Anarquismo Biografías Historia Social

Proceso de Montjuïc: balance represivo del atentado del Corpus de 1896 -parte 2-

Continuaremos donde lo dejamos en la anterior parte del artículo, en donde defendía que la represión derivada del atentado del Corpus de 1896 en Barcelona se cebó contra los sectores del anarquismo comunista barcelonés más contrarios a la organización formal. Repasemos pues algunos datos para concretar esta hipótesis.

En la versión oficial Francesc Llombart i Saba era uno de quienes componían el centro organizador del complot. En la práctica Llombart era un anarcocomunista activo en València a finales de los ’80, posiblemente el compañero mencionado por Tierra y Libertad en su ejemplar del 4 de mayo de 1889, cuando se afirma que el principal encargado de la edición de un periódico llamado La Luz, de tendencia anarquista, debió de huir por un supuesto anónimo amenazante contra un alcalde juez. Carpintero de profesión, Llombart residirá desde entonces en Gràcia, Barcelona, relacionándose y participando del entorno anarcocomunista responsable de publicaciones como El Porvenir Anarquista y su grupo hispano, La Nueva Idea y el Ariete Anarquista. Fue uno de los detenidos por el atentado de la Plaça Reial de 1892 y en los procesos represivos de 1893. En 1896 logró escapar ante el alcance de la represión que le involucraba como uno de los coautores del atentado. Los destinos probables de su fuga fueron Francia y/o Buenos Aires, aunque no quedarían descartados otros lugares. Lo cierto es que el rastro de Llombart se pierde entonces en el tiempo. De no haber huído, hubiese corrido la misma suerte que los otros condenados a muerte.

De los ejecutados a muerte, el principal inculpado, Thomas Ascheri, fue el compañero de Francesca Saperas y un más que posible confidente policial, sin embargo es innegable su relación con esta rama del anarcocomunismo local. Lluís Mas, otro de los condenados a muerte, destacaba por ser un destacado propagandista y hombre de acción durante esos años y representaba, en el seno de aquel entorno, a la figura juvenil más carismática y activa. Próximo a Ascheri, puesto que Mas era la pareja sentimental de Salud Borràs, una de las hijas de Saperas, pareja de Ascheri esta última. En ambos casos, eran destacados y conocidos integrantes de una misma corriente del anarquismo local.

Así pues, entre los condenados, nos encontramos como el supuesto autor material era el confidente venido a menos del ambiente cercano a los primeros anarcocomunistas gracienses, mientras que de sus supuestos cómplices, tanto Lluís Mas como Josep Molas quedan muy claras sus vinculaciones con el entorno más informal del anarcocomunismo, siendo ambos igualmente figuras destacadas en la edición de propaganda y visibilizadas públicamente en centros obreros, como el de los carreteros y otros espacios de sociabilidad obrera. Sobre Josep Molas cabe constatar que, al igual que su amigo Martí Borràs, era originario de Igualada e igualmente zapatero, aspecto que también destacó en los criterios selectivos que orientaron la represión de dicho proceso.

Antoni Nogués1 seguramente no fue un anarquista especialmente activo, pero dado su activismo en la ciudad de Gràcia y su oficio de impresor, debió de ser considerado afín a la propaganda anarquista, como lo demostraría que, al igual que el resto de condenados a muerte, fuese detenido habitualmente en redadas antianarquistas, tal cual fue la de 1893. Algunos periódicos sobre él2 afirmaban que era un furibundo anarcocomunista, lo que daría a pensar que pese a las posibles dudas, como mínimo era simpatizante de este entorno o tenía relaciones directas con el mismo.

