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Las “tentaciones” políticas del anarquismo español (II): el Partido Sindicalista

El Partido Sindicalista (PS) representa el intento más sonado  de llevar a cabo una política de tintes libertarios, anarquizante, desde el Parlamento. No en vano su fundador más destacado, Ángel Pestaña, formó parte de casi todos los Comités Nacionales de la CNT desde 1923 hasta bien entrada la II República, la mayoría de veces como Secretario, bien en solitario (1929 y 1930-1932) o bien de forma colegiada. También ha sido el ensayo más logrado, pues sus Agrupaciones se extendieron por todo el país y lograron representación en el Congreso de los Diputados en las generales de febrero de 1936, un tanto a rebufo –esto sí– de la coalición del Frente Popular.

UNAS ACLARACIONES PREVIAS

Entiéndase bien: el PS no fue un partido ácrata. Aunque Pestaña, siguiera concibiendo el anarquismo como teoría útil y necesaria para la educación del individuo, para su formación mental y espiritual[1], había renunciado a él explícitamente en 1933 al no considerarlo válido a corto plazo para transformar la sociedad. Así se comprende que el fin último del sindicalismo político continuara siendo la consecución del comunismo libertario, aunque formalmente hubiera roto con los principios básicos del anarquismo y del anarcosindicalismo al considerar ineludible pasar por un período de transición hacia la nueva sociedad.

Tanto por este motivo cuanto por la procedencia ideológica y militante de muchos de sus integrantes, se puede afirmar que la nueva organización fue una manifestación más dentro de la heterogeneidad del mundo libertario hispano; es decir, que el PS nació en el seno y perteneció a la cultura política libertaria, aunque el sindicalismo político fuera ya una doctrina diferente, con rasgos propios. Prueba de lo dicho es que el partido logró mayor implantación precisamente en las zonas donde el treintismo (corriente interna de la CNT opuesta a los partidarios de la revolución por la vía insurreccional ante una República tibia en lo social y contundente en materia de orden público) era más fuerte, como por ejemplo las ciudades de Valencia, Manresa o Huelva[2].

Sin embargo, los treintistas que optaron por la vía política fueron una pequeña minoría. De los firmantes del Manifiesto de los Treinta (1931), hito del movimiento, en principio nadie, excepto Pestaña, secundó la propuesta; sólo el veterano Ricard Fornells se subirá al barco tras un período inicial de dudas. Y descontados éstos, de la cincuentena de militantes que suscribieron otro manifiesto llamado A los trabajadores de Barcelona[3], en junio de 1933, encontraremos a diez en las filas del PS, entre ellos a José Andrés Oliva, José Asunción Botella y Enrique Bellver, vocales de su primer Comité Nacional. Así pues, a pesar de ser una rama desgajada del treintismo, su corriente más política, no debemos confundir a los sindicalistas de Pestaña con quienes continuaron fieles a la Federación Sindicalista Libertaria (FSL), órgano de los Sindicatos de Oposición escindidos de la CNT, y, en suma, a los principios básicos del anarcosindicalismo. Pestaña se emancipa del grupo treintista[4], apareció escrito en una entradilla del periódico madrileño La Tierra.

Además, en el PS convergieron otras corrientes políticas como la republicana federal, presente desde el principio y más notoria a partir de 1935. De sus filas procedían el militar e ingeniero Eduardo Medrano, primer Secretario general del partido, Crispín Martínez o Eusebio Sánchez López, entre otros; nada extraño si tenemos en cuenta, aparte las coincidencias ideológicas, la multitud de partidos y facciones en que se hallaba tradicionalmente dividido y enfrentado el republicanismo federal en toda España y, en este caso, en su feudo barcelonés.

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Orador en Madrid, octubre de 1919. Autor: Alfonso.

EL DEVENIR IDEOLÓGICO DE PESTAÑA

La evolución ideológica de Ángel Pestaña Núñez (Santo Tomás de las Ollas, Ponferrada, León, 1886 – Begues, Barcelona, 1937) es lenta, reflexiva; un tanto zigzagueante, pero lineal. Avanza y retrocede para volver a avanzar. Parece que vacila, “cuando lo que hace, en realidad, es probar las resistencias para descubrir su punto más débil y concentrar sobre él toda la fuerza de sus razonamientos”[5].

   Desde el anarquismo, la transformación arranca de su viaje a Rusia como delegado confederal al II Congreso de la III Internacional (1920). Aparte su crítica al autoritarismo bolchevique, tanto en los informes presentados a la CNT cuanto en su fuero interno, late una crítica al anarquismo por beatería y falta de organización, de planificación, causas de su fácil desplazamiento de los soviets.

   A su regreso, y tras permanecer preso durante año y medio, se acerca a las tesis más sindicalistas de Salvador Seguí y respalda la declaración política de la Conferencia de Zaragoza (1922), que sostiene que el sindicalismo, pese a rechazar el parlamentarismo y la colaboración con los partidos, es político.

   Durante los difíciles años –desde el punto de vista confederal— de la Dictadura de Primo de Rivera, adopta posturas reformistas a fin de evitar la pérdida de militantes y de mantener unos mínimos de actividad sindical, las cuales llegan –en la línea de la UGT— hasta la participación en los Comités Paritarios (organismos encargados de aprobar y elaborar leyes reguladoras sobre las condiciones laborales y de resolver los conflictos entre la patronal y los obreros, integrantes de la Organización Corporativa Nacional.)

   Proclamada la II República, tras un primer momento en que predominan las tesis moderadas en la CNT, que parecen salir reforzadas en el Congreso del Conservatorio (1931), el torrente de acontecimientos le acaba pasando por encima hasta que, finalmente, en diciembre de 1932 es expulsado del Sindicato de la Metalurgia de Barcelona. Al año siguiente ocupa la Secretaría general de la FSL hasta que a finales de año dimite y abandona la organización. Según Antonio Elorza, lo que más afecta a Pestaña en su decisión de abandonar el organismo treintista es el fracaso obtenido en su Sindicato de Oposición, el Metalúrgico, donde todo el trabajo se va al traste cuando la escisión pasa a ser controlada por los comunistas del Bloc Obrer i Camperol (Bloque Obrero y Campesino), que obtienen mayoría en la Junta[6]. Sea como fuere, en diciembre presenta su dimisión como Secretario de la FSL alegando problemas económicos personales[7] y abandona la organización, aduciendo los mismos motivos, mediante carta fechada el 4 de enero. La noticia se publicó en la prensa treintista una semana después[8].

