El 25 de octubre de 1936, en plena Guerra Civil española, Buenaventura Durruti firmaba en el frente de Osera una breve nota relacionada con una cuestión aparentemente sencilla, pero de importancia fundamental para la vida de los combatientes: el abastecimiento de pan a los milicianos de su columna.
El documento, emitido por el Comité de Guerra de la Columna Durruti, autorizaba al compañero Subirats y a su hermanoi a organizar la distribución del pan entre los integrantes de la unidad. Al mismo tiempo, solicitaba a todos los camaradas y a cualquier persona que pudiera intervenir en aquella tarea que les prestasen las facilidades necesarias para garantizar el buen funcionamiento del suministro.
Se trata de un escrito breve, una nota de carácter práctico y administrativo, pero que permite acercarse a un aspecto muchas veces menos conocido de la historia de las columnas milicianas: la organización de la intendencia y el esfuerzo cotidiano que exigía mantener abastecidas a las fuerzas desplegadas en el frente.
El documento original
Reproducimos íntegramente el contenido de la nota:
Columna Durruti.
Comité de Guerra.
Osera.
El compañero Subirats y su hermano están autorizados por la columna para organizar el abastecimiento del pan de la misma, por lo cual este Comité ruega a todos los camaradas se les dé toda clase de facilidades a los efectos de facilitar la buena marcha de la columna.
Frente de Osera, 25-10-36.
Firmado y rubricado: B. Durruti.
Osera, primera línea del frente
En octubre de 1936, la Columna Durruti se encontraba desplegada en el frente de Aragón, donde las fuerzas milicianas intentaban mantener sus posiciones frente al ejército sublevado. El sector de Osera constituía una zona de primera línea de fuego, mientras que el puesto de mando de la columna estaba establecido en Bujaraloz, localidad que desempeñaba un papel destacado en la organización y coordinación de aquella fuerza miliciana.
La distancia entre los distintos puntos del frente, las dificultades de comunicación, la precariedad de los medios de transporte y la irregularidad de los suministros convertían la intendencia en una tarea tan necesaria como compleja. No bastaba con disponer de hombres y armamento para sostener una posición: era imprescindible garantizar que los combatientes recibieran alimentos, agua, ropa, medicamentos y otros productos indispensables para su subsistencia.
En aquellas circunstancias, el pan ocupaba un lugar esencial en la alimentación diaria. Su distribución requería una organización específica que permitiera hacerlo llegar hasta las diferentes posiciones y unidades, evitando interrupciones en un abastecimiento del que dependía, en buena medida, la vida cotidiana de los milicianos.
La intendencia de una columna miliciana
La nota firmada por Durruti permite observar cómo se resolvían algunas de estas necesidades. La autorización concedida a Subirats y a su hermano no era simplemente un permiso para repartir un producto alimenticio. Suponía reconocerles una responsabilidad concreta dentro del sistema de abastecimiento de la columna.
El documento también revela la importancia de la colaboración entre los distintos integrantes de la organización. El Comité de Guerra no se limitaba a autorizar la tarea, sino que solicitaba expresamente a los camaradas que facilitasen el trabajo de los dos encargados del suministro. La expresión “toda clase de facilidades” pone de manifiesto que el abastecimiento necesitaba la cooperación de diferentes personas y que su eficacia dependía de que no se obstaculizase la labor de quienes tenían encomendada aquella responsabilidad.
Este tipo de documentación ayuda a comprender que la actividad de una columna miliciana no se reducía a las operaciones militares. Detrás de los combatientes que ocupaban las trincheras existía una red de trabajos y responsabilidades que debía funcionar diariamente: aprovisionamiento, transporte, distribución de alimentos, comunicaciones y administración de los recursos disponibles.
Un pequeño documento con valor histórico
La nota tiene, además, un interés particular al estar firmada y rubricada por Buenaventura Durruti. Su contenido permite aproximarse a una faceta menos espectacular, pero imprescindible, de su actividad al frente de la columna: la intervención en cuestiones organizativas y en problemas concretos de la vida cotidiana de los milicianos.
No estamos ante una proclama, una declaración política ni una orden relacionada directamente con una operación militar. Es un documento de servicio, redactado para resolver una necesidad inmediata. Precisamente por eso posee un valor histórico especial.
Los documentos de esta naturaleza permiten reconstruir aspectos de la Guerra Civil que difícilmente aparecen en los grandes relatos de las batallas o en las biografías de sus protagonistas. A través de ellos podemos conocer cómo se organizaban las unidades, quiénes asumían determinadas responsabilidades y qué problemas debían resolverse para mantener a los hombres en el frente.
La guerra también se desarrollaba en las tareas aparentemente menores: conseguir harina, elaborar el pan, transportarlo y distribuirlo entre quienes permanecían en las posiciones. Sin ese trabajo, la actividad militar no podía sostenerse durante mucho tiempo.
La nota de Osera, fechada el 25 de octubre de 1936, nos recuerda precisamente esa realidad. Unas pocas líneas, escritas en plena guerra y firmadas por Durruti, nos acercan a la dimensión material y humana de la Columna Durruti. Porque, junto a las armas, las trincheras y los combates, también había que organizar algo tan elemental e imprescindible como hacer llegar el pan a los milicianos.
Agustín Guillamón.
Barcelona, 1 de noviembre de 2026.
i Josep Subirats Lleixà (1900-1964), conocido como Pepito, nació el 5 de julio de 1900 en Mas de Barberans, Montsià. Provenía de una familia de militantes libertarios, era hijo de Jaume Subirats Barber, de profesión campesino, y de Anna Lleixà Subirats. Sus hermanos y hermanas (Carmen, Francesc, Jaume, Manuel y Raimon) también compartieron militancia en la CNT.
Panadero de profesión, en 1917 se afilió a la Sección de Panaderos del Sindicato de la Alimentación de la CNT de Barcelona. Durante su juventud ejerció una activa militancia y padeció el terrorismo de Estado del general Severiano Martínez Anido desde el Gobierno Civil de Barcelona. Tras el golpe de Estado del general Miguel Primo de Rivera en septiembre de 1923, se exilió en París junto a su hermano Jaume, donde militó en la Federación de Grupos Anarquistas del departamento del Sena.
A su regreso a Barcelona, reanudó su militancia activa en el ramo de la alimentación. Durante esta etapa fue uno de los principales animadores del grupo excursionista “Sol i Vida” del Ateneo Libertario del Clot y socio fundador del Ateneo Libertario de Gracia. Posteriormente se adhirió a la FAI, actividad por la cual sufrió numerosas palizas y encarcelamientos.
En julio de 1936, al estallar la Guerra Civil, se incorporó a la Columna Durruti y partió hacia el frente de Aragón, donde se encargó de organizar la producción y panificación para la columna junto a sus hermanos.
En febrero de 1939 se exilió en Francia. Fue internado en diversos campos de concentración. Tras la Segunda Guerra Mundial se instaló en Toulouse con su compañera Josepa Albir (Pepita) y su hija Ana, quienes se reunieron con él tras haber sido condenadas a muerte por el franquismo y liberadas después de pasar 11 años en prisión. En el exilio francés, continuó su compromiso político militando en la Federación Local de la CNT de Toulouse. Josep Subirats Lleixà falleció en su domicilio el 16 de noviembre de 1964 y fue sepultado dos días después en el cementerio local.
Fuentes de esta nota: Nord-Est Llibertari, Diccionario de Pelai Pagés y Enciclopedia de Iñíguez.