Sobre Joan Alsina, acusado de ser quien fabricó las bombas pese a su oficio de paleta, fue apresado en Almería tras iniciarse la represión. Una de las posibles causas de su detención, más allá de su reconocida adscripción anarquista, se hallaba en el hecho que vivía en la calle Valdonzella de Barcelona, la misma calle en donde se ubicaba la Dirección y Administración del periódico Ariete Anarquista3, con lo cual sería sospechoso de formar parte de este entorno. Otra causa residía en el hecho que las fuerzas policiales en sus fichas y anotaciones pensaban que era fundidor de metales, con lo que podía ser uno de los “candidatos” perfectos a fabricante de bombas. En este caso podríamos considerar a Alsina dudoso de formar parte del entorno anarcocomunista más informal, pero si pensamos en algunos de los motivos posibles de su detención o por algunas informaciones filtradas a la prensa, se le consideraba un anarquista radical. Pese a todo, en el caso de Alsina tengo mis dudas sobre su posible adscripción exacta dentro del anarquismo barcelonés, viéndolo más bien como un hombre viviendo en el lugar equivocado en el momento más inadecuado. Sobre Nogués el foribundo conservador y juez Manuel Gil Maestre, afirmará que era un tocado por la enfermedad lombrosiana del anarquismo y lo adscribía a los ambientes gracienses más radicalizados:

“tenía veintitrés años de edad, su estatura era baja, su fisonomía vulgar, sus ojos saltones y que expresaban su intención aviesa, y su instrucción era rudimentaria; tenía semejanza psicológica con Ascheri, del que se diferenciaba en cuanto al espíritu aventurero, pero con el que se igualaba en cuanto á las inclinaciones, instintos, propósitos é ideas. También hubiera merecido igual clasificación antropológica [delincuente instintivo y profesional]”4.

Por su parte, Ramón Sempau en Los Victimarios pensará que, precisamente por su escasa notoriedad y que no fuese torturado, implicaría que realmente pudo ser el fabricante de los explosivos, ya que sinó hubiesen existido candidatos mejores y con más relevancia para ser reprimidos.

Si enfocamos la atención entre el conjunto de los 20 condenados a penas de prisión, se aprecia que la tendencia vista en las condenas a muerte se mantiene. Entre ellos destaca Sebastià Sunyer, nacido en la Pobla de Massaluca (Terra Alta) en 1863 y por entonces un destacado propagandista de los ambientes informalistas.

Si Mas enloqueció por los tormentos que padeció, a Sebastià Sunyer tampoco le faltaron motivos para ello. En las primeras versiones policiales sobre el atentado fue considerado como uno de los coautores, lo que le acarrearía una condena inicial al patíbulo. Los interrogatorios contra Sunyer fueron muy duros y rápidamente advirtió que las preguntas e interrogatorios más encarnizados se centraban en compañeros proximos como Molas, Mas o Hugas.

Sunyer nunca admitió participación en el atentado y, pese a las torturas, no soltó ninguna sola palabra que pudiese incriminar o perjudicar a sus compañeros. En uno de los interrogatorios iniciales, como muestra de ello, mientras le preguntaban sobre su relación con Emili Hugas y Lluís Mas reconocía que:

“Hugas me servía como asalariado, siendo yo el que editaba, y por lo tanto, el único responsable de la obra [La Conquista del Pan de Piotr Kropotkin anunciada en el Ariete Anarquista en 1896]; he publicado tres folletos míos y dos traducidos del francés: conozco a Luis Mas de haberle visto y hablado alguna vez”5. Unas declaraciones que nos hacen entrever como ante su detención decidió optar por reconocer su activismo político y descargar de culpas a sus compañeros de proyectos, puesto que en el contexto que vivía pronto comprendió que se le quería implicar a él y su compañeros más allegados en el atentado del 7 de junio. De forma indudable el no ejecutado pero sí el más torturado, Sebastià Sunyer, formó también parte de los entornos informalistas del anarquismo comunista del llano barcelonés.