   Como sabemos, el planteamiento de fundar un partido viene de antes. Contamos al respecto con el testimonio de Benigno Bejarano, amigo y camarada del PS, que da prueba del carácter hondamente reflexivo del berciano y nos informa de la evolución de sus intenciones desde 1932:

…Conozco, y he tratado lo suficiente, a Pestaña, especialmente en los últimos tiempos, para saber que no se trata de una determinación tomada de improviso y a la ligera. Todo lo contrario. Precisamente el rasgo más característico de la fisonomía moral de Pestaña es la serenidad con que madura sus juicios y lleva a cabo sus proyectos. Hace dos años, en mis conversaciones con los anarcosindicalistas del grupo de “los treinta”, sostenía yo precisamente la necesidad de esta intervención en la política, necesidad adjetiva y circunstancial, desde luego (eran los primeros meses de República), pero imperativamente impuesta en aquellos días por la lógica de los acontecimientos. Nadie asentía a mis convicciones, íntegramente aferrados al inmutable credo del anarquismo. Únicamente un hombre, Pestaña, escuchaba con satisfacción mis razonamientos. Uno de aquellos días me dijo:

—El obrero necesita dos corrientes paralelas en la lucha por su porvenir: una, social, de acción directa, y otra, política. Existe en él una necesidad ciega de entregar su confianza a alguien, y si no se le ofrece coyuntura de votar a los suyos, vota a los que juzga más cerca de él. Pero vota.

En efecto, pocos días después los obreros anarcosindicalistas, que leían a diario la furiosa campaña antipolítica de “Solidaridad Obrera”, votaban en masa a la Esquerra. Esto es lo que se había conseguido en sesenta años de propagandas antipolíticas en el ánimo de los trabajadores más instruidos de España… [9]

FUNDACIÓN

El 27 de marzo de 1934 se presentaron los estatutos del PS al Gobierno Civil para su aprobación legal y el 7 de abril aconteció la primera Asamblea de la organización, en Barcelona, para constituirse oficialmente y formar su Comité[10]. La fecha de creación del PS no es asunto baladí y es una buena muestra de cierto abandono historiográfico del pestañismo. Con razón se quejaba el historiador Antonio Elorza, en su prólogo a la compilación de textos del berciano titulada Ángel Pestaña. Trayectoria sindicalista (1974), de que nadie había acertado siquiera el año de fundación del PS: es el caso de autores como Pere Foix o Josep Peirats, que la adelantan a 1932[11], y César M. Lorenzo, quien la fecha en 1933[12]. Cabe decir en su descargo que la idea de formar un partido político ya le rondaba a Pestaña por la cabeza desde hacía tiempo, quizá desde 1932; no obstante, el detalle es muy significativo y –lo peor— transcendente, pues las mismas fechas erradas serán tomadas posteriormente por autores como Murray Boockchin o Francisco Olaya[13], y se mantendrán hasta la actualidad en reediciones de estudios que se han convertido en clásicos, como la Historia del anarcosindicalismo español (2008) de Juan Gómez Casas[14].

En noviembre de 1933 el proyecto ya está en marcha. De este mes son las primeras cartas de tanteo enviadas por Pestaña fuera de Barcelona a amigos, camaradas y conocidos fuera de Barcelona. Al mismo tiempo, desde las páginas de Sindicalismo, órgano de la FSL y los Sindicatos de Oposición, Pestaña trata el tema de la abstención y da a entender que la participación política a escala municipal es legítima[15]. Unas semanas después, derrotadas las izquierdas en las elecciones generales de noviembre, escribe:

… A las clases gobernantes y burguesas les conviene nuestra abstención. Coinciden con nosotros en que los obreros no debemos votar. Pero la coincidencia no es de principio, sino de procedimientos. Ellos quieren que el pueblo no vote porque así, votando ellos solos, tienen más libertad de acción en las cámaras legisladoras. Y ser dueños del gobierno y de los organismos represivos con que éste cuenta les facilita el dominio político de la clase trabajadora. Nosotros queremos que el pueblo no vote para que desviándose de la actuación política se incorpore a las luchas sindicales y transformadoras del régimen capitalista […] Sin embargo, la verdad es que la gente vota…[16]

En la Asamblea fundacional la presidencia del partido es asumida por Pestaña. Medrano es elegido Secretario general y el tranviario José Gil Ballester, veterano confederal que en 1919 ya aparece como delegado barcelonés en Sevilla[17], Tesorero. Para vocales fueron escogidos el metalúrgico José Andrés Oliva; el tranviario Germán López; Enrique Bellver Rodríguez, tenedor de libros; Antonio Martínez Novella, otro viejo cenetista aragonés, escritor, propagandista, naturista y aficionado a la teosofía; Antoni Viladoms Padró, oficinista del Puerto Franco de Barcelona; y José Asunción Botella, cuyo oficio desconocemos. La reunión contó con la presencia de la Agrupación de Manresa, la primera en constituirse.

IDEARIO

Pestaña presentó en la prensa la doctrina del PS como una novedad en España; pero ya entonces se la relacionaba con algunos precedentes tales como el apoyo de Pedro Vallina y otros anarquistas a la candidatura constituyente republicana y revolucionaria de junio de 1931, en Sevilla, e incluso con los intentos de Lluís Companys y Francesc Layret, años antes abogados republicanos catalanistas defensores habituales de sindicalistas, por atraer a su terreno a Salvador Seguí, El Noi del Sucre[18]. Por otra parte, el cenetista asturiano Eleuterio Quintanilla, en una carta escrita a Pestaña en 1934 y filtrada a la prensa, vincula el nuevo partido con otros casos similares acontecidos en España desde 1917 y lo vincula internacionalmente con las tesis del sindicalista revolucionario italiano Enrico Leone y, en menor medida, con el intento anterior de las Trade Unions británicas[19].

