Recuerdos del futuro, (1968).
3 El Dietari original manuscrito que se conserva en el Archivo Histórico de la Ciudad de Barcelona consta de 49 volúmenes, con anotaciones comprendidas entre el 12 de septiembre de 1390 hasta el 27 de abril de 1839. Y de hecho entre los años 1892 y 1975 se editaron los volúmenes que contienen desde el año 1390 hasta 1714, que son los volúmenes que yo justamente los que consulte en 1997, y el resto de los volúmenes hasta 1839, todavía no se han imprimido. Y consultar el original es harto complicado.
4 TheXFiles, Expediente X