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Fotografía de la ficha policial de Sebastià Sunyer [1896/1900]. Fuente: Archivo de la Prefectura de Policía de París / Archivo personal de Fran Fernández

Al igual que Sunyer, otro de los condenados que mantuvo la entereza fue Antonio Ceperuelo. Negó su partcipación en los hechos y mantuvo sus afirmaciones pese a las presiones y malos tratos recibidos. En su momento el fiscal pidió para él la pena de muerte, aunque finalmente será condenado a 20 años de prisión, los mismos con los que fue condenadó también Sebastià Sunyer. Reconocido anarquista, era natural de Castellseràs, la misma población que la de Santiago Salvador y, curiosamente, tenía una edad similar, puesto que nació en 1867. También fue detenido en 1893 por similares circunstancias. En su casa vivía Antonio Nogués con su familia, lo que retroalimentaba las sospechas contra ambos. Seguramente fue un caso similar al de Nogués, en el sentido de una persona con contactos y afinidades próximas con el entorno más informal, sin descartarse tampoco su plena militancia en el mismo.

Francesc Callís, un anarcocomunista nacido en Vic en 1860 padeció la singularidad de ser doblemente condenado en dos juicios, primero a 20 años de presidio por su relación con el atentado de Canvis Nous y posteriormente en el juicio del 1 de diciembre de 1897, sentenciado a cadena perpetua por su supuesta viculación en el atentado contra la sede de la patronal catalana a finales de los ’80, uno de los típicos petardos de escasa importancia que estallaron durante la década de los ’80 e inicios de los ’90. Si pensamos en su vinculación con las ideas anarcocomunistas y si pensamos que tras su liberación en 1900 llegará a vivir con Francesca Saperas, podemos sospechar que cuanto menos tenía amistad o relación directa con el entorno graciense.

Los casos de los condenados Jaume Vilella y Josep Vilas Valls son de difícil adscripción dentro de las corrientes anarquistas, puesto que los datos relativos a sus vidas son escasos. Ambos fueron ya detenidos en 1893 y se les adscribía a las filas del movimiento. Ambos eran racholeros de mosaicos y se les aplicó la misma petición fiscal: pena de muerte, aunque a los dos les fue aplicada una condena a 20 años. Otros casos, como el de Josep Pons, un tejedor nacido en Igualada en 1872 y residente entonces en Sant Andreu, una de las poblaciones del llano barcelonés, tampoco hay datos suficientes para hubicarle dentro de los ambientes anarquistas. En su caso me inclino a pensar que su detención y condena estaba más ligada a su posible activismo obrerista de signo libertario, que no tanto por la propagación del anarcocomunismo más clandestino y partidario de los grupos de afinidad.

Sobre la figura de Jacint Melich, un hojalatero tortosino nacido en 1864, su activismo durante esos años destacó entre Sabadell y el llano barcelonés, en el contexto de los grupos de afinidad anarcocomunistas. Si tenemos en cuenta que fue detenido un día antes del antentado, junto a Baldomer Oller, relacionado con el encuentro de unas bombas de la calle Fivaller, podemos sospechar de su militancia en los entornos anarcocomunistas sabadellenses, los cuales desde hacía unos años destacaban por su buena sintonía con los ambientes más antiorganicistas del llano. Como curiosidad, en el libro Psicolgía del Socialista-Anarquista de Augustin Hamon aparece Melich. Afirma que se hizo anarquista tras la lectura de las Conferencias Socialistas de Chibelnoir, un libro editado por el entorno de José López Montenegro en la ciudad de Sabadell en 1884, aunque en la década de los noventa se declaraba “anarquista-comunista, porque pienso que es el sistema económico social más en armonía con la libertad absoluta… Sólo la anarquía rechaza la autoridad, la propiedad y la religión, que son las únicas causas que producen la inarmonía social”6. El tono de sus palabras y los probables ambientes de militancia me hacen pensar que era muy próximo o parte de los ambientes informalistas barceloneses, sindo un puente o contacto entre Sabadell y el llano, dos realidades geográficas cercanas (unos 20 km) y bien conectadas mediante ferrocarril.