El berciano desarrolló los postulados expuestos antes en El sindicalismo, qué quiere y adónde va (1933) y Sindicalismo y Unidad Sindical ¿Es realizable?… ¿Cómo? (1933), dos obras que contienen la simiente de lo que será el ideario del partido. Pero Pestaña no fue un teórico, sino que tomó sus ideas de las tesis, entre otros, de Pierre Besnard, anarcosindicalista francés autor del influyente libro Los sindicatos obreros y la revolución social (1931), cuyos postulados amplió en una serie de artículos publicados en la revista valenciana Orto entre 1932 y 1933;  y del economista holandés Christian Cornelissen, quien en El comunismo libertario y el régimen de transición (1933) plantea la necesidad de una etapa intermedia para lograr el cambio.[20]

El programa político del PS, ampliado y desarrollado en un manifiesto publicado en julio de 1934, gira en torno a tres ejes que nos recuerdan a los planteamientos clásicos de Piotr Kropotkin[21]: los Sindicatos, que tomarán a su cargo la organización de la producción; las Cooperativas, que se encargarán de su distribución; y los Municipios, que serán los órganos políticos de la transformación social a que aspira el sindicalismo. La organización político administrativa empieza en el Municipio, asciende a la Región y termina en el organismo superior: el Estado o Confederación de Municipios (el programa usa ambos términos sin distinción, prueba de cierta indefinición ideológica inicial). Al esquema se añade una Cámara del Trabajo nacional, donde estarán representados los sindicatos, cooperativas, corporaciones profesionales y municipios, que sustituirá al Parlamento clásico; y Cámaras regionales, las cuales elaborarán los planes económicos que necesite cada región, de acuerdo con los Sindicatos y demás organismos de la producción, con que la Cámara nacional elaborará el plan general de la economía del país. Los miembros de estas Cámaras serán nombrados en Asamblea de sindicatos, de corporaciones profesionales, de cooperativas y de municipios. No obstante lo expuesto, el PS, un medio y no un fin en sí mismo, rehúye de doctrinas rígidas y opta por un sentido práctico moldeable a diferentes circunstancias; un sentido inspirado en ideales de convivencia humana, éticos, culturales y de justicia social.

La función del partido debía ser colaborar con el movimiento obrero sin inmiscuirse en la labor de los sindicatos –a diferencia del PSOE con la UGT y, en cierto modo, de la FAI con la CNT— para tratar de apoyar su lucha desde arriba, ocupando un espacio que hasta entonces había puesto trabas al desarrollo del sindicalismo revolucionario. De otro lado, el papel reservado a los Sindicatos en la realidad más inmediata, a corto plazo, era ser el espacio natural donde desarrollar la lucha de clases, defendiendo además su independencia respecto de cualquier partido, incluido el propio.

Los estatutos del PS establecen la obligatoriedad de afiliación sindical de sus miembros, aunque no especifica a qué central deben hacerlo. A tenor de la información aportada por carnés de una cooperativa sindicalista que funcinó en la ciudad Barcelona, la mitad pertenecían a la UGT y la otra mitad a la CNT[22]; una paridad confirmada por Medrano en una entrevista acontecida en plena guerra, aunque matiza: “La cantera de nuestro partido está en la CNT”[23].

La complementación entre partido y sindicato es un asunto que a menudo ha dado pie a cierta incomprensión del pestañismo, tanto por sus rivales revolucionarios coetáneos cuanto por estudiosos posteriores. Me refiero, en concreto, al interclasismo o, en palabras del historiador Antonio Elorza, a “difuminar la lucha de clases”[24]. Es cierto que el PS, en su programa, no se califica como partido de clase; pero se barrunta su orientación en el manifiesto de julio de 1934, donde se aclara que la organización no renunciará a pactar con partidos u organizaciones de clase en momentos puntuales. El meollo del asunto hay que buscarlo en la consabida misión del partido de hacer innecesaria la lucha de clases mediante la reorganización de la producción y la distribución de la riqueza.  Por ello, más tarde se autodefinirá como partido social, donde tienen cabida todos aquellos que vivan de su trabajo, procedan de donde procedan. Aunque los estatutos del PS restrinjan la afiliación al establecer que todos sus adeptos deben estar sindicados, se preocupan de integrar a quienes no trabajan a través de la sección de Amigos del Partido Sindicalista, cuyos miembros podían formar parte de todas las entidades del partido, con voz pero sin derecho a voto[25].

La cuestión de incorporar a la pequeña burguesía a al proceso revolucionario estaba en el candelero durante la II República. Para Pestaña era algo fundamental y ya puso empeño, durante sus últimos años en la CNT, en incorporar a técnicos y profesionales liberales (médicos, abogados, etc.) a su seno. Si las clases medias no se sumaban al cambio, al menos se hacía necesaria su neutralidad. Joaquín Maurín, entonces líder comunista del Bloc Obrer i Camperol (BOC) lo explica muy bien en Hacia la segunda revolución (1935), al referirse a la colaboración del PSOE con otros partidos republicanos, cuando dice que no se trata de ayudar a la clase media, sino de aprovechar las contradicciones y el apoyo y neutralidad de la pequeña burguesía para la toma del poder[26]. Todo ello en un contexto internacional en que el fascismo estaba en auge en toda Europa; el fascismo era, junto al modelo soviético, la moda política del momento. En este sentido, el berciano no podía ser más explícito:

Pero iremos también a buscar a la clase media, esta clase que sufre enormemente de la injusticia social, pero que no ha comprendido tanto como el obrero la causa de su malestar. Y a la clase media no le queda otro recurso que unirse a la clase trabajadora en esta labor si no quiere tener que entregarse mañana a una tendencia filofascista o de otra catadura cualquiera.[27]