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Baldomer Oller [1896-1890]. Fuente del retrato: Revista d’Igualada

Sobre el caso de Baldomer Oller contamos con una biografía realizada por Antoni Dalmau, lo que nos da bastantes datos como para señalarlo fuera de los ambientes más radicalizados del anarquismo local. Nació en Calaf en 1859 y durante el proceso fue severamente torturado, lo que le dejó sucuelas de por vida en una de sus manos. En 1889 participó en el congreso posibilista de París y aunque relacionado con el anarquismo en 1896, sus convicciones a lo largo de su vida fueron bastante flexibles. Aunque su detención el día 5 ó 6 junto a Melich hacen asomar dudas razonables de sus posicionamientos anarquistas en 1896. Otra factor agravante para incriminarle en el proceso pudo ser su propio apellido Oller, común entre varios destacados anarquistas, lo que pudo provocar confusiones en cuanto a su verdadera identidad. En síntesis, no sonaba su apellido del todo bien para el engranaje represivo, puesto que entre los también condenados estuvieron los fonéticamente idénticos o similares apellidos de Joan Baptista Ollé y Gaietà Oller i Minguella, uno de los editores de la revista Ciencia Social. Igualmente dudosa es la adscripción del condenado Rafael Cusidó, de quien apenas disponemos de datos.

El caso de Joan Torrens, hermano pequeño del antiadjetivista Jaume Torrens Ros, resulta interesante. Ambos eran anarquistas y tipógrafos de profesión e igualmente fueron detenidos en el proceso. Tanto Joan como Jaume tenían contacto con los ambientes más informales, aunque desde enfoques distintos. En el caso de Jaume, de 35 años de edad, había sido el impresor de las dos últimos periódicos específicamente anarcocomunistas aparecidos en el llano barcelonés, aunque ideológicamente dentro del anarquismo se situaba en las filas antiadjetivistas. El “pequeño de los Torrens”, de 24 años de edad, por contra, se había movido más por ambientes de tradición más clandestina. Antes de su detención en este proceso estuvo procesado por la colocación de un petardo en una Iglesia, lo que nos podría hacer denotar la presencia de un joven activo en grupos anarcocomunistas de índole informal. Fue condenado a 20 años.

Sobre Joan Baptista Ollé i Solé, un reusense nacido en 1870, era la pareja sentimental de Antonieta Borràs y se relacionaba con el entorno de Sebastià Sunyer, Josep Molas, Mateu Ripoll, Lluís Mas i Cristòfol Soler. La petición fiscal inicia fue la pena de muerte, aunque finalmente sería condenado a 18 años de presidio. Liberado en 1900, residió en Londres y París, en donde fue detenido. En el año 1936 aún vivía y durante un tiempo fue pareja de Maria Borràs, una hermana de su pareja en 1896. Su vinculación con el entorno anarcocomunista más informal es, como en otros condenados, muy evidente.

Sobre el caso de Joan Casanovas i Viladelprat no existen demasiados datos, más allá que fue uno de los detenidos por las bombas encontradas en la calle Fivaller. Cuando fue detenido estaba casado y tenía tres hijos, siendo el comercial de un pequeño negocio. Pudo ser el mismo Casanovas de la conferencia internacional de París de 1889, aunque no hay datos suficientes para corroborarlo, aunque en su caso me inclino a pensar que sí formaba parte de los diferentes grupos de afinidad anarquista existentes en el llano, eminentemente de carácter informal. Concretamente cuando fue detenido estaba, junto al también condenado José Mesa y el procesado Josep Parés, escondido en un horno de racholas en Puig-reig. Sobre el caso de Mesa, un malagueño nacido en 1868, se sabía que recientemente residía en Barcelona, aunque anteriormente había sido un reconocido propagandista anarcocomunista en Málaga. Me inclino a pensar que los tres detenidos eran parte de un mismo grupo de afinidad y formaban parte del magma de grupos antiorganicistas que existían por entonces en el llano barcelonés.

Sobre Rafael Cusidó, quien se intentó suicidar durante el cautiverio, o Antoni Costa Pons, otro de los condenados, los datos disponibles me hacen considerarlos dudosos, de igual forma que la figura de Llorenç Serra, un miembro activo y destacado del Centro de Carreteros.

El caso de Francesc Lis es especialmente interesante, puesto que seguramente no era ni tan siquiera anarquista, aunque fue condenado a 7 años. En los interrogatorios, pese a que Ascheri aseguró que era un habitual de las reuniones secretas en el Centro de Carreteros, afirmó que ni tan siquiera era anarquista y que a lo sumo se había pasado a tomar un café en dicho centro. Es decir, un simple cliente de un cento obrero, como le afirmó al juez encargado de la causa, Enrique Marzo, respondiendo éste en los siguientes términos: “¿Zapatero y en el Centro de Carreteros? Ya te arreglaré yo”7. Un ejemplo de los criterios policiales para involucrar o no a elementos en el caso. Durante el proceso la mujer de Lis se reafirmó en la no adscripción ideológica de su marido, con lo cual parecería un caso claro de una persona reprimida fuera del estricto ámbito anarquista. La mala suerte en el caso de Lis es que los prejuicios del juez sí le hizo sospechoso de una mala combinación, como era la de ser zapatero, como lo fue Borràs, y cliente de dicho centro obrero. Y eso para la mente reduccionista de Enrique Marzo significaba que Lis debería de ser uno de esos exaltados anarquistas contrarios a cualquier institución…

Finalmente sobre Cristòfol Soler, condenado a 10 años y un día, cuando se enteró del atentado decidió fugarse aunque esto no le evitó ser finalmente detenido. Conociendo que logró escapar escondiéndose en un horno de racholas8, no sería extraño que formase parte del mismo grupo de afinidad que Parés, Casanovas y José Mesa, logrando él escapar de las detenciones de Puig-reig. También se le reconoce cercanía y proximidad con el entorno del Ariete Anarquista, lo que nos indicaría su posible militancia en el anarcocomunismo más informal.

Mateu Ripoll, por su parte, era próximo o parte del grupo de Sebastià Sunyer, Joan Baptista Ollé y Lluís Mas. Nacido en Castellseràs, el mismo pueblo que Santiago Salvador o Antonio Ceperuelo, esto le aseguraba el recelo de sus represores, puesto que ello era sinónimo de ser activistas en los ambientes anarcocomunistas más radicalizados de Barcelona. La fiscalía pidió que recayera sobre él una pena de muerte, sin embargo finalmente fue condenado a 10 años y un día. Más allá de su militanca en el seno del anarcocomunismo y tener buenas relaciones con publicaciones como La Nueva Idea, también fue afecto al espiritismo, siendo ejemplo paradigmático de la diversidad interna dentro de este y otros ambientes del anarquismo barcelonés. De igual suerte que Lluís Mas, cuando salió libre de los golpes de 1894, entró en una espiral represiva que acabaría involucrándole en el Proceso de Montjuïc.

En el caso de Joan Sala Cortacans, quien fuera detenido en la localidad de Pallejà cuando huía de ser apresado, aunque con ciertas dudas, me inclino por pensar que sí formaba parte de los ambientes próximos a los antiorganicistas. Nacido en la Catalunya Nord, Francia, en 1867, por entonces era un racholero reconocido en los ambientes anarcocomunistas catalanes. Anteriormente había sido detenido en el golpe de 1893 y la policía lo consideraba como un hombre de acción.