Echar un vistazo al régimen de propiedad de la tierra propuesto, máxime en un país con predominio de la economía agrícola, nos puede ayudar a arrojar luz sobre el asunto de las clases medias. El PS pretendía establecer una economía de tipo colectivo en que las tierras confiscadas pasaran a ser propiedad de los Municipios o del Estado (Confederación de Municipios), que las entregarían en arriendo para su cultivo a los Sindicatos o a grupos de campesinos que así lo solicitaran. Como concesión a la propiedad individual aceptaba, no obstante, su mantenimiento durante la consabida fase de transición (durante la coyuntura excepcional de la Guerra Civil, de hecho, serán frecuentes las críticas a las colectivizaciones forzosas), pero su extensión no superaría la que el individuo y los familiares que vivieran en su mismo domicilio pudieran trabajar. Según esta idea, más que de propiedad hablamos de usufructo de la tierra, puesto que no podría venderse ni enajenarse, y cuando se mantuviera inculta o se abandonara, los Municipios tendrían potestad para expropiarlas sin indemnización alguna, pasando esas tierras a formar parte de los bienes comunales.

En cuanto a los Municipios, el sindicalismo político arranca del libre pacto entre individuos y municipios como base de la organización social. Se fundamenta, por un lado, en la tradición hispánica del municipio libre, y por otro en el principio federativo de Proudhon, basado en las autonomías municipales y en su libre asociación desde abajo, conformando la citada escala que va desde el individuo al municipio y de éste a la región y al Estado o Confederación de Municipios. Como se puede apreciar, a pesar de mantenerse en la cuerda libertaria y federalista desde una concepción horizontal basada en el pacto mutuo entre comunidades, reconocía la existencia de un Estado mínimo, de aquí la imprecisión de su programa al llamar al nuevo entramado político Estado o Confederación de municipios, sin distinción. Hay que insistir en la dificultad de establecer el origen doctrinario de algunos aspectos del PS que, como el municipal, pueden hallarse tanto en el anarquismo como en el republicanismo federal. Tanto monta.

Llama la atención, por otro lado, que Pestaña se aproxime a un concepto tan burgués como el de ‘patria’, a la grande y a la chica. Durante 1935, año en que el pestañismo se irá aproximando aún más a los sectores republicanos de izquierda, informó de su pretensión de “incorporar a España al plano de los pueblos guía del mundo, de los pueblos que hacen su historia y ayudan a hacer la suya a los demás”[28]. Y en un artículo de prensa concilió el patriotismo con el internacionalismo proletario:

…me atrevo a decir que el universalismo de la escuela social no niega el patriotismo. Lo afirma más bien. Se puede amar la tierra que le vió a uno nacer. El país donde se habla el idioma con que nos enseñaron a balbucir las primeras palabras. Se puede respetar la organización social y política del conjunto de villas, ciudades y aldeas que forman una nación, sujetos al mismo derecho y que practican las mismas costumbres, sin odiar, ni combatir, ni atacar a otro conjunto de aldeas, villas y ciudades que vivan bajo otras normas de derecho y practicando otras costumbres. Lo uno nada tiene que ver con lo otro. La universalidad del pensamiento, de la cultura, de las necesidades morales y éticas que siente el hombre no impiden que éste ame, respete, quiera y trabaje por el engrandecimiento del país donde nació y a cuyas normas de vida hubo de adaptarse desde niño hasta que tuvo uso de razón.

Es más. La trascendencia de estas necesidades congénitas, por otra parte, a la naturaleza del hombre, quedarían mermadas en su alcance si no se les diera carácter de universalidad.[29]

En los primeros días de 1936, abundando en el tema, declaró ante un periodista:

Realmente, yo no soy patriota como lo son esos señores de la derecha. Al repasar la historia de España, yo he visto dos pueblos distintos conviviendo en un mismo suelo. Hay una España de seres privilegiados, dominadores, y hay otra de hombres humildes y explotados. La que conviene a la una, no puede convenir en modo alguno a la otra. De ahí que mi actuación no agrade a esos patriotas de doublé que sólo ven la Historia de España con la que siempre están a vueltas, desde el ángulo frío de su egoísmo.[30]

 

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Orador en un acto del partido.

IMPLANTACIÓN, EXPANSIÓN, ORGANIZACIÓN

Si la FSL y el movimiento de los Sindicatos de Oposición de la CNT fracasaron en su intento de atraer a la militancia confederal, el fiasco del PS aún fue mayor. No recibió el respaldo deseado por Pestaña; amigos de cierto renombre con los que a priori contaba, como el cenetista gallego José Villaverde o el asturiano Eleuterio Quintanilla, no se sumaron al proyecto[31]. En Cataluña, donde nació la organización, los sectores republicanos, más cercanos al catalanismo que a un proyecto español conjunto, no le dieron mucha cancha. Algunos sectores obreristas, además, no comprendieron su desvinculación de los hechos revolucionarios de octubre de 1934, precisamente por el cariz catalanista que tuvieron en el Principado[32].

A las trabas ideológicas para conseguir adherentes hay que sumar los problemas económicos a los que siempre tuvo que hacer frente el partido, lo que motivó el retraso de la fundación oficial de algunos núcleos como el de Valencia capital, donde tuvo bastantes partidarios desde el primer momento, y problemas de propaganda por la imposibilidad de pagar los desplazamientos de su líder[33].