En resumidas cuentas, el medio millar largo de detenciones que se produjeron a consecuencia de atentado del 7 de junio demuestran que la represión alcanzó mucho más allá del ambiente estrictamente anarquista, mientras que las 217 personas que finalmente resultaron procesadas indicarían que la saña contra los procesados se centró básicamente contra los anarquistas y algunos elementos concretos del republicanismo más federal o de la bohemia intelectual barcelonesa, como fueron los casos de Francesc Gana, un masón y republicano federal, quien debido a su buena relación con anarcocomunistas como el difunto Martí Borràs o Sebastià Sunyer, o por su activa militancia obrera, se había ganado la fama de ser un simpatizante de los más foribundos anarquistas. Un caso similar al de Pere Coromines, entonces un intelectual bohemio que, como tantos otros en la Europa de esos años y al abrigo de la demonización de las ideas anarquistas por el amplio y fornido abanico reaccionario, sentía una cierta fascinación por el fenómeno anarquista, lo que le llevó, al igual que a Pompeu Gener, Brossa o Unamuno, a colaborar con publicaciones o regentar espacios anarquistas.

El juicio terminará condenando a 25 personas, mientras que el resto resultarán absueltas tras las sentencia del 1º de mayo de 1897. Sin embargo aún permanecieron unos meses en prisión hasta el extrañamiento o destierro de 80 de ellos (entre Francia e Inglaterra) y las liberaciones de noviembre de 1897, las cuales no comportaban exilio alguno. La suspensión de garantías constitucionales aún perduraron hasta las puertas de la Navidad de dicho año.

Finalmente, si entre los 217 procesados predominaban anarquistas de todas las tendencias, en el caso de los condenados, el foco represivo se centró en reprimir al anarquismo más relacionado con el informalismo del llano.

Entre quienes fueron condenados a muerte, excepto la figura de Joan Alsina, quien es considerado un caso de difícil adscripción, el resto formaba parte del entorno anarcocomunista más informal, mientras que en el caso de los condenados a prisión, una veintena de hombres, más de la mitad se pueden adscribir sin demasiados problemas a dicho entorno anarcocomunista y contrario a la organización formal, mientras que seis de ellos serían de dudosa adscripción, mientras que únicamente dos personas se les puede considerar con bastante certeza ajenas al mismo.

Aún teniendo en cuenta que alguna de las posibles adscripciones a dicho entorno pudiesen ser erróneas, entre los siete anarquistas dudosos, por mera probabilidad, más de uno sí que debió de formar parte de este tipo de grupos o eran individualidades con relaciones y contactos directos con los mismos. Lo que da pie a pensar que dentro de esa represión supuestamente indiscriminada existía la paradoja que se tenía la especial intención de aplicarla contra un sector muy concreto del anarquismo local, con el objetivo de eliminarlo y hacerlo desaparecer de la realidad del llano. Así que, historiográficamente sería quizá mejor considerar aquel episodio represivo como algo más calculado y menos indiscriminado de lo que se pensaba.

A las alturas de 1896 el legado de los pioneros anarcocomunistas como Rafael Roca, Martí Borràs, Emili Hugas, Jaume Clarà, Pedro Ceñito o Victoriano San José era presente en el llano barcelonés. Aunque debilitado por la represión acontecida en el llano entre 1890 y 1896, una nueva generación de conocidos activistas, como Lluis Mas, las hijas de Saperas u otros forjados en el contexto del cambio de década daban fe de la fuerza de dicha corriente libertaria. Sin embargo, la represión derivada del Proceso de Montjuïc aniquiló el rastro del núcleo de dicho entorno en Barcelona.

La muerte de Cánovas del Castillo en manos de Michelle Angiolillo por las torturas y condenas acaecidas en este proceso, fue una buena metáfora del alto coste político que le costó al padre de la Restauración el promover un crimen atroz como el sucedido en Montjuïc para distraer la atención del problema colonial y otros menesteres políticos. Cánovas morirá asesinado en el balneario de Santa Águeda, en la localidad guipuzcoana de Arrasate, el 8 de agosto de 1897, siendo su vida el coste que pagó por los fusilamientos del 4 de mayo del mismo año.