También hay que tener en cuenta el vacío mediático, cuando no la crítica acérrima, hacia el nuevo partido. Desde su misma fundación y durante varios meses, su líder tuvo que salir al paso de difamaciones y descalificaciones personales. Buen ejemplo de ello es “Pestaña, ángel caído”, un artículo despiadado de Felipe Aláiz publicado en La Revista Blanca, donde se le trata de ignorante e inútil en todas las facetas de su vida, de la sindical a su oficio de relojero pasando por su afición al teatro y la escritura[34]. Pero el golpe más duro le vino del anarcosindicalismo moderado. Juan López, treintista y sustituto de Pestaña en la secretaría de la FSL en diciembre de 1933, fue quien más se ensañó con él al llamarlo en la prensa inepto, hipócrita y mediocre, al tiempo que desacreditaba su proyecto político al identificarlo con el fascismo[35]. No es extraño, pues, que resulte relativamente sencillo posible encontrar en la prensa de la época réplicas de Pestaña en que explica las diferencias entre su sindicalismo y el corporativismo de corte mussoliniano; o que el PS publicara un manifiesto, en julio de 1934, para ampliar y matizar su programa original, el cual comienza diciendo: “La actitud de algunos, incorrecta, calumniosa y agresiva en la mayoría de casos, nos obliga a pronunciarlas.”[36] Esta dinámica de acusaciones y justificaciones se mantuvo hasta el inicio de la guerra y, con menor intensidad, hasta la muerte de su fundador, en 1937. Buena muestra de ello son el opúsculo Por qué se constituyó el Partido Sindicalista (1936) y ¿Debe disolverse el Partido Sindicalista? (1937), conferencia pronunciada en el teatro Apolo de Valencia en diciembre de 1936.

Pese a todo, pronto comenzaron a formarse Agrupaciones en diversas localidades. A las habitualmente citadas ciudades de Barcelona, Madrid, Huelva, Cádiz y Alicante, hay que añadir La Coruña, Jerez, Granada, Ceuta y, en marzo de 1935, Zaragoza. La estructura de la organización quedó conformada, asimismo, por Centros locales con diferentes secciones (femenina, juventudes, cooperativas…) y por Federaciones regionales, presididas por sus respectivos Comités, donde se reunían las citadas agrupaciones. Las más numerosas fueron la Federación Regional de Andalucía Occidental y la Federación Regional de Levante; también se crearon Ambas Castillas y Asturias-Galicia.  En la cúspide, el Comité Nacional.

Cualitativamente, el PS fue capaz de captar militancia muy joven[37], a menudo idealistas encandilados por la figura de su líder, y de atraer a numerosos escritores, periodistas y colaboradores habituales de la prensa treintista y republicana[38]. Entre éstos cabe destacar al cenetista Marín Civera (Valencia, 1900 – Ciudad de México, 1975), el principal ideólogo del partido junto con Pestaña. Especialista en economía y educación, Civera estuvo muy vinculado al mundo de la cultura durante la II República y dirigió la revista Orto y los Cuadernos de Cultura, donde se llegaron a publicar unos noventa títulos. Influenciado por el economista y sindicalista holandés Christian Cornelissen, incorporó elementos del marxismo al sindicalismo político en el análisis de las cuestiones económicas[39].

Para lograr su espacio político, hubo ciertos bandazos en su táctica y estrategia. El temperamento pragmático de sus líderes favoreció dicha acomodación: “Los hechos obran y las doctrinas les siguen”[40], dejó escrito Civera en varias ocasiones citando al filósofo Henri Bergson. Esto mismo estuvo en el origen del modelo de relación entre partido y sindicato propuesto por el PS, alterando el tradicional control sobre el sindicato por parte de una élite intelectual o de círculos obreros más o menos cualificados e ideologizados; ahora es el propio movimiento sindical, curtido en mil batallas, el que genera su aparato de intervención política[41]. Pero la necesidad de adaptación, además de buscar adherentes, también fue consecuencia del convulso clima de agitación política dominante durante la II República. Tal es caso de la represión contra partidos y organizaciones de izquierdas tras Octubre del 34, con numerosos líderes obreristas encarcelados (Pestaña incluido) y sedes clausuradas; un ambiente que ralentizó aún más la creación de Agrupaciones sindicalistas, como en la ciudad del Turia, o bien su expansión, como en el caso de Madrid, donde un centenar de afiliados procedentes del Partido Republicano Valorista de Emilio Vellando abandonó el PS a los pocos meses de ingresar en él[42].

La normalidad política en la II República no se restablece hasta 1935. Desde entonces el PS busca alianzas con otros partidos y el componente republicano – y burgués— crece en las filas sindicalistas. En mayo ingresan los restos del Partido Social Ibérico, liderados por su Secretario, Carlos Cuerda[43]. Y en julio firman un pacto de colaboración con los republicanos federales de Eduardo Barriobero, por lo que durante medio año será frecuente ver a representantes de ambas formaciones actuando conjuntamente y compartiendo locales en mítines, conferencias, etc. La alianza perdura hasta la formación del Frente Popular, momento en que el citado Primer Pleno Nacional del PS, celebrado a finales de enero de 1936, vota su incorporación a la coalición electoral y rechaza su fusión con los republicanos federales[44]. Esto les permitirá, pese a ser excluidos del Front d’Esquerres en Cataluña, obtener escaño en las elecciones generales de febrero de 1936.

Autores como Josep Peirats (1964) escribieron que el PS fue un fracaso por prematuro; Pere Foix (1957), por el contrario, consideraba que hubiera tenido mayor éxito si se hubiera creado en los albores de la II República. Quizá los dos tuvieran algo de razón y el momento elegido no fuera el más oportuno. Sea como fuere, a su primer Pleno Nacional, reunido en enero de 1936, acudieron representantes de muchas ciudades y regiones: a las citadas más arriba, hay que añadir Sevilla, Málaga, Guadalajara, Pamplona y Melilla; y delegaron su representación, por estar sus núcleos en proceso de formación o por necesidad de proseguir los trabajos en la coalición electoral, Palma (Mallorca), Canarias, Murcia, Cartagena, San Sebastián, Bilbao, Oviedo y Santander[45]. A finales de 1936, el partido contaba con unos 32.000 afiliados[46]. Dos meses más tarde, la provincia de Valencia, por ejemplo, sumaba 3.600 adherentes repartidos en 25 localidades, con más de un millar de afiliados en la capital[47]. Es probable, al igual que otras organizaciones, que hubiera aumentado el número de afiliaciones al comenzar la Guerra Civil debido a la polarización política y a que mucha gente buscara ventajas o protección mediante la militancia en organizaciones de izquierdas. Durante la guerra, además, siguieron formándose nuevas Agrupaciones; tal es el caso del núcleo de Jaén, creado en fecha tan tardía como el 26 de marzo de 1937[48].

Mañana
Ángel Pestaña fue su director hasta el 28-11-1937. Le sucedió Marín Civera. En la cabecera del nº1 decía: “La revolución debe ser obra de gigantes y no de brigantes.” Autor: Germán Horacio (1937)

El principal diario del PS fue El Sindicalista, que se comenzó a editar en Barcelona y en septiembre de 1935 pasó a publicarse en Madrid hasta el final de la guerra. Su director fue el ferroviario cenetista Natividad Adalia (Madrid, 1901-1966). La Federación catalana tiró Hora Sindicalista desde diciembre de 1936 a julio de 1937, momento en que fue sustituido por Mañana. En Valencia lograron adquirir el diario blasquista El Pueblo, y en Coruña publicaron Trabajo. De ámbito local y comarcal, en Cádiz apareció La Razón. Y las Juventudes Sindicalistas editaron Avanzar.[49]

EL FRENTE POPULAR

Aunque la intención inicial de Pestaña era presentarse por Zaragoza, motivos de táctica electoral propician que sea elegido diputado en Cortes por Cádiz. Es el candidato ganador de la circunscripción con 97.667 votos[50], el 60% del total. Las intervenciones parlamentarias antes del estallido de la guerra de España tienen un contenido esencialmente social y económico: pide el desalojo de la Escuela Trabajo de La Felguera (Asturias), ocupada desde la Revolución de 1934 por parte de destacamentos de la Guardia de Asalto  y de la Guardia Civil, para poder seguir con la instrucción de las clases populares; solicita una profunda reforma de los Jurados Mixtos, herederos de las Comisiones Mixtas de la Restauración y de los Comités Paritarios de la Dictadura, ya que suelen decantarse por los intereses del capital; exige la amnistía de presos comunes o la rebaja de penas en determinados casos; reclama la devolución de los bienes comunales (recursos cuya propiedad algún día perteneció al común de los vecinos) a los Municipios, condición sine qua non para que pudieran tener una verdadera autonomía política; etc. Ante cuestiones en que entran en conflicto planteamientos de orden jurídico con otros de orden social, se suele decantar por estos últimos; es el caso de su votación a favor de la destitución del Presidente de la República Niceto Alcalá-Zamora en abril de 1936.  Resulta sintomático que, dada la ineficiencia y la lentitud de las reformas planteadas por la nueva mayoría de izquierdas, el 24 de junio dirija un ruego al Gobierno de Casares Quiroga en que pide el cierre del Parlamento:

Yo he venido aquí creyendo que se iba a legislar en favor del país; yo he venido aquí creyendo que íbamos a hacer una labor que representara una satisfacción para el país, y les digo a SS.SS., con el corazón dolorido, que me he convencido de que no es verdad, porque hasta mí –antes como ahora, y ahora más que antes- llegan los clamores de la calle, llegan las angustias del pueblo, llegan los lamentos de la gente que no come, de la gente que muere de hambre, de la gente que pide justicia, de la gente que se siente aplastada, del pueblo que nos trajo aquí para que hiciéramos algo en su favor, y resulta que nos pasamos las tardes tranquilamente, discurriendo por los pasillos; yendo al bar o paseándonos por España, mientras que el pueblo perece lentamente en la miseria, en la desgana y en la injusticia…[51]

Junto con Pestaña, en las elecciones de febrero de 1936 salió elegido diputado Benito Pabón, abogado sevillano de la CNT afiliado en secreto al PS, como independiente por Zaragoza. Sus posiciones parlamentarias complementaron a las de Pestaña en torno a cuestiones como la Ley de Amnistía de presos político-sociales[52] o el rechazo al uso de los motines y la violencia por ser medios no válidos para lograr avances beneficiosos[53]. En temas en que entraban en conflicto planteamientos de orden jurídico contra otros de orden social, también se decantó por estos últimos, como por ejemplo en la polémica discusión en torno a la destitución de Alcalá-Zamora como Presidente de la República[54]. En el ámbito provincial, el 20 de mayo pidió al Ministro de Comunicaciones su arbitraje en la fábrica Carde y Escoriaza, dedicada a la reparación de material móvil de ferrocarriles; ante la falta de trabajo y el consiguiente paro forzoso de sus obreros, Pabón solicitó el traslado de coches de Correos a la capital aragonesa para su reparación. También intervino en favor de los damnificados por las inundaciones sufridas en la provincia de Zaragoza en 1936.

Durante las semanas anteriores al golpe de Estado del 18 de julio, el PS denunció que el paro obrero era problema principal de la República, causa de la pobreza de miles de trabajadores y, a su vez, caldo de cultivo del fascismo. Y Pabón, en la misma línea, en junio acusó en el Congreso a los líderes de la derecha, Gil Robles y  Calvo Sotelo, de defender los intereses de los responsables de mantener a 600.000 parados en tal situación, motivo suficiente –según él— para rebelarse contra un Estado y una sociedad que no les permitían vivir[55].

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Manuel Monleón (1936)

LA GUERRA CIVIL

Igual que el resto de organizaciones antifascistas, el partido organizó sus milicias al estallar la guerra. Desde ese momento el discurso se centró en la denuncia de una retaguardia indigna, dividida en intereses partidistas y en donde el espíritu de venganza personal afloraba muchas veces al calor de la revolución. Desde otro ángulo, la consigna principal fue ganar la guerra antes de llevar a cabo revolución, para lo cual se exigía una disciplina férrea.