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Recreación del atentado de Michelle Angiolillo contra Antonio Cánovas del Castillo. Fuente: La Peste

También se demostró que el golpe dado contra el anarquismo no sirvió para aplacar actos calificados de terroristas.  De hecho, el atentado de Angiolillo y otras acciones del anarquismo internacional, igualmente reprimido duramente, propició la generación de espirales violentas entre atentados y procesos represivos. A todo ello habría que calificar la imagen internacional del estado español como nefasta, dado su enfrentamiento colonial con Estados Unidos en 1898 o la campaña internacional que se estaba realizando para la revisión del proceso.

En España sectores de la prensa republicana asumieron la campaña internacional, entendiéndola como una arma de desgaste perfecta para una Restauración entrada ya en decadencia. El anarquismo lentamente volvió a reorganizarse, el sindicalismo continuador del Pacto de Unión y Solidaridad tímidamente volvió a dar señales de vida, mientras Federico Urales y Soledad Gustavo se convertían poco a poco en los propagandistas más influyentes de la historia del anarquismo hispánico, o Anselmo Lorenzo, junto al antiguo zorrillista Francesc Ferrer i Guàrdia, volvía a la primera línea política, participando en la edición del periódico La Huelga General, difundiendo así las voces que, desde Europa y América, defendían la vuelta a una agitación insurreccional en el seno de las masas mediante la aceptación del sindicalismo y el apoyo de la huelga general revolucionaria. En definitiva, recoger los posicionamientos que el antiguo antiadjetivismo había defendido durante las jornadas de mayo de 1890 y 1891.

Tras la liberación de 1900 de varios anarcocomunistas destacados, muchos de ellos decidieron no volver nunca más a Barcelona, mientras que otros, como Sebastià Sunyer, pese a ser un conocido propagandista, se centró en la creación de una escuela laica en la barriada del Camp d’en Grassot, ya entonces Barcelona, pero antaño en la frontera de las dos ciudades en donde más destacó como activista: Gràcia y Sant Martí de Provençals. 

Sobre 1901 Emili Hugas había ya fallecido en el olvido, pese a ser una pieza fundamental del anarquismo hispano, al nivel de Farga Pellicer, Anselmo Lorenzo o los Montseny. La familia Borràs-Saperas recabaron en Marsella en donde Salud Borràs, activista y madre de dos hijos de Lluís Mas, se convertiría en la pareja de Octavio Jahn, quien en los siguientes años se enrolaría en la causa de la revolución zapatista en México, siendo uno de los activistas más destacados de la conocida Casa del Obrero Mundial. Otros, sencillamente, como Lluís Mas, quien probablemente hubiese sido uno de los anarquistas más destacados de los primeros años del siglo XX, habían sido ejecutados en las ejecuciones de 1897.

Pese al alto coste político que tuvo para el gobierno el montaje del proceso, consiguió destruir un entorno concreto del anarquismo barcelonés, el representado por las vidas de los primeros anarcocomunistas del llano, aunque su legado formará parte de la historia silenciada de las clases populares barcelonesas de las décadas siguientes.

Notas

1 Natural de Santa Eugènia (Girona), nació en el año 1867.
2 Nota de La Campana de Gràcia
3 Concretamente la calle Valdonzella número 25, 4º 1ª, entonces la presumible residencia de Emili Hugas.
4 GIL MAESTRE, Manuel. “El Anarquismo en España y el especial de Cataluña. Capítulo IV”. En: Revista Contemporánea, Año XXIII-Tomo CVII, julio-agosto-septiembre 1897, p.351.
5 SUÑÉ, Sebastián. “Del proceso de Montjuich, célebre por sus tormentos”. En: SUÑÉ, Sebastián. Alma Libre, Tomo I, Barcelona, Biblioteca de “El Ramo de Olivo Universal”, [1935].
6 HAMON, Agustín. Psicología del Socialista-Anarquista, València, F. Sempere y Compañía, 1895, p.75.
7 La campaña de “El Progreso” en favor de las víctimas del proceso de Montjuich. Barcelona, Tarascó, Viladot y Cuesta, 1897, p.108.
8 DALMAU, Antoni, El Procés de Montjuïc, Barcelona, editorial Base, 2010, p. 329.

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