La labor política del partido no se redujo ni mucho menos a las intervenciones de los diputados sindicalistas en el Congreso. Hubo representantes suyos en numerosos organismos e instituciones republicanos: en la Junta de Defensa de Madrid, donde Francisco Caminero, Antonio Perxés, Enrique Capdevila y Gregorio Aparicio se encargaron del área de Evacuación, primero,  y más tarde de la Consejería de Servicios del Frente[56]; en el Consejo Regional de Defensa de Aragón, cuya secretaría general recayó en el propio Pabón;  en el Comité Ejecutivo Popular de Valencia capital y en la Gestora de la Diputación de Valencia, con José Sánchez Requena, más tarde consejero provincial de Justicia y miembro del Consejo Municipal de Valencia, e incluso Gobernador civil interino; y un largo etcétera.  El mismo Pestaña fue elegido Subcomisario general de Guerra del Ejército de Tierra, cargo que pasará, cuando muera a finales de 1937, a su amigo y compañero Josep Robusté.

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Puerta del Sol, 11 y 12, era uno de los centros del PS en Madrid. Tras el golpe de Estado de 1936, Fortuny, 6 se convirtió en el domicilio social y cuartel general.

El PS colaboró con Ángel Galarza, Ministro de la Gobernación, en la organización de las Milicias de Vigilancia de la Retaguardia, creadas el 17 de septiembre de 1936 para  la seguridad de Madrid. Pestaña participó en la comisión que asesoró al ministro y elaboró un esquema de funcionamiento destinado a frenar los “paseos” y otros abusos que se producían en la retaguardia. La propuesta fue rechazada por tibia. Dependían de la Dirección General de Seguridad y, más adelante, se fusionaron con las Milicias Populares a las órdenes del comandante Barceló. Las formaron 334 milicanos: 103 socialistas y 34 de la UGT, 43 comunistas, 32 anarquistas, 28 de la JSU, 33 de Izquierda Republicana, 3 de Izquierda Federal y 2 sindicalistas. La sede de la Brigada de Servicios Especiales ubicada en la calle del Marqués de Cubas 19, en Madrid, dependiente directamente del Subdirector General de Seguridad, fue dirigida por un oscuro personaje mallorquín llamado Elviro Ferret Obrador, del PS. Además, el PS tenía a su cargo la vigilancia de la prisión madrileña de San Antón.

No es cierto, como muchas veces se ha escrito[57], que el PS se desmoronara tras la muerte de su líder. Fue una gran pérdida, qué duda cabe. Pero, aun siendo un partido minoritario, en 1937 estaba suficientemente consolidado. Le sucedió en la presidencia Marín Civera, quien desarrolló sus principales líneas de acción y elaboró sus propuestas para ganar la guerra y establecer un nuevo modelo de organización política, social y económica tras la victoria. Especialmente preocupado por la unión de todas las tendencias obreras, el pensamiento ecléctico de Civera pretendía introducir en el sindicalismo una mirada alternativa a las visiones dogmáticas tanto del anarquismo como del socialismo, capaz de aunar elementos de ambas doctrinas. Las tesis de Civera acabaron predominando en el pensamiento y la acción del PS; tanto fue así que propuestas como el establecimiento de planes quinquenales o la inclusión de un programa de nacionalizaciones perfectamente dirigido y centralizado, acabaron distanciando al PS del sindicalismo político originario[58].

Robusté, por su parte, fue nombrado Inspector General de Evacuación a finales de 1938, puesto creado para secundar al Comisariado de la Sanidad de Guerra, cuyo máximo responsable era Francisco Gómez de Lara, antiguo secretario personal de Pestaña. Ambos se encargaron de la evacuación de heridos por todos los Hospitales de Sangre y de Campaña de Cataluña desde Barcelona hasta la frontera francesa, entre el 15 de diciembre y el 10 de febrero de 1939. Según Eduard Pons Prades, consiguieron sacar del país a algo más de 10.000 heridos de un total de 20.000[59].

En marzo de 1939, durante el golpe de Casado contra el gobierno de Negrín, Sánchez Requena fue nombrado, a propuesta de Miaja, Comisario general de Policía de Valencia y su provincia. Pocos días después se trasladó a Madrid para tomar posesión de la subsecretaría de la Presidencia del Consejo Nacional de Defensa[60], órgano que debía encargarse de negociar la paz con los facciosos.

La derrota, como en las otras organizaciones antifascistas, sí que hizo estragos en el PS. Su Comité nacional se instaló en Francia. Los restos del partido, junto a nuevas incorporaciones procedentes de grupos de oposición al franquismo, refundarán el partido en 1976. Sin embargo, el nuevo modelo político y sindical resultante de la ingeniería de la mal llamada Transición no dejará espacio para su implantación y posterior desarrollo. La falta de medios económicos, unos paupérrimos resultados electorales y una sociedad cada vez más distante del sindicalismo combativo conducirá a la extinción de la organización a mediados de los años ochenta.

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Cartel de Manuel Monleón (1937)

 

Cartel de portada: Manuel Monleón (1937)

BIBLIOGRAFÍA

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HEMEROTECAS

Hemeroteca digital de la BNE (La Libertad, El Heraldo de Madrid, El Pueblo, Luz, Mundo Gráfico).
Hemeroteca digital CEDALL (Sindicalismo).
Hemeroteca histórica digital de El Periódico de Catalunya.

ARCHIVOS

Centro Documental de la Memoria Histórica.
Archivo Histórico Municipal de Jaén.
Diario de Sesiones del Congreso de los Diputados. Serie histórica. Disponible en http://www.congreso.es/est_sesiones/
Instituto Internacional de Historia Social (IISG), Ámsterdam.

Citas:

[1] Pestaña, 1933, pp. 229-230.
[2] Santos, 2012, p. 312; Paniagua, 1979, p. 54.
[3] “Un documento que será histórico”; en Sindicalismo, 2-6-1933, Barcelona, p. 4.
[4] “Una noticia interesante. Pestaña se emancipa del grupo treintista”; en La Tierra, 12-1-1934, Madrid, p.1.
[5] De Lera, 1978, p. 229.
[6] Elorza, 1974, p. 53.
[7] Ibidem, p. 63. Cfr. Santos, 2012, p. 316.
[8] “La baja del compañero Pestaña”; en Sindicalismo, 10-1-1934; p.2.
[9] BEJARANO, B.: “El anarcosindicalismo en la política. Ángel Pestaña nos informa acerca de la creación del Partido Sindicalista Español”; en Luz, 6-4-1934, Madrid; p.12.
[10] Elorza, 1974: 66; Santos, 2012: 322.
[11] Foix, 1957: 139; Peirats, 1964: 197.
[12] Lorenzo, 1969: 55.
[13] Bookchin, 1980: 343; Olaya: 2006: 836.
[14] Gómez Casas, 2008 pp. 191, 236 y 242.
[15] PESTAÑA, Á: “Orientaciones. Contestando a una carta”; en Sindicalismo, 17-11-1933, Barcelona; p. 1.
[16] PESTAÑA, Á: “Actualidad. ¿Qué hacer ahora?”; en Sindicalismo, 1-12-1933, Barcelona; pp. 3-4.
[17] Íñiguez, 2008, vol. I, p. 730.
[18] “El partido sindicalista español”; en Heraldo de Madrid, 17-5-1934, Madrid; p. 14.
[19] “Documento importante. Una carta del compañero Quintanilla, a Pestaña”; en Sindicalismo, 4-7-1934, Barcelona; p. 4.
[20] Elorza, 1974, pp. 56-58.
[21] Pestaña, 1933, p. 274.
[22] “Carnés de la Cooperativa del Partido Sindicalista de Barcelona”. Centro Documental de la Memoria Histórica, PS-BARCELONA, 1340, 9.
[23] “El Partido Sindicalista es la genuina representación del proletariado español” [entrevista a Eduardo Medrano]; en El Pueblo, 11-1-1938, Valencia; p.1.
[24] Elorza, 1974, p. 41.
[25] “Estatutos del Partido Sindicalista”; en Pestaña, 1974, pp. 770-775.
[26] Pestaña, 1936, p. 61.
[27] “Ángel Pestaña, candidato a la Presidencia del Consejo de Ministros”; en Mundo Gráfico, 13-6-1934, Madrid; p. 31.
[28] Pestaña, 1936, pp. 62-63.
[29] PESTAÑA, Á.: “Cuidado con el equívoco”; en La Libertad, 5-4-1935, Madrid; p. 7.
[30] “En el Ateneo de Madrid Ángel Pestaña justifica en un interesante discurso la transición del sindicalismo a la acción política”; en Heraldo de Madrid, 3-1-1936, Madrid; p. 6.
[31] Elorza, 1974, p. 65; Freán, 2006, p. 46; Santos, 2012, p. 312.
[32] Santos, 2012, pp. 357 y 529.
[33] Ibidem, p. 339.
[34] Aláiz, F.: “Pestaña, ángel caído”; en La Revista Blanca, 11-5-1934, Madrid; pp. 10-11.
[35] López, J.: “¿Sindicalismo fascista? Todo eso es agua de borrajas”; en Sindicalismo, 18-4-1934, Barcelona; p.2.
[36] “Manifiesto del Partido Sindicalista; en Pestaña, 1974, p. 776.
[37] Íñiguez, 2008, vol. II, p. 1285; Freán, 2006, p. 46.
[38] Íñiguez, 2008, vol. II, p. 1285.
[39] Paniagua, 1979; Paniagua, 1982.
[40] Civera, 1959, p. 13.
[41] Paniagua, 1979: 69.
[42] Santos, 2012: 356-357.
[43] “La fusión del partido Social lbérico y el partido Sindicalista”; en La Libertad, 17-5-1935, Madrid; p.2.
[44] “La actividad republicana de izquierdas. El partido democrático federal y el partido sindicalista han firmado un pacto de acción.”; en La Libertad, 9-7-1935, Madrid; p.2.
[45] “Del momento político. Pleno nacional del partido sindicalista”; en La Libertad, 21-1-1936, Madrid; p.4.
[46] Foix, 1957: 140; Santos, 2012:361.
[47] Partido Sindicalista: Actas del Pleno provincial celebrado los días 27 y 28 de Febrero de 1937. Valencia: Guerri; p. 10. Instituto Internacional de Historia Social (IISG), Ámsterdam: Sp 702 – Sp 715, Bro 153/8.
[48] “Comunicación del Secretario del Comité Local del Partido Sindicalista, dirigida al presidente del Consejo Local Municipal”. Archivo Histórico Municipal de Jaén; leg. 786 (24) AD.
[49] Santos, 2012, pp. 361-369.
[50] Ficha de Ángel Pestaña, Archivo Histórico del Congreso de los Diputados. Disponible en http://www.congreso.es (consultado el 8-8-2018.)
[51] Diario de sesiones del Congreso de los Diputados. Legislatura 1936, 2-10-1937, núm. 65; p. 1591. Disponible en http:// http://www.congreso.es/ est_sesiones/ (consultado el 22-2-2018).
[52] Ibidem, 3-7-1936, núm. 56; p. 1880.
[53] Ibidem, 15-4-1936, núm. 17; pp. 322-323.
[54] Ibidem, 15-4-1936, núm. 17; p. 270.
[55] Ibidem, 7-4-1936, núm. 15; p. 270.
[56] “Treinta mil cartas diarias para el frente. Anécdotas del miliciano que perdió su encendedor y del que volvió a ver a su hijo; en Mundo Gráfico, 3-2-1937, Madrid; p.12.
[57] V. gr. GUILLAMÓN, A.: “Ángel Pestaña (1886-1937”; en revista Catalunya, órgano de la Confederación General del Trabajo de Cataluña, núm. 193, junio de 2017; p. 27.
[58] Guillén, 2015.
[59] PONS PRADES, E.: “La retirada de 1939”; en El Periódico de Catalunya,  12-4-1999, Barcelona; p. 46.
[60] “El nuevo subsecretario de la Presidencia del Consejo Nacional de Defensa sale para Madrid”; en La Libertad, 14-3-1939, Madrid; p. 2.

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